La Subida al Cielo, de Roald Dahl

Cuando se emprende la lectura de estos cuentos, entre crueles e irónicos, que conforman los Relatos de lo Inesperado de Roald Dahl, uno nunca deja de sorprenderse de cómo la situación más trivial puede desembocar en una historia inquietante y, si su tratamiento no fuera irónico o humorístico, hasta malsana.
En el caso de La Subida al Cielo, que pueden ustedes leer en los enlaces que figuran al pie de esta entrada, nos encontramos ante un matrimonio muy normal y corriente. Bien, quizá sean más adinerados de lo común, puesto que viven en una casa privada de tres pisos con ascensor y tienen chófer y servicio, pero para lo que nos interesa, es decir, el matrimonio y su convivencia en sí, normal y corriente.
Claro que la mujer tiene una obsesión, una manía, una de esas fijaciones inofensivas que son hasta vulgares: un pánico a perder el avión, el tren, el barco. Todos conocemos personas así; se despiertan horas antes de lo razonable para llegar a tiempo a la estación, y una vez allí, con todo el tiempo del mundo que matar están en el andén o la sala de espera, comprobando una y otra vez si tienen los billetes, la tabla de horarios y quién sabe qué otros motivos de angustia más. Claro que en este caso su marido parece tomárselo con mucha filosofía, casi demasiada, tanta que su esposa llega a creer que lo hace a propósito para mortificarla: tomarse su tiempo, resolver cosas a última hora, etc.
El drama llegará cuando la mujer se vaya de viaje a París a conocer a sus nietos, y en ese choque de personalidades habrá una tragedia. ¿O es un asesinato?
Lamento no poder descubrirles más de la trama, porque este relato está tan bien construido que cualquier otro adelanto sería desvelar la sorpresa final, absolutamente demoledora. Pero sí déjenme decir una vez más lo buen observador que era Roald Dahl del comportamiento humano. Porque la convivencia matrimonial suele transformarse en un soportarse mutuamente, y Dahl sabe muy bien que del amor al odio hay un paso muy corto. Como también sabe que, en una convivencia diaria, las menudencias, los detalles ínfimos, adquieren carácter de ofensa con el tiempo y el desamor. ¿Como para llegar al crimen? Bueno, la literatura es exageración... pero no tanto. Consulten a la policía o al criminólogo local, y descubrirán un buen puñado de casos en los que se ha llegado a actos mayores por cosas que parecían muy menores. En todo caso, Roald Dahl, conocedor de la mente humana, nos brinda una vez más un espléndido cuento cruel, una historia inusitada, incluso una advertencia irónica sobre los peligros de la convivencia doméstica.

(The Way Up to Heaven)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1954]

Texto en castellano de La Subida al Cielo
Texto en inglés y castellano de The Way Up to Heaven

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2 comentarios:

Germán Hernández dijo...

Estupendo cuento!

Feliz año Lluis!

Saludos!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Germán:
Feliz año para ti también.
Y, como puedes ir viendo, Dahl es alguien único en el cuento de choque, en la historia imprevista. Y aunque muchos intentan hacer lo que hizo él, nadie lo ha hecho tantas veces con tanto éxito. No es de extrañar que Hitchcock recurriera a sus historias para su programa de televisión (y, sí, Hitchcock seleccionaba él las historias, y a veces hasta las dirigía).
Un saludo!