No Mires Abajo, de William Sansom
Han transcurrido treinta largos años desde que el que escribe leyó el primer elogio a la obra de William Sansom hasta que por fin he podido leer algo suyo; gracias a la editorial La Bestia Equilátera (que, por cierto, tiene un catálogo más que interesante), a la que deseo la mejor de las suertes con este y otros autores; todas las editoriales intentan vender. No todas intentan vender obras de calidad.
En primer lugar, hay que destacar lo único de la ficción de Sansom. Los nombres de Kafka, Roald Dahl y otros muchos pueden acudir a la mente ante las situaciones que estos relatos plantean, pero es de inmediato perceptible que Sansom tiene una voz propia que hace que ese territorio pueda ser común, pero su tratamiento sea totalmente personal, con un estilo maestro en su desarrollo, y los elogios de contraportada de Elizabeth Bowen, Anthony Burgess o Eudora Welty sean totalmente justificados.
Sansom nos introduce siempre en una situación inusual o extrema, y entonces nos lleva al borde de un abismo en el que se acentúa la sensación de vértigo, a veces físico, pero siempre psicológico.
Porque Sansom sabe muy bien que la mente puede ser nuestro peor enemigo. Cualquier persona con un físico privilegiado puede estar sometida a una parálisis irracional, inusitada, provocada por la negativa de nuestro cerebro a seguir avanzando, trepando, a reaccionar ante una situación. En algunos de los relatos que componen este libro, este hecho desesperante y angustioso se produce precisamente cuando más necesita el protagonista tener un mayor control de sus acciones: No poder ni subir ni descender de una esclaera (La Escalera Vertical); un bombero montado a horcajadas sobre un muro que amenaza desplomarse (Los Testigos). En una ocasión, esta inmovilidad resulta beneficiosa (La Pared), pero no menos angustiante.
Otros relatos son de corte más genérico, como La Sábana Larga, en la que en una sociedad imaginaria unos presos se ven obligados a competir por equipos para dejar por completo seca una sábana, en un sistema penal de pesadilla en el que no hay rdención posible. Pansovic y las Arañas, en el cual una fobia resulta más que incapacitante. Tentaciones Varias, en las que Sansom entra en la mente y la lógica existente en la locura de un asesino en serie. Tuti Frutti, en donde la felicidad se convierte en el peor enemigo del hombre.
Todos los cuentos son variaciones sobre cómo, en los momentos de mayor necesidad, esa parte de nosotros que nos controla se vuelve ajena, parasitaria, en nuestro enemigo, en el más fuerte de los obstáculos. Pero para ello William Sansom tiene que ejercer su maestría con una minuciosidad tremenda, gradual y convincente, que describa paso a paso cómo esta mente reacciona, se autojustifica, se contradice, se encoge y se ensancha. Y emplear una imaginería inusitada, a veces totalmente realista, otras tan metafórica como la de un kafka. En cualquier caso, en este viaje hacia lo terrorífico, lo desesperado o lo inusitado, el lector se encuentra tan paralizado como los protagonistas, pues no puede dejar de leer. Fascinado, tiene que seguir a Sansom confiando en que el final no sea tan irremediable, irreversible como su mente parece augurar.
(Anthology of William Sansom)
La Bestia Equilátera
Buenos Aires, 2012 [varios]
Portada y sinopsis

