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El Bonobo y los Diez Mandamientos, de Frans de Waal

Frans de Waal es uno de los mejores primatólogos del mundo. Además, es un divulgador excelente, capaz de transmitir conocimiento con claridad, amenidad y rigor. Como ya sucedía con El Mono que Llevamos Dentro, de Waal nos dice que es imposible conocer cuál era el comportamiento del hombre (el primate más caótico de todos) en los albores de su existencia como tal, pero sí es posible contemplar a nuestros parientes más cercanos y suponer que ciertos comportamientos que muestran no están muy alejados de los que debimos manifestar cuando empezamos a crearnos nuestro propio atajo evolutivo mediante la tecnología.
Así, de lo que trata este libro, como anuncia su subtítulo, En Busca de la Ética Entre los Primates, es de si la moral proviene de una estructura artificial (la religión) o si es natural y no necesariamente ligada a la fe y a las normas que, supuestamente dictadas por un dios, algunos pretenden que son el paso distintivo entre la humanidad y el resto de primates. (Por cierto, sobre el título y su traducción hablaré más tarde.)
De Waal no es un ateo militante de los que últimamente han surgido y que parecen dedicados a la causa de erradicar las creencias de los demás. Pero no cree que el constructo moral sea algo dado, más bien opina que la religión se limita a poner en letra algunos principio básicos que los primates (nosotros incluidos) ejercemos de por sí.
«Puede que sea cosa mía, pero me inquietan las personas cuyo sistema de creencias es lo único que se interpone entre ellas y un comportamiento repulsivo [...] ¿Alguien cree realmente que nuestros ancestros carecían de normas sociales antes de que hubiera religiones? ¿Es que nunca asistían a los necesitados, ni se quejaban de un trato injusto? Los seres humanos deben haberse preocupado por el funcionamiento de sus comunidades mucho antes de que surgieran las religiones actuales, que sólo tienen un par de milenios de antigüedad. Esta escala temporal no impresiona a los biólogos.»
No es que esté en contra de la religión. Los primates y otros simios muestran sentimientos: solidaridad, empatía, compasión, sentimiento de pérdida por la muerte de un semejante, y así nos lo mostrará en ejemplos que se repiten constantemente en las comunidades de primates, pero de Waal valora el papel de la religión en tanto aporta un soporte moral, que tiene mucho de justificación, premio y castigo, con el cual nos nos exhorta a ejercer esas emociones empáticas.
De Waal corre riesgos enormes. Ser atacado por los ateos, por ser demasiado tibio y tolerante, y ser atacado por los fundamentalistas religiosos, que casi siempre dicen que el ser humano es intrínsecamente malvado y así lo sería si no fuera porque hay un dios que vigila y que nos da normas de conducta, etc. Ante todo esto sólo cabe oponer el discurso de la razón y la prueba. Como cuando, en el capítulo "Diez Mandamientos Son Demasiados", nos hace notar que «la mayoría de mandamientos no tienen nada que ver con la moralidad, sino con el respeto. En los primeros cinco mandamientos, Dios insiste en la lealtad exclusiva [...] y en el respeto a los mayores. Sólo después pasa a los mandamientos tipo "no harás tal cosa" que todos conocemos». Y que son lo bastante universales como para no necesitar ser dictados por nadie. «Las leyes morales son meras aproximaciones, quizá metáforas, de cómo deberíamos comportarnos». «No fue Dios quien nos introdujo en la moralidad, sino que más bien fue al revés. Dios se introdujo para ayudarnos a vivir tal como nos parecería que deberíamos, confirmando el dicho de Voltaire sobre la necesidad de inventarlo. Aquí viene también a colación la cuestión que Sócrates le planteó a Eutifrón: si una acción es moral porque le gusta a los dioses, o le gusta a los dioses porque es moral. El propósito de Dios no es otro que lo segundo. Le hemos dotado de la capacidad de mantenernos en la misma vereda recta y estrecha por la que hemos venido caminando desde que vivíamos en pequeñas bandas».
Unas bandas como las de los primates, a los que recurre una y otra vez, no sólo para mostrarnos que nuestra definición de inteligencia debe revisarse, sino para señalar lo parecidos que somos, fisiológicamente, pero también en sentimientos y actitudes con respecto al prójimo.
En cuanto al título del libro, verán que en el original se llama "El bonobo y el ateo. En busca del humanismo entre los primates". Cómo el "ateo" se ha transformado en "los diez mandamientos" y "humanismo" en "ética" es algo que merecería explicación. Más que nada porque son cambios, declaraciones, que incluso parecen tener un sentido político. Jorge Wagensberg, director de la colección, y por tanto supuesto responsable, y que no es conocido precisamente por guardar silencio, hubiera debido dar razones a este cambio en el propio libro. A falta de ello, espero que algún día esas explicaciones sean dadas y que los lectores en castellano de uno de los mejores libros científicos que existen puedan saber a qué atenerse.

(The Bonobo and the Atheist. In Search of Humanism Among the Primates)
Tusquets Eds., col. Metatemas
Barcelona, 2014 [2013]
Trad. de Ambrosio García Leal

Portada y sinopsis
Vídeo de la conferencia de Frans de Waal Do Animals Have Morals?


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El Anillo del Rey Salomón, de Konrad Lorenz

También conocida como Hablaba con las bestias, los Peces y los Pájaros, éste es uno de los libros más queridos por mí. Vaya por delante que, aunque la autoridad de Konrad Lorenz como etólogo, tanto en su faceta de pionero de esta especialidad como de propulsor de la misma, es indiscutible. Sin embargo, este fue su primer libro, y hay algunas observaciones suyas que han sido desmentidas a posterioridad, como la cuestión de la doble genealogía de los perros (chacal y lobo); finalmente, se ha demostrado que todos los perros tienen su antepasado común en el lobo.
Sin embargo, y con esta salvedad, da igual. Como da igual que ya en el mismo prólogo, Lorenz se excuse: «También debo recordar la lamentable historia del hámster dorado, que se puede dejar libre por la habitación, porque ─según el libro─ no roe ni trepa. Ya tuve el presentimiento de que me había precipitado cuando, poco después de la impresión de nuestro librito, encontré un nido de esta especie sobre un elevado cofre de estilo María Teresa y en un archivador de cartas. Un rollizo hámster macho, ya de edad madura, descubrió que el papel era un material excelente para el nido y, además, había desarrollado una admirable técnica de escalada de "chimenea", que aplicaba para subir entre el arcón y la pared. [...] Así, por principio, interrumpo la lectura de las cartas que me envían mis lectores y que, tras algunas manifestaciones benévolas, referentes a la valía del libro en general, pasan a tocar el capítulo de los hámsteres dorados. Sé demasiado adónde van.»
¿Van comprendiendo? Da igual todo esto porque el libro es divertidísimo, en el sentido de que las anécdotas que explica Lorenz, y que son reales, son en sí mismas impagables y un prodigio de humorismo.
Como es natural, el libro no sólo es una humorada. Las observaciones de Lorenz son claras y científicas, una rara mezcla en el mundo de las ciencias, y sobre todo proporcionan un estímulo para el naturalista aficionado o profesional, y si me apuran, para el profano que ocasionalmente trata con las bestias. Pero sobre todo hay un cariño y un entusiasmo por la observación de los animales que es difícil de encontrar tan bien transmitido. En este sentido, el libro es una joya, un auténtico "debe" para aquellos que puedan sentir la vocación de la naturaleza.
Un amor por los animales que tiene su reflejo en esta historia: Lorenz tenía una cacatúa de moño amarillo a la que, como con el resto de sus animales, dejaba suelta. Un día, volviendo de Viena, mientras estaba en la estación le llamó la atención un ave a la que en un primer momento no identificó. «¿Un águila ratonera? El ave me parecía más pesada y, sobre todo, más cargada por unidad de superficie de sustentación. ¿Una cigüeña? No era lo bastante grande, y si lo hubiera sido, pese a la gran altura a que estaba, se habría notado la longitud del cuello y las patas [...] ¡Dios mío!, era mi cacatúa, que estaba a gran altura, verosímilmente con la intención de emprender un largo recorrido, en vuelo de gran regularidad.
»¿Qué hacer? ¡Llamar al ave! ¿Has oído alguna vez la voz de llamada en vuelo de la gran cacatúa de moño amarillo? ¿Nunca? Pero sí que conocerás la matanza del cerdo a la antigua. Pues bien, imagínate los chillidos del cochino, en su máxima intensidad, como si fueran recogidos con un micrófono y, amplificados, emitidos por un altavoz. El hombre los puede imitar muy bien, aunque algo débilmente; le basta gritar "¡oee, oee!" con todas las fuerzas de sus pulmones. Ya había comprobado que la cacatúa entendía esta imitación, y acudía rápidamente a las voces. ¿Pero me oiría desde una altura tan grande? Había que probarlo. ¿Debo gritar o no? Si bramo y acude el ave, todo está bien. Pero, ¿y si grito y el ave no hace caso, y sigue en las alturas? ¿Cómo va a interpretar mis vociferaciones la multitud de personas que me rodean?
»Por fin me decidí: bramé y bramé bien. A mi alrededor, las personas quedaron como si un rayo les hubiera caído encima. La cacatúa revoloteó un momento irregularmente, luego sus blancas alas se plegaron y se precipitó en vuelo picado, para aterrizar sobre mi brazo extendido. Todo había ido bien.»
Es tan sólo una de las historias que se encuentran en este ensayo delicioso. Si quieren divertirse y además aprender a amar a los animales, Hablaba con las Bestias, los Peces y los Pájaros es su libro.

(Er Redete mit dem Vieh, den Voegeln und den Fischen)
RBA / Labor, col. Biblioteca de Divulgación Científica
Barcelona, 1993 [1952]

Existe edición de Tusquets con el título Hablaba con las Bestias, los Peces y los Pájaros

Portada y sinopsis

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Viaje a las Hormigas, de Bert Hölldobler y Edward O. Wilson

Se esté donde se esté (salvo en los polos), uno no tiene más que dar unos pasos para encontrarlas. Las hemos observado desde siempre y han despertado la curiosidad en nosotros desde niños.
Existen muchos motivos por los que estos seres sean tan estudiados y tengan una categoría propia especializada de científicos, los mirmecólogos. El primero es su omnipresencia, el segundo su misterio, puesto que si bien las vemos en la superficie, no podemos desentrañar fácilmente su vida en el subsuelo; y el tercero y principal, porque sabemos, sin casi ni tener información, que las hormigas son insectos sociales, y eso nos las hace particularmente cercanas.
La razón de este libro es tan extraña como su objeto de estudio. Los autores habían publicado en 1990 una monografía de 3,4 kg de peso, titulada The Ants. Sorprendentemente, este manual técnico se hizo un hueco en las listas de más vendidos y obtuvo un premio Pulitzer a la mejor obra de no ficción general.
Confortados por el éxito, Wilson y Hölldobler se dieron cuenta de que las hormigas representaban, no un mercado, sino un objeto de curiosidad permanente y general. Y así, escribieron este Viaje a las Hormigas. Se trata de un libro apasionante.
Es cierto que las hormigas presentan una variedad de comportamiento inusitada: las hay pastoras de pulgones, jardineras de hongos, legionarias marabuntescas, secuestradoras, tejedoras... Pero la verdad es que hasta la más simple y vulgar de ellas despierta la curiosidad. Sus reacciones en grupo, sus senderos de recolección, la mera observación de cómo una exploradora puede movilizar a sus compañeras, la defensa solidaria y sacrificada del nido, todo ello es observable y observado por cualquiera que desee acceder a un espectáculo inagotable. No siempre, sin embargo, es observable lo que sucede fuera de nuestra vista, no digamos ya comprensible, y ahí es donde empieza de verdad este Viaje a las Hormigas, en el que, con lenguaje claro y una indudable dedicación al espíritu divulgativo, los autores siguen paso a paso, variedad a variedad, ambiente a ambiente, a estos superorganismos fascinantes e inmensos. Todo es tratado en el libro, tanto los métodos de comunicación como la vida íntima y las rivalidades, la alimentación o las relaciones con el exterior. Y todo es motivo de interés para el lector.
Viaje a las Hormigas representa uno de los mejores libros de divulgación científica jamás escritos, en tanto no sólo proporciona respuestas, sino que estimula la curiosidad por las preguntas. Después de leerlo, el lector no volverá a tener la misma visión de esos seres que nos acompañan en todo lugar. Y es seguro que se detendrá a contemplarlas comprendiendo mucho mejor qué hacen.

(Journey to the Ants. A Story of Scientific Exploration)
Crítica / Grijalbo Mondadori
Barcelona, 1996 [1994]
Trad. de Joandomènec Ros

Portada y sinopsis de la edición norteamericana

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El Mono Que Llevamos Dentro, de Frans de Waal

(Our Inner Ape)
Tusquets Eds., col. Metatemas
Barcelona, 2007 [2005]
Trad. de Ambrosio García Leal

En apariencia, sólo en apariencia, este es un libro sobre comportamiento comparado entre los grandes simios y el hombre. En apariencia, sería uno más entre los libros de este tipo que se han escrito desde el nacimiento de la etología. Pero sucede que Frans de Waal no es un cualquiera en la primatología: no sólo es una autoridad en este campo; además, es un observador ecuánime, alejado de las posturas de primatólogos que ven los grandes simios como "buenos salvajes" poseedores de una inocencia que el ser humano ha perdido (o, por el contrario, que consideran que nuestra violencia es un resto atávico del mono que fuimos). Comentaré esto un poco más adelante.
Es necesario y útil leer este libro. Entre otras cosas, porque los dos últimos grandes descubrimientos sobre los primates que se han efectuado han tenido una filtración extremadamente lenta en el conocimiento común, lentitud agravada si tenemos en cuenta que vivimos, en teoría, en la sociedad de la información; y porque estos descubrimientos han llegado de forma muy sesgada a la prensa y a los medios de información no especializados. El primero, el hecho de que los bonobos eran una especie bien diferenciada entre los primates (y, por tanto, que los humanos teníamos un "primo" nuevo en la familia), descubrimiento que data de los años 30, no ha acabado de calar en la sociedad, y sigue siendo creencia común que nuestros parientes cercanos sólo son los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. Además, lo que ha trascendido sobre los bonobos es más un chiste verde que otra cosa: los monos promiscuos, los monos sexuales y todo lo que ustedes quieran imagianr en este aspecto. El segundo (de 1979), que los chimpancés eran tan belicosos como nosotros o más, caníbales, cazadores, torturadores y carnívoros, apenas ha trascendido y, desde luego, no en toda su implicación, sin duda porque es una información incómoda. El hombre siempre ha tenido la noción de haber perdido la inocencia, y hemos descubierto que, según el espejo del otrora benéfico y cariñoso chimpancé en el que nos mirábamos, tal vez no habíamos perdido nada, porque nada habíamos tenido.
El Mono Que Llevamos Dentro es un estudio comparativo entre el comportamiento de los grandes simios y el hombre, un territorio siempre resbaladizo y demasiado propenso a trasladar los meros deseos del observador. Sin embargo, de Waal no pretende la comparación entre el ser humano actual y los antropoides. Lo que pretende, con justicia, es hacernos ver que los grandes simios son la única pista que tenemos para intuir cuál era nuestro comportamiento en los primeros estadios evolutivos de nuestra especie; y, en todo caso, ver cuáles de esos comportamientos pueden tener pervivencia, ritualizada o no, en nuestro aspecto actual. Desde esta base, analiza el comportamiento de chimpancés y bonobos en unos campos que nos resultan familiares: poder, sexo, violencia y benevolencia. Insisto, no aplicables en principio a los comportamientos sociales humanos actuales, que han crecido y masificado, pero que pueden tener reflejo en comportamientos y tendencias individuales y de pequeños núcleos.
Se trata de un terreno mucho más firme y objetivo que la mera búsqueda del "buen salvaje" y la calificación de nuestros comportamientos como "antinaturales, o la del "atavismo primitivo" y su definición como el residuo sin civilizar de la bestia. Mirémonos en ese espejo, nos dice, pero sólo para saber cómo fuimos probablemente, y no cómo deberíamos ser.
Sin embargo, cuando me topo con uno de estos (buenos) estudios, no dejo de pensar que, además, tratan otro tema, como es el de nuestra clasificación de "inteligencia". En este, el caso de los bonobos es paradigmático: disponen de una compleja red social, la regulan mediante la evitación del conflicto y la negociación, son solidarios, empatizan, y no sólo con los miembros de su especie, se reconocen entre sí (y nos reconocen y distinguen, si hemos tratado con ellos) tras años de no haberse visto, utilizan herramientas y parecen tener un lenguaje.
No obstante, nosotros marcamos la raya de lo racional, y los dejamos fuera.
Leyendo este libro me fasciné por la conducta de estos animales, y reflexioné sobre la conducta humana, sí, pero también en no pocas ocasiones quedé conmovido por los comportamientos y las emociones que estos monos son capaces de mostrar. Comportamientos que no son humanos, pero que muchas veces son los que asociamos con la humanidad.

Portada y sinopsis
Entrevista (en inglés) con Frans de Waal sobre Our Inner Ape en Podularity

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Leviatán o la Ballena, de Philip Hoare

(Leviathan or, the Whale)
Ático de los Libros
Barcelona, 2010 [2009]

Este es un libro peculiar. No es un estudio sobre Moby Dick, aunque la obra de Melville, con su extensa disertación sobre las ballenas, es omnipresente. No es una biografía de Herman Melville, aunque los hechos vitales del autor norteamericano son tratados en detalle y extensión, sobre todo en lo que se refiere a sus tratos con los balleneros y las influencias que le llevaron a Moby Dick. No es un libro de historia, aunque lleva en su interior toda la cronología de la pesquería de ballenas a lo largo de los siglos. No es un panfleto ecologista, aunque la defensa de estas especies en franco peligro de extinción es clara. No es un tratado de biología, aunque por pura necesidad (y por espectacularidad) la investigación científica de las ballenas tiene que ser tratada, ya que fueron y siguen siendo un enigma apasionante. No es un relato personal, pero desde que Hoare se fascinó con las ballenas el contacto con ellas ha sido constante, y así se refleja en la obra.
No es nada de esto y lo es todo a la vez, y con semejante variedad temática (y la estilística que comporta) lo difícil era componer una obra tan fascinante como es esta. Bebe, y se nota, de la pasión personal y la gran tradición historiográfica británica, una combinación que ha producido tradicionalmente resultados felices.
Pasión, pero también estímulo de la curiosidad. Moby Dick puede ser un arquetipo literario, pero es un arquetipo que reúne una fascinación milenaria, fruto de la enormidad y lo desmesurado de las dimensiones; de lo numinoso, incluso, encarnación práctica del mysterium tremendum que llevó a la denominación, trasladada consecuentemente al título, de Leviatán; de lo bíblico (arquetipo productor de arquetipos), pues pocos hay que, incluso sin haber leído la Biblia, no conozcan la historia de Jonás. Arquetipo de la dureza del mar, pues no había riesgo mayor, aparte la marina de guerra, que salir a la ballena. Y, por fin, y cuando hemos conseguido comprender mejor a estos animales, una alegoría de la brutalidad humana, y un llamado a la piedad, pues estos primos lejanos del hombre son percibidos hoy como especies benéficas e inofensivas, una visión que se desvanece de nuestros océanos gracias a nosotros  para dejar, ¿qué si no un gran vacío más evidente todavía por su tamaño?
Todo ello está narrado con energía, con seguridad, con paso firme, con ritmo, con erudición, con amenidad. Con sentimiento, además. Es algo difícil de lograr, y es incluso posible que sólo sea producto de una feliz casualidad que es provocada por esa pasión imprescindible. En todo caso son casualidades felices e inesperadas que cuando surgen suponen una alegría inmensa para el lector, que no puede por menos que sentirse agradecido por el hecho de que existan personas como Philip Hoare, que componen estas obras inusuales y geniales por el puro gusto de hacerlas.

Portada y sinopsis

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De Perros Que Saben Que Sus Amos Están Camino de Casa, de Rupert Sheldrake

Dogs That Know When Their Owners Are Coming Home)
Eds. Paidós, col. Contextos
Barcelona, 2001 [1999]

De Perros Que Saben Que Sus Amos Están Camino de Casa y Otras Facultades Inexplicables de los Animales es un libro singular por tratar un tema casi inédito en el campo de la ciencia.
«Kate Laufer, comadrona y trabajadora social de Solbergmoen, en Noruega, tiene un horario laboral extraño y regresa a su casa siempre de manera inesperada. Sin embargo, cuando Walter, su marido, está en casa, la recibe con una taza de té recién hecho. ¿Qué explica este misterioso sentido del tiempo de Walter? Pues el terrier de la familia, Tiki: "Esté donde esté y haga lo que haga ─dice el doctor Laufer─, cuando Tiki se lanza a la ventana y se queda en el antepecho, sé que mi mujer está de camino a casa".
»Siempre que suena el teléfono en la casa de un conocido profesor de la Universidad de Californi en Berkeley, su mujer sabe si en el otro extremo de la línea está su marido. ¿Cómo? Porque Wishkins, el gato de la familia, se lanza al teléfono y manotea sobre el receptor. "Muchas veces consigue descolgarlo y emite algunos maullidos, claramente audibles para mi marido, al otro lado de la línea ─dice la señora─. Pero si llama cualquiera otra persona, Wishkins no se inmuta".»
Estos y otros muchos ejemplos son los que llamaron la atención del doctor Sheldrake, ampliamente reconocidos en la tradición popular y el hecho de que la ciencia no hubiera entrado a estudiarlos a fondo.
Hay muchas variantes a estudiar sobre estos fenómenos en apariencia inexplicables: animales que curan, captación de intenciones, animales que encuentran a su gente a grandes distancias, presentimientos de seísmos, etc.
La ciencia consiste justamente en el intento de proporcionar respuestas razonable, razonadas y demostradas empíricamente a todos los enigmas del universo. Estas facultades animales parecían tener poca importancia con toda probabilidad porque su utilidad era mínima y sólo constituían una mera curiosidad, llamativa pero poco aplicable a la vida diaria.
Sin embargo, y con posterioridad a los estudios de Sheldrake (que se ha convertido en pionero en este campo), la ciencia ha cambiado de actitud. Todavía no se comprende el porqué de estas facultades, pero ya se están empleando con éxito perros en la detección de diabetes, e incluso de cáncer.
Nos hallamos ante varios enigmas, de difícil estudio y todavía más difícil explicación. Sheldrake es partidario de la percepción extrasensorial y de lo que él denomina "campo mórfico". En esto, permitirán que me muestre escéptico y les transmita mi escepticismo. Es, me parece a mí, la explicación más fácil, y tendrán que pasar muchas cosas y haber algo más que estadísticas para convencerme. Pero tampoco voy a echarla por tierra, ni reírme de ella. Los hechos relatados existen y son comprobables y, a falta de otras hipótesis válidas, en mi opinión Sheldrake tiene todo el derecho a trabajar sobre ella. Y acertar o equivocarse, si es el caso. Cosas más fantásticas (pero demostradas y demostrables) nos explica la mecánica cuántica.
Este libro no es sencillamente un recopilatorio de anécdotas, sino también un resumen de los estudios estadísticos y empíricos llevados a cabo por Sheldrake y su equipo. Por tanto, tiene un componente de lectura fácil y otro que puede atragantársele al lector no científico. Con todo, el tema y los casos son lo bastante llamativos y extremos como para estimular nuestra curiosidad. Y mirar con nuevo respeto a los animales que nos acompañan.
Los lectores interesados en las investigaciones del doctor Sheldrake pueden consultar su página web: http://www.sheldrake.org/



Portada y sinopsis

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Mutantes, de Armand Marie Leroi

(Mutants)
Ed. Anagrama, col. Contraseñas
Barcelona, 2007 [2003]

Subtitulada "De la variedad genética y el cuerpo humano", esta es una obra singular. Leroi, nacido en Nueva Zelanda, de nacionalidad holandesa, licenciado en Canadá y doctorado en California, se dedica a explorar la forma humana en todos sus aspectos únicos, "desde los más grotescos a los más bellos", como dice la contraportada, para analizar cómo hemos llegado a ser lo que somos y qué sucede cuando aparece un defecto genético.
Es necesario preguntarse si es preciso explorar estas mutaciones humanas (que en épocas se definían como monstruosidades y tenían el dudoso honor de contar con una disciplina propia, la teratología), si sirve realmente de algo este catálogo de errores, deformidades y bromas macabras de la naturaleza. La respuesta es que, si sólo se limitase a ser un catálogo, una muestra, una exhibición, no sólo no sería necesario, sino de mal gusto. Pero Leroi no se limita a eso.
Hay que partir de una base: todos somos mutantes, en mayor o menor grado. Absolutamente todos. "¿Quién de nosotros posee el genoma de genomas, el genoma mediante el cual todos los demás serán juzgados? La concisa respuesta es que nadie. Desde luego, el genoma humano [...] no es estándar. [...] Todos nuestros treinta mil genes muestran al menos cierta variedad. En la generación más reciente de los habitantes del mundo, cada par base del genoma humano mutó, de media, 240 veces." Pero sólo algunas de esas mutaciones son tan extremas como para rebasar lo que, arbitrariamente, definimos como "normalidad". El meollo del asunto es que nos hallamos a las puertas de una revolución biológica (de hecho, estamos ya cruzando su umbral). Una revolución que nos va a permitir, tiempo e investigación mediante, realizar cosas prodigiosas, eliminar o corregir aspectos de la variedad genética que provocan un sufrimiento y una marginación intolerables.
Entonces, ¿es necesario estudiar estas mutaciones, estos polimorfismos? La respuesta es: rotundamente sí. Necesitamos conocerlos y estudiarlos para poder localizar y entender cómo se producen. Necesitamos a los mutantes para saber dónde, cómo y qué causan. Qué gen. Qué mecanismo. Una vez conocido, trabajaremos para evitar estas mutaciones. En este aspecto, Leroi no se limita a la mera enumeración y catálogo, sino que también nos pone al día sobre el estado de la cuestión. Informa sobre lo que sabemos y los progresos que hemos hecho, y en este aspecto el libro adquiere el carácter de una prudente esperanza que justifica plenamente el estudio.
Era muy difícil no caer en manos de la exhibición, del espíritu de carnaval de monstruosidades que caracterizó los tratados teratológicos de los siglos XVII y XVIII. Mucho más en esta época de lo políticamente correcto. Es una línea muy fina la que separa la exhibición morbosa y el análisis humanístico y científico. Por esto, también, este libro es valiente, porque muy pocos autores se hubieran atrevido a correr el riesgo de ser tachados de exhibicionistas, de morbosos. Es posible que alguien concurra a este texto en busca precisamente de eso, de la feria de carnaval. Allá ellos. Pueden estar seguros de que esa morbosidad sólo se hallará en el ojo del espectador, del lector así mentalizado.
El arte ya ha intentado varias veces esta aproximación humanística. Freaks, de Tod Browning (que aquí se tituló "La Parada de los Monstruos"; sólo que los únicos monstruos eran la gente "normal") fue pionera. Siguió El Hombre Elefante, de David Lynch (es tratado someramente en este libro: "Ahora se cree que James Merrick, conocido como «el Hombre Elefante», que falleció en 1890 a los veintiocho años, padecía el síndrome de Proteo. De ser así, entonces en cierto sentido tuvo suerte de haber llegado a esa edad"), y Eduardo Manostijeras, de Tim Burton (pero al ser un personaje producto de la imaginación, el mensaje perdía potencia). Faltaba que la ciencia diera un paso público y mostrara también su comprensión y trabajo.
Se ha definido este libro como una versión biológica de El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero, de Oliver Sacks. Es una adecuada comparación. Ambas obras comparten una visión humana fundamental de sus pacientes y las personas estudiadad. Y Leroi, además, tiende una mano a esos nuestros compañeros de humanidad. Una mano llena de esperanza.