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Casa Negra, de Stephen King y Peter Straub

La convergencia y colaboración entre King y Straub puede parecer lógica. Sin embargo, hay unas peculiaridades que la convierten en inusitada. Stephen King es un autor que empezó escribiendo terror, por capacidad, afición e implicación con el género; sólo después de una larga trayectoria en este campo empezó a realizar incursiones en la narrativa general. Peter Straub, en cambio, es un escritor que empezó escribiendo (y no publicando) dentro de la corriente general. La llegada al género se produjo casi por pura desesperación, por aportar dinero a un matrimonio que tenía dificultades económicas. No crean, sin embargo, que esta entrada en el terror se hizo mediante la pura explotación comercial.
Para mayor contraste, los métodos de ambos son radicalmente ddistintos. King aspira a escribir sugiriendo más que mostrando, pero si no puede hacerlo ha declarado que mostrará, y que incluso será truculento si así consigue sus objetivos. Como él mismo dice, no se siente particularmente orgulloso de ello. Straub, sin embargo, tiene su modelo en Henry James; no el James escritor de cuentos de fantasmas (aunque escribió lo que muchos consideran la mejor ghost-story de la historia, Otra Vuelta de Tuerca); no, se trata del James introspectivo e íntimo, que casi consideraría anatema mostrar, declarar, hacer evidente.
El hecho es que, gracias a un intercambio epistolar, ambos trabaron una amistad que se ha desarrollado en varias colaboraciones, peculiares precisamente por esta mezcla de estilos.
Casa Negra (que, por supuesto, remite, incluso en su título [Black House / Bleak House] a la obra inacabada de Charles Dickens) es la segunda colaboración en las historias de Jack Sawyer, que se inició con El Talismán. Sawyer había sido policía, pero tras una incursión en los Territorios, un mundo entre onírico y paralelo donde hay una implícita lucha subyacente entre el bien y el mal, abandonó la policía y se retiró a Wisconsin. Pero allí su propio pasado parece perseguirlo, y tiene que volver a las investigaciones cuando una serie de asesinatos se producen en la localidad.
Jack volverá a investigar, pero también volverá a los Territorios, en busca de la entrada a ese refugio del mal que es la Casa Negra.
Es interesante intentar descubrir quién ha escrito qué. Interesante y simplista, porque si bien parecen claras las introspectivas partes de Straub y las más directas de King, en buena parte de la novela la combinación se hace homogénea, se matiza a sí misma y forma un estilo más contenido, y que no responde tanto a uno de los dos escritores en concreto como a la simbiosis de ambos. Lo cierto es que funciona. El tono que los autores desarrollan parece haber llegado a un territorio común en el que escribir historias que, probablemente, no escribirían jamás por separado, sacrificando algo de sus propios estilos para conformar uno nuevo e inseparable.
Y ese territorio es uno que el lector de género agradece.

(Black House)
Random House Mondadori / DeBolsillo
Barcelona, 2003 [2001]

Portada y sinopsis

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Jerusalem's Lot, de Stephen King

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1978]
Ed. de Stuart David Schiff y Fritz Leiber

Dos años antes Stephen King había publicado su novela 'Salem's Lot (titulada en principio La Hora del Vampiro en España), donde retomaba la gran novela vampírica y la ponía en tiempos modernos. Desconozco si este relato se escribió antes o después que la novela; el caso es que King lo incluyó en la colección de relatos Night Shift, dándole así el placet y haciendo un guiño a los lectores poniendo en el mismo lugar geográfico que su novela de vampiros una historia de los Mitos de Cthulhu.
Lo fácil hubiera sido, caso de no querer relacionar ambas historias, cambiar el nombre de la población y en lugar de Jerusalem's Lot llamarla, qué sé yo, Terrorville. No lo hizo así, y es lógico. Los lectores de King saben que éste presta gran atención al tema del "mal lugar", sea una casa o, como en este caso, todo un pueblo. Y al mismo King le debió parecer una buena ironía que allá donde ponía un Gyyagin en 1850 fuera un lugar atractivo para que un vampiro del siglo XX se instalara.
De modo que tenemos una precuela. Y también un homenaje a los mitos lovecraftianos. Y a su estilo narrativo. El relato se inicia en 1850 de forma epistolar, método empleado ampliamente por Lovecraft y sus seguidores, cuando Charles Boone toma posesión de la casa familiar que hasta entonces había detentado otra rama de la familia. De inmediato, King se pone manos a la obra en hacer de este cuento una escalada de inquietud y terror, primero con ruidos en las paredes que parecen producidos por ratas, pese a que no hay ni agujeros ni grietas, después con la aprensión de la sirvienta que viene a limpiar la casa, el temor de los habitantes de los alrededores y la presencia de un pueblo, abandonado hace largo tiempo pero intacto, llamado Jerusalem's Lot, en cuya iglesia, en lugar de la Biblia, hay un ejemplar del libro De Vermis Mysteriis.
King, prolífico como es, a diferencia de otros escritores del género no es ni un estafador ni alguien dado a la explotación gratuita. Se nota que disfruta escribiendo, y eso se transmite al lector. Debió pasárselo en grande permitiéndose escribir una historia à la Lovecraft, respetuosa y canónica (y mucho mejor que las de muchos continuadores lovecraftianos), estableciendo así una continuidad genealógica entre el terror del genio de Providence y su propia ficción. Utilizando todas las oportunidades que el relato le ofrecía y haciéndolo con suficiente estilo y oportunidad como para que Jerusalem's Lot no resulte ni un pastiche ni una parodia, sino un guiño inteligente e irónico a sí mismo, a la tradición del género y al lector.

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The Monkey, de Stephen King

En The Mammoth Book of Short Horror Novels
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1980]

Una de las ideas recurrentes en la ficción de Stephen King (prolífico como es, King tiene muchas ideas, recurrentes o no, pero esta es una de las más presentes) es que los terrores de la edad adulta tienen sus raíces en la infancia. Lejos de ser una época protegida y feliz, la infancia, para King (y no sin razón), oscila continuamente entre la felicidad despreocupada y momentos de terror infinito; o entre lo apolíneo y lo dionisíaco si quieren, aunque, útil como es esta división para explicar buena parte de la ficción terrorífica, no voy a insistir hoy en ella.
En el caso de El Mono, el desencadenante de este terror es un objeto particularmente apro y peculiarmente universal: creo que no hay nadie que no haya visto un juguete que parece provenir de los tiempos antiguos y persistir hasta el fin del universo, generación tras generación, como es uno de esos monos sonrientes armados de unos platillos que, una vez se les da cuerda, inician una danza desgarbada mientras hacen sonar insistente y estrepitosamente los címbalos. Tal vez hasta cierta edad el encantamiento del autómata en movimiento supera otras consideraciones, pero a partir de cierto momento lo repulsivo de este juguete se impone a la fascinación; con su sonrisa grotesca, con sus movimientos descoordinados y caóticos, con su ruido dominado más por los engranajes que por la percusión musical, este juguete tiene más de ajeno que de natural.
Hal encontró este mono en su infancia; descompuesto, con la cuerda rota... en apariencia. Porque el mono parece ponerse en marcha a voluntad. Y esta actividad parece coincidir con la muerte de alguno de los seres queridos del mundo de Hal: una mascota, un amigo de su hermano, su madre. Pero lo peor está por venir, porque Hal reencuentra al mono, ya adulto y padre de familia, en una limpieza de la casa de sus tíos, pese a haberlo tirado a un pozo muchos años atrás. Ominoso y amenazador, el mono parece haber vuelto para ejercer su venganza o su dominio, para seguir cumpliendo una misión infernal.
La literatura de terror busca hallar puntos de presión fóbica en el lector y pulsarlos. El mérito de esta novela corta es hallar un universal extemporáneo y en apariencia inocente y convertirlo de mero objeto mecánico en imaginario colectivo de una fascinante repulsión.
Es una historia medida, perfectamente escrita en su género y que cuumple con elegancia el paso de lo anecdótico a lo mítico, de lo concreto a lo universal, y que hace aflorar el inconsciente infantil que, queramos o no, seguimos llevando dentro.

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Mientras Escribo, de Stephen King

(On Writing)
Plaza & Janés
Barcelona, 2001 [2000]

¡Qué manía esta de cambiar títulos! El original dice "Sobre el Escribir", aunque podría traducirse como "Sobre la Escritura".
No se trata de ficción, sino de un manual para escritores, presentes y futuros. He leído unos cuantos métodos de escritura creativa publicados en España. Cosa curiosa, escritos por gente a la que no conozco de nada. A pesar de sus títulos, rimbombantes, llenos de promesas incumplidas, bien podrían titularse "Cómo Redactar" (los mejores), "Cómo aconsejar sobre escribir sin haber publicado jamás", "Cómo escribir, publicar y no ser leído, como es mi caso" o "Cómo conseguir que te paguen por un libro inútil (este)". O también "Cómo hacer un manual con una colección de obviedades" (los peores): sepa ortografía, cuide la gramática, divida el texto de tanto en tanto en eso que llaman párrafos. Los mayores logros de todos ellos son que sí han hecho escritores a alguien: a sus autores.
Stephen King es una persona inteligente (muy inteligente), conocedor de su oficio y, sobre todo, un tipo honesto. No escribe esto por necesidad, ni por la fama, ni por el dinero, sino con una sincera voluntad de ayudar y desde una experiencia meditada, con éxito y con un sano valor altruista.
¿Es sólo un manual para escribir best-sellers al estilo King? No. El autor (¿les he dicho ya que es inteligente?) destila los principios de la buena escritura, estructura y argumentación desligándolos de cualquier género o estilo. Repite una y otra vez: "Escribe sobre lo que sepas". Y si no sabes pero te apetece, documéntate y entonces escribe. Por citar textualmente: "No hay ninguna necesidad, ninguna en absoluto, de escribir encorsetadamente y con una óptica conservadora, como no la hay de escribir prosa experimental y no lineal [...]. Tienes a tu disposición tanto lo tradicional como lo moderno. ¡Como si te apetece escribir al revés! Pero, tomes el camino que tomes, siempre llega el momento de evaluar la calidad de lo que se ha escrito. Me parecería mal que cruzara la puerta del estudio un cuento o novela de cuya legibilidad no estuviera seguro el autor. No se puede gustar en todo momento a todos los lectores, ni siquiera a una parte, pero por favor, esfuérzate en gustar a veces a un sector del público. Creo que lo dijo William Shakespeare".
El libro está estructurado en varias partes: "Currículum Vitae", que cuenta unos pocos episodios que marcaron la vocación y carrera de escritor del autor, "Qué es escribir" (pues eso), "Caja de Herramientas", sobre las que emplea (tiene que emplear) cualquier escritor, "Escribir", sobre cómo encarar (con las anteriores herramientas) el proceso creativo, de publicación y de profesionalización del escritor, una "Postdata: Vivir" y unas coletillas: un ejemplo de primera redacción y de primera revisión y una lista de libros que King leyó y le gustaron en los cuatro años precedentes a la escritura del libro (96 títulos, de todos los estilos).
Es un libro ameno, que habla de tú al lector y que casi no deja piedra por remover de los procesos creativos. Un libro abierto, además, con muy pocas reglas de oro y muchos consejos que ayudan, más que dirigen, al futuro autor. Un libro honesto.
Traducción vacilante y descangayada (por no decir mala) la de la edición española. Y nunca el tema de un libro mereció mejor suerte en su tratamiento del lenguaje.

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Apt Pupil, de Stephen King

En Different Seasons
Futura Books
Londres, 1983 [1982]

Todd es un chico normal, muy listo para su edad. Tan listo que en la escuela incluso se contiene en los exámenes para no ser calificado de empollón. Es, en palabras de sus profesores y de sus padres, el "alumno aventajado" del título. Y aquí tenemos a Todd, el muchacho estudioso, que trabaja estacionalmente repartiendo periódicos para ganarse unos dólares, el hijo modelo, acercándose a una casa con una placa que reza: «Arthur Denker. Agentes de la propiedad No. Vendedores No». Acercándose al árbol del conocimiento del Bien y del Mal.
Arthur Denker ha sido reconocido por Todd. Denker es una antiguo SS del campo de Bergen-Belsen. Responsable de exterminio, de experimentos antinaturales, de crueldades sin cuento. Es lo más próximo que ha existido sobre la Tierra a la encarnación del diablo.
Y ahora se ve sometido a chantaje. No por dinero, no. Por conocimiento. Su relato a cambio de no ser denunciado.
Empezará así una relación que irá más allá de la coerción. Porque el relato de Denker, explicado a regañadientes, es largo. Y las horas que Todd pasará en compañía de ese anciano decrépito y miserable, antaño gloria del Tercer Reich se irán alargando en el tiempo y en la intensidad. Hasta llegar a un punto en que las vidas de ambos estarán tan entrelazadas como para llegar a una dependencia diabólica.
No en vano, dentro de estas "diferentes estaciones" que conforman la colección de cuatro novelas cortas, esta recibe el apelativo de "Verano de Corrupción". Nada hay de sobrenatural en este relato. La maldad que pueda existir en él reside en el mismo ser humano. Falta saber en manos de quién. ¿En el ansia de conocimiento del muchacho? (Y es este un tema que tiene una larga genealogía, desde Prometeo hasta el doctor Frankenstein) ¿En la adopción voluntaria del mal por parte de Denker/Dussander? Las respuestas no son tan simples, queridos amigos.
Es este un cuento modélico, y no en vano todos los críticos y estudiosos de Stephen King lo han destacado como uno de los mejores de su autor. Se refiere a temas que, por mucho que desviemos la vista, parecen ser intrínsecos a la naturaleza humana.
Es también un relato bellamente narrado, con ese sentimiento de catástrofe inminente percibido desde las primeras páginas. Ambos personajes están perfectamente trazados, y lo curioso es que nos desorienta y nos obliga a replantearnos conceptos desde su mismo principio. ¿Quién es más maléfico? ¿Esa ruina humana que fue un monstruo, o ese sucio chantajista orgulloso que es nuestro modelo de normalidad, el hijo que, en principio, todos quisiéramos tener?

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Rita Hayworth and Shawshank Redemption, de Stephen King

en Different Seasons
Futura Books
Londres, 1982

Los que me conocen debían estar preguntándose cuándo iba a dejarme llevar de una vez por mis impulsos naturales y comentar un libro de terror. Bueno, pues esta es una obra de Stephen King, pero no de terror, ni de ciencia-ficción, ni de fantasía. Y es que las etiquetas tienen el defecto de ser pegajosas.
King publicó la serie de cuatro novelas cortas de ficción pura, casi naturalista, Different Seasons, cuando su fama como escritor de terror era tal que se le hubiese publicado la lista de la compra. Y hubiese sido una lástima que, caso de no haber vendido lo suficiente "en lo suyo", hubieran caído estas historias en el vacío.
Porque KIng tiene un dominio (cuando está en forma) casi absoluto del argumento y el ritmo narrativo. Pero no es de esto de lo que quiero hablar hoy.
Les supongo al caso del argumento de esta historia. Si son de los pocos que no la han leído o que no han visto la película Cadena Perpetua, como se llamó aquí (en los países civilizados conservó su título original, The Shawshank Redemption, la redención de Shawshank), entonces enhorabuena. Van a disfrutar de una experiencia MUY gratificante. Corran a su librería o biblioteca y busquen el relato. Léanlo. Y entonces corran a su videoclub y alquilen o compren la película. O esperen. Suelen pasarla por TV unas 3 ó 4 veces al año, y por mí como si la quisieran emitir una vez al mes. La vería igual.
Todo esto me lleva a hablar de las adaptaciones literarias a la gran o pequeña pantalla (y con la proliferación de teléfonos móviles, ordenadores, multisalas y homecinemas, la diferencia se diluye rápidamente. Me pregunto cómo se debe de ver Ben-Hur en un móvil). Son muy pocas las que respetan la obra literaria original. Dejemos que hable el mismo Stephen King: "A veces, cuando uno trata con Hollywood, tiene la impresión de que juega para empatar [...] y mi propia reacción, hasta el momento [1981], a las adaptaciones de mi obra es un suspiro de alivio, no por lo buenas que hayan sido, sino porque no son lo malas que hubieran podido ser". Esto con su propia obra. Hablando en términos más generales, añade: "Creo que los productores se gastan enormes sumas de dinero en comprar novelas para después enmendar la plana a los escritores en lo que no les gusta de ellas [...] ¿Es esta la manera de llevar una empresa? ¿de dirigir una compañía ferroviaria?"
Shawshank Redemption es una adaptación perfecta. No igual al original, porque hay cosas intrasladables a la pantalla en un una narración literaria, siempre. Pero superior al original en otras cosas. Y el secreto de una adaptación tan buena reside en el respeto (¿la admiración?) al original y, desde esa base un trabajo de amor.
Shawshank es una narración carcelaria. Un condenado a cadena perpetua, Andrew Dufresne, ¿justa? ¿injustamente? Es indiferente. El protagonista auténtico es el penal de Shawshank. Dufresne y su relación con Shawshank. Desde la primera palabra y el primer fotograma esa relación se establece, con sobresaltos, sí, pero dentro de ese paso suave y natural del tiempo que es una condena de por vida. Y sin embargo, no dejan de pasar cosas. No muy dramáticas, o contadas muy dramáticamente, pero que intrigan y mantienen el interés. Hasta que desemboca en un gran final. No se trata de que sea una gran historia, un gran argumento, una gran dirección, unos excelentes actores (¡todos están bien!). Es que es una obra de amor. Lean y vean.