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La Confesión de Charles Linkworth, de E. F. Benson

Edward Frederick Benson fue un novelista de éxito en su tiempo, y como tal, siguiendo una tradición mejor representada por Oscar Wilde, se dedicó a brillar socialmente. Prácticamente olvidadas hoy las novelas que le reportaron fama y dinero en su época, permanece en la memoria colectiva de la literatura mundial por sus relatos de fantasmas, que eran vistos por él como un divertimento y que, en cambio, son vistos por los lectores actuales como auténticas piezas maestras de construcción, atmósfera y efecto.
La Confesión de Charles Linkworth es una de estas historias modélicas. Se inicia con la historia de un crimen, y de cómo su autor, Charles Linkworth, fue condenado a morir en la horca. Por muy simple que sea esta historia, Conan Doyle hubiera estado orgulloso de cómo Benson la trazaba, con precisión y brevedad, para ilustración de lo que seguirá.
Porque la sentencia se cumple, pero la soga del ahorcamiento no se encuentra por ninguna parte. Bien, es un detalle menor. El médico de la cárcel, un profesional que se dedica a ello para poder estudiar a los tipos criminales, realiza la autopsia del cadáver, confirma la muerte por rotura de la espina dorsal y remite al finado Charles Linkworth al cementerio.
La historia la pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña. Sucede que el doctor recibe una llamada telefónica. De sonido bastante fantasmal en su timbrazo, y de contenido inexistente, salvo una respiración anhelante.
Supongo que se imaginan lo que viene después, ¿no? Pero lo que nunca adivinarán es el arte con el que Benson hace avanzar la historia, su manejo de la tensión narrativa («¿Desea una prueba? Pues la tendrá») y cómo incluso, cuando ya parece dicho todo, Benson se permite una pequeña vuelta de tuerca final, para mayor efecto de la historia.
Todo ello hubiera sido excepcional, si no fuera porque Benson lo hizo una y otra vez, escribiendo un conjunto de relatos que pueden clasificarse, junto a los de M. R. James, como las mejores narraciones de fantasmas escritas jamás.

(The Confession of Charles Linkworth)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1912]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de The Confession of Charles Linkworth
Texto en castellano de La Confesión de Charles Linkworth

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La Otra Cama, de E. F. Benson

Como indiqué en otra ocasión, incluir a Edward Frederick Benson en una antología que, en teoría, sólo incorpora a autores que "dieron en el clavo" una única vez es injusto, y así lo reconoce Javier Marías en su introducción a este relato. Benson ya ha aparecido por este blog, y su nombre aparecerá más veces, puesto que dentro de los escritores de cuentos de fantasmas clásicos fue uno de los mejores, capaz de rivalizar con M. R. James.
El propio Marías define La Otra Cama como «el más perfecto e irónico de cuantos de él [de E. F. Benson] he leído». Como opinión personal es respetable, y ciertamente su última frase es de las más irónicas que figuran en un relato de este tipo, pero me es muy difícil destacar uno de los relatos de Benson como el más perfecto suyo. Todos tienen un algo especial, un elemento característico que, para seguir con el juego de la antología, los hace únicos.
En este caso, y como suele suceder muchas veces en los relatos de fantasmas ingleses, Benson procede por acumulación. El protagonista ha ido a Suiza y se aloja en un hotel. Para su agradable sorpresa, le dan una habitación doble por el precio de una sencilla, puesto que el hotel está al completo.
Pero, ya en su primer contacto con la habitación, siente un irrefrenable deseo de cambiarse de cama, de no ocupar la que le han asignado; cosa que hace.
El efecto acumulativo se agranda poco a poco, con visiones entre sueños de una persona, que el protagonista identifica (erróneamente) con el camarero, que se mueve por la habitación, ordenando los objetos, pasando al baño a trastear con los utensilios de afeitar y afilando una navaja; con las llamadas a la puerta del camarero, una persona definida por otro de los huéspedes del hotel como "sensible", que trae una botella de whisky que el protagonista no ha pedido.
Y con estas visiones oníricas ampliándose cada vez más y con un crescendo de sensaciones de que esa habitación está ocupada por una presencia que no pertenece a nuestro mundo.
Hasta su gloriosa conclusión, una de las mejores que se han hecho en un cuento de fantasmas.
El relato en inglés lo pueden leer en el enlace al pie de esta reseña. En castellano, ya no está accesible en la edición de Siruela, pero Mondadori ha reeditado la selección, de manera que debería ser accesible (La ficha del libro se halla en este enlace.) Una buena ocasión para conocer, si no lo han hecho ya, a uno de los más finos autores de relatos de fantasmas clásicos, tan buenos que no han envejecido ni un ápice.


(The Other Bed)
En Cuentos Únicos
Ed. Siruela, col. El Ojo sin Párpado
Madrid, 1989 [1908]
Selección, prólogo e introducción de Javier Marías
Traducción de Alejandro García Reyes

Texto en inglés de The Other Bed

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The Man Who Went Too Far, de E. F. Benson

Edward Frederick Benson fue, del trío de hermanos escritores, el que más y mejor se dedicó a la ficción de terror sobrenatural. Y siempre lo hizo con una originalidad y una clase inmensa. Benson fue un literato, no muy recordado hoy, pero muy apreciado por sus contemporáneos (en mi opinión, con justicia; un año de estos podría ser que fuera reivindicado y volviéramos a encontrar sus obras no fantásticas en los estantes), y lo que los comentaristas británicos definen como una "social butterfly", alguien presente en todas las fiestas y reuniones en las que valiera la pena estar.
De modo que extraña que un hombre en apariencia tan volátil dedicara sus esfuerzos a la ficción terrorífica. La verdad es que lo hacía por diversión. Sin embargo, esa teórica diversión, esas tonterías aparentes, llevaban una carga de muy buena literatura. En su construcción, en sus temas, en sus finales.
Es así en este El Hombre que Fue Demasiado Lejos, un relato único en su género, ampliamente apreciado por Lovecraft y todos los que han tenido la suerte de leerlo.
Su argumento ya es inusual: En un remoto lugar campestre, un artista casi retirado del mundo recibe a un amigo y le cuenta que, en el mundo en que viven, la alegría ha desaparecido casi por completo. La alegría de vivir, claro. La pura alegría, como dice, "del perro que juega con su cola". En este camino de recuperación de esta alegría, ha empezado un regreso a la naturaleza, cada vez integrándose más, haciéndose uno con ella; y ha empezado a escuchar, muy lejanas, al principio, las siringas de Pan.
Es un planteamiento ciertamente original, por lo menos para la época, y su desarrollo lo hace una de las obras maestras del género. Literariamente, la descripción del ambiente artístico y del artista mismo es genial, y sin duda está basado en los muchos artistas que Benson conoció en su vida. Pero además sabe transmitir una atmósfera de progresiva exaltación, de verosimilitud, conforme el relato avanza. Y todo ello combinado con una carga emocional terrible, respecto a ese regreso a la epoca apolínea, al paganismo primitivo que se conjuga en un subtexto de goce personal bajo esa capa de búsqueda de la felicidad.
Y su final perfectamente rematado, con una frase que corona un relato que está llevado de la manera más sabia que se pueda encontrar.

En Dark Banquet
St Martin's Press
Nueva York, 1985 [1904]
Ed. de Preston Child

Texto en inglés de The Man Who Went Too Far