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Un Homenatge a Álvaro Cunqueiro, de Joan Perucho

En Els Secrets de Circe
Columna Eds., col. Clàssica
Barcelona, 1998 [?]

Este año 2011 se conmemora el centenario del nacimiento de Álvaro Cunqueiro. Es seguro que menudearán los homenajes, sobre todo en Galicia (en el resto de España, Cunqueiro parece más olvidado; lástima, porque es un olvido que empobrece). Bueno es recordar que el gran amigo suyo que fue Joan Perucho ya le rindió tributo, este Un Homenaje a Álvaro Cunqueiro, que se halla recopilado en el volumen Los Secretos de Circe.
En realidad, el mejor homenaje que se le puede hacer a una persona es decir, como hace Perucho, «siempre lo recuerdo». Pero la prensa y las editoriales son poco propensas a tales concisiones, aunque sean capaces de expresar todo el sentimiento de cariño y respeto que se tuvieron desde su primer encuentro, puede que en Cambados, «contemplando juntos el espectáculo fascinante que ofrecía la sirena Pasitea, muy amiga del caballero Kosmas, cantando y peinándose los cabellos de oro finísimo. Cunqueiro era descendiente de esta sirena (enemiga mortal de la Melusina de Lousignan), y lo era por parte de la rama de los Moriños de Lobeiro. Brindamos ceremoniosos a su salud con una copa de cristal traslúcida.»
Rememora Perucho las virtudes de Cunqueiro, que los convirtieron en más que amigos, en auténticos hermanos en las letras. Sus extraordinarias capacidades para hallar lo telúrico en la cotidianidad, la fantasía en la vida, la vida en cualquier parte. Pequeñas anécdotas mágicas, de las que Perucho guarda el secreto y desmiente versiones. Su enorme capacidad lingüística y narrativa capaz de transformar un texto mediante su comprensión e intervención: «Retoma un original que le gusta y supera el poema. Esto sucedió con mi poema [Anotaciones de la Vida de Castruccio Castracani da Luca, de Perucho] [...] A primera vista [...] la versión de poeta gallego es completamente fiel, verso a verso, palabra por palabra. ¿Cómo entonces podemos decir que llega a superar al original catalán? "O lector decataríase dos puntos suspensivos finais que hai na versión galega e que non existen no orixinal. Estes signos de puntuación dan ao poema un ton melancólico ─e semi-irónico─, que non ten o versión catalana [...] Perucho, no poema orixinal, afirma que aínda brilla o elmo sob o sol: Cunqueiro que que sí, pero non"». Todo lo cual no puede sino provocar una sonrisa (melancólicamente) galaica.
Y contiene este artículo un texto de Cunqueiro «realmente importante [...] por las indicaciones relativas a la unión con su tierra y su cultura» y que escribió un año antes de morir:
«Loado sea Dios porque me permitió nacer, crecer, hacerme hombre y ahora envejecer en este gran reino que llamamos Galicia; en este reino del Finisterre que va desde las montañas hasta el mar, donde brillan los pies del viento; en este país de los diez mil ríos, del viejo camino de las peregrinaciones, en este país de los mil valles, en este país hermoso y eternamente verde, patria amada, la tierra del sentido bardesiano: las patrias son la tierra y los muertos. Gracias a Dios por este reino.
»Loado sea Dios también por haberme dado el de nuestra lengua, por haberme enseñado a decir rula y abiducira y dorna y ponte y fonte. Y entonces yo, sabiendo estas palabras, era verdaderamente amo de la tórtola y del abedul y de la dorna y del puente y la fuente.
»Mis invenciones y mis magias tienen, no obstante, un sentido más profundo; por encima y por debajo de lo que hago y quise y quiero que la lengua gallega perdure y continúe porque la duración de la lengua es la única posibilidad de que nosotros duremos como pueblo.
»Quise que Galicia continuase y, al lado de la patria terrenal, que son la tierra y los muertos, hay esta otra patria que es nuestra lengua. Si de mí algún día, después de muerto, se quisiera hacer un elogio y yo estuviese dando hierba a Nuestra Tierra, podría decir mi lápida: "Aquí yace alguien que con su obra hizo que Galicia durase mil primaveras más".
»También he de dar gracias a Dios por haber nacido en esta nación gallega entre vosotros, por haber nacido en nuestro tiempo y ser amigo vuestro; gracias por tanta generosidad que tuvisteis conmigo.»

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Las Historias Naturales, de Joan Perucho

(Les Històries Naturals)
Edhasa, col. Pocket
Barcelona, 1978 [1960]

Olvídense de vampiros que, más que morder, besan, cual es la última moda. Olvídense de Transilvania, las estepas del Este, las montañas balcánicas o incluso de los suburbios de Londres o Nueva Jersey. El vampiro autóctono es este país tiene un nombre, Onofre de Dip. Y un autor, Joan Perucho.
Perucho fue un buen poeta, un narrador más allá de la excelencia, un erudito como han existido pocos y un fabulador que siempre supo convertir la realidad en apasionante descubriendo sus entresijos y combinándola con una fantasía benéfica que elevaba la cotidianeidad al nivel de lo maravilloso. Admirador de Edgar Allan Poe y de sus sucesores, fue él quien trabó para siempre el mundo hispanico con el universo de los Mitos de Cthulhu de Lovecraft con un relato fundamental, Amb la Tècnica de Lovecraft, y lo hizo en una época en la que la narración fantástica española era un yermo y la ficción de la maravilla estaba mal vista y era cultivada sólo por él, Ana María Matute y unas cuantas obras de Torrente Ballester (a los gallegos, principalmente Álvaro Cunqueiro y Anxel Fole, hay que darles de comer aparte, entre otras cosas porque Galicia es en sí misma un argumento telúrico, en el que el volteo de una piedra descubre una conseja o un lobisome). Esta admiración por Lovecraft marcaría su técnica, en la que los libros de ficción se mezclarían con los reales (y muchos de los reales tendrían citas más fantásticas y numinosas que las inventadas); pero sobre todo marcaría la combinación del racionalismo con lo vaga o concretamente sobrenatural o fantástico, una mezcla sabiamente dosificada en la que lo maravilloso no sería una irrupción brusca sino una transición natural.
Con el trasfondo de las guerras carlistas en Cataluña como fondo, el científico y racionalista Antoni de Montpalau recibe una petición de ayuda para eliminar lo que parece ser un vampiro que ataca a los habitantes del pueblo de Pratdip. Escéptico en primera naturaleza, pero prestando atención a aquello de que hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que conoce su sabiduría, Montpalau, tras una serie de encuentros y medidas, logrará acorralar al vampiro Onofre de Dip, llamado como guerrillero carlista "El Mochuelo" (un guiño a la actividad bélica de Vlad Tepes, el Drácula histórico), un vampiro que sigue adelante por puro instinto de conservación, pero que en el fondo ansía hallar la paz, escapar de las privaciones que la inmortalidad de la no muerte conlleva.
No es una tontería de novela: en extremo canónica con el folclore vampírico, enclavada a la perfección en su contexto histórico, es sin embargo una novela pausada y alejada de los tremendismos y artificios, una marca de la ficción de Perucho que la hace doblemente atractiva, puesto que nos pone en el centro de un mundo que es o ha sido el nuestro, pero del que nos descubre cosas que no sospechábamos y que tal vez no sucedieron, pero que merecerían haber sucedido. Es en suma, la invención de un folclore inexistente pero tan atractivo que reclama la simpatía del lector.
En efecto, Las Historias Naturales es una novela maestra y precursora en su estilo. No sólo soy yo quien la aprecia así. Tuvo el rarísimo privilegio (dadas las dificultades de las traducciones en el mundo anglosajón) de optar al World Fantasy Award a la mejor novela. Si tenemos en cuenta que las candidaturas y los premios son otorgados por los profesionales de la ficción fantástica, tendrán una idea de la favorable impresión que causó en una gente acostumbrada a distinguir la excelencia en ese campo. De modo que las bondades de género están ahí. Pero tuvieron que ser apoyadas por una técnica y una escritura que pocos autores han conseguido con tanta convicción y maestría.

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