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La Quinta Mujer, de Henning Mankell

En cuanto a autores negrocriminales escandinavos, de los cuales hemos acabado por tener en castellano la nómina completa, ninguno ha superado en calidad y visión a Henning Mankell.
Fue el primero en establecer una serie policíaca profundamente intimista, en la cual los pensamientos de su protagonista, el inspector de policía Kurt Wallander, eran tan importantes como la acción que se desplegaba narrativamente; fue también un autor que hizo que su personaje envejeciera paulatinamente con la serie, y que el lector percibiera ese envejecimiento, lo que le daba un toque realista y algo fatalista que se mantuvo hasta su cierre, cuando Wallander se ve aquejado de Alzheimer y el propio autor, tomando la palabra, dice a sus lectores que, a partir de entonces, la intimidad de Wallander ya sólo es del personaje.
Con estas características en mente, en La Quinta Mujer, sexta novela en la serie, encontramos un momento crucial en la vida de Wallander: su padre muere, dejando un vacío que apenas había empezado a llenar con una relación más cercana con él; su hija insinúa que no le desagradaría hacerse policía; y con su novia letona, Baiba, las relaciones siguen siendo intensas pero a la vez alejadas, no sólo por la distancia, sino por el cansancio que su oficio de investigador conlleva, y que no le deja tiempo para establecer con firmeza una relación que debería decidirse pidiendo a Baiba que se trasladara a vivir con él a Escania. Sí, amigos, la vida de Wallander no es ni más fácil ni más compleja que otras, sencillamente Mankell nos transmite una vida con visos de realidad.
Además, han empezado a surgir unos asesinatos en la zona extraordinariamente violentos, de una violencia escenificada para los policías que los descubren, como una especie de venganza ejecutada privadamente pero mostrada en público. Y cuyas víctimas no tienen ninguna relación entre sí. En suma, se trata de un asesino en serie. ero un asesino que, intuye Wallander, debe tener alguna motivación, que no consiguen descubrir y que sería la clave de todo.
Si a la tensión de la investigación criminal y al reencuentro con un personaje que se nos hace familiar y querido conforme leemos la serie (y es muy recomendable leerla en orden), añadimos que siempre Mankell ha reflejado con maestría el desconcierto de una sociedad que se vio conmocionada por el asesinato de Olof Palme y que, con el transcurrir de los años, ha descubierto consternada que su paraíso de bienestar no lo era tanto, que la violencia es creciente, que Suecia tiene problemas que jamás hubieran podido imaginar que llegaran allí, comprenderán que Mankell sea el mejor autor del género que existe en Escandinavia. No sólo escribe bien, no sólo sus tramas son impecables, sino que las reflexiones de su protagonista sobre su vida y la sociedad son tan imprescindibles como provechosas para cualquiera que las lea. Eso convierte a la serie Wallander en una pieza obligada en la literatura negra contemporánea.

(Den Femte Kvinnan)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 200012 [1996]
Serie Inspector Kurt Wallander nº6

Portada y sinopsis

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L'Home Inquiet, de Henning Mankell

(Den Orolige Mannen)
Tusquets Eds., col. L'Ull de Vidre
Barcelona, 2009 [2009]
Serie Kurt Wallander nº y 11

Esta El Hombre Inquieto es la última (y definitiva) novela de la serie Kurt Wallander. Mankell no mata a su protagonista, pero sí deja perfectamente claro que el resto de su vida, trágica o feliz, le pertenece, ya sí, sólo al personaje.
En consonancia con la característica que ha presidido siempre las novelas de la serie, en las que Kurt Wallander envejecía poco a poco, se desencantaba cada vez más y reflexionaba sobre su pasado y en cómo sería su futuro, este capítulo final es muy introspectivo, un repaso de las vivencias y circunstancias de la vida de Wallander, un continuo desfile de fantasmas (los de su padre, los de su matrimonio) y una liquidación vital de sus amigos y amores, junto con unas pocas alegrías contradictorias en sí mismas (Wallander ha tenido una nieta, un hecho que comprende una esperanza en su vida, pero uno que también conlleva una constatación de su vejez). Como tal, no es en absoluto una novela alegre, pero sí una novela necesaria y consecuente con el carácter del personaje.
No es que el argumento sea lo de menos, porque implica directamente a Wallander, pero sí que esta novela es la que más tiene que ver con la vida del inspector de todas las que ha escrito Mankell. Su consuegro, Håkan von Enke, oficial de alto rango de la armada sueca, desaparece en el transcurso de un paseo por el bosque, y pocos días después lo hace la esposa de von Enke, que es hallada asesinada con posterioridad. Todo ello después de una conversación entre von Enke y Wallander en la que el marino se refiere al hecho que se ha convertido en la obsesión de su vida: en los años 80, se detectó una intrusión de submarinos en las aguas territoriales suecas, y justo cuando se tenía rodeado a uno de estos submarinos fantasma y a punto de forzarlo a emerger se recibieron órdenes de abandonar esa caza y dirigirse a un punto en el que no había nada. Esta posible traición, infiltración de un topo entre los mandos militares suecos, preside todas las investigaciones que Wallander, a título semioficial, realizará, hasta que éste descubra, no toda la verdad, pero sí una parte.
Las grandes virtudes de Mankell han sido numerosas, y no se han basado jamás en un exotismo que puede resultar atractivo pero que, en el fondo, si no va acompañado de otras cosas, resulta vacuo. Su protagonista, ya lo hemos dicho, envejece, no se prolonga en el tiempo como un ser inmutable (e irreal); siempre ha acompañado sus argumentos con cuestiones sociales ante las que tomar partido (la cuestión báltica; el racismo, etc.); y Mankell fue tal vez el primero que analizó y puso en evidencia la liquidación del sueño que supuso la sociedad sueca, en apariencia un paraíso, en realidad una ficción que se materializó durante un largo tiempo pero que ha acabado por perderse. Estas cualidades siguen estando en esta novela.
Y si bien tenemos que decir adiós a un personaje (y es mérito del autor que esto nos duela a los lectores), sí comprendemos que no podía ser de otra manera, y que Mankell (tal vez tan harto y cansado como Wallander) lo hace poniendo un colofón que resume una trayectoria vital y un recorrido sociológico por la Suecia contemporánea. No habrán más novelas de Wallander, pero las lecciones que Mankell ha enseñado de cómo hay que tratar el policíaco y sus personajes hoy día siguen estando ahí. Y no son lecciones menores.

Portada y sinopsis