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El Complot Mongol, de Rafael Bernal

Reputada como la novela que inauguró el género negro en México, y avalada por un elogioso comentario de Domingo Villar, El Complot Mongol es, ciertamente, una original y autóctona novela hard-boiled que se lee con gusto, con una sonrisa a veces, y que no desmerece a sus hermanas estadounidenses.
Filiberto García es un detective privado que ocasionalmente trabaja para la policía mexicana. Pero, no nos engañemos, lo emplean para hacer el trabajo sucio, y éste consiste en investigar asuntos lo bastante turbios como para que unas muertes oportunas y que no sean achacables a los organismos oficiales resulten más que convenientes. Tampoco es que esto le reporte ni prestigio ni agradecimiento; Filiberto es un hombre tosco, que nació en las calles y en las calles parece destinado a morir. Sin estudios, sin clase. Una anomalía en el México cuyo "milagro" se desmoronaría el 2 de octubre de 1968 en la plaza de Tlatelolco, con la masacre de estudiantes que pedían cambios democráticos, un México que tenía "la podredumbre del régimen y el ascenso de una clase política dispuesta a ejercer la violencia sin mancharse las manos" (del prólogo de Yuri Herrera); un México, como dice el autor, «De mucho licenciado para acá y licenciado para allá [...] Antes se necesitaban huevos y ora se necesita título. Y se necesita estar bien parado con el grupo y andar de cobero. Sin todo eso la experiencia vale una pura y dos con sal. Nosotros estamos edificando México, y los viejos para el hoyo. Usted para esto no sirve. Usted sólo sirve para hacer muertos, muertos pinches, de segunda. Y mientras, México progresa. Ya va muy adelante. Usted es de la pelea pasada [...] Que lo guarden por allí, donde no se vea, hasta que lo volvamos a necesitar. Hasta que haya que hacer otro muerto».
En este estado de cosas y ánimo, a García lo mandan llamar para que investigue un complot chino que pretende asesinar al presidente de los Estados Unidos en una próxima visita oficial, o eso afirma un rumor que el KGB ha hecho llegar al gobierno mexicano. De manera que Filiberto tendrá que colaborar con un agente ruso y uno del FBI, ante los que ocupa el puesto de desgraciado local, en unas pesquisas por entre la comunidad china en la capital, que García conoce muy bien. Salvo que el desgraciado local no lo es tanto, conoce mejor el terreno y las gentes, y lo del complot magnicida no le cuadra por ninguna parte.
Filiberto es todo un carácter. Es cínico, es duro, es despiadado y no le importa matar, pero en el mundo entre dos aguas en el que se mueve, entre el gobierno y los bajos fondos, es alguien que va por derecho, que asume su propia miseria y que, en comparación con los que ordenan matar desde un despacho, es casi una figura moral. Que tiene su corazoncito, y éste es Martita, la muchacha china que vive en casa del señor Liu y que despierta en él una ternura como nunca ha experimentado, para su propio asombro.
Rafael Bernal logró traspasar todas las características de la novela negra hard-boiled a su historia, sin renunciar a ninguna de las características que la hacen local (es decir, auténtica). Su personaje central es alguien con el que es imposible simpatizar, pero entendemos que no es tanto producto de una elección personal como resultado del mundo en el que ha estado inmerso desde su nacimiento, y frente a los todavía más cínicos personajes que lo rodean, es imposible no empatizar con él. Al fin y al cabo, sabe quién es y a qué se dedica, pero no es un hipócrita que pretende ser mejor de lo que es en realidad, a diferencia de todos los que le mandan y mangonean y cuyo mundo es de rosas y perfume. ¡Pinche mundo!, que diría Filiberto García.

Libros del Asteroide
Barcelona, 2013 [1969]
Prólogo de Yuri Herrera
Posfacio de Élmer Mendoza

Portada y sinopsis

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Los Corruptores, de Jorge Zepeda Patterson

Primera novela de Jorge Zepeda, se trata, más que de una novela negro-criminal, de un thriller político mexicano (a veces demasiado mexicano, para nosotros los foráneos, pero vaya, nos las vamos apañando a poco que se conozca la historia general reciente de México).
Tomás, un periodista que ha ido desencantándose de su profesión y de sí mismo, se despierta un día encontrando que en su crónica del día anterior ha publicado una bomba informativa, apenas sin darse cuenta. En su información sobre el secuestro y posterior asesinato de la actriz Pamela Dosantos ha incluido una referencia a una pista policial que le fue dicha, un poco al desgaire, una pista que conduce directamente al secretario de Gobernación, Salazar, de quien Pamela era amante.
El tema es serio; el secretario puede tomárselo a mal y Tomás puede acabar muerto en una zanja, de modo que recurre a sus amigos de la infancia, Los Azules, que han seguido carreras diferentes, en la política y en la enseñanza, y que se conjuran para minimizar los riesgos que la información publicada pueda acarrearle a Tomás.
Es evidente que la información era una trampa, una pista plantada para desprestigiar a Salazar y que Tomás, con esa desgana que le ha quedado con los años de desencanto, no comprobó antes de publicarla.
El caso es peliagudo, puesto que Pamela Dosantos fue amante de una buena serie de políticos, y hay mucha gente que se podría sentir amenazada por sus confidencias, si es que dejó alguna registrada.
Sin contar conque la misma Pamela tiene familiares en el cártel de Sinaloa...
Como pueden, ver, no es una novela de resolución simple y lineal (los thrillers rara vez lo son), pero Zepeda se las agencia para llevar la trama paso a paso y con claridad hasta su conclusión.
La virtud de esta novela, sin embargo, no reside tanto en el argumento criminal como en poner sobre el tapete la atmósfera moral de la clase política mexicana, inmersa en juegos de poder y corrupción que llevan décadas perpetuándose. Zepeda es periodista, y en la nota final afirma que la trama se queda corta con respecto a lo que realmente sucede en México. Dice que ha cambiado los nombres y los lugares, pero los escándalos de corrupción reflejados en esta novela prácticamente están sacados de la realidad. Y uno se queda con la sospecha de que podría haber incluido más si hubiese querido, pero cuatrocientas páginas dan para lo que dan.
Los personajes de Los Azules están bien elegidos: Tomás, un periodista político desengañado, Amelia, la líder de un partido de la oposición, Jaime, un cerebro en cuestiones de inteligencia y seguridad política, y alguien que aspira a convertirse en la eminencia gris de México, y Mario, el profesor universitario voluntarioso y humano, componen un grupo al que les une la amistad, pero en el que las dependencias políticas y personales de sus vidas no les hacen actuar linealmente, y por tanto proporcionan un valor añadido a la tensión de la novela.
En suma, una narración bien estructurada y que, pese a algunos fallos de primera novela, es una buena incursión en un género poco visto en latinoamérica, como es el de la componenda dentro de los círculos reales de poder político y económico.

Eds. Destino, col. Áncora y Delfín
Barcelona, 2013 [2013]

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Un thriller poderoso y valiente sobre el crimen y la corrpución política a través de las vidas de cuatro amigos que siguen desde niños un código de lealtad.

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De Balística, de Juan José Arreola

Uno de los cuentos más divertidos de toda la literatura hispánica, y uno de los que mejor muestran la capacidad de su autor para incluir diversos niveles de significado en un relato.
El cuento lo pueden leer en el enlace al pie de esta reseña. En un principio genial por lo irónico con lo que vendrá después, el tono parecería entre evocativo y épico, pero pronto el alumno llegado del extranjero rompe este ambiente con su prisa, tan actual y contemporánea. Él quiere conocer los detalles sobre las amrmas de asedio romanas, las catapultas o balistas, y dejarse de florituras.
En una especie de diálogo socrático, escéptico y feroz, el maestro local empieza a desmontar una por una las ilusiones del alumno, llegando a la terrible conclusión de que el tema que mueve esfuerzos y mentes, las catapultas, es en realidad un tema vacío, puesto que no se tiene constancia de que ni una de esas armas rindiera con sus disparos una ciudad.
Lo que no quiere decir que fueran inútiles, puesto que su presencia imponente ciertamente debió inspirar tanto temor como para provocar algunas rendiciones. Pero, de su funcionamiento (si es que alguna vez llegaron a funcionar) y su utilidad práctica en el campo de batalla, nada se conoce, para desesperación del alumno.
Con estos mimbres, y gracias a una prosa magistral de Arreola, tendríamos ya eso que les he declarado al principio de esta reseña, uno de los mejores cuentos humorísticos en lengua castellana; pero hay quien ha querido ver, y con justicia según mi parecer, una alegoría en este cuento con la carrera de armamentos nucleares que estaba en su apogeo en la época en la que fue escrito. Ciertamente, la manía por las catapultas, balistas, doríbolas, etc. que nos detalla Arreola tiene algo de alocado, como la carrera nuclear. Tiene algo de inútil, como la misma utilidad de las catapultas; y tiene algo de ridículo, puesto que se trata de acumular armas para asustar más que para emplearlas, como según nuestro estimado profesor del cuento se encarga en recalcar.
Pero, si Arreola emplea la parábola con la antigua Roma para mostrarnos unas armas igual de aparatosas, caras e irracionales, quiere decir que la intención no sólo es, podríamos decir, antinuclear. En realidad va más allá y es una muestra de la idiotez que acompaña a la especie humana desde que el mundo es mundo, y su preocupación constante por pasar del hacha de piedra a la bomba nuclear en el menor lapso de tiempo posible.
Lo que no es mala carga para un pequeño relato irónico y humorístico, una pequeña obra maestra de concisión y escritura.

En Mujeres, Animales y Fantasías Mecánicas
Tusquets Eds., col. Cuadernos Marginales
Barcelona, 1972 [1952]

Texto de De Balística

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En Verdad Os Digo, de Juan José Arreola

He aquí otro de esos cuentos geniales de un autor que me empeño vuelva a trascender el límite de sus fronteras mexicanas y recuperar su posición como uno de los mejores narradores breves de la literatura castellana, Juan José Arreola.
Desde su inicio, «Todas las personas interesadas en que el camello pase por el ojo de la aguja, deben inscribir su nombre en la lista de patrocinadores del experimento Niklaus», nos encontramos con el Arreola jocundo, percibimos en el acto que éste va a ser un relato humorístico. Pero, por descontado, el humor de Arreola es en extremo corrosivo, tanto que más que una humorada, lo que tenemos es una sátira compuesta de los elementos más dispares que puedan imaginarse: por un lado, el capital, por otro, la ciencia, y uniendo ambas, la metafísica expresada en forma de parábola religiosa cristiana, como anuncia el título.
El relato lo pueden ustedes leer en el enlace al pie de esta reseña. Háganlo, porque vale la pena, en su diversión cargada de elementos reflexivos.
Es curioso señalar que el motor de este relato es, en teoría, una incongruencia que ha preocupado desde hace siglos a los capitalistas occidentales, y es el hecho de que, si son ricos, no alcanzarán la vida eterna,  y si la alcanzan (y sólo es una posibilidad), deben renunciar a las riquezas. Y todo desde que Cristo enunciara la maldicón más maldición desde la del Génesis: la del "antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entrará en el Reino de los Cielos" (para lo que nos interesa, dejaremos de lado posibles errores de traducción o de interpretación, como el de que el ojo de la aguja es una de las puertas (estrecha ésta) de Jerusalén).
La curiosidad radica en que, en principio, no debería importarle demasiado a un rico la salvación eterna o no, pero lo cierto es que se han vertido ríos de tinta al respecto. Que si el capitalismo y la ética protestante, que si la redención por las obras o por la fe, que si esto, que si lo otro... En cualquier caso, siempre ha quedado desde que fuera enunciada la impresión de que a todo rico le hubiera gustado hallar una solución al problema. Pues bien, Arreola la propone, con toda su jocundidad, como es la de descomponer atómicamente un camello, hacerlo transitar por el paso angosto y recomponerlo de nuevo en otro lugar.
Pero, insisto, no sólo es chiste este relato. En su parte final, Arreola se revela como el irónico total que en mucha de su literatura demostró ser. Y en esa construcción en crescendo, mesurada y equilibrada, se descubre al gran cuentista.

En Mujeres, Animales y Fantasías Mecánicas
Tusquets Eds., col. Cuadernos Marginales
Barcelona, 1972 [1963]

Texto de En Verdad Os Digo

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El Guardagujas, de Juan José Arreola

El genial autor mexicano Juan José Arreola tiene varios padres literarios: Papini, Marcel Schwob... Pero sucede que su producción es inmensamente variada en estilo y temática, de manera que no puede ser adscrita a una corriente. Y, además, Arreola ha llegado a tener un estilo tan propio que se puede afirmar que, bebiendo de todas las fuentes, las ha transformado hasta dejarlas irreconocibles y convertirlas, así cambiadas, en cosa únicamente suya.
Es lo que sucede con El Guardagujas, que escribía Borges era el cuento más popular de Arreola, en el que la primera referencia que nos viene a la cabeza es la de Kafka, pero que pronto descubriremos que cuando Kafka escribía de forma universal, Arreola viaja de lo universal a lo local para entonces, en un trayecto genial, trascender de nuevo a lo universal. Y si Kafka era un autor de lo más serio y angustiado, Arreola casi siempre emplea un humor mordaz, que critica, de nuevo, los usos y costumbres del país para que, al final, el lector comprenda que en realidad esos usos y costumbres no son sino una variación de la demencia humana.
En este relato nos hallamos ante un viajero que desea ir en ferrocarril hasta T. En un país donde la red ferroviaria es excelente, la planificación absoluta, los horarios irreductibles. Todo lo cual estaría muy bien, si no fuera porque «Falta solamente que los convoyes cumplan las indicaciones contenidas en las guías y que pasen efectivamente por las estaciones. Los habitantes del país así lo esperan; mientras tanto, aceptan las irregularidades del servicio y su patriotismo les impide cualquier manifestación de desagrado.
»─Pero ¿hay un tren que pase por esta ciudad?
»─Afirmarlo equivaldría a cometer una inexactitud. Como usted puede darse cuenta, los rieles existen, aunque un tanto averiados. En algunas poblaciones están sencillamente indicados en el suelo, mediante dos rayas de gris. Dadas las condiciones actuales, ningún tren tiene la obligación de pasar por aquí, pero nada impide que eso pueda suceder.»
Acaban ustedes de leer unas de las primeras vueltas de tuerca de este relato. No son las únicas, antes bien, a cada párrafo se produce una nueva que incrementa una carrera hacia el absurdo, hacia un clímax de la estupidez humana, perfectamente organizada y lógica, eso sí, que es como a la humanidad le gusta que sean sus estupideces. Incluyendo una sorpresa final que, después de lo que antecede, no es sino una especie de metáfora de la claudicación del individuo y su integración en la locura colectiva.
Un relato maestro, que pueden leer en su integridad en el enlace al pie de esta reseña, en el que el humor desaforado no hace sino reforzar la perspicacia que muestra su autor en el análisis de los comportamientos humanos.

En Mujeres, Animales y Fantasías Mecánicas
Tusquets Ed., col. Cuadernos Marginales
Barcelona, 1972 [1952]
Selección y prólogo de Jorge Arturo Ojeda

Texto de El Guardagujas

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Ley Garrote, de Joaquín Guerrero-Casasola

Roca Editorial, col. Roca Criminal
Barcelona, 2007 [2007]

Joaquín Guerrero-Casasola proviene del mundo de las telenovelas, lo cual no es un aval en sí mismo (ni tampoco un demérito; cada cual se gana la vida como puede, y el mérito es hacerlo lo mejor posible en su trabajo), pero me apresuro a decir que en esta novela ha sabido evitar los vicios de este género y, en cambio, mostrar un excelente control del ritmo narrativo. También ha sabido incorporar el México actual como telón de fondo y crear un personaje, el detective privado Gil Baleares, con cuerpo y personalidad.
El tal Gil Baleares tiene una aspiración (comprarse un utilitario japonés plateado) y problemas sin cuento: una esposa divorciada, una hija que según los cambios de humor de su ex-esposa es suya o no, una economía tambaleante y un padre, Ángel El Perro Baleares, que fue leyenda viva de los judiciales en la época de mayor brutalidad de éstos y que está afectado de alzheimer.
Como la profesión de detective privado consiste en asumir los problemas de los demás, a los suyos añade el intentar resolver el secuestro de Alicia del Moral, la hija de de unos fabricantes de caramelos.
Con un relato a un ritmo excelente y de bendita concisión (205 páginas en una época en la que parece que lo que no supere las trescientas no sea una novela) y no desprovisto de humor, Guerrero-Casasola no renuncia a tomar un retrato del México de hoy: los bajos salarios de la policía y sus "complementos" económicos, la corrupción en los medios policiales y políticos, las bandas de criminales organizados, la inseguridad cotidiana.
En este contexto se mueve y recibe golpes morales y físicos el detective Gil Baleares, en una novela ágil, llena de giros argumentales, de personajes creíbles y situaciones y diálogos estimulantes, que en ocasiones rozan la brillantez.
Una lectura que se muestra muy satisfactoria.

Portada y sinopsis
Entrevista con Joaquín Guerrero-Casasola en Reporteras de Guardia

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El Amante de Janis Joplin, de Élmer Mendoza

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2003 [2001]

Adscribir esta novela al género policiaco puede ser correcto, pero es también insuficiente.
David Valenzuela, un ingenuo algo retrasado, algo dentón, mata en defensa propia  a uno de los hermanos Castro. En su huida, esa capacidad para poner la piedra en donde pone el ojo le llevará a un frustrado fichaje como pitcher por los Dodgers, gracias a lo que conocerá a Janis Joplin, de la que se enamorará perdida e imposiblemente, y en sus tumbos por la vida escapando de la venganza de los cultivadores de marihuana Castro, le llevarán a meterse, a sabiendas o involuntariamente, en el mundo del narcotráfico del Triángulo Dorado de Sinaloa, en la guerrilla, a chocar con los judiciales, a experimentar la vida carcelaria, el sistema judicial y, en resumen, a recorrer todas las clases de vida que parecen tener lugar, por lo menos, en una zona de México. Todo ello, acompañado por una misteriosa voz ("su parte reencarnable") que le aconseja en los momentos más críticos en dirección a lo que siempre parece una perdición directa.
Ya ven que el término policíaco se queda corto. En realidad esta novela es un enorme mural de la sociedad mexicana, un mural pintado al pastel de droga, en el que la corrupción, las influencias, la violencia, el machismo y la sumisión a un orden que se ha hecho natural pero para nada es legal, es absoluta. Lo que está ausente de esta novela es la Ley, sustituida por otras leyes que no emanan de la voluntad popular o del estado, sino de unos poderes fácticos o directamente de aquello que se pueda comprar.
Escrita con ese estilo personal que le hace inconfundible, en una especie de relato oral que se transforma en monólogo interior; irónica hasta sangrar; fantástica en lo literario, sublime en su veracidad, Mendoza presenta un cuadro demencial de interdependencias en las que los individuos pierden valor frente al precio que en su compraventa puedan alcanzar. Un retrato de una sociedad enferma, que divide a la gente entre los que pueden y los que no, y en donde todos los que no pueden son rehenes de un orden social en el que no participan más que con la sumisión, el silencio o la muerte.

Portada y sinopsis

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Los Conspiradores, de Jorge Ibargüengoitia

Publicada en México en 1982 como Los Pasos de López
Ed. Argos Vergara, col. Las Cuatro Estaciones
Barcelona, 1981 [1981]

Desde que descubrí los escritos del malogrado Jorge Ibargüengoitia no pierdo ocasión de frecuentarlos. Y conforme más conozco su obra, más me gusta y más la recomiendo.
Los Conspiradores es una peculiar novela histórica. Peculiar porque desconozco si el "Grito de Ajetreo" es un hecho histórico o no (y tanto da). Y porque el enfoque con el que se trata el hecho es ciertamente personal.
Pongamos orden: la novela trata sobre un grupo de conspiradores en el México de 1810 que se conjuran para proclamar la independencia, someter a las tropas coloniales y avanzar sobre la capital provincial para, provocando el levantamiento por el ejemplo, hacer que la insurrección en el virreinato sea general.
Pero Ibargüengoitia decide renunciar a toda épica desde el principio. No es que lo haga para centrarse en las personalidades de los conspiradores, o para tomar distancia sobre un hecho que resultará en fracaso (el sentimiento de catástrofe inminente que domina toda la conspiración es permanente), sino más bien para optar por una postura que ni se centra en el gran hecho ni en la minucia particular. Ibargüengoitia parece más preocupado por el clima moral que domina a los conspiradores. Empezando por el del protagonista, el oficial de artillería Matías Chandón, que entra en la conspiración un poco como aquel que se hace socio del casino local, hasta la del padre Domingo Periñón, idealista, sí, pero también preocupado porque alguien se le adelante en dar el Grito; quiere ser el primero, gane o pierda. Junto a ellos una serie de tipos que componen un cuadro de la burguesía autóctona de México.
La distancia narrativa que Ibargüengoitia se impone siempre es la de la ironía, como pueden haber intuido. No se trata de buscar héroes ni de encontrar villanos. Cada uno es lo que es y como es, tan ridículo o sublime en su vida cotidiana como en los grandes hechos. Por descontado, esa lectura es de doble dirección: tan pequeños son los protagonistas de la historia como grandes son sus pequeñas miserias vitales. Los grandes sucesos están tan sometidos al azar y a la mezquindad como un matrimonio o un destino militar.
Y en ese distanciamiento, en esa ironía aguda pero con un toque de cercanía y familiaridad, alejada de la ampulosidad y falsa trascendencia, es la que marca un relato curioso, íntimo y dramático pero con una amarga comicidad a veces, un relato que vuelve a mostrar a uno de los grandes narradores hispanos, desaparecido demasiado pronto.

Portada y sinopsis de la edición mexicana

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Cuento de Horror, de Juan José Arreola

En El Humor Más Negro que Hay
Rodolfo Alonso Editor, col. Aventura
Buenos Aires, 1974

Se ha convertido en tradición de este blog felicitar las navidades, a la manera anglosajona, con un relato de fantasmas.
Bien, en este caso sería ridículo extenderse más allá del relato mismo (y ya lo acabo de hacer), de modo que sólo tengo que decir que cuando la materia ocupa muy poco espacio, se la llama "densa".
Pues este cuento del maestro Arreola tiene una densidad temática enorme en comparación con su brevedad:

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

Felices Navidades a todos.

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Palinuro de México, de Fernando del Paso

Norma/Verticales, col. Literaria
Barcelona, 2009 [1977]

Esta es una obra desconcertante e inclasificable. En un intento por asemejarla a estilos y obras ya conocidas han surgido los nombres de James Joyce, Jonathan Swift y Rabelais, y no están mal traidos, pero lo cierto es que su polifacetismo formal y temático no puede circunscribirse a referencia alguna, en tanto que sólo alcanza a abarcar unas pocas partes. Tal vez quien más acierta sea el diario Libération, que la define como un inmenso poema.
Y es cierto que comparte características de la oda, la épica y la mitopesía, pero en una estructura narrativa que tanto va desde el clasicismo exacerbado al surrealismo, el futurismo y el dadá, pasando por múltiples formas expresivas.
Palinuro es el protagonista, pero nunca estaremos seguros de si es la voz que nos habla, una tercera persona que se llama igual que el Palinuro narrador o un ente simbólico disociado a veces y central a una familia que comprende todo México en abstracto.
¿Y los temas? Pues son tan múltiples como las formas que adquiere esta novela: el amor, sobre todo el amor, expresado de forma total y poética, enumerativa y minuciosa, bellísima, pero jamás pacata o cursi; pero también la historia, la medicina y el cuerpo humano, a veces metáfora de la vida, a veces referente de ésta; la publicidad (!) como historia social; y la muerte. Entre otros.
Existen diversos ritmos de lectura dependiendo de la obra. Palinuro de México requiere una lectura pausada. El torrente de ideas, en algunos casos, y la enumeración poética en otros hacen preciso prestar una atención minuciosa a lo que nos dice Fernando del Paso. Una atención que obtiene un premio intenso, extraordinario y enormemente bello y reflexivo.

Portada y sinopsis

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Dos Crímenes, de Jorge Ibargüengoitia

RBA Libros, col. Narrativas
Barcelona, 2010 [1979]

Con este título uno podría esperar una novela criminal de las de dos más dos. Pero Ibargüengoitia no era narrador proclive a dejarse llevar por las convenciones, fueran de género o estilísticas.
Marcos es objeto de una persecución policial, injusta e inmotivada. Sabedor de que es más fácil entrar en el sistema policial que salir, tiene que separarse de su pareja y huir de Ciudad de México. Donde va a parar es a la casa de su tío, un hombre rico que vive rodeado de su familia directa y política, toda a la espera de su fallecimiento y herencia.
Marcos urde unas mentiras, bastante ingenuas, para obtener el dinero que le permita desaparecer de la vida pública por un cierto tiempo, un hecho que le complicará la vida más tarde. Pero el lector tiene la impresión de que su tío está más al caso de estas mentiras de lo que deja traslucir, pero que no le importan.
Lo que es evidente, no obstante, es la hostilidad con la que la familia recibe a Marcos. Una actitud que provoca un ambiente sórdido y, en definitiva, criminal. Tan criminal como para provocar esos dos asesinatos del título.
Cualquier resumen argumental no hace justicia a las ficciones de Ibargüengoitia. Es a base del ambiente que crea que se conforman las situaciones. En este caso son la mezquindad, la avaricia, los juegos de poderes y contrapoderes, las conspiraciones ruines, más ruines en tanto que son familiares, y los celos, los que construyen un ambiente opresivo y amenazador.
Este estilo mueve una novela a la altura de los mejores autores del género, y del cual el lenguaje y la sabiduría literaria de Ibargüengoitia la hace trascender.

Portada y sinopsis

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Noticias del Imperio, de Fernando del Paso

Norma, col. Verticales de Bolsillo
Barcelona, 2008 [1986]

Noticias del Imperio es una novela extraordinaria. El hecho que relata es un episodio histórico que los lectores actuales (sobre todo no mexicanos) vemos como un espejismo, una alucinación, un castillo construido en el aire, una aventura inverosímil que, sin embargo, fue muy real: la del emperador Maximiliano I de México. Enfrentados a esta que hoy consideramos locura es necesario un baño de realidad, es decir, una novela histórica. Pero es a partir de esta base, que muchas veces se ha hecho mecánica, desde donde Fernando del Paso construye una novela prodigiosa, polifacética y multiestilística.
Estas 1.035 páginas son definidas como una novela coral. Pero es una que, saltando continuamente de personajes y de estilos, se mueve de repente de los protagonistas de la Historia con mayúscula a los protagonistas incidentales, del hecho histórico al clima moral, de lo abstruso a lo concreto, de la minucia a lo significante, de la intención a la acción, de lo introspectivo al exponente. Este movimiento continuo y sorprendente está tan genialmente estructurado que mantiene siempre el interés del lector sin desviarse jamás del tema.
En su variedad estilística hallamos páginas de gran literatura: los monólogos interiores de la emperatriz Carlota, que sobrevivió sesenta años, hasta 1927, al fin del “imperio” y al fusilamiento de Maximiliano, y que demente, mantiene un discurso dirigido a su difunto/no difunto marido, rememorando tiempos previos, épocas de su gobierno y los cambios que se han producido en el mundo desde 1867, un mundo que se ha transformado y que hace que el anterior asemeje una ficción; la batalla de Puebla, expresada como un moderno recuento de las naves homérico pero basado en las diversas clases de suerte que tuvieron algunos de sus protagonistas y que hace del asedio una imagen más vívida que cualquier tipo de descripción; el emocionante relato del jardinero de la finca imperial en Cuernavaca, marido de la amante del emperador, relato poético y conmovedor; la correspondencia (incompleta) de los dos hermanos franceses, uno un intelectual parisino y el otro oficial de Napoleón III destinado en México; el ejercicio metaliterario que supone el capítulo «La Historia Nos Juzgará»; el intercalado de romances, canciones y panfletos en textos y decretos con un efecto complementario y contrastante que multiplica su significado individual y separado.
Estos alardes estilísticos no servirían de nada si Fernando del Paso no fuera, además, un maestro de la palabra, creador de un discurso bello y absorbente, pensado y meditado en profundidad y que, insisto, trasciende a la mera novela histórica. Para saber qué pretende (y consigue) del Paso, tal vez lo mejor sea cederle la palabra:
«"Pero es la historia, en fin, la que nos dice", anota también el dramaturgo mexicano en su prólogo, "que sólo México tiene derecho a matar a sus muertos y que sus muertos son siempre mexicanos". Y así es: el problema no es que en México, tal vez, hayamos vuelto loca a Carlota: el problema es que a ninguno de los dos los enterramos en México. Es decir, ni Maximiliano ─"el último Príncipe heroico de Europa" y "suicida magnífico de su siglo" como lo llama Usigli─ ni Carlota ─la Ofelia que esperaba al Shakespeare que cantara su locura y su tragedia, como decía Pierre de la Gorge─, ninguno de los dos, ni él ni ella, quedaron integrados a esta tierra fertilizada al parejo con los restos de todos nuestros héroes y todos nuestros traidores. Con la advertencia, casi innecesaria, que no todos son héroes o traidores todo el tiempo ni cien por ciento.»

Portada y sinopsis

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Las Muertas, de Jorge Ibargüengoitia

RBA Libros, col. Narrativas
Barcelona, 2009 [1977]

Debido a una venganza pasional frustrada, Simón Corona es capaz de identificar ante la policía a quien la ha perpetrado. Unos días después, Simón es interrogado al respecto de si él y la acusada Serafina Baladro realizaron una inhumación clandestina. Simón dice que sí, y esta declaración le cuesta seis años de prisión. La narración entonces parte de este hecho para proseguir con la historia de los prostíbulos regentados por Serafina y su hermana Arcángela y los hechos criminales que tuvieron lugar en ellos y desembocaron en la muerte de, al menos, siete mujeres.
Esta historia está basada en un hecho real, pero eso no importa. O, mejor dicho, importa lo justo. Es interesante para la crónica criminal, por su hecho social, incluso para descubrir los mecanismos de elaboración de la historia literaria de Ibargüengoitia partiendo de la realidad criminal. Pero, en lo que respecta a la novela en sí, tiene poca importancia porque ésta es una narración en la que cómo se cuenta tiene la misma importancia o más que lo que se relata.
Ibargüengoitia es esta novela revolucionó el relato criminal (e incluso el de terror) mexicano en un principio e hispano con posterioridad. Escoge para su relato la forma cuasijudicial, con relatos de diversos testimonios, con una prosa expositiva, cuya frialdad, sin embargo, va mediatizada por un leve humor sarcástico. Y es curioso, pero el lector sale de ella, en una novela muy poco dialogada, con la impresión de haber escuchado las voces de todos los personajes y sus conversaciones. En una novela multifocal, de continuo cambio de punto de vista, se tiene la extraña sensación de haber estado siempre en el centro de los acontecimientos sin haberse movido de lugar. En una novela muy aseverativa, se finaliza teniendo una rara y precisa composición psicológica de sus personajes.
Es un raro y magistral ejercicio estilístico, y uno que, tras una aparente naturalidad de lectura, implica un esfuerzo de estructuración enorme, realizado además con una economía de medios asombrosa. Encontrar la voz justa para narrar una historia es algo difícil. Ibargüengoitia la halla con una facilidad que sólo puede ser producto de un don excepcional o de un trabajo inmenso.
El caso es que estos múltiples tonos, irónico, dramático, escueto, etc., hacen que iniciada la lectura sea imposible desentenderse de esta novela. Las Muertas es mucho más que un policíaco. Es un apunte rural, un esbozo histórico, un detalle cultural, un paseo por el horror. Aprovecha el tono judicial, pero rechaza el modelo policiaco. Efectúa descripciones de lugares que son más apuntes psicológicos de personajes que otra cosa. Sus personajes parecen descarnados, pero sus acciones hablan más de ellos que ellos mismos.
No cabe en una reseña el análisis que podría hacerse (y merecería) una novela como esta. Y tal vez no haga falta. Investigar esta novela puede que sea un curso completo de narración, pero para el lector no le es necesario. Leer Las Muertas es una experiencia que sólo proporcionan las obras maestras.

Portada y sinopsis
Otra reseña, publicada en el blog Letras en Tinta

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Balas de Plata, de Élmer Mendoza

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2008 [2008]
Premio Tusquets Editores de Novela

He aquí una novela impresionante. El mexicano Élmer Mendoza, nacido en Culiacán, tiene tantas virtudes que es difícil identificarlas por separado sin leer su novela. Tantas, de hecho, que Arturo Pérez-Reverte ha dicho de él: "Es mi amigo y mi maestro. La Reina del Sur nació de las cantinas, del narcocorrido y de sus novelas". Dejando aparte su referencia a La Reina del Sur, importante pero no trascendente para lo que nos ocupa, esta frase de Pérez-Reverte nos proporciona en su concisión pistas que nos ayudan a entender qué representa Mendoza en las letras contemporáneas mexicanas.
Tenemos a un personaje fascinante, Edgar «El Zurdo» Mendieta, policía del núcleo duro de los incorruptibles de Culiacán y que convive con la corrupción del mismo departamento de policía y, por extensión, de la sociedad política de México. Mendieta está con ayuda psicológica por haber sufrido abusos en la infancia, lo que le ha dejado unas secuelas de trato con las mujeres en su vida personal que condicionan su vida.
La trama. Bruno Canizales, hijo de un ex-ministro, bisexual, abogado de éxito, asesinado con una bala de plata. Un asesinato que ni siquiera el padre del muerto parece interesado en esclarecer.
Los personajes secundarios y colaterales. retrato iluminador y polifacético de toda una sociedad, creíbles y situados en ambiente.
Sobre todo, la imbricación social. Sin concesiones, Mendoza realiza un retrato coral del México de hoy, pero más que una descripción fotográfica, consigue transmitirnos todo un clima moral que domina esta sociedad.
Por último, pero para nada menor, el estilo. Merece la pena detenerse en estos cuasi monólogos interiores que conforman los diversos capítulos de esta novela, sin puntuación de diálogos, sino tal como si fueran unos relatos orales o deposiciones de los distintos personajes (pero no, repito, no son el viejo recurso del crimen recontado según el punto de vista) y que, lejos de distanciarnos de la realidad, nos la aproximan en un enfoque original, difícil pero legible, y que nos sumerje en los personajes, sus vivencias y su lenguaje.
Élmer Mendoza no ha hecho una caricatura del hard-boiled, ni una novela de consumo, ni una en la que los modelos se impongan al autor. Antes bien, es el autor el que utiliza estos mismos modelos a su conveniencia, e impone los suyos propios a la narración. Hablamos de una novela policíaca, negra, pero bien podríamos hablar de novela social o política. Pero, por muy redimente que sea esto, no sería justo. Porque todo eso está en la novela, pero sobre todo, el conjunto lo constituye una obra literaria de muy alto nivel. Y si alguien tiene tentaciones de considerar ésta como una novela puramente local, mexicana, que se lo quite de la cabeza. Mendoza va mucho más allá, por méritos sociales, morales y, sobre todo, literarios.

Portada y sinopsis

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Revolución en el Jardín, de Jorge Ibargüengoitia

Ed. Reino de Redonda
Barcelona, 2008 [1972-1997]
Prólogo y edición de Juan Villoro

Esta selección de las crónicas de Jorge Ibargüengoitia no es mala forma de acercarse a un autor que ha influenciado el policiaco, el fantástico y la literatura en general, no sólo de México, sino la hispana.
Y no es mala forma porque la crónica permite una variedad de formatos necesaria y benditamente breves (lo que pone al descubierto bondades y defectos con gran rapidez) que muestran las virtudes tanto del narrador como del periodista: la anécdota se eleva a relato literario, el hecho a reflexión, la vivencia a filosofía, el exabrupto a postura vital. En el caso de Ibargüengoitia, con un sentido irónico y humorístico muy, pero que muy notables.
Por ejemplo, y buena prueba, es este inicio de "El Lenguaje de las Piedras":
«Se me podrá acusar de tratar sólo con una minoría selecta, pero hasta la fecha no he conocido ningún mexicano que tenga esperanza ─y menos, que tenga ganas─ de que sus huesos acaben en la Rotonda de los Hombres Ilustres.»
Este "y menos, que tenga ganas" por sí mismo dice mucho de la vis irónica que preside la literatura de Ibargüengoitia.
Partiendo a veces de un mexicanismo que con extrema rapidez se hace universal, no es de extrañar que fuera escritor incómodo para todos. Forúnculos embarazosos para las ideologías, suelen ser estos autores los pioneros en gritar que el rey va desnudo, siempre con cierta sorna. Desde los tiempos de la Grecia clásica este tipo de escritores han sido universalmente odiados, menos por los lectores, que suelen pasárselo en grande con ellos y quienes les conceden carta blanca para cantar verdades y mostrar reveses de trama, siempre con gracia.
Ibargüengoitia era de estos. Véase si no el texto "Humorista: Agítese antes de Usarse", donde se define a sí mismo y lo que hace con absoluta precisión:
«Hay quien afirma, y yo estoy de acuerdo, que el sentido del humor es una concha, una defensa que nos permite percibir ciertas cosas horribles que no podemos remediar, sin necesidad de deformarlas ni de morirnos de rabia impotente.
»Esta característica del humor como sedante es la ruina del autor como aguijón. Por esto creo que, si no voy a conmover a las masas ni a obrar maravillas, me conviene bajar un escalón y pensar que si no voy a cambiar el mundo, cuando menos puedo demostrar que no todo aquí es drama.»
Pero aquí Ibargüengoitia se equivocaba. En realidad, no bajaba un escalón, sino que lo subía.

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La Migala, de Juan José Arreola

En Confabulario Personal
Ed. Bruguera
Barcelona, 1980 [1952]

El mexicano Juan José Arreola es un gran olvidado en España. Maestro del cuento breve, apenas ha contado con buenas ediciones, y siempre, tal vez por ese fenómeno de miopía que a veces se produce en la sociedad cultural, ha pasado lo bastante desapercibido como para convertirse en un autor minoritario.
Sin embargo, Arreola es un escritor que puede colocarse, con dignidad y soltura, junto a los grandes hispanoamericanos.
Por ejemplo, es autor de La Migala, tal vez el cuento más terrorífico jamás escrito en lengua castellana. De seguro el relato con el inicio más inquietante: "La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye".
Sería ridículo extenderse demasiado acerca de un cuento de dos páginas. Valgan unos breves fragmentos para dar la medida de la gran escritura con la que nos encontramos:
"Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
»Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella [...]"

[Este cuento y otros de Arreola se pueden encontrar en www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/jja.htm]