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Para Tomar con una Pizca de Sal, de Charles Dickens

Para Ser Tomado con una Pizca de Sal, es decir, para ser leído con reticencias. Esta declaración escéptica e irónica del propio autor (que hizo uso extenso del humor en sus escritos)no desmerece una de las mejores historias de fantasmas de su autor, y una de las mejores de todos los tiempos. Puesto que pueden leer el relato completo en los enlaces que figuran al pie de esta reseña, no me extenderé demasiado en el argumento. Baste decir que, cuando la ciudad de Londres va llena de noticias y comentarios al respecto de un asesinato, el protagonista de la historia ve, ante su ventana, un curioso hecho: un hombre pasa, seguido por otro que sostiene el brazo en alto en actitud amenazadora, sin que los transeúntes parezcan extrañarse por semejante actitud.
Cuando el protagonista es nombrado jurado en el proceso para juzgar al asesino, se sorprende al ver que el que se sienta en el banquillo de los acusados es el hombre amenazado que pasó ante su ventana. Pero su extrañeza será mayor cuando ese espectro que seguía al hombre aparece también en el tribunal, en apariencia sólo pudiendo ser visto por él, aunque ciertamente influencia a todos aquellos a los que se acerca.
Más que terror, lo que provoca el relato de Dickens es un sentimiento de extrañeza. La situación es insólita, y francamente original, y el manejo de los tiempos y las escenas por parte del maestro inglés es absoluto.
Dickens había probado en sus inicios las historias de fantasmas, pero había cometido el error de ceñirse a los parámetros del gótico, alejándolas en el tiempo y el espacio. Las mejores en este género surgidas de su pluma son aquellas en las que se ciñe a su época y a los ambientes y paisajes que tan bien conocía. Es así como consigue introducir lo fantástico e irreal con plena efectividad en el mundo cotidiano, retratado con tal viveza que surge de las páginas.
Pero no es sólo realismo lo que impera en este cuento, sino una comprensión del efecto y las causas del fantástico en literatura, y de cómo introducirlo progresivamente en la mente del lector.

(To Be Taken with a Grain of Salt)
En Historias de Fantasmas
Ed. Fontamara, col. Rutas
Barcelona, 1980 [1865]

Texto en castellano de Para Ser Tomado con una Pizca de Sal
Texto en inglés de To Be Taken with a Grain of Salt

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Dickens. El Observador Solitario, de Peter Ackroyd

Peter Ackroyd, que debería ser candidato al premio Nobel de literatura, si no lo es ya, no sólo es un excelente novelista, aunque se prodigue poco, sino que además ha recogido el testigo de la excelente tradición biográfica británica y la ha llevado a la modernidad.
Sus biografías, tratándose de un novelista que escribe sobre otros, tienen ese toque altamente literario que las convierte en unos ejercicios de lectura altamente gratificantes, pero además se trata de un biógrafo irreductible que, en esa tradición de la que les hablaba, se documenta hasta el límite, no da una cosa por cierta hasta no haberla comprobado o corroborado por distintas fuentes y mantiene estrictamente fuera de sus textos las habladurías, los rumores y las leyendas. En todos los casos de su actividad en este género poco agradecido y laborioso, se ha señalado que Ackroyd trazaba una biografía que se convertía en fundamental para entender la historia del personaje tratado. Puede que otros datos nuevos vengan después a completarla, pero la base era la que Ackroyd había dispuesto.
Sucede lo mismo con esta biografía de Charles Dickens, que fue saludada con alegría por los medios literarios ingleses, puesto que se esperaba (y con razón) que la biografía de, probablemente, el escritor ingés más importante desde Shakespeare sería un acontecimiento.
Hay que decir algo antes de empezar. Estamos hablando de la biografía de un escritor, no de un aventurero o un explorador. Aunque Dickens tuvo su cierta dosis de escándalo, sobre todo por la separación de su mujer y los rumores que la acompañaron (y que quedan dilucidados como falsos en esta biografía, al menos con un 99 por ciento de seguridad), su vida fue una de creación literaria y de desarrollo de sus escritos en conferencias, giras y lecturas. Está claro que tuvo una infancia desgraciada, y que consideró a la familia en la que había crecido como una carga indeseada; está claro también que pasó unos tiempos miserables realizando trabajo infantil en una fábrica de betún, y que luchó desesperadamente por obtener una educación y salir adelante. Todo eso es cierto. Pero no podemos hablar de una vida vistosa ni rutilante.
La verdadera vida de Dickens está en su obra, y eso Ackroyd lo ha comprendido muy bien. En esta biografía el tiempo lo marcan, más que los acontecimientos, las creaciones de Dickens, porque el autor intuye, y acierta, que la vida de Dickens puede seguirse y encontrarse en sus escritos. Dilucidar lo que hay de biográfico en ellos ha sido una tarea titánica (aunque sólo sea porque hay que conocer muy bien las obras de Dickens para hacerlo), y relacionar el resto con las ideas y los tiempos contemporáneos a su autor ha sido el gran mérito de Ackroyd.
Como Peter Ackroyd dice: «"La vida es el resultado de una suma de naderías." Llegados a este punto, las palabras de David Copperfield cobran todo su sentido, porque, sin lugar a dudas, es en las "naderías" de la propia vida de Dickens donde hemos descubierto el origen y la dimensión real de sus obras, que definen su grandeza. Nada de pequeñeces, pues, sino de desencadenantes. [...] Que una coincidencia, un comentario casual o un encuentro inesperado bastan para cambiar la vida de un hombre. Que el resultado de toda una vida de esfuerzo puede irse al traste por una inopinada sucesión de acontecimientos, pero no se trata sólo de un recurso novelístico. Es una forma de desentrañar la naturaleza íntima del mundo, un elemento que no es posible pasar por alto cuando de una biografía se trata. Ir de la mano de Dickens día tras día, sin perder de vista lo que hace y cómo lo hace, observando cómo las circunstancias de su vida conforman su ficción igual que ésta altera el curso de su vida. [...] Contemplar a Dickens bajo esta luz es hacer de su biografía un verdadero instrumento de conocimiento. sin olvidar nunca que la grandeza de su obra quizá resida en que nada tenga que ver con lo que nos sale al paso en la vida.»
Esto es lo que Ackroyd se propuso hacer, entender al hombre a través de su obra y entender la obra a través del hombre, y mediante ambos, comprender su época y sus gentes. Es lo que hace brillantemente en la biografía de un escritor del que, a su muerte, «obreros esforzados, hombres y mujeres por igual, lloraban su pérdida como la de un ser querido, porque sabiendo hasta qué punto los había entendido, sentían su desaparición como la pérdida de uno de los suyos».

(Dickens)
Edhasa
Barcelona, 20112 [1990]

Portada y sinopsis

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The Signalman, de Charles Dickens

En Dark Banquet
St Martin's Press
Nueva York, 1985 [1866]

Todo el mundo conoce (aún sin haberlo leído) al Dickens novelista, el más grande de los victorianos, el que mejor supo captar las contradicciones de su sociedad, oscilando entre el dominio del mundo y la miseria de las clases bajas y el trabajo infantil.
Por estas fechas, además, se recuerda que Dickens es también el autor de Christmas Carol, Cuento de Navidad, en suma un relato de fantasmas, pero con un mensaje moral tan claro que se sobrepone a lo fantástico para dejarlo en meramente alegórico.
No es tan conocido, sin embargo, que Dickens fue un frecuentador asiduo y excelente de las historias de terror, que no sólo publicaba en revistas, sino que incluyó en novelas, como episodios de relatos dentro del relato, por ejemplo en Los Papeles del Club Pickwick. Y que, si miramos algunas de sus escenas de los bajos fondos británicos, como por ejemplo las de Oliver Twist, podemos encontrarnos con relatos de terror sin su aspecto sobrenatural.
El Guardavías, o El Guardagujas, es un relato de fantasmas. Y uno de los mejores del género. Se inicia con el narrador llamando la atención del guardavías a distancia. Y cuando éste lo ve, muestra un comportamiento extraño; deja de mirarle y dirige la vista al túnel. Y cuando el narrador baja a su encuentro, el ferroviario se muestra en extremo reticente.
Al día siguiente, cuando vuelve a verlo, el guardavías le relata sus temores. Varias veces ha visto una aparición que agitaba el brazo como el narrador había hecho el día anterior, y siempre esta aparición ha precedido a una tragedia. Y lo peor, el guardavías ha visto al espectro varias veces durante los pasados días.
El narrador cree que el ferroviario sufre de alucinaciones, motivadas por lo desolado y solitario del lugar, pero...
El final del cuento tendrán que leerlo por ustedes mismos. Al pie encontrarán los enlaces hacia sus versiones original inglesa y castellana, de modo que esta vez lo tienen fácil.
Me gustaría resaltar sobre todo la atmósfera creada por Dickens, una de absoluta desolación y desesperación, que pervade todo el relato y anuncia, más que los diálogos, una inminencia en la catástrofe. Y el paso firme y mesurado que lleva desde su intrigante inicio hasta su final. Es una rara contención, pero llevada con tal estilo que esta brevedad y economía de medios se convierte en tan sugerente que convierte este relato en una clase magistral de cómo narrar.
Una pequeña obra maestra de uno de los grandes escritores de todos los tiempos.

Texto en castellano de El Guardavías, en el blog El Espejo Gótico
Texto en inglés de The Signalman