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París Después de la Liberación: 1944-1949, de Antony Beevor y Artemis Cooper

Resulta sorprendente encontrar al mejor representante actual de la historiografía militar como es Antony Beevor tratando un tema de "paz" como este. Sin embargo, hay una explicación; Artemis Cooper, esposa de Beevor, es nieta de Duff Cooper, el primer embajador británico en París después de la liberación, y sus documentos privados, así como los de la familia, constituían una base formidable para empezar a elaborar una historia del período.
Pero de Beevor y Cooper no se podía esperar una mera elaboración de esta fuente documental, forzosamente incompleta, de manera que, con la minuciosidad y el cuidado que les caracterizan, han realizado entrevistas y movido fondos documentales e históricos hasta componer una visión de conjunto detallada y completa del tema.
Los grandes hechos muchas veces ocultan a los aparentemente menores. La Liberación de París es uno de ellos. Entra la División de Leclerc en la ciudad, llegan los americanos, De Gaulle pronuncia un par de discursos, et voilà, todo arreglado: París recupera la normalidad, la prosperidad y la vitalidad anteriores a la guerra, o más. Las cosas son algo diferentes en realidad. Cierto que hubo un período de euforia, pero de inmediato lo siguió una etapa de gran incertidumbre. Hubo hastío del nuevo ejército "invasor", el americano; hubo una lucha por el poder en la que el partido comunista francés llegó a sabotear incluso las ayudas del Plan Marshall a Francia; hubo una época de depuración de colaboracionistas y petainistas, con juicios que fueron poco menos que una farsa y con omisiones notables de depurados. Sobre todo, hubo una profunda crisis económica y de producción, que condenó al frío y al hambre a la población francesa, tipificada en la parisina.
Beevor, como acostumbra, lo trata todo, desde lo más político y diplomático a lo más cotidiano, y no extraña encontrar, al lado de capítulos como "Comunistas en el gobierno", otros como "La sed de novedades" o "El apogeo de Saint-Germain-des-Prés", sobre la vida intelectual de París, sus clubes nocturnos y el jazz o la chanson.
Desde la anormalidad de la ocupación a la recuperación económica, cinco largos años transcurrieron, en los cuales París fue un campo de batalla diplomático y político, un lugar de turismo para los aliados y de miseria y mercado negro para los parisinos, de alta excitación artística e intelectual y de luchas, rencillas y censuras entre estos intelectuales por motivos ideológicos. De revancha por la colaboración y de olvido hastiado en busca de una vida normal.
Sobre todo, además de historiar el período, hay que tener en cuenta que todo lo sucedido en estos cinco años marcó el devenir posterior de Francia y sus instituciones políticas, así como de su situación en el mundo. Y si se puede sacar esta conclusión es gracias a que Beevor y Cooper han escrito un texto claro, fundamental y ameno en el que los conceptos básicos destacan por sí, apoyados por los hechos, y el carácter social queda retratado en esta obra fundamental.

(Paris after the Liberation: 1944-1949)
Crítica, col. Memoria Crítica
Barcelona, 20033 [1994]
Trad. de David León Gómez

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La agitada historia de Francia durante los años posteriores al dominio nazi

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La Batalla de Creta, de Antony Beevor

Beevor es, sin lugar a dudas, quien ha puesto la historia militar de nuevo en el sitio que le corresponde, después de haber estado relegada a una especie de limbo cuando otras modas historiográficas, principalmente la historia económica, se erigían en las grandes explicadoras de los hechos históricos.
Sin embargo, o ha hecho como debía hacerse, no por imposición sino como integración. En efecto, Beevor no defiende la militar como la panacea para explicar la Historia; lo que dice es que es un elemento más a tener en cuenta, sobre todo cuando se trata de hablar de guerras (irónicamente, habían historias de la Segunda Guerra Mundial que no hablaban ni una sola vez de movimientos militares), y por tanto no renuncia a la historia económica, social, política, etc., cuando se trata de explicar hechos.
Así, cuando Beevor nos propone una historia de la batalla de Creta (y de la resistencia en la Creta ocupada, como dice el título original), no se limitará a las meras cuestiones del combate y sus movimientos.
Digamos que a Hitler le convenía una Grecia neutral, pero no hizo gran cosa para impedir que Mussolini se embarcara en la desastrosa campaña de invasión desde Albania. Pero, una vez metido en campaña, Creta tenía que ser conquistada. Su posición era ideal para la instalación de bases aéreas que pudiesen atacar los pozos de petróleo rumanos de Ploesti, que le eran vitales. Menor era su interés en Creta como primer salto hacia la conquista de Egipto, pero aún así la posesión de la isla sería una amenaza permanente para los ingleses.
De manera que invasión tenía que haber, pero lo auténticamente nuevo fue que se trató de la primera invasión aerotransportada de la historia.
Creta, en este aspecto, ha sido escuela táctica y estratégica de cómo no se deben hacer las cosas. No en vano la isla fue llamada "el cementerio de los paracaidistas alemanes". Si los ingleses no ganaron la batalla fue por una combinación de incompetencia, mala información y poca voluntad. El caso es que Creta quedó en manos alemanas y Hitler jamás volvió a usar los paracaidistas en operaciones a gran escala.
Lo que hace Beevor es llevarnos desde la invasión de Grecia a la liberación de Creta con esa escritura genial que ha demostrado una y otra vez, y que va desde lo más general a lo más detallista en una sabia combinación de grandes temas con anécdotas que permiten humanizar todo lo que se está leyendo.
Pero, por valiosa que sea la narrativa que nos depara Beevor sobre la conquista de Creta, ésta ya era de sobras conocida; lo que añade interés a este libro es la feroz resistencia cretense que se produjo tras la ocupación alemana, y ahí Beevor ha trabajado con fuentes de primera mano para darnos una historia tanto de la resistencia cretense como de los infiltrados ingleses en la isla, que trabajaron codo con codo con los partisanos.
Una historia poco contada, pero que en manos de Beevor se convierte en un documento imprescindible para la historiografía moderna de la Segunda Guerra Mundial.

(Crete, the Battle and the Resistance)
Ed. Crítica
Barcelona, 20023 [1991]


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Un Escritor en Guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945, de Vasili Grossman

Aquellos que hayan leído Vida y Destino, una obra que, a medida que pasa el tiempo, más se consolida como la obra maestra de la literatura rusa de la segunda mitad del siglo XX (y que les recomiendo vivamente), pueden haberse preguntado cómo es que Grossman pudo trazar un retrato tan exacto de la población rusa en guerra, no sólo la extrapolable de su vida corriente, sino la de los soldados combatientes en Stalingrado, y cómo pudo transmitir su vida en combate con tanta viveza.
La respuesta de que fue corresponsal de guerra no es suficiente. Hubieron otros corresponsales, y no tuvieron la misma profundidad de visión. El genio literario de Grossman aporta pistas, pero no sobre el nivel de extremo detalle que reflejó en su obra.
Leyendo este libro, que Beevor y Vinogradova han elaborado con las propias palabras de Grossman (en su obra literaria, pero sobre todo en sus artículos y, más importante, en sus cuadernos de notas) queda claro que Grossman no sólo fue corresponsal de guerra, sino un excepcional corresponsal de guerra.
Grossman fue un periodista "empotrado" en las unidades combatientes, mucho antes de que se inventara el término, pero no radica ahí su secreto. Lo cierto es que se dedicó en cuerpo y alma a su trabajo, y en él se mostró tan brillante que los militares se sorprendían de que gente normalmente taciturna se prestase a hablar con él durante horas. Y sorprendió a sus superiores (a veces causando cierta inquietud) que los soldados de todos los frentes consideraran que era el único que les retrataba fielmente a ellos y a la guerra.
Grossman estuvo en esta tarea desde la invasión alemana (cuando fue rechazado para el ejército por motivos físicos) hasta la caída de Berlín. Estuvo en lo más crudo de la batalla de Stalingrado (aunque, amargamente para él, fue relevado poco antes del triunfo soviético), y se separó muy pocas veces del frente de combate (un par de ellas por lo que hoy llamaríamos estrés postraumático o fatiga de combate, principalmente tras descubrir Treblinka y lo que se había hecho allí).
Pero el interés de Grossman no estaba en los grandes movimientos militares. Donde mejor se nos revela es en el retrato del hombre común, y su visión es enormemente perceptiva. No ahorra en sus notas la repulsión que le produjo el comportamiento del Ejército Rojo con la población alemana, algo que le podía haber costado muy caro (como mantener esos cuadernos de notas, por otra parte: estaban prohibidos todo tipo de diarios y anotaciones, y si bien el primer motivo para ello hubiera podido ser el contraespionaje, la NKVD juzgó sumarísimamente a aquellos que los tenían, aunque no contuvieran información militar), y aunque procede con precaución en sus anotaciones, no deja de haber una crítica velada hacia el estalinismo y, sobre todo, ante el desperdicio de vidas humanas que produjeron las políticas de "ataque Continuo" y "ni un paso atrás" promulgadas por el mismo Stalin.
En suma, tenemos un monumento del género, y un detallado y humano relato de la cotidianeidad de la vida en guerra, con imágenes emotivas y tremendas, con anécdotas y humoradas a veces. Siempre, con el sacrificio de unas gentes por una causa, en lo que se intuye un heroísmo más auténtico que el oficial.
Todo ello le sirvió a Grossman de bien poco. De mucho, si consideramos que fue el material de base para su obra maestra literaria, pero en cuanto a su vida, no le reportó ningún beneficio. No fue bien visto que un judío fuera el mejor corresponsal, el más cercano a los soldados. Cuando la época del sacrificio personal pasó, Grossman fue apartado, en beneficio de escritores más afines a los grandes hombres conductores de tropas, por encima de todos ellos Stalin. A la larga, fue censurado por las autoridades literarias y políticas y, sin ser condenado (algo que no sucedió hasta la desestalinización debido a su Vida y Destino), nunca gozó del favor del régimen, ni tuvo jamás un privilegio ni especial ni común. Sus artículos de guerra eran los mejores, pero había una nota incómoda en ellos (a pesar de que eran modificados por el director del periódico para su publicación) respecto a la ideología dominante. Había demasiada humanidad y poco socialismo, demasiada individualidad (de los soldados) y poco pensamiento colectivo. Y, tal vez peor, eran tan buenos que podían resultar influyentes para los lectores, algo que era muy sospechoso para un poder cuyo objetivo era controlar, precisamente, pensamientos y acciones de sus ciudadanos.

(A Writer at War. Vasily Grossman with the Red Army 1941-1945)
Ed. Crítica, col. Memoria Crítica
Barcelona, 20062 [2005]
Edición de Antony Beevor y Luba Vinogradova

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Los cuadernos de la Segunda Guerra Mundial del escritor ruso.

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La Guerra Civil Española, de Antony Beevor

Es llamativo constatar que las mejores historias de la Guerra Civil han sido escritas por extranjeros. Los historiadores españoles se han mostrado muy capaces estudiando aspectos concretos del conflicto, pero en lo que se refiere a proporcionar una visión de conjunto, al parecer carecen del adecuado distanciamiento en sus puntos de vista. Esto sucede más de setenta años después, y ciertamente es descorazonador; si después de todo este tiempo los españoles parecen no haber superado del todo la división civil que se produjo, es que el trauma fue tremendo, y que ni los años de democracia parecen haber restañado definitivamente las heridas.
Mientras tanto, por fortuna, existen historiadores de mérito que se ocupan del tema, y así Beevor ha podido escribir una de las mejores historias que existen del conflicto. Y lo ha hecho por segunda vez.
La apertura de los archivos de Moscú y los trabajos de historiadores españoles sobre diversos aspectos de la guerra y la posguerra obligaban a la reformulación de lo ya sabido, y Beevor nos advierte que este texto no se trata de una mera revisión de lo ya publicado en 1982, sino de una nueva redacción, con cambios importantes que modificaban incluso las conclusiones. ¿Se trata, pues, de una obra definitiva? Beevor se apresura a decirnos que no, y que los nuevos documentos, más que resolver preguntas, plantean otras nuevas. Por chocante que pueda parecer, todavía hay cosas por descubrir sobre la Guerra Civil, y (esto es opinión mía) las actitudes de algunos gobiernos según su color no facilitan precisamente las cosas.
Pero se va avanzando, y todo este material, antiguo y nuevo, exhaustivamente tratado por un historiador como Antony Beevor, que se ha mostrado una y otra vez capaz de sintetizarlo, cuidando el detalle sin perder de vista lo general, este material, decía, va sumándose para formar una idea de conjunto esclarecedora.
El conflicto no era inevitable, pero sí alcanzó una abstracción ideológica que lo convirtió en un horror tal que difícilmente puede ser olvidado, mucho menos perdonado. El juego de patio de armas que ejercieron con toda efectividad alemanes, con incompetencia italianos y con desaprovechamiento la Unión Soviética hizo que la consecución de la paz no tuviera importancia a nivel internacional, sino que resultara necesaria una victoria. La política de No Intervención de las democracias europeas tal vez no condenó a la República, pero sí hizo que ésta se abocara hacia el único aliado militar que le quedaba, la URSS, de modo que radicalizó todavía más el conflicto y lo convirtió en una disyuntiva dialéctica intolerable: o la victoria de una dictadura fascista o el triunfo del comunismo. En el campo militar, la incompetencia de los jefes republicanos fue tal que se puede afirmar que ellos fueron quienes perdieron la guerra. El resultado final fue un régimen personal conseguido gracias a las maniobras de Franco, que erradicó la oposición interna, la externa y la enemiga mediante una represión brutal y prolongada en el tiempo, convirtiendo España en una "cárcel abierta" llena de corrupción y miseria.
Estas son algunas de las conclusiones de Beevor, y para llegar a ellas ha recorrido desde los antecedentes a la posguerra, consultando y leyendo de todo, dando credibilidad a lo que lo merece y desmintiendo leyendas, para escribir la que, hasta nuevo aviso, es la mejor historia sobre la Guerra Civil que se haya realizado.

(The Battle for Spain: The Spanish Civil War 1936-39)
Ed. Crítica
Barcelona, 2005 [2005]
Trad. de Gonzalo Pontón

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El Día D. La Batalla de Normandía, de Antony Beevor

Confieso que el efecto deslumbrante que me produjo leer La Segunda Guerra Mundial ha provocado que preste atención al resto de la obra de Antony Beevor.
En El Día D se hallan todas las virtudes que descubrí en la historia de la Segunda Guerra Mundial que les he citado. Una documentación exhaustiva, tanto de grandes fuentes como de testimonios directos o incidentales, una ordenación interna minuciosa, en la que se desgranan todos los temas importantes, pero también los pequeños que, de una u otra manera, estuvieron presentes en el hecho histórico (el sufrimiento de los habitantes de Normandía por los bombardeos; el humor, negro las más de las veces, en el campo de batalla; el heroísmo individual y el sufrimiento del soldado; las tensiones entre las fuerzas de la resistencia francesa, etc.). Y, aun prestando atención detallada a los grandes hechos, un saber descender al nivel individual y mostrar compasión por las víctimas.
Que la invasión del Día D (llamada por los franceses "El Desembarco", claro; para ellos representaba todo lo contrario a una invasión) fue una de las pocas batallas auténticamente decisivas del conflicto está fuera de discusión. Incluso, y gracias al cine (El Día Más Largo; Salvar al Soldado Ryan), se tiene una visión y conocimiento general bastante exactos, cosa rara tratándose de la Historia pasada por Hollywood. A pesar de ello, muchos aspectos de detalle no han trascendido lo bastante.
El libro de Beevor abarca desde los preliminares de la invasión hasta la liberación de París, que es lo que podemos considerar la campaña de Normandía, más que tratar del desembarco y la consolidación de las cabezas de playa. Así, desde el engaño de la Operación Fortitude, que mantuvo en los alemanes la incertidumbre de dónde se produciría la "auténtica" invasión, hasta la rebeldía de Leclerc y De Gaulle, que reinstauraron la República Francesa partiendo de los hechos consumados, y muy a pesar de Eisenhower y Churchill, que abogaban por una administración aliada, todos los temas son llevados con cuidado, detalle y brillantez por Beevor.
Los más desconocidos son el martirio de Normandía por los bombardeos aliados (unos 15.000 muertos civiles, muchos más que las bajas aliadas en las playas del desembarco); la ineptitud casi psicopática del mariscal Montgomery; la dureza del combate en el terreno infernal del bocage; la incidencia del atentado contra Hitler en las operaciones militares; el efecto devastador para la moral alemana de la superioridad aérea aliada; o la labor de apoyo a los aliados por parte de las FFI (Fuerzas Francesas del Interior, una parte de la Resistencia).
La visión de Beevor es desmitificadora: Normandía no fue la operación perfecta que a veces se ha querido presentar. Pero también es justa: a pesar de los errores, a pesar de los imponderables, la importancia del desembarco es innegable, y su posible fracaso o postergación hubiera sido una catástrofe. Pero su visión es también humana, y hay un poso de admiración, comprensión y compasión por los soldados y civiles. Se suele olvidar que los grandes hechos son protagonizados por personas. Y si hay respeto por la valentía, también hay respeto por el civil obligado a vestir el uniforme, por el hombre falible, por el civil obligado a sufrir. Beevor es historiador, pero no es un historiador frío. Tal vez en eso reside el secreto de su brillantez.

(D-Day. The Battle for Normandy)
Ed. Crítica, col. Memoria Crítica
Barcelona, 20092 [2009]

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«Una poderosa narración de la batalla de Normandía difícilmente superable.» Max Hastings, Sunday Times.

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La Segunda Guerra Mundial, de Antony Beevor

Esta obra ha sido aclamada como la historia definitiva sobre la Segunda Guerra Mundial; ante semejante recepción, cabe preguntarse porqué.
En primer lugar, por su agilidad. Beevor es un autor que ha sabido conjugar la precisión, el detalle y la exactitud con un lenguaje atractivo y ligero, muy claro de exposición, que lleva ordenadamente al lector por todo el panorama cronológico del conflicto.
En segundo, por su eclecticismo. Lejos de ser una historia "de tesis", Beevor no desdeña ninguna de las fuentes y miradas sobre la segunda guerra mundial, de modo que no sólo hallamos la historiografía militar, sino también la económica, social, etc. Esto confiere a este libro una globalidad de visión que hasta el momento era difícil de hallar.
Tercero, por su historia total. Beevor no se detiene en los grandes rasgos, sino que desciende en cuanto puede a los detalles que sean significativos para explicar los grandes movimientos del conflicto. Y, encantado con esas pequeñas anécdotas (que pueblan el mundo del cine principalmente, pero que en muchos casos son reales), no se detiene en ellas, pero por lo menos las cita. Aunque sólo sea esa mención, el libro adquiere un aire de manual total, de libro de referencia en el cual situar todo lo referente a la guerra y con el que, empleándolo como herramienta, el interesado pueda acudir a cualquiera de las fuentes citadas para ampliar su conocimiento sobre un detalle en concreto.
El autor elige, aunque con dudas, iniciar el conflicto con la guerra chino-japonesa. Las fechas, ese lastre del conocimiento, marcan que la Segunda Guerra Mundial se inició con la invasión de Polonia en septiembre de 1939, pero eso significa obviar no sólo los pasos que se dieron hacia la guerra en Europa, sino el hecho de que uno de los actores principales de la misma, como fue el Japón, ya había iniciado su propia expansión años antes. Es una solución de compromiso, porque algunos autores dirimen si el inicio de la 2ª GM tuvo lugar ya en la Guerra Civil Española, o incluso antes, en la paz resultatne de la Primera Guerra Mundial. Pero, compromiso o no, Beevor no se priva de incluir los antecedentes, sean cuales sean.
Otro de los detalles que distingue a esta obra es su cuidado por los países considerados "menores". No estamos hablando sólo de esos aliados del Eje (Hungría, Rumanía, etc.) que compartieron, algunos de grado y otros por fuerza la adscripción a los totalitarismos, sino también China, un gigante en decadencia que siempre ha sido menospreciado en las historias del conflicto, pese a que tuvo una gran importancia. En este aspecto, el autor no se extiende más allá de lo necesario, pero tampoco deja de lado a estos actores menores del conflicto.
Pero no crean los lectores que estamos ante una historia deshumanizada. Beevor no admite dejar de lado el individuo, y ni por asomo pretende abogar por la guerra como algo épico y elogiable. La épica que existe en las guerras suele deberse a las personas, que se sacrifican por otras incluso a costa de sus vidas. El autor resalta con crudeza las cifras de muertos y heridos, tanto más crudas en cuanto enormes. Y no pasa por alto el sufrimiento de la población civil, el de las poblaciones ocupadas, el de los deportados y el de las víctimas del Holocausto. Incluso el de los propios combatientes, sobre todo cuando tuvieron que sacrificarse gracias a decisiones catastróficas de sus mandos.
Tal vez lo que más ilustra la insensatez y sufrimiento que representó la Segunda Guerra Mundial es la imagen que sirve de introducción a todo el libro. Un soldado coreano, que fue obligado a servir en el ejército japonés, fue capturado por los rusos y obligado a servir en su ejército; capturado a su vez por el ejército alemán y obligado a combatir como auxiliar de la Wehrmacht, y finalmente capturado por los norteamericanos en Normandía. Como dice Beevor, todavía este pobre coreano tuvo suerte, comparado con otros muchos.
En suma, esta historia de la Segunda Guerra Mundial merece los elogios que ha recibido. Es difícil que algo se le haya pasado por alto, y si es así, es tan menor que casi no constituye ni una nota a pie de página de la historia. Pero sobre todo es por su claridad y amenidad de lectura, y por su objetividad extrema en todos los campos tratados por lo que esta obra merece el lugar destacado en la historiografía básica de la Segunda Guerra Mundial.

(The Second World War)
Eds. de Pasado y Presente
Barcelona, 2012 [2012]

Portada y sinopsis