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Snuff, de Terry Pratchett

In Memoriam: TERRY PRATCHETT (1948-2015)

Ha sido una época muy dura. No en lo estrictamente personal, pero a un nivel íntimo, sí ha estado muy difícil de superar.
Terry Pratchett ha muerto. Su defunción coincidió con otra (que ya les detallaré) a los pocos días que acumularon una especie de furia, lo cual me parece una buena actitud respecto a la desaparición de nuestro mundo de aquellos a los que aprecias; y una mala respecto a la muerte propia, y eso fue una lección magistral más de entre las muchas que nos legó Pratchett.
Empecemos por decir que yo conocí a Terry Pratchett. En su primera visita a Barcelona, le llevé a ver los lugares que quería conocer. Sí, le he invitado a unas rondas (no alcohólicas; era abstemio. Como Sam Vimes, reflexionarán algunos. En efecto, como Sam Vimes) y él me invitó a unas rondas. No es momento de anécdotas, pero sí puedo decir que hablamos sobre el humor en la literatura y sobre mil cosas más. Lo que aprendí en estas charlas no tiene precio, y adquieren más valor teniendo en cuenta que fueron muy breves. De haber tenido más tiempo para hablar, ustedes habrían tenido a un bloguero mucho más sabio.
Llegamos al meollo del asunto. Fui uno de los primeros en decir que Pratchett era el mejor autor de literatura humorística del mundo, punto. No el mejor humorista de la fantasía, o del género, o inglés, sino el mejor en el humor escrito en todas las consideraciones. Con el paso de los años, esa opinión, para nada exageración, ha venido siendo corroborada por críticos de todo tipo. No se recibe fácilmente un espaldarazo de literatura por parte del Times. O de Antonia S. Byatt. No cuando uno es "sólo" un escritor de "fantasías" o de "humoradas".
Pratchett ha sido un campeón sin querer serlo (que son los mejores héroes, por si no lo intuían) en que la ciencia ficción y la fantasía trascendieran las barreras que las limitaban a unos guetos de incultos o lectores de novelitas de evasión, según aquellos que sostenían unos prejuicios que parecían inamovibles, por mucho que Eco les advirtiera que el templo de la alta cultura elitista se les desplomaría sobre sus cabezas.
Un doctor en ciencias puede leer a Pratchett. Un doctor en humanidades (o letras, como se les llamaba en la antigüedad hace veinte años), puede leer a Pratchett. Cualquiera encontrará una sorpresa constante por la carga de erudición que sus obras conllevan.
Por la enorme dosis de sentido común que hacen que sus lectores entiendan el mundo de una manera nueva. Y, permítanme decirlo, mejor.
Lo de hablar de Snuff es sólo un pretexto, pero es un pretexto magnífico. Porque, de nuevo, Terry Pratchett se pone del lado de los despreciados, de los parias del mundo. Del Mundodisco, claro; o sea de nuestro mundo. El hecho de que una de sus últimas novelas fuera aquella en que ese Sam Vimes, comandante de la Guardia de Ankh-Morpork, que tan rápidamente fue asimilado a un personaje tan dudoso como Harry el Sucio (algo que de seguro molestó a Pratchett); que en Snuff ese personaje se convirtiera en el defensor de la especie más despreciada, más vilipendiada y más alienada de todo el Mundodisco, no es casual. Sam Vimes considera que los trasgos merecen ser vilipendiados, despreciados y alienados. Pero que tienen derecho a la justicia, es decir, tienen los mismos derechos que el resto de las mundodiscales, y permítanme el neologismo por analogía con la humanidad (si es que esa fuera la única especie inteligente en la Tierra, ja, ja.). Pratchett no ahorra en detalles que hacen de los trasgos algo ¿asqueroso? Pues claro. Todos somos asquerosos para los otros, por si no se habían enterado.
Lo grande de Terry Pratchett no es que en sus obras practicara la tolerancia. Lo enorme es que, al final y todo contado y debatido, es que predicaba la simpatía hacia el otro. Y eso es algo a lo que muchos oenegistas no han llegado, ni aspiran a llegar.
Todo esto no lo aprendí en unas conversaciones, aunque me allanaron mucho el camino. Esas conversaciones me ayudaron a entender su obra. Pero lo que sí aprendí fue a apreciar y querer a una persona que, no por sabida su enfermedad y su más que segura muerte, no voy a dejar de echar de menos. Porque no habrán más obras de Pratchett. Y porque no podré invitarle a ninguna otra ronda.

Snuff
Random House Mondadori
Barcelona, 2013 [2011]

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Amor de Artur, de Xosé Luis Méndez Ferrín

Que lo céltico es omnipresente en Galicia es algo que puede sorprender al no avisado, pero que ya fue propagado por la literatura de Álvaro Cunqueiro, por ejemplo. En este celtismo puede entenderse que rey, lo que se dice rey, Galicia (que ya es mágica de por sí) sólo ha tenido y tiene "al que fue y será", es decir, al rey Arturo.
Méndez Ferrín presenta en este libro cinco relatos "con Tagen Ata a lo lejos" en los que este territorio mítico creado por el autor es el hilo de unión, pero que se mueven en registros diversos, como el artúrico (Amor de Artur), el contemporáneo (Familia de Agrimensores), la historia azerrata (natural o propio de Tagen Ata) como en Calidad y Dureza, o combinando las leyendas de Tagen Ata con el relato de unas vacaciones actuales en Nosa Terra (que puede, más o menos, asimilarse a Galicia), como en Fría Hortensia.
¿Qué es y dónde está Tagen Ata? Si uno echa un vistazo a las naciones célticas (Galicia, Bretaña, Cornualles, Gales, Man, Escocia e Irlanda), llenas de cabos finisterre, descubre que el centro de esta tradición cultural está en el mar. En este lugar atlántico, ignoto, brumoso, melancólico por lo inconcreto es donde podríamos situar una Tagen Ata que es más un sentimiento de pertenencia que un lugar físico.
Como en las sagas escandinavas o los cantos de gesta, en Amor de Artur puede importar lo que se cuenta, pero todavía más importante es la manera en que se narra. El estilo es fundamental, y el de Méndez Ferrín entra de manera arrolladora en lo poético. No tanto en lo lírico como en la poesía de la melancolía, del mito, de los aromas y del paisaje, que ya es un sentimiento en sí. Jamás podrá realizarse (y peor para aquel que la haga) una lectura apresurada de este Amor de Artur. El tiempo mítico transcurre lentamente, casi prolongándose en la eternidad, y así hay que construir su literatura, con su ritmo propio y acompasado, con palabras que parezca que llegan de lejos: «He aquí que, ya en Irlanda, en el camino entre Francastel y Conarán, sorprendió a la compañía de rey Artur la noche de primeros de año, en la que se abren los sepulcros de los antepasados y los dioses difuntos pueden reunirse con nosotros.»
Quien crea que este estilo poético es una construcción sobre temas que lo requieren harán bien en leer Extinción de los Contactos, en este mismo volumen, sobre una estrella del rock que se precipita hacia su caída; el lenguaje, igualmente apropiado, sigue siendo poético.
Lo que admira (también) de Méndez Ferrín es que pueda moverse por lugares, situaciones y tiempos con toda facilidad manteniendo una ilación emocional que da sentido de unidad a cinco relatos tan dispares en apariencia. Xosé Luis Méndez Ferrín es un escritor necesario, un lujo de la literatura gallega, un autor que ha conseguido el raro milagro de recoger toda la tradición literaria gallega anterior y hacerla propia, renovándola y ampliándola en miras y territorios.

(Amor de Artur)
Impedimenta
Madrid, 2009 [1982]
Trad. de Moncha Fuentes y Xavier R. Baixeras
Introducción de Constantino Bértolo

portada y sinopsis

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No Mires Abajo, de William Sansom

Han transcurrido treinta largos años desde que el que escribe leyó el primer elogio a la obra de William Sansom hasta que por fin he podido leer algo suyo; gracias a la editorial La Bestia Equilátera (que, por cierto, tiene un catálogo más que interesante), a la que deseo la mejor de las suertes con este y otros autores; todas las editoriales intentan vender. No todas intentan vender obras de calidad.
En primer lugar, hay que destacar lo único de la ficción de Sansom. Los nombres de Kafka, Roald Dahl y otros muchos pueden acudir a la mente ante las situaciones que estos relatos plantean, pero es de inmediato perceptible que Sansom tiene una voz propia que hace que ese territorio pueda ser común, pero su tratamiento sea totalmente personal, con un estilo maestro en su desarrollo, y los elogios de contraportada de Elizabeth Bowen, Anthony Burgess o Eudora Welty sean totalmente justificados.
Sansom nos introduce siempre en una situación inusual o extrema, y entonces nos lleva al borde de un abismo en el que se acentúa la sensación de vértigo, a veces físico, pero siempre psicológico.
Porque Sansom sabe muy bien que la mente puede ser nuestro peor enemigo. Cualquier persona con un físico privilegiado puede estar sometida a una parálisis irracional, inusitada, provocada por la negativa de nuestro cerebro a seguir avanzando, trepando, a reaccionar ante una situación. En algunos de los relatos que componen este libro, este hecho desesperante y angustioso se produce precisamente cuando más necesita el protagonista tener un mayor control de sus acciones: No poder ni subir ni descender de una esclaera (La Escalera Vertical); un bombero montado a horcajadas sobre un muro que amenaza desplomarse (Los Testigos). En una ocasión, esta inmovilidad resulta beneficiosa (La Pared), pero no menos angustiante.
Otros relatos son de corte más genérico, como La Sábana Larga, en la que en una sociedad imaginaria unos presos se ven obligados a competir por equipos para dejar por completo seca una sábana, en un sistema penal de pesadilla en el que no hay rdención posible. Pansovic y las Arañas, en el cual una fobia resulta más que incapacitante. Tentaciones Varias, en las que Sansom entra en la mente y la lógica existente en la locura de un asesino en serie. Tuti Frutti, en donde la felicidad se convierte en el peor enemigo del hombre.
Todos los cuentos son variaciones sobre cómo, en los momentos de mayor necesidad, esa parte de nosotros que nos controla se vuelve ajena, parasitaria, en nuestro enemigo, en el más fuerte de los obstáculos. Pero para ello William Sansom tiene que ejercer su maestría con una minuciosidad tremenda, gradual y convincente, que describa paso a paso cómo esta mente reacciona, se autojustifica, se contradice, se encoge y se ensancha. Y emplear una imaginería inusitada, a veces totalmente realista, otras tan metafórica como la de un kafka. En cualquier caso, en este viaje hacia lo terrorífico, lo desesperado o lo inusitado, el lector se encuentra tan paralizado como los protagonistas, pues no puede dejar de leer. Fascinado, tiene que seguir a Sansom confiando en que el final no sea tan irremediable, irreversible como su mente parece augurar.

(Anthology of William Sansom)
La Bestia Equilátera
Buenos Aires, 2012 [varios]

Portada y sinopsis

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Algo de Tu Sangre, de Theodore Sturgeon

Se ha escrito que "leer una historia de Theodore Sturgeon es encontrar personajes que preocupan al lector, personajes que uno ama u odia, que comprende íntimamente o que sencillamente no puede aprehender. Leer una obra de fantasía de Sturgeon es encontrar a esta gente metida o lanzada a una situación donde la lógica no funciona, donde el corazón y el alma importan más que el pensamiento y la razón".
Todo ello es cierto en el caso de Algo de Tu Sangre, una novela única y que sigue siendo desconcertante más de cincuenta años después de su publicación.
Demasiado larga para ser una novela corta o relato, y demasiado corta para ser una novela-novela, Some of Your Blood cayó de inmediato en la incómoda categoría de "novelette", lo cual, combinado con lo extemporáneo de su tema y lo difícil de su encasillamiento, hacen que siga siendo complicada de obtener, incluso en inglés, y por tanto me temo que esta reseña deberá revelar más de lo que quisiera sobre el punto de inflexión de su trama. Sin embargo, y aun cuando ese giro es importante, la belleza de su construcción es tal que vale la pena su lectura y pagar el precio que se pida por obtenerla.
En teoría, se trata de una novela de vampiros, pero no hay nada sobrenatural en ella; el protagonista, como se verá, será un asesino psicopático, pero tampoco su temática encaja en los esquemas de la narración terrorífica al uso. De hecho, si el protagonista no hubiera cometido esos crímenes, la narración hubiera quedado con toda su fuerza, y el protagonista como un potencial violento contra la vida humana. Si se publicó en los medios de ciencia-ficción, fantasía y terror es porque su autor ya tenía puesta esa etiqueta, pero como narración debería encuadrarse en la narrativa general (los géneros han sido a menudo refugio de autores que, por prejuicio o por mala evaluación de su calidad, han sido muy superiores a lo que las así llamadas "literaturas populares" o de masas se supone que tenían que ofrecer; Philip K. Dick, J. G. Ballard y el propio Sturgeon, entre otros muchos, son buena muestra de ello).
Y es indudable que el prestigio de Sturgeon hizo que esta novela se publicase, por muy literaria que fuese. No sólo tenía los inconvenientes de su extensión y su indefinición temática, sino que la clave de bóveda de su argumento era capaz de poner nervioso a cualquier editor de 1961, y sospecho que a algunos de hoy día.
Lo que leeremos, tras una intimación al lector, tratado así como un merodeador furtivo que se introduce en el despacho de un psiquiatra y descubre los expedientes más secretos, es un caso clínico, el de "George Smith", el caso de un soldado tratado en tiempo de guerra. Justo cuando la correspondencia privada de los soldados pasaba censura militar.
Una de las cartas de George llamó la atención del censor, quien la remitió al comandante de la unidad. Éste llamó a su presencia al soldado y, tras una breve conversación, George agredió al comandante.
El asunto es incómodo. La correspondencia privada de un soldado ha sido violada, puesto que nada militarmente censurable habñia en esa carta, y el ponerla en manos del comandante ya constituía un delito. Por otra parte, la agresión a un oficial superior no puede desdeñarse. Además, el comandante en cuestión ha fallecido en acto de servicio. Lo que se propone y pide al psiquiatra militar es un período de evaluación lo más breve posible y el licenciamiento honorable por causas médicas, y así cerrar el asunto sin escándalos.
Como primera medida, y por hacer algo, el doctor Phil le da una libreta y bolígrafos a George y le pide que escriba la historia de su vida, y eso es lo que leemos a continuación.
George es hijo de una familia desestructurada; sin apenas educación, se hizo experto en la caza con trampas hasta que la orfandad, la pobreza y la pequeña delincuencia le llevaron a una institución benéfica. Allí aprendió un oficio y volvió a su tierra, donde conoció a una chica. Cuando ésta queda embarazada, George se alista en el ejército.
Todo George, en tercera persona, está ahí; toda su historia, incluyendo sus arrebatos en los cuales sólo la caza y la disposición de las trampas parecen calmarle. Sin embargo, a Phil le llama la atención algo de este relato. Todo está ahí, pero hay algunos huecos, algunas lagunas que hacen de George un caso más complejo de lo previsto, tanto más cuando la famosa carta se ha perdido y se desconoce su contenido. De modo que empieza a hacerle pruebas, y éstas van desvelando una personalidad ciertamente compleja, conocedora del bien y del mal, pero que no parece tener conciencia de la concatenación mal-castigo, sin duda por haber sido maltratado continuamente en su infancia. Y también parece desconocer sentimientos tales como «la compasión ante un animal agonizante, remilgos hacia el dolor, la sangre, el daño o la injusticia». Todo ello es muy inquietante, y puede derivar en una psicopatía.
Sobre todo si tenemos en cuenta las lagunas de la narración, donde faltan las descripciones de sus sentimientos y acciones durante sus arrebatos de cólera.
A ello se une la actitud de George hacia el sexo, aparentemente normal por su inocencia e ingenuidad, pero en el fondo inmadura y enfermiza, junto a la falta de datos sobre su relación con Anna, la única que ha tenido en su vida, y que fue instigada por ella.
Hasta aquí no hemos salido de la narración convencional, realista, psicológica. Ningún género se halla en el que poner esta novela. A partir de entonces podría ser considerada una narración policial, puesto que George es un posible asesino, salvo que no hay ningún policía, fiscal o juez investigador, sino sólo un médico que duda mucho de que George pueda ser considerado responsable en el sentido judicial del término, y por tanto tampoco acaba de encajar en el modelo de género. Hay que esplicar porqué entra en el género vampírico, y eso exige explicar el punto de inflexión que hace esta novela única. De manera que lo que sigue es un spoiler, con lo cual harán bien en saltárselo e ir directamente al último párrafo si no quieren perder el elemento de choque y descubrimiento que encierra.
George, impelido por la constante frase de su pequeña madre de que dar a luz un gigante como él fue como "si le hubiese chupado toda su sangre", empezó a beber la sangre de sus presas cuando se sentía particularmente vacío o trastornado. Y la relación con Anna, a la que adora (y ella a él) no era la de un coito normal, que a George le disgusta; primero insinuado y después con precisión, digamos que las relaciones entre ambos se producían cada veintiocho días, aproximadamente. Supongo a los lectores familiarizados con el ciclo lunar que explica tanto el título como el contenido de la famosa carta.
Nadie se ha atrevido a tanto en el género vampírico. Hace pocos días veía Thirst, película de vampiros, violenta, posmoderna y neo-noir, de Park Chan-wook, y probablemente la que con más crudeza y menos romanticismo se ha acercado a la sucia realidad que es el alimentarse de sangre humana. En un momento, casi creí que Chan-wook iba a atreverse a dar el paso y atacar el tabú, cuando ya llevaba atropellados unos cuantos, pero no. De manera que, a mi conocimiento, la novela de Sturgeon sigue siendo la única que se ha metido en la cuestión. Y lo ha hecho con una rara sensibilidad: la compasión hacia George existe, y predomina siempre la humanidad sobre la truculencia, que apenas tiene importancia en el relato. Algo que era marca de su autor, por otra parte, llamado "el poeta de la ciencia-ficción". Es una novela bellamente construida, además, que plantea un enigma que es pronto sustituído por otr, como es la mente de George y cómo ha llegado a ser así, y la resolución de estos enigmas es tan clara como elegante. ¿Qué es lo que hay que hacer con George? También aquí Sturgeon es delicado y se abstiene de juzgar. Es el lector, ese lector furtivo que ha leído un expediente cuidadosamente escondido, quien puede, en un alarde metaliterario, construir en su mente el final de esta novela única y magistral.

(Some of Your Blood)
En Cuentos Que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1961]

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El Hombre que Vendió Cuerda a los Gnomos, de Idris Seabright

Hay que hacer dos precisiones: Idris Seabright es el pseudónimo de la escritora Margaret St. Clair, que no es que sea muy conocida en España, pero algo más que su nombre de pluma; es autora de El Signo de Labrys, una curiosa novela fantástica en la que introducía elementos folklóricos y de la magia wicca (estamos hablando de los años sesenta, de manera que esto era bastante raro, antes de la explosión del Wicca como complemento de la New Age). Nunca pretendió publicar en revistas o editoriales de la corriente principal literaria, y defendía las novelas de género diciendo que tenían menos tapujos y eran más frescas en su aproximación a la cultura popular y tradicional en sus aspectos más oscuros y que tenían cierta cualidad de balada que se evitaba en la literatura más convencional.
La segunda precisión es que, pese al denodado desconcierto del traductor de la época, que debió considerar que era una errata o un capricho, no se trata en este cuento de gnomos, sino de gnolls o gnoles, criatura fantástica ficticia creada por Lord Dunsany y que ha pasado a integrar el bestiario fantástico anglosajón. Terry Pratchett los hace aparecer en la novela Jingo. La descripción académica es la de un ser parecido a una hiena humanoide, aunque cada autor, al parecer, les atribuye las características que quiere.
Lo que me ha gustado de este relato es ese desparpajo encomiable que tienen algunos autores fantásticos para introducir lo extraño con toda naturalidad y sin disculparse por ello, El argumento y todo el cuento, que es muy breve, apenas seis páginas, es muy convencional en el sentido de las historias infantiles, aunque en este caso esté destinado claramente a un público adulto, con su toque irónico. Un hombre, representante de cordelería, decide hacer el negocio que le encumbrará a la cima de las ventas, y es venderles cuerdas a los gnoles. Para ello, se dirige a lo más profundo del bosque, y allí, tras largo deambular, por fin encuentra la casa de uno. Lo que sigue es una completa demostración de las cualidades de un vendedor a puerta fría, pese a las dificultades de comunicación que hay entre el ser sobrenatural y el prosaico vendedor, pero parece que por fin llegan a entenderse y a formalizar un acuerdo.
Por descontado, los problemas de comunicación con otra cultura y el no saber cuándo detenerse en una transacción ponen las cosas muy difíciles, trágicamente complicadas para nuestro comerciante en cuanto pretende tener como pago los ojos de repuesto del gnoll.
Estas historias no sirven para otra cosa que para despertar una sonrisa en el lector, hacerle pasar un buen rato y emular por unos instantes el ambiente de cuentos extemporáneos que se solían explicar en las tabernas en los tiempos anteriores a la televisión. No hay profundidad ni caracterización, ni los necesita. Sencillamente trabajan con lo que se ha dado en llamar bizarro y entretener. No es poca cosa, se lo aseguro.

(The Man Who Sold Rope to the Gnoles)
En Cuentos que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1951]


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No le Oigo, Señor, de Avram Davidson

Ya saben la veneración que este blog tiene por las historias de Avram Davidson, un autor al que sus colegas respetaban y admiraban y que nunca, sin embargo, alcanzó la popularidad que se merecía. Sus relatos son ingeniosos, imprevistos, cultos, sorprendentes y, en muchas ocasiones, humorísticos o irónicos.
En el caso del que nos ocupa hoy, es todo eso, y en su brevedad ofrece una historia que puede ser tildada de ciencia ficción, pero que más bien es una fantasía grotesca, muy en el estilo de las que gustaba de escribir.
Milo Anderson es un canalla, un estafador, un ladrón, y finalmente ha llegado al final de la cuerda. Sus trapicheos han hecho que el dinero obtenido con malas artes se haya esfumado, y en cambio las deudas que ha contraído no. Ahora espera la llegada de algún agente (cualquier agente de los muchos que le persiguen) que le obligue a pagar el préstamo, si no puede con dinero con la vida.
Y mientras busca en vano en esa casa algún cachivache que vender para apaciguar algo a sus acreedores, topa con un trasto robado, lo mismo que todo lo que antes contenía la casa, a un viejo coleccionista de arte y objetos raros.
Lo que esa cajita, una vez abierta, revela ser es un teléfono primitivo, muy anterior a la invención de Bell (sí, sí, me apresuro a añadir que hay fuertes dudas de que Bell no robara la idea y el aparato mismo, pero por el momento me ceñiré al tópico escolar). Pero es un teléfono muy peculiar. Sólo se puede hablar con los abonados que figuran en un listado anejo, y lo malo es que sólo se puede mantener una sola conversación con ellos. El primero de la lista es Washington, Geo., Gent., hacendado, Mt. Vernon, número Patriot 1-7-7-0. Y sí, se trata de George Washington.
Milo intenta ejercer sus artes de emabaucador con uno tras otro de los abonados, sin éxito. Hasta que, en el límite de plazo, y con el último de los listados, el abonado le envía por fin algo que puede mitigar su situación. El último abonado es el general Benedict Arnold, West Point 1-7-8-0. Claro que lo que le envía Arnold difícilmente va a satisfacer las necesidades de Milo...
El único óbice a este relato es que es necesario tener conocimientos de historia estadounidense, en particular de la Guerra de Independencia Americana, para captar todo el sentido. Pero es un inconveniente menor. Una consulta rápida a wikipedia permitirá al lector descubrir con rapidez que Arnold no es precisamente el personaje más preciado de la historia de los Estados Unidos. Podríamos decir que, en manos de Davidson, los canallas se han puesto en comunicación.
Por lo demás, un relato que empieza con una base profundamente realista se va exacerbando cada vez más hasta convertirse en una fantasía tremenda y genial, de lo más original e inesperada que se pueda encontrar.
Los lectores de Avram Davidson, sin embargo, no nos extrañamos. Es lo que este autor solía regalar a su público.

(I Do Not Hear You, Sir)
En Cuentos que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 1978 [1957]


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El Pastor Haíta, de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce escribió relatos de guerra, cuentos crueles, aforismos cínicos y corrosivos, relatos de terror y, cosa rara, también produjo algunos cuentos fantásticos de ambiente extraño y evocador que remitían a tiempos muy pretéritos, como es el caso de este Haíta el Pastor, que pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña.
Un relato que fascinó sobremanera a Howard Philips Lovecraft, que lo incluyó de forma destacada en su ensayo El Horror Sobrenatural en la Literatura, y del que aprovechó el dios que aparece en él, Hastur, para incluirlo en su propio panteón sobrenatural de los Mitos de Cthulhu.
Si lo leen, además del final sorpresivo que es marca de la casa Bierce, descubrirán que su autor era capaz de escribir ferozmente anclado en el mundo que le circundaba, pero también trasladarse a la mitología clásica para brindarnos un sentimiento ominoso y un paisaje de extrañeza, desolado, en el que habitan pastores, ermitaños y... dioses. Unos dioses que intervienen activamente en las vidas de los hombres, claro.
Pese a que no es lo más característico de su producción, los relatos de este corte que Ambrose Bierce escribió causaron un profundo impacto no sólo en un joven Lovecraft, que se sentía encantado con estas prossas reminiscentes del paganismo, sino en muchos otros escritores, hasta llegar hasta hoy en numerosas antologías y figurar como imprescindibles en cualquier historia del género.

(Haita the Shepherd)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]

Texto en castellano de El Pastor Haíta
Texto en inglés de Haita the Shepherd


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Circe, de Julio Cortázar

Alguna vez hemos comentado que nada es prescindible en la narrativa de Cortázar, y que sus títulos suelen tener una gran importancia para la estructura y significado del relato. En este caso, el título lo es todo. Sin él, nos hallamos ante un relato, ciertamente enigmático y algo críptico, sobre la relación de un hombre con Delia, una chica que es "viuda" de dos novios. Se trataría de un cuento realista, en el que tal vez podríamos hallar claves surrealistas o freudianas, pero que sencillamente se constituiría en esa historia propia sin mayores referencias.
Sin embargo, el sólo apelar desde el título a Circe, la maga de la Odisea, tiene un efecto de transformación profunda en ese texto, que sigue siendo el mismo pero de pronto se ve mediatizado por un significado paralelo; y puesto que el título es pieza importante, una declaración de principios e intenciones, ese significado paralelo se convierte en preponderante.
Con sólo esa palabra, el relato realista se vuelve fantástico. Ya no se trata de la historia de una muchacha que ha sufrido la pérdida de dos novios, por suicidio uno, por accidente otro. Desde su inicio el lector se vuelve vigilante ante las manipulaciones que Delia pueda hacer, ante su obsesión por los bombones y los licores, que remiten a las pócimas de la hechicera de Homero. Y, por descontado, el lector está en guardia, temeroso de la suerte que pueda correr Mario, el protagonista.
La trasposición de historias clásicas a una narrativa moderna no es algo nuevo. De hecho, cada vez se vuelve más corriente, pero Cortázar no es un escritor corriente. No se limita a poner por escrito una historia de terror contemporáneo haciendo de una mujer una "nueva" Circe. No, su procedimiento es más sutil. No va a recontar la historia homérica, sino que la utilizará como referencia continua para relatarnos algo nuevo, aunque comparta identidades y tal vez intenciones.
En ese trabajo literario, Cortázar se muestra especialmente brillante, transfiriendo todo lo que puede del mito a su cuento, pero dotándolo de identidad propia y utilizándolo para sus propios fines. En esas referencias constantes podemos ver a los familiares de Delia, que podrían ser los animales servidores de la maga de la Odisea, seres de aspecto feroz pero amigables y serviciales. El papel que Hermes jugaba en la historia de Ulises de mensajero que previene al héroe lo podemos discernir en las cartas anónimas que recibe Mario y en la nota de prensa que lee. Los cerdos en los que Circe transformaba a los hombres pueden tal vez asimilarse a las cucarachas, que rondan por la casa y que Mario encuentra, finalmente, en el bombón que se le ofrece. Inclusive la sospecha de que esos novios muertos no han muerto realmente, sino que sencillamente han abandonado su cuerpo humano para seguir viviendo una existencia a capricho de Delia en los cuerpos del gato y del pececillo.
Esa superposición, ese mezclar conceptos y trasponer mitos, convierte a Circe en un relato poliédrico, de muchas interpretaciones, que tiene una base en la realidad pero trasciende a ella para hacerse, a la vez, onírico y mágico. Y, vuelvo a repetirlo, esa complejidad se logra tan sólo con una palabra en el título.
Se podrá aducir que, para disfrutar de esta multiplicidad de niveles narrativos se tiene que conocer previamente la historia narrada por Homero. Y es cierto. Pero lo es también que, como dice Umberto Eco, la alta cultura es aquella que requiere un conocimiento previo para ser disfrutada y comprendida plenamente. En este orden cultural se movió Cortázar para escribir este relato maestro, que es a la vez mirada a un pasado literario y creación literaria nueva y futura, en un juego de interpretación y reescritura que pocos autores han sabido hacer.

En Los Relatos 1 Ritos
Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19763 [1951]

Aparecido originalmente en Bestiario

Texto de Circe

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Regimiento Monstruoso, de Terry Pratchett

De tanto en tanto, me gusta traer una de las geniales novelas de Terry Pratchett a este blog, sólo para recordar que Pratchett se ha constituido en el mejor autor humorístico en la actualidad, no sólo del género fantástico, sino de la literatura en general.
Como siempre desde la tercera novela de la serie, sus historias tienen un referencial muy humano y muy nuestro trasladado a ese mundo desquiciado que es el Mundodisco, y así, como un nuevo Jonathan Swift que trasladara nuestros absurdos a tierras imaginarias, en el caso de Regimiento Monstruoso nos encontramos frente a una cultísima y más bien poco conocida referencia a The First Blast of the Trumpet Against the Monstrous Regiment of Women [Primer Toque de Trompeta contra el Monstruoso Regimiento de las Mujeres, publicado en 1558], del reformador escocés John Knox, un alegato contra la monarquía femenina. Aunque, con ese sentido del humor sagaz que le caracteriza, Pratchett lo toma aquí literalmente, y utiliza ese apelativo con un regimiento militar compuesto únicamente por mujeres. El bueno de Terry siempre ha mantenido una postura feminista militante en sus obras.
Podríamos decir que en esta ocasión, y dentro del Mundodisco, Pratchett viaja a Ruritania, ese imaginario país balcánico que se empleaba como localización de las novelas de aventuras. En este caso, esta ruritania se llama Borogravia, un pequeño país que tiene la peculiaridad de haberse peleado con todos sus vecinos a los largo de su historia, y sobre el que reina una duquesa a la que nadie ha visto desde hace décadas. Amén de seguir la religión Nuggan, un dios bastante aficionado a proclamar abominaciones. De hecho, las proclama tan a menudo que el libro de la ley de Nuggan es una carpeta de anillas, a la que se pueden ir añadiendo hojas.
Este país, en el que siempre hay una guerra en marcha, está prácticamente en la ruina. Apenas quedan hombres en retaguardia, y las mujeres son las que sacan las cosas adelante. Pero, claro, que las mujeres atiendan negocios, los hereden y los gobiernen, por supuesto, es una abominación contra Nuggan. De manera que Polly, que lleva con mano de hierro la posada de su padre, decide cortarse el pelo, vestirse de muchacho e imitar los comportamientos masculinos para alistarse y tener la oportunidad de rescatar a su hermano. Por amor fraternal, sí, pero también porque el futuro de la posada depende de que su hermano la herede... y ella siga haciéndola funcionar, como siempre.
Un plan que va saliendo a la perfección, aunque con ciertas peculiaridades. Paulatinamente, va descubriendo que los pocos reclutas que la han acompañado en el alistamiento son también mujeres, enroladas en el ejército por diversos motivos personales (entre ellas, una troll y una vampira). Y es más, este grupo de damiselas se muestra mucho más efectivo que sus camaradas masculinos en el desempeño de sus funciones militares.
El humor de Pratchett es integral: juegos de palabras, situaciones, referencias a situaciones e historias, y sobre todo una ironía en la que podemos ver, como en un espejo deformante, nuestras propias incongruencias. Las historias de su Mundodisco son tan cómicas como las mejores películas de cine mudo, pero a la vez tienen un trasfondo difícil de obviar. Cuando he citado a Jonathan Swift no era por casualidad; Swift fue el gran satírico de su tiempo, y sus obras perduran hasta hoy por su profundo humor, pero también por la intensidad de su crítica social. Tal vez Pratchett no sea un crítico feroz, pero sí un excelente retratista de nuestro mundo.

(Monstrous Regiment)
Random House Mondadori
Barcelona, 2010 [2003]
Serie Mundodisco, nº 31

Portada y sinopsis

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Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de Jorge Luis Borges

Los continuadores, discípulos, émulos, etc., rara vez consiguen superar a los maestros. Salvo que el émulo se llame Jorge Luis Borges, claro. ¿Quién si no hubiera podido escribir un relato lovecraftiano sin parecerse a Lovecraft y dotado de entidad propia?
Porque Tlön, Uqbar, Orbis Tertius es un cuento lovecraftiano, aunque no de los Mitos de Cthulhu. Esta afirmación puede que escandalice a algunos. Pero no hay que olvidar que Borges tenía en alta consideración a Lovecraft. Tal vez no en su literalidad, pero sí en algunos conceptos creados o perfeccionados por el genio de Providence, y que se hallan en este Tlön: La existencia de libros prohibidos o improbables, que a veces son imposibles en sí mismos y otras son pervasivos de una realidad ignota y paralela; la existencia de esta misma realidad y la posibilidad de que invada o superponga la nuestra; la misma cosmicidad que implica este último concepto. Y la inclusión como personajes de otros escritores reales, el círculo de Lovecraft en un caso, Bioy, Amorim, Martínez Estrada y otros en el caso de Borges.
Pero, duerman tranquilos los escandalizados, Borges fue el más metafísico de los escritores de ficción y, aunque supo intuir todo lo que conllevaba la ficción lovecraftiana, también percibió que era un punto de partida apto para recibir sucesivas vueltas de tuerca que abandonaran lo truculento y se adentraran en lo metafísico cósmico (si es que lo cósmico no es truculento, pero esa es otra cuestión).
Así, de inicio, nos encontramos con el libro existente, sí, pero secreto. Un volumen de una enciclopedia perfectamente normal que en su normalidad termina con el artículo sobre Upsala pero, en el ejemplar poseído por Bioy Casares (¿un ejemplar único en este mundo, quizá?) prosigue con la entrada "Uqbar", una tierra inexistente pero fascinante. Entonces viene el descubrimiento de esta tierra que no existe pero está registrada en todos sus aspectos, posible creación colectiva de ficción o (inquietante hipótesis) creación destinada a adquirir tal carta de naturaleza como para convertirse en existente.
Borges entonces entra en la desmesura, cuando no en la humorada metafísica, como él mismo reconoce con ironía: «sin otra escisión que algunas metáforas y que una especie de resumen burlón que ahora resulta frívolo». Es cuando Borges juega y pone a prueba nuestro espíritu lúdico con grandes temas, como cuando relata la paradoja de las nueve monedas, perdidas y encontradas, y la incongruencia de discutir si las nueve son las mismas o distintas, de si la igualdad es identidad. Claro que las nueve son las mismas, se encuentren cuando se encuentren, y claro que son distintas si son halladas en otro lugar distinto del de la pérdida, pero lo que deja a nuestro arbitrio es descubrir el chiste: en realidad, lo que los sabios de Uqbar discuten es si las monedas del relato son las mismas, no unas hipotéticas monedas reales. No se preocupen: en universidades y concilios medievales y renacentistas se discutieron cosas más sofísticas que esta.
Y va apilando cosmos sobre cosmos, irrealidad sobre realidad, hasta que (como encontraría Stanislaw Lem, inspirado sin duda por Borges), el mapa coincida o se superponga con el territorio y entonces eso que llamamos Tlön, o Uqbar, u Orbis Tertius, pase, no a suplantar la realidad, sino a ser la realidad.
hay muchos niveles de lectura en este relato. Se puede leer como una fantasía desbocada pero racional (una rara avis en el género); como un relato humorístico, cuyo humor se basa en la ontología, en la Historia, la Filosofía; como una disquisición sobre el conocimiento y su hallazgo y creación. Como (algo que Borges no había previsto) un relato de realidad cuántica.
En cualquier caso, fue Borges, un escritor que ya físicamente parecía que su mirada estuviera eternamente fijada en el espacio interior, que sus hombros soportaran el peso del cosmos, cuyo hablar se asemejara al del profeta de otras realidades, fue Borges, decía, quien pudo ser capaz de escribir este relato. Y tal vez nadie más pudiera.

En Ficciones
Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19719 [1956]

Texto de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

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Kappa, de Ryunosuke Akutagawa

Akutagawa, el narrador japonés de más prestigio a principios del siglo XX, y uno de los primeros en ser conocido en Occidente, se suicidó a los treinta y cinco años, después de mostrar síntomas de enfermedad mental.
Viene esto a cuento porque, casualidad o no, esta novela es una historia relatada por el paciente de un manicomio.
El paciente número 23 narra cómo un día se encontró frente a un kappa, seres mitológicos con características humanas y rasgos de batracio, y cómo al perseguirlo entró en su mundo.
A partir de aquí tenemos una novela en parte metafórica sobre el comportamiento humano, en parte proposición utópica / distópica, en parte sátira y en parte pura narración imaginativa sobre una sociedad que nos resulta incomprensible (y, por tanto, la nuestra lo sería también para un alienígena) y cuyos valores y convenciones son otros.
Hay resonancias, por supuesto, desde una entrada en Kappa propia de Alicia en el País de las Maravillas hasta la estructura del viajero que contempla los contrastes de una sociedad distinta según el modelo de Jonathan Swift en Los Viajes de Gulliver.
Dicho todo lo cual, y reconociendo que historias semejantes han habido muchas, la de Akutagawa se sostiene por méritos propios. Su intención no es tan panfletaria (en el buen sentido) como las historias gulliverianas, sino más lúdica por un lado y más filosófica por otro.
En ella podemos percibir nuestras semejanzas, pero sobre todo hay un sentimiento general de disgusto por un mundo rígido y ordenado (el nuestro) en contraste con otra sociedad incongruente y tan cruel como la nuestra, pero que en apariencia es más libre. Si tenemos en cuenta que esto se escribió en el Japón de principios de siglo, todavía más rígido y delimitado en sus costumbres que el de hoy, percibiremos la crítica implícita.
Y, no obstante, el mundo de los kappas es anárquico, clasista, hipócrita y cínico. El mensaje parece ser que, sea cual sea su evolución, las sociedades crean sus propias incongruencias, sus propias injusticias y sus sistemas de dominio del individuo. ¿Pesimista? Tal vez, pero no olvidemos que todas las utopías que se han escrito se han basado en el dudoso supuesto de que el ser humano es angélico, y que cuando no se ha partido de esta suposición han surgido distopías cuyo mejor epítome fue el irónico volteriano de que "vivimos en el mejor de los mundos posibles". Lo cual no es ningún consuelo.
Aparte del fondo de esta novela, me gustaría remarcar que Akutagawa se muestra divertido y ágil, y que su prosa resulta en extremo moderna, incluso un siglo después. En sí misma es una lectura más que entretenida y recomendable, además de profunda. Y una oportunidad para conocer a uno de los grandes narradores japoneses.

(河童 Kappa)
Ático de los Libros, col. Breves del Ático
Barcelona, 2010 [1927]

Portada y sinopsis

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El Libro de las Cosas Perdidas, de John Connolly

Es este un libro peculiar, y no sólo porque se aparta formal y temáticamente de la ficción que Connolly nos suele ofrecer, sino porque se trata de una historia que contiene reelaboraciones de los cuentos infantiles clásicos.
Me apresuro a decir que, no obstante, no se trata de un libro infantil. Esta reelaboración es adulta, de modo que su límite mínimo de edad es el juvenil, aunque lo recomiendo a todo público adulto; por lo menos, a todos aquellos adultos que conservan una chispa de la capacidad de maravillarse propia de la infancia.
David es un niño de doce años que vive en la Inglaterra de las inmediatas vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Y a David le sucede algo terrible: su madre enferma, y tiene que asistir a esta muerte lenta. Cuando su padre decide casarse otra vez, y Rose, la madrastra (he aquí otro arquetipo de los cuentos), además le proporciona un hijo, Georgie, el mundo de David parece desmoronarse definitivamente. Es entonces cuando empieza a oír lo que susurran los libros, y cuando empieza a recibir las visitas del Hombre Torcido, una especie de trasunto de Rumpelstiltskin, quien muestra un gran interés por él y su hermanastro; así como apariciones en sueños de su madre muerta, que pide que la rescate del lugar donde está.
Y una noche en que David va al jardín hundido indicado por su madre, ve dirigirse hacia él a un bombardero Junkers 88 en llamas, derribado en el cielo de Inglaterra. Tratando de escapar del impacto, se introduce en una oquedad en la pared, y aparece en un mundo distinto.
Este mundo tiene un paisaje y unas reglas propias, y está compuesto de todos los cuentos infantiles, de todos los libros que David ha leído, aunque extrañamente deformados, evolucionados, más primitivos, telúricos y brutales, pero a la vez más sofisticados. David emprenderá una búsqueda que será a la vez un autodescubrimiento, un viaje de iniciación, pero una búsqueda muy peligrosa para él y para su familia.
Puede que todo sea un sueño que sucede en la mente de David, en coma por el impacto del bombardero alemán. O puede que, en efecto, haya entrado en una tierra de sueños e historias que se ha conformado a medida de sus lecturas. Hay elementos en la novela que pueden apoyar ambas tesis, y el autor deja que el lector escoja la que le parezca mejor. Tampoco es importante. Lo que importa es el paso definitivo de la infancia a la madures que da David, y la constatación de ese paso nunca es totalmente inocente, que tiene sus reglas y riesgos.
Como metáfora, Connolly emplea los cuentos infantiles, que ya de por sí son como una especie de ritos de iniciación a la vez que avisos sobre posibles peligros de la vida, y así como David crece y se hace adulto en la historia, también los cuentos lo hacen (a veces con efectos cómicos, como los siete enanitos tiranizados por Blancanieves, y que son sindicalistas de ideología marxista convencidos), y sus moralejas se hacen menos simplistas.
Pero esta tesis no se impone como una declaración política. Connolly es, sobre todo, un gran narrador, y El Libro de las Cosas Perdidas es una novela que puede ser leída con un sentido de la maravilla intenso, con un ritmo vivaz, con un empleo de la narrativa que atrapa al lector y lo envuelve en un mundo original y nuevo que, sin embargo, reconoce de sus lectoras infantiles.
Connolly no es el primero en "evolucionar" los cuentos de hadas. Como él mismo dice, muchos autores lo han hecho antes, entre ellos la muy añorada Angela Carter. Y esas reflexiones que hace Connolly no lleva a otro punto.
Si un libro necesita un índice es este. Sin embargo no lo tiene en su edición española, y el lector puede quedar sorprendido de que la historia termine en la página 375, cuando el libro prosigue hasta la 541. La inoperancia de ciertos editores no deja de sorprenderme. Porque, ¿en qué podía perjudicar al libro indicar que contiene una entrevista con el autor en la que Connolly proporciona algunas claves de la obra, y además unos estudios del propio Connolly, incluyendo los textos originales, sobre los cuentos de Rumpelstiltskin, El Agua de la Vida, Caperucita Roja, Hansel y Gretel, Los Tres Cabritos, Blancanieves y los Siete Enanitos, Ricitos de Oro, Los Tres Cirujanos del Ejército, La Pastora de Ocas, a Bella y la Bestia, La Bella Durmiente, Childe Roland a la Torre Oscura Llegó, los centauros y las arpías? Estos estudios son pequeñas obras maestras de interpretación y análisis, y muestran su maestría en traspasar esos mitos infantiles a su novela, así como proporcionar claves de interpretación no sólo sobre la historia de David, sino sobre los cuentos de hadas en general. Es un valioso regalo más allá de una novela que ya es de por sí un regalo para el lector y una demostración de la minuciosidad, trabajo y respeto que Connolly emplea en su escritura.
Tal vez esta obra pueda desconcertar a los seguidores de la serie "Charlie Parker" de John Connolly, pero les aseguro que vale la pena leerla. Tendrán ante sí una de las más originales, gratificantes, sensibles e inteligentes novelas que se puedan escribir sobre esos mitos comunes a todos que son los cuentos infantiles.

(The Book of Lost Things)
Eds. Oniro
Barcelona, 2008 [2006]

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John Connolly
¿ Qué sucede cuándo el mundo imaginario de David se convierte en un mundo real ?

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La Lotería en Babilonia, de Jorge Luis Borges

Estamos ante uno de esos cuentos metafísicos de Borges que, tal vez más que el resto de su producción, dieron a su autor el carácter diferente y diferencial con respecto a cualquier otro, y que influyeron grandemente en la literatura mundial; prefigurando el realismo mágico y lanzando conceptos que resuenan, por ejemplo, en el Gigamesh o el De Imposibilitate Vitae de Stanislaw Lem, la riqueza de su argumento, su densidad temática que trasciende lo terreno para situarse en lo cósmico proporcionaba una variedad tal de sentimientos respecto al ser humano situado frente a lo universal que esa fuente se mostrado inagotable.
«Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles.» Así se inicia este cuento, que nos promete una historia individual de triunfo y desgracia y, en cambio, pronto se convierte en una de insignificancia frente al azar del mundo. Porque estas vivencias del narrador no son fruto de su elección. En Babilonia, nos explica, la institución de la lotería cayó en la indiferencia popular hasta que, en un golpe maestro, se instauró junto a los premios unas multas. A partir de ahí se sustituyó el dinero por castigos, y el de los premios por circunstancias personales ventajosas. De ahí a ordenar que todas las vidas de los babilonios fueran regidas, de una u otra manera, por el acierto de su suerte o por la indiferencia de lo no premiado, había un paso muy corto. «También hay sorteos impersonales, de propósito indefinido: uno decreta que se arroje a las aguas del Éufrates un zafiro de Taprobana; otro, que desde el techo de una torre se suelte un pájaro; otro, que cada siglo se retire (o se añada) un grano de arena de los innumerables que hay en la playa. Las consecuencias son, a veces, terribles.»
«Bajo el influjo bienhechor de la Compañía, nuestras costumbres están saturadas de azar.» Semejante frase anticipa la sospecha que se hace certeza unos párrafos después, es decir, «Alguna [conjetura] abominablemente insinúa que hace ya siglos que no existe la Compañía y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra la juzga eterna y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo. Otra declara que la Compañía es omnipotente, pero que sólo influye en cosas minúsculas [...]. Otra, por boca de heresiarcas enmascarados, que no ha existido nunca y no existirá
Y así, con este último paso lógico, resumen tal vez de toda teología y teogonía que pueda existir, nosotros, lectores, quedamos convertidos en babilonios, con nuestras vidas regidas por un azar impersonal que conforma nuestras existencias, haya o no una Compañía de lotería que lo determina o bien un dios que juegue o no a los dados.
La magnitud de lo realizado por Borges en unas pocas páginas es enorme; en un cuento cuya ironía suaviza el vértigo de contemplar lo irracional y azaroso de nuestra existencia, Borges nos lleva desde lo más concreto e individual a un universo donde, reconozcámoslo, la decisión al azar de lo más trivial determinan un encuentro o un desencuentro, un accidente o la prolongación de la vida, el amor o el aborrecimiento. Unas vidas, en suma, enfrentadas a la enormidad de un universo (un sorteo universal, podríamos decir) que determina unos destinos que creemos falsamente controlar. Casi diríamos que nos pone frente al horror cósmico que, paradójicamente, son nuestras vidas concretas.

En Ficciones
Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19719 [1941]

Texto en castellano de La Lotería en Babilonia

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Así Niego a Beelzy, de John Collier

Como bien señala Javier Marías en la introducción a este relato, John Collier puede ser considerado "un digno heredero de Poe, O. Henry y Saki". Su devoción por lo fantástico está fuera de duda, su estilo de choque, sorprendente y vivaz, es reminiscente del de O. Henry, y su humor virado al negro lo asemejan a Saki.
Así Niego a Beelzy es su cuento más famoso, citado una y otra vez en las bibliografías de lo fantástico, incluido en innumerables antologías y reunido en todas las colecciones de su autor.
Es un relato delicioso, sorprendente y fresco. Para los que leen inglés, pueden hallarlo en el enlace que figura al pie de esta entrada. Para los que no, les anticipo que es un cuento en apariencia típico de niño que tiene un amigo imaginario.Pero sucede que también tiene un padre. En apariencia moderno, uno de esos que fingen ser el mejor amigo de su hijo, que se siente complacido cuando (a imposición suya), el "pequeño Simon" le llama "Simon grande". En suma, y gracias a la prosa de Collier, sospechamos que es un fracaso como padre, y desde luego no el mejor amigo del pequeño.
Algo que se demuestra cuando, interrogado el niño sobre lo que ha estado haciendo por la tarde, responde que ha estado jugando con el señor Beelzy. A lo cual, el padre responde intentando que el niño entre en razón y racionalismo y reconozca que se trata de un producto de su imaginación infantil. Por supuesto, el pequeño Simon se niega, lo que enfurece al padre, quien lo envía escaleras arriba con la promesa de una azotaina (la pedagogía moderna está muy bien cuando funciona, pero al parecer Simon grande es partidario de la vieja escuela cuando van mal dadas).
Del final, sólo les anticipo (puesto que es casi evidente desde el título) que "Beelzy" bien podría ser una forma familiar de "Belcebú".
El relato, condensado, breve, pero en extremo medido, es una maravilla. Con pequeños trazos, los personajes quedan definidos en sus papeles, la situación marcada con rapidez, la tensión creciente párrafo a párrafo, y el final, tan divertido, irónico e inquietante como los de los grandes maestros a los que nos hemos referido anteriormente, es demoledor.
Es una lástima que John Collier no sea más conocido, ya no en España, sino globalmente. Sus relatos pueblan las antologías, pero parecen ser considerados obras únicas (y de ahí la inclusión en la colección de la que lo he tomado para hacer la reseña). Sin embargo, su humor y fantasía son de los mejores del género, y bien merecerían sus obras mejor edición.

(Thus I Refute Beelzy)
En Cuentos Únicos
Ed. Siruela, col. El Ojo sin Párpado
Madrid, 1989 [1941]
Selección, edición y prólogo de Javier Marías

Texto en inglés de Thus I Refute Beelzy

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El Diablo de la Botella, de Robert Louis Stevenson

El Diablo de la Botella compite, y con gran ventaja, en ser uno de los mejores cuentos escritos jamás. Si no lo han leído, les recomiendo que vayan a los enlaces al pie de esta entrada y lo hagan. Les envidiaré el placer y las emociones que sentirán al leer por primera vez este relato prodigioso.
La historia es sencillamente maravillosa, precisa, detallada. Desde su mismo inicio: el hombre que tiene una casa rica y todo para ser feliz pero no sonríe. Y es que el secreto de esa felicidad terrenal consiste en una botella creada por el diablo, que concede todo lo que se le pide, pero condena a su propietario. A no ser que la venda antes de morir, claro. Pero debe venderla por menos de lo que le costó. Y así, esa botella va acercándose más a la condenación del alma de un humano, cuando llegue a una moneda (porque debe ser moneda acuñada) tan ínfima que no pueda ser más fraccionada.
Hasta aquí tenemos un relato de engaño diabólico como tanto otros que se han escrito (y se escribirán; es un tema que da para mucho en cuestiones de ingenio, humor y moralidad). Pero Stevenson no era el artista de la narración reconocido que era para hacer un simple chascarrillo. El protagonista consigue la casa de sus sueños y vende la botella, y un día se enamora y consigue a la mujer que ama (sin, y es importante, el concurso de la botella). Su felicidad es completa, hasta que un día descubre sobre su piel una mancha que anticipa su trágico final: una mancha de lepra.
Su única esperanza es recuperar la botella. Y así empieza un nuevo relato, uno en el que las emociones y el amor se muestran a una altura como pocas veces ha conseguido la literatura con tanta economía de medios.
Robert Louis Stevenson, ese Tusitala que contaba historias a los niños en los Mares del Sur, consiguió hacer una y otra vez obras maestras de una sencillez impecable y que sin embargo conseguían emocionar y transmitir algo más que lo simplemente narrado. Se recuerda al autor inmortal de La Isla del Tesoro o El Extraño Caso del Dr Jekyll y Mr Hyde, pero tal vez debería también ser recordado por este relato, El Diablo de la Botella, tan fresco como el día en que fue escrito, tan enorme como las emociones que provoca.

(The Bottle Imp)
En El Diablo de la Botella y Otros Cuentos
Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19792 [1891]

Texto en castellano de El Diablo de la Botella
Texto en inglés de The Botle Imp en Project Gutenberg

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Fragments of Papyrus from the Temple of the Older Gods, de William Kotzwinkle

William Kotzwinkle es un autor que se mueve con la misma facilidad (y originalidad) no sólo en los géneros, sino en la ficción denominada "principal". Es autor de esa novela de culto que es El Hombre del Ventilador, y de algunas otras que se publican como lo que son, literatura, aunque Kotzwinkle gusta de incluir siempre un gramo de fantasía en sus libros.
Fragmentos de Papiro Procedentes del Templo de los Dioses Antiguos es declaradamente una pequeña fantasía en el antiguo Egipto, una época y lugar que siempre ha sugerido un contacto íntimo entre el mundo real y el más allá de las divinidades.
Faraón es visitado por la Muerte durante una fiesta. Cuando despierta en su tumba, se dirige a la orilla del Nilo Negro, donde espera la llegada de su Barco Solar que le llevará al juicio y a la inmortalidad. Cuando éste aparece, embarca en él, pero se ve sorprendido al encontrar a bordo al Ensalzador Real y a su esposa, que han sido enterrados con el faraón. Y descubre que este no es su barco solar, al que ha esperado largamente y en vano, sino el que corresponde y cuenta la vida de sus dos sirvientes. El barco se dirige hacia la orilla donde el dios cocodrilo espera para pesar los corazones de los pasajeros, un pequeño frasco en el caso de ella, una moneda en el caso del Ensalzador, nada en el caso de Faraón.
Por supuesto, y tras este resumen argumental, el lector puede comprender que la fuerza del relato radica en su atmósfera, una que gradualmente se va haciendo más solitaria conforme se adentra en una eternidad que, en el caso de Faraón, sólo conlleva el olvido de su nombre y sus hechos.
Es virtud de Kotzwinkle que sea así, y mérito de su prosa el sumergirnos en el mundo egipcio y su noción de la inmortalidad. ¿Cuántas momias de sirvientes, escribas y bufones hemos podido recuperar e identificar, y cuántos faraones hay de los que sólo conocemos el nombre (y a veces, ni eso) y que han sido devorados por esa eternidad que pretendían alcanzar? Kotzwinkle es un autor muy perspicaz, y no escribe nada que no haya sido pensado y que no sirva al propósito del relato. Por eso la sencillez argumental no debe engañarnos. Hay más en este cuento de lo que el relato cuenta, y así debe ser. Por algo procede de la pluma "de uno de los más originales escritores que han agraciado el campo de la fantasía", como dice Terri Windling en la introducción.

En Demons and Dreams. The Best Fantasy and Horror 2
Legend / Random Century
Londres, 1990 [1988]
Ed. de Ellen Datlow y Terri Windling

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Appointment with Eddie, de Charles Beaumont

Cita con Eddie es un cuento inédito (y póstumo) del gran Charles Beaumont. Un nombre ciertamente desconocido por muchos, pero cuyos argumentos son más recordados de lo que se piensa. Aquellos aficionados al programa The Twilight Zone tienen sus episodios favoritos. Si se investiga quiénes fueron los guionistas de estos episodios, no sorprende que aparezcan entre ellos nombres como Ray Bradbury, Richard Matheson o Robert Bloch. Lo que sorprende es que aparezca Charles Beaumont. Y en más de una ocasión.
Este relato podría haber sido un episodio de la serie, si no fuera porque no fue filmado y porque la eficacia de su chiste final es difícil de trasladar a la pantalla salvo que se filmase con cámara subjetiva (el relato mismo está narrado en primer apersona). Pero el espíritu de la serie está presente. La intrusión de lo mágico en la realidad cotidiana; una situación extemporánea, casi increíble, pero que a pura fuerza argumental se convierte en plausible; y una cierta enseñanza moral, matizada en este caso por el humor (como acostumbraba Beaumont; otro de los guinistas de la serie (y creador de la misma), Rod Serling, tenía ese mismo sentido de la moraleja, pero tomado de forma tan trascendente que se volvía edulcorado de tan bienintencionado).
El narrador de cuento, George, es un agente artístico. No es el mejor, ni el más grande, pero resume bien las características de justo ese segmento medio de la profesión. Es algo cínico, pero a la vez ama su oficio. No llega a ser amigo de sus representados, pero se preocupa por ellos más allá de los negocios, y está dispuesto a satisfacer sus caprichos, mientras nos ean demasiado extremos. El dinero es importante, pero para él no lo es todo.
Y su principal representado es Shecky King. Sabe muy bien que Shecky no es más que una burbuja vacía: sus ideas son de otros, al igual que sus chistes y frases, pero su carisma es tal que en televisión es una fiuerza arrolladora. De hecho, acaba de ser votado "personalidad más popular del mundo del espectáculo de todos los tiempos". De modo que George se sorprende al encontrar a Sheck en proceso de pillar una cogorza a base de seis martinis alineados frente a él en la mesa, y con una depresión galopante auxiliando en el proceso. Pero eso no es nada cuando Sheck le pide un favor personal: que le concerte una cita con Eddie, el Barbero. Según parece, el futuro y el mundo de Shecky depende de ello.
Acostumbrado a caprichos raros, George entra en la barbería de mala muerte de Eddie, mientras Sheck espera fuera. Cuando Eddie acaba de cortarle el pelo al vagabundo que era su único cliente, y cobra el solitario dólar por ello, George pide la cita para Shecky King. Sin reconocer siquiera el nombre, Eddie responde que tiene su libro de reservas completo. Mirando a su alrededor, George puede ver que está completo con la mugre, de modo que suspira y ofrece cinco dólares. Veinte. Cincuenta. Cien. Quinientos. Mil. Sin resultado, ni durante el horario comercial ni fuera de él. Derrotado, sale y se lo comunica a Shecky, quien entra e implora, suplica, casi se pone a llorar frente a Eddie. No hay vacantes en las reservas.
Lo siguiente es una crisis neurótico-depresiva de Shecky, y las averiguaciones de George por el mundo del espectáculo. Sencillamente, Eddie es la garantía de futuro. Sin que él te haga un corte de pelo, ningún éxito es perdurable. Y cuando Eddie rechaza un millón de dólares, el destino de Shecky King queda sellado.
No les explicaré el chiste final. Al fin y al cabo, algún día puede ser que el mercado editorial alcance la normalidad, y estas pequeñas joyas se hagan accesibles, pero lo fundamental del relato está expuesto.
Lo destacable de este cuento, además de lo apuntado con anterioridad, es que Beaumont no se empeña en hacernos comulgar con ruedas de molino. Sabe muy bien con qué está tratando, de modo que el hecho de que la magia de Eddie funcione o sea sencillamente una superstición que deriva en un psicosomatismo mórbido le trae sin cuidado; el lector puede escoger su explicación, pero el resultado final es el mismo. Pero también está el hecho de la ironía sobre el mundo del espectáculo, compuesto en su mayor parte de guarnición y con muy poco plato principal, como lo definió en su día un ejecutivo de televisión; y la reflexión sobre el éxito, el precio por alcanzarlo y el precio que se paga por mantenerlo. Shecky no se desespera por no haber alcanzado la cumbre; sufre por creer que ante sí sólo tiene la decadencia. Semejante ambición, que ni siquiera permite disfrutar de un presente glorioso, es una condena peor que el fracaso, nos dice Beaumont.
Es una lástima que este relato quedase en su día inédito. Bien filmado, hubiera sido otro de los episodios memorables debidos a la pluma de alguien no tan bien rrecordado, pero que se merece todo el crédito, Charles Beaumont.

En Demons and Dreams. The Best Fantasy and Horror 2
Legernd / Random Century
Londres, 1990 [1988]
Ed. de Ellen Datlow y Terri Windling

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25, Agosto 1983, de Jorge Luis Borges

La cantidad de temas que frecuentó Borges en toda su obra y que están incluidos en este relato hacen que, como casi siempre en una obra suya, cualquier estudioso tenga que referenciarlos a otros cuentos para así establecer un cuadro coherente de esos paisajes y temáticas recurrentes.
«Curiosamente el dueño no me reconoció y me tendió el registro». Y allí, en ese registro, con todavía la tinta fresca, está escrito el nombre de Jorge Luis Borges, un Borges más viejo que el que narra y que está allí suicidándose. El tema del doble, presentido en la constante imagen borgiana de los espejos, y desarrollado explícitamente en otros relatos, por ejemplo El Otro, está aquí presente en toda su dimensión, una más trascendente todavía si tenemos en cuenta que se trata de un diálogo entre los dos Borges, el maduro y el anciano, el escritor y el suicida. Pero no es un tema de usurpación. ¿O sí? En algunos momentos el Borges narrador se irrita con su mismo yo futuro, que es lo mismo que irritarse con los manierismos del Borges que escribía este relato, puesto que el Borges narrador es el de sesenta y un años, es decir, el de 1960. Puede chocar al lector que el Borges de 1983 sea un suicida, ya que no se suicidó y murió tres años años después de cáncer. Ante esto sólo cabe especular. Tal vez sí había pensado en el suicidio. Tal vez sólo quiso representarse a sí mismo en lo que hubiese querido ser, aun ciego y sesentón, sobre todo cuando el Borges moribundo profetiza lo que Borges ya debía saber en esa época, por ejemplo que escribiría la obra maestra que habían soñado ambos, y que «Jugué, sin convicción, con el melodramático propósito de destruirlo, acaso por el fuego. Acabé por publicarlo en Madrid, bajo un seudónimo. Se habló de un torpe imitador de Borges, que tenía el defecto de no ser Borges y de haber repetido lo exterior del modelo.
»─No me sorprende ─dije yo─. Todo escritor acaba por ser su menos inteligente discípulo.»
También el tema del hombre que sueña que sueña, en este caso dos hombres que pueden soñar acaso lo mismo en diferentes épocas, o que se sueñan a sí mismos sin saber quién realmente sueña a quién.
Y el sistema metaliterario que establece el autor, puesto que el relato es autorreferencial, con constantes alusiones a que este relato se está escribiendo, o pensando escribir, o ya escrito.
Todo un sistema borgiano temático y estilístico, en suma, una especie de testamento, de ironía casi autoparódica, pero también de reflexión sobre el Borges que, siempre, parecía estar abrumado por el peso de lo cósmico cargado a sus espaldas. Tienen al pie de esta reseña un enlace al texto, de modo que pueden juzgar por sí mismos. Encontrarán uno de los grandes relatos de la última etapa del maestro, con toda la densidad de pensamiento que acostumbra, pero también con esa facilidad de escritura, que proporciona una falsa sensación de sencillez, y que hace que su lectura sea enormemente simple. Pero nunca simplista.

En Veinticinco Agosto 1983 y Otros Cuentos
Eds. Siruela, col. La Biblioteca de Babel
Madrid, 1983 [1983]

Texto de 25, Agosto 1983

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En Verdad Os Digo, de Juan José Arreola

He aquí otro de esos cuentos geniales de un autor que me empeño vuelva a trascender el límite de sus fronteras mexicanas y recuperar su posición como uno de los mejores narradores breves de la literatura castellana, Juan José Arreola.
Desde su inicio, «Todas las personas interesadas en que el camello pase por el ojo de la aguja, deben inscribir su nombre en la lista de patrocinadores del experimento Niklaus», nos encontramos con el Arreola jocundo, percibimos en el acto que éste va a ser un relato humorístico. Pero, por descontado, el humor de Arreola es en extremo corrosivo, tanto que más que una humorada, lo que tenemos es una sátira compuesta de los elementos más dispares que puedan imaginarse: por un lado, el capital, por otro, la ciencia, y uniendo ambas, la metafísica expresada en forma de parábola religiosa cristiana, como anuncia el título.
El relato lo pueden ustedes leer en el enlace al pie de esta reseña. Háganlo, porque vale la pena, en su diversión cargada de elementos reflexivos.
Es curioso señalar que el motor de este relato es, en teoría, una incongruencia que ha preocupado desde hace siglos a los capitalistas occidentales, y es el hecho de que, si son ricos, no alcanzarán la vida eterna,  y si la alcanzan (y sólo es una posibilidad), deben renunciar a las riquezas. Y todo desde que Cristo enunciara la maldicón más maldición desde la del Génesis: la del "antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entrará en el Reino de los Cielos" (para lo que nos interesa, dejaremos de lado posibles errores de traducción o de interpretación, como el de que el ojo de la aguja es una de las puertas (estrecha ésta) de Jerusalén).
La curiosidad radica en que, en principio, no debería importarle demasiado a un rico la salvación eterna o no, pero lo cierto es que se han vertido ríos de tinta al respecto. Que si el capitalismo y la ética protestante, que si la redención por las obras o por la fe, que si esto, que si lo otro... En cualquier caso, siempre ha quedado desde que fuera enunciada la impresión de que a todo rico le hubiera gustado hallar una solución al problema. Pues bien, Arreola la propone, con toda su jocundidad, como es la de descomponer atómicamente un camello, hacerlo transitar por el paso angosto y recomponerlo de nuevo en otro lugar.
Pero, insisto, no sólo es chiste este relato. En su parte final, Arreola se revela como el irónico total que en mucha de su literatura demostró ser. Y en esa construcción en crescendo, mesurada y equilibrada, se descubre al gran cuentista.

En Mujeres, Animales y Fantasías Mecánicas
Tusquets Eds., col. Cuadernos Marginales
Barcelona, 1972 [1963]

Texto de En Verdad Os Digo

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La Bella y la Bestia, de Madame Jeanne-Marie Leprince de Beaumont

Como sucede con los cuentos infantiles verdaderamente famosos, es más que posible que la mayoría de la gente tenga un conocimiento de la historia a través de otros medios que pueden o no ser fieles al original. Dibujos animados, adaptaciones televisivas, versiones "actualizadas", versiones de lenguaje simplificado, reversiones interpretadas por otros personajes, obras de tatro, el cine, incluso un musical (y si a eso vamos, incluso un musical sobre hielo). Las opciones son tan numerosas que uno no puede estar realmente seguro de haber leído el cuento en su forma original hasta realizar una lectura consciente de éste.
Claro que, hablando de versiones, la más famosa de ellas, la que estableció el texto "canónico", tampoco es que sea muy original. Madame Leprince de Beaumont se basó en relatos muy anteriores para componer el suyo. ¿Cuáles? Ah, la cosa tiene su intríngulis, porque los comentaristas difieren. Hay quien asigna una evidente semejanza entre el argumento de La Bella y la Bestia con Piel de Asno, de Perrault. Es ciertamente verdad que el relato aparecía, íntegro y más largo, escrito por Gabrielle-Suzanne de Villeneuve en 1740. Otros atribuyen la paternidad del argumento a Francesco Straparola, con El Rey Cerdo, una variante estraída del folklore italiano. Y algunos remontan la paternidad al "Amor y Psique" de El Asno de Oro de Apuleyo.
Sea como sea, hay una constante que se repite en este tipo de historias, y es que se basan en una realmente primitiva y popular que con el paso de los años y los siglos se transforma hasta llegar a forma literaria, sea oral o escrita. Y se produce también, a partir de cierta época, una transformación temática que es más moral que otra cosa.
Les supongo al caso del argumento, y si no lo están pueden leer el relato en el enlace al pie de la entrada. Si lo hacen, verán lo extremadamente civilizado, lo muy conformista que es este cuento. Bella se resigna a todo: a la ruina de su padre, a la miseria en la que vive, a la maldad de sus hermanas, a ser sacrificada en lugar de su padre por la Bestia, a todo. Y al final, esta resignación lleva un premio: la Bestia se convierte en un príncipe bellísimo y rico, y las hermanas son castigadas por sus pecados de envidia (de envidia, la forma más pervertida de inconformismo, tal vez). Leprince de Beaumont vivía en la época en la que las clases sociales seguían siendo rígidas, y con ellas la posición social y económica que comportaban. Ciertamente no fue la aristócrata diletante que se pueda pensar, e incluso se puede hablar de un cierto protofeminismo en sus pretensiones de escribir en un mundo literario predominantemente masculino, pero tampoco debemos esperar grandes revoluciones ideológicas en su obra, ni subversiones del orden establecido. De hecho, fue la instauradora del lema "instruir deleitando" que tanto daño ha hecho (aunque haya hecho algún bien).
Pero no todo son interpretaciones políticas. Hay una cierta poesía en el cuento, y el tema de pensamiento contrapuesto a belleza es uno tan potente que atrae en todas las épocas, convirtiéndose en un arquetipo multicultural.
Tal vez quien mejor supo ver lo que de bello contenía el cuento fue Jean Cocteau. En su versión fílmica sublimó todos los elementos poéticos y los trasladó a la pantalla sin dejar nada del mensaje conformista y político, reduciéndolo a la esencia de los sentimientos humanos y embelleciendo el cuento. Que tal vez así se acercaba al original perdido en la noche de los tiempos.

(La Belle et la Bête)
En Horrorscope. Mitos Básicos del Cine de Terror, vol. 2
Ed. Nostromo
Madrid, 1974 [1757]

Y múltiples ediciones más.
Texto de La Bella y la Bestia
Texto de La Belle et la Bête en francés, en Wikisources