Rikki-tikki-tavi, de Rudyard Kipling
«Esta es la historia de la gran guerra que Rikki-tikki-tavi sostuvo, con su solo esfuerzo, en los cuartos de baño del gran bungalow, en el acantonamiento militar de Segowlee. Ayudóla Darzee, el pájaro tejedor, y Chuchundra, el azmizclero, que no anda nunca por en medio del piso, sino que se arrastra arrimado a las paredes, fue quien le aconsejó; mas Rikki-tikki llevó todo el peso de la lucha.»
No existe un cuento protagonizado por animales más bello que este, y su belleza radica en una feliz combinación de diversos elementos narrativos que lo hacen inolvidable.
Un relato de tintes épicos y sin embargo circunscrito a los pequeños límites de una casa y un huerto. Unos animales que Kipling, que demostró una y otra vez que podía hacer maravillas con ello, adquieren personalidad propia y se convierten en arquetípicos de su especie (Baloo el oso, Shere-Khan el tigre, Bagheera la pantera, Kaa la pitón, y aquí Rikki-tikki-tavi la mangosta y la pareja de cobras Nag y Nagaino). Una musicalidad en los nombres, pero también en el estilo narrativo, que se complementa con la danza que Rikki-tikki efectúa con la cobra. Y una naturalidad en la narración que hace que el relato se deslice por su cauce con una facilidad asombrosa, sin dejar jamás de captar la atención.
Para aquellos no familiarizados con los secretos de la vida animal, sepan que las mangostas o meloncillos son animales que se atreven a enfrentarse a cualquier serpiente, llegando a ser espectaculares sus "danzas" con las cobras.
Este hecho siempre las ha hecho simpáticas a los humanos, pero no existían en los anales de la literatura (o por lo menos no lo bastante buenos como para perdurar) relatos que expresaran esta lucha en teoría desigual y ganada sólo a base de reflejos, rapidez y, por qué no decirlo, valor.
Por descontado, los valores se engrandecen en la prosa de Kipling, pero eso no es un defecto en absoluto. La adquisición de la calidad mítico-épica de la que hace gala el relato es justamente una de las cosas que más atraen.
De manera que, si no la conocen, vayan a los enlaces al pie de esta entrada y deléitense con la historia de cuándo Rikki-tikki-tavi danzó con la cobra, como lo expresa Kipling al inicio del cuento:
"Desde el hueco en que ella entró
Rikki-tikki llamó a Nag.
Y escuchad lo que le dijo:
«Ven con la Muerte a bailar.»"
(Rikki-tikki-tavi)
En El Segundo Libro de las Tierras Vírgenes
Ed. Bruguera, col. Club Joven
Barcelona, 1981 [1894]
Texto en castellano de Rikki-tikki-tavi
Texto en inglés de Rikki-tikki-tavi, con ilustraciones
