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La Tercera Generación, de Chester Himes

(The Third Generation)
Muchnik Eds., col. Modernos y Clásicos
Barcelona, 2000 [1954]

Hablar de Chester Himes y no hablar de policiaco parece un contrasentido, puesto que su obra en ese campo marcó una época, un estilo y, sobre todo, fue una declaración en la novela negra afroamericana. Sin embargo, Himes fue mucho más que un escritor de lo que en Cataluña llamamos "novelas de ladrones y serenos". Habiendo pasado tanto por la universidad como por la cárcel, su experiencia vital de lo que representaba ser negro en los Estados Unidos le hizo reflexionar y tomar una posición ética pesimista y doliente tanto sobre las actitudes de sus hermanos de raza como sobre la hipocresía de una sociedad americana que era igualitaria sólo en apariencia. Ese pesimismo se trasladó a sus novelas, pero jamás dejó de luchar por cambiar las cosas. Dio conferencias que todavía hoy se recuerdan; se mostró combativo ante la discriminación racial en el sur y en el norte. Finalmente, y en la época en la que el conflicto racial estaba más acentuado y la vida para un negro, significado o no, estaba mucho más cerca de la muerte gratuita de lo que pueda parecer hoy, emigró a Europa, como tantos otros, en busca no tanto de reconocimiento a su obra como de un poco de respeto como persona.
La Tercera Generación es una novela fuera de todo tipo de géneros. Los que sepan algo de la biografía de Himes encontrarán similitudes entre sus protagonistas y la historia personal de su autor. Su título se refiere al primer cambio de mentalidad del negro ameriacano: la primera generación sería la liberada de la esclavitud por la Guerra Civil Americana, la segunda la primera nacida en libertad, pero criada por aquellos que fueron esclavos. La tercera debería ser la ya nacida sin referencias traumáticas a la guerra, la auténticamente ciudadana y libre en un país igualitario. Las cosas no transcurrieron precisamente así.
Es la historia de Charles, hijo de una madre posesiva y dominante, de piel muy clara, tanto que puede hacerse pasar por blanca (y lo hace: y eso crea conflictos por donde va, y pérdidas de empleo de su marido), y de un profesor universitario (pero no se confundan: en el sur, las universidades para negros eran universidades laborales, donde sólo se enseñaban artes y oficios). Su madre le inculca la pertenencia a un linaje de blancos, totalmente imaginario, con unos fantasiosos ancestros de un presidente de los Estados Unidos y un general (forzosamente sudista); pero Charles vive en el mundo de los negros. Así, no encontrará su lugar ni en la sociedad blanca (inaccesible) ni en la negra (en la que su madre, con una pretensión falsamente aristocrática, frustra cualquier relación de convivencia). Por otra parte, su madre se avergüenza cada vez más de su matrimonio, y cada vez se muestra más exigente y más excéntrica, y hará que su marido tenga que renunciar a un puesto tras otro en las universidades hasta que sólo pueda encontrar trabajo como obrero en el norte.
Lo que nos relata Himes es la vida de Charles, su huida hacia adelante, su rebelión violenta ante la progresiva desestructuración de su familia y de su propia vida; su percepción de que en su casa se renuncia a ser lo que se es y en la sociedad cada uno ocupa su lugar. Es una peripecia social de caída en el vicio y la pequeña delincuencia, en la desesperación; pero también es una peripecia sentimental, y tanto la desesperación por el esnobismo de su madre, perdida en un mundo ilusorio del que se desencantará traumáticamente, como la compasión por el padre, un hombre moralmente agotado, que acaba derrotado y muerto en un postrer acto de sacrificio, son conmovedoras. Es una historia que, repito, tiene sus ecos en la propia de Himes, la de una tercera generación a la que nunca se les explicó para qué se les había librado de la esclavitud y a la que nunca se permitió entrer en otro mundo que no fuera aquel heredado del gueto del esclavismo.
Una novela que demuestra que Chester Himes era un narrador emocionante, humano, espléndido.

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El Jeque de Harlem, de Chester Himes

(The Real Cool Killers)
Barral Editores, col. Eds. de Bolsillo, serie Negra Policial
Barcelona, 1975 [1959]
Serie Coffin Ed Johnson y Gravedigger Jones nº 3

Por casualidad, y rescatado del reciclaje, ha llegado a mis manos la novela de la serie de los detectives de Harlem "Ataúd" Johnson y "Enterrador" Jones que me faltaba por comentar.
Como es lógico, conserva todas las virtudes de Himes y, dentro de la serie, en ese descenso gradual hacia el pesimismo sobre la situación racial en los Estados Unidos, esta novela marca un punto de inflexión.
En Harlem se produce el asesinato de un hombre blanco, en apariencia un acto de violencia tan irracional e inmotivado como los que se reflejan en la serie, pero con una particularidad, y es que esta vez la hija de Coffin Ed Johnson está implicada circunstancialmente en él. Es importante, porque marca el clima de desconcierto social y de desorientación juvenil, que no encuentra un camino claro de integración y se adhiere a formas de rebeldía que pueden desembocar en acciones violentas.
Y esto, como toda la obra de Himes, no es una apología de la violencia, sino un lamento por las puertas cerradas y los muros invisibles del gueto que, en la época, parecían prefiguarar una catástrofe. Es en esta novela donde los más bestias y duros policías de Harlem hacen una declaración iluminadora:
«─Mire, señor comisario. En Harlem, la gente de color ve todos los días, dos o tres veces al día, a un negro armado de un cuchillo, un hacha o un palo, perseguir a otro. O perseguido por un policía blanco con pistola o un blanco con sus puños. Pero ver a un blanco perseguido por uno de los suyos sólo ocurre el treinta y uno de febrero. Y, encima, era un tipo enorme. Era un acontecimiento. ¿Se da usted cuenta?: por una vez, corre sangre de blanco, y derramada por un negro. Era un día más grande que el Día de la Emancipación de los esclavos. Como se dice en Harlem, el día más grande. Y contra eso luchamos Ed y yo cuando intentamos que Harlem también sea asequible a los blancos.»
Así estaban las cosas en Harlem en los cincuenta y sesenta, y este es el desesperado trabajo que tienen los dos detectives que han sido la mejor personificación de este Harlem: Coffin Ed Johnson y GRavedigger Jones.

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Un Cec amb una Pistola, de Chester Himes

(Blind Man with a Pistol)
Eds. 62, col. Seleccions de la Cua de Palla
Barcelona, 1995 [1969]
Serie Coffin Ed Johnson y Gravedigger Jones nº 8

En Un Ciego con una Pistola (podría haber leído la versión castellana pero, francamente, la traducción es horrible), Himes se desencadena. Por supuesto, hay un crimen, y es eel que hará posible el sempiterno deambular de sus protagonistas, los policías de Harlem "Ataúd" Ed Johnson y "Enterrador" Jones, pero eso es una cotidianeidad tan normal que apenas tiene importancia. Tan poca que Himes ni se molesta ya en resolverlo. En cambio, Himes tiene gran cuidado en mostrarnos el caos en marcha en Harlem y, por extensión, en toda la parte negroamericana de los Estados Unidos. Dice Himes: «Un amigo mío, Phil LOmax, me explicó la historia de un ciego con una pistola que, en el metro, disparó a un hombre que le había dado una bofetada y mató a un inocente que leía pacíficamente el periódico en el otro lado del pasillo. Pense, caramba, es tal como las noticias de hoy día, los disturbios en los guetos, la guerra de Vietnam, las conductas masoquistas del Oriente Medio. Y después pensé en algunos de nuestros líderes alborotadores que instigan a los hermanos de raza vulnerables para que se hagan matar y se me ocurrió que toda violencia desorganizada es como un ciego con una pistola».
En este caso (y además del ciego con la pistola, que también aparece en la novela), la violencia desorganizada surge de tres marchas simultáneas que acaban encontrándose en un punto de Harlem; la de los adoradores del "amor fraterno", la de un grupo religioso de seguidores del "Jesús Negro", y la de los manifestantes del "Poder Negro". Una estúpida intervención de la policía blanca acabará desencadenando el enfrentamiento entre sí de estas tres manifestaciones y la violencia y el saqueo.
A falta de leer la inconclusa y final novela de la serie, Plan B (que sigue en el limbo editorial después de una única y fugaz edición en España, destino que comparten casi todas las obras de Himes, por demás), en la que el autor mataba a sus protagonistas, nada menos que el habitualmente reflexivo Enterrador Jones disparando a Ataúd Johnson antes de ser asesinado él mismo en un clima de apocalíptica revuelta racial total, llegamos a la conclusión de esta serie, un auténtico fresco del conflicto racial en Estados Unidos. Si su tono final pesimista (y de revuelta abierta) hoy parece irreal no es porque Himes fuera mal profeta, porque Himes no pretendía ser adivino. Chester Himes, en sus novelas, se limitó a denunciar un clima moral que pudo desembocar en aquello que temía que sucediera. Tuvo que hacerse un gran esfuerzo por parte de las autoridades y la sociedad civil para revertir la situación y hacer que Harlem, por ejemplo, dejara de ser un gueto para convertirse en el pacífico barrio que los que visitan y viven hoy en Nueva York dicen que es. Pero, insisto, el esfuerzo fue enorme. Y de no haberse hecho, Un Ciego con una Pistola o Plan B serían tal vez más crónica que ficción.
En El Avispón Negro, James Sallis se permite introducir un fragmento de conferencia de Chester HImes. Sallis es biógrafo (tal vez el biógrafo definitivo) de Chester Himes, de modo que no es ocioso que destaque estas palabras. Habla Chester Himes:
«Si al fondear en busca de la verdad, ya como escritor, como es mi caso, o simplemente como individuos que reconsideramos nuestras experiencias, si al fondear en busca de la verdad se nos revela la existencia en la personalidad del negro de la manía homicida, la lujuria, un patético sentimiento de inferioridad, arrogancia, odio, miedo y despecho, debemos admitir que es la consecuencia de la opresión sobre la personalidad humana. Porque estos son los horrores cotidianos, las realidades cotidianas, las experiencias cotidianas, la vida misma de los hombres y mujeres negros de América».

Portada y sinopsis de la edición castellana

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Cotó a Harlem, de Chester Himes

(Cotton Comes to Harlem)
Eds. 62, col. Seleccions de la Cua de Palla
Barcelona, 1990 [1965]
Serie Coffin Ed Johnson y Gravedigger Jones nº7

La capacidad de Chester Himes de tratar de cosas muy serias mediante el humor, aunque sea negro, siempre ha estado presente en sus novelas, y esta Algodón en Harlem no es una excepción.
Al principio de la novela nos hallamos en una concentración del movimiento "Retorno a África", que ofrece a cada familia transporte gratis a África, cinco acres de tierra fértil, una mula, un arado y las semillas necesarias. Todo ello a cambio de unos módicos mil dólares.
Huele a timo, y más cuando quien está al frente es el "reverendo" O'Malley, recién salido de la prisión después de haber tenido sus más y sus menos con el sindicato del crimen, pero la policía no puede intervenir por no provocar un motín popular. Cuando son robados los ochenta y siete mil dólares de la recaudación, la sospecha es que el timo se ha consumado, pero el propio O'Malley parece ansioso por recuperar el dinero. Ataúd Johnson y Enterrador Jones sospechan que puede haber alguien que haya jugado sucio con O'Malley, que se lo tendría bien merecido, pero hay 87 familias que lo han perdido todo, hasta la esperanza.
Y, además, en pleno corazón de Harlem, se ha abierto una oficina del "Movimiento de Retorno al Sur", dirigida por un coronel de Alabama que ofrece que los negros vuelvan al sur a recolectar algodón. Las cosas están que arden en Harlem.
Himes sigue moviéndose como pez en el agua por el Harlem de las esperanzas rotas y las eternas contradicciones y, en broma o en serio, nos brindará un nuevo paseo por los sueños de una comunidad y el desolador panorama de las ambiciones de sus habitantes.
No hay héroes en las historias de Himes, porque no hay nada que lleve al heroísmo, en una comunidad donde la lucha por la mera supervivencia es continua y los ideales son limitados por el día siguiente. Es una visión pesimista, pero tener cualquier otra visión hubiera sido una claudicación ideológica insoportable, escribir una nueva Cabaña del Tío Tom que hubiera sido tan irreal como vergonzante.

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Empieza el Calor, de Chester Himes

(The Heat's On)
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo, serie Novela Negra
Barcelona, 19812 [1966]
Serie Coffin Ed Johnson y Gravedigger Jones nº6

Lo que todos los lectores de la serie de Himes se preguntan tarde o temprano, es decir, cuándo serán expedientados Ataúd Ed Johnson y Enterrador Jones por brutalidad policias, sucede en esta novela.
Claro que también suceden las otras cosas habituales en las novelas de Himes: un gigantesco negro albino de cortas luces, una sanadora por la fe anciana, filosófica y ambiciosa como una joven, un chófer heroinómano poco experto en el manejo de explosivos, un africano con turbante, un perro que más parece un león.
Un cargamento de heroína detrás del que va todo el mundo.
Y Harlem, claro.
Un Harlem en el que la vida vale muy poco y la muerte es omnipresente.
En un calor sofocante, Ataúd Johnson y Enterrador Jones tendrán que bregar con una serie de asesinatos inconexos que les desorientarán. Hasta que un par de asesinos a sueldo dejen al borde de la muerte a Enterrador Jones, y entonces será cuando Harlem conozca la furia vengativa de Ataúd Johnson.
El juego constante entre humor y tragedia, habitual en Himes, sigue aquí tan presente como en el resto de sus novelas, componiendo por contraste un cuadro verista socialmente, unas escenas inquietantes, demasiado inquietantes como para desecharlas por ficticias.
En este paseo por la serie seminal de Himes me he abstenido hasta hoy de proponerles la tesis que se trasluce en toda su obra, entre otras cosas porque prefería enumerar primero las diversas virtudes y elementos que la componen; pero ya va siendo hora de decir que toda la obra de Himes consiste en el papel del negro en la cultura americana. Rechazado o emigrado del Sur, hacinado en su gueto en el Norte, el mundo del negro es contemplado por el blanco como una sociedad propia, con sus propias reglas, un mundo aparte en el que puede suceder cualquier cosa. Y esas cosas suceden, nos dice Himes. Suceden porque mediante esa alienación, la sociedad americana ha logrado enfrentar a la sociedad negra consigo misma. Dejándolos en su propia misera, aislados y con sus propias normas en un universo cerrado, la sociedad blanca logró hacerlos llegar a un punto en que los negros empezaron a autodestruirse. Una situación insostenible. En ese contexto, con el crimen o su tentación a flor de piel (muchas veces motivado no por las ansias de poseer más, sino simplemente por las ansias de poseer algo, o de meramente sobrevivir), la actuación de los dos policías de Harlem, excesiva y brutal como es, puede entenderse como un desesperado intento, por todos los medios, por mantener un poco de orden en el caos, por mor de la supervivencia de la sociedad negra en los Estados Unidos.

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El Gran Somni Daurat, de Chester Himes

(The Big Gold Dream)
Eds. 62, col. Seleccions de la Cua de Palla
Barcelona, 1989 [1960]
Serie Coffin Ed Johnson y Gravedigger Jones nº5

Sumergirse en una novela de Chester Himes es, no me cansaré de decirlo, entrar a dar un paseo, a veces hilarante y a veces trágico, por ese personaje con entidad propia que es harlem. Y sin embargo, esta es probablemente una de las novelas más sombrías de la serie, en parte porque su motivo principal son los sueños rotos de los protagonistas, que corren tras la oportunidad de salir de la miseria.
Siempre es difícil dar un resumen argumental de las novelas de Himes sin desvelar algo fundamental de su trama, compuesta de minúsculas piezas que encajan como en un mecanismo de relojería, pero creo que esta vez es necesario. El Dulce Profeta, por descontado más falso que un billete de dos euros, arrastra multitudes, pero lo que a él le ineteresa es aumentar su cuenta corriente, aunque sea a costa de los más necesitados. Cuando Alberta Wright le relata que ha tenido un sueño premonitotio, El Gran Sueño Dorado del título, en el que hacía tres pasteles de manzana que entonces estallaban en una lluvia de dólares y que, interpretándolo como una profecía, apostó a las tres loterías clandestinas del barrio y ganó en las tres, el Dulce Profeta, en lugar de asombrarse ante lo maravilloso de tal premonición cumplida, se las ingenia para robar los premios obtenidos, desencadenando una ola de engaños y crímenes.
Este es el corazón de la historia: treinta y seis mil dólares y todos los esfuerzos de los que rodean a Alberta (y de los no tan póximos a ella) para robárselos, perseguirlos una vez desaparecidos y establecerlos como una obsesión.
Siempre compuestas de pequeñas historias, en este caso la mezquindad corre libre por Harlem, desembocando en dramas personales, pequeños o grandes. Un espectáculo al que asisten, como testigos resignados, acostumbrados a todas las miserias, los policías "Ataúd" Johnson y "Enterrador" Jones, los tipos más duros de Harlem, quienes, cuando son acusados de no tener entrañas, responden:
«Es difícil decir quién tiene entrañas y quién no. Aquí tenemos una mujer herida y hay un asesino que todavía corre por ahí. Ella nos podría decir quién es antes de que mate a alguien más.»
Puede que no sea tan chispeantemente surreal como las anteriores novelas de la serie, pero Chester Himes sigue componiendo con El Gran Sueño Dorado el fresco de un Harlem que en todo, aun lo extravagante, parece real.

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Todos Muertos, de Chester Himes

(All Shot Up)
Punto de Lectura
Barcelona, 2005 [1960]
Serie Coffin Ed Johnson y Grave Digger Jones nº4

Puesto que, a mi conocimiento, la tercera novela de la serie, The Real Cool Killers, no está disponible en España, daremos un salto en este nuestro personal recorrido por la serie fundamental de Chester Himes y aterrizaremos en esta All Shot Up, título de doble sentido, puesto que además de significar este Todos Muertos, fonéticamente suena igual que "All shut up", "todos callados" o "todos mudos".
Los inicios de las novelas de Chester Himes, como ya pueden haver comprobado (Por Amor a Imabelle, Quin Assassinat Més Bèstia) son capaces de, a la vez, desorientar, entusiasmar y provocar una risa inquietante en el lector más avezado.
En este caso, un joven en una noche gélida en Harlem está dedicado a su especialidad habitual, robar neumáticos. Entonces pasa una visión que le hace considerar si está sobrio o no: un cadillac de oro; y en el asiento delantero, el conductor con un gorro de piel de mapache al estilo Davy Crockett, a su lado la reina de la belleza de África (su fiel novia Sassafras) y al lado de ésta un hombre con sombrero homburg y un pañuelo blanco al cuello, que recordaba un prestidigitador. Ante el cadillac surge una vieja, que es embestida por el coche y tirada al suelo. El cadillac aumenta su velocidad y desaparece. La muejer, al cabo de un rato, se incorpora, riendo. Y entonces aparece un coche grande, negro, con los faros apagados y en su asiento delantero, destacándose, las siluetas de tres policías uniformados. Ese auto embiste de pleno a la vieja y prosigue su marcha sin detenerse.
Lo bueno de Chester Himes es que las expectativas que crea desde el inicio siempre se ven cumplidas. En este caso el tema central de la novela es el robo que un cargo público de Harlem ha sufrido de los fondos para su próxima campaña electoral, robo que Ataúd Johnson y Enterrador Jones sospechan que ha sido un montaje que el propio candidato ha organizado para quedarse con el dinero. Y al que conviene que todos los implicados queden mudos para siempre, es decir, muertos.
Johnson y Jones, esas bestias de policías que se mueven como pez en el agua por entre ese otro personaje de las novelas de Himes que es Harlem, resolverán el caso, seguro, pero en su transcurso toparemos con las pequeñas historias de las gentes que tocan o son tocadas por este suceso, y que a veces serán hilarantes y a veces trágicas. Porque la vida nunca es amable en las novelas de Himes.
Si digo que mantiene la línea habitual de la serie, es decir poco, salvo que precise que el nivel de excelencia de Himes es tan alto y constante que es imposible olvidar el paso por su ficción.

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Quin Assassinat Més Bèstia, de Chester Himes

(The Crazy Kill)
Eds. de la Magrana, col. la Negra
Barcelona, 1988 [1959]
Serie Coffin Ed Johnson y Grave Digger Jones nº2

Qué Asesinato Más Bestia (adecuada traducción de algo que en original se llama The Crazy Kill, algo así como "El Asesinato Loco") es la segunda entrega de la serie de los policías de harlem Ataúd Ed Johnson y Enterrador Jones, y no defrauda con respecto a la primera.
Un hombre roba una bolsa de calderilla de un coche aparcado en una calle de Harlem. Alguien lo ve desde una ventana. Se inclina para ver mejor la persecución. Se inclina más, y más... y de repente cae hacia la calle; como a cámara lenta. Cae y cae y aterriza en el interior de una cesta de pan caliente. Pasa el tiempo. La superficie del pan empieza a moverse con lentitud. Poco a poco, el hombre empieza a salir de la cesta, como un resucitado se levanta de la tumba. Saca una pierna por un costado, buscando la acera con el pie. La acera todavía está allí. hace fuerza con el pie para comprobar la acera. la acera es firme. Saca el otro pie y queda erguido en la acera. Se ajusta las gafas de montura dorara. Después, comprueba los bolsillos de los pantalones para ver si ha perdido alguna cosa. lo tiene todo: llaves, Biblia, cuchillo, pañuelo, cartera y botellín de medicina de hierbas. Da un trago de su medicina altamente alcohólica y se dirige hacia el piso del que ha caído.
Menos de diez minutos después, en la cesta de pan se descubre a un individuo tendido allí con un cuchillo clavado en el corazón.
Vamos batiendo registros. Todo esto que les he contado sucede principalmente en el capítulo 1, y el muerto a parece en el 3 (aunque lleva allí desde el segundo); de un total de 21, lo cual supera la celeridad de Por Amor a Imabelle.
Es siempre un placer encontrarse con el humor de Chester Himes, un humor que mediatiza la violencia de sus novelas. Como con la anterior, nos hallaremos frente a una historia bien construida y mejor narrada. con una sociedad, la de Harlem, que parece tan alejada de la nuestra como el planeta Marte pero que te deja el regusto inquietante de la verosimilitud. Y con un mundo tan lleno de antihéroes que se convierte en desoladoramente real. Tal vez por ello sea conveniente tomarlo con una dosis de buen humor negro del que era maestro Chester Himes.

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Per Amor a Imabelle, de Chester Himes

(For Love of Imabelle)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 1987 [1957]
Serie Coffin Ed Johnson y Grave Digger Jones nº1

Chester Himes es el creador de la novela negra afroamericana. Nacido en Jefferson City, Missouri, acabó emigrando a París (donde se publicaron sus novelas) y finalmente a Moraira, España, donde murió en 1984, un periplo hacia Europa que siguieron muchos escritores y jazzmen de raza negra (en la época, ser negro y vivir en Estados Unidos no era ninguna bicoca).
Sus obras son reflejo de la sociedad negra estadounidense, de tal manera que acaban por tener como un protagonista más al Harlem de su época: «Si miramos en dirección este desde las torres de la iglesia de Riverside, que se alza entre los edificios universitarios cercanos a las elevadas orillas del río Hudson, veremos un valle lejano como olas de tejados grises que distorsionan la perspectiva y hacen que parezca la superficie de un mar. Bajo la superficie, dentro de las turbias aguas de edificios pestilentes, una ciudad de gente negra se convulsiona desesperadamente por vivir, como un cardumen de millones de voraces peces caníbales. Bocas ciegas que se comen las propias entrañas. Mete la mano y sacarás un muñón.
»Esto es Harlem.»
Su ficción se caracteriza por un tono descomunal y surrealista, pero de un surrealismo que nos deja intranquilos porque, por lo que sabemos y hemos visto, su exageración de formas, instituciones y tipos puede no estar muy por encima de la realidad.
Ha sido definida muy apropiadamente como poseedora de un humor color café fuerte, y buena prueba de ello son los protagonistas (a veces incidentales, a veces director) de gran parte de sus novelas, los policías Coffin Ed Johnson y Grave Digger Jones (literalmente "Ataúd" Ed Johnson y "Enterrador" Jones) que, además, no son ningunos héroes, como descubre el lector con rapidez, entre otras cosas porque en la ficción de Himes se pueden hallar algunos antihéroes, pero jamás un tipo totalmente redimible.
Por Amor a Imabelle es la historia de Jackson, un negro corto de entendederas pero (¿por qué "pero"? Precisamente por ello, diríamos) enamorado perdidamente de Imabelle, una buscona que va a lo suyo por la vida. A Jackson, con la complicidad de Imabelle, le estafan 1.500 dólares mediante el viejo timo del papel para hacer dinero. En una serie de equívocos cada vez mayor, Jackson se embrolla cada vez más en problemas que hacen que tenga que recurrir a su hermano gemelo Goldy, drogadicto que se gana la vida travestido de monja pidiendo dinero para unas obras de caridad inexistentes. Si les parece extremo, les diré que sólo hemos llegado al capítulo cuarto de un total de veinticinco.
Leer una novela de Himes es un ejercicio de desorbitar los ojos ante lo increíble, si no fuera porque todo mantiene la impresión de ser inquietantemente real y plausible (y lo peor es que si uno avanza por la prensa y la crónica de la época, descubre que es real), y por un humor negrísimo que hace avanzar dinámicamente la narración. Pero se lo advierto: si Quentin Tarantino no ha leído a Chester Himes, desde luego debería hacerlo, aunque sólo fuera para descubrir que nada de lo que ha realizado es totalmente nuevo. Hubo un escritor que lo hizo antes, de forma insuperable, y que se llamó Chester Himes.

Portada y sinopsis de la edición castellana