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Un Regalo de la Tierra, de Fredric Brown

Fredric Brown fue un autor polifacético, muy apreciado por los lectores de novela policíaca, en la que destacó por su originalidad y humor. Pero en el campo de ciencia ficción, en el que sólo escribió unas pocas novelas, sobre todo es recordado como autor de "cuentos de choque", relatos cortos y ultracortos con final sorprendente, a veces humorístico y a veces trágico. Era una especialidad en la que alcanzó una grandísima altura, y pocos autores pudieron emularlo.
Uno de esos relatos es el que traemos hoy, y que pueden leer en los enlaces al pie de esta reseña.
Cometar un relato ultracorto es algo cercano a lo ridículo, y muchas veces desemboca en un comentario más largo que la obra comentada. Pero déjenme hacer dos apreciaciones; la primera es que la traducción del título al castellano no es muy buena: el original es más bien "Terrestres Portadores de Presentes", que remite a los griegos portadores de presentes como el caballo de Troya (ya saben, aquello del timeo danaos et dona ferentes), y se ajusta más al espíritu del cuento. Y la segunda, y les ruego la lean después de pasar por el relato, es que tanto rusos como americanos hicieron planes para detonar un artefacto nuclear en la Luna, por razones de investigación científica y propagandísticas dentro de la batalla espacial que era parte de la Guerra Fría. En cualquier caso, tanto unos como otros se cansaron de estudiar la sismología de la Luna impactando todo tipo de cacharros sobre su superficie; los estadounidenses, a partir de la misión Apolo XIII, regularmente estrellaron una fase del cohete Saturno en la superficie lunar. Pero todo eso quedaba o en secreto o en el futuro. Fredric Brown, que al parecer nos conocía muy bien, supo captar la esencia del asunto con toda brevedad. Que disfruten del relato.

(Earthmen Bearing Gifts)
En Los Mejores Relatos de Ciencia Ficción
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 19678 [1960]

Texto en castellano de Un Regalo de la Tierra
Texto en inglés de Earthmen Bearing Gifts

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Nit Diabòlica, de Fredric Brown

(Night of the Jabberwock)
Eds. 62, col. Seleccions de la Cua de Palla
Barcelona, 1986 [1950]

Esta es una de las novelas más singulares del género policial que existen. Sólo la obra de John Franklin Bardin puede compararse, por estilo y originalidad, a La Noche del Jabberwock.
Pero primero, algo sobre Fredric Brown (así; no Frederic, ni Friedrich: Fredric). Considerado en su época un autor "menor", el tiempo lo ha situado en altos escalones en los dos géneros que cultivó, el policíaco y la ciencia ficción. Como autor de ciencia ficción, Brown se especializó en la difícil parcela del cuento ultracorto o "cuento de choque", ese que en pocos párrafos, a veces líneas, planteaba una situación resuelta con una última frase que era como un puñetazo al lector por su efecto sorpresa. Pocos relatos tan perfectos como "Pesadilla en Amarillo" (en realidad un thriller psicológico completo en apenas tres páginas con un planteamiento inquietante y un final tan sorprendente que resulta inolvidable). En el género policial, Brown ha ido ganando prestigio y, si no popularidad, sí ha convencido a los amantes del tema, que lo consideran bocado exquisito.
"Doc" Stoeger es editor y propietario del "Clarion", el único periódico de Carmel City. Buena persona, acaba de pasarse la tarde "matando" noticias (lo que en una ciudad pequeña se consideran noticias: un divorcio, un accidente, una subasta benéfica) por consideración a sus convecinos, y el desánimo tras veintitrés años de monotonía y frustración le acomete. Y sin embargo, esa misma noche...
Empieza con la fantástica visita de un personaje inverosímil, Yehudi Smith, miembro de una extraña asociación de aficionados a la obra de Lewis Carroll (del cual Stoeger es especialista), que trae una propuesta increíble. Y prosigue con una oleada de sucesos en ese pequeño y aburrido pueblo.
Descubrir esos sucesos, o su sucesión, representaría un crimen para el futuro lector, pecado que no pienso cometer. Pero hay que decir que están imbricados como los engranajes de un reloj, de una maquinaria en extremo precisa. Y que la asociación, en el título y el argumento, con Alicia en el País de las Maravillas no es para nada casual o caprichosa. En efecto, el lector tiene la impresión de verse sumergido en una especie de territorio al otro lado del espejo, un territorio extravagante, pero extravagantemente criminal.
Esta novela funciona con una rara sabiduría, precisa y milimétrica, llena de sorpresas y giros inesperados; un sentimiento de extrañeza y vértigo que, sin embargo, posee un tratamiento suave y natural que conduce al lector hasta su inesperada conclusión con mano maestra.
Esta es una de las novelas más singulares que se pueden leer, uno de esos regalos que muy rara vez se ponen en manos de un lector. Y si un regalo tiene la misión de sorprender, este lo consigue. Plenamente.