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El Balcón, de Virgilio Piñera

Irónico, irreverente, jugando siempre con lo fantástico o lo surreal (no en vano fue uno de los impulsores de la traducción / versión de Ferdydurke de Gombrowicz durante la estaancia de éste en la Argentina), Virgilio Piñera es un gran desconocido en España cosa que es de lamentar; y me atrevería a decir que es también un desconocido en Cuba. Durante décadas estuvo en el ostracismo, tanto por sus diferencias políticas con el régimen cubano como por su orientación sexual. Como nunca es tarde para rectificar, este año en Cuba celebran el centenario de su nacimiento con un "año virgiliano". Nos alegramos.
No me voy a extender en el comentario sobre este cuento (que en los lejanos años ochenta era lo único que se podía encontrar en los estantes de las librerías españolas escrito por Piñera; por fortuna también, la situación  ha cambiado), ya que lo pueden leer en el enlace al pie de esta reseña.
Baste decir que es un relato perfectamente trazado, con su punto de ironía, su crítica soterrada a la fe y a los movimientos de masas y un final sorpresa, enormemente cáustico, que puede descolocar al lector, pero que se convierte en la clave de todo el cuento.
En cualquier caso, les recomiendo encarecidamente frecuentar a Virgilio Piñera, un autor que en vida mereció mejor difusión y que debería tener el derecho de figurar entre los mejores escritores de habla hispana.

En Cuentos Cubanos (originalmente Cuentos Cubanos de lo Fantástico y Extraordinario)
Ed. Laia, col. Literatura
Barcelona, 19743 [1956]
Selección de Rogelio Llopis (no citado)

El texto de El Balcón se puede leer online en este enlace
Portada y sinopsis de Cuentos Fríos, editado por Cátedra

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Máscaras, de Leonardo Padura

Padura escribe, en teoría, novelas policiacas. Padura, en efecto, traza relatos criminales en la Cuba castrista, investigados con bastante tesón, mucho de atrevimiento y grandes dosis de intuición genial por su personaje Mario Conde, primero policía, luego librero de lance y detective ocasional.
En la práctica, lo que Padura hace en sus novelas es reflejar en toda su complejidad la sociedad y la vida cubana; sus ilusiones perdidas, sus contradicciones, sus ventajas e inconvenientes, en una actitud crítica y doliente pero también amorosa por sus gentes y sus aspiraciones.
No es que ambas líneas corran paralelas sin cruzarse jamás. Es cierto que cada novela de Leonardo Padura en realidad contiene dos relatos (como mínimo; uno el policial, otros los sociales, personales, etc) pero lo criminal da pie a entrar en una zona de esa vida cotidiana, mientras que la vida diaria contribuye al trazo de la resolución policial.
En el caso de Máscaras, novela que forma parte de la que iba a ser una tetralogía estacional sobre Cuba (en este caso el verano de 1989), La Habana inmersa en el calor estival se establece como personaje adicional.
El cuerpo de un travestido aparece asesinado en el Bosque de La Habana, y resulta ser el de Alexis Arayán, hijo de un diplomático del régimen. La subsiguiente investigación de Mario Conde le llevará al mundo de la clase dirigente, separada por un abismo de la vida del resto de la población; por la literatura cubana, que tuvo que sufrir la evaluación de su valor socialista y penar bien por la transformación en literatura domesticada, bien por el silencio; y por la vida homosexual de la isla, perseguida en ocasiones y siempre mirada con suspicacia por los estamentos oficiales.
Es repetir algo ya muchas veces declarado (pero siempre hay lectores nuevos, de modo que no está de más), que la novela negra contemporánea es uno de los mejores termómetros (cuando está bien hecha) del estado moral y social de un país y una época. De hecho, el mismo Padura declara que "Mario Conde es una metáfora, no un policía". Es así en esta novela y las demás que componen la serie, pero hay que decir en beneficio de Leonardo Padura que su pensamiento va más allá, o mejor dicho, que partiendo de lo local alcanza lo universal. En España y en otros lugares, por ejemplo, se habla bastante y de forma polémica sobre la memoria histórica y su recuperación. Pues bien, escuchen lo que uno de los personajes de esta novela afirma, sobre su memoria personal en este caso, pero que bien puede aplicarse a todo el concepto:
«La falta de memoria es una de las cualidades sicológicas de este país. Es su autodefensa y la defensa de mucha gente... Todo el mundo se olvida de todo y siempre se dice que se puede empezar de nuevo, y ya: está hecho el exosrcismo. Si no hay memoria, no hay culpa, y si no hay culpa no hace falta siquiera el perdón, ¿ve cuál es la lógica? Y yo lo entiendo, claro que lo entiendo, porque esta isla tiene la misión histórica de estar recomenzando siempre, de volver a empezar cada treinta o cuarenta años, y el olvido suele ser el bálsamo para todas las heridas que quedan abiertas... Y no esque yo tenga que perdonar o quiera culpar a nadie: no, es que yo no quiero olvidar. No quiero. El tiempo pasa, pasan las gentes, cambian las historias, y creo que ya se han olvidado demasiadas cosas, buenas y malas. Pero las mías son mías y no me da la gana de olvidarlas. ¿Me entiende?»

Cuando un escritor llega a esta calidad de expresión de pensamiento, en lo que algunos considerarían un "modesto" "policiaco", es que ha llegado al punto en que sus personajes son metáforas, en efecto, pero sus novelas son también metáforas que explican e implican a la humanidad. Eso va más allá de los géneros y las modas, e incluso la temporalidad. Se trata de literatura de primerísima clase.

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 19975 [1995]
Serie Detective Mario Conde nº 3

Portada y sinopsis

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El Gran Zoo, de Nicolás Guillén

Ed. Libros del Zorro Rojo, col. Encuentros
Barcelona, 2009 [1967]
Ilustraciones de Arnal Ballester

Ya en su prólogo Guillén nos advierte de que este poemario va a ser un gran zoo que va "Del bongó a la pajarita de papel ─dirán algunos─. Del cañaveral a la nube. De Viet Nam al cangrejo. Y el gángster ─diré a mi vez─. Y Mr. Lynch ─volveré a decir─. Y la bomba atómica ─diré todavía."
Y es que más que un zoo lo que tendremos en estos poemas es un titirimundi, un vistazo a un aparejo óptico que nos mostrará curiosidades maravillosas y terribles, como La Osa Mayor,
[...]
Cazada en junio 4, 64,
por un sputnik cazador,
(No tocar las estrellas
de la piel.)
···············Se solicita
un domador.

o El Tonton Macoute,

Cánido
numeroso en Haití bajo la Era
Cuadrúpeda.
···················Ejemplar
hallado en el corral presidencial
[...]

Gran parte de los poemas están escritos, como dirían los ingleses, tongue in cheek, con una saludable ironía, pero además su estructura que salta de un tema a otro con naturalidad poética contribuye a la maravilla del lector.
Y si bien la trascendencia se mezcla de continuo en estos poemas, como en La Bomba Atómica y KKK, es también reunión, como dice Guillén, de amigos, como El Tenor,

Está el tenor en éxtasis
contemplando al tenor
del espejo, que es el mismo tenor
en éxtasis
que contempla al tenor
[...]
o en Las Nubes.

Pero por muy diversos e imposibles que sean los especímenes, la gran fascinación de este poemario es que mediante la expresión poética podemos ver ante nosotros aquello que quisiéramos ver y que nuestro diario pragmatismo no nos permite:
La Guitarra

Fueron a cazar guitarras
bajo la luna llena.
Y trajeron ésta,
pálida, fina, esbelta,
ojos de inagotable mulata,
cintura de inagotable madera.
Es joven, apenas vuela.
Pero ya canta
cuando oye en otras jaulas
aletear sones y coplas.
Los sonesombres y las coplasolas.
Hay en su jaula esta inscripción:
···································«Cuidado: Sueña».

Portada, sinopsis y algunas ilustraciones

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El Recurso del Método, de Alejo Carpentier

Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo, Biblioteca Carpentier
Madrid, 1998 [1974]

En el recorrido por la figura del dictador en la literatura hispanoamericana, hoy, de la mano de Alejo Carpentier, efectuamos una auténtica inmersión en la mente de uno de estos tiranos.
El recurso del Método del título es una frase que pronuncia el Primer magistrado protagonista de la novela: «Y habría que perseguir por tales tierras al General Hoffmann, cercarlo, sitiarlo, acorralarlo, y, al fin, ponerlo de espaldas a una pared de convento, iglesia o cementerio, y tronarlo. "¡Fuego!" No había más remedio. Era la regla del juego. Recurso del Método.» Una frase y una metodología. Una repetición metódica de la permanencia en el poder. Justamente será cuando se aparte de este método cuando pondrá la semilla de su propia destrucción.
El Recurso del Método es una obra en extremo perceptiva, muy sutil y precisa en su comprensión de la mente y tipología del dictador. Lejos Carpentier del camino fácil de la ridiculización o la burla; caer en ellas no sería un desprestigio del dictador, antes bien del pueblo dictado, que quedaría entonces situado como una masa informe a la que cualquier inculto descerebrado puede dominar. No. Lo que dice Carpentier es que los dictadores son capaces, más o menos, tanto como para llegar al poder y mantenerse en él. Y que son las dictaduras las que llevan su propia destrucción incorporada, en la permisividad de la corrupción, el desprecio por el bienestar popular y el alejamiento del poder respecto del pueblo.
La novela se inicia, para sorpresa del lector, en París, y en un ambiente que podemos definir como ilustrado. Es un extraño inicio, pero definitorio de las intenciones de Carpentier. El auténtico hogar del Primer magistrado, el único lugar donde se siente bien, donde le importa lo que piensen los demás de él, es París. Es un símbolo del alejamiento del país que gobierna, un alejamiento incluso físico pero que, por descontado, implica también el alejamiento emocional y moral. Y el Primer magistrado se nos muestra como una personalidad ilustrada. Será más adelante cuando comprendamos que esta ilustración no es más que una pátina que oculta una personalidad soez, una cultura de loro que se ha forzado a degustar y gustar, pero que ni comprende ni evoluciona, otro símbolo de su permanencia en un mundo inmóvil que, por supuesto, es irreal.
Y en esta novela extraordinaria, seguimos las peripecias vitales de este Primer Magistrado, símbolo del dictador, símbolo de su psique y de sus usos, costumbres y tipología. Con una extraña ecuanimidad de juicio. Si no fuera porque sus crímenes y crueldad son irremisibles, uno casi sentiría piedad por este hombre viejo, rebasado por todo y por todos: por sus aliados, por su familia, por sus opositores, por el mundo en marcha. Un personaje que en el fondo, es ridículo, pero lo terrible y desolador es que ese ridículo nacido de sus propias pretensiones haya forzado la miseria y la muerte a los demás.
"«Ahora, estas estatuas suyas descansarán en el fondo del mar; serán verdecidas por el salitre, abrazadas por los corales, recubiertas por la arena. Y allá por el año 2500 o 3000 las encontrará la pala de una draga, devolviéndolas a la luz. Y preguntarán las gentes, en tono de Soneto de Arvers: "¿Y quién fue ese hombre?" Y acaso no habrá quien pueda responderles. Pasará lo mismo que con las esculturas romanas de mala época que pueden verse en muchos museos: sólo se sabe de ellas que son imágenes de Un Gladiador, Un Patricio, Un Centurión. Los nombres se perdieron. En el caso suyo se dirá: "Busto, estatua, de Un Dictador. Fueron tantos y serán tantos todavía, en este hemisferio, que el nombre será lo de menos".» (Tomó un libro que descansaba sobre una mesa.) «¿Figura usted en el Pequeño Larousse? ¿No?... Pues entonces está jodido»... Y aquella tarde lloré. Lloré sobre un diccionario ─«Je sême à tout vent»─ que me ignoraba."

Portada y sinopsis

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El Reino de Este Mundo, de Alejo Carpentier

Ed. Seix Barral, col. Obras Maestras de la Literatura Contemporánea
Barcelona, 1983 [1969]

El cubano Alejo carpentier hizo evolucionar la novela histórica de una forma peculiar, añadiendo al hecho y los personajes de la gran historia la visión popular, pero llevándola al terreno de lo telúrico, conformando con ello una visión de lo que con posterioridad se llamaría realismo mágico.
Este realismo mágico no nació con Carpentier, sino que fue una evolución del realismo indigenista, que en sí mismo era un callejón sin salida apto par el cuadro de costumbres pero limitado en su medio de comprensión de la sociedad hispanoamericana. Carpentier y otros tomaron la dimensión mítica del indigenismo y le dieron continuidad en el relato idiosincrático de los pueblos americanos, criollos o no, remarcando su arraigo en sociedades "europeas" que, sin embargo, y como no podía ser de otra manera, no podían desligarse del sincretismo que es rasgo identitario de la realidad americana y americanista.
En el caso de El Reino de Este Mundo, Carpentier nos ofrece una visión extensa de la historia de Haití/Santo Domingo, desde la dominación francesa, la revolución independentista de Toussaint Louverture, la evolución de la monarquía de opereta independiente del rey Henri Christophe hasta su decadencia y el nuevo fracaso de la revuelta que la depuso, con la caída de la isla de nuevo en manos oligárquicas extranjeras. Pero una historia pasada por el Vodun, una fuerza popular y motriz que crea mitos y que se constituye en quintaesencia de resistencia y aspiraciones, en reducto de leyendas que albergan deseos de independencia y esperanzas de liberación.
A Carpentier le importan un bledo las fechas y los acontecimientos. En esta novela su tema es el esclavo, siempre defraudado en sus aspiraciones, siempre negado de libertad, perpetuamente atado por cadenas físicas o económicas y sociales, refugiado en la tierra y sus creencias, en la magia que es liberadora y nacional, mucho más nacional que la política.
En esa combinación (insisto, telúrica) es donde Carpentier nos proporciona el retrato, no de un personaje, sino de un pueblo y su tierra. Que la realidad traicione a lo mítico no es culpa más que de la realidad. En el camino que pasa por estas páginas, el lector andará por múltiples niveles de significado, fascinantes todos en su individualidad y en conjunto, y transitará más por el alma viva de una nación que por las maderas muertas de la historia. Y ahí su gran, su enorme mérito.

Portada y sinopsis

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La Neblina del Ayer, de Leonardo Padura

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2005 [2005]

Esta novela de Leonardo Padura, en teoría y en forma un policíaco, es en realidad un viaje por la historia social de Cuba, desde la época de la dictadura de Batista hasta la actualidad.
Empleando a su personaje Mario Conde (que provocó no pocos chistes en España, cosas de la serendipia), retirado ya de sus labores policiales y dedicado desde hace catorce años a la compraventa de libros antiguos en La Habana; Conde descubre un auténtico filón en forma de biblioteca de uno de los próceres de la sociedad cubana prerrevolucionaria, Alcides Montes de Oca. En uno de los libros encuentra un recorte de prensa que anuncia la retirada de una bolerista de físico espectacular, Violeta del Río. Un hecho que despierta ecos de un recuerdo en Conde, y es que su padre pudo estar enamorado de esta cantante. Más adelante, el asesinato del vendedor de esta biblioteca, uno de los hijos de la secretaria que ha cuidado de la casa desde que su propietario se exiliara vendrá a complicar las cosas. ¿Se puede matar por unos libros? ¿O puede que exista una historia más tenebrosa detrás?
Leonardo Padura hace un viaje sentimental por la cultura cubana y el mundo de sus libros, por la música de la isla y por las esperanzas frustradas que han ido jalonando la historia de Cuba. Y lo hace con estilo literario y con voz propia, en una narración que nos sumerge en La Habana y en sus gentes.
Porque es en el retrato de los personajes en donde el autor se muestra particularmente brillante, formando un cuadro perspicaz e incisivo de la sociedad habanera en particular y la cubana en general.
El nombre de Leonardo Padura ha ido sonando ya en los círculos literarios como el de alguien al que merece la pena seguir. A mí, que es la primera vez que me enfrento a su obra, me ha convencido plenamente como un autor que aprovecha los modelos pero huye del estereotipo, con unos planteamientos originales y con recursos estilísticos que van mucho más allá de la novela negra para adentrarse en la mejor narrativa latinoamericana contemporánea.

Portada y sinopsis

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Puro Humo, de Guillermo Cabrera Infante

(Holy Smoke)
Ed. Alfaguara
Madrid, 20002 [1985]
Trad. del autor e Íñigo García Ureta

Este es un texto divertidísimo, aliterativo, juguetón, ensayístico, narrativo y poético, sobre el tabaco, pero sobre todo sobre el puro, habano o no. En una época en la que no tanto el tabaco como el fumador ha sido estigmatizado hasta niveles histéricos (hasta el punto, idiotez sobre idiotez, de sustituir la pipa de monsieur Hulot/Tati por un molinillo de juguete), Guillermo Cabrera Infante realiza un homenaje al hombre-chimenea y a todo un fenómeno que, se quiera o no, es cultural.
Por fortuna, esta vez el premio Cervantes no se retrasó y le fue concedido. Merecidísimo, no sólo por su calidad literaria sino por su voluntad de experimentación con el lenguaje y por el juego continuo que ejerce con éste.
Se puede decir con toda tranquilidad que este ensayo sobre el tabaco trasciende al mero escrito histórico o analítico para introducirse, por estilo y discurso, en el terreno literario. Pero, y hay que destacarlo, es una de las mejores y más comprensivas historias sobre la hierba para fumar que se han escrito, y muchos de los detalles que figuran es este Puro Humo son posibles de encontrar en otros textos, sí, pero con unos esfuerzos ímprobos, que se reparten en ensayos e historias dispersas o difíciles de obtener (algo que, por experiencia personal, me consta).
Exiliado en un mundo, el anglosajón, cuyo carácter le atraía pero que, en definitiva, no era el suyo (Cabrera Infante fue siempre un cubano que llevó Cuba allá donde estuviera), no acabó de comprender del todo ciertas expresiones inglesas. Es un inconveniente menor en un escritor tan potente que convierte lo que toca con la pluma en literatura sin renunciar a la verdad o el dato histórico.
Texto lúdico por lenguaje, lo es también por mezcla con su otra pasión, el cine, y, por extensión, las artes escénicas. En efecto, pocas cosas han ido tan unidas como cine y tabaco, y quien haya podido escuchar a Cabrera Infante reconocerá que, no se sabe bien cómo, salvo el también difunto Haliwell, pocas personas estaban en disposición de disputarle el título de máximo cinéfilo y enorme espectador.
Sea uno fumador o no, Puro Humo es un texto que se disfruta como una buena fuma o como una película con un Groucho Marx en ella enarbolando su sempiterno puro. Para todos los públicos civilizados.