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Extraños Eones, de Emilio Bueso

Lo que hace unas décadas era impensable se ha producido: un español ha escrito una novela del ciclo de los Mitos de Cthulhu, y no sólo es buena, sino que tiene momentos de auténtica brillantez.
Es innegable el sorprendente fenómeno de que en este país cada vez se escribe mejor (sorprendente si vemos el empeño que ponen los diversos ministros de educación en conseguir que no salga de la escuela ni un solo lector formado), y en el caso de la literatura de terror, y más particularmente en la de los Mitos, es importante que así sea, en un género en el que el paso de la inquietud al ridículo es muy corto. Emilio Bueso tiene estilo literario; no es que siempre me guste ese estilo, y le pierde una metáfora o un juego de palabras, pero trasciende una afición a jugar con el lenguaje, y la voluntad de no renunciar a la expresión literaria para explicar una historia.
Y respecto a la trama que narra, también se aparta lo bastante de los estereotipos cthulhulianos como para acertar. Es cierto que Egipto es uno de los lugares lovecraftianos por excelencia, pero Bueso no se conforma con la iconografía tradicional; la acción  se sitúa casi en exclusiva en una necrópolis, pero en una que es a la vez antigua y moderna, El' Arafa, la ciudad de los muertos, «un camposanto de ocho kilómetros de longitud y mil quinientos años de antigüedad. El complejo está compuesto por siete necrópolis contiguas en las que se integran toda suerte de tumbas, mausoleos y panteones, muchos de los cuales llevan tiempo ocupados y se han convertido en infraviviendas».
Porque tampoco los protagonistas son los archiconocidos investigadores de la Miskatonic o el desgraciado extranjero que cae en el lugar de extrañeza lovecraftiano (y, de hecho, el episodio barcelonés no es que moleste, pero podría suprimirse con toda tranquilidad); quienes son los actores de esta tragedia terrorífica son los homies, los niños de la calle cairotas.
Bueso escribe sobre lo que conoce, habiendo pasado tiempo viviendo en El Cairo, y no como turista (y si Lovecraft ha sido reivindicado literariamente es porque fue un excepcional escritor realista en lo que a los paisajes de Nueva Inglaterra se refiere), y ese anclaje en la realidad es algo fundamental en el género, como bien saben los buenos escritores de terror, Stephen King o Ramsey Campbell, por ejemplo. Pero también consigue algo excepcional, y es ser un fantasista que se permite proporcionar una visión alucinada y brillante en su expresión y descripción de las Cortes del Caos, y del más esquivo y contradictorio de los dioses lovecraftianos, Azathoth, el caos idiota. Es un pasaje digno de figurar en todas las antologías de los Mitos, y Bueso es quizá el único escritor que ha osado enfrentarse a ese indefinible ser y salir victorioso en el empeño.
Extraños Eones marca la esperanza de que, por fin, los Mitos de Cthulhu sea bien tratados y escritos en nuestro país, después de tantos años pasados desde Joan Perucho y su Amb la Tècnica de Lovecraft. Es también una tarjeta de presentación de un autor que, a poco que quiera, puede convertirse en una realidad literaria, de género o no, de la más alta calidad.
Queda el tema pendiente de hacer de España un lugar cthulhuliano, pero ese es otro tema que no es responsabilidad de Emilio Bueso. Por el momento, sean muy bienvenidos estos Extraños Eones.

Valdemar, col. Insomnia
Madrid, 2014 [2014]

Portada y sinopsis


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El Señor Jones, de Edith Wharton

Edith Wharton es, sin duda alguna, la gran escritora de cuentos de fantasmas clásicos del siglo XX. Sus historias son originales, sus fantasmas, como han señalado varios estudiosos, no tienen miedo de mostrarse a la luz del día, y no siempre tiene que mostrarlos para que sean efectivos; su influencia se deja notar con incluso mayor potencia.
El relato que nos ocupa tiene todos los pronunciamientos clásicos del género: la herencia de una propiedad recibida por un familiar remoto que no ha conocido la historia de la familia, Una capilla en la que se encuentra una tumba con una lápida enigmática. Un cuadro que hace presagiar que la mujer que está ahí representada no tardará en recorrer los pasadizos en forma espectral... pero no. Una servidumbre que muestra todas las inquietudes y temores del nosotros-sabemos-cosas-que-la-señora-desconoce-y-preferiría-no-conocer.
Y sin embargo, Wharton no compone un relato de fantasmas al uso. Esa propiedad está regida por una especie de mayordomo de la familia, el señor Jones; pero éste se manifiesta esquivo en mostrarse, y de hecho, la protagonista no lo verá jamás. En teoría, porque se halla enfermo y no desea ver a nadie, siendo de avanzadísima edad.
Pero el señor Jones dirige la casa, aun desde su lecho (dondequiera que éste se encuentre, y ya estoy dando demasiadas pistas sobre el final), y así hay una habitación en la que es mejor no entrar, un despacho con los papeles de la familia cuya llave se ha perdido misteriosamente, y toda otra serie de pequeñas tiranías o insubordinaciones que obstaculizan de continuo la toma de posesión plena de la casa por parte de la protagonista. Los intermediarios en la comunicación entre el señor Jones y la dueña de la casa, las sirvientas, cada vez se muestran más nerviosas.
Wharton construye el relato desde la cotidianeidad y va incluyendo poco a poco elementos psicológicos que lo hacen cada vez más inquietante, hasta que estalla el final, ciertamente esperado, pero inusual en la literatura de fantasmas. Como todos sus relatos, la prosa en la que está escrito es cuidada y medida, y va destinada a reforzar el objetivo final. Y, en suma, es uno más de esos relatos que Edith Wharton escribía y que de inmediato llamaban la atención por sobresalientes dentro de un género que a veces se ha mostrado mecánico y repetitivo. No hay tal cosa en sus historias, sino un sello distintivo que las hace disfrutables incluso hoy.

(Mister Jones) 
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1930]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert


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La Barba del Viejo, de H. Russell Wakefield

Si miran las etiquetas con los autores que se han comentado en este blog, verán que Herbert Russell Wakefield no es un desconocido. No es intencionado. Sucede que , indefectiblemente, cada vez que me topo con una de sus historias de fantasmas, descubro algún punto original, una claridad narrativa o un tema inusitado.
De manera que los elogios que pueda dar a este autor, el último de los grandes de la literatura inglesa de fantasmas, ya serían redundantes.
En La Barba del Viejo tenemos el caso de una joven que empieza a tener pesadillas recurrentes en las que se ve involucrada con el cadáver de un viejo de barba larga y gris. Si creen que esto es inocente, deberían leer la descripción que del sueño nos da Wakefield: es realmente entre inquietante y repulsiva, y pocas veces se ha hecho tanto con tan poco en la literatura de terror.
Estos sueños derivan en alucinaciones, y por supuesto el tema se agrava hasta temer por la salud mental de la joven. La explicación viene al final del relato, y es entonces cuando el cuento de fantasmas adquiere todo su pathos de terror, pero de una forma originalísima, puesto que, si se trata de una maldición, ha escogido muy bien a quien atacar, es decir, al punto más débil.
En un relato con tanta implicación de lo onírico, la psicología freudiana no podía sino mostrarse, y Wakefield emplea, si no los postulados del viejo Sigmund, sí la incertidumbre que en el año 1929, cuando fue escrito el relato, provocaban los significados de los sueños que apenas se habían popularizado como simbólicos y puerta de acceso a otro mundo. En esta base racional, el autor se asienta firmemente para darnos una sensación de seguridad sobre el mundo real pero, a la vez, para prepararnos para la entrada a otro mundo terrorífico que no logramos aprehender.
Herbert Russell Wakefield lleva el relato con pulso firme, con ritmo excelso y con conclusiones que ciertamente lo convierten en una de esas historias que perduran en el tiempo.

(Old Man's Beard)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1929]
Selección de Michael Cox y R. A. Gilbert


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Fullcircle, de John Buchan

¿Es posible escribir una historia de fantasmas sin fantasma? Bueno, en caso que se quiera estafar al lector, creándole expectativas de terror y angustia cuya causa no se muestra, desde luego, pero también es posible escribir semejantes historias sin necesariamente mostrar el elemento perturbador, sino sus efectos, y hay varias muestras de ese tipo de relatos, de los cuales este Fullcircle (círculo vicioso, círculo cerrado) es una de sus mejores muestras.
El relato completo pueden leerlo en los enlaces que figuran al pie de esta reseña.
Para que se produzca ese milagro del relato de fantasmas sin espectro, necesariamente tiene que adoptarse un tono más pausado y calmado; cualquier pirotecnia sería caer en ese engaño que les citaba. Aquí, una casa tiene el protagonismo y el papel de catalizador, pero no por ello se trata de un relato de casa encantada o de "mal lugar"; los que narran pasan sus buenos ratos en ella sin que la casa se muestre invasora o atacante. Más bien, lo que se muestra es seductora como obra de Sir Christopher Wren que es (un guiño a la leyenda que acompañó al genial arquitecto inglés, que siempre tuvo un punto macabro y ocultista).
El caso es que la transformación de sus moradores a la que asistimos es, a la vez, insidiosa y pacífica. Los vemos convertirse de esos crédulos y combativos divulgadores de las paraciencias y de cualquier tipo de sistema social avanzado que aparezca, por estrambótico que sea (podríamos denominarlos, sin ánimo peyorativo, los friquis de principio del siglo XX) en personas apacibles, hogareñas y que aprecian la vida en lo que vale en su pasar diario, presididas sus existencias por ese intrigante retrato del primer morador de la casa con su irónica sonrisa, y que es uno de los motores del cuento, a la vez que una imagen que permanece en el ambiente. Todo ello da un relato de fantasmas benéfico, escrito de forma detallista y pausada, pero que no es ninguna tontería, gracias a sus detalles y a su buena estructura temporal. Un cuento del que uno sale con una sonrisa en los labios, pero también con la satisfacción de no haber sido engañado. Ha asistido a una historia de fantasmas sin terror, en efecto, pero con un fantasma bien tangible.
John Buchan no es un desconocido para los lectores, aunque nadie se acuerde de él. Es el autor de una de las novelas que dio origen a una de las mejores películas de Alfred Hitchcock en su etapa inglesa, Los 39 Escalones, y en ella ya se percibían las características que pueblan este relato: buen ritmo, algo de humor y un gran sentido narrativo.

(Fullcircle)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1928]

Texto en castellano de Fullcircle
Texto en inglés de Fullcircle


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Un Visitante de las Antípodas, de L. P. Hartley

Leslie Poles Hartley, conocido principalmente por el gran público por El Mensajero, novela sobre la cual Joseph Losey realizó una famosa película, cultivó el género del relato de fantasmas con aprovechamiento y originalidad, recibiendo elogios (tal vez un poco tardíos) como uno de los más originales autores.
En apariencia, el relato de fantasmas que les presento hoy (y que aquellos que lean inglés pueden consultar en el enlace que figura al pie de la reseña) es muy convencional. Un hombre llega a Inglaterra después de hacer fortuna en las antípodas. En paralelo, otro hombre sube a un autobús, un hombre ciertamente macabro, siniestro, rígido, y no sólo mentalmente.
Poco a poco, de forma sutil, ambas historias se van entrecruzando. El rico es demasiado expansivo y demasiado feliz de estar en Inglaterra como para que sea trigo limpio, el extranjero demasiado mecánico como para no tener una obsesión. No es necesario decir qué sucederá en el encuentro a aquellos que estén habituados al género de fantasmas.
Sin embargo, hay detalles distintivos que hacen de este cuento algo único y que lo distinguen de las otras ficciones de la época. Su imaginería por ejemplo, esos detalles que son imágenes inusitadas que se quedan en la mente del lector y que preparan cuidadosamente la atmósfera del relato. Pocos pueden olvidar esa rigidez del "visitante", y pocos su manera de proceder, fría, ominosa.
Por otro, la conversación entre el camarero y el potentado, sobre la ley y la regla, y sobre la justicia que al final puede alcanzar a todos, una anticipación del final pero que sitúa al lector en contexto.
Y unas vivas imágenes de unos juegos infantiles que alcanzan dimensión psicológica, anunciando la condenación cruel del protagonista.
Todo ello procede por acumulación, dando una dimensión barrocamente psicológica a la vez que enormemente moderna en su devenir violento y extremo.
Poco se ha editado de Hartley en España. Una lástima, puesto que el resto de sus relatos responden maravillosamente a las expectativas de modernidad y de profundidad dentro del género, y constituyen unos de los mejores ejemplos de construcción narrativa.

(A Visitor from Down Under)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1926]
Selección de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de A Visitor from Down Under



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La Víctima, de May Sinclair

May Sinclair, por desconocida que pueda resultar por estos lares, es una importante figura de las letras inglesas, la primera escritora que utilizó el término "flujo de conciencia", lo que también se denomina "monólogo interior" y lo practicó a fondo en sus obras. Eduardiana por la época, sin embargo fue una sufragista activa, voluntaria en el cuerpo de ambulancias en el frente de Flandes durante la Primera Guerra Mundial, y gran pionera de las teorías psicoanalíticas, por las que se apasionó y que influyeron en su obra. El cuento que hoy comentamos, y que sólo es uno de las historias de fantasmas que escribió y que se reunieron en Uncanny Stories, fue publicado en la revista The Criterion por T. S. Eliot.
Steven Ackroyd es un hombre violento. Demasiado violento, y proclive a dejarse llevar por sus impulsos. Cuando el primo de su prometida pretende besarla, se supone que fraternalmente, Steven le pega una paliza que lo deja medio muerto. Ha sido demasiado, y su prometida Dorsy ha empezado a temerle también, de manera que, después de pedir consejo al anciano señor Greathead, el patrón de Steven, rompe el compromiso y se marcha.
Steven cree que el detonante de esta ruptura ha sido Greathead, y su odio por él, que no era poco anteriormente, crece hasta llevar la venganza al asesinato. Un asesinato sanguinario, frío, metódico, brutal, del que May Sinclair no nos ahorra detalles (por lo menos para la época) y en cuya descripción sin duda tuvo que pesar alguna escena contemplada en los campos de batalla y hospitales de campaña de Europa.
Steven es impulsivo y violento, pero no tonto. Lo ha planeado todo al detalle, y sigue su vida normal, aunque cada vez más amargado. Y entonces... bueno, se trata de un relato de fantasmas, ¿no?
Sólo que en esta ocasión Sinclair no sigue el patrón habitual. No sigan leyendo si tienen el proyecto de leer este relato, porque no queda más remedio que explicar algún detalle.
Los relatos de fantasmas "benéficos" no son inusuales en la literatura (al fin y al cabo, los fantasmas de Navidad de Scrooge pretenden la redención de éste), pero si bien los espectros pueden tener una intención final buena, los medios que emplean siempre son terroríficos. En esta historia no. El fantasma de Greathead aparece, cierto, pero no es amenazante. A lo más terrible a lo que se enfrenta Steve es a su propia conciencia, avivada al límite de la locura por la visión del espectro (un tema psicoanalítico como pocos) y es en esta tesitura que Sinclair nos muestra que nuestra propia mente es más poderosa que cualquier otra amenaza. El final del relato lo dejaré sin desvelar.
Es seguro que desde el 1922 se han escrito relatos que tratan las apariciones fantasmagóricas de manera similar. El género tiene un campo muy estrecho, y las variantes principales ya se formularon hace mucho, pero pocos se habrán escrito con tanta intensidad psicológica, brillantez estilística y estructura narrativa tan exacta. En su época supuso una sorpresa, una elegante innovación en el género, y si bien la sorpresa es menor hoy día, la originalidad y el estilo se mantienen intactos.

(The Victim)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1922]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert


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La Tercera Expedición, de Ray Bradbury

Las historias del padre absoluto de la ciencia ficción poética siguen conservando una envidiable salud, y una persistencia en la memoria que dice mucho de la imaginación del maestro.
Es el caso de La Tercera Expedición, también conocida como ¡Marte Es el Cielo!, un relato perteneciente al ciclo de las Crónicas Marcianas que impacta a quien lo lee por primera vez, y conserva su magia en las siguientes lecturas, por su mezcla íntima de géneros y su lógica interna.
Situado dentro del ciclo en "Abril de 2000" (¡Qué tiempos aquellos del optimismo en la colonización de los planetas!), la tercera expedición a Marte llega a este planeta y se encuentra frente a una visión que no pueden creer: un pueblecito, idéntico a los de la América Rural, de hecho idéntico a los del Illinois del que proceden algunos de los tripulantes del cohete.
Pero no sólo el pueblo es idéntico en su forma. También lo es en los de los más queridos recuerdos de los tripulantes, y la nostalgia de la Tierra que esto impone hace que éstos abandonen la nave para comprobar de cerca que no están soñando.
No lo hacen, aunque sí hay algo de ensueño cuando se encuentran con sus seres queridos, vivos y ansiosos de recibirlos, viviendo en las casitas de madera. Marte es el cielo, concluyen, y allí es donde van a descansar las almas de las buenas personas que conocieron. Y ellos han podido, gracias a un viaje en el espacio, descubrir esta verdad y recibir el premio de volver a ver a abuelos, padres y hermanos largamente desaparecidos.
Pero no. Marte no es el cielo, y de hecho es un infierno en el que las visiones de ensueño se convierten en la peor de las pesadillas.
Bradbury había empezado su carrera de escritor como autor levemente lovecraftiano, ciertamente autor de cuentos de terror, y cuando redactó los relatos que acabarían componiendo su ciclo marciano no se privó de incluir algunos con regustos ciertamente macabros. Aunque, y esa fue su magia, imbuyó a esos relatos, situados en un lugar muy lejano en el espacio, de una nostalgia que está presente en toda su obra, de un paraíso perdido como el de la niñez, y del contraste entre la inocencia y la realidad. Construido con ese regusto poético por las definiciones de la vida sencilla, el hecho de que suceda en un mundo en el que la colonización de Marte está teniendo lugar no hace sino potenciar todos los elementos del relato, desde la nostalgia a la extrañeza, incluyendo ese final que es uno de los más originales que jamás se han escrito en la ciencia ficción.

(The Third Expedition o Mars Is Heaven!)
En Crónicas Marcianas
Planeta DeAgostini, col. Biblioteca de Ciencia Ficción
Barcelona, 2004 [1948; revisada 1950]

Texto en inglés de Mars Is Heaven!


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El Taipiano, de William Somerset Maugham

Somerset Maugham parece haber desaparecido de los estantes de las librerías, cuando otrora fue uno de los autores más populares. Una lástima; sus relatos siguen siendo un prodigio de construcción y una permanente enseñanza de técnica narrativa, como este que nos ocupa.
En su original inglés, taipan no quiere decir otra cosa que "hombre rico", "potentado", y es una expresión proveniente del chino que se incorporó al lenguaje británico. El traductor parece haber buscado aquí una solución de compromiso y haber adaptado al castellano el término, con ese "taipiano" que, desde luego, no figura en el diccionario.
En fin. La historia es la de, precisamente, uno de esos potentados coloniales que vive en China, y bien satisfecho de hacerlo. Inglaterra le aburre, mantiene el más mínimo de los contactos con su familia inglesa, y en China es un hombre respetado y hasta temido. De hecho, es más poderoso que el cónsul inglés. Con estas reflexiones autocomplacientes, camina y cada vez va llegando más lejos en sus conclusiones. Ataja por el cementerio y va viendo las tumbas de personas que él conoció. Desde luego, no sólo ha triunfado en la vida, sino que además los ha sobrevivido. En sus propias palabras, "ha podido con todos".
Y entonces ve a dos coolies que excavan una tumba. ¿Para quién puede ser? Él, que lo sabe todo de la colonia, no tiene noticia de que haya muerto nadie.
Por descontado, el que se incluya esta historia en un libro de relatos de fantasmas proporciona una pista adicional al lector sobre el desenlace del cuento, cosa que, hay que resaltar, no ocurría en su publicación original.
El caso es que aquí descubrimos un efecto sutil de técnica narrativa empleado por Maugham: Todo lo que se ha dicho anteriormente, todas las afirmaciones satisfechas del taipan, sufren una retractación una a una conforme le va invadiendo la inquietud primero, la inseguridad después y finalmente el miedo. En su último monólogo interior, no quiere, bajo ningún concepto, morir en China, y desea fervorosamente volver a Inglaterra.
Es un efecto bien curioso, y hay que fijarse en él para descubrirlo en su gradualidad, pero es un efecto potente, porque sirve para ir incrementando la sensación de inseguridad del protagonista. Y una lección de buena construcción literaria. Además, Maugham, enfrentado ante la escritura de una historia de fantasmas, no se limitó a lo más manido, sino que introdujo el lugar fantasma, en este caso una tumba que sólo un hombre, el taipan, ha podido ver.

(Taipan)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II 
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1922]
Ed. de Michael Cox y R. A. Gilbert


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La Verdadera Historia de Anthony Ffryar, de Arthur Gray

Una historia de fantasmas bien estructurada, con tintes de novela histórica, La Verdadera Historia de Anthony Ffryar fue escrita por Arthur Gray, escritor del que no sé nada más que los títulos de sus obras y que pertenecía al círculo de M. R. James, lo cual se nota en el ambiente universitario de este relato.
Tiene lugar en el Oxford del siglo XVI, y el autor nos advierte, con cierta sorna, que los detalles del tal Anthony Ffryar son tan escasos como para cubrir sólo un par de líneas, pero que sin duda hubiera podido ser el hombre más importante del mundo.
Profesor universitario pero no clérigo, alquimista científico y no místico, Anthony Ffryar se dedicó a encontrar el magisterium, el elixir de curación universal.
Gray procede paso a paso, creando una atmósfera muy alejada de lo fantástico y muy cercana a lo histórico: la época de la gran reforma anglicana, la misteriosa, incluso hoy día, "enfermedad del sudor" que azotó Inglaterra en diversas oleadas a principios de siglo y después desapareció, el ambiente universitario. Todo ello confiere verosimilitud al relato, y guía al lector a través de la pequeña vida de Ffryar hasta que lo fantasmagórico irrumpe, casi inadvertido, sin estruendo, hasta llevarnos a un funeral que se demuestra digno de las mejores historias de M. R. James.
Lástima que no goce de suficiente popularidad como para que se reediten sus Tedious Tales of Granta and Gramarye, escritos bajo el pseudónimo de "Ingolphus", y cuyo irónico título hace presagiar que siguen los pasos de este excelente La Verdadera Historia de Anthony Ffryar.

(The True History of Anthony Ffryar)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II 
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1919]
Ed. de Michael Cox y R. A. Gilbert



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Los Huesos con los Huesos, de E. G. Swain

Como decía Rafael Llopis, del horror al humor hay un paso muy corto. Cuando les pondero lo bien que aguantan el paso del tiempo ciertas historias de fantasmas clásicas no es por señalar algo baladí, sino porque los paradigmas de los lectores de distintas épocas son diferentes, y lo que antaño pudo producir escalofríos hoy día puede que sólo provoque una sonrisa, o incluso una carcajada cruel.
E. G. Swain, que fue contemporáneo y colega del gran M. R. James, y amigo invitado a las sesiones de lectura de cuentos de fantasmas que éste organizaba, es un caso claro, al menos en este relato, de que el tiempo no trata a toda la literatura por igual. De hecho, cuando acabé su lectura, me invadió la duda de si Swain no habría querido hacer un relato de fantasmas ironizando sobre los modos del género. Pero nada de lo que he encontrado sobre él me invita a pensar que así fuera.
La primera carcajada me sobrevino cuando, tras la consabida preparación a la historia que es de rigor en todos los relatos clásicos del género, el vicario entra en la biblioteca y descubre que la vela y las cerillas no están en su sitio, cuando alarga el brazo la caja de cerillas aparece de forma inexplicable en su mano. Semejante recurso ha sido tan utilizado que ya sólo sirve como refrente humorístico, pero tal vez en la época tuviera su efecto, no lo sé. Pero cuando más dudé de la seriedad del relato es cuando, como volumen revelador de grandes secretos, abierto de forma misteriosa en el atril de esa biblioteca antigua y ominosa, el libro que iba a ser central del relato era El Jardinero Integral. Estuve y todavía estoy tentado de incorporarlo, en la sección de horticultura, en el corpus que forman otros libros malditos de la literatura de terror; ya saben, El Necronomicón, De Vermis Mysteriis, etc.
La historia es lo de menos. Es un cuento de fantasmas clásico, muy incidental y corto, sin grandes aparatajes ni grandes misterios.Y si rompo hoy mi costumbre de no comentar obras que no me hayan gustado (y esta no me ha disgustado, tomada como una pieza humorística, claro está) es porque este relato nos brinda una lección sobre el género y sus modos, así como sobre la buena y mala escritura. Estoy dispuesto a conceder a Los Huesos con los Huesos el beneficio de la duda: es posible que fuera uno de esos relatos escritos tongue-in-cheek, como dicen los ingleses, con intención irónica. Si es así, hay que reconocer que cumple su función y que es apreciable en su humor. Pero, de lo contrario, entonces hay que leer este cuento para entender la grandeza de lo que hicieron gentes como M. R. James, E. F. Benson y otros, cuyos relatos de fantasmas, por mucho que pase el tiempo, siguen teniendo un vigor y una salud admirables.

(Bone to His Bone)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1912]
Ed. de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de Bone to His Bone

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En la Carretera de Brighton, de Richard Middleton

El relato es tan breve, la sorpresa final tan definitiva y el argumento tan lineal (pero en absoluto simple, o tonto), que es muy difícil hacer cualquier comentario. Lean En la Carretera de Brighton en los enlaces que figuran al pie de esta entrada, y después juzguen si tengo o no razón.
Sólo decir que Middleton es uno de esos autores imprescindibles en cualquier antología de cuentos de fantasmas , aunque sólo sea porque es el autor de El Barco Fantasma / The Ghost Ship, un clásico señalado y alabado por todos los estudiosos y autores del género. Javier Marías incluyó uno de sus relatos en su antología Cuentos Únicos, supongo que en este caso no porque fuera un autor de un solo relato, sino porque precisamente su ficción llama la atención por su personalidad. Nada menos que Arthur Machen, Edgar Jepson y John Gawswoth mantuvieron viva su memoria tras el suicidio de Middleton, editando su obra póstumamente y dandole dignidad y dimensión, y corre la leyenda que su encuentro con Raymond Chandler fue la causa de que éste se dedicara a la escritura. Poeta vocacional y melancólico como era, probablemente sufriría al saber que sus historias de fantasmas son las que perviven, más que sus poemas. Pero habría que decir al bueno de Richard que en sus relatos se respira una atmósfera tan poética y melancólica que, en realidad, su poesía sí ha llegado hasta nosotros.

(On the Brighton Road)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II 
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [pub. 1912]
Selección de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en castellano de En la Carretera de Brighton
Texto en inglés de On the Brighton Road

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La Confesión de Charles Linkworth, de E. F. Benson

Edward Frederick Benson fue un novelista de éxito en su tiempo, y como tal, siguiendo una tradición mejor representada por Oscar Wilde, se dedicó a brillar socialmente. Prácticamente olvidadas hoy las novelas que le reportaron fama y dinero en su época, permanece en la memoria colectiva de la literatura mundial por sus relatos de fantasmas, que eran vistos por él como un divertimento y que, en cambio, son vistos por los lectores actuales como auténticas piezas maestras de construcción, atmósfera y efecto.
La Confesión de Charles Linkworth es una de estas historias modélicas. Se inicia con la historia de un crimen, y de cómo su autor, Charles Linkworth, fue condenado a morir en la horca. Por muy simple que sea esta historia, Conan Doyle hubiera estado orgulloso de cómo Benson la trazaba, con precisión y brevedad, para ilustración de lo que seguirá.
Porque la sentencia se cumple, pero la soga del ahorcamiento no se encuentra por ninguna parte. Bien, es un detalle menor. El médico de la cárcel, un profesional que se dedica a ello para poder estudiar a los tipos criminales, realiza la autopsia del cadáver, confirma la muerte por rotura de la espina dorsal y remite al finado Charles Linkworth al cementerio.
La historia la pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña. Sucede que el doctor recibe una llamada telefónica. De sonido bastante fantasmal en su timbrazo, y de contenido inexistente, salvo una respiración anhelante.
Supongo que se imaginan lo que viene después, ¿no? Pero lo que nunca adivinarán es el arte con el que Benson hace avanzar la historia, su manejo de la tensión narrativa («¿Desea una prueba? Pues la tendrá») y cómo incluso, cuando ya parece dicho todo, Benson se permite una pequeña vuelta de tuerca final, para mayor efecto de la historia.
Todo ello hubiera sido excepcional, si no fuera porque Benson lo hizo una y otra vez, escribiendo un conjunto de relatos que pueden clasificarse, junto a los de M. R. James, como las mejores narraciones de fantasmas escritas jamás.

(The Confession of Charles Linkworth)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1912]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de The Confession of Charles Linkworth
Texto en castellano de La Confesión de Charles Linkworth

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No Mires Abajo, de William Sansom

Han transcurrido treinta largos años desde que el que escribe leyó el primer elogio a la obra de William Sansom hasta que por fin he podido leer algo suyo; gracias a la editorial La Bestia Equilátera (que, por cierto, tiene un catálogo más que interesante), a la que deseo la mejor de las suertes con este y otros autores; todas las editoriales intentan vender. No todas intentan vender obras de calidad.
En primer lugar, hay que destacar lo único de la ficción de Sansom. Los nombres de Kafka, Roald Dahl y otros muchos pueden acudir a la mente ante las situaciones que estos relatos plantean, pero es de inmediato perceptible que Sansom tiene una voz propia que hace que ese territorio pueda ser común, pero su tratamiento sea totalmente personal, con un estilo maestro en su desarrollo, y los elogios de contraportada de Elizabeth Bowen, Anthony Burgess o Eudora Welty sean totalmente justificados.
Sansom nos introduce siempre en una situación inusual o extrema, y entonces nos lleva al borde de un abismo en el que se acentúa la sensación de vértigo, a veces físico, pero siempre psicológico.
Porque Sansom sabe muy bien que la mente puede ser nuestro peor enemigo. Cualquier persona con un físico privilegiado puede estar sometida a una parálisis irracional, inusitada, provocada por la negativa de nuestro cerebro a seguir avanzando, trepando, a reaccionar ante una situación. En algunos de los relatos que componen este libro, este hecho desesperante y angustioso se produce precisamente cuando más necesita el protagonista tener un mayor control de sus acciones: No poder ni subir ni descender de una esclaera (La Escalera Vertical); un bombero montado a horcajadas sobre un muro que amenaza desplomarse (Los Testigos). En una ocasión, esta inmovilidad resulta beneficiosa (La Pared), pero no menos angustiante.
Otros relatos son de corte más genérico, como La Sábana Larga, en la que en una sociedad imaginaria unos presos se ven obligados a competir por equipos para dejar por completo seca una sábana, en un sistema penal de pesadilla en el que no hay rdención posible. Pansovic y las Arañas, en el cual una fobia resulta más que incapacitante. Tentaciones Varias, en las que Sansom entra en la mente y la lógica existente en la locura de un asesino en serie. Tuti Frutti, en donde la felicidad se convierte en el peor enemigo del hombre.
Todos los cuentos son variaciones sobre cómo, en los momentos de mayor necesidad, esa parte de nosotros que nos controla se vuelve ajena, parasitaria, en nuestro enemigo, en el más fuerte de los obstáculos. Pero para ello William Sansom tiene que ejercer su maestría con una minuciosidad tremenda, gradual y convincente, que describa paso a paso cómo esta mente reacciona, se autojustifica, se contradice, se encoge y se ensancha. Y emplear una imaginería inusitada, a veces totalmente realista, otras tan metafórica como la de un kafka. En cualquier caso, en este viaje hacia lo terrorífico, lo desesperado o lo inusitado, el lector se encuentra tan paralizado como los protagonistas, pues no puede dejar de leer. Fascinado, tiene que seguir a Sansom confiando en que el final no sea tan irremediable, irreversible como su mente parece augurar.

(Anthology of William Sansom)
La Bestia Equilátera
Buenos Aires, 2012 [varios]

Portada y sinopsis

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Rose Rose, de Barry Pain

Un pintor está trabajando con una modelo, Rose Rose, espléndida en su trabajo salvo por el detalle de que suele llegar tarde. Se despide de ella hasta el día siguiente, y se sorprende al ver que la chica ha cumplido su palabra y está ya en el estudio a la hora fijada. Trabaja intensamente y durante largo tiempo, hasta que, cuando decide tomarse un tiempo de descanso, nota que la modelo ya no está ahí. Entonces lee en el periódico que Rose Rose murió atropellada el día anterior.
hasta aquí el cuento de fantasmas clásico entre los clásicos de la literatura inglesa. Lo que distingue a éste de los demás es su continuación. Sin que volvamos a encontrarnos en presencia de Sefton, el protagonista, inmerso en su trabajo, sólo podemos inferir de lo que se nos relata que la modelo sigue acudiendo espectralmente a posar para su inacabable "Afrodita". Semejante estado de cosas, lo sabemos los buenos lectores del género, no puede traer nada bueno, y así veremos, en una última frase final, que todo tiene su precio, incluso terminar una obra de arte más allá de lo que la naturaleza permite.
Se trata de un relato muy breve pero muy intenso, una de esas historias que hacían furor durante el cambio de siglo porque podían ser leídas y entonces relatadas a los amigos en toda su extensión sin ocupar demasiado tiempo y en cambio manteniendo todo su efecto. Porque lo tiene, y la combinación de arte, piedad por la modelo y la maldición de la obra inacabada resulta en una atmósfera tierna y evocadora, no demasiado corriente en los relatos de fantasmas, pero que sin embargo posee un sentido ominoso que le proporciona un adecuado sentido de tragedia.

(Rose Rose)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa vol. II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1911]
Selección de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de Rose Rose en Stories in Grey

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Algo de Tu Sangre, de Theodore Sturgeon

Se ha escrito que "leer una historia de Theodore Sturgeon es encontrar personajes que preocupan al lector, personajes que uno ama u odia, que comprende íntimamente o que sencillamente no puede aprehender. Leer una obra de fantasía de Sturgeon es encontrar a esta gente metida o lanzada a una situación donde la lógica no funciona, donde el corazón y el alma importan más que el pensamiento y la razón".
Todo ello es cierto en el caso de Algo de Tu Sangre, una novela única y que sigue siendo desconcertante más de cincuenta años después de su publicación.
Demasiado larga para ser una novela corta o relato, y demasiado corta para ser una novela-novela, Some of Your Blood cayó de inmediato en la incómoda categoría de "novelette", lo cual, combinado con lo extemporáneo de su tema y lo difícil de su encasillamiento, hacen que siga siendo complicada de obtener, incluso en inglés, y por tanto me temo que esta reseña deberá revelar más de lo que quisiera sobre el punto de inflexión de su trama. Sin embargo, y aun cuando ese giro es importante, la belleza de su construcción es tal que vale la pena su lectura y pagar el precio que se pida por obtenerla.
En teoría, se trata de una novela de vampiros, pero no hay nada sobrenatural en ella; el protagonista, como se verá, será un asesino psicopático, pero tampoco su temática encaja en los esquemas de la narración terrorífica al uso. De hecho, si el protagonista no hubiera cometido esos crímenes, la narración hubiera quedado con toda su fuerza, y el protagonista como un potencial violento contra la vida humana. Si se publicó en los medios de ciencia-ficción, fantasía y terror es porque su autor ya tenía puesta esa etiqueta, pero como narración debería encuadrarse en la narrativa general (los géneros han sido a menudo refugio de autores que, por prejuicio o por mala evaluación de su calidad, han sido muy superiores a lo que las así llamadas "literaturas populares" o de masas se supone que tenían que ofrecer; Philip K. Dick, J. G. Ballard y el propio Sturgeon, entre otros muchos, son buena muestra de ello).
Y es indudable que el prestigio de Sturgeon hizo que esta novela se publicase, por muy literaria que fuese. No sólo tenía los inconvenientes de su extensión y su indefinición temática, sino que la clave de bóveda de su argumento era capaz de poner nervioso a cualquier editor de 1961, y sospecho que a algunos de hoy día.
Lo que leeremos, tras una intimación al lector, tratado así como un merodeador furtivo que se introduce en el despacho de un psiquiatra y descubre los expedientes más secretos, es un caso clínico, el de "George Smith", el caso de un soldado tratado en tiempo de guerra. Justo cuando la correspondencia privada de los soldados pasaba censura militar.
Una de las cartas de George llamó la atención del censor, quien la remitió al comandante de la unidad. Éste llamó a su presencia al soldado y, tras una breve conversación, George agredió al comandante.
El asunto es incómodo. La correspondencia privada de un soldado ha sido violada, puesto que nada militarmente censurable habñia en esa carta, y el ponerla en manos del comandante ya constituía un delito. Por otra parte, la agresión a un oficial superior no puede desdeñarse. Además, el comandante en cuestión ha fallecido en acto de servicio. Lo que se propone y pide al psiquiatra militar es un período de evaluación lo más breve posible y el licenciamiento honorable por causas médicas, y así cerrar el asunto sin escándalos.
Como primera medida, y por hacer algo, el doctor Phil le da una libreta y bolígrafos a George y le pide que escriba la historia de su vida, y eso es lo que leemos a continuación.
George es hijo de una familia desestructurada; sin apenas educación, se hizo experto en la caza con trampas hasta que la orfandad, la pobreza y la pequeña delincuencia le llevaron a una institución benéfica. Allí aprendió un oficio y volvió a su tierra, donde conoció a una chica. Cuando ésta queda embarazada, George se alista en el ejército.
Todo George, en tercera persona, está ahí; toda su historia, incluyendo sus arrebatos en los cuales sólo la caza y la disposición de las trampas parecen calmarle. Sin embargo, a Phil le llama la atención algo de este relato. Todo está ahí, pero hay algunos huecos, algunas lagunas que hacen de George un caso más complejo de lo previsto, tanto más cuando la famosa carta se ha perdido y se desconoce su contenido. De modo que empieza a hacerle pruebas, y éstas van desvelando una personalidad ciertamente compleja, conocedora del bien y del mal, pero que no parece tener conciencia de la concatenación mal-castigo, sin duda por haber sido maltratado continuamente en su infancia. Y también parece desconocer sentimientos tales como «la compasión ante un animal agonizante, remilgos hacia el dolor, la sangre, el daño o la injusticia». Todo ello es muy inquietante, y puede derivar en una psicopatía.
Sobre todo si tenemos en cuenta las lagunas de la narración, donde faltan las descripciones de sus sentimientos y acciones durante sus arrebatos de cólera.
A ello se une la actitud de George hacia el sexo, aparentemente normal por su inocencia e ingenuidad, pero en el fondo inmadura y enfermiza, junto a la falta de datos sobre su relación con Anna, la única que ha tenido en su vida, y que fue instigada por ella.
Hasta aquí no hemos salido de la narración convencional, realista, psicológica. Ningún género se halla en el que poner esta novela. A partir de entonces podría ser considerada una narración policial, puesto que George es un posible asesino, salvo que no hay ningún policía, fiscal o juez investigador, sino sólo un médico que duda mucho de que George pueda ser considerado responsable en el sentido judicial del término, y por tanto tampoco acaba de encajar en el modelo de género. Hay que esplicar porqué entra en el género vampírico, y eso exige explicar el punto de inflexión que hace esta novela única. De manera que lo que sigue es un spoiler, con lo cual harán bien en saltárselo e ir directamente al último párrafo si no quieren perder el elemento de choque y descubrimiento que encierra.
George, impelido por la constante frase de su pequeña madre de que dar a luz un gigante como él fue como "si le hubiese chupado toda su sangre", empezó a beber la sangre de sus presas cuando se sentía particularmente vacío o trastornado. Y la relación con Anna, a la que adora (y ella a él) no era la de un coito normal, que a George le disgusta; primero insinuado y después con precisión, digamos que las relaciones entre ambos se producían cada veintiocho días, aproximadamente. Supongo a los lectores familiarizados con el ciclo lunar que explica tanto el título como el contenido de la famosa carta.
Nadie se ha atrevido a tanto en el género vampírico. Hace pocos días veía Thirst, película de vampiros, violenta, posmoderna y neo-noir, de Park Chan-wook, y probablemente la que con más crudeza y menos romanticismo se ha acercado a la sucia realidad que es el alimentarse de sangre humana. En un momento, casi creí que Chan-wook iba a atreverse a dar el paso y atacar el tabú, cuando ya llevaba atropellados unos cuantos, pero no. De manera que, a mi conocimiento, la novela de Sturgeon sigue siendo la única que se ha metido en la cuestión. Y lo ha hecho con una rara sensibilidad: la compasión hacia George existe, y predomina siempre la humanidad sobre la truculencia, que apenas tiene importancia en el relato. Algo que era marca de su autor, por otra parte, llamado "el poeta de la ciencia-ficción". Es una novela bellamente construida, además, que plantea un enigma que es pronto sustituído por otr, como es la mente de George y cómo ha llegado a ser así, y la resolución de estos enigmas es tan clara como elegante. ¿Qué es lo que hay que hacer con George? También aquí Sturgeon es delicado y se abstiene de juzgar. Es el lector, ese lector furtivo que ha leído un expediente cuidadosamente escondido, quien puede, en un alarde metaliterario, construir en su mente el final de esta novela única y magistral.

(Some of Your Blood)
En Cuentos Que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1961]

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El Doctor Saul Ascher, de Heinrich Heine

En primer lugar, decir que el tal doctor Saul Ascher existió realmente. Y Heine lo conoció. De si eran amigos o no, y de si los postulados filosóficos que defendía Ascher hicieron tanta gracia a Heine como para hacerle figurar en un relato en el que el doctor es levemente ridiculizado, eso ya lo ignoro.
El caso es que Heine escribió este pequeño relato de fantasmas como parte de su Viaje por el Harz,y lo hizo en tono humorístico y casi desmitificador. Si tenemos en cuenta que Heine ha sido considerado el último de los románticos alemanes, y al mismo tiempo el que puso fin a esa corriente literaria (y de vida), esta desrromantización de la historia de fantasmas tradicional centroeuropea, que hacía furor por aquel entonces (de hecho, Heine cita en este relato a los Cuentos Alemanes de Varnhagen von Ense, otro contemporáneo, que está leyendo poco antes de la aparición del doctor Ascher).
Bueno, el relato, en su brevedad, poco secretos tiene en su trama. Un doctor que defiende que la mente es el principio más elevado, cree que los fantasmas no pueden existir, y está empeñado en demostrar este principio racionalmente. Un día anuncian a Heine que ha muerto, pero poco después el buen doctor se aparece a Heine para seguir la conversación... El resto, en los enlaces que figuran al pie de esta reseña.
Lo que hace Heine con el cuento de fantasmas tradicional es despojarlo de truculencia, insinuar que los fantasmas no son más temibles que los seres que pululaban en carne y hueso en su anterior vida terrenal y, desde luego, ironizar sobre todas las filosofías que, por mucho que la mente sea el principio más elevado, no se basan en la experiencia ni en el mundo real y objetivo.
No era poca cosa en la Alemania romántica, cuyos modelos se trasladaron a la España de décadas posteriores, y que defendía el tenebrismo, el malditismo y, sobre todo, la figura romántica del espectro condenado.

Fragmento de Die Harzreise 
En Relatos de Miedo
Ed. Bruguera, col. Club Joven
Barcelona, 1982 [1826]

Texto en castellano de El Doctor Saul Ascher
Texto completo en alemán de Die Harzreise


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Selección Natural, de Gilbert Thomas

Gilbert Thomas, de quien no he podido encontrar ningún dato, publicó este relato en la "Ellery Queen's Mystery Magazine"y que fue utilizado para la serie televisiva "Alfred Hitchcock Presenta", algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta su temática y desarrollo, muy del gusto del maestro: truculencia pero sin mostrarla, dejando que el lector y el espectador añada los detalles. Los lectores que sepan inglés pueden leer el cuento en el enlace que figura al pie de esta reseña. Los demás me temo que tendrán que contentarse con el resumen que voy a hacer, a menos que encuentren la antología en la que se publicó en el mercado de libro de viejo.
Y, realmente, como resumen, tengo que ser necesariamente breve si no quiero destripar el relato, que es de choque, con sorpresa final, y una de las más brutales que se puedan dar.
Dos conocidos han salido en viaje hacia la naturaleza. Por desgracia, su automóvil los ha dejado tirados en medio del desierto cuando el aceite se ha acabado y el motor ha explotado. He dicho conocidos con plena conciencia. En realidad son socios, y lo que podría llamarse con ligereza amigos, pero en realidad, una realidad puesta a prueba en la carretera del desierto donde pasan las horas y no aparece nadie en el horizonte, todos los defectos que Butter pueda tener aparecen en la mente de Craw; desde culparle de la avería hasta reprocharle su gordura, pasando por su pusilanimidad y otros detalles.
La distancia es demasiada para volver atrás, y adentrarse en el desierto es la muerte segura. hay, sin embargo, una casa relativamente cerca, y tras penas y trabajos llegan a ella. Sin embargo, está deshabitada y abandonada. Encuentran un viejo y estrambótico automóvil y un bidón de queroseno; el automóvil es tan antiguo que funcionará con ese combustible, si bien echando humo, pero ni hay agua para el radiador ni aceite para el motor. Y Craw cada vez está más furioso con su compañero y con el mundo en general.
Entonces se produce ese final que el lector tiene que imaginar; y que el autor ya ha ido prefigurando llamando a uno de sus personajes "Butter", mantequilla. Al fin y al cabo, puede que un automóvil no necesite de un aceite necesariamente mineral para funcionar...
Este cuento es una de esas historias preparadas para golpear en su final, pero que tiene un desarrollo cuidadoso y medido, con un crecendo de tensión y frenesí que hace que sobresalga de la mayoría de los relatos de su género.

(Natural Selection)
En Cuentos que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1950]

Texto en inglés de Natural Selection


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Los Hijos de Noé, de Richard Matheson

Richard Matheson fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes maestros del terror moderno, un revolucionario en los temas que aportó al género una visión que iba mucho más allá del mero escalofrío o el simple efecto terrorífico, como puede comprobar cualquiera que lea Soy Leyenda, con su filosófica inversión de papeles entre la normalidad del vampirismo y la monstruosidad del humano que sale de día a matar a esos ciudadanos vampiros.
También fue autor que desarrolló un fino humor o una acerada ironía en mucha de su producción, y este es el caso en Los Hijos de Noé, que pueden ustedes leer en el enlace que figura al pie de esta reseña.
El planteamiento es simple y clásico. Un turista en automóvil, Ketchum, que recorre la costa de Nueva Inglaterra (un lugar gótico donde los haya en la imaginería estadounidense), llega de noche al pueblo de Zachry (población: 67 habitantes), conduce a 50 mph en un lugar donde sólo se puede ir a 15, es detenido por la policía local y arrestado y puesto en un calabozo a la espera de ser juzgado. Todas esas campanas que hemos escuchado desde tiempos inmemoriales acerca del forastero que se mete en líos en un pueblo desconocido, cuyos habitantes son siempre hoscos y poco amistosos resuenan aquí. Y hay que decir que lo hacen para cumplir todas nuestras peores expectativas, en un final sorpresa brutal, tremendo, inesperado.
Pero más que su efecto, que ya es remarcable, hay que destacar lo bien construido de la historia, su paso imperceptible de la monotonía a la inquietud, después al enigma para finalmente alcanzar el terror. Y la fantástica descripción que Matheson hace del pueblo, de su atmósfera de decadencia, de su misterio. Todo ello convierte este relato en una pieza, si no muy conocida, sí en magistral.
Les dejo aquí un enlace al tráiler de un corto titulado Zachry, del director Guillaume Hanoun, basado en esta historia de Richard Matheson. Puede darles una aproximación visual ciertamente inquietante al relato escrito.

(Children of Noah)
En Cuentos que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1957]

Texto en castellano de Los Hijos de Noé


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Los Veraneantes, de Shirley Jackson

Shirley Jackson, por desgracia fallecida a los cuarenta y ocho años cuando ya había conseguido deslumbrar a los críticos del género de terror y a los de la literatura en general, sigue siendo, sin duda alguna, la escritora de terror con más estilo que ha existido nunca.
Sus relatos, enormemente literarios, en extremo sutiles, no tienen necesidad alguna de emplear artificios propios del género para producir el efecto de una inquietud duradera, que sigue más allá de la lectura. Y todos ellos son tan originales y personales que son inolvidables.
En Los Veraneantes nos encontramos ante un cuento que algún crítico, con acertado ingenio, ha definido, parafraseando a Sartre, con la frase "el terror son los otros". Es un relato intimista, casi familiar, sin que en ningún momento se produzca una amenaza, una palabra fuera de tono, una situación extrema. Si lo vamos a mirar bien, nada hay que amenace a la pareja protagonista, y todos los hechos que se narran podrían tener una explicación racional e inofensiva. Y sin embargo... Sin embargo, la sensación de inquietud es creciente, tanto en los protagonistas como en el lector, y al final todos estamos convencidos de que los Allison, en efecto, han transgredido un código no escrito y que desconocían, y por ello han firmado su propia sentencia. Qué es lo que les espera, sólo podemos conjeturarlo.
La historia, tan sencilla, es la que sigue: Los Allison poseen una casa en el campo. No es una con muchas comodidades, y dependen de los suministros que provienen del pueblo, se iluminan con petróleo y su único contacto con el exterior es un teléfono que se conecta a la centralita del pueblo. Por otra parte, ¿qué más podrían necesitar? El pueblo y su gente son amables, los Allison gente respetable y de orden y la zona una en la que el dejar pasar los días de verano es la mejor distracción.
Un año, los Allison deciden no volver a la ciudad el Día del Trabajo, como tradicionalmente han hecho, y quedarse a pasar algunos días del otoño, en vista del buen tiempo. Esto causa extrañeza en los habitantes del pueblo, que repiten cada uno una frase que parece un mantra: "Nadie se había quedado antes aquí después de la Fiesta del Trabajo". Pero enunciada con un tono cordial, casual.
Pero casi de inmediato empiezan los inconvenientes: Quine les lleva el petróleo no puede suministrárselo; a partir del Día del Trabajo compra menos, y tiene otros clientes que atender. El tendero no puede llevarles los comestibles a la casa, su mozo no trabaja más que durante el verano. La carta que reciben de sus hijos parece extrañamente manoseada. El automóvil no arranca. El teléfono deja de funcionar.
Poquísimos, y lo repito, poquísimos autores han sido capaces de crear lo que se llama "terror a la luz del día", un terror no sólo diurno, sino cotidiano. Shirley Jackson, para admiración de sus colegas contemporáneos y posteriores, fue una autora que lo hizo una y otra vez, logrando en cada relato y en cada novela una pequeña joya, en muchas ocasiones una obra maestra. Como en el caso de Los Veraneantes.

(The Summer People)
En Cuentos Que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1950]

Texto en inglés de The Summer People


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Nocturnos, de John Connolly

Es costumbre de este blog tratar los relatos como obras independientes por derecho propio, salvo las colecciones que tengan algún hilo conductor común. Sin embargo, en el caso de esta colección de cuentos que nos ocupa, va a ser muy difícil que el lector español los encuentre de otra forma que no sea reunidos en este volumen, de modo que creo que la reseña conjunta está justificada.
Como casi todas las colecciones de este tipo, la calidad es variable, aunque Connolly es tan bueno en el género de terror contemporáneo que la media es muy alta, con algunos relatos excelentes.
Por ejemplo, La Señorita Froom, Vampiro, un cuento que cumple lo que promete su título, pero que por un momento suspendido en la lectura, casi parece que va a tener final feliz, hasta que el desenlace (y la propia filosofía de Connolly, en la que el mal lo es sin características redimentes) nos devuelve a la negra realidad del vampirismo.
O El Ritual de los Huesos, un relato lovecraftiano sin referencias al corpus cthulhuliano, pero cuya estructura y ambientación remiten sin dudas a la Nueva Inglaterra que frecuentó en sus sueños (y pesadillas) el genio de Providence.
Cuentos que tocas adecuados puntos de inquietud comunes a mucha gente, como Algunos Niños Se Extravían por Error, donde Connolly se interroga sobre qué hay bajo el maquillaje de los payasos, y responde confirmando las más oscuras expectativas del lector.
Cuentos que podrían llamarse fantasías oscuras, como El Rey de los Elfos, o La Nueva Hija, un género muy querido por el autor, en el que las historias del folclore popular se tiñen de un terror que remite a los temores más primitivos.
Otras, en fin, como El Vaquero del Cáncer Cabalga, en el que el Connolly más conocido por su serie de Charlie Parker, el escritor sin concesiones, el autor no apto para estómagos débiles, no ahorra ninguna crudeza, y que puede dejar al lector en estado de shock.
En suma, una colección variada pero demostrativa de que John Connolly ha llegado al género sin ambages, para quedarse y ganarse un puesto propio en la ficción macabra moderna y contemporánea, con una serie de relatos que se sitúa entre las mejores publicadas en los últimos tiempos.

(Nocturnes)
Tusquests Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2013 [2004]

Portada y sinopsis