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Sobre el Concepto de Arte

Conforme crecen los lectores de este blog (modestamente, pero crecen), percibo que hay un cierto interés en los conceptos del entretenimiento, de lo trascendente, de lo que es bueno y malo; del concepto de la obra y su valoración por sí misma.
Una de las mejores definiciones de "obra de arte" (existen otras igualmente válidas) es la de algo que aporta más al espectador/lector de lo que recibe. Es una definición muy amplia, seguro, pero verán que tiene su razón de ser.
El hecho de la lectura de un libro, la contemplación de un cuadro, el visionado de una película, la audición de un disco, etc., es un asunto de elección personal. Podemos dedicarnos a ver la vida pasar, encender la televisión al azar, hablar por teléfono o hacer un crucigrama; en cualquier caso esperamos algo de estas actividades: pensar, toparnos por casualidad con algo interesante, recuperar o mantener un lazo afectivo, o simplemente pasar el tiempo. Con suerte, lo logramos. De lo contrario, y por lo general, entramos en el aburrimiento. En vez de eso, muchas veces, si tenemos la opción y el tiempo, dedicamos nuestra atención a las obras artísticas, con la esperanza de recibir algo a cambio de nuestro tiempo. Si esa obra lo consigue, podemos perfectamente definirla como "arte", aunque sólo sea entretenernos. Entonces quizás la definamos como arte menor o artesanía, pero las calificaciones de menor o mayor son tremendamente personales, mientras que la definición general todavía se aplica.
Incluso podemos plantarnos ante un lienzo pintado de blanco y preguntarnos (como hizo a toda portada un suplemento cultural del periódico ABC) si eso es arte. La respuesta es que la primera vez, sí, aunque sólo sea por habernos hecho meditar sobre el concepto de arte. Épater le bourgeoise o no, los ready-made de Duchamp cumplieron la misma función de interrogarnos sobre las intenciones de su autor.
Según esta definición, lo inadmisible en una obra de arte sería el aburrimiento, la sensación de pérdida de tiempo: el deseo de cerrar el libro, el preguntar porqué habremos ido a la galería de arte, el ansia de salir a fumar en medio de una película, el desear estar en otra parte haciendo cualquier otra cosa.
En su mejor versión, el ser humano es aquel que rechaza la actitud de estar con la mirada perdida y pensando en nada.
Aquí me dedico a esas obras que evitan esto, a esas obras de arte que aportan algo más que el tiempo que se les dedica. Si es entretenimiento, bien. Si es belleza, ideas, catarsis, deliciosos escalofríos, risas y sonrisas, cualquier cosa que ustedes quieran nombrar, perfecto. Incluso la irritación. Si una obra es tan mala como para hacerme pensar porqué lo es, también puedo tratarla aquí, aunque sea para reflexionar sobre los pecados capitales de la escritura. En cualquier caso, hay que huir de los libros aburridos, aquellos a los que dedicamos un tiempo que no merecen, los que, acabados, nos provocan la frase: "Bueno, ¿y qué?"
Sé que esta definición de arte es tan amplia que es controvertida. Al fin y al cabo, cada uno busca cosas distintas en los libros. Pero prefiero fijar un mínimo común denominador a mostrarme elitista.
También esta definición es lo bastante vaga como para resultar acientífica. Por eso mis opiniones son personales, intuitivas. No aplico ningún aparato o andamiaje crítico concreto, a pesar de poder hacerlo, entre otras cosas porque esos andamiajes, más que cumplir una función, lo que hacen es ocultar el edificio principal (y no hay más que leer las revistas literarias y los suplementos culturales para ver eso).
Este blog no es una guía de lecturas. No pretendo que nadir, después de leer mis comentarios, se lance a la librería o a la biblioteca a por la obra (entre otras cosas, porque estoy comentando cinco libros a la semana, y ustedes tienen otras cosas que hacer, que les deseo sean mejores). Tampoco quiero ser un club de lectura, entre otras cosas porque semejantes clubes enfrentan a sus participantes a pruebas muy duras, es decir, leer cosas que maldita la gracia leería uno si no tuviera la obligación social de hacerlo. Lo deseable es que si quieren, lean, a su gusto; y si quieren, comenten, también a su gusto. Que lo hagan al día siguiente o dentro de dos años, me es indiferente. Los posts no caducan. No se van a suprimir. Si me comentan una obra que traté hace un año, se lo agradeceré y responderé con la misma dedicación y alegría que ál último post publicado.
Y si sirvo para descubrirles alguna obra que les proporciona más de lo que le han dedicado, me sentiré plenamente contento y justificado.

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Algunas Consideraciones sobre lo que son las Grandes Obras Literarias

Hay cosas que son muy difíciles de explicar. Por ejemplo, cómo se define una obra maestra o, por lo menos, una obra que se eleva por encima del resto de las cosas que se escriben. Pero creo que una explicación al respecto es obligada, de modo que les ruego que sigan conmigo durante un rato. Les pido disculpas por el rollo que les voy a largar, pero creo que será instructivo.
Frente a ese famoso folio en blanco, podríamos decir que el escritor se halla frente a una cuerda tendida sobre un abismo que tiene que cruzar. Puede hacerlo de varias maneras. Puede aferrarse a la cuerda con manos y pies y emprender una marcha lenta pero segura hasta haberlo atravesado; o puede, como un funambulista, prepararse para caminar sobre la cuerda, confiando en sus habilidades y sentido del equilibrio para llegar a buen término. Vacilará, en algún punto puede que caiga pero logre agarrarse al cable y volver a subir. Puede caer en un punto y, entonces, seguir a gatas. En el peor caso, puede caer al abismo (y entonces hablamos de novelas fallidas). Puede atravesar el abismo con mayor o menor rapidez (y a eso lo llamamos talento). En todo caso, amigos y vecinos, puede tomar riesgos o no.
Empleando otra metáfora, puede jugar a empatar o ir directamente a por la victoria. En este último caso, puede conseguirlo o no, pero ese riesgo, ese juego de ataque, es vistoso y artístico. El patadón y el cerrojo, la esperanza de que ya marcará a última hora, con la mano o de penalti injusto, y de que, por lo menos, no le habrán marcado ningún gol, si no aburren, sí cansan. En literatura (y en el resto de artes), este riesgo se asume de varias maneras: el ritmo, los giros argumentales, los personajes, el lenguaje, el ingenio, el humor, el argumento, el ambiente... lo que ustedes quieran.
Hagan una prueba: repasen una revista de literatura de hace cinco años (o la lista de candidaturas a los premios Goya de hace cinco años). Hagan memoria de esos libros y películas que fueron recibidos calurosamente y de los que hoy nadie se acuerda. Esos títulos sirvieron para pasar el rato. O para completar el panorama de estrenos y novedades. Esos títulos jugaron a empatar.
Las auténticas grandes obras artísticas son aquellas a las que podemos volver sin temor a equivocarnos, sin que nos aburran, o las que vuelven a sorprendernos; a las que recurrimos para exclamar "¿Cómo ha hecho eso?"
Todas las obras maestras así aceptadas universalmente son así de valientes. Y no hay cosa peor que leer una obra de un escritor cobarde.