Mostrando entradas con la etiqueta Camilleri ·Andrea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Camilleri ·Andrea. Mostrar todas las entradas
0 comentarios

El Joc dels Miralls, de Andrea Camilleri

En Juego de Espejos a Salvo Montalbano se le multiplican los enigmas. Una bomba que estalla en un lugar donde no hay nada que pueda destruirse, comportamiento mafioso pero poco mafioso, lo cual tiene desconcertada a toda la comisaría; y, además, a su vistosa vecina alguien le ha averiado el automóvil a conciencia, en lo que parece un asunto de venganza por amoríos, aunque no cuadren en esta hipótesis muchos elementos. Por no hablar de cuando el fiel Fazio descubre, redondo y nítido, un agujero de bala en el automóvil de Montalbano, señal de que se está acercando demasiado a algo. Pero, ¿a qué?
Todos los enigmas tienen solución, si se saben leer según unas claves, y éstas son las del carácter siciliano, con sus códigos de honor y autoprotección. Este sigue siendo el punto fuerte de las historias de Montalbano; que no se trate sólo de casos policiales, sino que para resolverlos se necesite entrar en la idiosincrasia siciliana. Algo que, desde el principio, ha sido marca de la casa, un arraigo y comprensión de la tierra y sus gentes que permite ese rasgo de genio y de naturalidad que tiene Salvo Montalbano. Una característica difícil de encontrar en la novela negra contemporánea.
Hasta tal punto es así que, a diferencia de otras novelas de la serie, que podían basarse en hechos sucedidos pero modificados y adaptados, ésta era completamente inventada... hasta que, poco después de escrita y antes de publicarse, lo que se relata en Juego de Espejos sucedió. Puede que la realidad esté rindiendo homenaje a Camilleri.
Siempre es un placer reencontrarse con unos personajes que ya son familiares y queridos, sin duda la comisaría más peculiar de Sicilia, pero también la que mejor comprende a sus conciudadanos a uno y otro lado de la ley. Y seguir las peripecias vitales de un Salvo Montalbano que va notando el paso de los años, pero que finalmente ha salido del bache en el que, pensando que estaba acabado, se había metido. Ha resurgido creyéndose y siendo valioso y útil para la sociedad en la que vive y en ese nuevo impulso se ha crecido y domina los casos en los que se ve inmerso.
Todo lo cual tiene una cierta resonancia a personaje mítico, ¿no es cierto? Pues en ese valor es el que me gusta reconocer a Montalbano.

(Il Gioco degli Specchi)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2014 [2011]
Trad. de Pau Vidal
Serie Comisario Montalbano nº 24

Portada y sinopsis de la edición castellana


el-joc-dels-miralls_9788429772173.jpg
Andrea Camilleri
Un nou cas de Montalbano, el comissari sicilià més famós de la història

0 comentarios

La Concessione del Telefono, de Andrea Camilleri

La Concesión del Teléfono es una de esas novelas enclavadas en el territorio mítico de Vigata (que es y no es Porto Empedocle) con las que Camilleri abandona a su comisario Montalbano para llevarnos a la Sicilia histórica, aquella que tal vez ha conformado la Sicilia de hoy.
Camilleri suele usar la sorna, ese humor irónico que era favorito del padre de todos los escritores sicilianos, Pirandello, y que Sciascia, por ejemplo, empleó a conciencia. En este caso, la historia relatada parte de un equívoco: Pippo Genuardi escribe insistentes cartas al prefecto pidiendo la concesión de una línea telefónica (estamos en 1892, cuando una línea telefónica particular era poco menos que una extravagancia); no importa la insistencia, no importa que Pippo equivoque el destinatario, que en lugar de ser el prefecto debería ser la Administración de Correos y Telégrafos. Lo que importa es que en lugar de llamarlo Marascianno, Pippo escribe "Parascianno", cosa que el prefecto toma como una afrenta personal. Y le echa encima a los carabineros, pidiendo que le informen de la orientación política de Pippo; sugiriendo, claro está, que al más mínimo indicio, cierto o falso, de desafección, Pippo pase a residir en la cárcel.
A partir de esta anécdota ínfima, Camilleri logra un cuadro sobre la Sicilia de la época, desde los prefectos "extranjeros" que no comprenden nada de Sicilia, hasta la mafia y sus imbricaciones (el auténtico poder sobre el territorio) y el carácter siciliano en general, con consecuencias nefastas para Pippo, quien tampoco es un dechado de virtudes que digamos.
hay la tendencia de calificar a Camilleri como un escritor que, psé, escribe policiacos o bien escribe bufonadas. Esta apreciación pasa por alto no sólo la auténtica dimensión del Camilleri escritor, con un dominio del italiano y sus dialectos como pocos han logrado, sino que omite el análisis profundo que, riendo riendo, hace de Sicilia.
En esta novela tenemos una exposición más que lúcida sobre el uso del lenguaje; la costumbre siciliana de la media palabra, de la metáfora en apariencia inocente, de lo no dicho pero implícito... que los que son sicilianos dominan a la perfección. De ahí la costumbre de, cuando no queda más remedio, se diga "¿Puedo hablarle 'papale papale'?" o "¿a la latina?", indicando que, muy a disgusto de quien habla, se van a decir las cosas claras y sin circunloquios.
Prueba de ello es la división de la novela en "cosas escritas" y "cosas dichas". Con lo escrito vemos la fachada de las cosas, en su mayoría inocentes, coherentes, racionales. Pero no sabemos apenas nada. Es con las cosas dichas (y muchas más veces no dichas pero insinuadas) cuando descubrimos la auténtica historia que hay detrás. Sobre todo, hay una recurrencia: quien habla claro, o no es creído o lo paga caro. Quien calla, o habla en acertijos, en cambio, tiene las líneas de comunicación abiertas y una vida más larga por delante. La verdad, en Sicilia, no sólo es desagradable sino que parece de mal gusto, algo que emplear únicamente con los niños o con los tontos.
La Concesión del Teléfono es una novela divertida, a veces hilarante, una historia de equívocos sobre equívocos que desembocan en tragicomedia, pero también una historia de Sicilia a nivel de la gente que la puebla. No en vano, como quien no quiere la cosa, Camilleri de permite decir, a través de uno de sus personajes: «¡Pienso en este pobre yerno mío, atrapado en medio del Estado y la mafia!» «Genuardi no es el único, si eso le sirve de consuelo. Tres cuartas partes de los sicilianos están atrapados entre el Estado y la mafia.»

Sellerio Editore, col. La Memoria
Palermo, 199828 [1998]

Exitste edición castellana en Eds. Destino

Portada y sinopsis de la edición italiana

9788423330942.jpg
La solicitud de una línea telefónica en un pequeño pueblo siciliano desencadena una divertida serie de peripecias burocráticas, malentendidos y maniobras. Una visión a la vez cómica, realista y amarga de la sociedad siciliana.

5 comentarios

La Danza del Gabbiano, de Andrea Camilleri

En La Danza de la Gaviota, esta vez el comisario Montalbano (y los lectores que lo acompañan desde su inicio) se ven enfrentados a un hecho terrible. Fazio, el fiel inspector Fazio, ha desaparecido. Y mediante una declaración anónima, Montalbano puede saber que está en manos de delincuentes, que probablemente lo asesinarán a menos que la actuación sea rápida y eficaz. Y para ello se movilizará a toda la comisaría de Vigata.
Si en las últimas novelas de la serie un Montalbano ya cincuentón se obsesiona por su juventud perdida y por la vejez que él cree inminente, en esta novela la premura de la actuación hace que se sobreponga a todo ello, y volvemos a encontrarnos con el Montalbano de sus inicios, rápido, incisivo, vengador pero cumplidor de la legalidad, arraigado en el territorio en el que se mueve como pez en el agua y del que se aprovecha para realizar sus investigaciones.
Entiendo que algunos críticos confundan celeridad de escritura, o descuido, con lo que en realidad son las novelas de la serie, es decir, un reencuentro entre autor, lectores y personaje. No es necesario que Camilleri nos explique, a estas alturas del asunto, las idiosincrasias de los habitantes de Vigata, ni de los miembros de la comisaría. Tales cosas serían redundantes, y si esos críticos creen que debiera hacerlo, lo mejor sería que cumpliesen ellos con su obligación y leyeran las primeras novelas de la serie. Porque, en efecto, cualquier Montalbano es disfrutable por sí mismo, pero no es comprensible en su dimensión total salvo que se lo considere como un fragmento de un cuadro mucho mayor compuesto por las diversas novelas y relatos que lo han precedido, como entender la personalidad del inspector Kurt Wallander, de Henning Mankell, es imposible si no se ha seguido su orden de lectura. Porque estos personajes envejecen, cambian, como lo hacen los que les rodean. Por tanto, la crítica no debe hacerse sobre la novela por sí sola, sino en relación a la coherencia en la serie.
Y la coherencia en este caso es total. Sólo con anunciar que Fazio, la mano derecha de Montalbano, pueda estar en peligro, todos sus lectores habrán entendido lo que sucede dentro de la mente del comisario. Si Camilleri, en lugar de apelar a la complicidad del lector, lo hubiera explicado, entonces estaríamos hablando de mala literatura en su conjunto. Presuntos críticos, tomen nota.

Sellerio editore, col. La Memoria
Palermo, 2009 [2009]
Serie Comisario Montalbano nº 20

Portada y sinopsis de la edición castellana
Portada i sinopsi de l'edició catalana
Portada y sinopsis de la edición italiana

2 comentarios

La Caccia al Tesoro, de Andrea Camilleri

Como hacen los farmacéuticos, creo que voy a tener que empezar mis reseñas sobre la serie Salvo Montalbano con la advertencia de que no sólo no me cansan jamás, sino que sus personajes se me han hecho tan familiares que, tras una temporada de no leerlos, los echo de menos.
De manera que siempre recibo con alegría la posibilidad de leer un "nuevo" Montalbano. Pero, puesto que es imposible que una crítica o reseña sea totalmente imparcial, creo que eso importa poco. Si por cualquier motivo Camilleri les resulta poco grato, déjenme con mis manías y opiniones.
Como el mismo Camilleri escribe, La Caza del Tesoro no se inicia con Montalbano despertándose en su casa de Marinella, como acostumbra. Esta vez el amanecer lo sorprende en vela, debido a los hechos acontecidos la noche anterior, y que tendrán unas consecuencias inesperadas.
Lo que ha pasado es que una pareja de ancianos obsesionados con la religión y que ya lleva años sin salir de su casa, han empezado a colgar pancartas de los balcones de su casa en las que amenazan a todo el pueblo con el castigo por sus pecados. Montalbano no se toma el hecho como una broma, y orrdena a la policía municipal que investigue. El guardia es recibido a tiros, y Montalbano y los suyos tienen que iniciar un asalto en toda regla a la casa. Les ahorro la descripción de los hechos, pero sepan que Camilleri está en todo su esplendor en estas páginas reflejando una existencia miserable, obsesionada y demente, pero conmovedora para todo aquel que tenga sentimientos.
El caso es que pocos días después Montalbano recibe una misiva, un mensaje en clave que le propone participar en una "caza del tesoro". El comisario frunce el ceño ante esto. Puede ser un juego, una broma, pero esta clase de bromas sabe muy bien que no se sabe nunca cómo terminan.
Los mensajes se suceden y adquieren un tono cada vez más personal, más de desafío. ¿A qué? Pues a su capacidad intelectual, a su prestigio como policía. Y eso implica que para desafiar a Montalbano algún hecho delictivo grave tiene que suceder.
Lo que pasa es el secuestro de una joven, en principio no relacionado con la caza al tesoro, y Montalbano tiene que posponerla. Pero le sigue preocupando...
Camilleri sigue haciendo envejecer a su protagonista, más en la mente de éste que en la realidad, pero eso está bien en un personaje que ya hace algún tiempo que se siente cansado y que parece un islote de sentido común en un mundo desquiciado que, sin embargo, muestra una apariencia de normalidad. Respecto al argumento, si bien el lector tiene la intuición o la certeza de quién es el asesino, Camilleri hace bien en revelar este hecho pero hacer que Montalbano no reaccione. Por un lado, no tiene pruebas, pero por otro el autor nos indica que nosotros, lectores atentos, no somos la gente "normal" que puebla las novelas, y que tiene en la mente otras cosas aparte el argumento de las mismas. Y, además, importa poco. Porque en esta La Caza del Tesoro lo que importa es, como hemos dicho, los desquiciados de la sociedad, que no poco casualmente, se pasean entre nosotros con una imprinta de normalidad que es más terrible que la locura manifiesta.

Sellerio Ed., col. La Memoria
Palermo, 20106 [2010]

SerieComisario Salvo Montalbano nº 22

Portada y sinopsis de la edición italiana

2 comentarios

La Triple Vida de Michele Sparacino, de Andrea Camilleri

Camilleri se pone en la piel de Pirandello en este relato (publicado aquí con formato de novela). Claro que Pirandello siempre ha estado presente en su ficción (véase La Desaparición de Patò, por ejemplo) en la cuestión de la identidad y su desaparición; pero también en la utilización de la sorna connatural al carácter siciliano y, por extensión, italiano. No olvidemos que Pirandello fue el autor del ensayo L'Umorismo, y que en buena parte de su ficción se ejercía la transmisión de su mensaje mediante un agudo sentido del humor, presente incluso en sus obras más "serias" como El Difunto Matías Pascal.
Camilleri, que como su otra gran influencia, Sciascia, siempre ha ejercido este humorismo, consigue en este relato transmitir de forma enormemente divertida lo que parece, en principio, una descomunal broma del destino.
La primera vida de Michele Sparacino es su vida real: su nacimiento, marcado por una extemporánea broma burocrática, y sus primeros días, significados por la vulgaridad de la lactancia y el sueño, sin sospechar que su segunda vida se traza a su alrededor.
Y ésta es que, Cuando su padre fue al registro para inscribirlo, declarando que había nacido el día cuatro porque sonaban las campanadas de medianoche, el funcionario, extrayendo un reloj ferroviario, anotaba que el niño había nacido el día tres, porque el reloj del ayuntamiento que daba las campanadas adelantaba diez minutos. Esta nimiedad tiene consecuencias inesperadas.
Los trabajadores de la mina de azufre se rigen por el reloj del ayuntamiento, de modo que han estado entrando al tajo diez minutos antes de su hora desde hace cinco años. En breve, se ponen en huelga. A Vigata llega un periodista para cubrir el hecho, no entiende una palabra de lo que le explican y, al final, escribe un artículo atribuyendo los disturbios al "peligroso agitador Michele Sparacino". Que, mientras tanto, duerme con toda tranquilidad en su cuna.
La prensa ha creado una figura, de modo que insiste, y todo lo que sucede a partir de entonces en la comarca y, por ende, en Sicilia, tiene la firma del bandido Sparacino. Hasta le hacen una entrevista, inventada, ya que el periodista mal puede encontrar a un malhechor que en realidad tiene cuatro años.
Cuando estalla la primera guerra mundial, ambas vidas se entrecruzan por fin. En la caja de reclutas, cuando el suboficial encuentra el nombre del Michele Sparacino que tiene delante, sólo puede exclamar: «Cojones».
De inmediato la segunda vida se le cae encima a Michele: primerísima línea de fuego, y a ver si el enemigo les libra del rebelde. «Cinco días más tarde, Michele Sparacino se halló de repente en una trinchera del Carso, llena de muertos y de barro, con los austríacos que le disparaban por todos lados.
»─¿Pero qué cojones les he hecho, a estos? ─se preguntó, todavía atónito por lo que le estaba sucediendo.
»Y con "estos" no se refería tan sólo a los austríacos.»
Todas estas peripecias hacen un relato absolutamente tragicómico, magistralmente llevado, con tal incidencia en lo cómico que el lector puede tener la impresión de que el elemento trágico no lo es tanto.
Error. La tragedia golpea, tal vez con mayor impacto por lo humorístico que la antecede. Porque, una vez muerto Michele, y su cadáver irreconocible enterrado en una fosa sin nombre, ¿cuál puede ser su tercera vida? ¿Cuál, en efecto, salvo la de que el teórico enemigo del estado, traidor, bandido, agitador, desertor amotinado, sea el soldado desconocido símbolo del sacrificio de Italia?
Pirandello tuvo la obsesión de saber quién era en realidad el individuo, y de cómo podía ser otro siendo y no siendo el mismo. Camilleri recoge el tema (universal, por otra parte) y construye una realidad terrible, y es que, muchas veces, no somos nosotros sino lo que otros dicen que somos. Frente a eso, el individuo está casi inerme, y el solo pensamiento ya da escalofríos. Camilleri pone la acción en los años diez del siglo XX, pero hoy, con prensa, media, redes sociales, etc., cada vez más estamos a merced de lo que los demás piensen y digan de nosotros. Un futuro, un presente, más que preocupante.
En esta edición, el relato se complementa con una interesantísima charla que Francesco Piccolo mantiene con Andrea Camilleri. Además de tratar el Michele Sparacino, Camilleri ahonda en su carrera, en su método de escritura, en sus obsesiones, en su pensamiento.
La virtud de la entrevista subyace en que el entrevistado tenga cosas que decir y el entrevistador sepa qué preguntar, y en este caso, ambos confluyen en una comprensión mutua que da como resultado una joya para el lector de Camilleri.

(La Tripla Vita di Michele Sparacino)
Eds. Bromera, col. L'Eclèctica
Alzira (València), 2010 [2009]

Portada i sinopsi de l'edició catalana

0 comentarios

Amb l'Aigua al Coll, de Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli

La historia de esta colaboración, que se relata en el epílogo, vale la pena. Digamos someramente que, en el transcurso de una entrevista que se realizaba a ambos autores, empezaron a surgir complicidades, de tal manera que el editor allí presenta, acabada la realización del programa, preguntó: "bueno, y para cuando se va a poner esto por escrito?"
Porque de lo que se trata en este Por la Boca Muere el Pez es, ni más ni menos que de la colaboración en la ficción de los dos personajes emblemáticos de cada uno de los autores: el comisario Salvo Montalbano por parte de Camilleri y la inspectora Grazia Negro por parte de Lucarelli.
Mi afición por Camilleri ha quedado probada en las páginas de este blog, y no sólo en el policíaco. Camilleri tiene esa dosis de humor, el compromiso con sus sociedad y un buen hacer literarrio como para que sus obras trasciendan el género (cuando lo son) y para resultar notables cuando tratan de temas no detectivescos. Y respecto a Lucarelli, ¿qué más puedo decir sino recordar que este blog se abrió con una reseña de su Comisario De Luca?
Un insólito homicidio, que todas las autoriaddes superiores de Grazia Negro desaconsejan (no: prohíben)investigar es el detonante de que la inspectora se ponga en contacto con Montalbano, ya que el muerto era de Vigata. A partir de aquí, ambos personajes se verán envueltos en una trama que concierne a los tenebrosos servicios secretos italianos, maestros del juego sucio.
Escribir una novela a cuatro manos no es frecuente, y además es difícil. Hay que medir mucho para que las características de ambos autores se conserven y para que ninguno se imponga al otro. En este caso, la solución empleada es más que correcta, y se trata de la relación epistolar (un método que no le es ajeno a camilleri, que lo ha empleado en alguna de sus novelas con óptimos resultados). Así, y mediante el cruce de informes, cartas transportadas por los enlaces más diversos y resúmenes de actuaciones se compone una historia que tiene todas las características de un buen Camilleri y de un buen Lucarelli.
Sin duda la sintonía de ambos personajes es herencia de la que mantienen sus creadores, pero era difícil el reto, y en cambio se ha solventado con nota.
Otra cosa era que, durante la redacción del texto, surgieran piques entre ambos. Que surgieron. El editor compara, muy apropiadamente, este proceso de escritura con una jam session de jazz: dos músicos amigos y grandes intérpretes que se desafían en el escenario, y que al hacerlo se fuerzan a superarse en inventiva y ejecución. Es así en este caso, para regocijo de los lectores.

Acqua in Bocca
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2011 [2010]
Trad. de Pau Vidal

Publicado en castellano por Papel de Liar con el título Por la Boca Muere el Pez

Portada i sinopsis de l'edició catalana
Portada y sinopsis de la edición castellana

6 comentarios

L'Òpera de Vigata, de Andrea Camilleri

La Ópera de Vigata o, más propiamente, El Cervecero de Preston, que es su título original, es, dentro de la obra de Camilleri, su novela más conseguida.
Está provista de un sentino del humor enorme, matizado por esa sorna siciliana cuyos antecedentes pueden rastrearse en Pirandello y Sciascia. Tiene una estructura perfectamente establecida hacha de saltos atrás y adelante, reminiscente de Si una Noche de Invierno un Viajero de Italo Calvino, del que hereda un índice que es una obra literaria y referencial en sí misma y la costumbre de iniciar el capítulo con una frase que incluye el título del mismo. Una novela histórica que reproduce a la perfección la segunda mitad del siglo XIX en Sicilia. Basado en un hecho real, los incidentes producidos durante la representación de la ópera "El Cervecero de Preston" en Caltanissetta (aquí trasladados a la ciudad literaria de Camilleri, Vigata), una ópera impuesta por el prefecto y que, como tal imposición, fue rechazada por la población. Y, sobre todo, una escritura maestra, empleando las variantes dialectales italianas para marcar personalidades de los caracteres literarios, su origen social y su ideología.
Todo ello compone una obra que el lector empieza con una curiosidad que muy pronto se transforma en franca risa, y que después se lee con ojos abiertos como platos, en admiración por la imaginación, el ingenio y la profunda percepción que Camilleri tiene del carácter y la historia sicilianos.
Porque profundidad tiene, y mucha. La galería de personajes que desfilan por estas páginas, y que parecen surgir del texto a la vida (o haber entrado en la novela procedentes de la vida, como prefieran) es tan exacta que puede constituir una historia del carácter siciliano en la historia.
Con una estructura libre como la que tiene La Ópera de Vigata, el lector puede recomponer su lectura como prefiera: seguir el orden propuesto por Camilleri, ordenar los capítulos cronológicamente, por personajes, etc. Porque ya les advierto que esta novela se deja leer con gusto múltiples veces.
El Cervecero de Preston es una novela prodigiosa, de las que se escriben pocas en una década. Sardónica, satírica, histórica, social, maestra.

Mención aparte merece la labor del traductor al catalán, Pau Vidal. He mencionado ya que Camilleri emplea los dialectos italianos para marcar personajes, caracteres y extracciones sociales. Pau Vidal se halló en la encrucijada de qué hacer con ellos, y resolvió trasladar esas variantes a las diferentes hablas del catalán. Y consiguió algo maestro, un monumento a la buena traducción y a la vez al respeto a las intenciones originales de Camilleri.

(Il Birraio di Preston)
Eds. 62, col. Millors Obres de la Literatura Universal (Segle XX)
Barcelona, 2004 [1995]
Trad. de Pau Vidal

Existe edición castellana en Eds. Destino

Portada i sinopsi de l'edició catalana

0 comentarios

No Sabeu Pas. Els Amics, els Enemics, la Màfia, de Andrea Camilleri

(Voi non Sapete)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2008 [2007]
Trad. de Pau Vidal

Como Vosotros no Sabéis Camilleri podría haber titulado cualquiera de sus novelas, pero el subtítulo Los Amigos, los Enemigos, la Mafia ya nos deja claro que va a ser un ensayo, y uno sobre un tema que, por trayectoria personal y por ser siciliano, Camilleri conoce de primera mano. Pero es un ensayo curiosísimo. Gracias a la Fiscalía de Palermo, Camilleri tuvo acceso a las notitas que el capo mafioso Bernardo Provenzano empleaba como medio de comunicación con sus "subordinados". Puesto que no podía fiarse de nungún medio (correo electrónico o postal, teléfono móvil o fijo, paloma mensajera), Provenzano usó una serie complicadísima de correos personales para transmitir sus órdenes, fueran genéricas o bien referidas a asuntos mínimos. Y lo hacía por escrito, porque así no había ningún resquicio a la interpretación.
Con ese material, Camilleri compone un diccionario cuyas entradas son llamativas, por ejemplo la de Mafia: «En ninguna notita de Provenzano hay el más mínimo rastro de esa palabra». O matar y sus sinónimos, que tampoco aparecieron jamás en sus notas. Y, pese a que Provenzano no era partidario del extremo ruido que producían los asesinatos, la mafia mató, y bastante, durante la época de su dirección.
Es un paseo por conceptos básicos en la visión mafiosa del mundo: el mando, la corleonesidad, la familia, la clandestinidad, la política, los sacerdotes, la mediación, el matrimonio y las normas de vida; de la vida mafiosa, claro está.
Son notas, destilaciones filosóficas mafiosas, podríamos decir, extremadamente cínicas: cuando una candidata socialista fue a dar un mitin a Villalba (100% de votos a la Democracia Cristiana, salvo cuatro sufragios emitidos por monárquicos tolerados por Don Calò Vizzini, capo local), alguien que se temía lo peor consultó con Don Calò y éste aseguró que podía realizar la arenga con toda tranquilidad; cuando llegó la hora la plaza estaba llena, banderas rojas al viento, y la respuesta del público fue entusiasta. Al acabar alguien preguntó al capo el porqué de ese gesto, y Don Calò respondió: "Primero, porque era una señora, y segundo, porque las palabras, bien mirado, se las lleva el viento". En las elecciones siguientes la DC volvía a obtener la práctica totalidad de los votos, salvo cuatro sufragios monárquicos. A los socialistas no los votó nadie.
Es un transitar por este mundo mafioso a veces terrible, a veces grotesco; un tránsito por el sistema que aspira y muchas veces consigue suplantar o sobreponerse al sistema estatal, una organización sustitutiva del estado, que rige la vida y los destinos de los que caen bajo su impuesta jurisdicción. Y es un viaje desde dentro, complementado con datos objetivos e históricos, que traslada al lector una visión completa e incisiva de una organización que, en definitiva, no hace otra cosa que secuestrar cotidiana y continuamente la libertad.

Portada i sinopsi de l'edició catalana
Portada y sinopsis de la edición castellana

2 comentarios

Il Sorriso di Angelica, de Andrea Camilleri

Sellerio editore, col. La Memoria
Palermo, 2010 [2010]
Serie Comisario Salvo Montalbano nº 26

En las últimas novelas de la serie, la edad que le pesa a Montalbano le está llevando a interrogarse sobre su vida; en concreto sobre los amigos que ha hecho y que le restan tras una vida de policía. Si vimos cómo actuaba para proteger a su vice, Augello, en esta ocasión La Sonrisa de Angélica examina al siempre eficiente y cómplice Fazio, que aquí se mostrará dispuesto a proteger a un Montalbano confuso por una ilusión de un amor ideal de juventud, el de la Angélica del Orlando Furioso.
En Vigàta se han producido unos robos a domicilios realizados con una técnica sofisticada, con idéntico modus operandi, que indica que están planificados con un cuidado que implica una finalidad posterior. Un hecho que se confirma y complica cuando el comisario recibe una carta anónima desafiante y que anuncia los próximos movimientos de esta banda de ladrones.
Lanzado el desafío, Montalbano, nuevo Orlando (que se convierte en furioso a partir de cierto momento; las referencias y el juego con el poema épico de Ariosto son constantes y acertadas), responderá a él empleando sus armas habituales: la intuición, su indisciplina que le permite no caer en trampas en las que un policía más legalista y miope hubiera quedado atrapado, su sentido del deber, que al final siempre se impone, y la colaboración de "su" comisaría, creada a su imagen y semejanza pero que precisamente por eso es fiable y eficiente.
Nuevamente enfrentado a una disyuntiva personal y afectiva, Montalbano sale a la vez fracasado y triunfante, con su sentido del deber incólume pero con su amor propio cada vez peor.
Tal vez sea un nuevo episodio de la desaparición de los sueños ideales, un paso adelante en el mundo real, que es en definitiva el que hace que Montalbano se sienta viejo. Pero es un mundo en el que Montalbano todavía puede hallar refugio, aunque sea en los miembros de su comisaría. Algo que, sin duda, le provoca una sensación agridulce.
Que, sin embargo, es enormemente satisfactoria para el lector.

Portada y sinopsis de la edición italiana

2 comentarios

La Pista de Sorra, de Andrea Camilleri

(La Pista di Sabbia)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2010 [2007]
Traducción de Pau Vidal
Serie Comisario Salvo Montalbano nº 16

Conforme avanza la serie de Salvo Montalbano, el peso novelístico va recayendo cada vez más sobre las circunstancias vitales del comisario más que sobre la trama policial. Así, y tras la crisis vital y personal que sufría en La Vampa d'Agosto, un Salvo Montalbano que creía estar acabado profesionalmente y se consideraba despreciable como persona encuentra la oportunidad de demostrarse capaz de resolver un crimen con la brillantez y heterodoxia que acostumbra.
Una mañana, al despertarse (porque todas las novelas de Montalbano, salvo la primera, se inician cuando se despierta en su cama) descubre frente a su casa de Marinella el cadáver de un caballo. Todavía más: mientras él y sus subordinados están siguiendo la pista de por dónde ha venido la pobre bestia, el cadáver desaparece. Esa misma mañana, Rachele Esterman, amazona de rompe y rasga, llega a la comisaría de Vigata para denunciar la desparición de su caballo. Dos más dos deberían sumar cuatro, pero hay detalles lo bastante extraños como para sospechar que el hecho no es tan sencillo.
Montalbano sigue siendo el personaje de la literatura policial más sólidamente enraizado en el territorio y las gentes que le rodean, y ese es su gran mérito. Los casos pueden ser enrevesados, pero la ecología siciliana es un sistema cuasi cerrado que funciona con una precisión matemática. Entenderlo significa descubrir sus anomalías que se desarrollan en casos criminales atípicos, y saber quién no se mueve a su ritmo es tener el indicio de quién es el criminal. Sólo Montalbano está tan inmerso en este biotopo como para vencer en él, y Andrea Camilleri ha comprendido este método y lo desarrolla con una maestría que repite novela tras novela.

Portada y sinopsis de la edición castellana
Portada i sinopsi de l'edició catalana

0 comentarios

Il Ladro de Merendine, de Andrea Camilleri

En Il Commissario Montalbano: Le Prime Indagine
Sellerio Editore, col. Galleria
Palermo, 2008 [1996]
Con una nota del autor: I Primi Tre Montalbano
Serie Comisario Montalbano nº3

Dice Andrea Camilleri que después de las dos primeras entregas de la serie Montalbano, empezó a recibir centenares de cartas que le animaban a continuarla. «Por otra parte, el personaje no tenía necesidad del apoyo de los lectores para tocarme continuamente las pelotas. Empezó a aparecerse delante mío cuando menos hubiese tenido que hacerlo, acosándome. Había leído de autores que decían estar obsesionados por algunos de sus personajes y lo había juzgado como una argucia literaria. Y constaté que, en cambio, era una realidad. [...] Y así "tuve" que escribir la tercera novela. [...] Ma hacía ilusiones, una vez más, de poner punto final. No me apetecía convertirme en un escritor de policiacos con, sobretodo, un personaje seriado. En lugar de eso, fue como echar gasolina al fuego».
Esta El Ladrón de Meriendas es la novela que se refiere de manera más pesonal a Salvo Montalbano. Un tunecino ha sido ametrallado en un pesquero italiano en aguas internacionales, algo que hace tufo a contrabando y que Montalbano se saca de encima con rapidez. En paralelo, un hombre es encontrado acuchillado en el ascensor de su casa. Pero resulta que este difunto señor mantenía en funcionamiento una empresa de importación-exportación, sin actividad comercial efectiva, a la que iba a limpiar y hacer algunos extras una tunecina llamada Karima, que ha desaparecido sin dejar rastro. Junto con su hijo. Aunque el niño reaparece poco después y es custodiado por Salvo Montalbano y su sempiterna novia genovesa Livia. Pero, ¿una madre abandonaría de esa manera a su hijo? Algo no cuadra y Montalbano teme que Karima haya desaparecido para siempre de la faz de la tierra. Y que exista una conexión con ese tunecino muerto en alta mar, que puede no ser el pobre emigrante que parecía. A partir de ahí, una conspiración monstruosa se desenvuelve ante nuestros ojos.
En el proceso de composición del personaje, Camilleri avanza hasta establecer ya casi definitivamente todos sus elementos (para mí, el proceso quedará completo en La Excursión a Tíndari). Cada vez Camilleri se muestra más suelto y a gusto con la serie, tiene toques de humor más acentuados, no duda en disparar a diestro y siniestro sobre todos los tics sociales italianos y sicilianos, continúa manteniendo una relación íntima con las gentes que pueblan la isla, y los elementos narrativos se exteinden con naturalidad ante el lector, que queda atrapado por el personaje y sus historias.
Y no hagan demasiado caso a Camilleri. Con el humor socarrón y siciliano que le caracteriza, puede querer marcar una diatancia irónica con su personaje, pero ha dado, de palabra y por escrito, múltiples muestras de aprecio por Salvo Montalbano y su mundo. Y eso siempre se nota. Para bien.

2 comentarios

Il Cane de Terracotta, de Andrea Camilleri

En Il Commissario Montalbano: Le Prime Indagini
Sellerio Editore, col. Galleria
Palermo, 2008 [1996]
Con una nota del autor: I Primi Tre Montalbano
Serie Comisario Montalbano nº2

Dice Andrea Camilleri que, cumplido el objetivo que se marcó con La Forma del Agua, tuvo el impulso de abandonar el personaje y la temática, pero que no se sentía satisfecho con el resultado final del personaje, al que en su diseño había privilegiado la función de investigador y dejado aparte algunos aspectos de carácter. Por tanto, por una «especie de escrúpulo artesanal» decidió escribir una segunda novela y terminar con ella su carrera de novelista policiaco.
Y, prosigue, decidió también hacerla como una investigación sobre la memoria, sobre un delito acaecido muchos años antes y prescrito ya.
El Perro de Terracota, en efecto, se centra en el descubrimiento, en una cueva sellada, de los cadáveres de dos jóvenes amantes, asesinados de un disparo, dispuestos ritualmente con una jarra que contuvo agua a un lado, un cuenco de monedas en el otro y un perro de terracota custodiándolos. Todo esto sucedió en 1943 y ha salido a la luz en 1996.
A esta investigación se dedicará Salvo Montalbano en cuerpo y alma. Pero no lo hará con espíritu de dilettante. En efecto, el enigma le atrae por sí mismo, pero algo más hay en él que le llama la atención, una curiosidad por este crimen que, intuye, puede enraizarse en el drama idiosincrático de Sicilia, y que le conmueve por la delicadeza del rito funerario. Sospecha que, en el asesinato más abyecto, pudo existir una historia de amor detrás y un destello de grandeza poética en esos muertos que fueron dispuestos como si fueran durmientes.
Si alguien sospecha que Camilleri se aparta del terreno social que ha marcado en la primera novela y las siguientes de la serie para dejarse llevar por un impulso à la Agatha Christie, no sabe lo errado que está. Todo esto sucede en época actual y la vida sigue, de modo que la Sicilia basal sigue presente en la novela. E incluso, insinúa Camilleri, por desgracia esta Sicilia no es tan distinta de la de cincuenta años atrás.
Camilleri cumple con sus objetivos marcados para este segundo caso de Salvo Montalbano. Lo vemos más íntimamente, perfilándose su universo personal, sus costumbres, sus manías, su mal humor. Dentro de este universo empiezan a tomar cuerpo sus ayudantes, Mimì Augello, Fazio, Catarella... Su peculiar relación con Livia queda de manifiesto.
Y, como veremos, cuando un universo tal se hace corpóreo, es muy difícil "dar por cerrada mi breve carrera como novelista policiaco".

Portada y sinopsis de la edición italiana de Le Prime Indagini más un vídeo de Camilleri
Portada y sinopsis de la edición italiana de Il Cane di Terracotta
Portada y sinopsis de la edición castellana

0 comentarios

La Forma dell'Acqua, de Andrea Camilleri

En Il Commissario Montalbano: Le Prime Indagini
Sellerio Editore, col. Galleria
Palermo, 2008 [1994]
Con una nota de Andrea Camilleri: I Primi Tre Montalbano
Serie Comisario Montalbano nº1

La Forma del Agua es la primera novela sobre el comisario Salvo Montalbano, y me apresuro a declarar que en ella el universo de Vigàta y su comisaría no sólo no está delineado sino ni tan siquiera esbozado. Haría falta un par de novelas más para que ese microcosmos quedara definitivamente fijado y que las historias de Montalbano, por más que su motor y centro sea su protagonista, se enriquecieran con un coro que las humaniza y nos las hace familiares.
Faltan también precisar algunos rasgos de su protagonista, que sin embargo queda muy bien definido en su trazo. Dice Camilleri que esta primera historia surgió de una búsqueda de rigor estilístico, así como de la rememoración de un escrito de Leonardo Sciascia sobre la novela policíaca y las reglas que su autor debía respetar. Y, además, del recuerdo de una afirmación de Italo Calvino, según la cual era imposible ambientar una novela negra en Sicilia. El respeto que tengo por Calvino es enorme; sin embargo, aquí el maestro erró de forma espectacular.
Pese a lo que le falta a Montalbano como personaje y que será definido en novelas posteriores, las virtudes de Camilleri ya están presentes en esta novela. Considérese si no lo que ya figura en su primera página:
«A Pino Catalano y a Saro Montaperto, jóvenes aparejadores debidamente desocupados como aparejadores, pero asumidos en calidad de “operadores ecológicos” gracias a la generosa intervención del honorable Cusumano, en cuya campaña electoral ambos se habían batido en cuerpo y alma (exactamente en ese orden: el cuerpo haciendo mucho más de lo que el alma estaba dispuesta a hacer) [...]»
O esta en la segunda:
«De un año a esta parte, sin embargo, los preservativos en el aprisco eran un mar, un tapiz, desde que un ministro de mirada vacua y cerrada había extraido, de pensamientos todavía más vacuos y cerrados que su mirada, una idea que de repente le había parecido resolutiva para los problemas del orden público en el sur. De esta idea había hecho partícipe a su colega que del ejército se ocupaba y que parecía salido de una ilustración de Pinocho, por lo que los dos habían resuelto enviar a Sicilia algunos efectivos militares con el objetivo de “control del territorio”, para aliviar a carabineros, policías, servicios de información, núcleos especiales operativos, guardias de Finanzas, de carreteras, de ferrocarriles, portuarios, miembros de la Superfiscalía, grupos antimafia, antiterrorismo, antidroga, antirrobo, antisecuestro y otros omitidos por mor de la brevedad, en otras tareas bien atareados. Después de esta buena idea de los dos eminentes estadistas, hijos de mamá piamonteses, imberbes friulianos de leva que hasta el día antes se recreaban en respirar el aire fresco y penetrante de sus montañas, se habían hallado de golpe respirando penosamente, amontonándose en sus alojamientos provisionales, en parajes que estaban sí o no a un metro de altitud sobre el nivel del mar, entre gente que hablaba un dialecto incomprensible, hecho más de silencios que de palabras, de indescifrables movimientos de cejas, de imperceptibles encrespaduras de las arrugas. Se habían adaptado como mejor habían podido, gracias a su juventud, y una mano consistente les había sido dada por los mismos vigatanos, enternecidos por el aire perdido y desangelado que los niños forasteros tenían. A hacer menos duro su exilio, pero, había pensado Gegè Gullotta, hombre de febril ingenio, hasta aquel momento constreñido a sofocar sus naturales dotes de rufiánen las vestiduras de pequeño traficante de droga blanda. Gegè había tenido un fulgor de genio y para hacer operativo ese fulgor se había dirigido prestamente a la benevolencia de quien debía obtener todos los innumerables y complicados permisos indispensables. A quien debía: a quien controlaba realmente el territorio y ni soñaba remotamente en extender concesiones sobre papel timbrado. En breve, Gegè pudo inaugurar en el aprisco su mercado especializado en carne fresca y rica variedad de drogas siempre blandas. La carne fresca en su mayoría provenía de países del este, finalmente liberados del yugo comunista que, como todo el mundo sabe, negaba toda dignidad a la persona humana: entre los matorrales y los arenales del aprisco, no obstante, esa reconquistada dignidad volvía a resplandecer. »
Que alguien pueda meter en tan poco espacio un resumen tan exacto de la política italiana, de Sicilia y el carácter y sociedad sicilianos, y hacerlo con esa sorna marca de la casa, es impagable.
Salvo Montalbano gusta porque es un policía metido en la realidad, en el país, en su ciudad. No porque sea infalible, ni más inteligente que nadie, sino porque es humano. Y no hay mejor elogio que se pueda hacer de un personaje.

Portada y sinopsis de la edición italiana, con un vídeo de Andrea Camilleri
Portada y sinopsis de la edición italiana de La Forma del Agua
Portada y sinopsis de la edición castellana

0 comentarios

Les Ales de l'Esfinx, de Andrea Camilleri

(Le Ali della Sfinge)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 20092 [2006]
Trad. de Pau Vidal
Serie Comisario Montalbano nº 15

Saben ustedes que tengo debilidad por Andrea Camilleri. No sólo por las obras de la serie Salvo Montalbano, a la que pertenece esta Las Alas de la Esfinge, aunque tengo especial cariño a unos personajes a los que he llegado a conocer muy bien en el transcurso de más de diez novelas y una cincuentena de relatos.
No hay que esperar nada nuevo estilísticamente en una serie dedicada a un personaje, lo cual no es ningún demérito. Camilleri ha encontrado una forma de expresión útil y la aplica, eso sí, sin caer en la rutina. De modo que si quieren saber de las virtudes que adornan esta serie, pueden clicar en la etiqueta Camilleri ·Andrea que hay al pie de esta reseña y leerlas en mis anteriores entradas. Esas virtudes siguen presentes en esta novela.
En este caso, una muchacha con un tatuaje de una mariposa en un hombro es encontrada asesinada en un vertedero ilegal. Pero pronto, en la petición de informantes que puedan identificar a la víctima, empiezan a surgir otras muchachas con ese mismo tatuaje en el hombro. Y todas proceden de Rusia, y todas tienen el punto en común de haber sido recogidas por La Buona Volontà, una organización religiosa que tiene como finalidad el redimir prostitutas.
Oliendo la chamusquina, Salvo Montalbano y sus muchachos empiezan a investigar, y casi de inmediato recibe la admonición de las altas esferas: el cuestor, el obispado, diputados...
Como le gusta decir a Camilleri, todos los personajes y situaciones son ficticios, pero es evidente que la historia nace de una realidad concreta.
La piedra de toque de un policíaco moderno es la trasposición a otra sociedad y a otro país. Si resulta imposible trasladarlo a otro país es que la novela es fiel reflejo de aquel en que se enclava. Si, además, el interés social se mantiene en el lector de otra sociedad quiere decir que el clima moral de la época está bien tratado. Universalidad y localismo. Cuando se logran es que la obra cumple las expectativas de la buena narrativa de género. Andrea Camilleri nunca ha fracasado en ello.

Portada y sinopsis

2 comentarios

Il Campo del Vasaio, de Andrea Camilleri

Sellerio Editore, col. La Memoria
Palermo, 2008 [2008]
Serie Comisario Montalbano, nº17

Dentro de la evolución natural de este protagonista genial de Camilleri que es el comisario Salvo Montalbano, al que los años le van pesando, en este El Campo del Alfarero, Montalbano se enfrenta probablemente al problema más difícil de su historia, no como intriga policial (que a Montalbano no es que le traiga sin cuidado, pero que para él es secundaria), sino porque tiene que asumir una crisis como es la de la traición de la amistad.
En un campo de creta, material empleado en la fabricación de vasijas y que remitirá a la historia de Judas del evangelio según san Mateo, es encontrado un cadáver, asesinado de un tiro en la nuca y después despedazado en treinta trozos. Todo parece apuntar a un crimen mafioso, según la peculiar semiología que estos grupos han desarrollado en sus crímenes, pero las cosas no son tan fáciles.
Y, además, su vicecomisario y amigo Domenico Augello no hace sino reclamarle con insistencia la dirección de la investigación de este crimen. Un Augello cambiado, crispado, agresivo con sus compañeros, nervioso, desconocido en suma.
A medio plazo, Montalbano intuirá que Augello puede estar liado con la viuda del muerto, y que ésta puede tener que ver en el crimen mucho más de lo que aparenta. Frente a esta traición, a esta ruptura de la confianza y de la amistad, Montalbano reaccionará como esperamos de él. ¿Quién no ha traicionado a alguien en su vida? ¿Quién no ha mentido? Por tanto, lo hará todo para que el escándalo no salpique a Augello. No dudará en llegar a un compromiso entre la resolución del crimen y el mantenimiento y la justificación de la amistad. En dar una segunda oportunidad a Mimì.
Jamás habíamos visto a un Montalbano tan afectado emocionalmente, tan cansado a veces, tan vulnerable en otras y, sin embargo, tan claro en su percepción de lo que consisten los auténticos valores personales. En este aspecto, jamás Camilleri había desnudado tanto a su personaje, jamás nos lo había puesto en una situación tan difícil y nunca antes nos lo había acercado tanto. Camilleri, que nunca ha hecho novelas policiales al uso, jamás se había desentendido tanto de la trama criminal para dejarnos claro que escribe sobre vidas y no sobre muertes.

Portada y sinopsis (en italiano)
Página web de la serie de televisión "Comisario Montalbano" (en italiano)

2 comentarios

Il Tailleur Grigio, de Andrea Camilleri

Arnoldo Mondadori Editore, col. Scrittori Italiani e Stranieri
Milán, 2008 [2008]
Il Tailleur Grigio (El Traje Chaqueta Gris) arranca en el primer día de la jubilación del protagonista, un alto empleado de banca. En ese día repasa y quema las tres cartas anónimas que ha recibido durante su carrera: una amenaza de la mafia, un intento de coaccionarle en un caso de corrupción y un anónimo que le avisa de la infidelidad de su segunda esposa, Adele. (Es decir, los tres temas recurrentes de la sociedad siciliana: mafia, corrupción y cuernos.)
Adele, treinta años menor que el protagonista, es el centro de esta novela, por más que sólo la veamos a través de los ojos y los recuerdos de su marido.
A través de esas percepciones asistimos a la historia de una putrefacción, un cáncer que se va extendiendo poco a poco, como el cáncer que acometerá al marido, y que si estaba latente o enquistado con anterioridad, empieza a desarrollarse conforme la mirada del protagonista se centra en su esposa.
Este traje chaqueta gris es un símbolo, una prenda que Adele sólo se pone cuando un hecho luctuoso va a tener lugar o se ha producido. La solapa del libro intenta convencernos de que Adele es una de estas dark ladies (sic), una femme fatale. Creo que es sacar las cosas de madre. Adele tiene su personalidad, desde luego, pero esta no pasa por ser la de una viuda negra.
También la solapa enuncia con marcada solemnidad que esta es la más femenina (y la más francesa) de las novelas de Camilleri. Tonterías. El hombre que ha redactado este texto (porque tiene que ser un hombre, y además uno aquejado de machismo) o no ha leído la novela o miente con descaro. Porque si una conclusión se puede extraer de la novela, es que es imposible par un hombre conocer la personalidad de una mujer (o por lo menos, la de Adele). Tanto más, si los esfuerzos de comprensión son tardíos, cuando antes eran casi inexistentes. El protagonista de esta novela dijo amén siempre, y jamás intentó comprender lo que sucedía, hablar con su esposa, entenderla. Y cuando lo intenta, ese esfuerzo está destinado al fracaso por esa misma actitud, que sólo puede llevar a la destrucción.
Las mujeres de Camilleri siempre han sido un enigma para mí. Han estado presentes (aunque en muchas de sus novelas tienen papeles secundarios o inexistentes), pero Camilleri siempre ha dado la impresión de mantenerse al margen, de ser consciente de su incomprensión. En este aspecto, esta novela es atípica en su producción, y transmite un mensaje en parte muy frío: es inevitable sentir lástima por el marido, que en el fondo es un desgraciado infeliz, pero yo, por mi parte, no puedo decantarme por la antipatía por Adele, si leo su carácter tal y como lo esboza Camilleri.
No sé si Andrea Camilleri comprende a las mujeres. Pero lo que nos dice es que es necesario intentar entenderlas. Algo que el marido de Adele no hizo sino tarde y mal. Así le fue, agonizante ante alguien a quien acabó odiando y que vestía un traje chaqueta gris.

Portada y sinopsis

7 comentarios

La Mort d'Amalia Sacerdote, de Andrea Camilleri

(La Rizzagliata)
RBA Libros/La Magrana, col. Les Ales Esteses
Barcelona, 2008 [2008]

La Muerte de Amalia Sacerdote es una de esas pequeñas joyas que Camilleri nos brinda de tanto en tanto y que, por su propia esencia local, trascienden el ámbito siciliano e italiano para abarcar un tema universal.
Se inicia con Michele Caruso, director de la RAI en Palermo, censurando la difusión de una noticia. La de que Manlio Caputo, sospechoso de la muerte de su novia, reciba un requerimiento judicial por este suceso. ¿Por qué? Bueno, la novia, Amalia Sacerdote, era la hija de un diputado regional. Y Manlio, qué casualidad, es hijo del líder del partido rival en Sicilia.
En realidad, la conducta de Michele no tiene demasiado que ver con el favoritismo político y sí mucho con el nadar y guardar la ropa y el verlas venir. Porque Michele (que estuvo y está casado con la hija de un senador ampliamente influyente en la política siciliana) sabe a la perfección que limitar la visión de los hechos a una pura dialéctica de posiciones partidistas es pecar de ingenuidad, en Sicilia y, si me apuran, en el resto del planeta. Dar un paso en falso puede representar el fin de su carrera. O algo más grave.
Y los acontecimientos no tardan en darle la razón. Empieza con, acto seguido, un cambio de abogados por ambas partes, Caputo y Sacerdote, que adquieren los servicios de, qué casualidad, destacados letrados... de los partidos rivales respectivos.
Se inicia así el juego de la componenda, en la que el proceso y el esclarecimiento del asesinato importan un bledo a ambas partes e incluso a la judicatura.
En el fondo, esta novela no es sino la ejemplificación de una antigua máxima formulada concisa y claramente por Lampedusa: "Hay que cambiarlo todo para que nada cambie". Este crimen no será sino la excusa para un reposicionamiento de todos los implicados... para que todo siga igual. Y aquellos que no se muevan en este corro, o que no entiendan que están en él, o que marchen a ritmo diferente, serán apartados, con más o menos brutalidad, arrollados, expulsados o, si son lo bastante prescindibles, muertos.
La ejecución literaria y argumental de Camilleri, marca de la casa que le ha convertido en un novelista respetado mundialmente, es impecable. Descorre velo tras velo, descubriendo las motivaciones y movimientos de cada cual, y siempre con una fina ironía, Camilleri nos lega al final un escenario que, pesimista como es, no deja de ser muy real.

7 comentarios

L'Excursió a Tíndari, de Andrea Camilleri

(La Gita a Tindari)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2001 [2000]
Trad. de Pau Vidal
Serie Montalbano, nº 5

Andrea Camilleri, nacido en 1925, se ha establecido en su vejez sólo aparente y cronológica como uno de los mejores escritores italianos del momento, tanto en el género policíaco como en la narrativa general.
Si escojo esta La Excursión a Tíndari para comentar la serie de novelas que tienen como protagonista al comisario Salvo Montalbano es porque es en esta novela donde esta serie cristaliza sus componentes hasta conformar en su plenitud ese microcosmos que es la comisaría de Vigata, en Sicilia.
Y es que, aunque la figura central de Salvo Montalbano, buen gourmet, izquierdista escéptico políticamente, agudo, incisivo, poco amante de los reglamentismos y la burocracia, que se niega a ser ascendido, sobre todo integrado en ese ecosistema de esa Sicilia idiosincrática y contradictoria, aunque él, decíamos, es el personaje dominante, va acompañado de unos tipos que se hacen familiares y rodean y complementan su carácter. Así, Fazio, buen policía con manía epigrafista ("Emmanuele Sanfilippo, alias Nenè, hijo de Garlando y de Natalina Patò..."); Mimí Augello, vicecomisario mujeriego y tarambana; Catarella, agente de lenguaje incomprensible y humorístico, pero un ángel y genio informático; Nicolò Zito, periodista de Retelibera, arriesgado y veraz; Balduccio Sinagra, retrato exacto de uno de esos capos de la mafia basales y populares pero siniestros; o Lívia, la siempre novia genovesa de Montalbano, con el que mantiene una relación entre discusiones y reconciliaciones telefónicas.
La Historia, en este caso, es la de un joven, Nenè Sanfilippo, que ha sido asesinado de un tiro en el rostro a la puerta de su casa; y la desaparición de dos ancianos que viven en la misma casa que el finado. Casualidad. ¿O no?
En cualquier caso, aparte de la trama, Camilleri siempre aporta mucho más, y en este caso es la entrada en juego de las nuevas mafias. La ficción de Andrea Camilleri (en un caso similar a la de Henning Mankell) se mueve siempre en un aparente localismo que sirve a la perfección para tratar problemas mucho más glogales. Y sociales.
«Un sujeto de la comisión antimafia que, llegado a Fela después del décimo homicidio en una sola semana, se tiraba dramáticamente de los pelos preguntando con voz ahogada:
─¿Dónde está el Estado, aquí?
Y mientras tanto, los pocos carabinieri, los cuatro policías, los dos guardias de finanzas y los tres magistrados que representaban al Estado en Fela, jugándose la piel cada día, lo miraban estupefactos. El excelentísimo antimafia padecía de forma manifiesta un vacío de memoria: había olvidado que, al menos en parte, el Estado era él. Y que si las cosas iban como iban, no era sino él, junto con otros, quien las hacía ir como iban.»
Con un más que sano sentido del humor, a veces atronador, a veces suave, y con un tratamiento lógico y humanístico de los problemas y las tramas, Camilleri es un maestro que trasciende el género, que se empeña en definir lo que hace como cosa menor. Cuando en realidad, por su propia sencillez, lo que hace es llegar a las cotas del gran estilo.

Hay que mencionar un detalle. En rarísimas ocasiones, un autor encuentra un traductor que no sólo es fiel transmisor de las ideas del autor, sino que se integra de tal manera en el universo del mismo que aporta valor añadido a esa traslación. Es el caso de Pau Vidal en sus traducciones de Camilleri al catalán. En algunos casos, en su adaptación, y con total respeto a Camilleri, la versión de Vidal es mejor. Y sin embargo, no hay cambio ni en la idea ni en las frases. Es, sencillamente, que la adaptación es respetuosa pero creativa. Rara avis.

Portada y sinopsis