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Un Fantasma Recorre Texas, de Fritz Leiber

Un título que evoca claramente el Manifiesto Comunista de Marx y Engels ("Un fantasma recorre Europa"), lo que hace Leiber con esta novela es una sátira de las revoluciones, del modo de vida americano, del racismo, del supremacismo y de todos los vicios de la sociedad norteamericana en genral, convulsa en aquel entonces por el asesinato de JFK y por unas tensiones que se mostraban en los movimientos por los derechos civiles, la psicosis nuclear y la refolucióncontracultural.
La ciencia-ficción es un género muy adecuado para esta clase de reflexiones realizadas en un espejo deformante, pero pocos tienen el valor de exagerar hasta el riesgo, y menos todavía de hacerlo con brillantez.
Fritz Leiber fue un gran maestro en todos los géneros del fantástico. Nacido en el seno de una familia de actores, actor él mismo al que se puede ver en papeles secundarios en las producciones clásicas de Hollywood (en Camille de 1936, con Greta Garbo), se carteó con Lovecraft y escribió algunos de los mejores relatos de terror postlovecraftianos, revolucionó y evolucionó la fantasía heroica con su serie sobre Fafhrd y el Ratonero Gris, y su labor en la ciencia ficción fue ingente y significativa; durante años, fue el autor más galardonado del género, algo que tiene poca importancia comparado con el respeto y la veneración que le mostraron tanto sus colegas como los lectores.
Poseedor de un sentido del humor ácido y eficaz, en esta Un Fantasma Recorre Texas lo deja en libertad de tal manera que no deja títere con cabeza. Nos encontramos en una Tierra después de la III Guerra Mundial, atómica, por supuesto, en la que Texas domina desde el canadá hasta Centroamérica. Existe un residual presidente de los Estados Unidos, una figura poco más que decorativa a la que se asesina con más o menos regularidad, mientras que quien gobierna de everdad es el gobernador de Texas, Texas, acompañado de los oligarcas del petróleo y la industria. Al respecto, ya desde los epígrafes del libro tenemos claro qué esperar de un régimen tejano: «El fin de la vida es la libertad. Los tejanos están autorizados para disfrutar de la libertad, para explotarla y manipularla, mientras los mexicanos, los indios y los negros ─todos los que tienen la tez oscura o un oscuro vacío en la cartera─ tienen el privilegio de servir a la libertad sin ponerle las manos encima».
A este mundo llega un actor procedente de la Luna, un mundo que rompió todo contacto con la Tierra hace más de cien años y quien, provisto de un exoesqueleto metálico (para soportar la elevada gravedad terrestre) que cubre con una capa negra, tiene todo el aspecto de ser El Esqueleto, El Fantasma, la Muerte Alta profetizada a los esclavos mexicanos como el líder y señal que los llevará a la liberación. Christopher Crockett la Cruz, el Espectro, se ve metido en medio de esta situación, que no es precisamente simpática: los tejanos lo quieren ver muerto, los líderes revolucionarios, una vez cumplido su papel catalizador, también, ya que un mártir siempre es útil y no estorba a la hora de detentar el poder.
En el transcurso de la novela, leiber lo satiriza absolutamente todo; desde la obsesión americana por los enormes pechos femeninos hasta el machismo mexicano, desde el creerse el centro del universo estadounidense expresado en términos de Texas (no se unió a los Estados Unidos; Texas se anexionó los USA fingiendo una incorporación, pero se mantuvo la ficción porque el público «jamás tuvo cerebros ni agallas») hasta la parafernalia de la lingüística revolucionaria.
En suma, Leiber se dedica a describirnos un mundo desquiciado que, modelado sobre una imagen precisa, no es sino el nuestro. Que lo haga a través de las aventuras de La Cruz no es prescindible (se trata de una novela, no de un panfleto), pero ciertamente la sátira y el humor son tan omnipresentes que el lector progresa a la espera de cuál será el próximo golpe a los establecido y al irracional comportamiento humano.

(A Spectre Is Haunting Texas)
Eds. Martínez Roca, col. Súper Ficción
Barcelona, 1977 [1968]


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La Pistola Automática, de Fritz Leiber

El Negro Kovacs es un contrabandista de licor en los tiempos de la Prohibición. Es un oficio arriesgado para un grupo de independientes, que no sólo son perseguidos por la policía, sino también por los sindicatos del crimen, celosos de mantener su posición sin competencia en el "mercado". Por eso Negro lleva una pistola automática encima.
Aunque la relación de Kovacs con esa arma es algo más que funcional. La limpia, la cuida, la desmonta y la engrasa, a la vez que lima el percutor haciendo cada vez más sensible el gatillo, etc. En suma, una relación que roza la obsesión. Esto llama la atención de sus compañeros, sobre todo de Anton Larsen, quien cada vez se hace más agresivo cuanto Kovacs muestra su pistola, hasta que un día se ofrece a comprarla; cuando esto no resulta, intenta arrebatársela por la fuerza, sin resultado. A partir de entonces ambos hombres dejarán de hablarse.
Cuando el Congreso anula la prohibición y deja sin trabajo a los contrabandistas, la banda se disgrega. En la guarida están dos de sus miembros preparándose para la marcha cuando aparece Larsen. Negro Kovacs ha muerto. Y Anton Larsen tiene su pistola. Es muy sospechoso, pero Larsen es hombre del que hay que cuidarse, y además está con los nervios a flor de piel, de modo que los otros dos le siguen la corriente.
Pero si el comportamiento de Larsen es peculiar, el de la pistola lo es todavía más; su cañón parece apuntar siempre hacia donde está Larsen, y tiene la tendencia de dispararse sola, aunque sea con la recámara vacía...
La maestría de Leiber en todos los campos del fantástico ya ha sido comentada aquí. En el caso de La Pistola Automática escribe un relato en la mejor tradición de la novela negra americana que descollaba en la época y lo hace derivar a lo sobrenatural con, precisamente, una naturalidad que es producto de una narración medida para que ese elemento surja por sí solo en el lector.
Con una expresión impecable, Leiber se dedica a hacer crecer la tensión ambiente hasta crear la expectativa en el lector de que algo va a suceder, aunque no sepa qué ni cómo.
Les llamo la atención en lo ya apuntado: Fritz Leiber fue un maestro de la ciencia-ficción, un innovador inteligente de la fantasía heroica, uno de los grandes de la ficción terrorífica; cuando se le dio oportunidad, realizó enormes relatos de ficción especulativa. Con este cuento demuestra que podía dominar el suspense y el policiaco. Semejante versatilidad no fue producto del mero artesano (al fin y al cabo, Leiber tenía sólo treinta años cuando escribió este relato), sino un conocimiento, intuitivo o adquirido, de lo que hace una buena historia. No es la marca del genio, aunque Leiber lo fue, pero sí del gran escritor. La combinación de ambas cosas fue lo que hizo a Leiber ser reverenciado en vida y póstumamente.

(The Automatic Pistol)
En La Edad de Oro 1939-1940
Eds. Martínez Roca, col. Gran Super Ficción
Barcelona, 1988 [1940]
Ed. de Isaac Asimov y Martin H. Greenberg

Texto en castellano de La Pistola Automática

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Belsen Express, de Fritz Leiber

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1975]
Ed. de Stuart David Schiff y Fritz Leiber

Expreso Belsen es un poliédrico relato sobre el miedo, su represión, la falta de implicación y también la intolerancia.
Simister es un hombre que se precia de haber pasado por el siglo XX «sin haberse visto implicado en el servicio militar, el salvar al mundo o cualesquiera actividades que interfirieran con la ganancia y disfrute del dinero».
Es además un hombre que considera que cualquiera tiene merecido aquello que le suceda, alguien capaz de reaccionar ante las noticias del periódico con un "malditos eslavos" o un "malditos judíos". Y es un hombre para el que los nazis no representaron nada. O al menos nada que le importe. Pero profundamente enterrado en su interior anida un miedo, irracional en sí, como es el ser arrestado por la Gestapo.
Tal vez por eso actúa como lo hace y piensa como piensa. Su postura vital de no pensar, no ver, no saber lo mantiene a salvo de ese terror. Pero últimamente ha estado recibiendo anónimamente libros que insisten en «revelar cosas sobre ese incidente histórico satisfactoriamente enterrado como fue la Alemania nazi». Y puede que Simister esté entrando en un universo paralelo sólo concebido para él; uno en el que el miedo a ser gaseado es muy real.
Entre otras cosas, Leiber nos puede estar diciendo que ignorar a sabiendas unos hechos puede convertirnos en cómplices materiales de los mismos. Hemos hablado en repetidas ocasiones de la versatilidad, elegancia y estilo del gran narrador que fue Fritz Leiber. Aquí se nos muestra como un escritor contenido, que obra con la ambigüedad y el rechazo de la pirotecnia para mostrarnos algo que es profundamente interior, como es el remordimiento y los temores irracionales; el miedo, pero un miedo propio (Simister no es un nazi escapado, ni tampoco una víctima que estuviera en peligro directo del nazismo) que roe su propio camino hasta minar la cordura del individuo. Leiber lo consigue en apenas trece páginas, trazando un cuadro psicológico que se transforma en pesadilla con su habitual elegancia, pero con un sentido implícito al alcance sólo de los grandes.

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Smoke Ghost, de Fritz Leiber

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1941]
Ed. de Stuart David Schiff y Fritz Leiber

Fritz Leiber fue el escritor de género con más estilo que haya existido; si esta afirmación parece exagerada (al fin y al cabo, los nombres de Theodore Sturgeon, Philip K. Dick, James G. Ballard, Harlan Ellison o Jack Vance pueden acudir a la mente), se sustenta en el hecho de que sólo él resulta imprescindible en las tres ramas del fantástico: su serie Fafhrd y el Ratonero Gris en fantasía, novelas como Un Fantasma Recorre Texas o The Big Time en ciencia-ficción, o narraciones como Conjure Wife, Gather, Darkness!, o este Fantasma de Humo en terror.
Durante años fue el escritor más galardonado del género, y pese a que este récord pueda haber sido superado, el respeto hacia Leiber y su calidad como escritor no lo ha sido.
«¿ha pensado alguna vez en cómo sería un fantasma de nuestros tiempos, señorita Millick? Figúreselo. Un rostro de humo con la ansiedad famélica del desempleado, la inquietud neurótica de la persona sin finalidad, la sobresaltada tensión del obrero metropolitano ssometido a alta presión, el intranquilo resentimiento del huelguista, el insensible oportunismo del ruin, el gemido agresivo del mendigo, el terror inhibido del civil bombardeado, y miles de otros retorcidos modelos emocionales.»
Como inicio no está mal, ¿verdad? Y así como el colmo de un paranoico es ser perseguido, el colmo de la angustia es que se materialice físicamente, y encontrarla inevitablemente en todo lugar. De ello trata este relato.
Por descontado, Leiber no tiene el menor interés en largarnos una filípica alegórica. Pero sí es muy consciente de que un fantasma es un ser en el límite de la existencia y el definitivo olvido, y que su mayor ansia es convertirse en un ser real.
Habrán notado que este volumen está editado (es decir, antologado) por Stuart David Schiff y el propio Leiber. Smoke Ghost figura en él no por haber obtenido el Premio Mundial de Fantasía, sino como muestra de la producción de su autor al serle concedido el premio a toda su carrera. No fue escogido por Fritz Leiber, sino por Schiff; eso sí, consultando a Leiber cuál consideraba que era su mejor relato. Leiber Dijo que era Fantasma de Humo. Una opinión muy acertada.

Texto en castellano de Fantasma de Humo en este enlace

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Voy a Probar Suerte, de Fritz Leiber

(Gonna Roll the Bones)
En Visiones Peligrosas II (Dangerous Visions)
Ed. Martínez Roca, col. SuperFicción
Barcelona, 1983 [1967]
Ilustraciones de Leo y Diane Dillon

De Fritz Leiber hemos hablado anteriormente (Aciago Encuentro en Lankhmar). Fue el autor más galardonado en la ciencia-ficción, la fantasía y el terror, y lo fue sin grandes estruendos, en una carrera que se extendió desde 1945 hasta poco antes de su muerte en 1992. En todos los campos llevó más allá los conceptos de base y, de nuevo, lo hizo con naturalidad, como sin concederle importancia, sin gritar al lector: "¡Eh, mirad lo que he hecho!" Harlan Ellison lo define así en este relato: "Muestra la concepción leiberiana del universo unificado por la magia, la ciencia y la superstición, al tiempo que despliega el amor que siente el autor hacia el idioma inglés. Es imposible clasificarlo en ninguna categoría, aunque tiene huellas de puro horror, ciencia-ficción, fantasía psicológica y explicaciones jungianas acerca de la locura personal de nuestro tiempo".
Este amor por el idioma se traduce en un cierto barroquismo en la expresión; pero tranquilícense los lectores. Es un barroquismo que podría remitir más al de Borges que no al de los autores dieciochescos o decimonónicos, es decir, uno que enriquece la expresión sin empalagar al lector.
Este Gonna Roll the Bones, con esos huesecillos que rememoran las tabas y pueden sustituirse por marfiles, dados, suertes, puntos, nos sitúa en un mundo irreal y onírico, vagamente anclado en una realidad alternativa en la que el protagonista entra en un local, apropiadamente llamado "El Osario", para enfrentarse en una partida única y definitiva con una entidad que puede ser el Príncipe de las Tinieblas, la Muerte o una apropiada combinación de ambas. Con sorpresa final doble, es un relato que, como casi siempre en el autor, obliga al lector a seguir leyendo, sumergido en un escenario mantenido en pie a base de estilo e imaginación sin parangón con lo ya conocido... o con lo que el lector pueda esperar. Por concisión, argumento y recursos, es un relato único e inimitable, atemporal y que escarba en los miedos y el sentido de desafío del ser humano, así como en sus relaciones de dependencia e independencia para con los demás. Es un relato que esgrime como principal arma aquella que sólo los grandes narradores saben emplear: la desvergüenza, la valentía narrativa, el no mirar atrás, el atreverse a cruzar el abismo con la mera fuerza de la narración como bagaje, sin concesiones al verismo o la razón. Una que requiere la complicidad del lector. Y lo recompensa por ello con una historia inimitable.

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Aciago Encuentro en Lankhmar, de Fritz Leiber

(Ill Met in Lankhmar)
En Espadas y Demonios (Swords and Deviltry)
Ed. Martínez Roca, col. Fantasy
Barcelona, 1985 [1970]

Existe una especie de pozo mítico en el cual se incorporan arquetipos y personajes que, por un extraño mecanismo de la mente humana, son conocidos y reconocidos incluso por aquellos que no han leído las historias de las que surgen o las películas que los presentan. Así, ese extraño fenómeno se produce con el vampiro o Drácula, el monstruo de Frankenstein (que en el pozo mítico adquiere el nombre de su creador), el sheriff que lucha en solitario, Jekyll & Hyde, el Pirata del Caribe, etc.
Entre ellos se halla el guerrero bárbaro, en general, y si vamos a poner nombre al arquetipo, llamémosle Conan el Bárbaro. Surgido de las epopeyas griegas (el arquetipo, no Conan; éste es la quintaesencia arquetípica, obra de Robert E. Howard) y antes incluso (si admitimos cierta influencia babilónica), sus atributos, criticables o no, son los del mucho músculo y poco cerebro, una moral primitiva entre el bien y el mal sin matices, un imprescindible vagabundear, la tendencia a solventar situaciones de manera expeditiva, el ansia de gloria por esta en sí, desprecio por las sofisticaciones y, cómo no, un machismo extremo (existe también otro personaje convertido en arquetípico, la princesa guerrera, menos potente, porque la cultura humana ha incorporado el feminismo hace muy poco tiempo y porque la cultura, en general, lleva un largo recorrido de machismo; su característica culminante, aparte de una mayor sofisticación que su contrapartida masculina, parece ser la patada en la entrepierna del incauto macho que se le cruza por delante).
Todo esto conlleva un rechazo extremo por parte de la intelectualidad. Es, como decíamos, un personaje poco refinado. Y la cultura parece consistir en el abandono, la superación, la sublimación y la sustitución de ciertas pulsiones basales. Pero sigue siendo una crítica que muestra impotencia, porque por mucho que el ser humano se refine, esas pulsiones siguen teniendo su importancia, aun residual, y sólo hay que mirar al mundo que nos rodea para comprender que es así. De modo que desdeñar la fantasía heroica , brutal como pueda ser, es una actitud que debería revisarse. Desdéñese, sí, pero conózcase antes. Porque es una faceta a estudiar del ser humano.
Sin embargo, el problema del bárbaro es que es repetitivo por naturaleza, y con un comportamiento más predecible que el de un toro bravo ante un trapo rojo.
De modo que era sólo cuestión de tiempo que alguien recogiera el arquetipo y lo desmontara y modificara para, conservando sus características, llevarlo más allá, hasta la inteligencia. ¿Y si el "bárbaro" fuera alguien refinado y capaz de razonar? ¿Y si el astuto personaje (ese Ulises que comparte campamento con toda la serie de brutos aqueos) adquiriera las habilidades y ferocidad guerreras que se le suponen al bárbaro? Ese alguien fue Fritz Leiber.
Dejemos hablar al propio Leiber: "Saga de Fafhrd [pronúnciese Fáferd] y el Ratonero Gris, los dos espadachines más grandes que jamás han existido en éste o en cualquier otro universo real o de ficción, maestros del acero más hábiles incluso que Cyrano de Bergerac, Scar Gordon, Conan, John Carter, D'Artagnan, Brandoch Daha y Anra Devadoris. Dos camaradas de la muerte y los sombríos comediantes para toda la eternidad, vigorosos, pendencieros, buenos bebedores, imaginativos, románticos, groseros, ladrones, sardónicos, festivos, siempre buscando aventuras a través del ancho mundo, condenados a toparse sin cesar con los enemigos más mortíferos, los adversarios más crueles, las muchachas más deliciosas y los brujos más horrendos, bestias sobrenaturales y otros personajes".
Es una buena, ¡qué digo!, es una excelente definición de los personajes, y déjenme añadir solamente, para marcar distancias, que el bárbaro norteño Fafhrd es también un bardo culto y refinado, y que el astuto Ratonero, aprendiz (y fracaso) de mago, tiene un punto de fanfarronería y extravagancia que están a punto de costarle muy caro en ocasiones. Con todo, y tal vez por sus debilidades y contrastes, son dos de los personajes más deliciosos de la narrativa fantástica (y de la otra).
Aciago Encuentro en Lankhmar, uno de los cuentos más premiados de la historia de la fantasía y la ciencia-ficción, es el encuentro definitivo entre ambos personajes, un encuentro que forjará una de las alianzas más potentes de la épica, y representa también la presentación de la muy fascinante ciudad de Lankhmar. Para conocer, sin desvelar, el argumento, no hay más que dirigirse al índice del libro (los índices de Leiber merecen ser leídos): "El segundo y decisivo encuentro de Fafhrd y el Ratonero Gris, en el que se cuenta algo de los males de la interminable niebla nocturna y el latrocinio organizado, de la ebriedad y vanidad de hombres y muchachas queridos y de las laberínticas maravillas y horrores de la Ciudad de los Ciento cuarenta mil Humos".
Con todo, una experiencia inolvidable.