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Jour de Fête, de Jacques Tati

SESIÓN MATINAL 

(Jour de Fête); 1948

Director: Jacques Tati; Guión: Jacques Tati, Henri Marquet; Intérpretes: Jacques Tati (François, el cartero), Guy Decomble (Roger), Paul Frankheur (Marcel), Santa Relli (Germaine); Dir. de fotografía: Jacques Mercanton; Música: Jean Yatove.

Día de Fiesta fue el primero de los largos realizados por Tati. Todavía no había creado a su personaje icónico, Monsieur Hulot, pero en esta se inventa otro que resulta irremediablemente cómico, el cartero François, al que seguiremos en sus peripecias durante el día de fiesta de una pequeña población rural.
Hay algunos críticos que defienden que, todo y con ser la primera película de Tati, es en realidad la mejor. Sin estar de acuerdo con ellos (para mí, la mejor es Las Vacaciones de Monsieur Hulot), puedo comprender estas preferencias. Mientras que en el resto de filmes lo central es Tati / Hulot contra el mundo, aquí hay dos tercios de una evocación, entre melancólica y realista, de un localismo tan bien expresado que resulta hasta poético. Y el otro tercio es humor, pero no crean que mal distribuido. Casi cada minuto tenemos un gag, perfectamente encajado en este pequeño pueblo y sus habitantes.
¡Y qué humor! Tati ha sido el mejor heredero de Chaplin en la comedia filmada, y como él, usaba muy poco el sonido y el diálogo y se centraba en su totalidad en el gag visual. Y en ese estilo, era insuperable. Llena de pequeños detalles cómicos que, a veces, son tan numerosos que escapan a un primer visionado, las andanzas del pobre y estrafalario François culminan en la joya de la película, cuando, después de haber visto un cortometraje sobre el servicio postal estadounidense, se decide a hacer el reparto del correo "a la americana". Una historia dentro de la historia que ocupa, por derecho propio, uno de los lugares de honor en el cine de humor.

Tráiler:

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Mon Oncle, de Jacques Tati

SESIÓN MATINAL

(Mon Oncle); 1956

Director: Jacques Tati; Guión: Jacques Tati, Jacques Lagrange; Intérpretes: Jacques Tati (Monsieur Hulot), Jean-Pierre Zola (Charles Arpel), Adrienne Servantie (Madame Arpel), Alain Becourt (Gerard Arpel), Yvonne Arnaud (Georgette); Dir. de fotografía: Jean Bourgoin; Música: Alain Romain, Frank Barcellini.

A la vez un episodio más de la lucha del señor Hulot contra los objetos tecnológicos nuevos que constituyen una permanente amenaza en nombre del progreso, y un alegato y evocación de la infancia como un refugio anímico lúdico y feliz que no debiera perderse jamás, temas siempre favoritos para Tati.
La comedia se centra casi en exclusiva en la modernísima casa de su cuñado, un monumento a la modernidad, al papanatismo y al concepto de "por ser moderno, es mejor". Las escenas se suceden y todo es ridiculizado: los robots de cocina, las puertas automáticas, el mobiliario de diseño, la arquitectura esteticista. Todo, por supuesto ridiculizado por sí mismo, pero finalizado en desastre por el paso de un Hulot ante cuya inocencia el progreso y las máquinas tienen que entrar en conflicto, como si de un enemigo se tratara.
Contrastado, por supuesto, por las escenas con su sobrino, en las que lo que presenciamos es la infancia más elemental y simple, las diversiones más sencillas, el paraíso en un descampado.
Tati, incluso en sus momentos más débiles, es alguien que tiene que ser visto, porque nos recuerda que no por más técnica vamos a dejar de ser lo que somos y porque tal vez convendría que recordáramos más amenudo lo que realmente somos.
Un prodigio de humor.

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Las Vacaciones de Monsieur Hulot, de Jacques Tati

SESIÓN MATINAL

Director. Jacques Tati; Intérpretes: Jacques Tati (Monsieur Hulot); Nathalie Pascaud (Martine); Micheline Rolla (la tía); Valentine Camax (inglesa); Louis Perrault (Fred); André Dubois (comandante); Lucien Frégis (propietario del hotel); Raymond Carl (camarero); Guión: Jacques Tati y Henri Marquet; Música: Alain Romans.

Nadie, salvo Chaplin, ha sido un estilista tan perfecto del cine mudo dentro del sonoro. De hecho, Tati, en muchos aspectos, es mejor que Chaplin en ello, porque Charles Chaplin no acabó de entender jamás los condicionantes y las ventajas que representaban los sonidos, mientras que Tati, tratando las palabras y los sonidos como lo que realmente son, es decir, ruido, los empleó para enfatizar la auténtica y atávica expresión humana, es decir, la mímica.
La cinematografía de Tati es una lucha continua entre una técnica demasiado complicada y falsa y el ser humano, y contra las convenciones sociales que no dejan de ser una ridiculez. En este aspecto Hulot, su alter ego, es un ejemplo perenne de la buena persona que todos querríamos tener como vecino. Aunque, por desgracia, cuando es nuestro vecino real, le consideramos excéntrico, desclasado, catastrófico, antinatural. En realidad, viene a decirnos, los que somos antinaturales somos nosotros.
El territorio de esta lucha contra el mundo nos remite a cosas más sencillas, como el terreno de la infancia, un mundo donde los más felices recuerdos se nos acumulan. Y todo lo que hacemos al madurar es intentar apartarnos de ese territorio.
Sin duda, la visión infantil que tiene Hulot es poco práctica, pero pocos personajes representan tan bien lo que de bueno hay en el ser humano. Divertidísima, cómica, pero de ternura insuperable, no hay mejor remedio contra ese mundo contra el que luchamos que ver esta película.

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