Jazz Porque Sí: Timo Lassy en Helsinki + Freddie Hubbard en Varsovia
Hoy tendremos, en primer lugar, un concierto del quinteto de Timo Lassy, saxofonista finés que, sin entrar en aventuras experimentales, toca un buen jazz pleno de swing y con intervenciones plenamente originales. Escucharemos: Shooting Dice; Teddy the Sweeper; It Could Be Better; Creole Stew; Touch Red; The Good Life; Just One of Those Things; y Where's the Man.
En suma, una buena muestra de jazz actual, muy bien interpretado y de gran estilo.
Después nos desplazaremos a Varsovia para escuchar a uno de los mejores trompetistas de la segunda mitad del siglo XX, Freddie Hubbard. No es ocioso que fuera un Messenger. Art Blakey no escogía a nadie sin talento, y todos los músicos que entraron en el grupo salieron mejores y casi siempre camino del estrellato. En el caso de Hubbard fue así, y su sonido, técnica e inspiración fueron de los mejores que se pudieron encontar en el mundo de la trompeta, y ha quedado con toda justicia así reflejado en los anales y las enciclopedias de jazz. Le escucharemos a quinteto, con Freddie a la trompeta y fiscorno, Donald Braden al saxo tenor, Ronnie Mathews al piano,Jeff Chamber al contrabajo y Ralph Penland a la batería.
El primer tema será un homenaje a Miles Davis, más evidente por cuanto que Hubbard lo interpreta con la sordina Harmon, un complemento instrumental que casi ha quedado como sinónimo de Miles Davis; la pieza es el archiconocido All Blues; luego, nos adentraremos en el ritmo tropical con Bolivia; e, incompleto, empezaremos a escuchar otro homenaje, esta vez a John Coltrane, con el tema Dear John, creado sobre las armonías de Giant Steps.
Suficiente buena música para comprobar ese sonido nítido y precioso que producía la trompeta de Freddie Hubbard, así como sus virtuosismos y su imaginación improvisadora que le convertía en uno de los trompetistas más capaces de llenar una sala con su sonido y su música.
Como siempre, presten atención a los comentarios del Cifu, y que disfruten.
Jazz Porque Sí: Fumio Itabashi en Tokyo
Fumio Itabashi, uno de los principales pianistas de jazz japoneses del momento, nos va a brindar un espléndido concierto a trío, junto a Takashi Seo al contrabajo e Ittetsu Takemura a la batería.
Se acusa a los músicos de jazz japoneses de ser fríos y esquemáticos. Me falta jazz japonés para poder decir si es cierto o no, pero seguro que esto no se aplica a la música de Itabashi. Y, por otra parte, puede ser un tópico, hasta malicioso si quieren, porque lo cierto es que cuando los músicos japoneses toman el escenario, son temibles. Poseedores de una técnica disciplinada y llevada al máximo de perfeccionismo, a poco que descuellen en otras cuestiones musicales no tienen nada que envidiar a sus colegas americanos o europeos.
Escucharemos cuatro piezas, y me perdonarán que no pueda darles los títulos exactos de las mismas. Mi conocimiento del japonés es casi nulo, no he podido encontrar referencias exactas de los temas, y antes de escribir barbaridades, prefiero que se queden con la enunciación que de ellos hace el Cifu. Sólo decir que el primero es 2013 Prayer, el segundo el estándar Fascinating Rhythm y el cuarto probablemente Ahh! Lidate-Mura, que es una aldea japonesa. Caso de equivocarme, pido disculpas.
El resto del programa se completa con grabaciones de Charles Mingus, Dadid, o Dave, "Fathead" Newman y el organista Jimmy Smith, que no son poca cosa.
Atentos como siempre a los comentarios del Cifu, y que disfruten de un pianista con una técnica perfecta y un concepto musical y armónico tremendamente original y plenamente jazzístico.
Jazz Porque Sí: Django Reinhardt 1944
Si la música de Django siempre fue feliz, a partir de 1944 tenía motivos adicionales para serlo. París había sido liberado, y, entre otras muchas opresiones de mayor importancia, el jazz se quitaba de encima la censura nazi y la sospecha continua.
No es de extrañar, pues, que la orquesta de Noël Chiboust interpretara una composición llamada Welcome, en dos partes (en la segunda está Django), lo que suena a bienvenida de unas tropas americanas e inglesas esperadas con ilusión desde hacía tiempo.
Y después de esta pieza, nos encontraremos de nuevo con "Django's Music", esa interpretación de la música de Django, más algún estándar orquestado por él, con orquesta e intervenciones solistas a cargo del guitarrista manouche. Escucharemos I Can Give You Anything but Love y Artillerie Lourde.
Con sonido deficiente, y en directo, tendremos a Django Reinhardt et son Orchestre en una competición concurso entre bandas, interpretando, de nuevo, Artillerie Lourde y Good Morning Blues.
Y entonces, como resalta el Cifu, habra una sesión de grabación en la que Django debió sentirse en el séptimo cielo: los músicos americanos de una banda queriendo tocar con él. Por motivos que el Cifu les detallará, los componentes de este grupo debieron quedar en el anonimato, aunque después se han descubierto, destacando el pianista Mel Powell, que figura en las enciclopedias y que no es ningún cualquiera en el manejo del piano. El caso es que Django está en su salsa, interpretando How High the Moon; If Dreams Come True; Hallelujah; y Stompin' at the Savoy. Los yanquis debieron quedarse sorprendidos de que no sólo fuera un solista excelente, sino un rítmico excepcional. Pero es que Django era así de genio.
Atentos a los comentarios del Cifu, y que disfruten.
Jazz Porque Sí: Lennie Tristano en The Confucius
Tendremos hoy la actuación de uno de los genios pianísticos más famosos del jazz, Lennie Tristano. Ciego desde los nueve años, multiinstrumentista, riguroso en todo, fue un precursor de lo que se denominaría free jazz, pero no se preocupen: Tristano hubiese corrido a gorrazos a algunos que dicen practicar ese estilo, y además fue un grandísimo estudioso de la armonía, de manera que la cuestión armónica está garantizada, aunque la sorpresa también.
Porque, en su época, Tristano no se parecía a ningún otro. El Cifu les hablará del amor de Tristano por Bach: en algunos pasajes, esto se nota, si se escucha con atención. Pero la música que interpretó, aunque pueda sonar poco al uso, resulta fascinante por su concepto innovador y su continua renovación, incluso en la misma interpretación.
Lo tenemos en formación de cuarteto, acompañado de músicos excelentes, todos y cada uno de ellos: Lee Konitz al saxo alto, Gene Ramey al contrabajo y Art Taylor a la batería.
Escucharemos, salvo dos estándares, composiciones de Tristano: April, sobre las armonías de I Remember April; Confucius Blues; Lennie-Bird, sobre las armonías de How High the Moon (y algo sobre la rearmonización que Charlie Parker hizo de ellas en Ornithology); el estándar These Foolish Things; 317 East 32nd Street, sobre las armonías de Out of Nowhere; e, incompleto, All the Things You Are.
Les aseguro que prestar atención a Lennie Tristano es adentrarse en un jazz poco convencional pero bellísimo, como también les dirá el Cifu. Atrévanse y disfruten.
Jazz Porque Sí: Thelonious Monk en el Town Hall de Nueva York
En el anterior programa dedicado a Thelonious Monk habíamos empezado a escuchar el concierto que éste, acompañado de nueve músicos más, realizó en febrero de 1959. Habíamos escuchado un par de temas y comprobado que, por la composición instrumental del grupo, con Donald Byrd a la trompeta, Eddie Bert al trombón, Robert Northern al corno francés, Jay McAllister a la tuba, Phil Woods al saxo alto, Charlie Rouse al saxo tenor, Pepper Adams al saxo barítono, Sam Jones al contrabajo y Art Taylor a la batería, además del piano de Monk, habíamos comprobado, decía, que la sonoridad era muy atractiva, muy singular, un auténtico gozo de instrumentación. A ello no era ajeno el arreglista del concierto, un pianista llamado Hall F. Overton que consiguió más fama mediante sus instrumentaciones que como intérprete. El trabajo que realizó fue espléndido, y no es de extrañar que figure destacado en todas las discografías de Overton, amén de representar una de las mejores formas de introducirse en la aparentemente difícil música de Thelonious Monk.
Escucharemos en esta ocasión Monk's Mood; Little Rootie Tootie; Off Minor; Crepuscule with Nellie (y, si todo el concierto es estupendo, esta balada representa la corona de la actuación); y un bis de Little Rootie Tootie, repetido por motivos que el Cifu les explicará.
Como siempre, no se pierdan los comentarios del Cifu, que siempre aportan datos y conocimiento. Disfruten de la música.
Jazz Porque Sí: Count Basie en el Americana Hotel de Miami (II)
Vamos a tener hoy una espléndida sesión de baile (porque para eso estaban en el Americana Hotel) con la orquesta de Count Basie; una orquesta de sonido reconocible de inmediato, y tal vez la única en poder competir (nunca rivalizar) con la de Duke Ellington.
Ya he dicho varias veces que, si hay que destacar algo aparte de la indudable calidad musical colectiva y solista de sus componentes, esto sería una elegancia que parece natural pero que fue el toque distintivo y muy trabajado de la orquesta; una sincronía total, que producía unos unísonos únicos en su género, con un funcionamiento preciso, sin que para eso se perdiera nada de swing; y ese sonido que le daba sabor y que era no sólo distintivo del Conde y sus muchachos sino de toda una época. Pregúntenselo si no a Jerry Lewis, que acabó siendo amigo de Basie y que utilizó a la orquesta en muchas de sus películas.
Lo que escucharemos en este pase de madrugada en el Americana Hotel será Let's Have a Taste; el muy conocido Moten Swing; tres temas vocales a cargo de Joe Williams con el acompañamiento elegante que siempre le daba la orquesta, You're a Memory; The Comeback; y Hallelujah I Love Her So. Y entonces, como cierre, el tema de marca de Basie, One O'Clock Jump, con un invitado que se marca un estupendo solo al principio, el gran trompetista Harry Edison.
Nos trasladaremos entonces a un estudio de grabación para escuchar un disco específicamente producido para el lucimiento del vocalista Joe Williams, que demostrará sus dotes como cantante melódico y como bluesman: What Did I Win; Cherry Red; Baby Won't You Please Come Home; y el gran éxito de Williams, de nuevo interpretado, Everyday I Have the Blues.
Atentos como siempre a los comentarios del Cifu, y déjense llevar por el ritmo bailable de la orquesta de Count Basie y sus muchachos. Que lo disfruten.
Jazz Porque Sí: Benny Carter en Europa
En fin, el caso es que tenemos al gran Benny Carter, alguien que ya en la época más clásica del jazz era visto como un maestro del saxo alto, y que mantuvo esa categoría toda su vida, incluyendo el año 1967 que es cuando se grabaron estas piezas.
Para empezar, escucharemos Now's the Time, de Charlie Parker, y Wee. Quienes acompañan a Carter en el escenario son Clark Terry a la trompeta (un músico que tuvo el registro de tocar en las orquestas de Duke Ellington y de Count Basie, es decir, calidad más que contrastada), Zoot Sims y Paul Gonsalves a los saxos tenores y como rítmica el trío de Oscar Peterson, con éste al piano, Sam Jones al contrabajo y Bobby Durham a la batería. Ahí es nada la de pesos pesados del jazz por metro cuadrado que se juntaron. Con excelentes resultados, como podrán oír.
Después, un I Can't Get Started con Carter solista al tenor acompañado únicamente del trío de Peterson, y que demuestra la inmensa calidad de Benny Carter como baladista, con una delicadeza y un sentimiento como sólo los grandes tienen.
Acompañado de Johnny Hodges al alto (otro saxofonista genial), de Coleman Hawkins al tenor (supongo que no hay que decir nada del padre del saxo tenor clásico) y del trío de Peterson, tenemos un C-Jam Blues inmenso.
Con la orquesta de Duke Ellington de fondo (sí, sí, tal como suena) y al frente Carter y Hodges a los saxos altos y Jimmy Hamilton y Paul Gonsalves a los tenores, este cuarteto se marca Satin Doll.
Y para finalizar, de nuevo Duke Ellington y su orquesta con Carter y Hodges en la primacía para ofrecernos Prelude to a Kiss.
¿Qué me dicen? Se han dicho muchas cosas sobre Granz, muchas de ellas tonterías, pero si alguien hizo el milagro de reunir (heterogéneamente a veces, pero con resultados siempre sorprendentes y satisfactorios) a tantos gigantes fue él. Reuniones por las que hoy se pagarían fortunas.
Como siempre, atentos a los comentarios del Cifu, y disfruten del sabor y la música de una buena jam session de estos maestros.
Jazz Porque Sí: Louis Armstrong - Ambassador Satch
La casa discográfica de Armstrong decidió (de la manera en la que entonces se decidían las cosas en las discográficas, es decir, porque sí y con toda prepotencia) combinar en un solo disco dos conciertos, uno en Italia y otro en el Hollywood Bowl, mezclando los temas. Que de ello saliera este imprescindible en la discografía de Armstrong "Ambassador Satch" no es tanto un milagro de la razón contra la incompetencia como mérito de cómo tocaban Satchmo y sus All Stars.
Que aquí incorporaban a Edmond Hall al clarinete, en sustitución de Barney Bigard. El bueno de Barney siempre ha sido uno de los clarinetistas del olimpo del jazz, pero Hall no le va a la zaga, y en estos conciertos estaba particularmente inspirado, como veremos. El resto eran los de siempre, que no eran mancos: El inmenso y lleno de recursos trombonista Trummy Young, Billy Kyle al piano, Barrett Dimms a la batería y Arvell Shaw al contrabajo, un tipo al que el sonido rotundo pero hermoso le salía por los poros.
Pero sobre todo el gran Louis, imperial, mandando en las colectivas, realizando solos esplendorosos, con una forma increíble, sin el menor problema para moverse por los diversos registros de la trompeta y siempre con una imaginación y un genio que se han vuelto consustanciales con la palabra "jazz".
Escucharemos All of Me; Twelfth Street Rag; Undecided, con primacía absoluta de Trummy Young, rugidor como pocos; Dardanela, una delicada pieza para el clarinete de Edmond Hall; West End Blues, el gran clásico de Armstrong; Tiger Rag, para delicia del público; Clarinet Marmalade, de nuevo para Hall; Someday You'll Be Sorry; y When the Red Red Robin Comes Bob Bob Bobbin' Along, una de esas canciones estúpidas que Satch transformaba en oro puro a base de interpretación, swing y scat.
Siempre atentos a los comentarios del Cifu, y disfruten de la música del gran jazzman que sigue siendo Louis Armstrong.
Jazz Porque Sí: Django Reinhardt 1943
De nuevo nos encontramos con el mejor guitarrista de jazz de la época clásica, el grandioso Django Reinhardt.
En plena ocupación alemana, grabando lo que se podía y como se podía, Django puso su renovado quinteto a trabajar, aunque en Blues Clair lo escucharemos a cuarteto, con Eugène Vées a la guitarra rítmica, Jean Stome al contrabajo y Gaston Léonard a la batería. Y en la misma sesión, Django se queda en solitario y nos regala una de esas improvisaciones que muestran el carácter más introspectivo, sí, pero también una imaginación improvisativa y una técnica fuera de categorías: Improvisation nº 3, partes 1 y 2.
Lo siguiente que existe grabado es con la orquesta del belga Fud Candrix, con la rítmica del Quinteto del Hot Club de Francia, interpretando Belleville; Oubli; Zuiderzee Blues; y ABC. Django pletórico, como siempre, acompañado por una de las mejores orquestas de la época, con un sonido muy bonito.
También con orquesta, pero esta vez de músicos franceses, escucharemos Gaiement; Blues d'Autrefois (Blues d'Outremer); y Place de Brouckère. Esa misma formación, pero sin metales y con la inclusión de cuatro violines, entre los que figura Michel Warlop, aunque por desgracia aquí dismulado en el conjunto, interpreta la clásica composición de Django Mélodie au Crépuscule, con vocal (correcto) de Nelly Kay.
Django Reinhardt agota los adjetivos. A estas alturas su técnica está fuera de toda medida, y aunque nos ha sorprendido con sus improvisaciones tantas veces, sigue maravillando lo que es capaz de trasponer de su cabeza a la guitarra, siempre con originalidad, siempre con frescor, siempre con sentimiento o con felicidad.
Atentos a los comentarios del Cifu, y que disfruten de esta música feliz.
Jazz, de Wynton Marsalis y Geoffrey C. Ward
Subtitulado "Cómo la Música Puede Cambiar Tu Vida", el gran jazzman Wynton Marsalis ejerce en este libro un magisterio para entender y apreciar la música de jazz. Para ello, Marsalis escoge la aproximación intuitiva y emocional. No es una mala opción. No hay cosa peor que, para enseñar la pintura, por ejemplo, empezar hablando de pigmentos y su composición.
Así, en diversos capítulos Marsalis nos va acercando al concepto del swing y su alegría, el lenguaje musical del jazz, el blues y prácticamente todo lo que un oyente de jazz (y alguien que empiece a tocarlo) debe saber.
Es capaz de explicar con sencillez conceptos que en otros libros son áridos, embrollados y difíciles de comprender a menos que hayas pasado por el conservatorio. A mí, que me he peleado con muchos de esos libros y conceptos, ya me hubiera gustado tener entonces el texto de Marsalis y resolver dudas de un plumazo.
Sobre todo transmite el sentimiento de creación nueva y personal, de colaboración intemporal que se tiene escuchando jazz: «Jamás he entendido por qué muchas personas creen que la creatividad es una cualidad misteriosa que posee un reducido grupo de personas muy especializado. Siempre que enseño improvisación a niños que son demasiado tímidos para tocar lo que les apetece, les digo: "Es muy sencillo. Sencillamente inventa algo. Toca lo primero que te venga a la mente, a los dedos y a los labios. Y tócalo con fuerza. Entonces estarás improvisando". Después, cuando veo que empiezan a emitir una sinfonía de notas quejosas pero libres de espíritu, añado: "¿Lo veis? Os dije que era muy sencillo. Sólo resulta difícil si queréis que suene bien"».
Y resulta que ese impulso creador que todos tenemos, cuando se comparte, se convierte en algo que nos hermana, intérpretes y espectador, en un estímulo mutuo.
De ahí que Marsalis afirme que la música en general y el jazz en particular pueden hacernos mejores. Aunque sólo sea, digo yo, porque no conozco a una sola persona a la que le guste el jazz y sea racista.
Marsalis es una gran figura que, sin embargo, ha perdido (pero no malgastado) mucho de su tiempo en enseñar a niños y mayores. A dar conferencias y charlas sobre el jazz y sobre la honestidad que deben tener los músicos, que a veces sacrifican el genio por la comercialidad. Y lo ha hecho siendo un trompetista excelente, uno de los pocos verdaderamente grandes nombres que quedan en el jazz.
En un libro que emociona por su pasión, que es crítico cuando debe serlo y que representa la mejor clase que uno pueda recibir sobre teoría y práctica musical jazzística, Marsalis nos enseña que lo que suena es importante, pero lo que trasluce el sonido lo es aún más. Cita a Elvin Jones: «para llegar a tocar con alguien a un nivel profundo, habría que estar dispuesto a morir por él». Es algo similar a lo que se siente cuando el oyente se compenetra con el intérprete, la sensación de recibir un regalo al que intentas corresponder con tu atención y tu estímulo. Muy pocas otras músicas establecen este vínculo de forma tan directa y personal. Marsalis nos dice porqué se produce esta comunión, y lo importante que es preservarla.
(Moving to Higher Ground. How Jazz Can Change Your Life)
Paidós / Espasa Libros, col. Contextos
Barcelona, 20092 [2008]
Jazz Porque Sí: Thelonious Monk y John Coltrane en el Five Spot (II)
Tenemos de nuevo aquí al cuarteto de Monk con la reaparición ocasional (y excepcional, en todos los sentidos) de John Coltrane, en la única grabación que se pudo hacer de esa formación con ambos genios del jazz en una actuación de club. Con un sonido imperfecto, puesto que la grabación la hizo la mujer de Coltrane con un magnetófono casero, pero aún así lo bastante buena como para poder entusiasmarse con la música y percibir la buena química entre los músicos. Los acompañaban Ahmed Abdul Malik al contrabajo y Roy Haynes a la batería. Lo primero que escucharemos será la balada Ruby, My Dear, quedando claro que Coltrane es un baladista enorme, y que Monk, como siempre, es capaz de reinterpretar sus propias músicas al infinito, sin repeticiones pero con una coherencia y genialidad fuera de lo común. Luego vendrá Nutty, ocasión de comprobar cómo Coltrane ya estaba en plenas facultades y su exuberancia musical; cierra la actuación un Epistrophy, esta vez en versión extendida.
Y entonces nos marchamos al Town Hall de Nueva York para "presenciar" una actuación en directo de Monk muy especial. Con Monk al piano, acompañado de nueve músicos: Donald Byrd a la trompeta, Eddie Bert al trombón, Robert Northern al corno francés, Jay McAllister a la tuba, Phil Woods al saxo alto (atentos a él), Charlie Rouse al tenor, en la primera de lo que sería una colaboración con Monk extendida durante más de una década, el gran Pepper Adams al saxo barítono, Sam Jones al contrabajo y Art Taylor a la batería.
Los diez músicos son excepcionales, toda una garantía de calidad, pero además hay varias características, como son que tuba y contrabajo en conjunción produzcan unos bajos potentes, un ritmo swingueante redondo, y que metales y cañas tan diversificados den un sonido muy especial, muy atractivo. Pero, además, los arreglos que hizo Hall Overton de la música de Monk son especialmente brillantes, produciendo una interpretación que adquiere matices nuevos y con sabor especial, sin perder esencia monkiana.
Un primer Thelonious ya anuncia el color de la jugada, y es difícil resistirse a esa sonoridad, que pone este concierto entre los mejores de la historia del jazz; sigue un Friday the Thirteenth excepcional, y para acabar el programa tenemos un fragmento de Monk's Mood. Pero tranquilos, se escuchará completo en el próximo programa dedicado a Monk.
Atención a los comentarios del Cifu, y que disfruten.
Jazz Porque Sí: McCoy Tyner en el Keystone Korner
Tenemos hoy una gran velada con el gran pianista McCoy Tyner. Como podrán comprobar, se trata de un pianista cuyo sonido es rabiosamente moderno (pese a que la actuación sea de los años setenta), muy coltreniano, aunque con voz propia. Con una técnica de escalofrío, sus solos dan buena cuenta de una imaginación musical y un dominio de los recursos instrumentales y armónicos fuera de serie, lo que le ha llevado a ser una de las grandes figuras del piano en jazz.
Está acompañado por Azar Lawrence a los saxos tenor y soprano, Wilby Fletcher a la batería, Guilherme Franco a la percusión y Juney Booth al contrabajo, y juntos interpretan unas piezas que son francancamente inolvidables, con swing a raudales e ideas musicales fluyendo constantemente. Escucharemos: Pursuit; Love Samba; y Atlantis.
Todo ello en un concierto memorable, cuyo pianista estaba en su mejor forma interpretativa. Atentos a los comentarios del Cifu, que les ilustrarán sobre la carrera y la consideración de McCoy, y que disfruten.
Jazz Porque Sí: Jim Hall en Japón
De entre los guitarristas modernos, destaca con luz propia Jim Hall. Dice el Cifu, y dice bien, que es un maestro de maestros. Es totalmente cierto, y todo buen guitarrista ha escuchado con atención a Hall, por la cuenta que le trae.
Lo encontramos aquí en un concierto en Japón, acompañado por Don Thmpson al contrabajo y Terry Clarke a la batería. Una formación en trío para otorgarnos una música sobria, con intervenciones discretas pero magistrales por parte de los tres componentes, y con una música maravillosa.
Escucharemos St. Thomas; Billie's Bounce; y dos composiciones del propio Jim Hall, Careful y Echo.
Completando el prgrama, el mismo trío, pero esta vez en el Bourbon Street de Toronto, interpretará Scrapple from the Apple; e, incompleto, se escuchará I Hear a Rhapsody.
La música de Jim Hall es deslumbrante. Sus temas son largos, pero pasan en un vuelo. Y deslumbra no por sus florituras o pirotecnias, puesto que Hall no es amante de esas extravagancias que muchas veces distraen del tema, sino por un manejo de la improvisación y una capacidad de reinterpretación del tema musical que sólo puede calificarse de maestra. Escuchar a Hall es un placer, pero también una maravilla viendo cómo va extendiendo una red de armonías sobre el tema principal.
Atentos a los comentarios del Cifu, y que disfruten de esta velada.
Cine y Jazz, de Carlos Aguilar
Libro necesario, dado que la relación entre esta música del siglo XX y el cine ha sido intensa desde el principio: incluso antes de que el cinematógrafo aprendiera a hablar, ya se acompañaba de un pianista que, en su forma paradigmática, improvisaba sobre las imágenes con piezas en ragtime, stride y sincopadas, más jazz que otra cosa; no digamos cuando la banda sonora se hizo realidad, y todo un género literario / cinematográfico encontró su reflejo anímico y musical perfecto en las composiciones de Ellington, Benny Carter, Chet Baker y tantos otros.
Cuando una obra de este tipo se plantea en forma de diccionario enciclopédico (como también es el caso del libro más famoso de Aguilar, Guía del Cine; exhaustivo en el cine español, discutible en el anglosajón), se espera el completismo, y ahí me declaro incapaz de juzgar, aunque, ya que el autor se mete en el imposible mundo del documental, echo en falta ya de primeras Michel Petrucciani, de Michael Radford; sobre todo encuentro a faltar entradas temáticas, como la relación del jazz con el cine policíaco y negro, o la presencia cinematográfica de los clubes, un lugar de desarrollo de la acción como pocos han habido en el cine.
Por lo demás, las características típicas de Carlos Aguilar están presentes: poco o ningún resumen argumental y mucha valoración personal (a la que tiene completo derecho). Pero, centrándonos en lo positivo, hay que remarcar un inmenso trabajo realizado desvelando algo que, por lo general, no aparece ni en los títulos de crédito, como son los nombres de los músicos que tocan realmente en la película (a veces en persona, a veces doblando a actores, otras sólo en la banda sonora) y que proporciona auténticas sorpresas, o las entradas biográficas de los jazzmen, específicamente redactadas en relación al cine.
Por supuesto, un listado de películas (algunas (o muchas) difíciles de ver) que puede hacer de su visionado una experiencia nueva en cuanto a lo programático de su música; y dentro de ese listado, un apreciable número de películas europeas, incluyendo españolas, en lo que supone una reivindicación de los "otros" jazz fuera del ámbito anglosajón.
Como guinda, una infografía realmente valiosa, consistente no sólo en fotogramas, carteles de películas y portadas de discos, sino en imágenes curiosas de actores y músicos, encuentros inusitados (por ejemplo, la cubierta, que muestra a Ella Fitzgerald en conversación con Marilyn Monroe) e instantáneas de rodaje.
En suma, un libro que llena un vacío que era necesario cubrir y que estimula tanto la cinefilia como la audición jazzística.
Cátedra / Grupo Anaya, col. Signo e Imagen
Madrid, 2013 [2013]
Portada y sinopsis

Jazz Porque Sí: Django Reinhardt Mayo 1942
Seguimos con el genial guitarrista gitano y su discografía, que esta vez nos lleva, en plena guerra mundial, a Bélgica, con la muy buena big band de Stan Brenders. O más bien gran orquesta, ya que incluye una sección de cuerda.
Verán, cuando escucho que un músico de jazz está acompañado de violines (orquestados, claro; Grappelli y sus colegas son otra cosa) me echo a temblar. Muchos han tenido esa tentación, y muy pocos han logrado que el resultado fuera satisfactorio. Por suerte, Brenders, que debió ser músico notable, opta por la discreción en el acompañamiento. Y así, tendremos un Nuages antológico, una de las mejores interpretaciones de Django de este tema inmortal; escucharemos después Djangologie, con un buen arreglo destinado a acompañar a Django que, como siempre, está pletórico; Ya sin violines, sino con una banda más típicamente swing, tendremos Éclats de Cuivre; Django Rag, que recuerda, como dice el Cifu, al Tiger Rag, y donde Django hace diabluras con la guitarra; Dynamisme; Tons d'Ébène, donde se demuestra que Reinhardt era capaz de imprimir su sello personal a cualquier composición; y Chez Moi à Six Heures. Una buena sesión con una muy buena banda y en la que Django estuvo a sus anchas como protagonista bien acompañado.
Ya en 1943, Django volverá a grabar con su reformado Quinteto del Hot Club de Francia, aumentado con un segundo clarinetista. La composición del grupo era Gérard Lévéque y André Lluis a los clarinetes, Eugène Vees a la guitarra rítmica, Jean Storne al contrabajo y Gaston Leonard a la batería. Escucharemos Douce Ambiance, de nuevo una demostración de la guitarra de Django; y atentos a esta versión de Manoir de Mes Rêves, una de las mejores de las que Reinhardt grabó: su guitarra está en la cima de lirismo e imaginación; Oui, un tema bien rítmico; y Cavalerie, con un cierto aire entre oriental y flamenco, muy original. Luego, ya sin Lluis tendremos un Fleur d'Ennui, con un trasfondo caribeño, que remite a la imagen de la pereza y el aburrimiento, pero eso sí, rodeado de las flores de las islas. En todos estos temas el Quintet está muy sobrio, acompañando y exponiendo sin más, y es Django el que tiene el mando y realiza las intervenciones y solos que quiere. Con todo el respeto para esos músicos, casi mejor. Porque Reinhardt está en un forma espléndida, y su guitarra siempre te deja queriendo más.
Atentos a las explicaciones de Cifu, como siempre, y que disfruten.
Jazz Porque Sí: Duke Ellington - Suites Peer Gynt
Antes de entrar en la paráfrasis jazzística que Ellington y Strayhorn hicieron de la obra de Edvard Grieg, quedaban por escuchar un par de temas que Ellington grabó en una reunión fabulosa con el gigante del saxo tenor de todos los tiempos, Coleman Hawkins. El primero, Self-portrait of the Bean, composición de Ellington especialmente dedicada a "Bean", es decir, a Hawkins, es una balada espléndida en la que Hawk demuestra todo su talento, que era inmenso, para la interpretación. Y después tenemos un Solitude igualmente memorable, a grupo pequeño, con Hawkins al tenor, Ray Nance al violín, Duke Ellington al piano, Aaron Bell al contrabajo y Sam Woodyard a la batería.
Entonces escucharemos la versión jazz que Ellington y Strayhorn hicieron de las suites Peer Gynt, una obra capital y de las más escuchadas de la música clásica, con la que, nada más escucharla comprendemos la reivindicación que se hace de Ellington como el músico de jazz que, a puro genio, introdujo el jazz en las salas de conciertos. Sin afectación, conservando su lenguaje peculiar (eso que se denomina Ellingtonia), y con un sentido musical y armónico que complementa y enriquece, más que canibalizar, la obra de Grieg. Es un ejercicio saludable que escuchen ambas versiones, la clásica de Grieg y la de Ellington, no para comparar, sino para ver los matices que dan al jazz su sabor y que transfieren acentos própios, pero en absoluto menores.
Las partes que componen estas suites son: Morning Mood; Anitra's Dance; Solveig's Song; Ase's Death; e In the Hall of the Mountain King. Una maravilla.
Y empezaremos a escuchar la suite, esta vez compuesta por Ellington, Thursday, con las piezas Misfit Blues e, incompleta, Schwiphty.
Como siempre, presten atención a los comentarios del Cifu, y que disfruten de la delicada música de Duke Ellington.
Jazz Porque Sí: Art Blakey en Tokyo
Es una tremenda satisfacción escuchar la música de Art Blakey. Me gustan muchos baterías, pero Blakey es mi favorito. No sólo porque sea uno de los más grandes percusionistas que ha dado el jazz, sino porque le tengo un cariño especial como persona. Su grupo emblema, los Jazz Messengers, representó una auténtica escuela para músicos con talento que empezaban. Blakey tenía un olfato finísimo para descubrirlos, enseñarles, y mucho, a tocar, y dejarlos volar en solitario. No hay ni uno solo de estos músicos que no cuente maravillas de su aprendizaje con Blakey. Pero este aprendizaje Blakey no lo realizaba en academia, sino que lo hacía día a día, en actuaciones, grabaciones y conciertos, brindándoles la oportunidad de sentirse auténticos músicos. Semejante actitud (por lo general, un gran intérprete querrá tener a unos acompañantes correctos y dignos, o tal vez a grandes figuras, pero arriesgar con unos "novatos" es ciertamente inusual) ya es de agradecer. Pero es que además los Messengers rindieron a un nivel altísimo fuera la formación que fuera. Durante décadas, fue el grupo de jazz más consistente y un seguro de buena música allá donde fueren.
Y a Art Blakey le gustaba grabar actuaciones en directo. De hecho, presumía, y nadie le ha desmentido, de que fue el primero que decidió grabar un álbum sobre una actuación en club (grabaciones de conciertos en auditorios sí habían existido antes, pero no en clubes).
De manera que tenemos a un músico con una genialidad interpretativa, un buen sentido musical, un descubridor de grandes nombres y un intérprete al que le gustaba asumir los riesgos del directo, sabiendo que éste proporciona un plus de emoción y calor, y una realimentación entre los músicos, que se estimulan con sus compaañeros de actuación y con la actitud del público.
Por todo ello, cualquier disco de Blakey vale la pena. Y por eso lo echo tanto de menos, y me satisface que el Cifu conmemore el aniversario de su muerte con este concierto que, como todo lo que hacían los Messengers, estoy seguro que va a satisfacer las exigencias tanto del aficionado como del que empieza a introducirse en el jazz.
Los Messengers de entonces eran, nada más y nada menos, que Lee Morgan a la trompeta, Wayne Shorter al saxo tenor, Bobby Timmons al piano y Jymie Merritt al contrabajo. Con Blakey a la batería, por descontado, uno de los percusionistas más distintivos de su instrumento y uno al que se reconoce de inmediato.
Interpretarán Nellie Bly; una composición de Timmons, Dat Dere, en sonde su solo de piano es bueno, biueno, bueno; la preciosa balada 'Round About Midnight, que Lee Morgan hace más preciosa todavía con su manejo excepcional del discurso a la trompeta, sin menoscabar a Shorter, por supuesto; e, incompleto pero por poco, Night in Tunisia, tema de Gillespie, pero "marca de la casa" de Art Blakey que lo interpretó una y otra vez, bordándolo siempre.
Presten atención a los comentarios del que fue amigo de Blakey, el Cifu, y estoy seguro de que disfrutarán intensamente de este concierto.
Jazz Porque Sí: Thelonious Monk y John Coltrane en el Five Spot
Nuestra habitual cita con Thelonious Monk, el programa que el Cifu nos brinda hoy es un documento excepcional. Se trata de una actuación de club, y por tanto mucho más libre y arriesgada que un concierto en auditorio o una grabación en estudio, la única registrada del cuarteto de Thelonious Monk con John Coltrane.
El sonido no es perfecto, ni mucho menos, al tratarse de una grabación amateur, pero salvo el primer tema tampoco está tan mal. Y sobre todo la música que suena es de marca mayor.
El cuarteto estaba formado por Monk al piano, John Coltrane al saxo tenor, sustituyendo por unos pocos días a Johnny Griffin, el muy respetable contrabajo de Ahmed Abdul Malik y el gran batería Roy Haynes.
Comprobarán rápidamente que, si ese era el estándar que estilaba el cuarteto en el Five Spot, era más que lógico que llenaran cada noche y que hubiera colas antológicas en la puerta. Coltrane está en un estado de gracia ex-cep-cio-nal, con unos solos desatados que poca gente, si alguien, podía hacer en la época. Y Monk se encuentra a sus anchas y hace con su música lo que le da la gana, siempre de manera genial y sorprendente.
El programa es la balada Crepuscule with Nellie; Trinkle Tinkle; In Walked Bud, buena prueba de lo que les decía, con Coltrane desmesurado, Monk haciendo diabluras, Abdul Malik marcándose una demostración de cómo usar el contrabajo sobre las armonías de Monk y Haynes haciendo un solo de libro; I Mean You; y Epistrophy para marcar el final de pase.
Lo dicho, una actuación como pocas se han registrado. Atentos a los comentarios del Cifu, y espero que disfruten de la música.
Jazz Porque Sí: Yusef Lateef en el Pep's Lounge de Filadelfia
Vamos a escuchar una actuación de rabiosa modernidad. Sí, porque aunque Yusef Lateef empezó su carrera allá en los años cincuenta, cuando se sube a un escenario, incluso hoy, los más modernos entre los modernos se quedan de una pieza. Multiinstrumentista, especializado sobre todo en el saxo tenor, las flautas, el oboe y el clarinete bajo, es un músico irreductible. Con un estilo propio y poderosísismo, ya sea en sus composiciones o en las de otros siempre tiene un toque de originalidad que lo hace único, y su bien establecida fama está cimentada en ese conocimiento musical y en su técnica.
Acompañado del magnífico trompetista Richard Williams, con Mike Nock al piano, Ernie Farrow al contrabajo y James Black a la batería, escucharemos una pieza dedicada a John Coltrane, Brother John, con Lateef al oboe, instrumento difícil de integrar en le jazz, pero que verán cómo trata Lateef y cómo consigue que esa sonoridad sea perfecta para el tema; P-Bouk, con Lateef al saxo tenor; el blues lento Nu-Bouk, con Lateef a la flauta, de la que es un gran maestro; el famoso Yusef's Mood, sin Richard Williams y con Lateef al tenor; Rogi, una pieza en la que la compenetración entre Lateef y Williams se puede ver a las claras; e, incompleto, Number 7, con Lateef al tenor y la flauta de bambú.
En suma, una actuación con ideas musicales desbordantes de un Yusef Lateef pletórico y excelentemente acompañado por un trompetista finísimo como es Richard Williams, y una actuación que, como ya les he dicho, deslumbra por su modernidad, pero también por la coherencia y musicalidad de su discurso.
Atentos, como siempre, a los comentarios del Cifu, y que disfruten del concierto.


