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Red Wind, de Raymond Chandler

La segunda de las novelas cortas que tienen como protagonista al detective privado John Dalmas (que no tardaría en convertirse en Philip Marlowe), Viento Rojo, es una pequeña joya completamente original, sin que haya sido canibalizada en ningún aspecto por Chandler, una historia con una trama original pero que enlaza con el estilo y espíritu de las novelas de Marlowe y de las mejores en su género.
En ella podríamos decir que los problemas esta vez vienen a buscar a Dalmas a su propia casa. Un día en que en Los Ángeles sopla el "viento rojo", el Santa Ana, un viento caliente y fuerte que hace que las personas se descontrolen, baja al recién abierto bar frente a su casa / despacho, donde no hay nadie más que el barman y una persona que parece estar emborrachándose a base de chupitos de whisky. En estas, entra un hombre en el bar preguntando por una mujer, y dando una descripción inusitadamente detallada, para tratarse de un hombre, de la vestimenta que ésta lleva. No tiene tiempo ni de pedir una consumición, cuando el borracho saca una pistola y, diciéndole "Hasta luego, Waldo", lo mata en el acto, yéndose después. Tras las inevitables comprobaciones policiales, Dalmas se encuentra con cierta chica, vestida según la descripción, en el rellano de su propio despacho, y aquí empieza una historia en la que se mezclan un collar de perlas, un marido ausente, un chantaje doble y otras pequeñas cosas que hacen que el mundo de Dalmas / Marlowe sea el que es.
Como relato, insisto, es de los mejores que Chandler escribió, con un argumento que podría (y extraña que no lo hiciera) haber traspasado a algunas de las aventuras de Marlowe para convertirlo en novela. Con todo el lenguaje acerado e irrespetuoso que los detectives de Chandler emplean, con un ingenio y una dureza que no empañan la visión del detective como un caballero de armadura oxidada que vive con su moral individual e incorruptible en una sociedad que es todo menos caballeresca y honesta. Con una de las damas chandlerianas típicas, que mezclan esa misma dureza con una necesidad de amor verdadero, y que luchan en esa misma sociedad que las maltrata y manipula.
En suma, una novela corta que es una delicia para el lector de género y que merecería su recuperación.

En Trouble Is My Business
Penguin Books
Londres, 195015 [1938]

Texto en inglés de Red Wind

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Trouble Is My Business, de Raymond Chandler

Antes de componer el monumento del género que serían sus siete novelas y cuarto (Poodle Springs está inacabada) sobre el detective Philip Marlowe, Chandler probó sus armas en una serie de historias cortas, que se publicaron en las revistas del género.
Estos relatos suelen dividirse por los estudiosos entre los que conservan toda su originalidad y los denominados "canibalizados". Claro que hay diferencias entre el grado de canibalización de los mismos. En algunos, parte de la trama fue aprovechada para constituir parte de una de las novelas de Marlowe, y esos son los menos agradables de leer para los que, como yo, adoramos al personaje y sus novelas: el texto suena a conocido, pero poco desarrollado, y eso lastra la lectura; pero hay otros de estos relatos que, conservando su trama íntegra, es decir, su originalidad, lo que aprovechó Chandler de ellos fueron ciertas expresiones, algunas escenas, tal vez algunas frases. Es un curiosos ejercicio, porque demuestra muy bien qué quería hacer el maestro y dónde quería llegar en sus textos. Esas partes canibalizadas son las mejores, y algunas han pasado a ser citas notables de las novelas. Sorprende también encontrárselas en un relato corto, pero en este caso la frescura de lo que se está leyendo compensa.
Los Problemas Son Mi Negocio (un título apropiado) es uno de estos relatos canibalizados perteneciente a la segunda clase. Y puede sorprender que haya hablado de argumento, de trama. Soy partidario de que la trama, en las novelas de Chandler, es lo de menos. Importa el lenguaje, la preeminencia de la figura moral del investigador privado, su relación con un mundo en el que los conceptos del bien y el mal se han hecho difusos, y que en cambio saber quién mató a quién y cómo es totalmente prescindible. En este relato, en cambio, con un John Dalmas todavía no totalmente desarrollado como Philip Marlowe (Chandler le cambió el nombre, y pasó en efecto a llamarse Marlowe cuando se editó en la colección El Simple Arte de Matar), y probablemente sabiendo que en una revista se le exigiría coherencia argumental, el autor cuida la trama.
Dalmas, investigador freelance, es contratado por una agencia de detectives para que investigue los problemas que aquejan al hijo adoptivo de su cliente, a saber, una mujer que quiere casarse con él y que probablemente es una cazadotes, y cincuenta mil dólares en pagarés por deudas de juego dados a una especie de mafioso local.
Si digo que la trama es imporatnte en este caso es porque hay que seguirla hasta su conclusión, de modo que no explicaré más argumento que este. Déjenme sólo indicarles que hallarán en este relato, o novela corta, suficiente acción y giros argumentales como en una buena película de cine negro.
Aunque Dalmas no es todavía Marlowe, los cimientos están. Y son buenos cimientos. Personaje, duro, moral, solitario, agudo en la respuesta verbal y poco respetuso con el dinero y la autoridad, individualista y más grande que la vida, como dicen los ingleses. Pero sobre todo lo que está es el lenguaje de Chandler, el que establecería un modelo nuevo para el género y se convertiría en arquetípico. Trouble Is My Business es una delicia para todos aquellos que aman la novela negra.

En Trouble Is My Business
Penguin Books
Londres, 195015 [1939]

En España se ha editado en la colección de relatos El Simple Arte de Matar, del Servicio de Publicaciones de la Universidad de León.

Texto en inglés de Trouble Is My Business

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Farewell My Lovely, de Raymond Chandler

En The Best of Raymond Chandler
Chancellor Press
Londres, 1985 [1940]
Serie Philip Marlowe nº 2

Si El Sueño Eterno era una novela que se sustentaba por completo en su personaje principal, Philip Marlowe, y en una forma narrativa que se convirtió en el epítome de la novela negra contemporánea, en esta Adiós, Muñeca vemos crecer a Chandler como novelista y a su universo personal.
Chandler compuso esta novela en base a canibalizar unos relatos publicados con anterioridad en la revista Black Mask. Si desean hacer la comparación, adelante, pero si no, ya la he hecho yo por ustedes. En los relatos se hallan presentes buena parte de los elementos argumentales, y algunas de las características ambientales que persistirán en esta y posteriores novelas, por ejemplo el paisaje y atmósfera moral de Bay City, una pequeña ciudad que "puede ser comprada al completo, con la caja el envoltorio incluido".
Lo que se perfila en Adiós, Muñeca es lo impreciso de la línea entre el bien y el mal, entre las intenciones y las realidades, y delimita un sentido moral de la vida y las gentes, una que va más allá y que, por descontado, nada tiene que ver con lo que denominamos "Justicia".
Sobre todo, se delinea el personaje de Marlowe, un trazado que va más allá de lo físico para adentrarse en su sistema de valores. Asistimos a la actuación de un Marlowe duro, pero que tiene una piedad fundamental. Un Philip Marlowe en lucha contra el mundo para defender su integridad y su sentido del deber. Un Marlowe que tiene miedo pero que sabe sobreponerse a él. Un Marlowe que tiene sus momentos de debilidad y ternura, que le alejan del cínico en el que podría haberse convertido. Esta integridad le hace un personaje mítico, mayor que la vida, pero estas debilidades lo humanizan y lo acercan, lo hacen creíble y lo convierten en una de las mayores figuras literarias de todos los tiempos.
El argumento sigue siendo lo de menos, pero en este caso está mucho más cuidado y es coherente; sin embargo, es la atmósfera, el ambiente y los personajes lo que marcan un estilo único, imitado con frecuencia y que marcó una época y un género. Y lo hizo mediante una escritura genial.
«Valía la pena mirarlo. Llevaba un abollado sombrero borsalino, una americana deportiva gris con pelotitas de golf por botones, una camisa marrón, una corbata amarilla, pantalones a cuadros de franela gris y zapatos de cocodrilo con explosiones blancas en la puntera. Del bolsillo superior de la chaqueta caía en cascada un decorativo pañuelo del mismo amarillo chillón que su corbata. Un par de plumas de color estaban insertas en la cinta de su sombrero, pero no le hacían falta. Incluso en Central Avenue, que no es la calle más exigente en el vestir del mundo, pasaba tan desapercibido como una tarántula en un plato de nata.»
Este es el retrato parcial del Iniciativas Malloy. Uno de los personajes motores de la novela. En un encuentro posterior entre Malloy y Marlowe se produce un diálogo que puede ser arquetípico de la novela negra hardboiled:
«─Míster Montgomery tampoco sabía dónde está Velma ─dijo [Malloy]─. Intentó explicármelo... con esto ─su dura mano dio unos golpecitos a la pistola. Me giré con lentitud y lo miré─. Sí ─dijo─. Mírame bien. No me vas a olvidar, compañero. Diles a los polis que no se descuiden ─agitó el revólver─. Bueno, hasta luego, cochambres. Tengo que coger un tranvía.
»Se dirigió hacia las escaleras.
»─No pagaste las bebidas ─dije─.
»Se detuvo y me observó con atención.
»─Quizá tengas razón en eso ─replicó─, pero yo de ti no insistiría.»
Esta clase de diálogos son omnipresentes. Marcan estilo, conforman una narrativa personal, han sido imitados, parodiados, copiados, plagiados y destrozados. Pero sólo funcionan si hay unos personajes detrás que los hacen creíbles. Inmersos en un ambiente real. Raymond Chandler crea todo eso.

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El Sueño Eterno, de Raymond Chandler

(The Big Sleep)
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 1983 [1939]

Señores, sombreros fuera; entra Philip Marlowe. En contadas ocasiones un personaje se agiganta hasta empequeñecer a su creador. En este caso, lo ha hecho de tal forma que todo lo demás que escribió el grandioso Raymond Chandler ha pasado a ser mera curiosidad, unos textos en los que mirar la creación del personaje, en donde ver reflejos del prototipo de detective de la gran novela negra moderna.
Las primeras líneas de esta presentación de Marlowe: "Eran cerca de las once de la mañana, a mediados de octubre. El sol no brillaba, y en la claridad de las faldas de las colinas se apreciaba un aspecto lluvioso. Vestía mi traje azul oscuro, corbata, vistoso pañuelo fuera del bolsillo, zapatos negros y calcetines de lana del mismo color, adornados con ribetes azul oscuro. Estaba aseado, limpio, afeitado y sereno y no me importaba que se notase. Era todo lo que un detective privado debe ser. Iba a visitar cuatro millones de dólares".
Este estilo seco, duro, de frases rotundas e inapelables no era nuevo en la novela negra, pero nadie salvo Chandler lo llevó a su máxima expresión e hizo que un personaje las pronunciara con tanta convicción y realismo.
Philip Marlowe, ese «Galahad apolillado», según propia definición, detective dispuesto a hacer lo que sea por proteger a un cliente, cuya cabeza es almohadón de golpes pero que es capaz de asestar los suyos cuando es necesario, suavemente cínico, de lengua afilada, con un alto índice de indisciplina, proclive a meterse en líos con la policía pero no a cometer felonías, que en un mundo donde la moral es artículo en venta se aferra a la suya propia porque sabe que sin ella no es mejor que una sabandija de la calle. Todos hemos querido ser alguna vez Philip Marlowe; por lo menos, todos hemos admirado su integridad.
Que este personaje es inmortal lo demuestra un hecho: en la retina ha quedado impreso su retrato encarnado por Humphrey Bogart; pero el personaje resiste y sigue siendo creíble en manos de otro grande, Robert Mitchum. Incluso resiste en manos de Elliott Gould.
¿La trama? ¿Y a quién diablos le importa la trama?