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Un Escritor en Guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945, de Vasili Grossman

Aquellos que hayan leído Vida y Destino, una obra que, a medida que pasa el tiempo, más se consolida como la obra maestra de la literatura rusa de la segunda mitad del siglo XX (y que les recomiendo vivamente), pueden haberse preguntado cómo es que Grossman pudo trazar un retrato tan exacto de la población rusa en guerra, no sólo la extrapolable de su vida corriente, sino la de los soldados combatientes en Stalingrado, y cómo pudo transmitir su vida en combate con tanta viveza.
La respuesta de que fue corresponsal de guerra no es suficiente. Hubieron otros corresponsales, y no tuvieron la misma profundidad de visión. El genio literario de Grossman aporta pistas, pero no sobre el nivel de extremo detalle que reflejó en su obra.
Leyendo este libro, que Beevor y Vinogradova han elaborado con las propias palabras de Grossman (en su obra literaria, pero sobre todo en sus artículos y, más importante, en sus cuadernos de notas) queda claro que Grossman no sólo fue corresponsal de guerra, sino un excepcional corresponsal de guerra.
Grossman fue un periodista "empotrado" en las unidades combatientes, mucho antes de que se inventara el término, pero no radica ahí su secreto. Lo cierto es que se dedicó en cuerpo y alma a su trabajo, y en él se mostró tan brillante que los militares se sorprendían de que gente normalmente taciturna se prestase a hablar con él durante horas. Y sorprendió a sus superiores (a veces causando cierta inquietud) que los soldados de todos los frentes consideraran que era el único que les retrataba fielmente a ellos y a la guerra.
Grossman estuvo en esta tarea desde la invasión alemana (cuando fue rechazado para el ejército por motivos físicos) hasta la caída de Berlín. Estuvo en lo más crudo de la batalla de Stalingrado (aunque, amargamente para él, fue relevado poco antes del triunfo soviético), y se separó muy pocas veces del frente de combate (un par de ellas por lo que hoy llamaríamos estrés postraumático o fatiga de combate, principalmente tras descubrir Treblinka y lo que se había hecho allí).
Pero el interés de Grossman no estaba en los grandes movimientos militares. Donde mejor se nos revela es en el retrato del hombre común, y su visión es enormemente perceptiva. No ahorra en sus notas la repulsión que le produjo el comportamiento del Ejército Rojo con la población alemana, algo que le podía haber costado muy caro (como mantener esos cuadernos de notas, por otra parte: estaban prohibidos todo tipo de diarios y anotaciones, y si bien el primer motivo para ello hubiera podido ser el contraespionaje, la NKVD juzgó sumarísimamente a aquellos que los tenían, aunque no contuvieran información militar), y aunque procede con precaución en sus anotaciones, no deja de haber una crítica velada hacia el estalinismo y, sobre todo, ante el desperdicio de vidas humanas que produjeron las políticas de "ataque Continuo" y "ni un paso atrás" promulgadas por el mismo Stalin.
En suma, tenemos un monumento del género, y un detallado y humano relato de la cotidianeidad de la vida en guerra, con imágenes emotivas y tremendas, con anécdotas y humoradas a veces. Siempre, con el sacrificio de unas gentes por una causa, en lo que se intuye un heroísmo más auténtico que el oficial.
Todo ello le sirvió a Grossman de bien poco. De mucho, si consideramos que fue el material de base para su obra maestra literaria, pero en cuanto a su vida, no le reportó ningún beneficio. No fue bien visto que un judío fuera el mejor corresponsal, el más cercano a los soldados. Cuando la época del sacrificio personal pasó, Grossman fue apartado, en beneficio de escritores más afines a los grandes hombres conductores de tropas, por encima de todos ellos Stalin. A la larga, fue censurado por las autoridades literarias y políticas y, sin ser condenado (algo que no sucedió hasta la desestalinización debido a su Vida y Destino), nunca gozó del favor del régimen, ni tuvo jamás un privilegio ni especial ni común. Sus artículos de guerra eran los mejores, pero había una nota incómoda en ellos (a pesar de que eran modificados por el director del periódico para su publicación) respecto a la ideología dominante. Había demasiada humanidad y poco socialismo, demasiada individualidad (de los soldados) y poco pensamiento colectivo. Y, tal vez peor, eran tan buenos que podían resultar influyentes para los lectores, algo que era muy sospechoso para un poder cuyo objetivo era controlar, precisamente, pensamientos y acciones de sus ciudadanos.

(A Writer at War. Vasily Grossman with the Red Army 1941-1945)
Ed. Crítica, col. Memoria Crítica
Barcelona, 20062 [2005]
Edición de Antony Beevor y Luba Vinogradova

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Los cuadernos de la Segunda Guerra Mundial del escritor ruso.

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El Compromís, de Sergei Dovlatov

Sergei Dovlatov, que fue "invitado" a irse de la Unión Soviética después de haber estado en la cárcel, haber sido guardián de campo de prisioneros, desempeñado un sinnúmero de oficios y haberse mostrado siempre irremediablemente crítico e irónico con el sistema soviético, también fue periodista.
En Estonia, nada menos. Si cito el lugar es porque, a las dificultades de escribir en la prensa soviética sin acabar represaliado, en Estonia se unían las sensibilidades de un pueblo cuyas vicisitudes no han sido precisamente bien vistas desde Moscú, lo cual añadía un riesgo más al oficio.
Dovlatov narra en esatas páginas esas vicisitudes, esos compromisos que tuvo que aceptar para seguir ganándose unos rublos a cambio de escribir la literatura periodística que consumían los ciudadanos en el día a día, es decir, algo tan parecido a la realidad como un cuento de hadas.
Pero, ya se sabe, a Dovlatov la irreverencia le salía por los poros, de manera que su destino fue, por muchos compromisos que aceptara, o negociara, y pese a ser considerado el mejor escritor de la redacción, el despido y la sugerencia de que hiciera "prensa obrera", es decir, que se pusiera a trabajar en una fábrica y escribiera sus vivencias dentro de las normas del estajanovismo. Dovlatov narra estos artículos particularmente alejados de la realidad, y los contrapone a cómo fueron escritos y a la misma realidad que se ocultaba tras esas auténticas piezas de ficción resultantes.
El resultado es, a veces, incongruente, a veces insólito, casi siempre humorístico, en esa clase de risa que es la que se expresa por no llorar. Como por ejemplo el artículo escrito para celebrar el nacimiento del ciudadano número 400.000 de Tallinn. Bueno, en primer lugar no era el número 400.000. La población de la capital era una estimación. En segundo, que ese bebé nacería "casualmente" la víspera del aniversario de la liberación de Tallinn (la víspera y no el mismo día, preferiblemente a las doce de la noche, para dar tiempo a la publicación). Tercero, el bebé será sano. Cuarto, se llamará Lembit, por un héroe del pueblo; porque, por supuesto, una niña no es apropiada.
Dovlatov se presenta en la clínica, y allí empieza su particular via crucis kafkiano con el director de la misma. El primer nacido que reúne las características es, digamos, de color chocolate, hijo de una obrera y un estudiante etíope en la escuela naval, marxista, eso sí. No vale. El segundo, hijo de un poeta laureado, tampoco, ya que el poeta laureado es judío. El tercero va de perlas, pero para que le ponga semejante nombre al niño se necesitarán unos cuantos rublos y un mucho de vodka.
Y así con muchas otras historias. Hay que destacar la resignación que se entrevé en la población ante un estado de cosas que, en realidad, es un juego de fingimientos perpetuo, aquel de "hago ver que soy un buen comunista" y el de las autoridades que hacen ver que se lo creen. Y el humor, esa ironía que destilan los escritos de Dovlatov, que permite ver los absurdos de no tanto unas situaciones como de todo un sistema.

(Компромисс / Kompromiss)
Labreu Eds., col. La intrusa
Barcelona, 2011 [1981]

Existe edición castellana en Ikusager Ediciones

Portada i sinopsi de l'edició catalana

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El Viyi, de Nikolai Gógol

Uno de los cuentos más clásicos de terror de todos los tiempos, producto de uno de los más grandes autores rusos. El Viyi es un ser demoníaco que tiene una función muy concreta en el relato (que pueden leer íntegro en el enlace al pie de esta reseña). Gógol afirmaba que se trataba de una criatura del folklore ucraniano, pero en realidad no es cierto, y no se han hallado rastros de esa criatura en ninguna de las tradiciones eslavas. Que Gógol se lo haya inventado no desmerece en nada el relato, y tal vez incrementa su efecto, al darle un toque imaginativo inédito.
No me extenderé en la explicación argumental. Un seminarista llega a casa de una bruja y es obligado a cabalgar por el cielo, pero mediante un exorcismo consigue librarse del dominio de la hechicera y la deja moribunda. Poco después es convocado a casa de un terrateniente para que cumpla la última voluntad de su hija, y es que ese estudiante en concreto sea el que vele su cadáver durante las tres noches de rigor. La hija muerta, por supuesto, no es otra que la bruja, aunque ahora con un aspecto bellísimo. Y las historias que se cuentan de ella van desde la hechicería al vampirismo. El pobre seminarista quiere huir, pero los cosacos al servicio del terrateniente no le dejan otra opción que encerrarse a solas con el ataúd de la muerta. Serán tres noches frenéticas.
Gógol no era un cualquiera escribiendo, como sabe cualquier lector que haya pasado por sus relatos o novelas, y así, este cuento puede ser de terror, pero está sabiamente estructurado. Con un aire a literatura popular y de costumbres ucranianas, Gógol se dedica a distribuir los mitos básicos del folklore en el relato, haciendo que vaya adquiriendo un crescendo de inquietud e imaginería maestro. Ese tono popular, creado por las descripciones locales y reforzado por los diálogos, es lo que hacen del relato una pieza más que creíble dentro de la literatura del género, y así no es de extrañar que el tan mentado viyi fuera admitido sin rechistar como integrante del folklore eslavo por los lectores.
Como cuento fantástico es muy encomiable, y esas tres noches tienen una potencia narrativa que pocos escritores han podico conseguir. Pero para llegar a ellas era necesario preparar el terreno con una narración sobria y mesurada, equilibrada y de gran estilo. Por todo ello este relato se sitúa entre los más grandes del género.

(Вий)
En Horrorscope. Mitos Básicos del Cine de Terror, vol. 2
Ed. Nostromo
Madrid, 1974 [1835]
Ed. de J. A. Molina Foix

Y en múltiples antologías

Texto en castellano de El Viyi en el blog Lírica Bizarra
Texto en ruso de El Viyi
Dramatización sonora en castellano de El Viyi

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Un Encuentro, de Arkady Averchenko

Averchenko es uno de esos autores que figura en la larga tradición humorística y satírica de la literatura del centro y el este de Europa. Como corresponde a un buen humorista, no fue bien visto por el poder. Cualesquiera que fuera éste. Así, sufrió persecuciones durante la época zarista y, llegada la revolución bolchevique, tuvo que exiliarse  para salvar la piel. Una de las máximas de los totalitarismos es "aquí no estamos para bromas".
Por descontado, esta costumbre malsana (según las autoridades) de disparar contra todo lo que se mueve no ha contribuido ni a su popularidad ni a su presencia en el panorama literario.
Es lástima, porque en la antología de la que proviene este Un Encuentro no existe un solo relato que no provoque, como mínimo, la sonrisa.
Como anuncia el título, este relato se basa en un encuentro fortuito en la calle. (Pueden ustedes leer el relato completo en el enlace al pie de esta reseña.) Un escritor y periodista es detenido por un individuo que se lanza de inmediato a elogiar con entusiasmo el último artículo del sorprendido autor. Como suele suceder, no acaba de ubicar de dónde y porqué conoce a este hombre que tanto aprecia sus escritos. Y lo que es más, que conoce a la perfección la vida cultural, puesto que empieza a citar y alabar las producciones de varios otros autores.
Hay un detalle discordante que percibe el lector, no obstante; todos aquellos que cita este admirador no reconocido han sido procesados y condenados a prisión por sus escritos.
«[...] ¡Eso es poesía! ¡No lo que escriben hoy la mayoría de nuestros poetas! El fuego sagrado se ha extinguido. La juventud se entrega al cubismo, al futurismo... ¡Es una triste época la nuestra!
»─Yo creo que Ichmetiev no será condenado.
»─Se engaña usted, amigo mío. Sin un añito de cárcel no se escapa.
»─Sus amigos hemos tratado, en vano, de conseguir su libertad provisional.
»─Me he opuesto yo a que se le conceda...
»─¿Usted? ─interrumpió Toporkov, creyendo no haber oído bien.
»─¡Yo, claro! No se puede dejar en libertad a un hombre que ha escrito unos versos tan atrevidos. Yo no hubiera consentido nunca...
[...]
»─¿Pero usted quién es? ─exclamó Toporkov, cuyos nervios estaban tensos como las cuerdas de un violín.
»En los labios del viejo se dibujó una sonrisa picaresca.
»─¿No me ha reconocido usted, hombre de Dios? ¡Soy el fiscal del Tribunal Supremo! Hace tres años le denuncié a usted por su artículo "El régimen agonizante". Le defendió a usted un gran abogado, Iván Petrovich Rudakov, y lo hizo con tanta elocuencia que, lo confieso, temí que fuera usted absuelto. Pero si Rudakov es un abogado de talento, yo no soy un fiscal de tres al cuarto, ¡je, je, je!, y logré que le condenasen a usted a un año de prisión.»
El clímax del relato está servido, pero también la ironía suprema: que el censurado se encuentre con el censor y que éste, además, sepa apreciar lo que se censura. En un solo golpe humorístico Averchenko nos muestra desnudos los mecanismos del poder y de la censura, la aniquilación sistemática que hace de lo valioso por mor de la conservación del sistema; la impotencia del autor que, como puede comprenderse, ya no dispone ni de la razón para defenderse, puesto que la razón se la da hasta el fiscal, pero que se enfrenta a un mecanismo que funciona con sus propios supuestos, en los que no se incluyen ni la belleza, ni el buen sentido, ni la inteligencia, sino que se mantiene mediante una arbitrariedad dirigida.
Y, por descontado, se nos presenta un escritor que sabe que, después de este encuentro con el fiscal y de recibir esas alabanzas por su parte, será procesado...
Averchenko construye el relato desde la extrañeza lógica inicial haciéndolo crecer y entrar en el enigma hasta provocar la explosión final que deja al protagonista y, por ende, al lector, desconcertado, desolado, abandonado en un mundo absurdo que, sin embargo, por su propia crueldad, no puede ser sino real.

En Cuentos
Espasa -Calpe, col. Austral
Madrid, 1977 [191?]

Texto en castellano de Un Encuentro

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La Nariz, de Nikolai V. Gogol

Gogol, que fue el impulsor hacia la modernidad de la literatura rusa, escribió este cuento extraño, humorístico y surrealista antes de que el surrealismo existiera, y desde entonces ha estado intrigando a todos aquellos que lo han leído.
Lo cual tiene su mérito, porque la variedad de interpretaciones es colosal, y todas parecen tener su punto de razón.
Para ponernos en situación, el relato, dividido en tres partes, se inicia cuando un barbero encuentra dentro del pan del desayuno una nariz, en perfecto estado, que reconoce como la de su cliente el consejero mayor Kovalyov. Desconcertado, sin acordarse realmente de si ha podido o no rebanar la nariz del mayor, la tira al Neva desde un puente, pero es detenido.
La segunda parte concierne directamente al mayor Kovalyov, que se despierta con una superficie plana allá donde tendría que tener la nariz. De repente se siente lleno de angustia, no por ser un desnarigado, sino porque sin nariz parece haber perdido todo aquello que constituía su vida: su capacidad de seducción, el respeto de sus subordinados y, sobre todo, su seguridad. Lo que es más, hace esfuerzos risibles para recuperarla, como poner un anuncio en el periódico, pero lo más grave es cuando ve a su nariz salir a la calle, vestida con todas las regalas de su atuendo, y en apariencia haciendo la vida normal del mutilado Kovalyov. Finalmente la policía encuentra a la rebelde nariz, pero ésta rehúsa quedarse en su lugar, y un médico aconseja no forzar la cosa, puesto que el remedio podría ser peor que la enfermedad.
En la tercera parte, Kovalyov se despierta con la nariz de nuevo en su sitio, y emprende de nuevo su vida normal, incluso con nuevas energías.
Como pueden ver se trata, en principio, de un relato cómico, por la pura comicidad de la situación; sin pies ni cabeza (y no voy a hacer el chiste fácil). Sin embargo, insisto en que las interpretaciones que puede tener son muchas, y todas pueden ser acertadas. ¿Ejemplos? Pues un crítico ha notado que, en ruso, el título original leído al revés pasa a ser "sueño", lo cual podría sencillamente ser una pista de lo que sigue en la narración.
Otros críticos han apuntado a que se trata de una alegoría de la emasculación, del complejo de castración, por el que el hombre deja de serlo cuando pierde una parte psicológicamente importante, en este caso una que le hace ser ridículo ante los demás.
A mí mismo, y sin desmerecer ni desechar las nateriores, me gusta pensar en esa imagen de la nariz vestida con abrigo y sombrero recorriendo las calles de esa "ciudad norteña" de Rusia (probablemente San Petersburgo) sin que nadie pare mientes a que sólo se trata de una nariz. La implicación de que es la regalía la que cuenta, de que las personas son indiferentes y el cargo lo relevante entronca bastante bien con el pesismismo de Gogol; por otra parte, en la Rusia zarista, llena de nepotismo, amiguismo y recomendaciones no por méritos sino por clientelismo, en muchas ocasiones más de un cargo hubiera sido igualmente eficiente si lo hubiera ocupado la nariz de alguien en lugar de la persona completa. Tal vez más. De manera que podemos también ver este cuento como una sátira política de primer orden, y una en extremo sutil.
No es mal bagaje para un relato corto, y más cuando tenemos en cuenta que ha sido un cuento aclamado por los surrealistas y que algunos han definido como precursor del realismo mágico. Pero no es extraño. Gogol fue un narrador enorme, un genio de las letras, y podía perfectamente hacer estas pequeñas joyas con una regularidad y profusión inusitadas.

(Hoc)
En El Capote y Otros Cuentos
Espasa Calpe, col. Austral
Madrid, 1972 [1836]

Texto en castellano de La Nariz

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Vida e Insólitas Aventuras del Soldado Iván Chonkin, de Vladimir Voinovich

(Жизнь и необычайные приключения солдата Ивана Чонкина)
Libros del Asteroide
Barcelona, 20062 [1963-1970]
Prólogo de Horacio Vázquez-Rial

Este título inmediatamente evoca Las Aventuras del Valeroso Soldado Schwejk, y ciertamnente la intención satírica está presente en ambas novelas, pero el método de ataque y los objetivos son diferentes.
La historia es la del soldado Iván Chonkin, que es enviado a custodiar un avión que ha tenido que realizar un aterrizaje de emergencia en la aldea de Krásnoie. Una vez llegado allí, es olvidado por sus superiores. Cuando la invasión alemana, una denuncia llama la atención sobre Chonkin, de modo que la policía política se moviliza para arrestarlo por deserción.
Esta trama argumental, demente pero sospechosamente plausible, sirve para mostrar las contradicciones y ridículos de la burocracia soviética. La diferencia de ataque a la que me refería es que no se centra en la figura de Iván Chonkin, sino que sólo sitúa a Chonkin en un microcosmos que sirve de representación del estado soviético.
Voinovich fue uno de los responsables del paso a occidente de Vida y Destino, de Vasili Grossman y por descontado no pecó de la ingenuidad de éste. Sabedor de con quién se jugaba los cuartos, disidente crítico pero pragmático, Voinovich ni hizo el intento de publicación en la Unión Soviética. Su Vida e Insólitas Aventuras del Soldado Iván Chonkin se publicó en París en 1974, y la reacción fue fulminante: Voinovich fue expulsado del país y después desposeído de la nacionalidad soviética, unas "bendiciones" típicas del régimen de Breznev que probablemente fueran las que esperaba el propio autor, que perdía toda una vida a cambio de la libertad de creación.
Ciertamente la novela cumple con su propósito satírico y humorístico, y la crítica del sistema es demoledora. Como muestra, sólo un pequeño fragmento, que puede referirse al NKVD, la KGB o como quiera denominarse la institución destinada a controlar a la población:
«... se vio en la obligación de asir al viejo insolente por lo que en lenguaje común se llama el cogote y conducirlo al Lugar Apropiado. Acción tanto más justificada si se tiene en cuenta que Svintsov pertenecía a la plantilla del Lugar Apropiado, donde ostentaba el grado de sargento.
»Es posible que los lectores de galaxias remotas, no familiarizados con el orden terreno de las cosas, se hagan la siguiente y legítima pregunta: ¿Qué significa eso de Lugar Apropiado? ¿Apropiado en razón de qué? Por tanto, procedo a la aclaración que sigue.
»En las lejanas épocas que describe el autor existía, ramificada por doquier, cierta Institución de carácter no tanto militar cuanto belicoso que, a lo largo de un dilatado número de años, había venido combatiendo hasta el acoso a sus propios conciudadanos con éxito permanente. Sus adversarios eran muchos, pero carecían de armas, factores ambos que hacían la victoria de la Institución a un tiempo inevitable e impresionante. [...] Semejante estado de cosas se consideraba de todo punto normal aunque, por su parte, piense el autor que no hay motivo para no mostrarse listo, si uno realmente lo es. Como tampoco lo hay para que una persona no hable a su gusto, si cuenta con un interlocutor y un tema en que emplearse. [...] Claro que también hay maneras y maneras de hablar. Uno puede, por ejemplo, hablar de lo que debe o de lo que no debe. Quien habla de lo que debe obtiene cuanto es debido e incluso, a veces, un poco más. Quien habla de lo que no debe va a parar al Lugar Apropiado, o sea, a la Institución citada. Posteriormente observaremos que dicha Institución observaba en su funcionamiento el siguiente principio: golpea a los propios y te temerán los ajenos. De los ajenos no pienso ocuparme, pero, en cuanto a los propios, puedo decir que éstos sí temían. Porque, en efecto, en cuanto los ajenos daban muestras de una agudización de sus contradicciones, de una crisis radical de sus sistemas o de un estado de corrupción generalizado, los propios eran prontamente cazados y llevados a rastras al Lugar Apropiado. Y ocurrió en más de una ocasión que, de puro copiosa la pesca de propios, no había en el Lugar Apropiado sitio para todos ellos.»

Portada y sinopsis

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La Dama de Picas, de Alexander S. Pushkin

(Pikovaya dama /Пиковая дама)
En Novel·les i Contes
Eds. 62, col. Les Millors Obres de la Literatura Universal
Barcelona, 1981 [1834]

Pushkin, además de ser el modernizador de la lengua rusa, es el máximo exponente del romanticismo en este idioma. Y, como buen romántico, no podía dejar de tener en su haber una historia fantástica. Y una, para los cánones de la época, endiabladamente buena.
Hermann es un hombre morigerado, cuya máxima pasión son los juegos de cartas, pero a los que no apuesta porque "no está en disposición de malversar lo que tiene justo para vivir con la esperanza de ganar más de lo que necesita". Sin embargo, cuando escucha que uno de sus compañeros tiene una abuela que obtuvo un secreto del Conde de Saint-Germain para ganar a los naipes (un secreto que, por supuesto, insinúa unas implicaciones y consecuencias diabólicas), se obsesiona por obtener esas tres cartas que le permitirán esquivar el azar y alcanzar unas ganancias fabulosas.
Y para ello, maquinará una ignominia de tal calibre que el lector quedará satisfecho cuando ese recurso infalible se vuelva en su contra, en una venganza que, literalmente, proviene del más allá.
Extrañamente alejado del cuento de horror ruso, casi siempre enraizado en la leyenda campesina (El Viy; La Familia Vurdalak), no obstante consigue, por lenguaje y ambiente, un fantástico propiamente ruso, por primera vez urbano, que anticipa las historias de Gógol, y que incorpora con éxito la ironía y temas que cristalizarán en los grandes autores rusos posteriores.
Por lenguaje y recursos, esta Dama de Picas es una pequeña joya del relato de fantasmas de todos los tiempos.

Portada y sinopsis

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La Zona, de Sergei Dovlatov

(Zona)
LaBreu Eds., col. La Intrusa
Barcelona, 2009 [1982]

Sergei Dovlatov, entre otras cosas, fue vigilante de un campo de trabajo soviético. Me apresuro a aclarar que se trataba de un campo de trabajo penal para delincuentes comunes y no políticos. Si eso sugiere en el lector que los internos, por tanto, se lo tenían bien merecido, diré que las condiciones inhumanas son inhumanas ya sea que los delitos o supuestos delitos que las provocan sean criminales o de opinión. El debate de cómo de afilada tiene que ser la espada de la Justicia es uno que prosigue hasta hoy, pero si el sistema penal tiene que propiciar la rehabilitación y no el mero castigo, queda claro que un sistema como el que describe Dovlatov lo único que consigue es la reincidencia.
Este libro se compone de unas partes vividas en el campo, sin apenas ilación entre sí, escenas que más parecen un collage que una estructura coherente. Una razón para esto es que Dovlatov fue "invitado" a abandonar la Unión Soviética, sin que se le permitiera llevarse sus manuscritos. Estos fueron contrabandeados (microfilmados, escritos en un papel de fumar, mediante mil otros sistemas) a Occidente. Algunas partes se perdieron. Otras no fueron utilizadas. Sin embargo, no era esto lo que preocupaba a Dovlatov. Puede que al principio quisiera realizar una obra sobre la vida en los campos, pero después el objetivo sufrió un cambio. El motivo aparente puede ser esta falta del material original y la imposibilidad de recomponerlo. Cito: «Volver a explicar las partes perdidas es una tontería. Rehacerlas es imposible. Porque lo más importante está olvidado: cómo era yo.» Pero es también probable que el objetivo inicial ocultara otro más fundamental. «No escribo retratos fisiológicos. Tampoco escribo sobre la prisión y los reclusos. Quería escribir sobre la vida y las personas. Y no quiero invitar a mis lectores a una cámara de los horrores. [...] Vuelvo a repetir que lo que me interesa es la vida, no la prisión. Y las personas, no los monstruos».
Estos cuadros anecdóticos (que, según le contaron a Dovlatov, se parecían a la técnica de Dos Passos) vienen intercalados con cartas a su editor americano, y allí es donde el autor efectúa la reflexión, en libre asociación, sobre esos cuadros, sí, pero sobre el mundo en general y sobre el calco que esos cuadros son de la vida. Y allí encontraremos unos momentos de pensamiento particularmente brillantes: «En este sentido, es extraordinariamente representativa la creación en los campos. En un campo, sin ninguna presión ni imposición, triunfa el método del realismo socialista.
»¿Ha pensado alguna vez que el arte soviético se aproxima a la magia? ¿Que recuerda a la pintura ritual y de culto de los antiguos? Si pintas un bisonte en una roca, por la noche comerás caliente.
»Los funcionarios del arte soviético razonan de la misma manera. Si se representa una cosa positiva, todos estarán bien. Pero si es negativa, será al contrario. Si se pinta una producción estajanovista, todos trabajarán bien. Etcétera. [...]
»En los campos, la historia es la misma.
»Tome la pintura de los campos. Si es un paisaje, tendrá unos colores increíblemente ardientes y andaluces. Si es una naturaleza muerta, estará colmada de calorías. »
Todo lo cual conforma un resultado fascinante e incitante a la reflexión, que sigue un lema que el mismo Dovlatov se impuso: «Según Soljenitsin, el campo es el infierno. Yo, en cambio, creo que el infierno somos nosotros.»

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Vida y Destino, de Vasili Grossman

(Zhizn i Sudbá)
Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg
Barcelona, 2007 [1959]

La historia de la publicación (o, mejor, de la no publicación) de esta novela es la siguiente: escrita con anterioridad, el autor aprovechó el supuesto deshielo que representó el inicio de la etapa Jrushov para proponerla a publicación. La reacción fue fulminante: la novela fue prohibida, la casa de Grossman registrada, todas las copias, notas y escritos del autor confiscados y éste condenado al ostracismo. Muerto ya Grossman, Sajarov y Vladimir Voinivich consiguieron recuperar una copia, microfilmarla y pasarla a Occidente donde se publicó finalmente por primera vez. Hasta aquí una historia demasiado frecuente en la Unión Soviética.
Dicho esto, hay que precisar algo. Los escritores soviéticos vivían en un estado, deshielo o no, en el que la censura era omnipresente. Incluso en uno en el que la autocensura era la norma (véase Contra la Censura, de J. M. Coetzee y Esclavos de la Libertad, de Vitali Shentalinski).
esto implica que Grossman no escribió una obra con total libertad. El escritor soviético (que quisiera publicar, claro está) tenía en consideración a dos receptores últimos: no sólo el público, sino también al comité de censores, en un país en el que todos los medios de publicación estaban estatalizados. De modo que si alguien espera encontrarse con una obra escrita con total libertad, en la que se habla sin ambages de un período de la historia de Rusia, quíteselo de la cabeza. Esta es una novela escrita con una autocensura funcionando a plena marcha, presentada a una comisión de censura para aspirar a su publicación, no con espíritu kamikaze, aunque ese fuera el resultado final, en un error de cálculo que fue frecuente. Por tanto, es una obra escrita buscando el compromiso con el marxismo-leninismo y cargando la crítica sobre el estalinismo. La respuesta fue que autocrítica sí, pero renunciar (o denunciar) un período de la marcha del tren de la historia, ni hablar. Por tanto, quien espere una obra totalmente libre, esperará en vano. El retrato no puede ser completo, ni totalmente real. Está mediatizado por el compromiso y la autocensura. Ni siquiera conoceremos el auténtico pensamiento del autor.
Dicho esto, y descontado que pueda ser una novela que refleje la realidad por entero, hay que pasar a otro plano, como es el de la novela en sí, aislada de sus circunstancias de publicación y escritura.
Vida y Destino es una novela monumental, de 1.100 páginas, una novela-río que se desarrolla en el punto más inflexivo de la Gran Guerra Patriótica (es decir, la Segunda Guerra Mundial): el asalto alemán a Stalingrado, el punto máximo de retroceso de la Unión Soviética es este conflicto; la resistencia de la ciudad; y la posterior contraofensiva que llevó a la rendición del VI Ejército alemán y, en definitiva, al principio del fin del poderío militar nazi. Pero no es una historia bélica, o sólo una historia bélica. Grossman nos llevará de Stalingrado a los campos de concentración alemanes, a los campos de trabajo soviéticos, a la cárcel de la Lubianka, a la vida en la retaguardia. Todo ello mediante las vidas de sus personajes (y hay que resaltar con rapidez que el libro posee una lista de personajes al final, que resulta de extrema utilidad). En estas historias, Grossman supera todas las expectativas. Sean cuales sean, las vidas de estas gentes, un auténtico cuadro de la sociedad soviética, se convierten en personales, atractivas, amigas para el lector. Nuestro interés se ve arrebatado para sumergirnos en estas vidas, en definitiva modificadas todas por un Destino que las maneja a su antojo, sea éste la guerra, la arbitrariedad de la denuncia o la circunstancia histórica, el pragmatismo de Stalin o la rigidez social soviética.
Hay unas vidas detrás de todo, por muy grande que sea este todo. Y son unas vidas respetables, conmovedoras, que en el fondo quieren ser libres frente a un Destino que, en muchos casos, amenaza con ahogarles.
He leído esta novela en poco más de una semana, lo cual habla del interés que despierta en el lector. Sus personajes, por muy alejados que sean nacional, social e históricamente, se hacen cercanos, y a la vez representativos de una época, sin caer en la conversión en monigotes, en estereotipos, en banderas de tesis. Son seres cuyas circunstancias vitales nos hacen reflexionar sobre muchas cosas, pero esta reflexión es inducida, no forzada en nosotros.
Se han dicho muchas cosas respecto a esta novela. Las comparaciones suelen ser odiosas. Pretender, como se ha dicho, que es una nueva Guerra y Paz es sólo un recurso crítico, pero es injusto con Vida y Destino, aun cuando hayan similitudes temáticas. La novela de Grossman tiene entidad suficiente de por sí, y es una entidad que la acerca a la maestría literaria.
Como novela-río, resaltemos que los ríos tienen meandros, remansos, zonas pantanosas incluso. Quiere esto decir que hay ritmos diferentes, que dependiendo del lector pueden resultar desiguales en pariencia. Pero en conjunto esta novela avanza a toda potencia, en un retrato de los personajes y la sociedad fascinante y fundamentalmente verista. En la que los personajes se interrogan a sí mismos y entonces interrogan al mundo en que viven; el mundo marcha y entonces nos hace interrogarnos por la vida de los personajes que viven en él. Una novela total con todas las cualidades de una obra maestra.

Portada y sinopsis

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El Maestro y Margarita, de Mijáil Bulgákov

(Macmep u Mapzapuma)
Ed. Debate, col. Literatura
Madrid, 1998 [1928-40; publ. 1966-67]
Se ha consultado también la edición rusa de
Azbuka Klassika
San Petersburgo, 2000

El Maestro y Margarita es una de las grandes obras literarias de todos los tiempos.
Y podría dejarlo aquí (y algunos dirán que debería hacerlo, ja, ja). Pero las exigencias de la reseña obligan a extenderse y completarla con datos que yo definiría como superfluos. Pero, créanme: hay que leer El Maestro y Margarita.
La narración de Bulgákov se estructura alrededor de tres historias: La visita, en una especie de gira de inspección, del diablo (Voland) a Moscú, en la cual Satanás y su séquito crearán un caos que pondrá en ridículo toda la sociedad moscovita y soviética; la historia de Poncio Pilatos y su encuentro con Joshuá Ga-Nozri, un relato menos (o más) evangélico de lo que pueda parecer; y la historia de amor de Margarita, enamorada irremisible y trágicamente del maestro, un literato que, justamente, ha escrito en su única obra la historia de Poncio Pilatos, y al que la intelligentsia literaria ha atacado de forma tan feroz que le ha llevado a la reclusión en la casa del dolor, un sanatorio mental en el que desaparecer de la vida de Margarita, en el intento de evitar nuevos sufrimientos a su amada.
Tres historias dispares pero que se imbrican en un todo absolutamente coherente y bello.
Se han dicho muchas cosas sobre Bulgákov y El Maestro y Margarita... Que debido a su formación teatral domina los diálogos y las situaciones. Que posee una aguda percepción de su sociedad. Que es una parábola sobre la historia del propio Bulgákov. Todo ello es verdad. Pero además, nos hallamos con algo más que un dramaturgo puesto a novelista, que un cuadro de costumbres satírico, que una venganza ante el impuesto ostracismo estalinista. Hay escenas potentísimas. La función en el teatro Varietés, con su curiosa inversión de papeles: el diablo Voland contemplando desde el escenario el espectáculo que le brindan los espectadores moscovitas. Las andanzas del locuaz y burlón Koróviev y su bromista y desmesurado compañero el gato (¿o no?) Popota; el siniestro demonio Asaselo. El sueño de la entrega de divisas; el vagar incoherente y surreal de Iván Nikoláyevich Desamparado; la bellísima historia de amor, más sugerente todavía por desusada; la hilarante escena de todo un edificio gubernamental cantando a coro y al unísono, en intervalos de tres minutos, "Glorioso es el mar sagrado del Baikal". Y una de las más bellas novelas históricas jamás escritas, la historia de Poncio Pilatos.
El catálogo de personajes es impresionante; y uno tiene la impresión de que todos son plausibles, todos pueden existir, ya sean ridículos, patéticos o entrañables.
No voy a hacer ninguna interpretación sobre la obra. Se me ocurren, a bote pronto, más de una veintena. Todas argumentables, y con toda probabilidad, voluntariamente incluidas por el autor.
Pero, aunque sólo sea por una vez, acérquense a la obra sólo dispuestos a sorprenderse a cada página, si la leen por vez primera. Tendré una sana envidia de ustedes, que tendrán el privilegio que otorga el descubrimiento personal de una obra maestra. Para los que la releemos, la contemplamos en su estante con cariño, con una inusitada ternura. La que reservamos a esas obras que nos han dado una sensación única.

* * *
La influencia de la obra de Bulgákov ha sido enorme. Pero tiene una curiosa: una canción de los Rolling Stones, "Simpathy for the Devil". Aquí la tienen:



Y por supuesto, webs, webs, webs: Una dedicada a El Maestro y Margarita en inglés, francés, neerlandés y ruso, muy completa; otra dedicada Bulgákov en alemán, inglés y ruso; otro dedicado obras de Bulgákov en ruso e inglés; finalmente, una deliciosa en inglés sobre curiosidades sobre El Maestro y Margarita.

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Esclavos de la Libertad. Los Archivos Literarios del KGB, Vol. I, de Vitali Shentalinski

(Rabi Svobodi v Literaturnij Arjivaj KGB)
Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, Serie Biografías, Memorias y Testimonios
Barcelona, 2006 [1993]

Hace pocas semanas comentaba el texto de Coetzee Contra la Censura, uno de los pocos libros que analizan el bosque de la prohibición; hoy llevo a su atención un libro que estudia algunos de los árboles de la censura y la represión en el ámbito soviético. A veces las cosas vienen así de rodadas.
De hecho, el libro trata de unos cuantos de esos árboles, por no decir muchos.
El propósito del autor fue el de descender al infierno de los archivos de la Lubianka para descubrir manuscritos y documentos requisados por las autoridades y que podrían muy bien no haber salido jamás a la luz. En este aspecto el libro cumple. Poemas inéditos, el diario personal de Mijaíl Bulgákov, capítulos y novelas enteras de Andréi Platónov, etc., aparecen confiscados en esos malditos archivos, y es de esperar que algún día aparecerán editados (en esta obra se nos ofrecen algunos extractos).
Pero, como no podía ser de otro modo, los documentos de las instrucciones y procesos contra los escritores también aparecen, como demostración de la persecución, la manipulación, la arbitrariedad y, sobre todo, la omnipresencia del pensamiento único estatal. Isaak Bábel, Mijaíl Bulgákov, Borís Pilniak, Ósip Mandelshtam, Nikolái Kliúyev, Andrei Platonov, Maksim Gorki, entre otros, son los autores que se tratan. Fusilados, silenciados, deportados, puestos en campos de concentración, aislados o asesinados sin más, los destinos de estos escritores pasaron todos por el cauce de la Cheka, después OGPU, después NKVD, después KGB. Nunca para bien, y casi todos bajo las contradictorias indicaciones "Estrictamente confidencial" y "Conservar a perpetuidad".
No es que los documentos extraídos resuelvan todos los enigmas. El caso de Mandelstam y su "Oda a Stalin" sigue difiriendo según las versiones; Coetzee apunta a que el autor fue forzado a escribirla; Shentalinski declara que Mandelstam la escribió voluntariamente en un intento de congraciarse con el Estado. Aparece el diario de Bulgákov, pero los escasos fragmentos que aparecen en el libro (junto con las cartas ya publicadas en Cartas a Stalin, Ed. Grijalbo), poco hacen por aclarar porqué Stalin decidió dejarlo en una relativa paz silenciada, sin hacer nada contra él, físicamente, pero amordazado y convertido en un exiliado literario en su patria, lo que en definitiva llevó al escritor a la muerte, esta vez sí física, después de haber sufrido la muerte civil.
Pocos regímenes han desarrollado una ideología tal como para ideologizar también el arte y la literatura en todas sus formas de expresión. Sólo el nazi y el soviético, que yo recuerde. Gracias a este libro vemos cómo, además, el régimen soviético no escatimó esfuerzos ni recursos para reprimir y suprimir no ya las expresiones que quedaran fuera de la ideología, sino las intenciones y omisiones de los escritores y artistas.
Sin embargo, este libro tiene defectos y excesos. Defectos básicos: ¿Por qué no transcribir íntegramente una conversación entre Stalin y Pasternak en lugar de extractarla? Y excesos de todo tipo. Estilísticos ("¡Repiquetea ya, máquina de escribir! ¡No enmudezcas, mi férreo ruiseñor!"); de fondo: al lector no le interesa para nada, o muy poco, las objeciones que recibiera el autor al respecto de su trabajo de investigación, máxime cuando no representaron un obstáculo real y no impidieron ni frenaron su trabajo. Y excesos de forma: "Si [Tólstoi] hubiera vivido durante los años del gobierno bolchevique, es seguro que no habría podido evitar la espada represiva de la Checa". Es posible, incluso probable. Pero la frase sobra.
Si este libro se lee contra la planilla teórica del texto de Coetzee, el lector se verá considerablemente iluminado sobre el hecho de la represión soviética en la literatura. Leído en solitario, el lector echará en falta información previa y más documentación de la aportada (que se insinúa que existe) y, sobre todo, una investigación colateral de los hechos.
Con todo, es lo que hay, y bienvenidos sean los documentos descubiertos, que nos relatan las tragedias de unos escritores que fueron asesinados, de una u otra manera, por necesidades o caprichos de Estado.