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Ratas de Montsouris, de Léo Malet

De nuevo el detective Nestor Burma, creación de Malet pero inmortalizado en cómic por Tardi, y de nuevo esa serie monumental y sentida protagonizada por parís en cada uno de sus barrios, en este caso el Arrondissement XIV, al norte de la Ciudad Universitaria, el del parque de Montsouris y, en 1955, hogar de callejas miserables que ya se preparaban a una transformación posterior.
Porque, no nos engañemos, Burma es un protagonista detectivesco buenísimo, pero lo que impresiona es la capacidad de Malet para retratar unas calles y proporcionarnos el carácter de una parte de París en una determinada época.
A Burma un antiguo conocido del campo de prisioneros alemán, Ferrand, le propone una cita con una estrafalaria puesta en escena. Nestor asiente como si se las hubiera con un loco, pero poco después recibe el encargo de vigilar a un posible chantajista... que resulta ser Ferrand. A renglón seguido de esa entrevista, Ferrand es asesinado. Todo apunta a que la causa puede ser un crimen sin resolver, en el que puede estar mezclado un exmagistrado conocido por su afición a enviar reos a la guillotina. Y en medio, una banda de ladrones, las Ratas de Montsouris, que operan en el distrito XIV.
Todo lo cual es un motor cuya acción está perfectamente planificada, y que ayuda a proseguir la lectura, pero no es lo mejor de estas novelas, insisto.
La literatura policíaca moderna se justifica a sí misma como termómetro del clima moral de un lugar o una época, y Malet, por intuición o reflexión, lo sabe muy bien. El género policial le sirve para que su personaje pueda deambular por cualquier parte, sean los barrios bajos o las mansiones burguesas, y para retratar usos, costumbres y actitudes. En esta novela, por ejemplo, aparecerán argelinos y la tensión de las colonias, los patafísicos y, por encima de todos ellos, un barrio que desaparece y otro nuevo que está a punto de surgir sobre los derribos.
Dirán que esto tiene cierto aire sentimental. Puede ser. Pero, se conozca o no París (o el barrio en cuestión), la impresión que da Malet de él es tan vívida que se sitúa de inmediato en la mente del lector. Y sobre este decorado real, la acción puede desarrollarse como si, en lugar de tratarse de una novela negra, fuera una de costumbres. Que no es poco logro.

(Les Rats de Montsouris)
Libros del Asteroide
Barcelona, 2011 [1955]
Serie Detective Nestor Burma / Los Distritos de París: Arrondissement XIV

Portada y sinopsis

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Niebla en el Puente de Tolbiac, de Léo Malet

(Brouillard au Pont de Tolbiac)
Libros del Asteroide
Barcelona, 2008 [1956]
Serie Detective Nestor Burma nº 17 Subserie Los Nuevos Misterios de París XIII Arrondissement

En los años cincuenta, al detective Nestor Burma le llega una carta encabezada "Querido camarada" en la que se le pide ayuda para salvar el pellejo de algunos "compañeros". La firma un tal Abel Benoit, un nombre que a Burma no le dice absolutamente nada. Temiendo que se trate de una broma o de una trampa, Burma se pone en marcha con reluctancia. Unas precauciones que se desvanecen después del encuentro con una bella gitana y de otro mucho menos agradable, con la policía en el hospital en el que estaba citado.
El autor de la carta está muerto, víctima de las secuelas de la agresión que recibió, y el muerto es Albert Lenantais, "un buen tipo, un buen camarada" de los círculos anarquistas que Burma frecuentó en su juventud (y que retrotrae a la juventud del propio Malet, que también fue anarquista). Pero qué quería Lenantais de Burma, queda envuelto por el silencio de su muerte.
O tal vez no tanto, puesto que Nestor Burma no tiene intención de desentenderse del tema, contando lo justo a la policía y siguiendo las investigaciones por su cuenta. Unas pesquisas que le llevarán a su propio pasado, pero también al de algunos de sus excamaradas que lo que menos quieren es que ese pasado salga a la luz.
Bajo el telón de fondo de la guerra de Argelia, malet efectúa una representación de un escenario social y político en esta subserie llamada "Los Nuevos Misterios de París", en la que pretendía situar una novela en cada uno de los arrondissements (distritos parisinos), un propósito que no pudo completar al morir en 1996. En este caso el distrito XIII, el del puente de Tolbiac, el de las traperías, un barrio marginal, mísero. «El distrito XIII abunda en calles de nombres encantadores y pintorescos, y en general poco apropiados. En la calle Cinq-Diamants no hay ningún diamante; en la calle Château-des-Rentiers se encuentra, principalmente, el asilo Nicolas-Flamel; en la de Terres-au-Curé, no vi a ningún cura y en la calle Croulebarbe no se reúne la Academia de la lengua; en cuanto a la calle de las Recoletas... mejor dejarlo, y la de la Esperanza... El asunto Lenantais no estaba bajo ese signo, desde luego.»
He repetido y seguiré insistiendo en que la novela negra tiene valor porque proporciona un retrato del clima moral de una época, y un cuadro verista de unos lugares en un tiempo dado. Lo que antecede y ha escrito malet no figuraría jamás en una guía turística, y rara vez en un artículo de prensa, mucho menos francesa y de la época.
Si además el autor llena ese paisaje moral y físico con tipos de la correspondiente catadura social y moral, el retrato queda completo, sobre todo si quien lo relata es un protagonista cínico, honesto y escéptico como Nestor Burma.
Todo ello, realizado a la perfección, es mérito de Léo Malet.

Portada y sinopsis

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Calle de la Estación, 120, de Léo Malet (y Tardi)

(120, Rue de la Gare)
Libros del Asteroide
Barcelona, 2010 [1942]
Serie Detective Nestor Burma nº 1

Nestor Burma ha sido movilizado, ha perdido la guerra junto a sus camaradas del ejército francés y se halla internado en un campo de prisioneros alemán. Trabajando en el registro, se presenta ante él un hombre, apodado "el Glóbulo", que no recuerda quién es ni nada de su pasado. Meses más tarde, este amnésico parece tener un destello de lucidez antes de morir y le pide a Burma: «Dígale a Helène... calle de la Estación, número 120...». Cuando Nestor Burma es repatriado, en la estación de Lyon encuentra a uno de sus antiguos colaboradores, quien antes de caer acribillado tiene tiempo de decirle: «Jefe... calle de la Estación, número 120...». Burma, que antes de la guerra dirigía la agencia de investigaciones "Fiat Lux", necesita menos que esto para iniciar las pesquisas.
Finalizada en 1942, esta novela no es sólo buena en su argumento, o por inaugurar una serie con un detective moderno y francés, estableciendo un modelo europeo alejado de los detectives victorianos, sino también por su extraordinario retrato de la Francia de la ocupación, tanto en la "zona libre" lionesa como en el París tomado por los alemanes. Los blackouts, el racionamiento, las restricciones en el tránsito, el éxodo de personas y empresas... Todo ello es un telón de fondo, sustancial y necesario, para un enigma que proviene de épocas pasadas y más felices, pero que se desarrolla en la Francia de la derrota.
Y no menos importante es el dominio literario de Malet, que crea un Burma sardónico, duro e introvertido, que se rodea de toda una serie de tipos que salen de las páginas como personajes de carne y hueso.

Y hablando de personajes encarnados, hay que mencionar
Calle de la Estación, 120, de Tardi y Léo Malet
(120, Rue de la Gare)
Norma Comics
Barcelona [1988]

Y hay que hablar de ella porque la colaboración del dibujante Tardi y Léo Malet fue tan amigable e intensa que es posible hablar de unas versiones en extremo fieles la una a la otra. Lo que en la novela es descripción Tardi lo convierte en documento de época. Y proporciona encarnación a los personajes, dándoles la apariencia justa.
Por otra parte, Tardi es conocido por su documentación exhaustiva antes de dibujar, por ejemplo, una farola, y esto se nota en esta versión gráfica de Calle de la Estación, 120.
Suele ser habitual, en estos casos, recomendar la versión gráfica, la fílmica, la teatral, etc. por sus virtudes intrínsecas al medio, pero acabar recurriendo al texto de la que procede por su mayor detalle, extensión, personajes que han sido suprimidos, subtramas que han sido simplificadas, etc. No es este el caso, y en realidad leer la novela gráfica de Tardi y Malet es intercambiable con leer la novela de Malet. Es una situación inusual, pero que me alegra hallar en la vida real, como ejemplo de colaboración y dedicación a la obra. Aunque yo no me plantearía la disyuntiva. Si pueden, léanlas ambas, dejando un tiempo entre lecturas, si quieren. Porque las dos son en extremo satisfactorias.

Portada y sinopsis de la novela
Portada y sinopsis de la novela gráfica