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El Secreto de la Botella, de Gerald Kersh

Gerald Kersh es un autor conocido sólo por un puñado de aficionados al género terrorífico. Y sin embargo, por lo menos un par de cuentos suyos figuran en todas las historias del género que se precien. Uno de ellos es El Secreto de la Botella, también publicado a veces como La Botella de Oxoxoco.
El relato tiene un inicio enigmático. En un mercadillo mexicano, un hombre compra una botella de aspecto extraño, vidriada, antigua, sin duda, pero cuya función se desconoce. Esto sólo ya es bastante como para despertar la curiosidad del lector, pero lo mejor está por llegar. Tras varios años, y redescubierta en un trastero, esta botella se rompe y deja a la vista un extraño objeto, parecido a un cigarro puro y que resulta ser un papel enrollado.
Y aquí viene lo bueno. El papel en cuestión no es sino el último escrito de Ambrose Bierce.
El "Amargo" Bierce, que este blog ama y respeta, desapareció sin dejar rastro en 1914, en plena revolución mexicana, en lo que a veces se ha interpretado como un suicidio original (meterse en una revolución y lanzar la moneda al aire de si saldrás vivo de ella o no; al parecer fue que no, aunque nadie lo sabe con certeza). Un hecho que ha causado ríos de tinta entre los escritores y estudiosos, y otra novela de mérito: Gringo Viejo, de Carlos Fuentes.
En este papel, y después de brindarnos un introito supuestamente autobiográfico en el que Kersh demuestra que había entendido muy bien la ironía de Bierce, el propio escritor relata cómo, para evitar la llegada de Villa o Zapata, compra un burro albino y se adentra en la selva de Oxoxoco, donde se encuentra con una extraña mansión, que parece alejada del tiempo pero que alberga en su interior todas las comodidades de la vida moderna. Allí es recibido por su culto propietario, quien homra al gran escritor y le brinda hospitalidad.
Con qué propósito es esta hospitalidad, lo dejaremos para el lector que se acerque a este relato. Sólo remarcar que es un final tan grotesco (en el buen sentido, es decir, en el que le daba Poe) y tan extremo que sin duda hubiera complacido al propio Bierce.

(The Secret of the Bottle)
En Cuentos Que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1957]

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La Cosa Maldita, de Ambrose Bierce

Si en algunos de los relatos de Ambrose Bierce se veían elementos que Howard Phillips Lovecraft había podido utilizar o en los que se había inspirado para dar cuerpo a sus Mitos de Cthulhu, en La Cosa Maldita esta influencia se mostraría mucho mayor, hasta ser tomado en su totalidad el concepto que preside el relato de Bierce.
Ya hemos visto que el "amargo" Bierce, además de sus relatos sobre soldados, tenía una cierta tendencia hacia el relato gótico y de terror, aunque con el factor distintivo de enclavarlo siempre en el territorio que medor conocía, el de la frontera americana. Aquí no puede contenerse, y en las cuatro partes de que consta el cuento pone un encabezamiento que es prácticamente un chiste. De un humor negro, negrísimo, como no podía ser de otra manera. Cuando dice "No siempre se come lo que está sobre la mesa", de inmediato nos lleva a una sala lúgubre en la que un hombre lee un libro, siete más están sentados en silencio y uno encima de la mesa cubierto por una sábana. Se trata de un cadáver, por descontado, y de ahí la ironía del encabezamiento, que sigue cuando nos enteramos de que esos ocho hombres están reunidos en torno al difunto para juzgar las circunstancias de su muerte. La imagen del hombre leyendo frente a un muerto y la de los siete callados, la iluminación y toda la ambientación de la sala más parecen sugerir una ceremonia diabólica que no un juicio, y no descarto que la intención de Bierce fuera esa, teniendo el poco aprecio que tenía por la justicia y sus ejecutantes.
Lo cierto es que el juicio se desarrolla cuando se llama a declarar al periodista que vio al hombre con vida por última vez. Y que declara que acaba de enviar lo que vio a su periódico. "Como historia de ficción, por supuesto", porque como relato veraz no sería creído por nadie.
El resto del relato se lo dejo para que lo lean en los enlaces que figuaran al pie de esta reseña. Una vez lo hayan hecho, podrán comprobar que el concepto de una criatura invisible a los ojos de los hombres, de un color más allá de nuestra percepción, es uno de los temas que Lovecraft mejor aprovechó en su narrativa, y que Bierce construye sobre ese concepto un relato de terror que bien puede denominarse clásico en el sentido de que puede figurar por derecho propio en las antologías del género.

(The Damned Thing)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1893]
Trad. y prólogo de José Bianco 

Texto en castellano de La Cosa Maldita
Texto en inglés de The Damned Thing


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El Pastor Haíta, de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce escribió relatos de guerra, cuentos crueles, aforismos cínicos y corrosivos, relatos de terror y, cosa rara, también produjo algunos cuentos fantásticos de ambiente extraño y evocador que remitían a tiempos muy pretéritos, como es el caso de este Haíta el Pastor, que pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña.
Un relato que fascinó sobremanera a Howard Philips Lovecraft, que lo incluyó de forma destacada en su ensayo El Horror Sobrenatural en la Literatura, y del que aprovechó el dios que aparece en él, Hastur, para incluirlo en su propio panteón sobrenatural de los Mitos de Cthulhu.
Si lo leen, además del final sorpresivo que es marca de la casa Bierce, descubrirán que su autor era capaz de escribir ferozmente anclado en el mundo que le circundaba, pero también trasladarse a la mitología clásica para brindarnos un sentimiento ominoso y un paisaje de extrañeza, desolado, en el que habitan pastores, ermitaños y... dioses. Unos dioses que intervienen activamente en las vidas de los hombres, claro.
Pese a que no es lo más característico de su producción, los relatos de este corte que Ambrose Bierce escribió causaron un profundo impacto no sólo en un joven Lovecraft, que se sentía encantado con estas prossas reminiscentes del paganismo, sino en muchos otros escritores, hasta llegar hasta hoy en numerosas antologías y figurar como imprescindibles en cualquier historia del género.

(Haita the Shepherd)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]

Texto en castellano de El Pastor Haíta
Texto en inglés de Haita the Shepherd


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El Dedo Medio del Pie Derecho, de Ambrose Bierce

Uno de los relatos de terror más famosos de Ambrose Bierce, incluido en la mayoría de antologías del género y en todas las historias del mismo, posee las mejores características de la escritura de su autor: un fuerte enraizamiento en la realidad de su época, una amargura fundamental y un final sorprendente a pesar de que Bierce no se haya guardado ninguna carta en la manga.
El relato pueden ustedes leerlo en los enlaces que figuran al pie de esta reseña. En un pueblo del sudeste americano hay una casa conocida por estás hechizada. Con su humor habitual, Bierce nos informa que para probar que la casa está encantada sólo hay que verla y, con fina ironía, añade «que su dueño, el señor Manton, creyera conveniente una noche, diez años antes, levantarse de la cama, degollar a su mujer y a sus dos hijitos y mandarse mudar a otra región, ha contribuido sin duda a que la opinión pública considerara el lugar propicio a los fenómenos sobrenaturales».
Sin apenas respiro, el autor nos lleva a un duelo, pero de naturaleza muy peculiar; los dos contendientes, despojados de sus ropas y sin más arma que un cuchilllo de monte, serán introducidos en una casa a oscuras en plena noche por sus padrinos, los cuales se retirarán para que ambos puedan degollarse en la oscuridad con toda comodidad y sin interferencias. La casa en cuestón es la encantada del pueblo.
A partir de ahí nos encontramos con fragmentos de hechos, que apenas parecen tener conexión lógica entre ellos. Pero están conectados y de manera muy fuerte, y todo ello produce un final inesperado para todos y que, en contraste con el escepticismo del inicio del relato, entra totalmente en el terreno de lo sobrenatural.
Por su construcción, por su sorpresa, por el realismo de la época representada, pero también por las implicaciones sobrenaturales del relato, es uno de esos que merece ocupar el lugar de privilegio en la historia del cuento de terror.

(The Middle Toe of the Right Foot)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]
Traducción y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de El Dedo Medio del Pie Derecho
Texto en inglés de The Middle Toe of the Right Foot

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La Ventana Tapiada, de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce cultivó el género de terror con la sabiduría de un precursor y la energía de un innovador. En La Ventana Tapiada, que pueden ustedes leer completo en los enlaces que figuran al pie de esta entrada, esta revelación terrorífica se produce muy a última hora, en el final del cuento, pero toda la atmósfera precedente la va preparando.
Hay que destacar cómo Bierce emplea un escenario poco usual para este tipo de ficciones, como es el relato de frontera norteamericano, el paisaje agreste y salvaje, y el límite entre civilización y el paisaje no domado, que contiene sus propios peligros. Una casa presenta un aspecto de decaimiento, con la naturaleza recuperando lo que le fue quitado años atrás. Y destacando en esta casa, hay una ventana condenada. Y esa ventana tiene una historia detrás.
Es la historia de una muerte prematura de la esposa de quien habitó esa cabaña, y de cómo la preparó para el entierro pero, vencido por el sueño, se durmió mientras la velaba. Si esperan ustedes que esto sea un cuento de fantasmas, están muy equivocados. La resolución de la historia es mucho más dramática que una simple aparición. El relato tiene todos los tintes de Poe, más la puesta al día y el conocimiento del entorno que tenía Bierce y, cómo no, su permanente amargura. Porque lo que sucede en este relato no es sólo una desgracia, ni una fatal casualidad, sino una pérdida total, absoluta, un fracaso del hombre capaz de destruirlo.
No es posible explicar más sin destrozar el paso mesurado que este cuento posee, y sin minimizar su efecto. Sólo decir que muy pocos autores han podido escribir, con tal economía de medios y tal dominio de la escena, un relato como La ventana Tapiada.

(The Boarded Window)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]
Traducción y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de La Ventana Tapiada
Texto en inglés de The Boarded Window

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De Armas Llevar, de Ambrose Bierce

Antes que nada, les aclaro la divergencia entre el título seleccionado por el gran José Bianco para su traducción de este relato y el original, que ha sido seguido en versión literal por otras ediciones castellanas. El "Un Terror Sagrado" del original parece sugerir un relato de terror, y algo de eso hay. Sin embargo, y durante gran parte de la narración, este "holy terror" es empleado como calificativo, indicando una mujer guerrera, brava, y por tanto, y con buen criterio a mi parecer, Bianco elige el más próximo calificativo de "de armas llevar" y lo aplica también al título.
Relato que pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta entrada. Sin embargo, hoy no me voy a centrar en su argumento, mezcla de cuento cruel, con sorpresa esperada al final y descarnado como Bierce nos tiene acostumbrados, sino en las descripciones que figuran en este cuento.
Releído hoy, impresionan estos detalles de un pueblo minero fantasma, con esas descripciones y esas frases de una poética macabra, como «una doble hilera de cabañas abandonadas que se prenden las unas del cuello de las otras para llorar su desolación», o «botas desparejas cubiertas de verdín y llenas de hojas podridas, algún viejo sombrero de fieltro, restos de camisas de franela, latas mutiladas de sardinas, y una profusión asombrosa de botellas negras distribuidas por todas partes con una imparcialidad verdaderamente ecuménica».
Sin duda Bierce había visto algunos de estos restos de la ambición pasada por el oro, pero una cosa es verlos y otra traerlos a la página con una viveza semejante. Y en el resto del relato encontramos pasajes similares, referidos a objetos, pero también referidos a objetos que son símbolo de las personas que los poseyeron, en metáforas a menudo amargas.
No es tan recordado como otros cuentos de su autor, pero sí es uno de los más notables a nivel evocativo e imaginista. Y una delicia en su lectura.

(A Holy Terror)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]
Traducción y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de Un Terror Sagrado (De Armas Llevar)
Texto en inglés de A Holy Terror

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El Hombre y la Víbora, de Ambrose Bierce

Si en sus cuentos de soldados Bierce ejercitaba su amargo ingenio sobre y contra las crueldades de la guerra, en sus cuentos de civiles se mostró, por una parte, un sucesor de Edgar Allan Poe más que digno del maestro y, por otra, un precursor de la ficción terrorífica que vendría después.
En El Hombre y la Víbora, que ustedes pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña, Bierce retoma el tema de la espera insoportable, del terror psicológico, de los insondables recovecos que pueblan la mente humana e, irónicamente, en un rasgo muy propio del autor, de los absurdos que nuestra propia mente nos obliga a hacer.
Un hombre está invitado en casa de un estudioso de las serpientes, casa en la que ya se han producido varios incidentes con reptiles que han aparecido fuera de su serpentario, y cuando se dispone a pasar la noche, descubre dos puntos luminosos bajo la cama. Se trata de una serpiente, y Brayton se dispone a hacer lo que cualquier hombre sensato haría en su caso, salir de la habitación y dar aviso del suceso.
Sin embargo, algo le impide a hacerlo. No el poder hipnótico de esos ojos de víbora, sino su propio orgullo. Salir de la habitación sería ceder el terreno, mostrarse cobarde; no a los ojos de los demás, reflexiona, sino ante sus mismos ojos, lo cual es intolerable para él.
Entonces, Bierce se lanza a una orgía de introspección y de monólogo interior del propio Brayton. Poco a poco, la obsesión por la serpiente crece. Brayton sabe que está ante un posible peligro, pero no sólo no quiere retroceder, sino que parece avanzar muy a su pesar. Y esa obsesión se vuelve cada vez más enferma, alucinatoria, irreal, bordeando los límites de la locura.
Hasta que se produce el final, por supuesto con sorpresa irónica y amarga incluida, que que hace que el relato sea de un humor negro inédito hasta entonces.
Todo lo que se explica en este cuento se ha visto. Después. Pero, hasta entonces, sólo Poe había llevado tan lejos unos instantes de sufrimiento mental, con la diferencia de que aquí, ese sufrimiento no es una amenaza directa (la serpiente está inmóvil; Brayton siempre puede evitar el peligro saliendo de la habitación), sino creada por la propia imaginación del protagonista. Es un relato sorprendentemente precursor de lo que con posterioridad se definiría como neurosis obsesiva, y como tal, una pieza a tener muy en cuenta.

(The Man and the Snake)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1920]
Traducción y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de El Hombre y la Víbora
Texto en inglés de The Man and the Snake

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Una Escaramuza en los Puestos de Avanzada, de Ambrose Bierce

Llevamos ya algún tiempo comentando los cuentos de soldados escritos por Ambrose Bierce, el más amargo de los narradores estadounidenses, el más cáustico y, porqué no decirlo, también el más adelantado a su época en cuestión de declarar todos los horrores que suponen las guerras.
En el relato que traemos hoy, y que pueden leer en los enlaces al pie de esta reseña, eso se muestra con claridad; pero antes de entrar en este tema, una de las características más curiosas de este cuento es que su protagonista es un sureño encuadrado en las fuerzas nordistas que se alista porque desea morir, debido a que su esposa lo ha engañado. Sin embargo, queda muy claro más tarde en el relato que el seductor de la esposa de Armistead es el propio gobernador ante el que se presenta para obtener una plaza en el ejército nordista. La muerte de Armistead y sus circunstancias, rescatando al gobernador de una muerte segura, no es sino una carga más de culpa que poner en los hombros del político, aunque depositada con un precio excesivo.
Colateral a esta historia, como decíamos, está la más terrible y brutal descripción que hizo Bierce de un combate. Una descripción que no difiere mucho de las más contemporáneas que realizan los soldados de la Segunda Guerra Mundial. Y, con mucha, muchísima ironía, hace decir al gobernador: «Y en todo esto no había el menor rastro de pompa guerrera ─ni de gloria. Hasta en medio del peligro y de la desesperación, el desamparado civil no pudo menos que medir el contraste que había entre ese combate y los magníficos desfiles organizados en su honor: uniformes resplandecientes, música, bandera, y paso marcial. Esto era algo feo, repugnante, brutal, de un mal gusto acabado, que hería profundamente su sentido estético.
»─¡Uf! ─gruñó estremeciéndose─, ¡esto es abominable! ¿Dónde están los sentimientos elevados, la devoción, el heroísmo, el... »
Muchos años más tarde, otro autor respondería a esta pregunta: en esos desfiles de los que habla el gobernador y en los cuadros que cuelgan de los museos.
Y, hasta la llegada de Ambrose Bierce, en la literatura.

(An Affair of Outposts)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]
Traducción y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de Una Escaramuza en los Puestos de Avanzada
Texto en inglés de An Affair of Outposts

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Parker Adderson, Filósofo, de Ambrose Bierce

Dentro de los cuentos de soldados escritos por el "amargo" Bierce, este es uno de los más enigmáticos y a la vez más profundos de toda la serie.
El relato lo pueden ustedes leer en los enlaces que figuran al pie de esta entrada. Pero, resumiendo someramente el argumento, el cuento se abre, sin ningún preámbulo, en medio del asunto: el interrogatorio de un espía nordista que ha sido capturado por los confederados. El desenlace es sabido por ambos interlocutores, tanto el general interrogador como el espía prisionero, y es que éste acabará en la horca.
Y sin embargo, algo hay en este Parker Adderson que divierte al general. Ante cualquier pregunta, responde con cierto humor y un mucho de resignación filosófica. Hasta el punto en que la conversación entre ambos se hace filosófica. Para exasperación del general confederado, Adderson se toma su cercana muerte con tanta filosofía que acaba irritando a su interlocutor, el cual le espeta que la muerte es una cosa muy seria y que en absoluto debe ser tomada de forma tan natural.
Puede que el general se sienta burlado por este espía, puede que quiera demostrar que ya que se toma la muerte con tanta filosofía, mejor que sea pronto, el caso es que decreta que, en vez de ser ahorcado al amanecer, Adderson sea fusilado de inmediato.
En este punto, Adderson se desespera. Su sorpresa no puede ser más patente, y ruega, argumenta, que un espía debe ser ahorcado, y que la construcción del patíbulo lleva un tiempo, y por tanto debe ser al amanecer del día siguiente. Sin que sus argumentos sean escuchados, Adderson se vuelve violento, y ataca al general y al capitán que lo acompaña. El capitán resulta muerto y el general malherido. Y mientras Adderson es fusilado cuando todavía suplica por su vida, el general, agonizante, espera la muerte con una resignación y una paz inusitadas.
Las interpretaciones del cuento varían. Es evidente que se produce una inversión de pareceres entre los dos personajes, el general al que la muerte le parece un hecho dramático y el Parker Adderson que cree que es sólo un paso de un estado a otro. Tal vez Parker sea un farsante, o alguien que se tranquiliza a sí mismo. Tal vez la inmediatez de la muerte le haga pensar de otra manera. Y, a su vez, el general, ya inmerso en la muerte, puede que haya alcanzado un nuevo nivel de conocimiento.
Hay quien dice que el cuento no es sino un enfrentamiento entre dos mentes, un juego de ingenios en el que el general entra para salir victorioso, perdiendo la vida en él, no obstante. E incluso los hay muy novelescos, que dicen que Adderson consigue cambiarse de ropa con el general y expirar en cama tranquilamente mientras el general es fusilado. Una interpretación que a mí me parece inverosímil, pero ustedes juzgarán.
En cualquier caso, es uno de esos relatos en los que Bierce reflexiona sobre lo inútil de cualquier planteamiento. Uno puede ser todo lo filósofo que se quiera, pero cuando es a los hechos a lo que uno se enfrenta, entonces esos dircursos y teorías sirven de muy poco, y es el hombre, en el fondo el instinto, quien reacciona. Lo cual, y si recuerdan el supuesto final de Ambrose Bierce, yéndose a buscar la muerte a la Revolución Mexicana, es de una ironía extrema, e incluso proporciona un nuevo punto de vista al relato.

(Parker Adderson, Philosopher)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Letras de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]
Trad. y prólogo de José Bianco

Texto en inglés de Parker Adderson, Philosopher
Texto en castellano de Parker Adderson, Filósofo

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Muerto en Resaca, de Ambrose Bierce

Durante la guerra de Secesión, el mejor soldado de una brigada es el teniente Herman Brayle. Alto, de más de 1,90, no sólo es un oficial de estado mayor eficiente, sino que, a diferencia del resto de soldados y oficiales, tiene la manía suicida de quedarse expuesto al fuego, sea cual sea la circunstancia. Su altura y el ir montado a caballo todavía le hacen más reconocible y blanco más fácil. Ya ha sobrevivido a unas cuantas acciones en las que el que no haya muerto puede considerarse un milagro. Y, sin embargo, no se vanagloria de ello, no se cree más valiente que los demás, no lo hace para acumular méritos.
Este es el postulado del relato de Ambrose Bierce Muerto en Resaca, una pequeña joya del género de cuentos de guerra, y uno cuyas resonancias se perciben incluso hoy. El relato lo pueden leer en los enlaces al pie de esta entrada, pero fíjense sobre todo en este párrafo, teñido de esa ironía que caracterizaba a Bierce:
«En tales circunstancias, la vida de un oficial del estado mayor de brigada no es precisamente "una vida feliz", sobre todo a causa de la precaria duración y de las emocionantes alternativas a que se halla expuesta. De un lugar más o menos seguro ─lo que no impide que, para un civil, desde allí sólo pueda escapar a la muerte "por milagro"─ pueden ordenarle que lleve un mensaje al coronel de un regimiento que ocupa la primera fila, personaje poco visible en aquel momento y que no es fácil encontrar [...]. En un caso así, es costumbre hundir la cabeza entre los hombros y galopar a todo lo que da el caballo, porque el mensajero se ha convertido en un objeto del más vivo interés para varios millares de admirados tiradores. A la vuelta... Bueno, no suele volverse.»
Es un estilo irónico, crudo y sin embargo altamente moderno, como podría haberse escrito en el siglo XXI.
Pero el relato tiene una profundidad mayor a la mera anécdota de porqué alguien mostró una conducta tan singular durante el combate y resultó (el título no deja lugar a especulaciones durante el relato) muerto en Resaca, uno de los muchos lugares que vieron grandes combates durante la guerra civil. Y es la responsabilidad de todos aquellos que, sin tener idea de lo que es la guerra, imponen sus ideas sobre la valentía y el comportamiento heroico a aquellos que sí van a ella. Una vez se descubre cuál es el motivo del heroísmo del teniente Herman Brayle, la ironía se vuleve doloroso, pero además se vuelve criminal, en ese final absolutamente perfecto que Bierce desata en este cuento maestro.

(Killed at Resaca)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de galera
Buenos Aires, 1975 [1877]
Trad. y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de Muerto en Resaca
Texto en inglés de Killed at Resaca

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Uno de los Desaparecidos, de Ambrose Bierce

En Uno de los Desaparecidos, relato de la serie "soldados" de Cuentos de Soldados y Civiles, percibimos todas las características fundamentales de la obra de Bierce. Un profundo desencanto, rayano en la desconfianza, del ser humano; lo cual no es ni mejor ni peor. El ser humano rara vez es angélico, y muchas veces demoníaco, de manera que no puede sorprendernos que esta última característica sea la que más se prodiga en las situaciones de guerra. Un humor negro, negrísimo, que se refleja en las situaciones y en su aparente inevitabilidad, incluyendo unas coincidencias que desembocan en drama. Y, tratándose de una guerra civil, la presencia siempre dolorosa de la guerra fraticida, llevada a su literalidad. O, si quieren ustedes, la disolución de todo vínculo, aunque sea familiar.
El relato completo lo pueden leer en los enlaces que figuran al pie de la entrada. Si lo hacen y comparan con otros de la serie, verán que este tiene una característica diferencial. Se trata de su situación de partida, que sí es propia de la invención literaria, a diferencia de algunos otros relatos en los que todo lo que se cuenta es plausible.
Jerome Searing parte de su campamento; se trata de un soldado muy especial, un explorador cualificado, uno de esos que se juegan el tipo averiguando dónde se halla el enemigo sin el respaldo de la seguridad que dan los número de sus compañeros. Avanza, se adentra en las líneas teóricamente enemigas y descubre que los sudistas ya no están allí. Esto podría trazarnos un relato plácido en este punto, pero aquí es donde la ironía de Bierce empieza a funcionar. Desde la casa en ruinas en la que se ha apostado, Searing es capaz de ver una gran extensión de terreno, incluyendo la columna en retirada sudista. Pero, en las otras líneas, un oficial de artillería desocupado lanza un cañonazo contra lo que cree un puesto de mando del ejército de Sherman; y falla estrepitosamente. Su obús va a parar a la cabaña en la que está Searing, que se despierta inmovilizado por los escombros. Y con algo que le parece un círculo negro bordeado de metal frente a él. En realidad, se trata de su propio fusil, que apunta directamente a su frente, y que amenaza con descargarse en cualquier momento y matarlo.
A partir de aquí, asistimos a un análisis del terror más propio del Poe de El Pozo y el Péndulo que de un relato de guerra. Una situación de tortura insoportable que tiene un final desesperado, y ácido, en tan sólo veintidós minutos de una espera que se hace tan insufrible para Searing que deja como ironía final este corto período de tiempo para lo que hubiera sido su rescate y este largo período de inmovilización y de amenaza que ha constituido su muerte.
No podemos mirar con simpatía a Searing: «levantó el gatillo de su fusil; con los ojos fijos en los distantes confederados, se preguntaba hacia dónde podría enviar su bala con la mayor posibilidad de hacer una viuda, o un huérfano, o una madre sin hijo (quizá los tres al mismo tiempo, porque este soldado raso, aunque hubiera rechazado varias veces su ascenso, no carecía de cierto género de ambición)». Una persona así no es precisamente alguien a quien podamos calificar como portadora de grandes valores humanos, aunque sin duda sería apreciada por cualquier mando militar. Y sin embargo, el sufrimiento que Searing padecerá poco después es tal que no podemos sino sentir compasión por su suerte. Esa es una de las grandes virtudes de Bierce. Tal vez la guerra haga salir lo peor de los seres humanos, o tal vez la guerra los haga así. Pero son parte de nosotros. Esta ironía amarga que Bierce vierte en todos sus relatos es la que le lleva a componer relatos tan maestros como Uno de los Desaparecidos.

(One of the Missing)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires,  1975 [1888]

Texto en castellano de Uno de los Desaparecidos
Texto en inglés de One of the Missing

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El Puente Sobre el Río del Búho, de Ambrose Bierce

El relato más famoso de Ambrose Bierce, y uno que sigue siendo sorprendente hoy. Se anticipó a muchos otros similares que se escribieron después, y tanto su ambientación realista pero su desarrollo psicológico de ensoñación lo sitúan tanto en la narrativa más naturalista como en el umbral de la fantástica, y ha sido considerado con justicia como un cuento de terror psicológico. Sin embargo, es el lector el que escoge el camino de interpretación.
Para aquellos que no hayan leído todavía el relato, no voy a destripárselo. Está tan bien escrito que es una unidad cuyo argumento no puede disociarse en partes. De manera que, antes de seguir adelante, lean el cuento en los enlaces que figuran al pie de esta reseña y después, si quieren, vean lo que este comentarista tiene que decir. No digan que no les avisé.
El inicio y desarrollo parece en la línea de uno de los "cuentos de soldados" que Bierce escribía con vividez y sentido crítico respecto a la guerra. Bierce no nos ahorra descripciones del pelotón de ejecución que va a ahorcar a un espía en el puente sobre el río del Búho. Incluso nos describe quién es el hombre que va a ser ajusticiado, justificando que vista ropas civiles, y el porqué. Lo hace mediante un monólogo interior del condenado, en el que, de repente, descubrimos su ansia de vivir. Y entonces hay un momento en que Bierce tiene una inspiración genial, y cuando el reo inicia la caída, suspende el tiempo narrativo. Apenas nos damos cuenta, pero si repasan el texto verán que es así.
Se inicia la historia de la huida de Peyton Farquhar. Por una especie de milagro, la cuerda se ha roto, y ha caído en el río. Y se culmina con éxito. Hasta que el lector descubre, en el final del relato, que toda esa huida ha sido una ensoñación, y que Farquhar ha sido realmente ahorcado.
Insisto en que esa suspensión del tiempo es particularmente vívida y genial. Esa condensación de acontecimientos que se desarrollan en la mente y se concentran en unas décimas de segundo en la vida real es uno de los mejores ingenios narrativos que jamás se hayan escrito, y lo que confiere al relato su fuerza. Si, además, viene escrito por la pluma de Ambrose Bierce, entonces se hace obra maestra.

(An Occurrence at Owl Creek Bridge) 
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión
Buenos Aires, 1975 [1891]
Trad. de José Bianco

Texto en castellano de El Incidente del Puente del Búho
Texto en inglés de An Occurrence at Owl Creek Bridge en Project Gutenberg

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Chickamauga, de Ambrose Bierce

Como figura en una nota aclaratoria al título, Chickamauga, para los indios chickasaws, significa "el río de la muerte". También fue una de las más sangrientas batallas de la Guerra Civil Americana.
Como ya sucediera en Un Jinete por el Cielo, Chickamauga es uno de esos relatos de Bierce que muestran en toda su crudeza la guerra. El relato pueden leerlo en los enlaces que figuran al pie de esta reseña, de modo que déjenme sólo hacerles unas pocas observaciones.
En primer lugar, que el protagonista sea un niño es importante; un niño además deslumbrado por todo el oropel que ha rodeado lo militar desde siempre. Importante porque permite a Bierce mostrar a través de sus ojos unas escenas incomprensibles (rematadas por un dato que aparece al final del relato) para cualquiera que no haya vivido, de lejos o de cerca, la experiencia militar.
Otro punto es la extrema crudeza que Bierce imprime al relato. Sin duda vivió hechos semejantes en su vida como soldado, pero les aseguro que no era precisamente la moda del momento relatarlos de tal manera y de forma tan descarnada, con tanta evidencia.
Y otro más es que, fíjense, los soldados en retirada, ese ejército que retrocede a rastras, en una de las imágenes más vívidas que se puedan extraer de un relato de guerra, no tiene nacionalidad ni bandera; en el caso de un conflicto civil, Bierce se abstuvo de poner etiqueta a quienes sufrían los horrores de la guerra, porque todos los sufrieron por igual. Incluyendo el niño protagonista, en un final tan desolador como acostumbra, pero conmovedor.

(Chickamauga)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de galera
Buenos Aires, 1975 [1891]
Traducción y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de Chickamauga
Texto en inglés de Chickamauga

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An Inhabitant of Carcosa, de Ambrose Bierce

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1887]

Incluido en Cuentos de Soldados y Civiles

Dentro de la producción intensa y variada del "amargo" Bierce, el fantástico ocupa una posición importante, no por su número pero sí por su proyección al futuro, al mismo tiempo que representaba un enlace con el pasado.
Así, este Un Habitante de Carcosa, especie de Rip Van Winkle metafísico y mítico, posee una condensación de tradición, como la del relato de Irving en lo temático y la de Poe en su ambiente exótico y poético en el tono, una combinación que Poe frecuentó una y otra vez desde su composición de El Cuervo. Además, esa proyección fue muy fuerte, y si este relato no fue determinante para la ficción fantástica futura, sí se convirtió en influyente.
Es seguro que fue leído con mucha atención por numerosos autores, pero el que más lo frecuentó fue Howard Phillips Lovecraft. La sensación de atemporalidad y de extrañamiento que pervade todo el relato de Bierce (y que lo separa definitivamente del Van Winkle de Irving) debió de resultar una enorme atracción para un Lovecraft que buscaba alejar lo ominoso de lo cotidiano. Su recurso al territorio desconocido y sin embargo mítico como es esa ciudad de Carcosa, que tanto puede ser terrestre como estar situada, para el caso, a eones de distancia en el espacio y el tiempo, por emplear una frase lovecraftiana, y su evocación de Hali representaron un estímulo para la conformación de esos espacios détachés como las tierras del sueño o los espacios cthulhulianos que son motivo recurrente para el genio de Providence. La frase "Tales son los hechos impartidos al médium Bayrolles por el espíritu Hoseib Alar Robardin" puede ser vista como antecedente directo del Abdul Alhazred de los Mitos.
Tremendamente atmosférico, con poder de evocación de un lugar paradójicamente extraño, este pequeño relato, aparte influencias, sigue teniendo hoy día un sabor entre poético y metafísico que lo hace intemporal para los lectores e imprescindible en cualquier historia del género.

El texto en inglés de An Inhabitant of Carcosa puede hallarse en este enlace de Proyecto Gutenberg
Portada y sinopsis de la edición castellana de Cuentos de Soldados y Civiles

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Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce

(The Devil's Dictionary)
Ediciones del Dragón/col. Biblioteca del Dragón
Madrid, 1986 [1911]
Trad de Rodolfo Walsh

Vamos a ponernos cínicos [ Cínico: Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser. Los escitas acostumbraban a arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión].
Ambrose Bierce, llamado "Bitter" (Amargo) Bierce, personaje que inspiró al Gringo Viejo, excombatiente de la Guerra de Secesión, gran cultivador del relato fantástico y de la narrativa en general, de la fábula postesópica, gran pilar, junto a Mark Twain, del primer periodismo norteamericano, maestro del humor negro, tuvo la ocurrencia de compilar definiciones demoledoras, crueles, cínicas, reales, cargando contra todo lo que se moviera o no. Reflexivo, pesimista (¿realista?), que cien años después el 99% de estas definiciones se mantengan vigentes es la mayor demostración de lo poco que hemos cambiado. O la mayor vergüenza de la humanidad.
Unas degustaciones:
Genealogía: Estudio de nuestra filiación hasta llegar a un antepasado que no tuvo interés en averiguar la suya.
Aborígenes: Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Absoluto: Independiente, irresponsable. Una monarquía absoluta es aquella en que el soberano hace lo que le place, siempre que él plazca a los asesinos. No quedan muchas: la mayoría han sido reemplazadas por monarquías limitadas, donde el poder del soberano para hacer el mal (y el bien) está muy restringido; o por repúblicas, donde gobierna el azar.
Ignorante: Persona desprovista de ciertos conocimientos que usted posee, y sabedora de otras cosas que usted ignora.
Justicia: Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.
Alá: El Supremo Ser Mahometano, por oposición al Supremo Ser Cristiano, Judío, etc.
Aire: Sustancia nutritiva con la que la generosa Providencia engorda a los pobres.
Amistad: Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.
Responsabilidad: Carga desmontable que se traspasa fácilmente a las espaldas de Dios, el Destino, la Fortuna, la Suerte, o el vecino. Los aficionados a la astrología suelen descargarla en una estrella.
Favor: Breve prólogo a diez volúmenes de exacción.
Africano: Negro que vota por nuestro partido.
Litigante: Persona que está por entregar la piel con la esperanza de conservar los huesos.
Aplauso: El eco de una tontería. Monedas con que el populacho recompensa a quienes lo hacen reír y lo devoran.
Erudición: Polvillo que cae de un libro a un cráneo vacío.
Después de esta breve muestra de cómo no dejar títere con cabeza, si desean saber más, lean el resto del Diccionario del Diablo. Y para terminar, conózcanse a sí mismos:
Hombre: Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que cree ser que olvida lo que indudablemente debería ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie que, a pesar de eso se multiplica con tanta rapidez que ha infestado todo el mundo habitable, además del Canadá.
¿Escrito en 1911, o en 2008?

[Lean el texto completo del Diccionario del Diablo en inglés, gracias al Proyecto Gutenberg, en este enlace]