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The Gutting of Couffignal, de Dashiell Hammett

Si hay que diferenciar en algo a los dos maestros de la novela negra, Chandler y Hammett, habría que señalar que Chandler suele moverse en un microcosmos cerrado, viciado por sus propios protagonistas, mientras que a menudo Dashiell Hammett es más expansivo, y no se limita a un caso cerrado, sino que los espacios por donde se mueve su protagonista son amplios, diversos, y las gentes con las que se relaciona numerosas.
Es así en El Saqueo de Couffignal, un relato protagonizado por el Agente de la Continental, en la que lo encontramos en una isla elitista, poblada de mansiones de ricos, custodiando los regalos de boda de uno de estos poderosos. Una misión tan anodina como las que de seguro enfrentó Hammett en su época de agente de la Pinkerton.
Acostumbrados como estamos a los modelos de género, esperamos un robo, un crimen inusitado que ponga en marcha al Continental Op, pero lo esperamos dentro de los muros de la mansión y dentro de los límites de la gente que más o menos se halla presente en la fiesta. Pero no. Lo que Hammett nos brinda es un asalto en toda regla a la isla, organizado casi militarmente, con ametralladoras tableteando por las calles, en el que los ladrones vuelan el puente que comunica la isla con tierra firme, y se dedican a asaltar sistemáticamente todo lo que encuentran, empezando por el banco y la joyería, y se espera que pasen a la acción en breve en las mansiones.
Como sorpresa, es de las buenas, más que nada porque no estamos acostumbrados a ver a detectives privados en los menesteres de organizar una defensa armada y, a la vez, tomarse un tiempo de respiro para pensar en lo que está sucediendo. Porque las cosas no son lo que parecen, y siempre queda la posibilidad de que este asalto audaz sea producto de una maquinación "desde dentro".
Lo que caracterizó a los detectives de los años treinta fue la acción. No la violencia, aunque Hammett no nos la ahorra, sino el hecho de que la prosa en la que escribían se hizo dinámica. Los personajes andan, se desplazan, gesticulan, hacen muecas o sonríen sardónicamente, pero siempre están en acción, y el autor siempre describe estas acciones. Este fue el principal elemento estilístico que caracterizó al hard-boiled, en su escritura, y que revitalizó el género. Acción entendida como imagen en movimiento, pensamiento dinámico y una velocidad que se asemejaba a la que la sociedad exhibía en su vida normal.
El lector asiste, en un relato tan denso en acción como una novela, a toda una serie de movimientos que le llevan, minuciosamente, no de un lugar a otro, sino de una situación a unas conclusiones. 
Por supuesto, el resto de elementos del género está ahí, no en vano Hammett fue el cofundador de la novela negra, y el Agente de la Continental es tan duro como el mejor de los duros: Cuando dispara a una mujer, le dice: «¡Debería haber sabido que lo haría! ─mi voz sonaba dura y salvaje y como la de un extraño a mis oídos─ ¿Acaso no me vio robar una muleta a un cojo?»


En The Big Knockover and Other Stories
Penguin Books
Londres, 19694 [1925]
Introducción de Lillian Hellman

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The Dain Curse, de Dashiell Hammett

En La Maldición de los Dain, Hammett retomó su personaje del Agente de la Continental (protagonista de Cosecha Roja) y en esta ocasión lo puso en un papel más tradicional, encargado de investigar el robo de unos diamantes, en una trama que cada vez se complica más y que desemboca, a mitad de la novela en la maldición que los Dain llevan encima de convertirse, más pronto que tarde, en asesinos.
El agente no cree en ninguna de estas tonterías, pero Gabrielle, la hija del matrimonio que ha sufrido el robo, y que es una Dain, es altamente sugestionable, de manera que intenta protegerla tanto de las amenazas externas que como heredera puede sufrir como de su propia creencia de ser una asesina en potencia.
Resumir el argumento en detalle es imposible. La trama se estructura en tres partes, que son episodios claramente distintos en cuanto a la acción, pero cada vez los hechos se van concentrando más en sí mismos, creando nuevas ramificaciones. Sin embargo, y como sucede muchas veces con la novela negra moderna, la trama no es precisamente lo más importante.
Lo es mucho más ver cómo el Agente de la Continental, prototipo del detective privado duro y seco, va adquiriendo cuerpo, va añadiendo recursos, coopera con la policía pero no espera mucho de ella, y se mueve en cualquier ambiente con seguridad y un punto de cinismo.
Tendría que llegar Chandler con su Philip Marlowe para que la figura alcanzara su total dimensión, pero Hammett, además de crear a Sam Spade y al Continental Op, sobre todo hizo el milagro para la narrativa policial de devolverla a donde realmente pertenecía, es decir, a la realidad, y no a los salones victorianos o a las copas de delicados venenos y sutiles encajes donde se había estado desarrollando hasta entonces. Los ambientes de Hammett son realistas, sean de clase alta, media o baja, y su narrativa no sólo prefigura e inaugura un nuevo modo de narrar, realista y duro, el relato policiaco, sino que también empieza un periplo que sigue hasta hoy que es el de poner, como fondo o en primer plano, la sociedad de su tiempo; incluyendo también, aunque sólo sea insinuada, la psicología criminal, no tan alejada del hombre común y corriente como se creía.
La maldición de los Dain es todo eso, pero se mantiene además con una frescura sorprendente, como un monumento de la novela negra que es además su piedra basal.

En Dashiell Hammett. The Four Great Novels
Picador / Pan Books
Londres, 1982 [1928]



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Red Harvest, de Dashiell Hammett

Cuando uno acaba la lectura de Cosecha Roja, entiende que el impacto y la influencia que ejerció desde su aparición fuera tan enorme. Porque esta novela es la madre de todas las guerras de gángsteres que han proliferado en la literatura y el cine desde entonces. No hay una sola de tales situaciones en las que no se pueda detectar la huella de la novela del maestro Hammett. Aparte de ser una pequeña joya sobre la manipulación del "divide y vencerás"
El protagonista, agente de la Continental, llega a Personville (llamada por todos Poisonville, algo así como "Ciudad Veneno") para proteger a un director de periódico decidido a acabar con las mafias locales; pero el mismo día de su llegada, éste es asesinado. Casi de inmediato, es convocado por Elihu Willsson, padre del muerto, padre también de la ciudad y dueño absoluto de ella, amén de propietario de un senador y de otros cargos de relevancia, que maneja como si fueran títeres. Está mortalmente asustado por lo que cree un ataque contra él a través de su hijo por parte de las bandas locales, sus asociadas hasta ahora (se equivoca, pero eso tiene poca importancia). La ciudad se le ha ido de las manos y teme que las cuatro bandas que imperan quieran desplazarlo o asesinarlo; ya no siente la ciudad como suya, y quiere limpiarla... hasta cierto punto. Digamos que a un punto en el que vuelva a ser amo y señor de ella y los rufianes vuelvan a reconocer su autoridad sin discusión.
El agente está dispuesto a limpiar la ciudad, pero no para devolvérsela a un déspota, sino para que quede libre de crimen organizado. Y, jugando con el miedo de Willsson, obtiene un contrato que le da manos libres.
Un contrato que utilizará para intrigar de tal manera que las bandas se liquiden entre sí. Es peligroso, porque el juego de la manipulación puede descubrirse en cualquier momento, y porque hacer que la gente se mate entre sí es particularmente adictivo, proporcionando una sensación de poder total.
Es cuando se inicia la acción, cuando el agente empieza a poner a unos contra otros, cuando éstos reaccionan a las supuestas provocaciones y se desatan los odios y rivalidades largamente almacenados, cuando la novela alcanza unas cotas de intensidad que han perdurado en las obras de cineastas y novelistas posteriores.
En la eterna dicotomía Hammett / Chandler, éste último es más literario, más introspectivo, mientras que Hammett es más directo. Pero entre los dos dieron el enorme paso de convertir el género policíaco en algo que dejaba de ser maniqueo para llevar a sus protagonistas a un mundo en el que el bien y el mal no están bien definidos, y en el que se tiene que actuar según la justicia, pero no forzosamente según la ley. 
El lector contemporáneo de Cosecha Roja debió quedar tan anonadado como los habitantes de Poisonville al encontrarse con una novela que entraba sin medias tintas en una ciudad corrupta hasta el fondo, en la que un defensor de la ley se mostraba como un agente provocador de una violencia que hasta el momento no se había mostrado en la literatura.
El lector actual sigue teniendo esa impresión, aunque ya la haya visto en cine y en otras novelas. Y es precisamente esa fuerza, que se ha transmitido hasta hoy y que ha tenido toda una serie de hijos, legítimos y bastardos, la que hace que, todavía, percibamos en esta novela el toque de un gran maestro

En Dashiell Hammett: The Four Great Novels
Picador / Pan Books
Londres, 1982 [1929]

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El Falcó Maltès, de Dashiell Hammett

(The Maltese Falcon)
Eds. 62, col. Butxaca
Barcelona, 1998 [1930]

El Halcón Maltés es, sin duda, el título más famoso de la novela negra, y de hecho marca casi el paso definitivo de la literatura policial al género negro, estableciendo unas bases que serán las que dominen esta literatura desde entonces. La primera es su protagonista, típicamente un detective privado, que es de forma fundamentral un defensor, pero no de la Ley ni de la policía (a las que a menudo se enfrenta), sino de una ética, las más de las veces propia, flexible pero en el fondo justa; si la Justicia es ciega, el detective en cambio observa y considera las circunstancias personales de los implicados, actuando en consecuencia a su código personal. Un tipo que, para poder obrar como lo hace, de forma individual y solitaria, tiene que ser duro, más duro que nadie, y sobre todo duro consigo mismo respecto a su ética (lo que dará origen a otro apelativo del género, el "hard-boiled"; una famosa y definitoria frase es "I've heard about hard-boiled, but you... you're twenty minutes!" ("He oído hablar del [huevo] duro, pero tú... ¡tú eres uno de veinte minutos [de hervor]")). Y la movilidad moral: el mal ya no es ejecutado necesariamente por rufianes o delincuentes profesionales, sino que adquiere movilidad social. Ya sea el exmarido que no puede soportar el desprestigio social que le supone que su esposa se divorcie de él (Playback, de Raymond Chandler), las rencillas familiares por puro pique personal o por una mínima parcela de dominación en este ámbito (como en muchas de las novelas de Ross Macdonald), o la ambición económica sin más, pero protagonizada por ricos y poderosos que desean todavía más poder o dinero. Esta movilidad hace que el nuevo género negro tuviera y tenga una imbricación social muy fuerte, puede que no por descripción pero sí como representación de un clima moral.
Hammett fue el creador de este género, que alcanzaría su destilación esencial con Raymond Chandler y llegaría a diversos pináculos con muchos autores (Ross Macdonald, James M. Cain, Jim Thompson...). Personalmente prefiero a Chandler, por ser más literario, pero no estoy dispuesto a renunciar al padre fundador.
El Halcón Maltés gira en torno al detective privado Sam Spade y a aquellos que orbitan alrededor de un fabuloso halcón de oro y piedras preciosas (debidamente camuflado con un recubrimiento de símil piedra), un objeto hecho "de la materia de la que se hacen los sueños" (una frase de la película homónima de John Huston, no de la novela), y que tratan de conseguirlo por todos los medios. Y cuando digo todos, es todos.
La ruptura del género negro con lo anterior es que la primacía ya no recae en el "quién lo hizo" ni en el "porqué" o el "cómo". Aunque es importante la trama, el enigma, un resumen argumental casi siempre es detenerse en lo accesorio y desechar lo fundamental. Es preciso leer estas novelas, y El Halcón Maltés entre ellas, y dejarse llevar, sumergirse en las relaciones entre los personajes, sus intenciones, sus inflexiones y sus posiciones morales. Entonces es cuando se disfrutan en su plenitud.
El Halcón Maltés, como piedra fundacional y quintaesencia del género, tiene todos los elementos que lo conforman, y además una gran tensión narrativa y una estructura equilibrada. Leerla no es sólo rendir un homenaje a un fundador, sino percibir los elementos que después se hallarán en los que han seguido su camino.

Portada y sinopsis