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Ara Sí que Toca!, de Francesc-Marc Álvaro

Por razones obvias, este Ara Sí que Toca! [¡Ahora Sí Toca!], subtitulado Jordi Pujol, el Pujolisme i els Succesors [Jordi Pujol, el Pujolismo y los Sucesores], ha adquirido un renovado interés.
Francesc-Marc Álvaro es un periodista inteligente y sagaz, lo que se denomina un "periodista de raza"; sus columnas sobre política (o sobre la sociedad en general) son siempre interesantes, a veces más por lo que insinúan que por lo que puede contar (en el terreno en el que se mueve Álvaro, las declaraciones off the record, anónimas o cuyos autores desmentirían lo dicho si se publicaba que ellos eran la fuente, son habituales); es también uno de los que mejor se mueven en el ámbito político catalán, y es independiente, cosa que no es tan frecuente como debería.
Sé que el caso Jordi Pujol y su confesión de delito fiscal cansa, indigna, tal vez incluso desconcierta a algunos. Sus derivadas son imprevisibles, y la verdad sobre el caso, esquiva.
Pujol ha sido en Cataluña un icono, un sistema de gobierno, una presencia, un padre de la patria (y a veces parecía padre, madre y padrinos), un símbolo y casi un mito. Unos pocos siempre tuvimos cierta prevención hacia él, sobre todo desde que el caso Banca Catalana tenía todo el aspecto de ser, mirado desapasionadamente, constitutivo de, por lo menos, mala administración (para los que no estén al corriente, esa fue la primera ocasión en la que Jordi Pujol se envolvió en la bandera diciendo que quien le atacaba a él, atacaba a Cataluña. Y le salió bien; de hecho, le salió de fábula). Pero con los años, con resignación u orgullo, según el color político, se convirtió en figura referencial de la realidad y sociedad catalanas.
Por todo ello, y hoy que cae el mito y Pujol confiesa haber defraudado a Hacienda, con cara de haber cometido una falta disculpable y nimia, como si eso no tuviese implicaciones políticas, el texto de Álvaro adquiere nueva dimensión. Ya en 2003 (y antes, aunque con mayor discreción) Álvaro se atrevía a pasear por las zonas oscuras del pujolismo, y el capítulo "El mejor equipo de su vida", sobre la familia des presidente, es particularmente revelador. Hoy, como mínimo, dos de sus hijos están siendo investigados. Álvaro cuenta de ellos ciertos tejemanejes políticos y económicos de aspecto turbio. Lo que trasluce es que hubo una voluntad, si no de encubrimiento, sí de no investigar a fondo, y no es de extrañar: si Jordi Pujol ha ejercido el poder en Cataluña como un patriarca, no podía ser de otra manera que ejerciera de patriarca en el seno de su familia (auxiliado y tal vez inducido por su esposa, Marta Ferrusola, quien, según cita Álvaro "es la protectora oficial de la familia [...], la cabeza pensante del clan y la mejor organizadora").
Con el paso del tiempo y de los sucesos ocurridos, vemos que el análisis de este libro se acerca mucho a la realidad. Este paternalismo lo ejerció siempre, ya fuera en la acción de gobierno como en la de partido, incluyendo la elección de sucesor (o el descabalgamiento de candidatos a la sucesión). Como un monarca, Jordi Pujol se creó una posición por encima del bien y del mal como encarnación de Cataluña, y desde allí actuó en consecuencia en todos los ámbitos. Por supuesto, semejante actitud es hasta cierto punto legítima, pero poco sana en democracia, como se puede ver. Si se defiende el derecho de un hijo a contratar con la administración que uno preside, no podrás negar esa opción a tus correligionarios. Y si ejerces el poder de forma personal e individual, lo que declaras es que los miembros de tu partido pueden hacer lo mismo en sus ámbitos de influencia.
Esperemos que estas trastiendas salgan a la luz. Y que Francesc-Marc Álvaro nos las cuente.

Edicions 62, col. No Ficció
Barcelona, 2003 [2003]

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La Marcha de la Locura. De Troya a Vietnam, de Barbara W. Tuchman

Barbara Tuchman alcanzó justa fama y el premio Pulitzer con su fenomenal Los Cañones de Agosto, donde exponía con claridad absoluta los estadios iniciales de la Primera Guerra Mundial, amén de escribir una de las páginas más bellas de la historiografía al respecto de la desaparición del mundo decimonónico y la violenta entrada en otro paradigma global.
Con ese hito, que le permitió superar reticencias y discriminaciones más bien malintencionadas (y bastante machistas, todo hay que decirlo), Tuchman desarrolló una obra ensayística en el campo de la historia que merece mucho la pena.
La Marcha de la Locura trata sobre la insensatez en el gobierno. Aunque no en todos los casos, esa tozudería irracional, esa locura, suele acabar en conflicto armado, con nefastas consecuencias, lo cual emparenta este libro con Sobre la Psicología de la Incompetencia Militar, de Norman F. Dixon, con el que comparte parte del análisis psicológico de esa insensatez. Tuchman declara que hay muchos casos de incompetencia militar que ayudan a esa insensatez de gobierno, pero que no son el objeto de este libro, lo cual sugiere la inquietante noción de que en política, la incompetencia se da por supuesta y que hay un grado más allá, una inspiración filosófica por así decirlo, que raya en la locura y que causa (más) incompetencia.
En la introducción, Tuchman proporciona ejemplos de estas situaciones, tan numerosas como inquietantes: las invasiones de Rusia de Carlos XII, Napoleón y Hitler; Moctezuma y su inacción ante las tropas de Cortés; la tozudería de Chiang Kai-shek en su construcción nacional de una nueva China; la carrera desaforada del crecimiento económico (y recordemos que esto se escribía en 1984); la aventura de la Armada Invencible; la caída del Imperio Romano; la del zarismo en Rusia. El lector puede, seguro, aportar muchos más ejemplos. 
Las causas las cifra la autora, solas o en su combinación, en la tiranía u opresión, la ambición excesiva, la incompetencia o decadencia y la insensatez o perversidad. Se centra en ésta última, y pone cuatro ejemplos que analizar: la Guerra de Troya, los papas renacentistas y la secesión protestante, la pérdida de las colonias británicas en América y la Guerra de Vietnam.
La parte dedicada a la Guerra de Troya es la más breve (al fin y al cabo, las fuentes son escasas y son lo que son; tampoco es que se pueda dar una gran fiabilidad histórica a Homero, Virgilio o Arctino de Mileto), pero es pertinente porque su ejemplo es palmario de actitudes políticas posteriores. Cuando el ejército aqueo se desvanece de la noche a la mañana dejando sólo un gigantesco caballo de madera, únicamente se puede calificar de locura introducir esa figura en la ciudad, no registrarlo ni comprobar su interior y despreciar todos los avisos acerca de una estratagema de los griegos para traspasar las murallas de Ilión.
Pero, ¿cómo se puede calificar las continuas actitudes y legislaciones que irritaban más y más a los ciudadanos de Nueva Inglaterra y la continua negativa a llegar a un acuerdo que los convirtiera en lo que ya eran salvo de iure, es decir, buenos súbditos del rey Jorge III?
¿Cómo explicar la espiral de autocomplacencia en el poder y desprecio de la espiritualidad que llevó a los papas renacentistas a ignorar los reiterados avisos de que o limpiaban su propia casa u otros lo harían por ellos?
¿Cómo comprender que administraciones republicanas y demócratas se empeñaran en una guerra no declarada, con un objetivo imposible de conseguir, teniendo en cuenta además el precedente del fiasco francés en Indochina? Un empeño que dinamitó la sociedad estadounidense y se llevó por delante el patriotismo, la confianza en el gobierno y causó un síndrome de inferioridad que provocó una escalada en la prepotencia de la política exterior norteamericana, que ha causado reticencias y desconfianzas en aliados, neutrales y enemigos desde entonces y, en definitiva, una pérdida de prestigio irremediable respecto de los Estados Unidos como líder mundial.
Pues Tuchman da el primer paso para explicar eso y trazar líneas de contacto comunes que puedan dilucidar los porqués de conductas en apariencia caprichosas y en definitiva inhumanas precisamente por demasiado humanas. En ese aspecto, el libro abre un campo, si no nuevo, sí apasionante, como es el de buscar los motivos reales de la política. La autora declara que, por lo general, los historiadores suelen buscar con tanto ahínco la racionalidad en la Historia que tienden a no creer que los gobernantes puedan comportarse irracionalmente. Y acierta en esa tesis porque, si lo miramos bien, la historia del gobierno de la humanidad consiste en una continua evolución y búsqueda de instrumentos para desterrar la irracionalidad de la gobernanza. Señalar con los ejemplos mostrados que todavía no se ha alcanzado ese punto y que los sistemas son falibles no es sino aportar un enfoque nuevo y fundamental tanto a la historiografía como a la filosofía política.

(The March of Folly. From Troy to Vietnam)
RBA Libros, col. RBA Historia
Barcelona, 2013 [1984]

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Amos de la Guerra. El Corazón del Conflicto 1939-1945, de Simon Berthon y Joanna Potts

Dentro de las muchas historias sobre la Segunda Guerra Mundial que han surgido en los últimos tiempos, parece haber una cierta competición en la búsqueda de la originalidad. La verdad es que, a nivel general (otra cosa es en aspectos muy concretos), por mucho que se vayan desclasificando documentos y se haya accedido a los codiciados archivos de la Unión Soviética, a nivel general, lo que podríamos llamar la historia mayor o a grandes rasgos, muy poco nuevo viene a modificar lo ya sabido desde hace décadas.
Este Amos de la Guerra (una traducción más correcta hubiera sido "Señores de la Guerra", pero este término hoy día parece tener otras connotaciones) se centra en las relaciones que mantuvieron entre sí los cuatro grandes líderes del conflicto, Churchill, Eisenhower, Hitler y Stalin. En realidad, sólo entre Churchill, Eisenhower y Stalin, que fueron los que se relacionaron en persona y por otros medios, como aliados que eran. Hitler está porque debe estar, y porque algo dijo (a veces cierto, muchas otras erróneo) sobre los otros tres líderes, aunque tampoco tenemos referencias directas, sino a través de Goebbels.
Dejando sentado esto, lo que hay de nuevo en este libro es muy poco. Cierto, diarios inéditos de personalidades muy cercanas a estos corazones de poder, como por ejemplo el de Iván Maiski, embajador soviético en Londres, o ciertos documentos desclasificados del MI5 británico (debidos a la investigación de Joanna Potts) sobre la actividad del espionaje soviético en Gran Bretaña, incluyendo los famosos topos introducidos en los servicios secretos, y que uno sospecha que pueden dar lugar a un apasionante libro sobre el espionaje durante la Segunda Guerra Mundial. Pero por lo demás, muy poco nuevo. Que Churchill fue el perdedor de la partida a tres; que Eisenhower pecó de ingenuo en sus relaciones con Stalin y se dejó engañar por éste; que Stalin no tenía la menor intención de cumplir sus compromisos. Todo esto ya se sabía.
Pero no siempre la novedad justifica un libro. Y en este caso lo que le da razón de ser es hablar únicamente de estas relaciones (que fueron muy decisivas, no hay que negarlo) como tema del ensayo, con sólo la mera situación temporal sobre los acontecimientos. En resumen, siempre ocupan un espacio en las historias generales sobre este conflicto, pero aquí están detalladas, documentadas en primera persona o con testigos directos, y pueden verse las evoluciones psicológicas, tácticas, engaños y aspiraciones de cada uno. Y el resultado, como también se sabía, es que entre los aliados hubo de todo menos confianza; y más que algún momento de juego sucio. Así es la guerra.

(Warlords. The Heart of Conflict 1939-1945)
Eds. Destino, col. Imago Mundi
Barcelona, 2007 [2005]

1545_1_Amosdelaguerra.jpg
Simon Berthon / Joanna Potts
Una forma distinta de contar la Segunda Guerra Mundial: a través de los ojos y las mentes de sus cuatro grandes protagonistas.

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Paraules Sobre la Paraula, de Václav Havel

(Slovo o Slovu)
Llibres de l'Índex, col. Sinistra
Barcelona, 1990 [1989]
Trad. de Monika Zgustová

In Memoriam: Václav Havel (1936-2011)

La muerte de Václav Havel ha sido recibida con pesar, pero aún así, y fuera de Centroeuropa, no se han declarado las auténticas dimensiones de esta personalidad que, sobre todas las cosas, fue un hombre digno.
Habría mucho que decir sobre la dramaturgia de Havel, y esta será una deuda que este blog espera reperar a la larga o a la corta. Pero hoy es mejor recordar una figura íntegra en uno de sus textos que pueden resumir mejor la combinación de todas las cosas que fue Havel.
Intelectual, escritor, disidente, represaliado, figura emblemática de una revolución incruenta, presidente de Checoslovaquia, gestor de una secesión, de nuevo, incruenta, presidente de la República Checa y, retirado de la vida pública, referente moral.
Todo eso fue en vida Václav Havel, y llamo la atención en que todas esas cosas que fue las realizó sin caer jamás en ningún tipo de dogmatismo: ni el del socialismo, ni el del anticomunismo, ni el de la indivisibilidad de la patria, ni de ningún otro tipo.
Paraules Sobre la Paraula [Palabras Sobre la Palabra] es el discurso de aceptación del Premio de la Paz concedido en Frankfurt en 1989 por la Asociación de Libreros Alemanes. No pudo ir a recogerlo él mismo, puesto que las autoridades, en uno de esos estertores agónicos, le prohibieron el viaje. Dos meses después se producía la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia. En un texto cortísimo, como deben ser los buenos discursos, Havel logra condensar todo lo que tiene que decir sobre el poder de las palabras, para bien o para mal, y resulta de ello un texto a la vez esperanzador y conmovedor, por el sufrimiento que las palabras han ocasionado, pero también por las esperanzas que han causado.
«¿Tan poderosa es la palabra humana como para poder cambiar el mundo e influir en la historia? [...] Ustedes viven en un país donde la palabra goza de una gran libertad [...] por eso pude parecerles que sobrevaloro el significado de la palabra, yo que vivo en un país donde las palabras pueden ser causa de prisión.»
Buen literato, utiliza una fina ironía para referir los aconteceres de este peligroso uso de la palabra:
«Mi amigo Petr Cibulka está en prisión por haber difundido textos impresos en samizdat y grabaciones de cantautores y conjuntos musicales no conformistas. Sí, todo esto es cierto. Vivo en un país en donde un congreso de la Asociación de Escritores o una conferencia pueden hacer temblar los cimientos del sistema político. Se puede imaginar algo semejante en la República Federal de Alemania? Sí, vivo en un país que hace veintiún años tembló bajo los golpes de un texto de mi amigo Luvík Vaculik, un texto que llevaba por título ─como dando apoyo a mis reflexiones sobre el poder de la palabra─ 2.000 Palabras; este texto fue uno de los motivos por los cuales, una noche, cinco ejércitos extranjeros invadieron nuestro país.»
Pero «al lado de una palabra que estimula las personas con su libertad y veracidad hay otra que hipnitiza y fanatiza, una palabra frenética, falsa, falaz, peligrosa, mortal. Una palabra-flecha. [...] ¿Cómo era, de hecho, la palabra de Lenin? ¿Liberadora, o al revés, fraudulenta, peligrosa y hasta esclavizadora? [...] ¿Y la palabra de Marx? ¿Ha proyectado luz sobre todo un aspecto oculto de los mecanismos sociales o se trata sólo del germen discreto de todos esos terribles Gulags posteriores? [...] ¿Y la palabra de Freud?¿Ha revelado el cosmos oculto del alma humana o era sólo el germen de una ilusión con la que hoy se aturde la mitad de los Estados Unidos de América, la ilusión de que es posible aliviar nuestros sufrimientos y nuestras culpas haciendo descansar su carga sobre la interpretación de un especialista bien pagado? Pero iré más allá para plantear una pregunta todavía más provocadora: ¿Cómo era la palabra de Cristo?»
«La palabra también tiene su historia. Durante algunas épocas, para generaciones enteras de humillados y ofendidos, la palabra "socialismo" era sinónimo de un mundo más justo, y la gente era capaz de sacrificar muchos años, hasta su propia vida, por el ideal que esta palabra expresaba. No sé qué sucede en otros lugares, pero en mi país esta palabra, es decir, la palabra socialismo, se ha convertido en una porra con la cual, durante todo el santo día, unos cuantos burócratas nuevo ricos que no creen en nada no paran de pegar a sus compatriotas liberales, llamándolos "enemigos del socialismo" y "fuerzas antisocialistas". [...] ¡Qué extraños son los destinos de las palabras!» [...]
«Todos nosotros deberíamos luchar contra las palabras arrogantes y hacer de todo para buscar los huevos del cuco de la arrogancia en las palabras aparentemente humildes.
»Por supuesto no se trata de una tarea puramente lingüística. En tanto llama a la responsabilidad por la palabra y de la palabra se trata de una tarea esencialmente moral.
»Esta tarea, no obstante, no está anclada en el horizonte del mundo de nuestro campo visual sino más allá, allá donde reside esa Palabra que había al principio de todo y que no es la palabra del hombre.
»No me pondré a explicar porqué es así. Ya lo ha explicado, y mejor que yo, un antepasado suyo, Immanuel Kant.»

Havel tuvo el respeto que otorgan los enemigos (un respeto muy peculiar, que consiste en considerar "peligroso" a un hombre que utiliza, justamente, la palabra) y el respeto de sus amigos y hermanos en la intelectualidad y la inteligencia. Pese a haber vivido en un país cuyo "socialismo de rostro humano" fue aplastado de raíz, lo presidió más tarde sin jamás el menor asomo de revanchismo; tampoco dejó nunca de ser socialista, entendiendo como tal la preocupación por el individuo y el bienestar de éste y la sociedad dentro de la libertad. Fue un referente que, incluso desde el silencio, nos era necesario, porque no hay tantos hombres dignos que podamos señalar como tales. Descanse en paz.

Entrevista en la clandestinidad a Václav Havel, publicada en El Correo de la UNESCO
Texto en inglés de A Word About Words

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Confidencias de un Chorizo, de Juan Marsé

Ed. Planeta, col. Fábula
Barcelona, 19772 [1977]
Ilustraciones de Kim

Jamás reeditada, coyuntural, circunstancial dentro de la obra de Marsé, si se quiere, sin embargo esta obra presenta el interés de ser una visión humorística y comprometida de su autor respecto a una época concreta de la historia de España, como fue la de la pretransición.
Hasta cierto punto es comprensible que el propio Marsé no desee volver a tenerla en el mercado. Marsé colaboraba por aquel entonces en una de las grandes y añoradas (y secuestradas y perseguidas) revistas de humor que han existido en nuestro país, Por Favor. En ella, realizó una serie de artículos (que, por lucidez, parecen editoriales), tan surrealistas como la españa del gobierno Arias Navarro, que para aquellos demasiado jóvenes o demasiado desmemoriados, representaba, no el franquismo después de Francoa, sino el franquismo sin el Franco físico pero con Franco presente en pensamiento, palabra, obra y omisión. Digo que es comprensible porque Marsé es un escritor lo bastante consciente como para no republicar una obra que, hoy día, necesitaría ciertas notas al pie para que las nuevas generaciones (o, insisto, también las desmemoriadas) comprendieran de qué se estaba escribiendo.
Sin embargo, es una lástima. Ya en su día "El Vampiro de la Sagrada Familia" fue antologado como una pequeña obra maestra del humor contemporáneo. Leídas en su totalidad, algunas otras de estas confidencias merecerían perdurar.
La composición de este volumen es la que promete el título. Un ladrón surrealista confidente de la policía informa a un comisario (descaradamente franquista y que luego será sólo descaradamente "de orden") sobre las cosas que suceden en el día a día de la calle: los fachas campamdo por las calles, los secuestros de libros, las esperpénticas declaraciones del gobierno, la censura, el nacionalcatolicismo, las manifestaciones (y la estopa que se repartía en ellas), las balas perdidas (o las balas al aire que acababan en el vientre de alguien en una época curiosa de perversión de las leyes físicas, en la que, en palabras del Perich, alguien quemaba los bosques, pero las librerías no; las librerías ardían solas), etc.
Si creen que Marsé podía tratar estos temas a las claras, se equivocan. Con la censura funcionando a tope, Marsé tenía que decir silbando lo que no se podía decir hablando. Pero lo silba muy bien. La acidez, el humor irónico y satírico y la referencia constante a la realidad revelan y reflejan una época tan surreal que no podía expresarse sino con la misma extemporaneidad. Es lógico que Marsé no quiera reditar este libro; pero también es una lástima.

Portada y sinopsis en la página oficial de Juan Marsé

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El Arte de la Mentira Política, de Jonathan Swift

(The Art of Political Lying)
Eds. Sequitur
Madrid, 20092 [1712]
Edición bilingüe
Edición y traducción de Francisco Ochoa de Michelena
Introducción de Jean-Jacques Courtine

Aclaremos que, en una ironía muy acorde con el título, este libro no fue escrito por Jonathan Swift, sino por John Arbuthnot. Sencillamente, y conociendo el paño de las sátiras de Swift, le fue atribuido, sin duda porque el tono y estilo parecían muy propios del cínico irlandés. Arbuthnot, modesto y muy poco preocupado por temas tales como la autoría y la posteridad, no se ocupó en absoluto de enmendar el error; aclaremos también que Arbuthnot no era un desconocido ni en la escritura panfletaria (en una época en la que la mejor escritura panfletaria no tenía las connotaciones negativas que ese adjetivo confiere en la actualidad, sin duda alguna una lección a retener por los que se dedican a poner etiquetas a los géneros), ni en el arte de la sátira: fue el creador del personaje John Bull, una personificación literaria del inglés medio que pervive hasta nuestros días.
Y aclaremos que el texto que sobrevive y se publica no es un tratado. Como nos informa convenientemente el título original (extenso como se estilaba en la época), Tratado Ciertamente Curioso que se Propone Mediante Suscripción φευδολογα πολιτικη o El Arte de la Mentira Política. Resumen del Primer Volumen del Mencionado Tratado, se trata más bien de una recensión. El caso es que no sabemos si el tratado se llegó a escribir jamás o bien si, inédito, se perdió. A efectos prácticos, lo que pervive es un ejemplo avant la lettre de ese género tan querido por Borges y frecuentado por Stanislaw Lem de la crítica a un libro inexistente.
Libro que, sin duda, y conociendo la prosa dieciochesca que se estilaba, hubiera sido mucho más pesado que esta recensión que se publica. Y que es deliciosa. Conociendo también los modos de principios del XVIII, ya metidos en el cartesianismo, procede con todo método desde el origen de la mentira hasta el saber si una mentira se contrarresta mejor con una verdad o con otra mentira; por supuesto, el autor opina que la mejor manera de destruir una mentira es con otra.
Lleno de hallazgos felices, como por ejemplo las mentiras de comprobación, aquellas que se dejan caer para sondear la credulidad del pueblo; o la sabia recomendación de que los jefes de partido no se crean sus propias mentiras.
Este opúsculo irónico y mordaz, a trescientos (!) años vista sigue teniendo una actualidad, una propiedad para los tiempos que corren que a la vez asombra y avergüenza.
«La mentira política, dice, es el Arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables y hacerlo a buen fin. Lo denomina Arte para distinguirlo así de la acción de decir la verdad, para la cual al parecer no se precisa de ningún arte. Pero, aceptada esa definición, la misma sólo se refiere a la invención ya que, en efecto, se requiere más arte para convencer al pueblo de una verdad saludable que para hacer creer y aceptar una falsedad saludable. [...] Por la palabra buen [fin], no entiende lo que es absolutamente bueno sino lo que así le parezca al que hace profesión del arte de la mentira política.»
Irrebatible.

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Noticias del mes de mayo en las plazas

Pese a que, si hacemos caso a las declaraciones, medio país estaba en París en mayo de 1968, apenas nadie ha señalado las similitudes que hay entre el glorioso 68 y este movimiento llamado "del 15-M", "Democracia Real" o "de los indignados". Tampoco nadie ha resaltado la casualidad de que ambos hayan sucedido en sendos meses de mayo.
Bueno, pues yo sí. Y el título de esta diatriba se inspira en la crónica/poema/proclama de Julio Cortázar, Noticias del Mes de Mayo, un texto que recomiendo vivamente a los acampados.
Vaya de principio mi simpatía para con ellos. No sólo por lo que les han dicho ya: que demuestran que la juventud no es pasota; que son responsables; que muestran una gran dignidad. No, además de eso, y frente a los que les alaban y agradecen su moderación (léase que no rompen cosas ni son violentos; un halago que es casi un insulto: ¿Pero con quién se figuran que tratan, y qué idea tienen de los jóvenes?), frente a eso, digo, yo lo que les agradezco es el valor.
En cuanto a insultos, los indignados ya han recibido unos cuantos. Desde melenudos (¿les suena?) a desharrapados, o perrosflauta (perros, en suma). Da igual. Hay insultos que, viniendo de quien vienen, son los mayores elogios.
Otras cosas son menos explicables. Se les acusó de no tener propuestas. ¿desde cuándo es el paciente el que tiene que proporcionar la cura? El deber de un buen paciente es el de declarar los síntomas y el de quejarse: del dolor o del maltrato. Pero también da igual, porque las propuestas ya han empezado a surgir.
Se han reído de sus lemas. Si eso es profundidad de análisis en comentaristas sesudos y oh tan correctos y ordenados, en ese caso toda indignación es lícita. Porque si creen que al mundo hay que juzgarle por sus eslóganes y no por sus ideas, quiere decir que hay que cambiar de una vez por todas de ideólogos, de publicistas y de analistas.
Se les ha dicho que no tienen ideología política concreta. ¿Les recuerdo una frase escrita en la facultad de Nanterre en mayo del 68?: «Soy marxista de la tendencia Groucho». ¿Les basta?
En Cataluña, además, les han mandado a los antidisturbios, sin duda por orden de un conseller que, después de escuchar cómo su presidente calificaba los resultados de unas elecciones municipales como un refrendo a su política de recortes sociales, y contagiado del mismo espíritu, se sintió también refrendado e imbuido de esa frase, también del mayo francés, en la que se veía a De Gaulle diciendo: «Hoy votad, que yo haré el resto». Como todo no está perdido, el Síndic de Greuges ve razones para actuar contra la actuación policial. Pero ese conseller que se pasa de frenada siempre ha dado la impresión de simpatizar con la frase de Eutanasio Rodríguez, personaje de Les Luthiers: «de no ser por nuestra incansable acción de gobierno, nuestras calles estarían llenas de pornografía, de corrupción,... ¡de gente!»
Otros esperan. A que los indignados se cansen. A que desaparezcan de las noticias. O, a las malas, a que llegue el invierno y el frío los desaloje.
Yo espero, pero otras cosas. Que no se cansen. Que generen noticias; la imaginación, si no alcanza el poder, sí puede alcanzar las páginas de los periódicos. Y frente al mal tiempo, los campus, las facultades u otros sitios más benignos están ahí y son espacios ciudadanos. La imaginación proveerá.
También espero que no surja ningún Daniel Cohn-Bendit de este movimiento. Que sigan llamándose por el nombre de pila los interlocutores con el poder y los medios. Sin duda intentarán que surjan individualidades de ese colectivo. Es una forma de domesticarlo. Pero si los partidos admiten el voto secreto pero identificado como colectivo, también tienen que admitir portavoces identificados pero anónimos, representantes de un colectivo.
Espero que la conciencia se quede en la calle. Tal vez no acampando permanentemente, que varíe su ubicación, su forma, su manifestación, pero que no desaparezca. Espero que esté mucho tiempo. Por siempre, si es necesario, hasta que se produzca un cambio de paradigmas y la democracia recupere el protagonismo frente a los políticos, la política frente a los mercados y el "hasta aquí hemos llegado" frente al "es inevitable". Hace demasiado tiempo que se ha abusado de nuestra paciencia. Es hora de utilizar esta paciencia contra los abusos. Sin caer en provocaciones, sin emplear la violencia. El pacifismo pone muy nerviosos a los totalitaristas. Es hora de que la conciencia tome las calles y desde allí las urnas, la política y la economía.
«La Inteligencia camina más que el Corazón pero no va tan lejos.» (Proverbio chino escrito en las paredes de la Sorbona, mayo de 1968.)

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Historias de Roma, de Enric González

RBA Libros
Barcelona, 20102 [2010]

El género, no del libro de viajes, sino del relato personal de una estancia o un periplo por una tierra extranjera y, por tanto, exótica en el segundo sentido de la palabra, es decir, chocante, es uno que tiene gran tradición. No menor entre los precedentes, y más importante de lo que parece, fue el díptico de Jerome Klapka Jerome, Tres Ingleses en una Barca (sin Contar el Perro) y Tres Ingleses en Alemania; si bien Jerome decantaba la esencia de su relato hacia el humor, no obviaba estos contrastes que se producen entre el viajero y lo viajado. En el caso de Historias de Roma este último aspecto es el dominante, pero por suerte Enric González no olvida la ironía del viajero, que no se trasluce en chovinismo, sino en la sonrisa que provoca comprobar que, todavía y a pesar de la globalización, tenemos cosas que nos hacen diferentes aún siendo similares. Y que en los diversos lugares hay pequeñas historias que merece la pena conocer y que no relatan las guías de viajes.
Enric González es hijo de Francisco González Ledesma, lo cual no tiene nada que ver con las bondades literarias o periodísticas, pero imprime carácter. También es periodista, ha sido corresponsal de El País en Londres, París, Nueva York, Washington, Roma y actualmente en Jerusalén (con algunas escapadas a Egipto, para presenciar la caída de Mubarak). También interviene en una minitertulia radiofónica los lunes en Ràdio Barcelona, junto a Josep Martí Gómez, y si la denomino minitertulia es porque siempre me sabe a poco: sin desdeñar el rigor, la denuncia y el dato objetivo, el buen humor y la fina ironía la presiden. Como nadie es perfecto, es aficionado del R. C. D. Espanyol. Viene a cuento esta afirmación porque es autor de Historias del Calcio, que es uno de esos escasos textos literario-periodísticos sobre el fútbol que merecen la pena leerse. Y ha escrito también Historias de Londres e Historias de Nueva York, en el mismo espíritu que estas de Roma.
Historias de Roma se inicia así: «En casa, es decir, en Palazzo Massimo, teníamos capilla. Y campanario. Eso me impresionaba. Me hacía sentir importante, como un cardenal o un torero. Cada 16 de marzo sonaban las campanas para conmemorar un milagro ocurrido tiempo atrás en el palacio. El de Palazzo Massimo, conviene subrayarlo de antemano, fue un milagro extraordinariamente sutil. El 16 de marzo de 1583, en una de las estancias, murió el joven Paolo Massimo. La familia fue a buscar a Felipe Neri, al que llamaban, con las explosivas labiales del romanesco, Pippo bbono, para que resucitase al chico. El futuro santo salpicó el cadáver con agua bendita e hiso sus invocaciones, hasta que el joven Paolo abrió los ojos, recobró la vida y se incorporó en el lecho. ¿Saben qué dijo el resucitado? Que muchas gracias, pero que prefería volver a morirse. Ese milagro tan ambiguo, tan abierto a interpretaciones, podría ser una parábola sobre Roma: viva y muerta, esforzada e indolente, teatral e indescifrable.»
¿La han notado? Esa ironía benéfica es omnipresente en todo el libro. Pero también pueden percibir otra cosa, como es la mirada de alguien que no transita por los lugares, sino que va más allá, profundiza y se interroga: Sobre la historia y el carácter de los romanos, sobre la política, sobre el fútbol, sobre la gastronomía,sobre la mamma, sobre la burocracia y la cultura, sobre todo, en fin.
La gran cualidad de este libroes su profundidad amical, en absoluto despreciativa o con aires de superioridad, sino proveniente de alguien que recorre los lugares y las gentes con una sana y escéptica curiosidad. Su gran defecto es que es demasiado corto; como con todo lo de Enric González, uno se queda con ganas de más.

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El Caso Moro, de Leonardo Sciascia

(L'Affaire Moro)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2010 [1978]

Cuando en 1978 se produjo el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro, Leonardo Sciascia era precisamente diputado por el Partido Radical y formó parte de la comisión parlamentaria que investigó el caso y emitió un informe sobre el mismo. Este informe forma parte de este libro, pero que no sorprenda a nadie que ocupe 33 páginas de las 186 totales. Aunque duro con ciertas actuaciones e ineficiencias policiales y con algunos hechos, este informe comisionado no podía entrar en trasfondos morales ni en hipótesis sobre lo que el gobierno y el partido Democracia Cristiana podía hacer y no hizo o sobre la dirección que tomó su política durante la crisis. Pero la persona Sciascia sí.
Les ruego que lean, por favor, el resumen de contraportada que encontrarán en el enlace al pie de esta reseña; constituye una recensión interpretativa por sí misma.
El núcleo del razonamiento de Sciascia es ese "afirmaban [...] que las cartas escritas por Moro desde el cautiverio eran obra de un loco o fruto de la coacción". En efecto, en un principio Moro intenta ganar tiempo pidiendo la negociación, mientras en sus cartas da pistas sutiles para, como mínimo, circunscribir la búsqueda policial a la zona de Roma donde se hallaba prisionero (sin éxito). Pero, casi de inmediato, la reacción a esa petición de canje es automática: «Moro ya habla como un miembro de las Brigadas Rojas: ésta es la tesis que, como una losa, cae sobre el hombre vivo, lúcido y batallador que Moro sigue siendo en la "prisión del pueblo", mientras se recuerda y se celebra al Moro difunto, al Moro digno de un monumento, al "gran estadista" que Moro nunca fue. En su vieja ensoñación o alucinación del Estado (y lo digo sin sarcasmo, porque también yo padezco de esa ensoñación o alucinación, sólo que él cree haber visto al Estado alguna vez en Italia, y yo nunca), Montanelli entonó un "réquiem por Moro", mientras que el diputado comunista Antonello Trombadori proclamó, en los pasillos del Congreso: "¡Moro ha muerto!". Y un selecto grupo de "amigos de Moro", entre sus muchos "amigos", redacta un monstruoso documento renegando de él: el Moro que habla desde la "prisión del pueblo" no es el Moro que conocimos».
Es un mecanismo frecuente y reconocible. De repente, Aldo Moro, que poca cosa podía hacer en sus cartas, deja de ser "de los nuestros". Por tanto, pasa a ser "de los otros", en ese maximalismo despiadado. Y si es "de los otros" es uno de ellos con todas las consecuencias; y "los otros", mejor muertos que vivos. De hecho sólo volverá a ser el Moro "que conocimos", el Moro "de los nuestros", si muere, santificado por el martirio y expiada su culpa de haber insinuado que se podía negociar un canje. Es un mecanismo de alienación conocido, y desde ese momento la sentencia de muerte para Moro es extendida, al alimón, tanto por los brigadistas como por los propios compañeros de partido y de gobierno de Moro.
En esta sentencia terrible, en esta deshumanización tremenda, Sciascia compone una sobrestructura contenida pero intensa, y en extremo inteligente, que intenta, si no comprender, sí por lo menos explicar cómo frente a la brutalidad de los terroristas, toda una maquinaria política y las se supone personas que la integraban  pudieron colaborar para dejar a un hombre solo y sin más alternativa que la de morir por los disparos de una pistola con silenciador.

Portada y sinopsis

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I Veleni del Crimine, de Carlo Lucarelli

Giulio Einaudi Ed., col. Stile Libero Big
Turín, 2010 [2010]

El hiperactivo Carlo Lucarelli, además de escritor de policiacos notables y que muestran una adecuada preocupación por la historia reciente de Italia, es el conductor de un programa de televisión, Blu Notte, donde se repasan casos criminales italianos. Pero, dentro de ese mismo programa, hay una serie dedicada a Misterios de Italia.
Subtitulado Storie di Mafia, Malapolitica e Scheletri Negli Armadio che Intossicano l'Italia [Historias de Mafia, Mala Política y Esqueletos en Armarios que Intoxican Italia], estos misterios huyen del amarillismo al que nos han acostumbrado las cadenas privadas españolas, y se asemejan más al formato 30 minutos o 60 minutos que constituyen un modelo de periodismo, si no de investigación, sí de exposición.
Este libro es la transcripción de esos programas que tocan temas generales (o que van de lo concreto a lo general) y que forman parte de una historia de escándalos morales, éticos y políticos.
L'Archivio della Vergogna [El Archivo de la Vergüenza], sobre las matanzas ¿olvidadas? de la segunda guerra mundial, no siempre cometidas por, o sólo por, nazis, un tema de memoria histórica que, en un momento dado, fue arrinconado literalmente en un armario vuelto contra una pared y dejado allí tal vez con la esperanza del "ojos que no ven, corazón que no siente". P2, una trama menos masónica que de tráfico de influencias y capitales que tuvo unas ramificaciones criminales. Tangentopoli [difícil traducción; tal vez "comisionópolis", entendiendo por comisión no aquella que cobra un intermediario lícito, sino aquella que, en Italia, se pagaba siempre a todos los partidos políticos por toda adjudicación de obras y servicios]. Mafia e Politica [Mafia y Política], sobre la relación entre ambas organizaciones. Racket [Extorsión], sobre los héroes, a veces pequeños, a veces asesinados, que se han atrevido a negarse a pagar la cuota de "protección" a las diversas organizaciones mafiosas. Il Clan dei Casalesi [El Clan de los Casaleses], sobre las actividades de la camorra, junto con el revulsivo que supuso el libro de Roberto Saviano Gomorra, un cambio de mentalidad en Italia, en una guerra que continúa. Amianto, sobre los casos continuados de muertes, cáncer y enfermedades asociadas a la explotación y uso de este material. Ilaria Alpi, una periodista asesinada en Somalia, un caso con muchos claroscuros y desaparición de cintas de vídeo y cuadernos de notas muy críticos y/o reveladores sobre la cooperación y ayuda económica italiana a Somalia.
Todo ello es italiano, pero en España tenemos casos similares, que son evidentes para cualquiera mínimamente informado. Y los no españoles seguro que encontrarán sus similitudes. Pero siguen siendo casos italianos; y sin embargo, cuando el tema está bien tratado, y Lucarelli y su equipo cuidan este tratamiento huyendo, insisto, del amarillismo; cuando está bien tratado, las situaciones pueden ser diferentes pero las reflexiones éticas de los protagonistas, jueces, políticos, etc., son perfectamente universales y válidas. Por eso estos libros y programas son útiles. Porque nos ayudan a reflexionar sobre nosotros mismos mediante el caso ajeno.

Portada y sinopsis de la edición italiana

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Escritos Corsarios, de Pier Paolo Pasolini

(Scritti Corsari)
Eds. del Oriente y del Mediterráneo, col. Encuentros, serie Comunicación
Madrid, 2009 [1973-1975]
Trad. de Juan Vivanco Gefaell

Al lado del cineasta, es menos conocido el excelente Pasolini novelista, el poeta (más que bueno) y el articulista. Es esta última faceta la que se explora en este libro, concretamente los artículos de prensa publicados los años 73, 74 y 75 (justo el año de su nunca esclarecido asesinato). Una miscelánea compuesta de críticas de libros, artículos de fondo, polémicas políticas y reflexiones personales y sociales.
En estos artículos descubriremos al Pasolini que se intuye en su obra fílmica, el intelectual comprometido, polemista feroz, capaz de discutir con los grandes intelectuales de su tiempo (Eco, Sciascia, Moravia, Calvino...), pero que lo hace desde un respeto que se percibe mutuo y desde el argumento intelectual, apasionado pero no pasional.
Pero el lector se llevará una sorpresa. En efecto, Pasolini, desde el primer artículo leído, se muestra como un hombre de clarividencia excepcional. Sorprende que en el tratamiento de temas concretos de su tiempo, Pasolini se mostrara capaz de analizar y situar en el futuro la evolución social, no sólo italiana sino occidental, una evolución que tal vez pudiera intuirse en la década de los setenta, pero que Pasolini traza argumental e intelectualmente conclaridad, de tal manera que lo que está sucediendo en pleno siglo XXI Pasolini ya lo viera entonces: la disolución de las diferencias de clase, la unificación del proletariado en la pequeña burguesía, el consumismo como ideología predominante (que hizo obsoletas las ideología comunista y vaticanista) y la aculturación de las clases populares.
La imagen de Pasolini como un comunista de partido no es exacta; en estos artículos se aparta de la ortodoxia del PCI (lo que provocó no poca furia contra su persona) y la denuncia como apartada de la realidad, como anquilosada y, sobre todo, como equivocada en la comprensión de la mentalidad de sus conciudadanos. En esa irreductible calidad de pensamiento uno intuye amargamente las causas que provocaron su asesinato. Incordio de los democristianos, a los que denominaba clerical-fascistas, incómodo para los comunistas, en una época en la que el partido radical italiano apenas tomaba impuso, su asesinato resultó, si no útil, sí por lo menos conveniente para muchos. Nos queda su obra, en la que sigue incordiando después de muerto a la clase política y a la sociedad conformista. No es que sus escritos vayan a cambiar nada. Pero demuestran la necesidad que tenemos de intelectuales de este calibre, y la escasez de pensamiento independiente y crítico.

Portada, sinopsis, algunos artículos de Pasolini y reseñas del libro

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El Factor Humà. Nelson Mandela i el Partit de Rugbi que Va Construir una Nació, de John Carlin

(Playing the Enemy. Nelson Mandela and the Game that Made a Nation)
Eds. La Campana
Barcelona, 2009 [2008]

Si se echa la vista atrás, el siglo XX no es uno de los que pueda sentirse particularmente orgullosa la Historia. Es probable que los hayan habido peores, pero lo dudo. No obstante, al lado de una guerra que iba a acabar con todas las guerras, a la que sucedió otra que la convirtió en un juego de niños, a las miserias de la descolonización, que culminaron con cinismo el colonialismo del siglo anterior, a la inexistencia de un solo día de paz en el mundo, a la guerra fría y su desvirtuación de facto de la democracia y la libertad, al lado de todas las catástrofes y desequilibrios, hay destellos deslumbrantes de grandeza. Cosas que no hubiera esperado ver jamás en mi vida.
El fin del apartheid en Sudáfrica fue una de ellas. O tal vez sí hubiera esperado verlo. Pero no de la manera en que se produjo, sin una guerra civil que parecía inevitable. Con una ausencia de revancha tan notable.
Este libro cuenta la historia de cómo fue posible.
A John Carlin lo hemos disfrutado en España, en colaboraciones en la sección internacional de El País, en artículos deportivos en los que demostraba una calidad casi literaria inusual en un género dominado por la carencia de estilo, de cultura y hasta de ortografía, y en intervenciones radiofónicas mesuradas, inteligentes y de voz cantarina a la que colabora ese acento inglés que le acompaña y que, extrañamente, le proporciona cierta autoridad.
También fue corresponsal en la República Sudafricana durante seis años. Pero esto es lo de menos, porque no se trata tanto de lo que viera en su estancia (aunque el deslumbramiento y la emoción que le debió provocar han hecho que lo pueda transmitir en este texto) sino que Carlin ha realizado un magnífico trabajo de periodista, entrevistándose con todos los protagonistas, ordenando los testimonios y presentándolos como un todo coherente.
Este libro se titula El Factor Humano. Nelson Mandela y el Partido de Rugby que Construyó una Nación, y no es una exageración. Sudáfrica vivió las tensiones de un momento de cambio planetario (la caída del muro de Berlín y del comunismo) que en la práctica dejaban al país como el paria del mundo en cuestión de derechos humanos fundamentales. Lo insostenible de esta situación, tanto exterior como interiormente, fue el motor que motivó la excarcelación de Mandela y el llegar a un acuerdo para la liquidación del sistema de apartheid. Eso ya era notable, pero para nada era todo. La nueva constitución fue votada sólo por una minoría de la población blanca; se hablaba de la constitución de un estado afrikáner blanco segregado del resto de la república. Mandela parecía detener los instintos de sus seguidores, y resistía con serenidad los intentos de desestabilización, plasmados en asesinatos de líderes negros, de blancos "traidores" y de figuras del poder blanco. Pero faltando Mandela, o a un desliz de éste, el eslógan "Un colono, una bala" o su contrario, la kaffirskietpiekniek, la cacería de kaffirs (negros, en sentido despectivo) se hubieran desencadenado. Viljoen, el líder blanco, decía «Estaba angustiado, muy angustiado. Se habían dicho muchas cosas positivas, ¿pero dónde estaba la prueba definitiva que yo podía mostrar a mi pueblo?»
Como dice Carlin, "la prueba era que Mandela demostrase que el pueblo de Viljoen era también su pueblo; que extendiese su abrazo afectuoso más allá de Constand Viljoen, John Reinders, Niël Barnard y Kobie Coetsee hasta abarcar a todos los afrikaners. El consejero legal de Mandela e íntimo confidente en la oficina presidencial, un abogado blanco llamado Nicholas Haysom, que había sido encarcelado tres veces durante los años de la lucha contra el apartheid, definía la misión muy convenientemente en términos épicos.
"«Lo llamamos la construcción de una nación. Hay una cita de garibaldi que lo ejemplifica con gran elocuencia. Cuando cumplió con su misión militar, Garibaldi dijo: 'Ya hemos creado Italia, ahora hemos de crear italianos'. El reto que Mandela afrontaba era mucho más complicado que el de Garibaldi. Italia estaba dividida pero era homogénea. En 1994 Sudáfrica era un país dividido histórica, cultural, racialmente y de muchas otras maneras diferentes.»"
Lo consiguió un partido de rugby, la final del Campeonato del Mundo de 1995. Si les parece increíble, bien, pero el hecho es que fue así y así sucedió. Quedan las hemerotecas para demostrarlo.
Pero si creen que fue fácil, es que les faltan datos. El rugby era el deporte de los blancos, era símbolo de la opresión, un instrumento más del apartheid. Los negros no jugaban al rugby, sino al fútbol. Y cuando asistían o veían un partido de los Sprigboks, la selección sudafricana, era para animar al equipo contrario y abuchear a los odiados portadores de la camiseta verde. Como símbolo era tan ajeno y odiado como la bandera tricolor, el Die Stem (el himno afrikáner) o la prisión de Robben Island.
Aquí voy a dejarlo, no por robarles un final que ya conocen, sino porque John Carlin ha conseguido, sin apartarse de sus fuentes, testimonios y hechos, componer un relato emocionante de cómo fue eso posible, cómo se construyó una nación, cómo unos jugadores blancos cantaron el doble himno sudafricano, cómo los blancos sintieron que "su" deporte era apoyado y celebrado, de manera que ya no era suyo sino de todos. Cómo, casi de un golpe, la normalidad se instauró en una nación.
¡Qué maravillosa es esta historia! Y qué luminoso puede ser a veces el ser humano, capaz de lo más abyecto y de lo más sublime. Todavía sonrío y me emociono pensando que si he podido ver este episodio de la Historia, tal vez queda esperanza para todos. Doy las gracias a quienes lo hicieron posible, y a John Carlin por relatarlo tan, tan bien.

Portada y sinopsis
Portada y sinopsis de la edición catalana

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Memorias de un Beduino en el Congreso de los Diputados, de José Antonio Labordeta

Eds. B, col. NoFicción/Crónica
Barcelona, 20099 [2009]

José Antonio Labordeta, para quienes no estén al caso, es cantautor, luchador antifranquista (con el pasaporte retirado durante siete años), profesor de instituto, buen poeta (hermano de un gran poeta ya fallecido, Miguel Labordeta), autor de Canto a la Libertad, un poema/himno que ha resistido el paso del tiempo y las vicisitudes políticas; y de, en tono más irónico pero igualmente reivindicativo, La Canción de Severino el Sordo; por ejemplo y entre otras muchas. Y es aragonés.
Por cuestiones familiares, he llegado a conocer a las gentes de Aragón. Y aunque hay de todo, como en todas partes, buenos y malos, cuando un aragonés sale bueno suele ser recio (de carácter; el físico es lo de menos), decir las cosas claras y tener a bien mantener la palabra dada. Lo que antes se hubiera conocido como "noblote", en el buen sentido de la palabra. Respecto a la proverbial tozudez aragonesa, tengo la impresión de que no es tanto un rasgo excéntrico como uno que surge del andar, quieras que no, hacia adelante por mucho que sople el cierzo (viento incordio donde los haya) o abrase el sol monegrino.
Labordeta es de los buenos.
Este libro son las memorias de cuando fue elegido durante dos legislaturas para ir a Madrid como único representante de Chunta Aragonesista, a meterse en el a veces circo, a veces componenda, unas pocas parlamento que constituye la máxima representación popular española, el Congreso de los Diputados. Durante la mayoría absoluta de Aznar y la primera legislatura de Rodríguez Zapatero. Pronto se convirtió en un forúnculo incómodo y odioso para la derecha.
Cabe preguntarse cómo alguien, metido en el Grupo Mixto, con un turno de palabra de, máximo, cinco minutos de tanto en cuanto, único diputado de un partido marginal dentro de los juegos de mayorías que se ejercen en el Congreso, y que (como a todos los del Mixto) hubiera sido tan fácil ignorar (la cortesía parlamentaria se perdió hace mucho tiempo) o marginar, se convirtió en un personaje tan odiado por los diputados del PP.
Supongo que tiene que ver con ese decir las cosas claras. Al fin y al cabo, ya lo dijo Rafael Sabatini en una de esas geniales frases de Scaramouche: «Los señores de la derecha se indignan. Es lógico; a los señores de la derecha no les gusta la verdad».
En la paramera parlamentaria que vivimos, gentes como José Antonio Labordeta hacen falta, pertenezcan al partido que pertenezcan, por inteligencia y discurso. Y dentro de la literatura parlamentaria, hace mucho tiempo que han desaparecido estas valiosas crónicas escritas por gente con criterio y expresión (y reflejar desde aquí la añoranza por el desaparecido Lluís Carandell). De modo que estas memorias parlamentarias son doblemente útiles y necesarias. No sólo reflejan uno de los períodos más tristes de la historia de la democracia española (en la que hubo una prepotencia parlamentaria y gubernamental que tuvo su reflejo en la Guerra de Irak, el Plan Hidrológico Nacional y culminó en el interregno en el intento de engaño del 11 de marzo), sino las miserias y también unas pocas grandezas de la actividad del legislativo. Un poder que, muchas veces, parece tan alejado del pueblo como Samoa lo está de España. Que en esa cámara esté alguien del pueblo y que explique lo que sucede allí día a día no nos hace más demócratas, desde luego, pero sí nos ayuda a implicarnos en una actividad que, queramos o no, nos guste o disguste, es necesaria.

Portada y sinopsis

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Contra la Censura. Ensayos sobre la Pasión por Silenciar, de J. M. Coetzee

(Giving Offense: Essays on Censorship)
Random House Mondadori/Debate
Barcelona, 2007 [1996]

En primer lugar, precisemos que el título original es levemente diferente de la traducción castellana. Vendría a decir: "Ofendiendo: Ensayos sobre la Censura". NI contra nada, ni pasiones desatadas por silenciar. Comprendo que la traducción castellana es más rotunda, más comercial, pero ¿es necesario corregir a un premio Nobel y a su editor estadounidense [la Universidad de Chicago]? ¿Y por dos veces?
Sin duda, en este país, se tiene la impresión generalizada de que la censura es cosa del pasado y asociada a regímenes autoritarios. A poco más de un año del secuestro de una revista en España (satírica, además; ni todas las democracias han podido salvaguardar el animus jocandi cuando se refiere a ciertas personas, al parecer siendo el mensaje, "con respecto a ciertas cosas, ni en broma"); después del debate europeo (de los ¡oh tan civilizados! europeos) sobre las caricaturas de Mahoma, sólo se puede llegar a la conclusión de que aquí se puede hablar de todo... menos de lo que no se puede hablar. La principal conclusión de políticos y analistas fue que una cierta "autocontención" por parte de los autores era deseable. "Autocontención" si lo miran bien, verán que lo que quiere decir a las claras es "autocensura", un concepto que, como demuestra Coetzee, es el fin último de la censura, siendo la máxima aspiración de esta el quedar como una estructura residual y casi autodestruída, habiendo conseguido que el papel de censor lo interpreten los propios autores.
Así pues, la censura, institucional o no, sigue existiendo, en España, en Europa, en las sociedades "civilizadas" y, por supuesto, en las autoritarias, semiautoritarias y en transición.
Hay muy poco escrito sobre la censura, ensayos sobre su naturaleza, claro está. Y sólo recuerdo uno sobre la censura en el franquismo, donde se reseñaba (entre otras cosas) la mutilación y censura de un discurso del propio Franco. Mirando la bibliografía que acompaña el texto de Coetzee, esta escasez parece ser internacional.
Por desgracia, sólo un tercio del libro, aproximadamente, está dedicado a estudiar la censura en abstracto. Los otros dos terccios se dedican a casos concretos: la censura a la pornografía en El Amante de Lady Chatterley; la censura soviética (Osip Mandelstam, Solzhenitsin, Zbigniew Herbert); la censura del apartheid sudafricáno. Son ejemplos ilustrativos y muy interesantes (y sobre el apartheid es casi seguro que es lo primero que se publica en español), donde se dicen cosas valiosas, pero el excesivo detalle siempre tiene el riesgo de fijarse en el roble y perder de vista el robledal.
Pero, y remarcando de nuevo que esos ejemplos son impresionantes en su análisis y pueden constituir la base de estudios futuros, Coetzee hace, en un análisis abstracto y caracteriológico de la censura, una labor fundamental, que descubre las contradicciones y esencias de una actividad que no sólo es enfermiza, redentorista y autodestructiva, sino que lleva en sí misma las semillas de su propio ridículo.
Por escasez de libros semejantes y lucidez de pensamiento, es este un libro imprescindible para comprender esa manía por imponer preceptos y (de)formar mentalidades.