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Una Breve Historia de Casi Todo, de Bill Bryson

Ustedes saben que Bill Bryson es un autor particularmente favorecido en este blog. Lo que me gusta de él es que, siendo absolutamente estricto en su investigación y documentación, sus intereses se muieven en un rango tan amplio que sus libros representan una sorpresa continua. Y además, tiene un gran sentido del humor.
Una Breve Historia de Casi Todo, que en su día fue (y sigue siendo) todo un éxito de ventas, público y crítica, trata de «cómo pasamos, en concreto, de no ser nada en absoluto a ser algo, luego cómo un poco de ese algo se convirtió en nosotros y también algo de lo que pasó entretanto y desde entonces». Lo curioso es que esta tímida frase abarca toda la historia del universo, nosotros incluidos (aunque seamos una micronésima fracción de esa historia), y de lo que hemos desentrañado hasta el momento y cómo lo hemos hecho. Lo cual ya constituye en sí una buena historia, podríamos decir que una novela magnífica, porque en nuestro conocimiento de las ciencias que rigen el mundo (física, química, geología y biología) hemos ido muchas veces del error a la certeza, cuando no marchado de la genial intuición al error.
Y es una historia que sigue en marcha. No hace ni un mes que se anunciaba que se habían descubierto algunas de las funciones del llamado "ADN Basura", que se intuía que servía para algo, pero no se sabía bien para qué.
Los méritos de Bryson son hacer que esta historia resulte comprensible, lo cual es algo difícil, sobre todo cuando la física llega a un punto en que se parece a la metafísica cuántica; y hacer que resulte ágil y, sobre todo, amena.
También hay que reconocer su brevedad. Cuatrocientas y pico páginas para resumir la historia del universo y lo que contiene (o lo que sabemos que contiene) pueden parecer hasta pocas, pero Bryson se las apaña muy bien para conseguirlo, haciendo unas cuantas reflexiones de paso sobre qué queremos hacer los humenos en este universo, lo que deberíamos hacer y recordarnos que somos muy frágiles, y lo seremos aún más si vamos destruyendo nuestra casa, es decir, el planeta que nos sostiene (o nos soporta, muchas veces).
Bryson tiene la intuición genial de hacer que la teoría científica deje paso a la historia de los descubrimientos, incluyendo unos simpáticos retratos de los descubridores, y estimular, paso a paso, la curiosidad del lector. En su recorrido de lo más grandioso a lo más pequeño, y de regreso a la inmensidad, pero con nosotros incluidos en ella, esa curiosidad benéfica no puede quedar satisfecha del todo, porque queda mucho por lo que sentirse curiosos, pero lo más importante de este libro es que cualquiera, después de haberlo leído, podrá encarar cualquier noticia científica que se precie con conocimiento de causa, sin que le suene a algo arcano y desmedido que es incapaz de comprender sin haber cursado (por lo menos) una licenciatura. Es un mérito enorme, un libro que resulta, a la vez, apasionante como una novela de viajes e instructivo como un buen libro de texto (cosa, esta última, que apenas existe en el mundo educativo). Cualquiera que quiera saber de ciencia sin dedicarse a ella debería adentrarse en Una Breve Historia de Casi Todo. Y dejarse llevar por la alegría de saber, sin más.

(A Short History of Nearly Everything)
RBA Libros
Barcelona, 20045 [2003]

Portada y sinopsis


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En las Antípodas, de Bill Bryson

(Down Under)
RBA Libros / Suma de Letras, col. Punto de Lectura
Madrid, 2002 [2000]

Bill Bryson es un tipo curioso. Es autor de un bestseller inesperado, Una Breve Historia de Casi Todo, inesperado porque no es usual que un libro sobre ciencia alcance las listas de superventas; ha escrito una de las más exactas biografías de Shakespeare, asunto doblemente meritorio porque consigue ser amena y clara con tan sólo lo que sabemos realmente sobre Shakespeare, que es poquísimo; ha escrito un libro que es una mirada a la América de su infancia y otro que es una mirada contrastada por su condición de americano "regresado" a su país tras dos décadas viviendo en Gran Bretaña. Pero su fama inicial la obtuvo gracias a sus libros de viajes.
Que no son guías, ni listas de imprescindibles, sino que siguen el modelo que Bruce Chatwin favoreció y que se ha convertido en un estándar de este tipo de literatura, como es el de combinar la experiencia personal al tiempo que se relaciona el territorio visitado con la pequeña y la gran historia del mismo.
En las Antípodas (un título puramente para España; cualquier otro país hispanohablante tiene sus antípodas en otra parte) trata de Australia, y resulta fascinante tanto por el país en sí como por cómo lo describe Bryson. «De vez en cuando [Australia] nos manda alguna cosa útil ─ópalos, lana merina, Errol Flynn, el bumerán─ pero nada de lo que no podamos prescindir. Más que nada, Australia no se porta mal. Es estable, pacífica y buena. No tiene golpes de estado, sobrepesca abusiva o simpáticos déspotas armados, no cultiva coca en cantidades provocativas ni se dedica a arrollar a otros de una forma presuntuosa o impresentable. Pero aun reconociéndolo, resulta curiosa nuestra falta de interés por los asuntos australianos. [...] En otras partes del mundo las noticias [sobre Australia] pueden ser más abundantes, pero con la diferencia, eso sí, de que nadie se las lee. A los australianos no les hace ninguna gracia que el mundo exterior les preste tan poca atención, y no puedo culparles. Es un país en el que suceden cosas interesantes, y muchas.»
Y a partir de aquí Bryson se dedica a contarnos no sólo las cosas que suceden en Australia, sino las que sucedieron. Y créanme, son interesantes. Tal vez por ser tan desconocida, Australia se nos descubre como una caja de sorpresas, un territorio en el que cada pedazo de tierra tiene una historia que contar. Sin embargo, no sólo estas historias componen el atractivo de este libro. Está además la propia experiencia de Bryson, su visión personal, sus charlas con la gente, su apreciación de extranjero y su contraste con la visión de los australianos. Eso hace una lectura divertidísima, sorprendente e instructiva. Pero, por mucho que Bryson tenga no poco mérito en ello, es la protagonista la que nos atrae, hasta tomarle auténtico cariño, y la protagonista es Australia.
«Australia es el sexto país más grande del mundo y la isla más extensa. Es la única isla que es al mismo tiempo un continente, y el único continente que también es un país. Fue el primer continente conquistado desde el mar, y el último. Es la única nación que empezó como una prisión.
»Es el hogar del ser vivo más grande de la Tierra, la Gran Barrera Australiana, y del monolito más famoso e impresionante, Ayers Rock (o Uluru, si utilizamos un nombre aborigen más respetuoso, y ahora oficial). Tiene más cosas que pueden matarte que ningún otro lugar. Las diez serpientes más venenosas del mundo son australianas. Estos cinco animales: la araña de tela de embudo, la medusa cofre, el pulpo de anillos azules, la garrapata paralizadora y el pez piedra son los más letales de su especie en el mundo. Es un país en que el gusano más peludo puede dejarte seco con su venenoso pinchazo, donde los moluscos no sólo pican sino que a veces te persiguen. Si recoges una inocua caracola de la playa de Queensland, como suelen hacer los incautos turistas, descubrirás que el animalito que hay dentro no es sólo sorprendentemente veloz e irritable, sino muy venenoso. Si no te pican ni muerden mortalmente de forma inesperada, se te puede zampar un tiburón o un cocodrilo, unas irresistibles corrientes te arrastrarán mar adentro o morirás implacablemente abrasado en el asfixiante outback. Es un lugar duro.
»Y antiguo. Hace 60 millones de años, desde la formación de la Gran Cordillera Divisoria, que Australia guarda silencio geológicamente hablando, lo que le ha permitido conservar muchas de las cosas más atávicas descubiertas en la Tierra. En un momento indeterminado de su remoto pasado ─quizá hace 45.000 años, quizá 60.000 pero sin duda antes de que hubiera humanos modernos en las Américas o en Europa─, fue invadida pacíficamente por unas gentes profundamente inescrutables, los aborígenes, que no tienen un parentesco racial o lingüístico claro con sus vecinos de la región, y cuya presencia en Australia puede explicarse sólo postulando que fueron quienes inventaron el oficio de la navegación oceánica al menos treinta mil años antes que nadie emprendiera otro éxodo, y después olvidaran o abandonaran casi todo lo que habían aprendido, pues pocas veces volvieron a hacerse a la mar.
»Es una gesta tan singular y extraordinaria, tan imposible de entender, que los libros de historia la ventilan en un par de párrafos, y pasan a la segunda invasión, más explicable: la que empieza con la llegada del capitán James Cook y su esforzada nave de la marina británica Endeavour a Botany Bay en 1770. No importa que el capitán Cook no descubriera Australia y que ni siquiera fuera capitán en el momento de su visita. Para casi todo el mundo, incluidos muchos australianos, es entonces cuando comienza la historia.
»El mundo que esos primeros caballeros ingleses descubrieron estaba curiosamente invertido ─las estaciones al revés, las constelaciones cabeza abajo─ y no se parecía a nada de lo que habían visto antes, ni siquiera en latitudes cercanas del Pacífico. Sus seres vivos parecían haber evolucionado sin haberse leído el manual. El más característico de ellos no corría, trotaba o galopaba, sino que daba saltos, como bota una pelota. El continente hervía de una vida inverosímil. [...]
»En resumen, no había otro lugar igual en el mundo y sigue sin haberlo. [...]
»Seguro que veis por donde voy. Este es un país que está al mismo tiempo asombrosamente vacío y sin embargo repleto de cosas interesantes, atávicas, cosas que no son fáciles de explicar. Cosas que todavía están por descubrir.
»Creedme, es un lugar muy interesante.»

Portada y sinopsis

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Shakespeare, de Bill Bryson

(Shakespeare)
RBA Libros, col. RBA divulgación
Barcelona, 2009 [2007]

Olvídense de fárragos pesados y voluminosos, compuestos por lo general de conjeturas (muchas veces traídas por los pelos) y de interminables y exhaustivos análisis de todas y cada una de las obras de William Shakespeare.
Si quieren realmente conocer lo que sabemos sobre la vida del Bardo de Stratford, aplíquense en la lectura de estas breves y ágiles 183 páginas. Como dice el propio Bryson: «La idea que sustenta este libro es sencilla: se trata de determinar qué puede saberse de Shakespeare sin recurrir a la especulación.
»De ahí que sea tan delgado.»
Y lo prodigioso (o no tanto, conociendo la época) es que fehacientemente sepamos tan poco sobre un framaturgo y actor que alcanzó cierta notoriedad en su tiempo. Pero tal vez en aquella época fuera más importante la obra que el hombre. O tal vez Shakespeare fuera muy discreto. ¿Ven? ya estoy yo mismo especulando. De hecho, no sabemos siquiera cómo se escribe su nombre. De las seis firmas que dejó y se conservan no ha dos que coincidas: "Will Shaksp", "William Shakespe", "Wm Shakspe", "William Shaspere", "Willm Shakspere" y "William Shakspeare".
Lo que sí sabemos es un dato escalofriante. De las 3.000 obras de teatro que se estima fueron puestas en escena en Londres desde que Shakespeare nació hasta 1642, hay un 80% de las que sólo se conoce el título. No han sobrevivido más de unas 230 piezas de la época, incluidas las 38 del propio Shakespeare, que por sí solas constituyen un 15%. (Fenómeno que no es único de Inglaterra. No hace más de diez años que Lola Beccaria descubrió un inédito de Lope de Vega, El Otomano Famoso.)
En cualquier caso, lo que realmente sabemos de Shakespeare no da para 183 páginas, sino tan sólo para dos cuartillas. Pero Bryson (autor de Una Breve Historia de Casi Todo) cumple con estos datos y la adecuada introducción de los usos y costumbres de la época, a su historia y a las obras de William, componiendo una visión centrada en el poeta pero ilustrativa de su mundo.
El resultado es brillante. Es un libro realmente divertido y ágil, a la vez que exacto (conozco la época y el tema, y puedo dar fe), inmensamente documentado, y aunque Shakespeare siga siendo un misterio, por lo menos nos ayuda a centrarlo y a evitar las leyendas y conjeturas que se han creado respecto a él.
¡Ah! Y si tienen alguna duda de si Shakespeare era realmente el autor de las obras de William Shakespeare, lean el último capítulo de este libro. No he encontrado mejor refutación a todas las leyendas, urbanas o no, sobre la autoría shakespeariana.

Portada y sinopsis