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El Ídolo Caído, de Carol Reed

SESIÓN MATINAL

(The Fallen Idol); 1948

Director: Carol Reed; Guión: Graham Greene, basado en el relato The Basement Room, de Graham Greene; Intérpretes: Ralph Richardson (Baines), Michèle Morgan (Julie), Bobby Henrey (Philippe), Sonia Dresdel (Sra. Baines), Jack Hawkins (Detective Ames); Dir. de fotografía: Georges Périnal; Música: William Alwyn.

Una pequeña joya del cine británico, una miniatura de película que sin embargo parece mucho mayor de lo que realmente es en cuestión de producción.
El hijo del embajador francés en Londres adora al mayordomo de la embajada, Baines; y odia con casi el mismo fervor a su esposa. Y tiene motivos; creo que todos los espectadores comparten los sentimientos del chaval por esa arpía. Baines está enamorado de una secretaria de la embajada, pero comprenden ambos que su amor es imposible, puesto que la señora de Baines jamás le concederá el divorcio.
Por una indiscreción del muchacho, la señora Baines se entera del affaire de su marido, y finge irse al campo para sorprenderlos en la embajada que ha quedado solitaria, salvo por la pareja Baines y el niño a su cargo.
Así sucede, pero la señora Baines sufre un accidente y cae por las escaleras, muriendo. El niño lo ha visto, pero sólo parcialmente. Y es entonces cuando empieza a urdir un montón de mentiras para salvar a Baines de la policía. Unas mentiras que casi harán que Baines sea incriminado por la muerte que él no ha causado.
Sostenida por el gran estilo del director, con una fotografía impecable, y por la gran interpretación de Ralph Richardson (y la del niño, Bobby Henrey, aunque en los extras que acompañan al DVD se descubre que el niño, como casi todos, era un pésimo actor, de modo que el mérito de su interpretación hay que dárselo a Carol Reed, un santo), El Ídolo Caído es una película que empieza en un tono amable y divertido y poco a poco eleva su tensión hasta hacerla insufrible.
Una pequeña maravilla del cine británico, que merece verse y disfrutarse, y que se conserva fresca como el primer día.

Tráiler: No se trata de un tráiler en este caso, sino de una escena de la película, bastante inocente en sí pero que da idea de la atmósfera del filme.

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¡Oliver!, de Carol Reed

SESIÓN MATINAL

(Oliver!); 1968

Director: Carol Reed; Guión: Vernon Harris, sobre la obra teatral de Lionel Bart, basada en la novela Oliver Twist de Charles Dickens; Intérpretes: Ron Moody (Fagin), Oliver Reed (Bill Sikes), Harry Secombe (Mr. Bumble), Mark Lester (Oliver Twist), Shani Wallis (Nancy), Jack Wild (The Artful Dodger), Hugh Griffith (El Magistrado), Joseph O'Connor (Mr. Brownlow), Leonard Rossiter (Sowerberry), Hylda Baker (Mrs. Sowerberry), Peggy Mount (Mrs. Bumble), Megs Jenkins (Mrs. Bedwin); Dir. de fotografía: Oswald Morris; Dirección musical: John Green; Música: Lionel Bart; Diseño de producción: John Box; Coreografía: Onna White; Montaje: Ralph Kemplen.

O el atractivo de lo canalla.
Versión musical de Oliver Twist, es tal vez el último gran musical de alta producción realizado según los viejos cánones.
Sin embargo, este musical (que tiene coreografías magníficas, como la del Consider Yourself, que fue satirizada con posterioridad en El Sentido de la Vida de los Monty Python) es una versión altamente subversiva de la obra de Dickens (que, de todas maneras ya fue mirada desde su aparición con desconfianza por los poderes establecidos). La razón es que frente al aspecto inocente y angelical de Mark Lester como Oliver, están contrapuestas dos grandiosas interpretaciones: la de Ron Moody, que compone un Fagin inmenso, genial, con toda probabilidad el mejor que se ha puesto en pantalla, y la de Jack Wild como el Artful Dodger (que se podría traducir como "astuto tunante"; pero prefiero el original, entre otras cosas porque ha pasado a ser un giro de la lengua inglesa, con entidad propia), el pilluelo. Ambos se comen al resto de personajes, transmiten una sensación canalla y resultan para el espectador mucho más atractivos que el mundo edulcorado y decente de la sociedad victoriana bienestante. Y no estoy convencido de que esto fuera algo inconsciente por parte de Carol Reed.
Algún crítico contemporáneo ya percibió este ambiente de subversión; Jan Dawson escribía: «elementos narrativos como la explotación del trabajo infantil, el proxenetismo, el secuestro, la prostitución y el asesinato se combinan para hacer de Oliver! el tema menos para todos los públicos que jamás haya recibido una certificación "para todos los públicos".»
Un musical como la copa de un pino: gran dirección, con mucho estilo; coreografías espléndidas, música impresionante y gran fotografía, es un gozo para la vista y un ejercicio de narración musical y, a la vez, de ironía.

Tráiler:


Y para que comprueben las bondades de las interpretaciones de Moody y Wild, aquí tienen un enlace a la escena final de la película, que es como para pasar a las antologías.
Reviewing The Situation, con Ron Moody y Jack Wild