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Los Hijos de Noé, de Richard Matheson

Richard Matheson fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes maestros del terror moderno, un revolucionario en los temas que aportó al género una visión que iba mucho más allá del mero escalofrío o el simple efecto terrorífico, como puede comprobar cualquiera que lea Soy Leyenda, con su filosófica inversión de papeles entre la normalidad del vampirismo y la monstruosidad del humano que sale de día a matar a esos ciudadanos vampiros.
También fue autor que desarrolló un fino humor o una acerada ironía en mucha de su producción, y este es el caso en Los Hijos de Noé, que pueden ustedes leer en el enlace que figura al pie de esta reseña.
El planteamiento es simple y clásico. Un turista en automóvil, Ketchum, que recorre la costa de Nueva Inglaterra (un lugar gótico donde los haya en la imaginería estadounidense), llega de noche al pueblo de Zachry (población: 67 habitantes), conduce a 50 mph en un lugar donde sólo se puede ir a 15, es detenido por la policía local y arrestado y puesto en un calabozo a la espera de ser juzgado. Todas esas campanas que hemos escuchado desde tiempos inmemoriales acerca del forastero que se mete en líos en un pueblo desconocido, cuyos habitantes son siempre hoscos y poco amistosos resuenan aquí. Y hay que decir que lo hacen para cumplir todas nuestras peores expectativas, en un final sorpresa brutal, tremendo, inesperado.
Pero más que su efecto, que ya es remarcable, hay que destacar lo bien construido de la historia, su paso imperceptible de la monotonía a la inquietud, después al enigma para finalmente alcanzar el terror. Y la fantástica descripción que Matheson hace del pueblo, de su atmósfera de decadencia, de su misterio. Todo ello convierte este relato en una pieza, si no muy conocida, sí en magistral.
Les dejo aquí un enlace al tráiler de un corto titulado Zachry, del director Guillaume Hanoun, basado en esta historia de Richard Matheson. Puede darles una aproximación visual ciertamente inquietante al relato escrito.

(Children of Noah)
En Cuentos que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1957]

Texto en castellano de Los Hijos de Noé


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La Casa Infernal, de Richard Matheson

El tema de la casa encantada, como epítome y variante del "Mal Lugar" es un viejo favorito del género de terror. Sin embargo, cosa extraña, no existen muchas novelas centradas en este tema, por lo menos buenas. Lo cierto es que es difícil prolongar a la extensión de novela el tema, con lo que las casas malditas aparecen en nuverosos relatos y novelas cortas, pero parece que los fenómenos que concurren en esas mansiones no dan para mucho.
Con una casa encantada se puede matar de miedo al protagonista, por lo general en una noche (o hacer que salga de la mansión con el pelo blanco), o empezar a hacer trapisondas contra los incautos que entran en ella y que huyen a toda mecha, dispuestos a incrementar la fama de malignidad del edificio.
Sólo hay tres novelas de mérito que traten el tema: The Haunting of Hill House, de Shirley Jackson, con mucho la mejor y más literaria; The Amityville Horror, de Jay Anson, lastrada por la etiqueta de que no se trata de una novela, sino de un relato "real" novelizado; y La Casa Infernal, de Richard Matheson, con tal vez el añadido de The House Next Door, de Anne Rivers Siddons.
Para que esos citados incautos permanezcan el tiempo suficiente en una casa encantada, hay que encontrar un motivo para que, les guste o no, tengan que anclarse allí y soportar todo lo que la casa les quiera echar encima, a veces muy literalmente. En el caso de la novela de Matheson, la excusa la proporciona un anciano millonario, Rolf Rudolph Deutsch (¿resonancias tal vez de William Randolph Hearst y, por tanto, de Charles Foster Kane? Es muy posible), viéndolas venir, quiere estar seguro de si hay existencia más allá de la muerte, y por tanto encarga al doctor Barrett, un científico que estudia lo paranormal, pero de forma materialista (y que entrará en la casa acompañado de su esposa, como ayudante), una médium psíquica, Florence Tanner, y un médium físico y único superviviente de una antigua incursión, Benjamin Franklin Fletcher, que entren en la infame Casa Belasco, la más potente de las mansiones infernales, y diluciden el tema en una semana.
La Casa Belasco pronto se convierte en un personaje más de esta novela. Habitada en teoría por el espíritu de su demoníaco propietario, más una cohorte de servidores en el mal que murieron allí, es una presencia intangible, agazapada, que cuando se muestra tiene una potencia terrible, y eso es mérito del gran narrador Matheson.
Por supuesto, como ya hemos dicho, no sólo con fenómenos y poltergeists se puede mantener una narración semejante en tensión. Matheson entra muy pronto en la psicología de cada uno de los miembros del grupo, unidos en un objetivo pero en el fondo enfrentados, Barrett escéptico ante la permanencia de entidades psíquicas, Florence auténtica creyente en el más allá, y Fletcher asustado por lo que ya ha vivido en esa casa, de la que salió vivo de milagro, y por lo que puede hacer al grupo, con Edith Barrett como puente entre ellos.
Es una de las mejores novelas que se puedan encontrar sobre este subgénero, escrita por alguien que una y otra vez (Soy Leyenda; El Hombre Menguante) entró en el género con una inteligencia inusitada y una profundidad de argumentos que desmentían todas las leyendas de superficialidad de la moderna ficción de terror.

(Hell House)
Ed. Planeta / Minotauro
Barcelona, 2011 [1971]

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Minotauro recupera para su colección de clásicos una de las mejores novelas sobre casas encantadas del maestro del terror Richard Matheson

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Shoo Fly, de Richard Matheson

Richard Matheson es uno de los grandes nombres del terror contemporáneo. Su nombre puede no sonarles. Bueno, pues es el autor del argumento y guión de Duel-El Diablo Sobre Ruedas, de Steven Spielberg, ha contribuido con guiones a las series "Twilight Zone", "La Hora de Alfred Hitchcock", es autor y adaptador de Soy Leyenda, y guionista de múltiples series para televisión. Amén de tener el raro honor de aparecer en El Padrino, parte II, que no es poca cosa tratándose de una obra maestra.
Pero los que le conocemos como escritor le tenemos devoción en su medio. Es un autor excelente, como lo prueba la anteriormente citada Soy Leyenda, entre otras obras maestras; también es uno de esos raros autores cuya fuerza es tal que no ha desaparecido en las épocas en que el terror estaba de capa caída (algo que sucede cíclicamente, y cñiclicamente vuelve el género a resurgir de sus cenizas trayendo una nueva catarsis, un nuevo subtexto para las épocas que vivimos) y cuya ficción se escribía, vendía y leía con la misma intensidad que cuando las portadas macabras dominaban los estantes.
Este Shoo Fly (que podríamos traducir como Fuera, Mosca, así, sin ningún tipo de signo de exclamación) es una de esas pequeñas joyas de contyención a las que nos tiene acostumbrado, un relato en el que no hay nada terrorífico en apariencia, salvo lo inquietante que resulta su escalada de acontecimientos.
El protagonista es un director en su despacho, esperando a un cliente con el que tiene que firmar un importante contrato.Este cliente se retrasa, la secretaria se va a comer y el directivo se queda solo. ¿Solo? Bueno, en el despacho hay una mosca. Conforme crecen los nervios de la espera y repasa sus achaques y dolencias, la presencia de la mosca y su deambular se vuelven cada vez más evidentes para el hombre, y su irritación se va incrementando, hasta que por fin decide que no tiene más laternativa que matar a ese insecto. Y emprende toda una cacería de furia creciente que conlleva una destrucción también más absoluta del despacho...
Pueden ustedes ver ya que el humor de Matheson es de un sardónico que puede provocar más la inquietud que la risa. Porque este relato, en el que sólo contamos con el monólogo interior del hombre que, por una parte, analiza su vida y sus fracasos, el paso de los años y sus achaques, y por otra la furia con la que culpa de ello a la mosca, como si el matar al insecto fuera algo definitorio para ver si su vida ha sido un fracaso total o no, se inicia en un tono tan minimalista y casual que se introduce en la mente del lector de manera tal que cuando el crescendo de frustración se va produciendo, el hecho ha dejado de ser una mera anécdota para convertirse en una premonición de lo que puede ser una catástrofe de consecuencias terribles para el protagonista.
Es marca de fábrica de Matheson esta naturalidad en el tratamiento, esta entrada insidiosa de la tensión en la historia, y el poder que tiene en descubrir situaciones límite en las cosas más insospechadas y casuales. Shoo Fly es un relato totalmente realista, una joya en la que el lector aporta su parte a la historia con su propia imaginación, pero una imaginación estimulada por lo que Matheson cuenta y los detalles que da. Un relato perfecto.

En Demons & Dreams. The Best Fantasy and Horror 2
Legend / Random Century
Londres, 1990 [1988]
Ed. de Ellen Datlow y Terri Windling

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Soy Leyenda, de Richard Matheson

(I Am Legend)
Minotauro, col. Otros Mundos
Buenos Aires, 1960 3 [1954]

Dentro de los monumentos que la ciencia-ficción, la fantasía y el terror han dado a la literatura, hay pocos tan inmortales y de tanta carga temática, ética y filosófica como Soy Leyenda.
Por si no han visto ninguna de las tres versiones fílmicas que se han hecho de esta novela (y que no le hacen justicia), les diré que en un futuro no muy lejano descubrimos a un hombre que vive aislado en una casa en medio de la ciudad. De hecho, vive en un estado de asedio. Una muchedumbre rodea su casa cada noche, intentando o que se una a ellos o asaltar su casa para aniquilarlo. Pero hay más: durante el día Neville, el protagonista, sale de caza, a matar a sus asediantes. Lo hace con estacas afiladas, que clava en el corazón de sus víctimas. Porque los que le acosan son vampiros. Y Neville es el único hombre "normal" que existe.
El motivo de esta epidemia vampírica tiene base científica: una bacteria que ha infectado a toda la población y la convierte en un símil vampírico casi perfecto (lo que insinúa que los vampiros de la leyenda no eran más que precursores raros de esta epidemia); Neville investiga los cómos y porqués de las características de la enfermedad, como la alergia al ajo o la aversión más bien psicosomática a los símbolos religiosos correspondientes, pero esto no es más que el mumbo-jumbo destinado a revestir de verosimilitud la historia y, a la vez, afirmar su racionalidad. Lo fundamental de Soy Leyenda se halla en otra parte.
En primer lugar, en la inversión de roles. Simpatizamos con Neville como protagonista, pero también porque es el único personaje en el que nos reconocemos como seres humanos. Sin embargo, Neville es ese ser que sale a diario para atacar a seres indefensos bajo la luz del sol. A asesinarlos, en suma. Para una sociedad que es vampírica, él es el monstruo, y como tal se comporta. Es el ser que preda a miembros de esa sociedad, ni tan siquiera para alimentarse, sino para afirmar su superioridad y su poder. Esta completa revisión del concepto de normalidad, que ha sido tema recurrente en la ficción terrorífica y fantacientífica, pocas veces se ha tratado con tanta fuerza y profundidad.
Es también una reflexión sobre el hombre solo y, por lo apuntado antes, conforma un retrato del monstruo, de lo que vive y cómo aquel que es diferente. Monstruosamente diferente. Sus frustraciones, sus ansias, sus tentaciones a la claudicación, lo que puedan ustedes imaginar. Matheson no es autor superficial que no sepa reconocer la potencia de lo que tiene entre manos.
Y consecuencia de todo ello esta novela tiene además una preciosa definición reflexiva sobre el hecho (prefigurado por el título) de convertirse en una leyenda, de pasar de ser algo real a incorporarse al pozo mítico del que bebe una sociedad entera.
Pocas veces, repito, una novela ha trazado con tanta potencia y estilo estos temas, en una obra maestra del género que nos incumbe a todos en tanto enumera lo que nos une y lo que nos hace diferentes.



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Richard Matheson