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El Bonobo y los Diez Mandamientos, de Frans de Waal

Frans de Waal es uno de los mejores primatólogos del mundo. Además, es un divulgador excelente, capaz de transmitir conocimiento con claridad, amenidad y rigor. Como ya sucedía con El Mono que Llevamos Dentro, de Waal nos dice que es imposible conocer cuál era el comportamiento del hombre (el primate más caótico de todos) en los albores de su existencia como tal, pero sí es posible contemplar a nuestros parientes más cercanos y suponer que ciertos comportamientos que muestran no están muy alejados de los que debimos manifestar cuando empezamos a crearnos nuestro propio atajo evolutivo mediante la tecnología.
Así, de lo que trata este libro, como anuncia su subtítulo, En Busca de la Ética Entre los Primates, es de si la moral proviene de una estructura artificial (la religión) o si es natural y no necesariamente ligada a la fe y a las normas que, supuestamente dictadas por un dios, algunos pretenden que son el paso distintivo entre la humanidad y el resto de primates. (Por cierto, sobre el título y su traducción hablaré más tarde.)
De Waal no es un ateo militante de los que últimamente han surgido y que parecen dedicados a la causa de erradicar las creencias de los demás. Pero no cree que el constructo moral sea algo dado, más bien opina que la religión se limita a poner en letra algunos principio básicos que los primates (nosotros incluidos) ejercemos de por sí.
«Puede que sea cosa mía, pero me inquietan las personas cuyo sistema de creencias es lo único que se interpone entre ellas y un comportamiento repulsivo [...] ¿Alguien cree realmente que nuestros ancestros carecían de normas sociales antes de que hubiera religiones? ¿Es que nunca asistían a los necesitados, ni se quejaban de un trato injusto? Los seres humanos deben haberse preocupado por el funcionamiento de sus comunidades mucho antes de que surgieran las religiones actuales, que sólo tienen un par de milenios de antigüedad. Esta escala temporal no impresiona a los biólogos.»
No es que esté en contra de la religión. Los primates y otros simios muestran sentimientos: solidaridad, empatía, compasión, sentimiento de pérdida por la muerte de un semejante, y así nos lo mostrará en ejemplos que se repiten constantemente en las comunidades de primates, pero de Waal valora el papel de la religión en tanto aporta un soporte moral, que tiene mucho de justificación, premio y castigo, con el cual nos nos exhorta a ejercer esas emociones empáticas.
De Waal corre riesgos enormes. Ser atacado por los ateos, por ser demasiado tibio y tolerante, y ser atacado por los fundamentalistas religiosos, que casi siempre dicen que el ser humano es intrínsecamente malvado y así lo sería si no fuera porque hay un dios que vigila y que nos da normas de conducta, etc. Ante todo esto sólo cabe oponer el discurso de la razón y la prueba. Como cuando, en el capítulo "Diez Mandamientos Son Demasiados", nos hace notar que «la mayoría de mandamientos no tienen nada que ver con la moralidad, sino con el respeto. En los primeros cinco mandamientos, Dios insiste en la lealtad exclusiva [...] y en el respeto a los mayores. Sólo después pasa a los mandamientos tipo "no harás tal cosa" que todos conocemos». Y que son lo bastante universales como para no necesitar ser dictados por nadie. «Las leyes morales son meras aproximaciones, quizá metáforas, de cómo deberíamos comportarnos». «No fue Dios quien nos introdujo en la moralidad, sino que más bien fue al revés. Dios se introdujo para ayudarnos a vivir tal como nos parecería que deberíamos, confirmando el dicho de Voltaire sobre la necesidad de inventarlo. Aquí viene también a colación la cuestión que Sócrates le planteó a Eutifrón: si una acción es moral porque le gusta a los dioses, o le gusta a los dioses porque es moral. El propósito de Dios no es otro que lo segundo. Le hemos dotado de la capacidad de mantenernos en la misma vereda recta y estrecha por la que hemos venido caminando desde que vivíamos en pequeñas bandas».
Unas bandas como las de los primates, a los que recurre una y otra vez, no sólo para mostrarnos que nuestra definición de inteligencia debe revisarse, sino para señalar lo parecidos que somos, fisiológicamente, pero también en sentimientos y actitudes con respecto al prójimo.
En cuanto al título del libro, verán que en el original se llama "El bonobo y el ateo. En busca del humanismo entre los primates". Cómo el "ateo" se ha transformado en "los diez mandamientos" y "humanismo" en "ética" es algo que merecería explicación. Más que nada porque son cambios, declaraciones, que incluso parecen tener un sentido político. Jorge Wagensberg, director de la colección, y por tanto supuesto responsable, y que no es conocido precisamente por guardar silencio, hubiera debido dar razones a este cambio en el propio libro. A falta de ello, espero que algún día esas explicaciones sean dadas y que los lectores en castellano de uno de los mejores libros científicos que existen puedan saber a qué atenerse.

(The Bonobo and the Atheist. In Search of Humanism Among the Primates)
Tusquets Eds., col. Metatemas
Barcelona, 2014 [2013]
Trad. de Ambrosio García Leal

Portada y sinopsis
Vídeo de la conferencia de Frans de Waal Do Animals Have Morals?


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Heidegger i un Hipopòtam Travessen les Portes del Cel, de Daniel Klein y Thomas Cathcart

(Heidegger and a Hippo Walk Through Those Pearly Gates)
Eds. La Campana
Barcelona, 2010 [2001]

«El sacerdote advertía a sus feligreses sobre la imprevisibilidad de la muerte.
»─Antes de que finalice el día ─dijo con voz de trueno─ alguien de la parroquia puede morir.
»Sentada en el banco delantero había una señora irlandesa pequeñita que rió en voz alta. Irritado, el sacerdote dijo:
»─¿Qué es lo que provoca tanta risa?
»─No ─dijo la señora irlandesa─, es que yo no soy de esta parroquia.»

Como ya sucediera con la filosofía en Platón y un Ornitorrinco Entran en un Bar..., Cathcart y Klein se ocupan en este Heidegger y un Hipopótamo Van al Cielo de la "Filosofía y chistes sobre la vida, la muerte, la otra vida y todo lo que hay por medio". Tema filosófico por excelencia, ya que se trata de hallar sentido a la vida y, haya otra vida después de esta o no, en ambos casos ha que encontrar sentido a un tránsito por un valle de lágrimas o un aprecio por esta ocasión irrepetible de transitar por esta única vida que tenemos. Porque el tema de la otra vida es tan peliagudo como el de esta vida:
«Al y Betty tenían ochenta y tres años y hacía sesenta que estaban casados. Aunque no eran ni mucho menos ricos, habían ido tirando vigilando los gastos.  Ambos tenían muy buena salud, sobre todo gracias a la insistencia de Betty de hacer una dieta sana.
»Cuando se dirigían al 65º encuentro de antiguos compañeros de instituto, el avión se estrelló y los envió al cielo. San Pedro los recibió a las puertas y los acompañó a una maravillosa mansión dorada y con sederías que tenía una cocina provista de todo y una cascada de agua en el baño principal. Vieron como una criada colgaba en el armario sus ropas preferidas, y quedaron boquiabiertos cuando san Pedro les dijo:
»─Bienvenidos sl cielo. A partir de ahora, esta es su casa. Es el premio que les corresponde.
»Al miró por la ventana y fuera vió un campo de golf profesional mucho más hermoso que cualquier otro que hubiese visto. San Pedro les llevó hasta la sede del club, donde vieron el opíparo bufete abierto que se ofrecía, que incluía desde landosta Termidor hasta filete mignon y postres cremosos. Al dirigió una mirada aprensiva a Betty, y de inmediato se giró hacia su anfitrión:
»─¿Dónde están los platos bajos en grasa y colesterol? ─inquirió.
»─Agárrese ─le contestó san Pedro─. Puede comer tanto como quiera de todo lo que quiera, que ni engordará ni enfermará. ¡Estamos en el cielo!
»─¿No tendré que volver a vigilarme el azúcar ni la tensión? ─insistió Al.
»─Nunca más ─dijo san Pedro─. Aquí se viene a pasarlo bien.
»Al miró a Betty y rezongó:
»─¡Tú y tu harina de salvado! ¡Haría diez años que estaríamos aquí!»

Por este libro pasaremos, en una especie de diálogo socrático, por las opiniones de los filósofos, desde Platón a Wittgenstein, pasando por lo que dicen (y no dicen) las religiones. Sobre conceptos como "el presente eterno", el "ser para sí" y otros. Sobre temas como la inmortalidad física (que parece que se acerca), la inmortalidad a través del recuerdo (como decía Woody Allen: «No quiero vivir en el corazón de mis compatriotas; quiero vivir en mi apartamento.»), o el suicidio (Vomo Camus dijo, y esto no es un chiste: «Sólo hay un problema filosófico importante: el del suicidio. Juzgar ai la vida es digna o no de ser vivida es responder a la cuestión fundamental de la filosofía.»); san Agustín, santo Tomás de Aquino, David Hume e Immanuel Kant tuvieron cosas interesantes que decir al respecto, y aquí se explican con amenidad y buen humor. También Bill Maher dijo algo sobre el tema, y no es tan baladí como parece: «El suicidio es la manera que tenemos de decirle a Dios: "Tú no me despides. Soy yo el que dimite".»
Como en sus anteriores libros, el verdadero valor de este no está en su colección de chistes sino en el rigor de la argumentación y lo completo de la explicación. La amenidad es un valor añadido. «Tanto si somos filósofos profesionales o individuos normales y corrientes, nos fiamos sobre todo de los sentimientos para comprender todas estas cosas. [William] James dijo que cada uno tiene su manera de "percibir y sentir todo el empuje y toda la energía del cosmos".»
La filosofía, que ya no se enseña nie en los institutos, no parece estar de moda. De ahí que la gente busque respuestas, y de ahí que libros que se tildan de "autoayuda" copen ese nicho de las preguntas del público. Bueno es que hayan libros que recuerden que la filosofía ya lleva tiempo dando respuestas, tan válidas o inválidas como las de los gurús, pero algo más meditadas y menos demagógicas. Si la amenidad sirve para poner de moda la filosofía, bienvenida sea.
¿Y qué hacen Heidegger y un hipopótamo ante las puertas del cielo?
«Cuando llegan allí, san Pedro les dice:
»─CVhicos, hoy sólo nos queda sitio para uno más, de modo que entrará aquel de los dos que me dé la mejor respuesta a la pregunta de cuál es el sentido de la vida.
»Heidegger dice:
»─Pensar el Ser en sí explícitamente exige el menosprecio del Ser hasta el punto en que se fundamente y se interprete en términos de seres y para seres como a su fundamento, como en toda metafísica.
»Antes de que el hipopótamo emita un solo sonido, san Pedro le dice:
»─¡Hipopótamo, hoy es tu día de suerte!»

Portada i sinopsi de l'edició catalana


Web oficial sobre las obras de Klein y Cathcart (en inglés)

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El Vértigo de las Listas, de Umberto Eco

(Vertigine della Lista)
Lumen/Random House Mondadori
Barcelona, 2009 [2009]

[Por la especial temática del libro, los enlaces de las pinturas que se proponen como ejemplo en esta reseña remiten, cuando ha sido posible, a reproducciones de las mismas. Sólo hay que clicar en el enlace para tenerlas a la vista.]

Como sucedía con la Historia de la Fealdad y la Historia de la Belleza, esta es en realidad una obra colectiva dirigida por Umberto Eco, aunque en este caso, y tal vez por cercanía o afinidad, la mano de Eco es, si cabe, mucho más visible que en las citadas.
Sobre el título y contenido del libro es precisa una explicación, puesto que exteriormente el tema puede parecer poco claro; dice Eco: «Homero pudo construir (imaginar) una forma cerrada [el escudo de Aquiles] porque tenía una idea clara de cómo era una civilización agrícola y guerrera de su época. El mundo del que hablaba no le era extraño, conocía sus leyes, sus causas y efectos, y por eso supo representarlo. Existe, no obstante, otro modo de representación artística, esto es, cuando no se conocen los límites de lo que se quiere representar, cuando no se sabe cuántas son las cosas de las que se habla y se presupone un número, si no infinito, astronómicamente grande; o incluso cuando no se logra dar una definición de la esencia de una cosa y, por tanto, para hablar de ella, para hacerla comprensible, en cierto modo perceptible, se enumeran sus propiedades y, como veremos, desde los griegos hasta nuestros días, se considera que las propiedades accidentales de una cosa son infinitas. [...] El infinito de la estética es un sentimiento que se deduce de la finita y completa perfección de la cosa que se admira, mientras que la otra forma de representación de la que hablamos sugiere casi físicamente el infinito, porque de hecho este no termina, no acaba en forma. A esta modalidad la llamaremos lista, elenco o catálogo
Desde aquí, y partiendo de la lista más antigua que se recuerda, el catálogo de las naves homérico, este libro compone una antología (una lista en sí, forzosamente incompleta) de textos relacionales (y son numerosísimos) y de imágenes que son o sugieren listas, y que en muchas ocasiones son aquellos cuadros que parecen no acabar allá donde empieza su marco (por ejemplo, La Batalla de Issos, de Albrecht Altdorfer).
Esto ya es atractivo para el lector (y para mí, al menos; al fin y al cabo, los blogs y este en concreto no son más que una lista; de hecho, este blog está compuesto de, al menos, ocho listas), pero las listas, iconográficas o literarias, pueden tener más matices y propiedades que las del elenco. De hecho, la definición de la lista ya es distintiva en sí, pero también es un inicio de catalogación lógico y de afinidad.
Tenemos en consecuencia la lista visual: El Martirio de los Diez Mil Cristianos, de Durero, o el Bolero de Ravel, como variante musical de la misma. Lo indecible, aquello inmensamente grande o desconocido, que el autor no es capaz de decir y propone una lista como ejemplo: Eneas y la Sibila en el Hades, de Brueghel el Viejo, o un fragmento del Paraíso de Dante: «Si de Daniel estudias el dictado, verás que en sus millares se proclama un número que no es determinado.» Las sencillas Listas de Cosas, como los componentes de la pócima de las tres brujas de Macbeth, de Shakespeare. Las de Lugares. Las diferencias entre listas referenciales, es decir, prácticas, y las poéticas, como pueden serlo las letanías de los santos o de la Virgen María, que no tienen función catalogadora, sino más bien sugerente. Los casos en los que la lista y la forma se intercambian, como en las obras de Arcimboldo. La enumeración como retórica, hechas por el puro placer de la iteración y la rítmica (la Balada de las Damas de Antaño, de François Villon). Las listas de mirabilia, de maravillas o monstruosidades, que pueden componerse de elementos muy dispares a los que sólo relacionan el sentimiento provocado en el espectador o lector contemporáneo. Las colecciones (El Archiduque Leopoldo Guillermo en su Galería de Pinturas, de David teniers el Joven). La "Wunderkammer". Las listas definidas por propiedades o por esencia, como por ejemplo "La Belleza de la Esposa" del Cantar de los cantares. El catalejo aristotélico, o Tesauro. Las listas excesivas, como las de Rabelais o el Fairy Feller's Master Stroke, de Richard Dadd. El exceso coherente, como el escritorio de Slothorp en Arcoiris de Gravedad de Thomas Pynchon, o La Paleta de Bonnard, de André Rogi llamado Rosa Klein. La enumeración caótica, como el Emporio Celestial de Conocimientos Benévolos de Borges o El Barco Ebrio de Rimbaud. Las de los medios de masas. Las listas de vértigo, como La Biblioteca de Babel. Finalizando con las listas no normales, las que se contienen a sí mismas, y eso nos lleva al principio de indecibilidad y al Gödel Escher Bach de Douglas Hoftstadter.
Por descontado, los ejemplos literarios y pictóricos son mucho más numerosos de los que, con carácter meramente ilustrativo, he incluido aquí, y el resultado es un paseo fascinante, tanto visual como literario, pero también una lección magistral de semiótica, taxonomía y filosofía que al lector le parecerá que no está recibiendo, porque el paseo es tan divertido como para disociar el binomio filosofía/aburrimiento al que estamos acostumbrados. Eso sí, es un paseo que hay que realizar lentamente, con una lectura pausada, porque de lo contrario esta lista de listas, visuales y escritas, provoca en efecto vértigo.

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El Cisne Negro. El Impacto de lo Altamente Improbable, de Nassim Nicholas Taleb

(The Black Swan)
Eds. Paidós Ibérica, col. Transiciones
Barcelona, 2008 [2007]

Un cisne negro es un suceso improbable cuyas consecuencias son explicables, y al que por lo general se le adjudican explicaciones a posteriori, explicaciones que no tienen en cuenta el azar y que sólo buscan encajarlo en un modelo que se considera perfecto, o bien despreciarlo (siempre a posteriori) como una anomalía que sólo sucede una vez y que en nada modifica los modelos predictivos. Ejemplos son el 11-S, el éxito de You Tube o de Google y tantos otros fenómenos más, de mayor o menor magnitud.
Para darles una idea de qué va realmente este libro debería transcribir íntegramente su prólogo, pero el espacio manda, de modo que haré lo que pueda.
«[El Cisne Negro] es rareza, impacto extremo y predictibilidad retrospectiva (aunque no prospectiva) [...] la aplicación de la ciencia de la incertidumbre a los problemas del mundo real ha tenido unos efectos ridículos. Yo he tenido el privilegio de verlo en las finanzas y la economía. Preguntémosle a nuestro corredor de Bolsa cómo define “riesgo”, y lo más probable es que nos proporcione una medida que excluya la posibilidad del Cisne Negro y, por tanto, una definición que no tiene mejor valor predictible que la astrología. [...] Es fácil darse cuenta de que la vida es el efecto acumulativo de un puñado de impactos importantes. [...] Pensemos en nuestra propia existencia [...] ¿Cuántos [sucesos] se produjeron siguiendo un programa? [...] La incapacidad de predecir las rarezas implica la incapacidad de predecir el curso de la historia, dada la incidencia de estos sucesos en la dinámica de los acontecimientos. [...] Dado que los Cisnes Negros son impredecibles, tenemos que amoldarnos a su existencia (más que tratar ingenuamente de preverlos). Hay muchas cosas que podemos hacer si nos centramos en el anticonocimiento, o en lo que no sabemos. Entre otros muchos beneficios, uno puede dedicarse a buscar Cisnes Negros (del tipo positivo) con el método de la serendipidad, llevando al máximo nuestra exposición a ellos. [...] Si los mercados libres funcionan es porque dejan que la gente tenga suerte, gracias al agresivo método del ensayo y el error, y no dan a las personas recompensas ni “incentivos” por su destreza. [...] Tendemos a aprender lo preciso, no lo general [...] Desdeñamos lo abstracto; lo despreciamos con pasión. [...] Glorificamos a quienes dejaron su nombre en los libros de historia a expensas de aquellos contribuyentes de quienes la historia nada dice. [...] Debemos estudiar principalmente los sucesos raros y extremos para poder entender los habituales. ¿Podemos adivinar el peligro de un criminal con sólo observar lo que hace en un día corriente? ¿Podemos entender la salud sin considerar las tremendas enfermedades y epidemias? [...] Casi todo lo que se estudia sobre la vida social se centra en lo “normal”, especialmente en los métodos de inferencia de la campana de Gauss, la “curva de campana”, que no nos dicen casi nada. ¿Por qué? Porque la curva de campana ignora las grandes desviaciones, no las puede manejar, y sin embargo nos hace confiar en que hemos domesticado la incertidumbre. [...] Quien haya recibido demasiadas clases de filosofía en la universidad (o quizá no las suficientes) podría objetar que la visión de un Cisne Negro no invalida la teoría de que todos los cisnes son blancos, ya que esa ave negra no es técnicamente un cisne, pues el hecho de ser de color blanco sería la propiedad esencial del cisne. Es verdad que quienes leen a Wittgenstein en exceso pueden tener la impresión de que los problemas del lenguaje son importantes. No hay duda de que pueden ser de importancia para hacerse con un sitio en los departamentos de filosofía, pero son algo que los que tomamos decisiones en el mundo real, dejamos para el fin de semana. [...] El complejo asunto de este libro no es simplemente la curva de campana, ni el estadístico que se engaña a sí mismo, ni tampoco el erudito platonificado que necesita las teorías para autoengañarse. Es el impulso a “centrarse” en lo que tiene sentido para nosotros. Vivir en nuestro planeta, hoy día, requiere muchísima más imaginación de la que nos permite nuestra propia constitución. Carecemos de imaginación y la reprimimos en los demás. [...] Esto implica la necesidad de usar el suceso extremo como punto de partida, y no tratarlo como una excepción que haya que ocultar bajo la alfombra. También proclamo con la mayor osadía (y mayor fastidio) que, a pesar de nuestro progreso y crecimiento, el futuro será progresivamente menos predecible, mientras parece que tanto la naturaleza humana como la “ciencia” social conspiran para ocultarnos tal idea.»
Todo esto es, en extracto, sólo la exposición de la idea central de este libro. Quedan por delante 450 páginas en las que Taleb desarrollará su teoría y expondrá sus pruebas y razonamientos. Pero una advertencia: Taleb no es ningún iluminado, ni un chapucero que maneja una y otra vez un par de conceptos. En una exposición clara y rigurosa, Taleb irá desde el planteamiento a la conclusión de su teoría economizándolo todo; si un ejemplo vale para un concepto, no habrá dos. Si se ha expuesto un tema, pasará a otro. Si opina que un capítulo es demasiado matemático, sugerirá que retengan el concepto pero que los no matemáticos se salten la demostración. Taleb tiene ansias de que le entendamos y de que lleguemos al final con él, no que abandonemos a mitad del camino.
Si considero notable este libro, no es porque sospechara ya que la economía predictiva era una filfa y la tesis expuesta en él lo confirme (he visto demasiadas veces subir la Bolsa ante desastres que hacían prever una caída, y viceversa, para desconcierto de los “expertos”). Tampoco porque haya sido un aficionado coleccionista de libros sobre prospectiva (que conservo, por otra parte; es muy curioso hojearlos, cuarenta años después y comparar el futuro que nos preveían con la realidad de hoy). No. Este libro es notable porque analiza la economía, las finanzas, la historia (las explicaciones históricas son tantas como tendencias historiográficas hay, por lo que, sí, la historia también es una filfa), las ciencias sociales, etc. desde un nuevo punto de vista. Si no modifica nuestra visión de la vida, sí la enfoca de una manera diferente. ¿Y cómo se llama eso? Filosofía.
Cuando ya nadie se dedicaba a ese negocio, cuando los así llamados filósofos ya no son sino terapeutas que escriben libros de autoayuda, cuando la filosofía parecía muerta, surge alguien que se atreve a filosofar de manera nueva. El fenómeno, se esté o no de acuerdo (y por mi propio bien, lo estoy) merece atención, y detallada.
Taleb declara: «Quería ser filósofo (y estoy aún en ello)», pero aquí peca de modestia. Ya es un filósofo, e innovador. Este libro contiene argumentos expresados con frescura, coherencia e inteligencia, y se constituye en una de las obras que espero que marquen época en el siglo XXI.

Portada, sinopsis, links a entrevistas con el autor

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Cine: 100 Años de Filosofía, de Julio Cabrera

Ed. Gedisa
Barcelona, 19994 [1999]

Este libro, subtitulado Una Introducción a la Filosofía a Través del Análisis de Películas, hace una proposición, si no original, sí muy coherente, como es la de descubrir la filosofía que reside, de forma más o menos evidente, en los filmes. ¿Sólo en algunos? No. «Aun cuando un film presente monstruos o situaciones absolutamente imposibles, seres descuartizados que se recomponen, personas que vuelan, o inverosimilitudes menores el Cine presenta, a través de todo eso, problemas relacionados con el hombre, el mundo, los valores, etc. Esto es absolutamente inevitable. Aun King Kong o la saga de La Guerra de las Galaxias afirman alguna cosa ─verdadera o falsa─ acerca de la humanidad o acerca del mundo en general.» Y remacha: «De manera que el hecho de que un cierto texto (literario o fílmico) sea ficticio, imaginario o fantástico, no obstruye en absoluto el camino hacia la verdad. Al contrario, a través de un experimento que nos aleja extraordinariamente de lo real cotidiano y familiar, el film puede hacernos ver algo que habitualmente no veríamos. Tal vez nos haga falta ver un buen film de horror para concientizarnos de algunos de los horrores de este mundo.»
Y tiene una refrescante falta de manías: «Podemos tener buenas experiencias filosóficas, por otro lado, viendo la serie Cementerio Maldito, o películas de luchas japonesas o pronográficas de clase B, por más que esto pueda escandalizar al profesor universitario o al crítico de cine "especializado".»
Tampoco muestra una posición excluyente referida a la interpretación: «Existen muchas otras lecturas posibles de un film. Las más comunes son las lecturas sociológica, psicoanalítica y semiológica.»
Son algunas (no todas) de las argumentaciones que emplea el profesor Cabrera para justificar esta lectura filosófica y explicar sus propósitos. Este es un libro denso, no en el sentido de pesado, sino en el número de conceptos, e intentar resumirlo sería tarea imposible. Pero sí tengo que decir que simpatizo con sus razones, y este blog es buena prueba de ello, en tanto presto poca atención a las etiquetas de géneros y que intento hallar valores redimentes o significativos en las obras comentadas, incluso si estas no son brillantes desde el punto de vista formal.
hecha su declaración de principios (que, insisto, es mucho más extensa y programática de lo que puedo expresar aquí), Cabrera pasa a realizar, no unas lecciones o tesis, sino lo que él denomina ejercicios, que en realidad constituyen un auténtico paso por la historia de la filosofía. Hay que aclarar que este libro no es una búsqueda de películas que traten temas filosóficos, sino una exposición filosófica basada en ejemplos fílmicos, distinción que puede parecer sutil pero que es fundamental. La impresión resultante es que los conceptos filosóficos son universales, que han sido empleados de forma recurrente en las obras de ficción, en este caso cinematográficos. Para ver lo que nos encontraremos en el libro, es interesante reproducir estos ejercicios, junto con las películas a las que se refiere:
1) Platón se va a la guerra. La teoría de las ideas. (El Cazador, de Michael Cimino; El regreso, de Hal Ashby). Las películas bélicas, ¿consiguen captar la Idea Universal de la Guerra?
2) Aristóteles y los ladrones de bicicletas. La cuestión de lo verosímil. (Ladrón de Bicicletas, de Vittorio de Sica). ¿Es posible retratar la realidad "tal como ella es"?
3) Santo Tomás y el bebé de Rosemary. La filosofía y lo sobrenatural. (La Semilla del Diablo, de Roman Polansky). ¿Existe una Providencia Diabólica?
4) Bacon, Steven Spielberg y los filmes-catástrofe. La relación del hombre con la naturaleza. (Tiburón y Parque Jurásico, de Steven Spielberg). Los terribles derechos de los animales ofendidos. Informe sobre catástrofes.
5) Descartes y los fotógrafos indiscretos. La duda y el problema del conocimiento. (Blow Up, de Michelangelo Antonioni). ¿Se puede creer en todo lo que vemos? (La Ventana Indiscreta, de Alfred Hitchcock). Cómo atrapar a un asesino desobedeciendo a Descartes. (La Prueba, de Jocelyn Moorhouse). Una prueba moral de la existencia del mundo.
6) Los empiristas británicos: John Locke y David Hume. La identidad de batman y Quentin Tarantino. Las críticas empiristas de la sustancia y la causalidad. (Batman I y II, de Tim Burton) ¿Existe una substancia común a Batman y a Bruce Wayne? Sustratos, azar y contigüidades alteradas. (Pulp Fiction, de Quentin Tarantino; No Matarás, de Krystof Kieslowski). Cuando el antes viene después del después. Las fragilidades de la cadena causal.
7) Kant, Thomas More y la sociedad de los poetas muertos. Teoría y práctica. (Un Hombre Para la Eternidad, de Fred Zinemann y Mi Pie Izquierdo, de Jim Sheridan). ¿Puede la libertad vencer las coacciones de la sociedad y la naturaleza? (El Club de los Poetas Muertos, de Peter Weir) ¿Puede la libertad, en su conflicto con la autoridad, llevar a alguien a la muerte?
8) Hegel, París, Texas y el turista accidental. El tiempo y el pensamiento. (París/Texas, de Wim Wenders). La reconciliación hegeliana de una familia despedazada: una experiencia dialéctica. (El Imperio del Sol, de Steven Spielberg y El Turista Accidental, de Lawrence Kasdan). Perdiéndose para encontrarse. (Hiroshima, Mon Amour, de Alain Resnais). La temporalidad es inseparable de la imagen.
9) Schopenhauer, Buñuel, Frank Capra. El valor de la vida. (Viridiana, de Luis Buñuel) ¿Vale la pena hacer algo por los otros? (¡Qué Bello Es Vivir!, de Frank Capra). ¿Se puede esperar que las otras personas nos ayuden cuando las necesitamos?
10) Karl Marx, Costa-Gavras, Oliver Stone y el cine politizado. Política y pensamiento. (Z, de Konstantin Costa-Gavras) ¿Se puede ser objetivo en Política?: una obra maestra tendenciosa. (JFK, de Oliver Stone) ¿Cuánta verdad puede soportar una sociedad? (La Historia Oficial, de Luis Puenzo). Escarbando en el pasado.
11) Nietzsche, el imperdonable Clint Eastwood y los asesinos por naturaleza. Heroísmo y violencia. (Los Siete Magníficos, de John Sturges). El conflicto entre Heroísmo y Moralidad. (Sin Perdón, de Clint Eastwood). La maravillosa vuelta del viejo pistolero. (Asesinos Natos, de Oliver Stone). La violencia como forma de ser.
12) Martin Heidegger, Michelangelo Antonioni, el aburrimiento y las ballenas de agosto. El ser y la condición humana. (El Eclipse; Desierto Rojo; Zabriskie Point, de Michelangelo Antonioni). El cineasta del Ser, el Heidegger de la imagen. (Ballenas de Agosto, de Lindsay Anderson). Dos actitudes diferentes ante la vejez y la condición humana.
13) Jean-Paul Sartre, Thelma, Louise, y el infierno de un matrimonio sueco. La existencia y la libertad. (Thelma y Louise, de Ridley Scott). ¿Hay una vinculación interna entre la Libertad y la Muerte? (Cadena Perpetua, de Frank Darabont). La libertad no es sólo "interior", ella también debe modificar el mundo. (Escenas de la Vida Conyugal, de Ingmar Bergman). La indestructible fragilidad de la existencia.
14) Wittgenstein, el cine mudo y la diligencia: lo que se dice y lo que sólo se muestra. La cuestión de los límites del lenguaje. (El Último, de Friedrich W. Murnau; El Cantor de Jazz, de Alan Crosland) ¿Puede el silencio decir alguna cosa? (La Diligencia, de John Ford) Lo que no puede decirse, puede mostrarse... en una película de cowboys.
Supongo que han sentido cierta perplejidad ante alguno de los títulos seleccionados y su relación con los así llamados grandes filósofos. Espero que esta perplejidad se transmute en curiosidad por el porqué, como me sucedió a mí. Después de la lectura, uno sale con unas valiosas nociones de la filosofía (de esa alta filosofía) aplicadas a casos cotidianos, no necesariamente reales, pero sí aplicadas a obras en apariencia triviales. Aparte de algunas valiosas lecciones sobre el comentario de textos, en este caso fílmicos, pero también en cualquier otro sistema de lenguaje. Y lo bueno es que esta investigación en el mundo sensorial y sensible, apartado de la abstracción y sin embargo relacionado con ella, funciona de manera biunívoca: podemos explicar filosofía mediante el cine, pero también podemos descubrir filosofía en la cotidianeidad y lo extraordinario fílmico.
Unas lecciones que son muy satisfactorias.

Portada y sinopsis

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Plató i un Ornitorinc Entren en un Bar..., de Daniel Klein y Thomas Cathcart

(Plato and a Platypus Walk Into a Bar... Understanding Philosophy Through Jokes)
Eds. La Campana
Barcelona, 2008 [2007]
(Edición castellana en Ed. Planeta)

Platón y un Ornitorrinco Entran en un Bar... Comprendiendo la Filosofía a través de los Chistes representa un loable esfuerzo por explicar la filosofía a través del humor, un arma que ha probado ampliamente su eficacia en diversas disciplinas, como por ejemplo en las ciencias; Martin Gardner ha hecho más por las matemáticas con sus juegos, paradojas y humoradas que miles de horas de clase.
Yo tuve la suerte, en primer lugar, de tener un gran profesor de filosofía, y en segundo, de tener un buen texto (la Historia de la Filosofía de Julián Marías), de modo que creo estar capacitado para decir que la parte "teórica" o "seria" de este libro es exacta y precisa; y me supongo con el suficiente sentido del humor como para apreciar los chistes que figuran en él. Creo que lo mejor que puede decirse de este volumen es que uno no lo recorre únicamente en busca del humor, sino que se lee su parte teórica con la curiosidad de saber cómo se puede hacer un chiste sobre, pongamos, la metafilosofía.
Como muestra del espíritu y lo exhaustivo del libro, déjenme enumerarles sus capítulos y subtítulos:
Metafísica: la metafísica aborda frontalmente las Grandes Preguntas: ¿qué es ser? ¿qué se entiende por realidad? ¿tenemos libertad de elección? ¿cuántos ángeles pueden bailar sobre la cabeza de una aguja? ¿cuántos hacen falta para cambiar una bombilla?
Lógica: sin la lógica, la razón no sirve para nada. Con la lógica, puedes ganar discusiones y alienar multitudes.
Epistemología: la teoría del conocimiento: ¿cómo sabéis que sabéis lo que creéis que sabéis? Desechad la opción de contestar «¡Porque lo sé y ya está!» y lo que queda es la epistemología.
Ética: Aclarar qué es bueno y qué es malo es competencia de la ética. También tiene ocupados a los sacerdotes, los gurús y los padres. Por desgracia, lo que tiene ocupados a los niños y a los filósofos es preguntar a los sacerdotes, los gurús y los padres «¿por qué?»
Filosofía de la Religión: el dios sobre el cual debaten los filósofos de la religión no es la clase de dios que la mayor parte de nosotros reconoceríamos. Suele ser más abstracto, como la Fuerza de La Guerra de las Galaxias, y no como un Padre Celestial que, preocupado por ti, te espera despierto toda la noche.
Existencialismo: «La existencia precede a la esencia.» Si estás de acuerdo con esta afirmación, eres existencialista. Si no estás de acuerdo, continuas existiendo, pero esencialmente quedas al margen de la cuestión.
Filosofía del Lenguaje: Cuando el expresidente William Jefferson Clinton respondió a una pregunta diciendo «Depende de cuál sea su definición de es», estaba haciendo filosofía del lenguaje. También habría podido estar haciendo otras cosas.
Filosofía Social y Política: La filosofía social y política estudia los problemas relacionados con la justicia en la sociedad. ¿Por qué necesitamos gobernantes? ¿Cómo se tendría que distribuir la riqueza? ¿Cómo podemos establecer un sistema social justo? Estas cuestiones las solía solventar el tío más fuerte, dando un garrotazo en la cabeza del más débil, pero después de siglos de filosofía social y política, la sociedad se ha dado cuenta de que los misiles son mucho más efectivos.
Relatividad: ¿Qué quieren que les digamos? Este término significa cosas diferentes según la persona.
Metafilosofía: La filosofía de la filosofía. No hay que confundirla con la filosofía de la filosofía de la filosofía.
Pero, como siempre, lo mejor es un ejemplo:
«El Principio de la Parsimonia: Siempre ha existido una veta antimetafísica en la filosofía, que ha culminado en el triunfo de la visión científica del mundo en los dos últimos siglos. Rudolf Carnap y el Círculo de Viena (que no es un grupo de música disco de los setenta, al contrario de lo que dice la opinión popular) llegaron hasta el punto de proscribir la metafísica como una especulación no racional que ha sido sustituida por la ciencia.
»Rudy y el Círculo de Viena siguieron el ejemplo del teólogo del siglo XIV William Occam, que se sacó de la manga el principio de la parsimonia, alias "la navaja de Occam". Según este principio "las teorías no han de ser más complejas de lo necesario". O, como dijo Occam metafísicamente, las teorías no tendrían que "multiplicar entidades innecesariamente".
»Supongamos que Isaac Newton hubiese observado como caía la manzana y hubiese exclamado: "¡Ya lo tengo! ¡Las manzanas están atrapadas en una especie de juego de la cuerda entre unos duendes que tiran hacia arriba y unos gnomos que tiran hacia abajo, y los gnomos son más fuertes!"
»Occam habría replicado: "De acuerdo, Isaac, tu teoría explica todos los hechos observables, pero cíñete a la consigna: hazlo sencillo."
»Carnap habría estado de acuerdo.

»Una noche, después de cenar, un niño de cinco años preguntó a su padre:
─¿Dónde ha ido mamá?
El padre contestó:
─Mamá ha ido a una fiesta de Tupperware.
Esta explicación satisfizo al niño sólo momentáneamente, porque acto seguido preguntó:
─¿Qué es una fiesta de Tupperware, papá?
Su padre pensó que una explicación sencilla sería la mejor manera de enfocar el tema.
─Bien, hijo ─le respondió─, en una fiesta de Tupperware, un grupo de señoras se sientan en círculo y se venden botes de plástico unas a otras.
El niño empezó a reír.
─¡Venga, papá! Dime la verdad...

»La simple verdad es que una fiesta de Tupperware consiste en efecto en un grupo de señoras que se sientan en círculo y se venden botes de plástico unas a otras. Los encargados de marketing de la empresa Tupperware, sin embargo, expertos en metafísica como son, querrían hacernos creer que es una cosa más complicada.»
Por lo que veo en la vida diaria, la filosofía puede ser la disciplina del pensamiento que primero se extinga en el siglo XXI, de modo que esfuerzos como este son de lo más bienvenidos, sobre todo cuando están tan bien hechos como este libro.
Como sé que en estos casos el público lo que quiere es un no parar, ahí les dejo con otros dos chistes, uno para finalizar y otro para el camino. El primero sobre la lógica inductiva:
«Holmes y Watson han ido de camping. En mitad de la noche, Holmes se despierta y da un codazo a Watson.
Watson ─le dice─, mire al cielo y dígame qué ve.
─Veo millones de estrellas, Holmes ─dice Watson.
─¿Y qué conclusión extrae, Watson?
El hombre piensa un momento.
─Bien ─responde─, astronómicamente, esto me indica que hay millones de galaxias y potencialmente billones de planetas. Astrológicamente, observo que Saturno está situado en Leo. Horológicamente, deduzco que más o menos son las tres y cuarto. Meteorológicamente, sospecho que mañana hará un día precioso. Teológicamente, veo que Dios es todopoderoso y que nosotros somos pequeños e insignificantes. Mmm..., ¿y usted qué piensa, Holmes?
─¡Que eres un idiota, Watson! ¡Alguien nos ha robado la tienda!»

Y el otro sobre el argumento por apelación a la autoridad ("Argumentum ad Verecundiam", ¡toma ya!):
«Cuatro rabinos solían discutir juntos sobre teología, y había tres que siempre se ponían de acuerdo contra el cuarto. Un día, el rabino que quedaba excluido, después de volver a perder por tres a uno, decidió apelar a una autoridad más elevada.
─¡Oh, Dios! ─gritó─. ¡Sé que en el fondo yo tengo razón y ellos se equivocan! ¡Por favor, envíame una señal que lo demuestre!
Era un día hermoso y soleado. En cuanto el rabino acabó la plegaria, una nube de tormenta planeó sobre los cuatro rabinos, retumbó una vez y se desvaneció.
─¡Una señal de Dios! ¿Lo veis?, ¡tengo razón, lo sabía!
Pero los otros tres no estuvieron de acuerdo y señalaron que en los días calurosos a menudo se forman nubes de tormenta.
De modo que el rabino volvió a rezar.
─Oh, Dios, necesito una señal más grande para demostrar que tengo razón y ellos se equivocan. ¡Por favor, Dios mío, una señal más grande!
Esta vez aparecieron cuatro nubes de tormenta, que rápidamente formaron una sola; un rayo dio contra un árbol de un montículo cercano.
─¡Ya os lo decía, que tenía razón! ─gritó el rabino, pero sus amigos insistieron que no había pasado nada que no se pudiese explicar por causas naturales.
El rabino ya se preparaba para pedir una señal muy, muy grande, pero cuando decía "Oh, Dios..." el cielo se oscureció y una voz profunda y tonante pronunció:
─¡TIENE RAZÓÓÓÓN!
El rabino puso los brazos en jarras, se volvió hacia los otros y dijo:
─¿Y ahora qué?
─Pues nada ─dijo uno de los rabinos encogiéndose de hombros─, ahora somos tres contra dos.