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Los Profesionales, de Richard Brooks

SESIÓN MATINAL

(The Professionals); 1966

Director: Richard Brooks; Guión: Richard Brooks, basado en la novela A Mule for the Marquesa, de Frank O'Rourke; Intérpretes: Burt Lancaster (Bill Dolworth), Lee Marvin (Henry "Rico" Fardan), Robert Ryan (Hans Ehrengard), Jack Palance (Jesús Raza), Ralph Bellamy (Joe Grant), Claudia Cardinale (Sra. María Grant), Woody Strode (Jake Sharp); Dir. de fotografía: Conrad Hall; Música: Maurice Jarre.

O la elección moral. Un magnate contrata a cuatro mercenarios para que rescaten a su esposa, secuestrada por la banda de Raza. Pero, ¿es realmente un secuestro?
Se ha remarcado la enorme profesionalidad con la que Richard Brooks (que venía de hacer una película extraña como era Lord Jim) encaró este proyecto, totalmente propio ya que guión y dirección son suyos; la importancia de lo que un buen director puede lograr con eso que se ha denominado "la creación artesanal"; las bondades de sus interpretaciones, encabezadas por un Burt lancaster siempre por encima de la media, pero seguido por unos Marvin, Ryan, Palance, Strode y Bellamy impecables. Y que fuera uno de los pocos westerns simpatizantes con los mexicanos. Todo ello es cierto, pero también lo es que esta obra artesanal lleva su propio pathos en la cuestión de la dicotomía entre las elecciones morales y la frialdad profesional, el puro cumplimiento del encargo y la ética personal. Entre la supervivencia y la propia dignidad (e incluso el respeto a la ajena).
Puede aducirse que este dilema está planteado con demasiada sencillez. Puede también responderse que hombres sencillos y lineales como estos profesionales fríos, que no llegan ni a notas a pie de página en la épica del western, no tienen necesidad de grandes y enrevesadas filosofías y que, tal vez, una moral sencilla pero nítida sea mejor que una ética abstracta y alejada. Los dilemas morales se plantean a todos los niveles. Su resolución coherente es lo que los hace válidos fílmicamente. Lo bastante como para trascender a la mera "creación artesanal".

Tráiler:

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El Fuego y la Palabra, de Richard Brooks

SESIÓN MATINAL

(Elmer Gantry); 1960

Director: Richard Brooks; Guión: Richard Brooks, basado en la novela de Sinclair Lewis; Intérpretes: Burt Lancaster (Elmer Gantry), Jean Simmons (Hermana Sharon Falconer, nacida Katie Jones), Arthur Kennedy (Jim Lefferts), Shirley Jones (Lulu Bains), Dean Jagger (William L. Morgan), Edward Andrews (George F. Babbitt), Patti Page (Hermana Rachel), John McIntire (Rev. John Pengilly); Dir. de fotografía: John Alton; Música: André Previn; Dir. Artística: Edward Carrere.

Se pueden decir muchas cosas sobre la sociedad norteamericana, pero no se puede negar que dentro de todas sus contradicciones, las industrias culturales gozan de una admirable libertad para expresar sus opiniones. Tal vez no existe país en el mundo que tenga tanto respeto por la libertad religiosa (no del todo, de acuerdo; habría mucho que decir sobre las religiones no cristianas y sobre el ateísmo. Pero permítanme esta leve simplificación hoy); pero dentro de este clima liberal en cuestiones de fe, la cinematografía no ha tenido empacho en denunciar a los estafadores religiosos y otros chanchullos del mismo estilo.
En este caso se trata de denunciar los engaños de Elmer Gantry, un evangelista de los años veinte (invención del novelista Sinclair Lewis, pero símbolo y arquetipo de la miríada de estafadores que proliferan y pululan por la sociedad americana). Por supuesto, al estilo Hollywood, es decir, incorporando un melodrama al argumento. Pero así hacen las cosa y, reconozcámoslo, muchas veces lo hacen muy bien.
Es mérito del director/guionista que esta película interese tanto como lo hace, con un equilibro logrado entre la tensión dramática y la denuncia de la comercialización religiosa, entre el argumento, la narrativa, y la fe y sus trampas.
Efecto al que contribuyen e uncrementan unas magníficas interpretaciones por parte de Burt Lancaster y Shirley Jones, por encima de la media, y del resto del cuerpo actoral encabezado por Jean Simmons.
Una película sin fecha de caducidad, disfrutable hoy tanto como hace cincuenta años.

Tráiler: