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Homeless, de Pau Vidal

La ciudad es un paisaje cambiante de lugares y gentes. Pero, como es evidente, este paisaje mutable tiene una serie de referentes que le confieren entidad propia, más allá de los monumentos en sí.
Los barceloneses lo sabemos muy bien, y más ahora cuando, si alguien no lo remedia, y después de décadas de contemplación de las musarañas por parte de los gobiernos municipales, van a desaparecer una escalofriante cantidad de comercios emblemáticos, sustituidos por monstruosidades clónicas de hamburgueserías, tiendas de moda, hoteles de nuevo cuño o quién sabe qué.
Pero el fenómeno no es nuevo, y así como existe un catálogo del patrimonio arquitectónico de Barcelona, también se podría hacer un catálogo de lugares desaparecidos, y cuya presencia ya sólo es la del fantasma en la memoria de los ciudadanos, en viejas fotografías, en relatos de ancianos.
En esencia es, en parte o en todo, lo que Pau Vidal ha hecho en estos seis relatos y un poema: recuperar la memoria de siete lugares que tuvieron su lugar en el paisaje y la gestalt de los barceloneses. Historias diversas y variadas, que pueden narrar las inventadas peripecias de gentes ligadas a un lugar (señalado en el mapa que figura en las guardas) que se desvaneció pero que sigue teniendo presencia en la memoria colectiva de la ciudad: el edificio de la calle Princesa en forma de cuña, semejante a la proa de un barco; el Chalet del Moro del pasaje de la Pau; los alrededores del Gran Teatro del Liceo; el bar Pay-Pay de la calle Sant Pau; la Casa de la Misericòrdia; la comisaría de la calle de les Tàpies; o los chiringuitos y tinglados de la Barceloneta. Desaparecidos físicamente a veces, y otras transformados de tal manera que ya son otra cosa.
Por ejemplo, en El Fantasma de l'Òpera, Vidal describe de forma sangrante la vergüenza que fue la remodelación que supuso la reconstrucción del Liceu, que para añadir cinismo se vendió como un beneficio para el barrio. Sólo quien ha comido en el desaparecido Ideal, como yo hacía, puede entender que era preferible ese sabor y decoración de principios de  siglo XX a los intereses de la gran burguesía amante de la ostentación (que no de la ópera), y simpatizar con ese fantasma (al fin y al cabo todos los expropiados son, de alguna manera, fantasmas) que quiere volver a quemar el teatro.
O cuando en Orfes Orfes nos relata la auténtica vida de los orfelinatos de la ciudad. O en Polis al Cabaret, que nos narra en tono jocundo la historia de la delincuencia en el barrio chino y, por extensión, en Barcelona. O el no menos irónico El Xalet del Moro, que nos muestra que la prostitución no ha sido ni es cosa marginal, y porque si hay prostitutas es porque existen clientes anónimos o ilustres de los de cargo y abolengo. Y así todas las historias de este libro.
En especial Bye, Bye, Pay-Pay, que a través de un desfile de clientes de una farmacia, más interesados en hablar que no en remediar sus males, traza una geografía sentimental y vivencial de todo un barrio a través de los tiempos.
La nostalgia es mala cosa, porque nunca (o casi) cualquier tiempo pasado fue mejor, pero el carácter de una ciudad se forma mediante las pequeñas historias, y para ser narradas o provocar su narración son necesarios los hitos que las catalizan. Cada vez que desaparece un lugar se borra memoria y se pierde carácter.
Contra eso clama literariamente Pau Vidal en unos relatos vivaces, humorísticos e incisivos, sin la menor nostalgia sino con el convencimiento de que la memoria es un patrimonio más importante que el turismo, los monumentos de las guías o la supuesta modernidad. Porque lo que distingue a Barcelona de Catalunya en Miniatura, aparte la escala, con los barceloneses y su carácter. Y ese se forma con el poso de los años y los lugares, buenos o malos, y no a base de piqueta y construcción.

Ed. Empúries, col. Narrativa
Barcelona, 2003 [2003]


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Remor de Serps, de Agustí Vehí

IN MEMÓRIAM: Agustí Vehí (1958-2013) 

La pérdida de un escritor, sobre todo cuando es prematura (¿cuándo no lo es?) siempre es lamentable, principalmente cuando se considera la obra que queda sin escribir. En el caso de Agustí Vehí, es particularmente sentida teniendo en cuenta que se había mostrado como un escritor negrocriminal de los menos convencionales en el panorama catalán.
En Remor de Serps [Rumor de Serpientes], Vehí nos traslada al París de 1940, en las vísperas de su caída en manos alemanas. La ciudad bulle de exiliados republicanos españoles, así como de los matones que, dirigidos por Pedro Urraca (un personaje real y tristemente histórico) y amparados en la embajada española, se dedican al secuestro y asesinato de dirigentes "rojos", así como a colaborar con los quintacolumnistas y espías alemanes presentes en la ciudad.
Allí llega un comandante de la Guardia Nacional Republicana (es decir, la antigua Guardia Civil, pero la que fue leal a la República) que acaba de salir del campo de refugiados de Argelés. Harto de guerra y harto de exilio, aunque sabe que su regreso a España es imposible. Por casualidad, un funcionario de la Generalitat le pedirá ayuda, y poco después lo descubrirá asesinado.
Sintiendo un remordimiento de conciencia inherente a su pertenencia al Cuerpo (ha cometido el pecado de no prestar ayuda a quien se lo había solicitado con toda razón), se decidirá a buscar a los asesinos y hacer justicia con ellos.
No es una novela perfecta; hay demasiados encuentros casuales entre exiliados en París, y eso da la impresión de que hay más españoles que parisinos por esas calles; pero eso es un defecto menor. Vehí da muestras de lo que el género puede conseguir, y de las posibilidades que existen en lo negrocriminal a poco que se rebusque en las páginas de la historia. En este caso, la guerra sucia franquista contra los exiliados, que existió, da pie a escribir una novela que recuerda mucho a las del maestro Eric Ambler, sobre todo en su ambientación perfecta, pero en la que también se percibe la desolación del exilio, el cansancio de derrotado y la percepción de que la guerra española sólo fue un preludio de un combate mucho mayor entre el totalitarismo y las democracias.
Vehí, por desgracia, ya no nos sorprenderá más. Pero cuando escribía novelas negras convencionales, o policiacos vodevilescos, o novelas de espionaje como esta, en su variedad y estilo, ya nos decía que el género no era lineal, y que sus límites eran más amplios de lo que pensamos. No es mal legado, si se sabe aprovechar esta lección.
Se lo debemos a Agustí Vehí, que no se ciñó a un modelo y que en su originalidad y buen escribir era una de las mejores promesas del género en catalán. Descanse en paz.

Ed. Alrevés, col. Crims.cat
Barcelona, 2013 [2013]

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La Decisió de Brandes, de Eduard Márquez

En La Decisión de Brandes, tras ser expuesto como pintor de "arte degenerado", y en su autoexilio en París, Brandes (una especie de alter ego de Georges Braque) recibe la visita de uno de los conquistadores alemanes de Francia, un auxiliar del mariscal hermann Göring, quien le propone ni más ni menos que un chantaje: «Tú eliges. Recuperar tus cuadros y tus trastos a cambio del Cranach. Tú eliges».
Porque Brandes es poseedor de un Lucas Cranach, y Hermann Göring es un reputado "coleccionista" de arte clásico, que consigue sin reparar en los métodos empleados.
Así empieza esta novela que es un cúmulo de cosas. Narrada como un monólogo interior por un Brandes a punto de morir, se compone de una serie de continuos flashbacks en los que el pintor rememora toda su vida, las influencias paternas, las mujeres que han pasado por su vida, el arte, la política y la historia, todos los elementos que, de una u otra manera, le hicieron el hombre y el artista que fue y que es, y siempre volviendo al eje sobre el que gira la historia, ese "tú eliges" que parece el resumen de una vida, el punto dentral de una persona que se vio forzada a escoger entre conservar una valiosa posesión o recuperar su obra, que es como decir su vida pasada.
En este trayecto intelectual y emocional, en el que no hay sino recuerdos (y la respuesta a ese dilema, que se da en las últimas páginas del libro), no es sino un continuo recorrido por la ética del artista, por lo que es un ser humano, y la llegada al punto esencial del mismo, aquel en el que debe negarse a ser arrebatado de su dignidad, el último ápice que le queda y que es lo que le hace ser Brandes, o someterse al capricho del poder y, recuperando su obra, perder todo lo demás.
Ese es el punto central, el plantearse dónde reside el último átomo del individuo, dónde se sitúa la residencia final, ese castillo interior, cuál es la finalidad del artista y lo que debe ser en su obra y sin ella.
Si ese Cranach existió o no en la realidad, es indiferente. La historia surge, verosímil, de un cúmulo de experiencias que sí sucedieron durante el nazismo. Expolios en forma de boteines de guerra, saquesos de museos y galerías, intimidación a marchantes y artistas, falsas compras o robos muy reales efectuados a gente vulnerable, judíos, católicos, izquierdistas, todos aquellos que tuvieran algo que el poder deseaba a cambio de una promesa de supervivencia que, en muchos casos, se probó falsa.
Hace años que Eduard Márquez se ha consolidado como uno de los mejores valores de las narrativas española y catalana. Siempre preocupado por esa frágil estructura que llamamos ser humano y que tan a menudo la sociedad o los individuos se afanan en destruir, La Decisión de Brandes es una historia introspectiva que nos interroga sobre el punto de nuestra última resistencia, sobre el límite en el que, como Bartleby, nuestra respuesta sería el "preferiría no hacerlo", ese punto en el que se sitúa nustra dignidad.

Ed. Empúries, col. Narrativa
Barcelona, 2006 [2005]

Existe edición castellana publicada por Alianza Editorial

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Licantropia, de Carles Terès

Como bien enseñaba Lovecraft (al cual no sólo se rinde homenaje en la novela, sino que ésta se modela según sus características básicas, a saber, el "mal lugar", el folklore ancestral y el paso de éste a una narración contemporánea), la narrativa fantástica moderna funciona sólo cuando todo lo que la rodea está firmemente basado en un paisaje y una realidad reconocibles y homologables para el lector.
El tema de esta novela es la licantropía, el mito del hombre lobo; lejos de la solución facilona que ya hemos visto tantas veces de convertir en narración una partida de videojuego en un mundo pre, semi, cuasi o postapocalíptico, Terès la abre con un relato del siglo XVIII de un sacerdote enviado a evangelizar uno de los parajes remotos de lo que aquí se conoce como "La Franja" (una zona aragonesa de contacto con el País Valenciano y Cataluña, donde, con avances y retrocesos, se habla catalán), sacerdote que encuentra una familia de loberos, gentes que han convivido con los lobos hasta hacerse jefes de la manada, impidiendo así las predaciones de los rebaños que cuidan. Con esta narración de trasfondo, nos trasladamos a la época actual para encontrarnos con Llorenç y Laura, una pareja feliz y contenta con su vida, sobre la cual pesa, sin embargo, la historia no contada de sus respectivas familias.
Si el lector espera una narración aparatosa, con transformaciones dramáticas del hombre a la bestia, que se lo quite de la cabeza. Licantropia procede en su andar narrativo en estilo lovecraftiano, pero en su tono es más como el Joan Perucho de Les HIstòries Naturals (un modelo de narración tranquilo, en absoluto malo para seguir), combinando la leyenda y el folklore (y, de paso, estableciendo un espacio mítico), la historia familiar y la investigación del protagonista para indicarnos que las antiguas historias tienen su razón de ser, aunque esta razón nos resulte inexplicable; aunque su realidad sea menos truculenta de lo que el gusto antiguo prefería.
Como casi todas las primeras novelas, Licantropia no está desprovista de defectos, aunque son menores y no distraen al lector del tema ni de su narración. En lo que acierta Terès es en esta estructura meditada, minuciosa, en la que se crea un ambiente firme en la realidad pero muy bien enlazado con lo mítico. Unas leyendas que, precisamente por ser autóctonas, y no importadas de, pongamos por caso, el cine americano, funcionan y se integran a la perfección.

Eds. de 1984, col. Mirmanda
Barcelona, 20132 [2011]

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Torn de Nit, de Agustí Vehí

Aclaremos que Torn de Nit [Turno de Noche] ya anuncia muy honradamente en su portada que es un "vodevil negro y policial a la ampurdanesa". Si otros, como Fred Vargas, hicieran lo mismo, nos evitaríamos malentendidos. De manera que se trata de eso, una obra ciertamente vodevilesca puesta en ambiente de procedimiento policial, en este caso el del turno de noche de la policía municipal del pueblo de Vilaclara (que se parece sospechosamente a Figueres, pero bueno).
Hay que decir también que su autor, Agustí Vehí, ha sido y es guardia urbano de Figueres, de manera que, aunque lo que nos relata en esta novela es puar ficción, este dato y conversaciones recogidas de policías locales o no aquí y allá le prestan un aire de verosimilitud que espero no le cause muchos problemas a Vehí con sus mandos.
El turno de noche de marras es el compuesto por un cabo resabiado que está en el límite de responder por sus hombres ante sus mandos y mandarlos a esos mismos hombres al cuerno por su indisciplina. Dos agentes tan antiguos como el cabo, que se meten en unos berenjenales de miedo; una agente primeriza que impone ciertamente respeto, y otro agente, latinista y leguleyo que hace el papel de intelectual del grupo.
Como vodevil es, más que preguntarnos si la trama policial responde o no a las expectativas, es preciso decir si cumple con el humor. La respuesta es que sí, aunque con algunos episodios más graciosos que otros. Por descontado, el vodevil no sigue las reglas de la verosimilitud, de modo que no esperen una colección de anécdotas graciosas. Más bien lo que encontrarán son historias que van creciendo en delirio hasta llegar a lo surreal.
Sin embargo, el mérito de Vehí es, si no hacerlas creíbles, si por lo menos emplazarlas en un entorno real. Porque el ambiente de pequeña ciudad o gran pueblo está conseguido al máximo. Y, más allá del humor, hay también una especie de íntimo cariño por esa policía local (que es la auténtica "policía de proximidad" tan cacareada por los políticos), capaz de hacer la vista gorda en algunos casos y de arrestar a conocidos después de invitarles a un café. Ese cariño y la calidez de los personajes hacen que esta novela no sólo divierta, sino que también sea un reflejo de un mundo más simple que está desapareciendo. Tal vez sea reemplazado por uno más eficiente, pero seguro que no más humano.

Ed. Alrevés, col. Crims.cat
Barcelona, 2011 [2011]

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Tots els Monòlegs, de Santiago Rusiñol

Santiago Rusiñol sufre un olvido cíclico en la cultura catalana. Si su obra se mantiene viva es gracias a que los grupos de teatro de aficionados en todo el país siguen representando una y otra vez ese clásico popular que es L'Auca del Senyor Esteve [Las Aleluyas del Señor Esteve] (y a veces, como una especie de resurrección institucional, la representan en teatros oficiales catalanes; con éxito de público y de crítica, pero después vuelve a caer en el olvido). Ese éxito se explica porque el texto es tan bueno que lo soporta todo, lo cual debiera dar alguna idea sobre la calidad del autor, pero el olvido existe y el resto de la producción de Rusiñol sigue siendo ignorada.
A ese hecho puede haber contribuido el que Rusiñol, en la época de la refundación moderna de la lengua catalana, se alineara frente a Pompeu Fabra, que era partidario del establecimiento de una gramática basada en el catalán clásico, y él fuera defensor de la asunción a todos los efectos del habla popular (un prejuicio que ya no tiene sentido; hoy día se admiten, dentro del concepto fabriano d ela lengua, palabras consagradas por el uso a cuya incorporación al diccionario se ha opuesto el IEC durante décadas). Tal vez fuera que no sólo triunfó en vida como prosista, poeta y dramaturgo, sino también como pintor. Quizás es porque Santiago Rusiñol fue un viva la virgen, una leyenda en vida, bigger than life, como dicen los ingleses, cuyas anécdotas, auténticas y apócrifas, eran explicadas como humoradas en las que no faltaba una admiración por el ingenio que destilaban. Que esto desaparezca del acervo popular y Rusiñol quede como el autor residual de L'Auca del Senyor Esteve no es sino un índice de que una cultura que se cree cosmopolita no es otra cosa que provinciana.
Esto a nivel popular y oficial, claro. El Institut d'Estudis catalans, que no es ninguna broma y sabe a quién prestar atención, está compilando las obras de Rusiñol en la red (el enlace lo tienen al pie), lo cual debería motivar la reflexión.
Por eso, que se preste atención al resto de escritos de Rusiñol es una buena noticia. En una edición cuidada y bien establecida, este libro recoge los trece monólogos que Santiago Rusiñol escribió. El género del monólogo teatral ha alcanzado su cúspide (y su abismo insondable) gracias a la stand-up comedy, por lo que puede parecer equívoco. En realidad, hay que situarlo dentro del teatro: un texto con planteamiento, nudo y desenlace, bien actuado (a ser posible) y con su atrezzo y decorado correspondientes. Como una obra de teatro normal, vaya. En este contexto, estas piezas breves son, en sus mejores casos, obras maestras. Por supuesto, y respkndiendo al carácter jocundo de su autor, estos monólogos son humorísticos. Y, de nuevo, su humor se mantiene incólume a pesar del paso del tiempo. Piezas como El Bomber [El Bombero], En "Barba Azul" ["Barba Azul"] o La Minyona Suïcida [La Criada Suicida] siguen siendo frescas, sorprendentes y divertidas. Quien quiera ver en estos monólogos sólo una serie de piezas costumbristas se equivocará del todo, aunque, por supuesto permiten recuperar la época. El secreto de esta frescura, por descontado, está en el texto. Como ya sucedecon L'Auca del Senyor Esteve, está tan bien construido, estructurado y pensado que es muy difícil destrozar los efectos que provoca.
Esperemos que esta publicación sea sólo el precedente necesario para la representación, y eso signifique la recuperación definitiva de un autor monumental en las letras catalanas. Yo, que tuve el placer de escuchar el monólogo La Minyona Suïcida interpretado por la gran Mary Santpere, puedo afirmar que Rusiñol es imprescindible.


Ed. Adesiara, col. De cor a pensa
Martorell (Barcelona), 2011 [1890-1919]
Introducción de Vinyet Panyella

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La obra completa de Santiago Rusiñol está siendo publicada online por el Institut d'Estudis Catalans en este enlace

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Fronts Oberts, de Pau Vidal

Como no podía ser de otra manera, después de haber escrito una novela policíaca originalísima (Aigua Bruta) en la que se notaba que el autor se lo había pasado tan bien como los lectores, Pau Vidal se ha decidido a proseguir las andanzas del detective más insólito de las letras catalanas y las otras, tal vez el único detective filólogo de la historia.
En esta segunda novela, Fronts Oberts [Frentes Abiertos], hallamos de nuevo a Camil enfrentado, muy a su pesar, a un caso criminal. Claro que, esta vez, la cosa tiene su lógica. Camiller ha abandonado la Acadèmia d'Estudis Catalans y es ahora profesor de lengua en la Escola de Policia de Catalunya. Y, como, descubrirá mediada la novela, no le dieron el puesto porque fuera un excelente filólogo, precisamente, sino tal vez por sus habilidades lingüístico-detectivescas.
En todo caso, la novela arranca cuando, estando en Benassal de fin de semana, el perro que está cuidando de forma temporal, desentierra un cadáver. De ahí a que Camil pase a ser espía infiltrado en la morgue castellonense, ayudante del inspector Jeroni Domingo y protagonista de unas cuantas aventuras que llevarán al descubrimiento de una red de pedofilia en internet.
Todas las virtudes que se descubrían en la anterior novela de Pau Vidal están presentes, si acaso, aumentadas. El humor y la sátira son omnipresentes (y, reconózcanme, una novela que se inicia con la frase «Neeskens! Neeskens!» tiene todo lo que hay que tener para tomar por sorpresa al lector). Sigue siendo igual de intraducible que Aigua Bruta, salvo que alguien quiera tomarse el esfuerzo y el tiempo de adaptarla, y aún así sería difícil. Sin embargo, sigue trazando un mapa (lingüístico y del otro) de la Cataluña contemporánea, y los soliloquios de Miquel Camiller siguen siendo impagables en su arrebato, en su sarcasmo y en su lucidez.
Pau Vidal sigue camino, un poco como su homenajeado Camilleri, y va rodeando a su personaje de secundarios que van dando volumen a un paisaje narrativo: La Juli, la padrina, Toni Jáimez...
Todo augura que esta serie tiene largo recorrido, y ojalá sea así: por su humor, que es un valor escaso en literatura, por su originalidad, por su construcción, por su lenguaje moderno y a la vez irreductiblemente normativo, que no es poca cosa si hablamos de literatura catalana.
Que siga, pues. Larga vida a Miquel Camiller y su mundo.

Ed. Empúries, col. Narrativa
Barcelona, 2012 [2011]
Premi Marian Vayreda 2011
Serie entomofilólogo Miquel Camiller nº 2

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L'Últim Dia Abans de Demà, de Eduard Márquez

Ed. Empúries, col. Narrativa
Barcelona, 2011 [2011]
Existe edición castellana publicada por Alianza Ed.

Como bien nos informa el epígrafe que abre esta novela, las personas, sea la condición en que se encuentren, están siempre al borde del desastre, sea éste personal, económico o de otra índole.
El Último Día Antes de Mañana trata de dos de estas catástrofes: de cómo el protagonista tiene que sufrir la pérdida de su hija; y de cómo encontró a Robert, su amigo de la infancia, convertido en un homeless tocando la armónica en el Portal del Ángel de Barcelona, al lado de un carrito de supermercado lleno de sus "posesiones". Y cómo estos dos desastres se hallan relacionados.
Aunque, en realidad, esta novela va mucho más allá. Un retrato de una generación, si no perdida, sí posiblemente desconcertada, la de los sesenta, educada en una doctrina y unos modos hipócritas, hija de unos padres por una parte consagrados a la conformidad y la resignación (y a la desesperación que conlleva), y por otra hija de una generación presuntamente liberada y renovadora cuyas ideas han sufrido un fracaso fundamental, puesto que han sido rechazadas por la sociedad imperante. Una generación, la de sus hijos, en cualquier caso desclasada o incómodamente encajada en un mundo que, definitivamente, no es aquél que se les había prometido.
Como todas las buenas novelas, estos niveles se superponen de manera sutil, de modo que la historia de los protagonistas no se convertirá en símbolo arquetípico de nada, ni en declaración ideológica. Los niveles de significado están ahí para quien quiera verlos e interpretarlos, pero no son impuestos.
Escrita de forma irreductible, con continuos flashbacks que perfilan los personajes y su trayectoria, intercalados con los episodios que hacen avanzar la narración, la tensión se mantiene página a página, apoyada en un lenguaje conciso y preciso, que aprovecha lo verbalizado y lo callado con rara habilidad.
Eduard Márquez no es un recién llegado a la literatura, pero de hecho no lo era ni cuando apareció su colección de relatos Zugzwang en 1995. Márquez ya provenía de la literatura entonces, aunque hubiera estado en silencio. En una trayectoria que no hace más que progresar, Eduard Márquez se está estableciendo, sin gran aparataje, como uno de los narradores más valiosos del panorama español. L'Últim Dia Abans de Demà lo demuestra.

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Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury, de Quim Monzó

Quaderns Crema, col. Mínima Minor
Barcelona, 20018 [1980, revisada 2001]
Hay edición castellana incluida en Ochenta y Seis Cuentos, de Editorial Anagrama

Pese a la independencia temática de los cuentos que componen esta colección, sí puede trazarse un tenue hilo que los hermana a todos, y es el condicionamiento al que está sometido el individuo en todas las situaciones por los factores externos que los rodean. Extremos como son estos factores (al fin y al cabo, la buena literatura se nutre de situaciones y personajes extremos), la pesimista conclusión que se extrae de estos relatos es que no importa lo convencido que esté el protagonista, no importa la fuerza de su voluntad, sus mejores planes y actitudes sufrirán un ataque continuo, despiadado a veces, por parte del resto del mundo. De forma intencionada o no, tanto da. Según la visión algo cínica, realista diríamos, de Monzó, el individuo se ve aplastado continuamente por lo que le rodea.
Un niño cuyo padre asesina a su madre, con lo que su vida cambiará para siempre (Redacció); unas muchachas idénticas (o la misma) que unas veces niegan y otras afirman conocer al protagonista (Préssec de Poma); un idilio frustrado por una inoportuna pasajera del tren (La Dama Salmó); una locura frustrada por la cháchara (Cacofonia); la pérdida de los recuerdos que frustra toda una vida (Globus); la normalidad que desactiva el conflicto, y la perspectiva de conflicto que frustra la normalidad (El Nord del Sud); la obsesión por una llamada misteriosa que desbarata la vida del protagonista (Trucs); la sucesión y la fusión de realidad y ficción (Nines Russes); un plan de asesinato que, pese a cumplirse, no resulta como lo planeado (To Choose); un suicidio absurdo y una carta no leída que podía (o no) haberlo evitado (La Carta); incumplimientos y retrasos en las citas que se convierten en juego de seducción y de venganza (Quatre Quarts); la última sesión de un cine que modifica el comportamiento del protagonista (Un Cinema); un sádico que encuentra su mayor reto y, a la vez, su mayor condenación (El Regne Vegetal); una nevada que fuerza, con el aislamiento, a escribir, a escribir, a escribir, hasta que esta comunicación escrita rompe toda comunicación (Oldeberkoop).
Tal vez paradigmático sea Thomson, Braun, Corberó, Philishave..., en el cual un escritor se ve acechado por una serie de fallos mecánicos en toda una serie de electrodomésticos que provocan el desbaratamiento de todos sus planes y toda una odisea de frustración.
Los relatos de Monzó son divertidos, con ese estilo de humor virado al negro que lleva más filosofía que risas. Son levemente inquietantes, porque tienen todo el aspecto de haberse desarrollado desde embriones de situaciones reales que, creciendo exageradamente, se convierten en estas pesadillas. Y están muy bien escritos, con esa naturalidad suya que convierte en cotidiano lo excéntrico, y viceversa.

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Aigua Bruta, de Pau Vidal

Ed. Empúries, col. Narrativa
Barcelona, 2007 [2006]
XI Premi de Literatura Científica

Pau Vidal (o, como le gusta figurar en el copyright, Pau Vidal Gavilan) es crucigramista insigne y traductor magnífico; sus versiones de Camilleri adquieren vida propia y, si no superan al original, si se sitúan a la misma altura. Pues bien, ha escrito una novela única, irreductible, intraducible también, salvo que se realice una versión con tanto trabajo como ha sido necesario para escribirla en origen. Como un miembro de la Acadèmia d'Estudis Catalans la ha definido, "la primera novela de intriga etimológica en catalán".
También ha creado el más improbable investigador de toda la literatura criminal, Miquel Camiller (donde se rinde homenaje a su traducido y casi alter ego del autor, Andrea Camilleri), a quien todos llaman de forma equívoca Camil, y que es ni más ni menos que filólogo "en el país con más lingüistas por metro cuadrado del mundo".
Para dar otra vuelta de tuerca al asunto, Aigua Bruta [Agua Sucia] basa su trama en un delito ecológico cuya resolución tiene que pasar por la ciencia.
Unas muertes misteriosas al lado de cauces de ríos que ya no son sino vertederos, unas estadísticas de enfermedades en pueblos dejados de la mano de dios que no cuadran, unos anónimos consistentes en mapas con depuradoras de aguas marcadas con círculos y flechas, son los elementos que ponen en marcha este policíaco que lo es y no lo es, escrito con humor e ironía intensos, lleno de detalles y de crítica a la Cataluña postolímpica, y en la que un iletrado informático como Camiller tiene que bregar con matones que le queman la motocicleta, con bares de carretera, analistas de aguas y con su jefa-incordio en Nomenclatura catalana, empeñada en que realice una ponencia sobre argot que Camiller tiene muy pocas ganas de hacer.
Una novela fresca, amena, ágil, escrita con una ironía inseparable y que no rehuye tratar temas de actualidad y comprometidos, escrita por uno de los autores catalanes que con menos complejos trata el lenguaje, haciéndolo con una lengua del siglo XXI sin renunciar ni un ápice a la normativa y la viveza de la expresión; un autor que merecería prodigarse más en estos menesteres y estar situado entre esos pocos que han logrado evolucionar la narrativa catalana situándola en la modernidad, pese a quien pese.

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Entrevista a Pau Vidal en el programa El Cafè de la República:

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Autopista, de Jaume Perich

Ed. Estela / Eds. de Bolsillo, col. Popular
Barcelona, 19702 [1970]
Prólogo de Luis Carandell

Como dice Luis Carandell en su magnífico prólogo, «el trabajo de Perich [...] tiene hondas raíces en la historia del humorismo catalán pero participa también en igual medida de la desgarrada ironía ibérica. Siendo él bilingüe, su humor también lo es, lo mismo cuando dibuja que cuando escribe las máximas que componen este libro.»
Desaparecido prematuramente, Perich fue un humorista irreductible, negro, comprometido, genial, ácido siempre. Y tal vez su constante combate contra la censura franquista, a la que toreó repetidas veces («Desde hace una temporada la universidad se está volviendo muy gris.»), y su permanente compromiso le han colocado en una posición coyuntural, como si su humor sólo sirviera para ese momento y, sobre todo, contra ese tiempo. Nada más falso. Este Autopista, cuyo título es una parodia sangrante del Camino de Escrivá de Balaguer, se compone de una máximas que por una parte, y convenientemente referenciadas, serían una crónica de la España franquista y el mundo de esa época, y por otra, una serie de pensamientos humorísticos y sarcásticos perfectamente válidos hoy (y uno teme que en un largo, largo futuro). Vean si no:
El trabajador
Si al decir "trabajador" indicamos una clase social, significa que las restantes clases sociales no dan ni golpe.
Un exprimidor
Cuando le pregunten qué es un "exprimidor", piense en naranjas, no en problemas sociales.
El hombre
No es cierto que el hombre sea el lobo para el hombre. El hombre es el hombre para el hombre.
Censura
La "autocensura" ─será por llevar la palabra "auto"─ es la que más atropella al creador.
Literatura infantil
La mayoría de infecciones intestinales de los lobos provienen de haber comido Caperucitas Verdes.
El pesimismo del pueblo español
Una prueba indiscutible del pesimismo del pueblo español lo constituye el jamón de menor calidad: le llamamos "del país".
La oposición
Hay tipos que creen que la mejor oposición es la horizontal, dentro de un ataúd.
La esclavitud
La esclavitud no se ha abolido, se ha puesto en nómina.
Historia
Los soldados de Napoleón llevaban un bastón de mariscal en la mochila y un testamento de soldado en el bolsillo.
La partida
Uno de los inconvenientes de partir de cero, en nuestra sociedad por lo menos, es que se parte hacia atrás.
Es sólo una pequeña muestra de tan sólo uno de los libros del Perich. Imagínense lo que sería una buena antología (ya no pido unas obras completas). Es inútil lamentarse por lo que Jaume Perich hubiese podido escribir hoy día con lo que está cayendo. Pero por lo menos sería de justicia no olvidar lo que ya escribió y ver que las cosas no han cambiado tanto como nos creemos.

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Un Homenatge a Álvaro Cunqueiro, de Joan Perucho

En Els Secrets de Circe
Columna Eds., col. Clàssica
Barcelona, 1998 [?]

Este año 2011 se conmemora el centenario del nacimiento de Álvaro Cunqueiro. Es seguro que menudearán los homenajes, sobre todo en Galicia (en el resto de España, Cunqueiro parece más olvidado; lástima, porque es un olvido que empobrece). Bueno es recordar que el gran amigo suyo que fue Joan Perucho ya le rindió tributo, este Un Homenaje a Álvaro Cunqueiro, que se halla recopilado en el volumen Los Secretos de Circe.
En realidad, el mejor homenaje que se le puede hacer a una persona es decir, como hace Perucho, «siempre lo recuerdo». Pero la prensa y las editoriales son poco propensas a tales concisiones, aunque sean capaces de expresar todo el sentimiento de cariño y respeto que se tuvieron desde su primer encuentro, puede que en Cambados, «contemplando juntos el espectáculo fascinante que ofrecía la sirena Pasitea, muy amiga del caballero Kosmas, cantando y peinándose los cabellos de oro finísimo. Cunqueiro era descendiente de esta sirena (enemiga mortal de la Melusina de Lousignan), y lo era por parte de la rama de los Moriños de Lobeiro. Brindamos ceremoniosos a su salud con una copa de cristal traslúcida.»
Rememora Perucho las virtudes de Cunqueiro, que los convirtieron en más que amigos, en auténticos hermanos en las letras. Sus extraordinarias capacidades para hallar lo telúrico en la cotidianidad, la fantasía en la vida, la vida en cualquier parte. Pequeñas anécdotas mágicas, de las que Perucho guarda el secreto y desmiente versiones. Su enorme capacidad lingüística y narrativa capaz de transformar un texto mediante su comprensión e intervención: «Retoma un original que le gusta y supera el poema. Esto sucedió con mi poema [Anotaciones de la Vida de Castruccio Castracani da Luca, de Perucho] [...] A primera vista [...] la versión de poeta gallego es completamente fiel, verso a verso, palabra por palabra. ¿Cómo entonces podemos decir que llega a superar al original catalán? "O lector decataríase dos puntos suspensivos finais que hai na versión galega e que non existen no orixinal. Estes signos de puntuación dan ao poema un ton melancólico ─e semi-irónico─, que non ten o versión catalana [...] Perucho, no poema orixinal, afirma que aínda brilla o elmo sob o sol: Cunqueiro que que sí, pero non"». Todo lo cual no puede sino provocar una sonrisa (melancólicamente) galaica.
Y contiene este artículo un texto de Cunqueiro «realmente importante [...] por las indicaciones relativas a la unión con su tierra y su cultura» y que escribió un año antes de morir:
«Loado sea Dios porque me permitió nacer, crecer, hacerme hombre y ahora envejecer en este gran reino que llamamos Galicia; en este reino del Finisterre que va desde las montañas hasta el mar, donde brillan los pies del viento; en este país de los diez mil ríos, del viejo camino de las peregrinaciones, en este país de los mil valles, en este país hermoso y eternamente verde, patria amada, la tierra del sentido bardesiano: las patrias son la tierra y los muertos. Gracias a Dios por este reino.
»Loado sea Dios también por haberme dado el de nuestra lengua, por haberme enseñado a decir rula y abiducira y dorna y ponte y fonte. Y entonces yo, sabiendo estas palabras, era verdaderamente amo de la tórtola y del abedul y de la dorna y del puente y la fuente.
»Mis invenciones y mis magias tienen, no obstante, un sentido más profundo; por encima y por debajo de lo que hago y quise y quiero que la lengua gallega perdure y continúe porque la duración de la lengua es la única posibilidad de que nosotros duremos como pueblo.
»Quise que Galicia continuase y, al lado de la patria terrenal, que son la tierra y los muertos, hay esta otra patria que es nuestra lengua. Si de mí algún día, después de muerto, se quisiera hacer un elogio y yo estuviese dando hierba a Nuestra Tierra, podría decir mi lápida: "Aquí yace alguien que con su obra hizo que Galicia durase mil primaveras más".
»También he de dar gracias a Dios por haber nacido en esta nación gallega entre vosotros, por haber nacido en nuestro tiempo y ser amigo vuestro; gracias por tanta generosidad que tuvisteis conmigo.»

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La Bicicleta Estàtica, de Sergi Pàmies

Quaderns Crema, col. Mínima Minor
Barcelona, 20102 [2010]

La última colección de diecinueve relatos de Sergi Pàmies tiene como nexo de unión ese punto de la madurez (o el inicio de la vejez) en el cual una persona descubre que se halla en su vida como sobre una bicicleta estática, es decir, pedaleando sin moverse del sitio.
También es un libro en el que, casi por vez primera, detalles biográficos del autor se inmiscuyen en la ficción. Si bien para los lectores catalanes esto es evidente (al fin y al cabo Pàmies es una figura merecidamente conocida), lectores de otras latitudes puede que reconozcan estos detalles como ficciones, como en el caso (en El Mapa de la Curiositat [El Mapa de la Curiosidad]) en el que cuando llamaban a la puerta de su casa sin hacer la señal convenida, el padre del narrador iba a esconderse en un armario; los que conocen las circunstancias vitales de Pàmies, hijo del difunto (y recordado con sentimiento y homenaje en Cent per Cent Seda Natural [Cien por Cien Seda Natural]) dirigente comunista Gregorio López Raimundo y la escritora Teresa Pàmies, los reconocerán como guiños personales bien aprovechados dentro del marco de la historia que, como se ha dicho siempre, consiste en narrar sobre lo que se conoce; los que no tengan constancia de ellas serán capaces de admitirlos como detalles que enriquecen la narración. No importa demasiado, pero es un detalle interesante y una variación no tanto morbosa como liberadora.
En cualquier caso, son los relatos los que importan y, mínimos y sobrios como son, costumbre pamiesca que se agradece, componen una sinfonía de detalles insignificantes pero significativos que marcan o demuestran el paso, más que del tiempo, de la edad, y el reconocimiento de las derrotas y las situaciones que se dejaron pasar o que, sencillamente, no sucedieron. Emblema de esto es Hauries Hagut d'Insistir [Deberías Haber Insistido], en el que dos ex se encuentran y ella, rememorando el día en que le dijo que ya no lo amaba, añade, para desconciero de él: "deberías haber insistido". Una frase que ya no es ni una oferta de presente, mucho menos de futuro, sino un reconocimiento de lo que podríamos denominar la ficción del pasado, eso que nos imaginamos en cierto punto de la vida que hubiera podido pasar si nuestra vida hubiera seguido un camino que entonces llevábamos y al que renunciamos o nos hicieron renunciar. Nostalgia desesperada, en suma.
Buena parte de estos relatos, en efecto, miran hacia atrás. En detalles cotidianos, en pequeñas obsesiones o pequeñas fobias (por ejemplo, el magistral Papiroflèxia [Papiroflexia], sobre la incapacidad de disfrutar de la lectura de El Principito que ha tenido alguien durante toda la vida, y que decide superar), Pàmies nos habla de las frustraciones y los desencantos de la vida.
Son pequeñas frustraciones, nada de grandes temas existenciales aquí, pero no los desdeñemos. En parte porque no somos (ni querríamos ser) unos personajes de Camus o de Sartre, pero en mayor parte porque estos pequeños desencantos son los que en realidad nos afectan y hacen de nosotros seres cuya felicidad no es completa. Seres que se preguntan por qué pedalean tanto si no parecen moverse del sitio. En esta perspicacia de Pàmies por ver los detalles incómodos e incongruentes de nuestras vidas radica el mérito de sus narraciones, que nos interesan porque hablan, por persona interpuesta, de nosotros mismos.

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Las Historias Naturales, de Joan Perucho

(Les Històries Naturals)
Edhasa, col. Pocket
Barcelona, 1978 [1960]

Olvídense de vampiros que, más que morder, besan, cual es la última moda. Olvídense de Transilvania, las estepas del Este, las montañas balcánicas o incluso de los suburbios de Londres o Nueva Jersey. El vampiro autóctono es este país tiene un nombre, Onofre de Dip. Y un autor, Joan Perucho.
Perucho fue un buen poeta, un narrador más allá de la excelencia, un erudito como han existido pocos y un fabulador que siempre supo convertir la realidad en apasionante descubriendo sus entresijos y combinándola con una fantasía benéfica que elevaba la cotidianeidad al nivel de lo maravilloso. Admirador de Edgar Allan Poe y de sus sucesores, fue él quien trabó para siempre el mundo hispanico con el universo de los Mitos de Cthulhu de Lovecraft con un relato fundamental, Amb la Tècnica de Lovecraft, y lo hizo en una época en la que la narración fantástica española era un yermo y la ficción de la maravilla estaba mal vista y era cultivada sólo por él, Ana María Matute y unas cuantas obras de Torrente Ballester (a los gallegos, principalmente Álvaro Cunqueiro y Anxel Fole, hay que darles de comer aparte, entre otras cosas porque Galicia es en sí misma un argumento telúrico, en el que el volteo de una piedra descubre una conseja o un lobisome). Esta admiración por Lovecraft marcaría su técnica, en la que los libros de ficción se mezclarían con los reales (y muchos de los reales tendrían citas más fantásticas y numinosas que las inventadas); pero sobre todo marcaría la combinación del racionalismo con lo vaga o concretamente sobrenatural o fantástico, una mezcla sabiamente dosificada en la que lo maravilloso no sería una irrupción brusca sino una transición natural.
Con el trasfondo de las guerras carlistas en Cataluña como fondo, el científico y racionalista Antoni de Montpalau recibe una petición de ayuda para eliminar lo que parece ser un vampiro que ataca a los habitantes del pueblo de Pratdip. Escéptico en primera naturaleza, pero prestando atención a aquello de que hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que conoce su sabiduría, Montpalau, tras una serie de encuentros y medidas, logrará acorralar al vampiro Onofre de Dip, llamado como guerrillero carlista "El Mochuelo" (un guiño a la actividad bélica de Vlad Tepes, el Drácula histórico), un vampiro que sigue adelante por puro instinto de conservación, pero que en el fondo ansía hallar la paz, escapar de las privaciones que la inmortalidad de la no muerte conlleva.
No es una tontería de novela: en extremo canónica con el folclore vampírico, enclavada a la perfección en su contexto histórico, es sin embargo una novela pausada y alejada de los tremendismos y artificios, una marca de la ficción de Perucho que la hace doblemente atractiva, puesto que nos pone en el centro de un mundo que es o ha sido el nuestro, pero del que nos descubre cosas que no sospechábamos y que tal vez no sucedieron, pero que merecerían haber sucedido. Es en suma, la invención de un folclore inexistente pero tan atractivo que reclama la simpatía del lector.
En efecto, Las Historias Naturales es una novela maestra y precursora en su estilo. No sólo soy yo quien la aprecia así. Tuvo el rarísimo privilegio (dadas las dificultades de las traducciones en el mundo anglosajón) de optar al World Fantasy Award a la mejor novela. Si tenemos en cuenta que las candidaturas y los premios son otorgados por los profesionales de la ficción fantástica, tendrán una idea de la favorable impresión que causó en una gente acostumbrada a distinguir la excelencia en ese campo. De modo que las bondades de género están ahí. Pero tuvieron que ser apoyadas por una técnica y una escritura que pocos autores han conseguido con tanta convicción y maestría.

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Esplendor i Glòria de la Internacional Papanates, de Quim Monzó

Ed. Quaderns Crema, col. Biblioteca Mínima
Barcelona, 2010 [2001-2004]

Este Esplendor y Gloria de la Internacional Papanatas es el último libro de Quim Monzó por el momento, y es una compilación de los artículos o crónicas que hace, de forma casi diaria, en La Vanguardia. No es que este detalle sea importante, ya que Monzó tiene por costumbre escribir cuentos que parecen crónicas y crónicas que asemejan cuentos.
Sin embargo, en este caso hay un tenue y subterráneo hilo conductor, percibido muy bien por el autor, que por ello lo ha titulado, empleando la expresión acuñada por Jordi Barbeta, con esa referencia a la Internacional Papanatas, no-organización internacionalista, inconsciente, alógica, autocomplaciente y poseedora, creen su militantes (que lo son sin saberlo), de una Verdad, así, con mayúscula, la mayor parte de las veces demencial, siempre absurda.
Esta "amalgama entre progre y aborregada" ya lleva tiempo creándose y corriendo entre nosotros, de forma muy preocupante. Y quién se atreve a decirles algo, cuando son tan bienintencionados y sus ideales tan ideales. Quim Monzó lo hace, y además les recuerda que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno y que los ideales son muy bonitos pero que, por un caso, poner una florecilla en el cañón del fusil de un SS es pecar de suicidio voluntario por gas zyklon y de imbecilidad adquirida (que es mucho peor que la congénita).
Son esos papanatas que te felicitan efusivamente cuando tienes un hijo, te congratulan cuando tienes la parejita y, con toda seriedad, cuando tienes un tercer hijo te adoctrinan diciendo que eres un poquito insolidario, por tener un tercer hijo biológico cuando hay tantos niños por adoptar en el mundo. Son los que abogan, con toda seriedad, por los derechos de los animales. No se confundan, ¿eh? He dicho derechos, no respeto, ni amabilidad para, ni ausencia de crueldad con; derechos. Son los de la escuela inglesa que prohibe la representación de Los Tres Cerditos porque podría ofender a las minorías religiosas que no comen cerdo. Son (y esto no es un invento) los que se queman a lo bonzo, pero protegidos con ropa ignífuga. O aquel locutor que, hablando de la angustia de los animales por los petardos en la verbena de San Juan, dijo: "...sí, porque los perros y perras de esta ciudad..."
No sólo estos papanatas están presentes en esta antología. Con 116 crónicas contenidas en este libro, los temas deben ser variados en extremo. Pero sí que el fenómeno tiene un auge tan desmesurado que es imposible no toparse con él. Y entonces es cuando surge la necesidad de la ironía, y la necesidad de gente como Quim Monzó. Necesidad no sólo de su denuncia, sino de cómo la realiza: de una forma literaria impecable, con un cinismo benéfico, con un buen humor que los papanatas o bien han perdido o no han poseído jamás.

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Joc Brut, de Manuel de Pedrolo

Eds. 62, col. El Cangur
Barcelona, 197537 [1965]

«Si no hubiese sido por sus piernas, no habría pasado nada. O tal vez sí. Pero le habría pasado a otro. Yo lo hubiera leído en el periódico.»
Con este principio, Pedrolo compone ya desde su inicio una novela muy a lo James M. Cain, con toques del polar francés pero inequívocamente enclavada en Barcelona, sobre una auténtica femme fatale.
Pedrolo no sólo fue el iniciador de la novela negra moderna catalana, y no sólo el introductor del género en Cataluña (y, un poco por extensión, en España), sino que también fue lector infatigable y, fruto de esas lecturas, director de una colección mítica, "La Cua de Palla" [La Cola de Paja], en la que se instruyó a varias generaciones de lectores (entre ellos Vázquez Montalbán, y de ahí la influencia referida) en los modelos del policiaco procedentes de todos los países. Autores que hoy se "descubren" fueron publicados por él. También, y cuando era consciente de que no iba a desmerecer a sus compañeros de colección, se publicó a sí mismo en ella. Frente a esta posible endogamia permanece el texto para defenderse solo. Y el tiempo transcurrido, claro. Esas treinta y siete ediciones (que hoy seguro que son más; la 37ª reimpresión es de 1999) nos indican una novela que ha resistido el paso del tiempo.
Los motivos para ello son variados, pero todos relacionadoscon el buen escritor.
Las femmes fatales son un arquetipo tan potente que es muy difícil fracasar con una novela que las incluya, pero ¡ah! ¡las víctimas de estas mujeres! Esa es otra cuestión. O se realiza un trazo psicológico preciso y creíble, o la novela empieza a cojear irremisiblemente.
Pedrolo realiza este cuadro con pincelada precisa, pero no apresurada, manteniendo la tensión inicial y levándola a un suave crecendo que no se detiene en el momento del crimen, sino que, justamente, allí es donde se inicia la mayor intriga. Dominador del modelo, dominador de la prosa, dominador del ritmo y del argumento, Pedrolo compuso una novela que (en una época en la que los Smith vendían más que cualquier García) puede permanecer en pie de igualdad con las mejores de su género escritas por los grandes autores estadounidenses.

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L'Inspector Fa Tard, de Manuel de Pedrolo

Eds. de la Magrana, col. La Negra
Barcelona, 19883 [1953]

Una de las características de la novela negra siempre ha sido la de servir de retrato de la sociedad de una época. Un retrato siempre más anímico, moral y social que otra cosa. De hecho, más que la resolución criminal, esa ha sido su principal virtud.
En la época en que esta obra fue escrita, hubo una pequeña eclosión de películas negrocriminales realizadas en Barcelona. Fuera de sus argumentos, sencillos y bienpensantes (y constreñidos por la censura de la época), aunque por su solo planteamiento ya representaban una mínima, inocente si quieren, subversión, su visionado actual resulta más ilustrativo sobre la Barcelona de esa época que cualquier retrospectiva. Porque, por supuesto, su temática no las ceñía a los barrios nobles de Pedralbes o el Ensanche, ni a los fastos del Congreso Eucarístico, sino que descendían a la zona portuaria, al Barrio Chino barcelonés (en donde no hubo nunca un chino), a los barrios obreros de La Sagrera o de La Bordeta.
Esta novela [El Inspector Llega Tarde], leída hoy, sirve (muy involuntariamente, pero da igual) de fresco de portada de la Barcelona de los años cincuenta, y de adecuado reflejo de su clima social.
El argumento es mínimo: se ha producido un robo de nóminas en una fábrica, teóricamente cuando la caja estaba guardada por el protagonista, Claudi Miserachs. ¿Ha sido él? ¿Han robado otros? ¿desde dentro o desde fuera? El caso es que un par de días después, Miserachs empieza a ser seguido y a recibir llamadas telefónicas amenazadoras. La sencillez definitiva de este argumento no es óbice para que sea mantenido en pie por el suspense creado alrededor de la situación por Pedrolo, y que leída hoy esta novela sigue siendo válida y extrañamente moderna para su época.
Manuel de Pedrolo, Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, el máximo galardón al que puede aspirar un escritor en esta lengua, fue, además de un novelista de calidad (pese a ser enormemente prolífico), introductor de los géneros en la literatura catalana (en ciencia-ficción, Mecanoscrit del Segon Orígen; en la novela negra, numerosos ejemplos de los cuales sólo es uno esta novela), y lo hizo con una tremenda contemporaneidad y modernidad. En la época en que en España lo más policíaco eran las historias de Plinio, de García Pavón, Pedrolo introdujo la novela negra catalana según los modelos del hard-boiled americanos y del polar francés. Todo ello las hacen hoy tremendamente contemporáneas, escritas con un estilo fresco y propio y disfrutables por derecho propio como modelos de escritura y de tratamiento de los temas. El año que viene se conmemora el vigésimo aniversario de su muerte. Esperemos que esto lleve una recuperación de su obra. Todos aprenderemos de ella.

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El Perquè de Tot Plegat, de Quim Monzó

Ed. Quaderns Crema, col. Mínima Minor
Barcelona, 19996 (revisada por el autor) [1993, 1999]

Existe edición castellana:

El Porqué de las Cosas
Ed. Anagrama, col. Compactos
Trad. de Marcelo Cohen

El Porqué de las Cosas son treinta relatos que, sueltos, forman unidades sorprendentes, incisivas, tragicómicas muchas veces, pero que reunidas permiten contemplar el conjunto de las variadas formas que adopta la incertidumbre que acomete al ser humano.
La mayor parte se basan en el ancestral vicio de, en palabras de Ambrose Bierce, preocuparse por perder lo que ya se posee o conservar lo que ya no vale la pena tener; la indefensión humana ante las concatenaciones del azar; su eterna huida hacia adelante motivada por la incapacidad de analizar la propia situación; la perenne creencia de que el cambio, cualquier cambio, es positivo para la propia vida, algo que no necesariamente es así; en definitiva, lo irracional de nuestras acciones.
El crítico Hans Harald Müller, como nos recuerda la contraportada, declara que los relatos de Monzó no poseen psicología ni mensaje, entendidas esas cursivas como esas pretendidas trascendencias que muchos malos autores pretenden imbuir a sus escritos y que, precisamente por ser impuestas, son impostadas. Al contrario, Monzó en sus relatos tiene toda la visión psicológica y todo el mensaje que uno quiera, pero son tan naturales que toman vida ante nuestros ojos como integrantes comunes de la vida, por más que el estilo de ataque a esta naturalidad sea sorprendente, imaginativo y original.
Monzó es una autor de frases cortas, precisas y medidas, sin nada superfluo en sus relatos, un estilo en apariencia cínico y descarnado que no hace sino resaltar las situaciones y las vidas de sus personajes.
Hay influencias innumerables que pueden detectarse en el estilo de Monzó, pero precisamente por ser tan numerosas conforman una narrativa con voz propia que no responde ante nadie salvo ante el propio autor. Nadie escribe como Monzó, aunque muchos han empleado sus técnicas y se han inspirado en sus temas. Como siempre sucede en estos casos, los malos imitadores imitan muy mal, y aquellos que tienen talento han descubierto una forma narrativa moderna y eficaz con la que desarrollar sus capacidades.
Monzó es una figura indiscutible en las letras catalanas, pero no sólo en esta literatura. Su mérito va más allá para convertirlo en un narrador completo, original e incisivo se lea en la lengua que se lea. Sin embargo ha dado un paso adelante en la literatura catalana, acomplejada tradicionalmente por la gramática y unos temas que la mantenían anclada en formas narrativas y expresivas más propias del siglo XIX que en las evolucionadas de la literatura contemporánea. Cosa curiosa, es respetuoso con la lengua, de una manera tal que su dominio se acerca al absoluto, pero de una forma que la hace cercana a la expresión cotidiana sin renunciar a la voz literaria. Monzó escribe crónicas que parecen cuentos, y relatos que asemejan crónicas. Monzó es un narrador de la vida, pero la vida encuentra tonos en él que pocos han empleado para expresarla. Y muy pocos lo han hecho tan bien.

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Twistanschauung, de Víctor García Tur

Ed. Empúries, col. Narrativa
Barcelona, 2009 [2009]

Cuando vi el título de esta colección de trece relatos (sólo en catalán por el momento, lo siento), me dije que un título tan ingenioso bien merecía echarle un vistazo. También contribuyó que hubiera ganado el Premi Documenta, que de entre el marasmo de premios literarios es uno que conserva un cierto prestigio de independencia y calidad.
García Tur escribe con resabios del estilo de Quim Monzó. Eso no quiere decir que escriba como Quim Monzó, que ejerza un mimetismo temático y formal, porque García Tur posee voz propia en ambos campos. Y tampoco son malos esos resabios. Al fin y al cabo, Monzó es uno de los pocos que ha intentado llevar a una literatura, la catalana, a una modernidad necesaria, en lugar de anclarse en el "Caterina sospirà amb despit" que mantiene la expresión literaria catalana alejada, no ya de este siglo, sino hasta del anterior (a este respecto, véanse las opiniones de, por ejemplo, Vicenç Villatoro). Si esta influencia es voluntaria o no, da igual. Lo que marca distancias es el talento que hay detrás (si por cada mal imitador de Monzó que existe tuviera un euro, podría comprarme La Pedrera de Gaudí); y talento, hay.
Por supuesto, esta es una primera publicación, y no hay que exigir una excelencia total. Hay cuentos malos, para mi gusto (Cremallera (una impressió) [Cremallera (una impresión)] es uno de estos pocos cuentos). Pero hay unos relatos que van más allá de la simple corrección. Alguien que ha escrito Apunts per a un Elogi de Quinying Zhou [Apuntes Para un Elogio de Quinying Zhou] o El Conte de Fons i Figura [El Cuento de Fondo y Figura], merece ser premiado, no con galardones, sino con una lectura atenta.
Otra de las influencias, si es que son tales, es la de Màrius Serra (Serra, crucigramista genial, enigmista grandioso, tío simpático y (se nota) mejor persona, es un novelista al que le pierde el juego con las palabras, que muchas veces distrae del objetivo principal y hace que sus novelas, que son interesantes en un principio, resulten fallidas por pura incontinencia y falta de control). García Tur gusta de jugar con el lenguaje y con los elementos físico-tipográficos. En el peor de los casos, se excede, (como en Mozzaiku, que es salvado, sin embargo, por un argumento y un estilo notables) y entonces la narratividad y la narración se resienten de ello. En el mejor, como en el citado El Conte de Fons i Figura, son elementos que contribuyen a mejorar el relato. En otros casos, son curiosidades que no molestan (como en Les 7 Diferències/Las 7 Diferencias y Antena/AntenaI). Pero estas ganas de jugar son estimulantes y, porqué no, muestran a un narrador que no está dispuesto a caer en rutinas o estereotipos.
García Tur posee estilo, temas, dominio del lenguaje, humor y percepción. Tiene la virtud de poder cambiar o invertir la marcha de sus relatos a voluntad, en giros que sorprenden a veces y en otras cambian la percepción o la perspectiva de sus cuentos. Pocos escritores consiguen eso, y lo consiguen gracias a un trabajo inmenso o bien a un talento natural.
El autor, probablemente porque considera que sus hijos son todos igualmente queridos, hace que sus relatos se inicien todos en la página 13. Ese amor de padre, legítimo, no tiene porqué ser compartido por el lector. Pero sí es cierto que aun los peores relatos tienen algo que los hace apreciables. En los mejores, García Tur muestra unas cualidades extremas. Víctor García Tur es un escritor al que hay que seguir con atención. En este Twistanschauung ya nos proporciona grandes satisfacciones. A poco que se lo proponga, puede darnos muchas más.

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Web del autor: http://www.garciatur.com/

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Poesía y Fútbol


Las relaciones entre la literatura y el deporte han sido siempre difíciles, sobre todo desde que la intelectualidad determinó que las manifestaciones literarias tenían que ser de una espiritualidad pura, alejándose de cualquier veleidad física y terrenal, probablemente por menosprecio al sudor, obviando que éste suele ir acompañado de la sangre y las lágrimas, en palabras de Winston Churchill, y eliminando esos himnos olímpicos de Píndaro, populares en la Grecia clásica.
Por fortuna, esta percepción ha ido cambiando con el tiempo. Cierto es que, en Barcelona, las cosas han sido más fáciles. La imbricación del Fútbol Club Barcelona con la sociedad ha sido una, por motivos políticos, sociológicos y de otra índole, muy alta, de modo que el Barça siempre ha sido parte integrante de la sociedad civil y, a su vez, el Barcelona ha respondido a esta pertenencia de forma probablemente única. Prueba de ello son los carteles del 75 y el 100 aniversario, obras de Miró y de Antoni Tàpies; el que sea un club que adquiere regularmente obras de arte relacionadas con el fútbol y que ha organizado una bienal artística; la letra de su canto (que no himno), obra del escritor Josep Mª Espinàs. Y otras muchas.
El ayuntamiento de Barcelona, con buen criterio, ha puesto en la fachada lateral de un edificio un caligrama (que pueden ver en la imagen), obra de Carles Sindreu i Pons, titulado Futbol ed. 1928, en una de las calles frente al Camp Nou (uno de los estadios más bellos del mundo, arquitectónicamente hablando, y uno que, si levanto la vista desde la biblioteca en la que escribo esto, puedo ver), que dice así:
Amb el llavi esquinçat
l'ironia
ara un home ha blocat
[Con el labio rasgado
la ironía
ahora un hombre ha blocado]
tres versos intercambiables con sentido que resultan oportunos en su grafismo, significado y localización.
Pese a su normalización, sigue chocando esta unión del fútbol y el poema. Y eso incluso después de que Rafael Alberti dedicara su Oda a Platko (a la que homenajea este caligrama; esta Oda se publicó en 1928) a ese portero del FC Barcelona:
Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No, nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
[...]
Si alguien se resiente de esta entrada, lamento decirle que la escribo muy a gusto, acompañado del espíritu de Sindreu, Alberti, Eduardo Galeano, Vázquez Montalbán, Javier Marías, Manuel Rivas, Sergi Pàmies, Lluís Permanyer, Espinàs, Serrat y muchos otros. Y la escribo también porque, justamente hoy, empieza a rodar el balón. A rodar en serio, quiero decir: empieza la Copa de Europa y juega el Barça. Hoy empieza una aventura que puede ser dramática, o épica, poética tantas veces que ya conquistó el año pasado a un dramaturgo, Sergi Belbel, para el fútbol.
Y si siguen creyendo que exagero con la poética del fútbol, pregúntenle a Serrat. Hablando de Kubala, él decía: «Permitidme glosar la gloria de estos hechos / como lo hacían unos años atrás los griegos».
De la fotografía: © 2009, Daniel González Martín. Todos los derechos reservados.