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La Tercera Expedición, de Ray Bradbury

Las historias del padre absoluto de la ciencia ficción poética siguen conservando una envidiable salud, y una persistencia en la memoria que dice mucho de la imaginación del maestro.
Es el caso de La Tercera Expedición, también conocida como ¡Marte Es el Cielo!, un relato perteneciente al ciclo de las Crónicas Marcianas que impacta a quien lo lee por primera vez, y conserva su magia en las siguientes lecturas, por su mezcla íntima de géneros y su lógica interna.
Situado dentro del ciclo en "Abril de 2000" (¡Qué tiempos aquellos del optimismo en la colonización de los planetas!), la tercera expedición a Marte llega a este planeta y se encuentra frente a una visión que no pueden creer: un pueblecito, idéntico a los de la América Rural, de hecho idéntico a los del Illinois del que proceden algunos de los tripulantes del cohete.
Pero no sólo el pueblo es idéntico en su forma. También lo es en los de los más queridos recuerdos de los tripulantes, y la nostalgia de la Tierra que esto impone hace que éstos abandonen la nave para comprobar de cerca que no están soñando.
No lo hacen, aunque sí hay algo de ensueño cuando se encuentran con sus seres queridos, vivos y ansiosos de recibirlos, viviendo en las casitas de madera. Marte es el cielo, concluyen, y allí es donde van a descansar las almas de las buenas personas que conocieron. Y ellos han podido, gracias a un viaje en el espacio, descubrir esta verdad y recibir el premio de volver a ver a abuelos, padres y hermanos largamente desaparecidos.
Pero no. Marte no es el cielo, y de hecho es un infierno en el que las visiones de ensueño se convierten en la peor de las pesadillas.
Bradbury había empezado su carrera de escritor como autor levemente lovecraftiano, ciertamente autor de cuentos de terror, y cuando redactó los relatos que acabarían componiendo su ciclo marciano no se privó de incluir algunos con regustos ciertamente macabros. Aunque, y esa fue su magia, imbuyó a esos relatos, situados en un lugar muy lejano en el espacio, de una nostalgia que está presente en toda su obra, de un paraíso perdido como el de la niñez, y del contraste entre la inocencia y la realidad. Construido con ese regusto poético por las definiciones de la vida sencilla, el hecho de que suceda en un mundo en el que la colonización de Marte está teniendo lugar no hace sino potenciar todos los elementos del relato, desde la nostalgia a la extrañeza, incluyendo ese final que es uno de los más originales que jamás se han escrito en la ciencia ficción.

(The Third Expedition o Mars Is Heaven!)
En Crónicas Marcianas
Planeta DeAgostini, col. Biblioteca de Ciencia Ficción
Barcelona, 2004 [1948; revisada 1950]

Texto en inglés de Mars Is Heaven!


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No Mires Abajo, de William Sansom

Han transcurrido treinta largos años desde que el que escribe leyó el primer elogio a la obra de William Sansom hasta que por fin he podido leer algo suyo; gracias a la editorial La Bestia Equilátera (que, por cierto, tiene un catálogo más que interesante), a la que deseo la mejor de las suertes con este y otros autores; todas las editoriales intentan vender. No todas intentan vender obras de calidad.
En primer lugar, hay que destacar lo único de la ficción de Sansom. Los nombres de Kafka, Roald Dahl y otros muchos pueden acudir a la mente ante las situaciones que estos relatos plantean, pero es de inmediato perceptible que Sansom tiene una voz propia que hace que ese territorio pueda ser común, pero su tratamiento sea totalmente personal, con un estilo maestro en su desarrollo, y los elogios de contraportada de Elizabeth Bowen, Anthony Burgess o Eudora Welty sean totalmente justificados.
Sansom nos introduce siempre en una situación inusual o extrema, y entonces nos lleva al borde de un abismo en el que se acentúa la sensación de vértigo, a veces físico, pero siempre psicológico.
Porque Sansom sabe muy bien que la mente puede ser nuestro peor enemigo. Cualquier persona con un físico privilegiado puede estar sometida a una parálisis irracional, inusitada, provocada por la negativa de nuestro cerebro a seguir avanzando, trepando, a reaccionar ante una situación. En algunos de los relatos que componen este libro, este hecho desesperante y angustioso se produce precisamente cuando más necesita el protagonista tener un mayor control de sus acciones: No poder ni subir ni descender de una esclaera (La Escalera Vertical); un bombero montado a horcajadas sobre un muro que amenaza desplomarse (Los Testigos). En una ocasión, esta inmovilidad resulta beneficiosa (La Pared), pero no menos angustiante.
Otros relatos son de corte más genérico, como La Sábana Larga, en la que en una sociedad imaginaria unos presos se ven obligados a competir por equipos para dejar por completo seca una sábana, en un sistema penal de pesadilla en el que no hay rdención posible. Pansovic y las Arañas, en el cual una fobia resulta más que incapacitante. Tentaciones Varias, en las que Sansom entra en la mente y la lógica existente en la locura de un asesino en serie. Tuti Frutti, en donde la felicidad se convierte en el peor enemigo del hombre.
Todos los cuentos son variaciones sobre cómo, en los momentos de mayor necesidad, esa parte de nosotros que nos controla se vuelve ajena, parasitaria, en nuestro enemigo, en el más fuerte de los obstáculos. Pero para ello William Sansom tiene que ejercer su maestría con una minuciosidad tremenda, gradual y convincente, que describa paso a paso cómo esta mente reacciona, se autojustifica, se contradice, se encoge y se ensancha. Y emplear una imaginería inusitada, a veces totalmente realista, otras tan metafórica como la de un kafka. En cualquier caso, en este viaje hacia lo terrorífico, lo desesperado o lo inusitado, el lector se encuentra tan paralizado como los protagonistas, pues no puede dejar de leer. Fascinado, tiene que seguir a Sansom confiando en que el final no sea tan irremediable, irreversible como su mente parece augurar.

(Anthology of William Sansom)
La Bestia Equilátera
Buenos Aires, 2012 [varios]

Portada y sinopsis

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Máscara, de Stanisław Lem

Estamos ante una colección de relatos, inéditos en castellano, que van desde 1957 a 1996. Pese a su necesaria variedad y a la extensión temporal de su escritura, es curioso observar, sobre todo en los cuentos más primerizos, cómo se apuntan y tratan ya los temas que serán recurrentes en la ficción posterior de Lem.
Así, hay varios relatos que tratan sobre la imposibilidad de entender (no digamos ya comunicarse) a una inteligencia extraterrestre (La Rata en el Laberinto; Invasión); incluso hay una prefiguración de los dobles de humanos creados por esa inteligencia, que son parte fundamental de la relación que en Solaris se establecerá entre los tripulantes de la estación y el planeta sentiente.
El Amigo trata de la autocreación de un supercomputador, un ente omnisciente más cercano a dios que al ser humano.
La Invasión de Aldebarán es un relato con trato humorístico sobre una invasión extraterrestre que fracasa precisamente por ese abismo de desconocimiento que esos seres muestran respecto a la humanidad.
La Fórmula de Lymphater, que venía precedido de una anotación que lo adscribía a "las memorias de Ijon Tichy" y así lo incorporaba a los geniales relatos de Diarios de las Estrellas, trata del definitivo paso evolutivo del ser humano hacia otra especie nueva, por supuesto una máquina cuyo alcance de pensamiento sea tal que sólo nos vea como un antepasado lejano y primitivo.
Un programa informático que redacta las noticias basándose en las notas de teletipo y que es capaz de predecirlas Ciento Treinta y Siete Segundos antes de que se produzcan, con las implicaciones (militares, cómo no) que ello conlleva.
El Acertijo, un relato que se enmarca dentro de las Fábulas de Robots, y en el que se discute sobre la herejía de suponer que los paliduchos (es decir, los humanos) fueran los creadores de la especie robótica.
Y así hasta trece relatos que no por quedar inéditos son productos menores de la producción de Lem.
Stanislaw Lem ha sido uno de los mejores autores de ciencia-ficción europeos. Y, al respecto de la ciencia-ficción hard, es decir, la puramente científica, probablemente el mejor del mundo. En el sentido de que sus relatos son científicos hasta resultar inatacables, pero también van más allá de la ciencia, hasta incorporar la filosofía. Poquísimas veces el género incorporó con tanta coherencia el método científico, lo metacientífico y la metafísica en un todo que nos situaba en el universo y nos definía, en la insignificancia frente a la inmensidad, tal vez, pero también trazaba límites precisos de lo que somos y, sobre todo, de lo que no podemos ser. Leer los relatos de Lem es leer a una especie de Borges que, más allá de sentirse abrumado por el cosmos, se empecinara en llevarnos hasta el límite de las verdades que sobre éste podemos conocer. En ocasiones no es un viaje fácil, y Lem nos exige el esfuerzo de razonar junto a él y aportar nuestro pensamiento al suyo, pero en cualquier caso ese viaje vale la pena. No hay escritor (y me atrevería a decir que no hay filósofo) que haya llegado tan lejos, sin concesiones de ningún tipo, en relacionarnos con el cosmos y situarnos en nuestro pequeño destello de vida y conocimiento que representamos en una escala temporal infinita.

(Maska)
Impedimenta
Madrid, 2013 [1957-1996]
Trad. de Joanna Orzechowska

Portada y sinopsis

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La Casa Infernal, de Richard Matheson

El tema de la casa encantada, como epítome y variante del "Mal Lugar" es un viejo favorito del género de terror. Sin embargo, cosa extraña, no existen muchas novelas centradas en este tema, por lo menos buenas. Lo cierto es que es difícil prolongar a la extensión de novela el tema, con lo que las casas malditas aparecen en nuverosos relatos y novelas cortas, pero parece que los fenómenos que concurren en esas mansiones no dan para mucho.
Con una casa encantada se puede matar de miedo al protagonista, por lo general en una noche (o hacer que salga de la mansión con el pelo blanco), o empezar a hacer trapisondas contra los incautos que entran en ella y que huyen a toda mecha, dispuestos a incrementar la fama de malignidad del edificio.
Sólo hay tres novelas de mérito que traten el tema: The Haunting of Hill House, de Shirley Jackson, con mucho la mejor y más literaria; The Amityville Horror, de Jay Anson, lastrada por la etiqueta de que no se trata de una novela, sino de un relato "real" novelizado; y La Casa Infernal, de Richard Matheson, con tal vez el añadido de The House Next Door, de Anne Rivers Siddons.
Para que esos citados incautos permanezcan el tiempo suficiente en una casa encantada, hay que encontrar un motivo para que, les guste o no, tengan que anclarse allí y soportar todo lo que la casa les quiera echar encima, a veces muy literalmente. En el caso de la novela de Matheson, la excusa la proporciona un anciano millonario, Rolf Rudolph Deutsch (¿resonancias tal vez de William Randolph Hearst y, por tanto, de Charles Foster Kane? Es muy posible), viéndolas venir, quiere estar seguro de si hay existencia más allá de la muerte, y por tanto encarga al doctor Barrett, un científico que estudia lo paranormal, pero de forma materialista (y que entrará en la casa acompañado de su esposa, como ayudante), una médium psíquica, Florence Tanner, y un médium físico y único superviviente de una antigua incursión, Benjamin Franklin Fletcher, que entren en la infame Casa Belasco, la más potente de las mansiones infernales, y diluciden el tema en una semana.
La Casa Belasco pronto se convierte en un personaje más de esta novela. Habitada en teoría por el espíritu de su demoníaco propietario, más una cohorte de servidores en el mal que murieron allí, es una presencia intangible, agazapada, que cuando se muestra tiene una potencia terrible, y eso es mérito del gran narrador Matheson.
Por supuesto, como ya hemos dicho, no sólo con fenómenos y poltergeists se puede mantener una narración semejante en tensión. Matheson entra muy pronto en la psicología de cada uno de los miembros del grupo, unidos en un objetivo pero en el fondo enfrentados, Barrett escéptico ante la permanencia de entidades psíquicas, Florence auténtica creyente en el más allá, y Fletcher asustado por lo que ya ha vivido en esa casa, de la que salió vivo de milagro, y por lo que puede hacer al grupo, con Edith Barrett como puente entre ellos.
Es una de las mejores novelas que se puedan encontrar sobre este subgénero, escrita por alguien que una y otra vez (Soy Leyenda; El Hombre Menguante) entró en el género con una inteligencia inusitada y una profundidad de argumentos que desmentían todas las leyendas de superficialidad de la moderna ficción de terror.

(Hell House)
Ed. Planeta / Minotauro
Barcelona, 2011 [1971]

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Minotauro recupera para su colección de clásicos una de las mejores novelas sobre casas encantadas del maestro del terror Richard Matheson

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Jalea Real, de Roald Dahl

Este es uno de los cuentos de choque de Roald Dahl que más se recuerdan, si uno tiene la ocasión de leerlo (cosa que pueden hacer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña). Se trata de un relato intimista, casi una miniatura, que tiene unidad de espacio, tiempo y personajes y que sin embargo acaba por mostrar una cantidad de matices e implicaciones enorme, fruto del habitual estilo del autor, en el que la implicación es casi más importante que lo mostrado.
Hay una preocupación en la familia Taylor. La única hija de la pareja Albert y Mabel, recién ncida, rehúsa tomar sus biberones, está perdiendo peso preocupantemente y los médicos no parecen encontrar una solución efectiva al caso. Albert es apicultor (y un personaje muy especial en su relación con las abejas), y en una revista especializada topa con un artículo sobre las propiedades de la jalea real, que conoce de sobra, pero una frase le llama la atención: aquella en la que describe sus efectos en el crecimiento de las abejas. Una idea le viene a la cabeza y, sabedor de que su esposa puede considerarla una locura, o un experimento loco, se prepara a ponerla en práctica disimuladamente, introducir jalea real dentro de los biberones de la niña.
El efecto es mágico. El bebé no sólo toma sus dosis, sino que exige más, y empieza a ganar peso, recuperndo lo perdido, en un tiempo récord. Su esposa lo ve como un milagro, y Albert no puede reprimirse y, mediante una explicación sobre la jalea real que recuerda un poco a las que Melville daba sobre las ballenas en Moby Dick, revela el secreto de la alimentación de la niña. Un toque de doctor frankenstein, de no-nterferirás-con-las-leyes-de-la-naturaleza, se desliza en el relato cuando su esposa no se muestra complacida, sino aterrorizada por lo que ha hecho, y llena de temores sobre la niña. Pero todavía falta una revelación final, que no les desvelaré, puesto que es tan inesperada como inquietante respecto al futuro matrimonial de los Taylor.
Es un relato maestro, construido con toda sencillez sobre un hecho y llevado más allá de sus consecuencias lógicas por el autor, quien se reserv el desenlace para que así el lector pueda construir toda una continuación en su mente, un método que, trabajado por Roald dahl, demuestra ser del todo eficaz y deslumbrante.

(Royal Jelly)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1979]

Texto en castellano de Jalea Real
Texto en inglés de Royal Jelly


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Un Regalo de la Tierra, de Fredric Brown

Fredric Brown fue un autor polifacético, muy apreciado por los lectores de novela policíaca, en la que destacó por su originalidad y humor. Pero en el campo de ciencia ficción, en el que sólo escribió unas pocas novelas, sobre todo es recordado como autor de "cuentos de choque", relatos cortos y ultracortos con final sorprendente, a veces humorístico y a veces trágico. Era una especialidad en la que alcanzó una grandísima altura, y pocos autores pudieron emularlo.
Uno de esos relatos es el que traemos hoy, y que pueden leer en los enlaces al pie de esta reseña.
Cometar un relato ultracorto es algo cercano a lo ridículo, y muchas veces desemboca en un comentario más largo que la obra comentada. Pero déjenme hacer dos apreciaciones; la primera es que la traducción del título al castellano no es muy buena: el original es más bien "Terrestres Portadores de Presentes", que remite a los griegos portadores de presentes como el caballo de Troya (ya saben, aquello del timeo danaos et dona ferentes), y se ajusta más al espíritu del cuento. Y la segunda, y les ruego la lean después de pasar por el relato, es que tanto rusos como americanos hicieron planes para detonar un artefacto nuclear en la Luna, por razones de investigación científica y propagandísticas dentro de la batalla espacial que era parte de la Guerra Fría. En cualquier caso, tanto unos como otros se cansaron de estudiar la sismología de la Luna impactando todo tipo de cacharros sobre su superficie; los estadounidenses, a partir de la misión Apolo XIII, regularmente estrellaron una fase del cohete Saturno en la superficie lunar. Pero todo eso quedaba o en secreto o en el futuro. Fredric Brown, que al parecer nos conocía muy bien, supo captar la esencia del asunto con toda brevedad. Que disfruten del relato.

(Earthmen Bearing Gifts)
En Los Mejores Relatos de Ciencia Ficción
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 19678 [1960]

Texto en castellano de Un Regalo de la Tierra
Texto en inglés de Earthmen Bearing Gifts

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Un Fantasma Recorre Texas, de Fritz Leiber

Un título que evoca claramente el Manifiesto Comunista de Marx y Engels ("Un fantasma recorre Europa"), lo que hace Leiber con esta novela es una sátira de las revoluciones, del modo de vida americano, del racismo, del supremacismo y de todos los vicios de la sociedad norteamericana en genral, convulsa en aquel entonces por el asesinato de JFK y por unas tensiones que se mostraban en los movimientos por los derechos civiles, la psicosis nuclear y la refolucióncontracultural.
La ciencia-ficción es un género muy adecuado para esta clase de reflexiones realizadas en un espejo deformante, pero pocos tienen el valor de exagerar hasta el riesgo, y menos todavía de hacerlo con brillantez.
Fritz Leiber fue un gran maestro en todos los géneros del fantástico. Nacido en el seno de una familia de actores, actor él mismo al que se puede ver en papeles secundarios en las producciones clásicas de Hollywood (en Camille de 1936, con Greta Garbo), se carteó con Lovecraft y escribió algunos de los mejores relatos de terror postlovecraftianos, revolucionó y evolucionó la fantasía heroica con su serie sobre Fafhrd y el Ratonero Gris, y su labor en la ciencia ficción fue ingente y significativa; durante años, fue el autor más galardonado del género, algo que tiene poca importancia comparado con el respeto y la veneración que le mostraron tanto sus colegas como los lectores.
Poseedor de un sentido del humor ácido y eficaz, en esta Un Fantasma Recorre Texas lo deja en libertad de tal manera que no deja títere con cabeza. Nos encontramos en una Tierra después de la III Guerra Mundial, atómica, por supuesto, en la que Texas domina desde el canadá hasta Centroamérica. Existe un residual presidente de los Estados Unidos, una figura poco más que decorativa a la que se asesina con más o menos regularidad, mientras que quien gobierna de everdad es el gobernador de Texas, Texas, acompañado de los oligarcas del petróleo y la industria. Al respecto, ya desde los epígrafes del libro tenemos claro qué esperar de un régimen tejano: «El fin de la vida es la libertad. Los tejanos están autorizados para disfrutar de la libertad, para explotarla y manipularla, mientras los mexicanos, los indios y los negros ─todos los que tienen la tez oscura o un oscuro vacío en la cartera─ tienen el privilegio de servir a la libertad sin ponerle las manos encima».
A este mundo llega un actor procedente de la Luna, un mundo que rompió todo contacto con la Tierra hace más de cien años y quien, provisto de un exoesqueleto metálico (para soportar la elevada gravedad terrestre) que cubre con una capa negra, tiene todo el aspecto de ser El Esqueleto, El Fantasma, la Muerte Alta profetizada a los esclavos mexicanos como el líder y señal que los llevará a la liberación. Christopher Crockett la Cruz, el Espectro, se ve metido en medio de esta situación, que no es precisamente simpática: los tejanos lo quieren ver muerto, los líderes revolucionarios, una vez cumplido su papel catalizador, también, ya que un mártir siempre es útil y no estorba a la hora de detentar el poder.
En el transcurso de la novela, leiber lo satiriza absolutamente todo; desde la obsesión americana por los enormes pechos femeninos hasta el machismo mexicano, desde el creerse el centro del universo estadounidense expresado en términos de Texas (no se unió a los Estados Unidos; Texas se anexionó los USA fingiendo una incorporación, pero se mantuvo la ficción porque el público «jamás tuvo cerebros ni agallas») hasta la parafernalia de la lingüística revolucionaria.
En suma, Leiber se dedica a describirnos un mundo desquiciado que, modelado sobre una imagen precisa, no es sino el nuestro. Que lo haga a través de las aventuras de La Cruz no es prescindible (se trata de una novela, no de un panfleto), pero ciertamente la sátira y el humor son tan omnipresentes que el lector progresa a la espera de cuál será el próximo golpe a los establecido y al irracional comportamiento humano.

(A Spectre Is Haunting Texas)
Eds. Martínez Roca, col. Súper Ficción
Barcelona, 1977 [1968]


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El Sanador, de Antti Tuomainen

Con la avalancha de novelas criminales nórdicas, separar el grano de la paja se ha vuelto tarea casi imposible; en parte porque lo único que diferencia a muchas de estas novelas es el nombre del protagonista y el paisaje de fondo.
De manera que, cuando uno se topa con una novela negra escandinava que se sale de esta norma, lo mínimo que se puede hacer es prestarle algo de atención.
lo que es llamativo de El Sanador es que se trata de una novela de ciencia ficción distópica con argumento policial. Me apresuro a decir que no es un capricho del autor: la trama se justifica por este futuro cercano pesadillesco, y éste es causa de los crímenes descritos en la novela. No es un asunto estético para proporcionar un trasfondo original o llamativo en el que poner a un investigador que podría moverse igual que, pongamos, en los años ochenta.
Este futuro inconcreto y cercano es el de un planeta Tierra en el que el cambio climático se ha desatado con todas sus consecuencias: partes de Helsinki se han inundado por la elevación del nivel del mar, la climatología es extrema, las infraestructuras fallan, la producción industrial se ha hundido, el paro es galopante, los servicios sociales no dan abasto, el estado se ha empequeñecido hasta la inoperancia y apenas existe una ley a la que atenerse (cabe preguntarse qué hubiera descrito Tuomainen de vivir en uno de los países europeos meridionales, donde en parte este futuro, aunque por otras causas, ya no es tan ficticio hoy en día).
En épocas de crisis extremas los movimientos mesiánicos funcionan bien. Y en una variante entre milenarista y psicopática, se han venido produciendo una serie de asesinatos cometidos por "El sanador", un apelativo que se refiere a un vago sentido de curación de una sociedad enferma, siendo la cura más que definitiva para los asesinados. Una periodista que investiga estos crímenes ha desaparecido, y su marido inicia su búsqueda, con permiso de una policía que tiene deserciones diarias y ya no dispone ni de personal ni de medios más que para investigar los crímenes más graves, y eso apenas. En esta situación, el inspector encargado de los asesinatos de El Sanador le revela que en la escena de los crímenes se ha hallado ADN de alguien oficialmente muerto hace cinco años.
La investigación criminal, siendo interesante, no es más que un recurso para llevarnos de la mano por un mundo sumido en una crisis social y económica. Una crisis irreprochablemente razonada, en el sentido de que se sucede A entonces suceden B, C y D. Esta visión es distópica, pero inquietantemente plausible, tanto más inquietante como para resultarnos familiar incluso hoy. No esperen un final feliz. Finlandia es el país con mayor tasa de suicidios de Europa, pero no sé si a eso se debe el pesimismo que invade esta novela. Y que es lógico que esté ahí. Hubiera sido demasiado cínico proporcionar un final feliz a los protagonistas en un mundo que se destruye de forma inexorable. En todo caso, admonición o expresión de unos temores demasiado reales, bienvenida sea esta ficción demasiado parecida a un mundo que conocemos muy bien y que en absoluto está bajo nuestro control.

(Parantaja)
Random House Mondadori, col. Roja y Negra
Barcelona, 2012 [2010]

Portada y sinopsis

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1984, de George Orwell

#BlogActionDay 

A cada año que pasa, sorprende lo mucho que el mundo real se va aproximando a la distopía de Orwell. No es una semejanza literal, por supuesto, pero sí una de concepto que se ha ido desarrollando con la técnica y el tiempo, y lo cierto es que hoy vivimos en una sociedad globalizada, con enemigos invisibles y sin una persona concreta que tome las decisiones, aunque tengamos nuestras figuras públicas que aparentan estar a nuestro servicio.
No voy a resumir el argumento de 1984, sería ocioso; sin embargo, si alguien que no la ha leído quiere hacerse una idea de su estructura narrativa y argumental, aquí les dejo un enlace que puede servirles para ello: Argumento de 1984 en wikipedia. Baste decir que, literariamente hablando, es la obra maestra que el tiempo se ha encargado de consagrar.
No obstante, y con ese mismo paso del tiempo, lo importante no parece ser la historia de Winston Smith, sino la inquietante sensación de que el mundo en el que vive es cada vez más el nuestro.
George Orwell no actuó, por descontado, como un profeta iluminado al que se le hubiese revelado un futuro terrible. 1984 fue escrito cuando ya los totalitarismos de todo signo habían mostrado sus armas: la propaganda, la fe colectiva, la alienación del individuo, el silencio criminal, el estado de guerra permanente como forma de sometimiento interior, la creación de un lenguaje eufemístico, el control del pensamiento, y tantas otras. De modo que la novela, en la época de su publicación, era sólo una vuelta de tuerca lógica a los regímenes nazis, fascistas y estalinistas; pronto se les unirían otros. Y, lo más terrible es que las democracias descubrirían que esos métodos totalitarios podían ser incorporados en la sociedad y, eso es importante, adoptados voluntariamente por ésta.
Lo que es más evidente es la omnipresencia del control. En aras de nuestra seguridad, se nos controla con cámaras. En aras de nuestra seguridad, se nos humilla en los aeropuertos, en una especie de experimento de hasta dónde estamos dispuestos a transigir. En aras de nuestra seguridad, se puede controlar nuestro correo y nuestra mensajería. No es que se haga, sino que existe la posibilidad de hacerlo. De forma arbitraria y sin control, por supuesto.
Pero hay otros eslabones de la cadena que ya se han incorporado a la realidad. Se creó una guerra fría, un estado de guerra permanente con conflictos localizados o sin ellos. Cuando se liquidó la política de bloques, surgió un mundo nuevo, incluso se habló del fin de la Historia. No tardaron mucho en aparecer nuevos proyectos de adversarios, hasta hallar un nuevo enemigo como es el terrorismo. Cuidado, el terrorismo existe. Es orwelliano que Al Qaeda fuera creación de la CIA, pero existe. Lo que es menos comprensible es la conculcación de derechos como los citados, o más genéricos, como los que se conculcan o pueden conculcar los drones.
El fin de las ideologías ha sido seguido por la implantación del Pensamiento Único. No político, puesto que la política obliga a pensar, sino económico, puesto que la economía obliga a vivir, o si no entrar en la marginalidad. Se desmontan los estados de bienestar socialdemócratas. Se anularon de forma efectiva los sindicatos, y fábricas rentables se deslocalizan (otro eufemismo). ¿Por qué? Tal vez para demostrar que se puede hacer. Se afirma sin rubor que ayudar al Tercer Mundo es una inutilidad. Mientras tanto, se explotan los recursos naturales de este tercer mundo, incluso promoviendo guerra para ello. La Guerra es la Paz, decía Orwell. Podemos hoy decir que la guerra en el Congo es nuestra paz de telefonía móvil, teléfonos móviles que, irónicamente, nos mantiene más controlados. Podríamos seguir: la separación creciente entre ricos y pobres, las trabas a la educación superior pública, la deshumanización de la educación, la primacía de la técnica, la anatemización de cualquier alternativa al neocapitalismo, que es como decir que o Amas al Gran Hermano o eres un hereje.

(1984)
Ed. Salvat / Alianza Ed., col. Libros RTV
Barcelona, 1970 [1949]
Prólogo de Pedro Laín Entralgo

Y múltiples ediciones en castellano
Portada y sinopsis

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Aflicciones del Hombre Humano, de Robert Sheckley

En los años cincuenta la ciencia ficción se desarrollaba primordialmente en revistas (un fenómeno que apenas hemos conocido en España) y en forma de relato corto. Los escritores del género se ganaban la vida con los pocos dólares que ganaban de esta manera y, por tanto, era cuestión de los editores de esas revistas el impedir que les colocasen malos relatos (o por lo menos, que no les colocasen tantos, porque la revista tenía que salir con contenido cada mes). No obstante, y por raras conjunciones de talento de los escritores, sagacidad de los editores, y otras circunstancias más o menos afortunadas, surgían auténticas joyas.
Robert Sheckley fue uno de esos escritores que tenían talento y, una característica no muy común, un gran sentido del humor. Tal vez por esa crianza en revistas, apenas cultivó la novela, y lo que recuerdan los aficionados son sus relatos.
Quede clara una cosa: son relatos de consumo, sin mayor trascendencia que la de explicar una historia y hacerlo bien, entreteniendo al lector. Pero en ese hacerlo bien radica la diferencia. Alicciones del Hombre Humano es uno de esos relatos que lo hacen muy bien, y ha quedado en el afecto y la memoria de los aficionados del género que lo han leído.
Un hombre que ha comprado un planetoide a ciegas (y ha tenido suerte: hay algo de mineral para explotar y una tenue atmósfera) empieza, con el tiempo, a sufrir lo que su robot-capataz Gunga-Sam (una referencia al poema de Kipling Gunga-Din, y, en realidad, el auténtico protagonista de la historia) denomina las "aflicciones del Hombre Humano". En suma, que necesita una compañera. El minero decide encargarla por correo, decidiéndose, con espíritu práctico, por una novia de frontera. Y sin embargo, le envían un modelo de lujo. El error es subsanable, pero con tiempo, de manera que la novia equivocada (vigilada por un robot dueña-sacerdote) debe quedarse un tiempo en la colonia. Donde, por supuesto, su mano se dejará sentir en la vida de todos.
El final, como el argumento anterior, es más o menos previsible, pero en este relato no importa tanto la historia como el tono en el que está contada. Con un humor ligero y con un estilo directo, este cuento se desarrolla ante el lector como si fuera una historia oral narrada ante el fuego. A lo cual contribuyen los personajes robots. Porque Gunga-Sam, que ha sido fabricado sin alma para que así los autómatas no padezcan la angustia, es sin embargo un robot sagaz, el mejor servidor de su amo (más Jeeves que Tío Tom, eso sí), y con su peculiar lenguaje y su filosofía sobre el mundo del Hombre Humano (por contraposición, uno supone, al Hombre Robot), le da un sabor nuevo a una historia en teoría conocida, y contribuye muy poderosamente a la potencia del relato.

(Human Man's Burden)
En Los Mejores Relatos de Ciencia Ficción
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 19678 [1956]
Selección de Groff Conklin

Texto en castellano de Aflicciones del Hombre Humano

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William y Mary, de Roald Dahl

Entre los relatos de choque, típicos del autor, hay unos pocos que emplean elementos de ciencia ficción para convertir en realidad los deseos íntimos de sus protagonistas.
En el caso de William y Mary, el inicio es casi prosaico, banal. Nos hallamos en el despacho de un procurador que está dando curso a las últimas voluntades del difunto William. El poco dinero del que disponía va a su esposa, Mary. Todo según lo previsto, salvo una carta personal que se entrega a la viuda. En ella, y quizá por primera vez en la vida, William sale de la intensa vulgaridad «solemne y afectada» que dominó toda su existencia.
En la carta William describe cómo ha aceptado que, una vez muerto, un investigador amigo suyo utilice su cerebro para mantenerlo vivo en una solución salina, desconectado del cuerpo, controlado por un encefalógrafo y con un nervio óptico y un globo ocular remanentes para captar impulsos externos.
Por una vez, parece que William se decidió a hacer algo que no fuera vulgar. Claro que la tentación era muy grande, y no pudo resistirse a exhortar solemnemente a su viuda: «Cuando te deje, sé buena y recuerda siempre que es más difícil ser viuda que esposa. No tomes cócteles. No malgastes el dinero. No fumes. No comas dulces. No te pintes los labios. No te compres un aparato de televisión. Cuida de que mis rosales, al igual que el jardín de rocalla, estén bien desherbados durante el verano. Y, de paso, visto que ya no me ha de servir para nada, te sugiero que hagas suspender el servicio telefónico.» Al parecer, William no tuvo bastante con treinta años de matrimonio, quería ser un latazo incluso postmortem.
Aunque, claro, si esta admonición no es realmente póstuma, si William puede ver, pero no hablar ni quejarse, quizá no ha medido bien las consecuencias de ejercer una tiranía más allá de lo que la ley y el sentido común aconsejan. La furia de una mujer no es desdeñable.
Roald Dahl sabía muy bien que hay convivencias que son pequeños infiernos, martirios que se soportan hasta que llega un punto de ruptura. En este caso, una conducta ejemplar como la de Mary recibe como premio una prolongación de ese suplicio más allá de lo razonable. O, como nos advierte Dahl, recibe el premio de la venganza, en un relato minucioso en la psicología de sus personajes, y corrosivo en su desarrollo.

(William and Mary)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981[1960]

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He Aquí el Hombre, de Michael Moorcock

Michael Moorcock es uno de esos escritores rebeldes, experimentales, innovadores en la forma y en el fondo, que tuvieron que refugiarse bajo la etiqueta de la ciencia ficción en los años sesenta, setenta y principios de los ochenta, cuando en realidad eran literatos de propio derecho, algo que algunos, Moorcock entre ellos, ha podido demostrar dentro de la corriente general literaria poco después de esa fecha.
En el caso de He Aquí el Hombre, formalmente (¿cómo podría ser de otra manera?) ciencia ficción [Nota: esta reseña se refiere al relato, o más bien novela corta, de 1966; Moorcock amplió y profundizó el cuento para convertirlo en una novela del mismo título en 1970] el protagonista, Karl Glogauer, psicólogo jungiano frustrado, aficionado (como lo era el propio Jung) al ocultismo y lo paranormal, casi obsesionado por la persistencia, origen y significación del cristianismo, tiene la oportunidad de realizar un viaje temporal gracias a una máquina que ha construido un cliente de su librería ocultista. L emplea para desplazarse a la Palestina de la época de Cristo, con la intención de advertir a Jesús de su destino. Allí es recogido por una tribu esenia capitaneada por Juan el Bautista, y ya tiene dificultades para negar que es el enviado (los restos de la máquina y las ropas que llevaba no hacen sino corroborar su origen sobrenatural).
Viajando hasta Nazaret, descubre horrorizado a la familia de José el carpintero, de la estirpe de David, y en concreto a Jesús, un muchacho afecto de idiotismo. Consternado y moviéndose entre el pathos de la magnitud histórica y sus propias dudas, Glogauer empieza a tomar el lugar que la historia reservaba al nazareno hasta llegar a provocar su propia crucifixión.
El argumento no era nuevo ni siquiera en 1966, pero, moviéndose en la ciencia ficción más basal, se limitaba a la advertencia a Cristo de lo que le esperaba y a la bondadosa reconvención de éste al viajero temporal.
Moorcock, en cambio, va mucho más allá, y hay que destacar que en las setenta y pocas páginas de He Aquí el Hombre, introduce más sociología, psicología, teología, historia y erudición en general que algunos autores han puesto con posterioridad en el mismo tema en cuatro mil páginas. Y, por descontado, con gran calidad literaria. Un texto así no puede sostenerse por el escándalo que pueda provocar, sino que requiere una base más sólida, y esa es la enormidad de los mitos, y la curiosa paradoja de que mediante la desmitificación de los mismos (al fin y al cabo, Moorcock es especialista en antihéroes), se pueda reconstruir esa realidad mítica con la misma potencia, aunque con diversa visión.

(Behold the Man)
En El Libro de los Mártires
Producciones Editoriales, col. Star Books
Barcelona, 1980 [1966]

Texto en castellano de He Aquí el Hombre

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Todo Está Perdonado, de Rafael Reig

Para poner las cosas en su sitio, empezaremos diciendo que el lector de esta novela se encontrará con varias circunstancias chocantes. Situada temporalmente en 2008, durante la Eurocopa de fútbol, y geográficamente en Madrid, destacará rápidamente que este Madrid es navegable. Hay un canal que lo atraviesa, producto, según descubriremos, del agotamiento del petróleo en el mundo. Y también que, por ejemplo, las hostias católicas se venden en máquinas expendedoras y supermercados, convenientemente envasadas (y consagradas); precisamente con una de ellas envenenada es por donde empieza la novela, con el cadáver de Laura Gamazo y esta muerte por investigar.
Hagamos un alto, y digamos que es muy clara la genealogía de estos elementos de ciencia ficción. A poco que se piense, vendrá a la mente Blade Runner, situada también en un futuro cercano en el que una catástrofe ha cambiado algo la vida de una ciudad, pero no tanto como para no reconocerla. Qué finalidad tienen, aparte de la metáfora muy milenarista y de cambios de paradigmas que vivió la España de 2008, ganadora de la Eurocopa de fútbol, algo que tiene su importancia puesto que marca el ritmo de la novela, y a la vez abocada a la crisis que vivimos hoy, si es que tienen alguna finalidad, queda ciertamente a oscuras. Pero eso sí, son estéticamente irreprochables, y no seré yo quien se queje de esta imaginería marinera en pleno centro de Madrid.
Sigamos con el argumento. Laura Gamazo es hija de un magnate de la industria (justamente, el propietario de la envasadora de las formas consagradas), en extremo bien relacionado con todos los resortes del poder, sean cuales sean, y encarga a Menéndez, un exagente de inteligencia, y a Carlos Clot, un detective privado, la investigación del caso. Por tanto, podríamos decir que también existe el elemento policíaco. Pero sólo hasta cierto punto.
En realidad, Reig lo que hace con esta novela es dar un repaso a la historia de España, prácticamente desde la primera república hasta la actualidad, en clave de la familia Gamazo, que siempre ha estado, con diversos cambios de fortuna, por lo general ascendentes, en el centro protagonista de la Historia. Un repaso más bien desolador, si tenemos en cuenta que la tesis que parece sostenerse más en la novela es que dan igual los regímenes, quien manda es el capital, y el capital por lo común se queda siempre en las mismas manos. Y hay que decir que este repaso, Reig lo hace con una ironía fuerte que resulta muy atractiva. Que la Eurocopa sea el paisaje de fondo, refuerza el mensaje, ya que mientras suena el podemos, podemos, quienes pueden son los de siempre, y no van en calzón corto.
No es que sea una novela perfecta. Hay cierta confusión de escritura a veces, con lo que no se sabe bien quién es el centro de la historia, pero sucede sólo en un par de ocasiones. Flojea en el ritmo al final, pero eso puede ser una impresión debido al ímpetu de lo que antecede. Pero en resumen es una novela ciertamente original, bien escrita y brillantemente imaginada, aunque pueda resultar desconcertante a veces para los no avisados.

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2011 [2011]

Portada y sinopsis

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A la Deriva Ante los Islotes de Langerhans: Latitud 38º 54' N, Longitud 77º 00' 13'' O, de Harlan Ellison

Uno de los mejores relatos de Harlan Ellison, y uno en el que las cualidades de este escritor inimitable (aunque parodiado) están más a la vista; su irreductible modernidad, su gusto por la experimentación y el riesgo, y el aprovechamiento de las tradiciones para llevarlas a un nuevo nivel.
Aquellos que busquen los Islotes de Langerhans harán bien en no consultar un atlas sino un tratado de anatomía. Estos acúmulos de células, que toman el nombre de su descubridor, se sitúan en el páncreas. Tras esta precisión geográfica, que ya marca que la re4alidad de este relato no va a ser estrictamente la que conocemos, digamos que su protagonista llegará a este punto de su propio cuerpo porque está buscando las coordenadas geográficas para localizar su alma.
El protagonista en cuestión es Lawrence, o Larry, Talbot y el científico que le ayudará a conseguir su objetivo es un tal Victor; a estas alturas de siglo debería ser superfluo recordar que Larry Talbot es el hombre-lobo más conocido de la pantalla grande, al menos por aparición en número de filmes; y que no es muy erróneo sospechar que el tal Victor es en realidad alguien de la estirpe de Victor Frankenstein.
Que quien busca su alma sea un hombre-lobo no es un capricho. El licántropo es sin duda el tropo más utilizado en el tema del doble, de la dualidad apolíneo-dionisíaca y, en suma, de la lucha entre espíritu y materia. De modo que casi es natural que un hombre-lobo busque dónde se aloja aquello que le hace hombre y porqué eso queda momentáneamente encerrado y aislado de su yo.
Desde el mismo momento en que esas coordenadas del alma de Talbot son localizadas, llegar mediante un holograma cuántico del mismo Larry es el tema. Pero no hay nada de Viaje fantástico aquí. Harlan Ellison es un representante prototípico de la ficción especulativa, no de la ciencia ficción dura, de modo que, tras una evocación a las enseñanzas de Don Juan, de Castaneda, el viaje por el cuerpo humano de Talbot se convierte en una expedición a un paisaje de realidad alternativa, no de realidad biológica. 
Qué encuentra Talbot es otro asunto, y Ellison no es tampoco escritor que proporcione respuestas mascadas, sino que entra en complicidad con cada lector. Baste decir que tiene que ver con el concepto de humanidad, con el de vidas desperdiciadas a las que habría que dar una segunda oportunidad y algo de solidaridad, y con lo más humano que tenemos, que es ser gregarios y no solipsistas.
Como pueden deducir, no es el cuento de ciencia ficción convencional, pero es que Ellison jamás ha sido un autor de género convencional. De hecho, no es un autor convencional, y punto. Una imaginería propia, su estilo y su tratamiento de los temas lo hacen sorprendente, original casi siempre, irreductible en todas las ocasiones. Ferozmente comprometido también; no políticamente, pero sí con su arte y con nuestra especia. Ellison puede citarse junto a otros grandes de la ficción especulativa, Dick, Spinrad, Ballard, Moorcock, pero eso es sólo una adscripción estilística. En el fondo, es único.

(Adrift Just Off the Islets of langerhans: Latitude 38º 54' N, Longitude 77º 00' 13'' W) 
En Ciencia Ficción elección 25
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 1976 [1974]
Presentación de Carlo Frabetti


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La Mosca, de George Langelaan

Con cinco adaptaciones al cine (¡y una ópera!), se puede decir que La Mosca ha alcanzado la categoría, si no de arquetipo, sí por lo menos de mito dentro de la imaginería del género de terror.
El relato, que ha tenido adaptaciones bastante fieles, se inicia in medias res, es decir, en el centro de la historia. André, un científico hermano del narrador, ha sido aplastado por un martillo pilón, que le ha machacado la cabeza y un brazo. La cuestión es que quien ha operado ese martillo mecánico es la esposa del científico, pero quedan un par de dudas: ¿cómo alguien podría escoger un método tal para realizar un asesinato? Y sobre todo, ¿cómo es que André consintió en situarse tendido en el suelo para recibir el impacto de la máquina?
Las investigaciones siguen su curso, y la esposa no llega ni a juicio. Es evidente que está loca, sobre todo cuando los médicos comprueban su manía en atrapar moscas, examinarlas y luego dejarlas libres.
Ni el inspector de policía ni el narrador creen en esta locura, pero también son escépticos al respecto del asesinato. Es evidente que Hélène es quien ha operado la máquina, pero sus motivos y, sobre todo los motivos para que André se sometiera a ello siguen oscuros.
Finalmente, Hélène entrega a su cuñado un manuscrito en el que se relatan los acontecimientos que precedieron a la muerte de André. Éste estaba investigando la transmisión de la materia, y en sus experimentos algo salió mal. Una mosca se introdujo en la cámara de transmisión junto a André, y los resultados fueron más bien terroríficos.
Si he desvelado tanto es porque, como digo, el argumento parece haberse convertido ya en universal y hasta aquí es sabido. El relato lo pueden leer en el enlace al pie de esta reseña, y comprobar que conserva su potencia. Respecto a sus defectos (que los tiene), mencionar lo estereotipado del manuscrito revelador, y la manía de Langelaan, que era británico, aunque nacido en Francia, de introducir cada dos por tres, "chéri" y otras expresiones francesas, que en la época daban sabor, pero que hoy son un recurso anticuado y distanciador (sobre todo porque estas expresiones son pronunciadas por personajes que, en teoría, ya están hablando en francés, de modo que, o se traduce todo o no se traduce nada). Pero tiene sus virtudes, claro que sí. Un argumento (y es prácticamente el único relato que hará que el nombre de su autor sea recordado) no alcanza ese estatus de popularidad por nada. Lo que en principio es un relato de ciencia ficción se vuelve terrorífico precisamente por la elección (lógica, pero cuidadosa), del animal que hace que André se convierta en un monstruo. Langelaan podía haber realizado eso mismo con un gato (y en el relato eso mismo sucede, en parte) y el efecto hubiera quedado diluido. Al fin y al cabo, a mucha gente le gustan los gatos, mientras que la mosca es probablemente el insecto más denostado en todo el mundo. Y tiene cierta dosis adicional de ingenio, que hace que no sólo se detenga en la repulsión física, por ejemplo cuando dice: «Sí, estoy vivo, de acuercdo, pero ya no soy un hombre. En cuanto a mi cerebro o inteligencia, puede desaparecer en cualquier momento. Ya no está intacto. Y no puede haber alma sin inteligencia... ¡Y eso lo sabes!». Las implicaciones de esta frase son profundas, van más allá del simple texto, y hacen honor a una historia ciertamente merecedora de su fama, fílmica o no.

(The Fly)
En Horrorscope. Mitos Básicos del Cine de Terror vol. 2
Ed. Nostromo
Madrid, 1974 [1957]

Texto en castellano de La Mosca

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Quebrado como un Duendecillo de Cristal, de Harlan Ellison

La capacidad de polémica de Harlan Ellison es legendaria. Ha estado a la contra de casi todo, editores, productores, lectores... de quien se haya puesto por delante. Claro que sus polémicas no son para escandalizar, sino para expresar sus puntos de vista con la rotundidad que acostumbra. En el caso de este relato, el propio Harlan dice: «es uno de los que provoca mayores reacciones cuando lo leo en charlas en las universidades, y los drogadictos siempre están recriminándome el haberlo escrito. Pero no tengo tiempo para comentar las razones de ello y, además, creo que ya he perdido todo interés en ese comentario. Así que mejor lean el relato».
Los escritores de ciencia ficción que han escrito sobre la experiencia psicodélica o la han empleado intensamente en su ficción son numerosos: Michael Moorcock, Philip K. Dick, Brian Aldiss, Philip José Farmer, etc. No es de extrañar si tenemos en cuenta que la gran revolución en el género que supuso la aparición de la Nueva Ola, o la Ficción Especulativa, coincidía con la época en el que la escritura mediante la alteración d elos estados de conciencia era una moda que dominaba la escena de las letras, independientemente de los géneros. Pero escribir en contra de las drogas no era en absoluto corriente, y es lo que hace Ellison en este relato, que pueden leer en el enlace al pie de esta reseña.
No lo traigo aquí por su temática precisamente, sino como demostración de la capacidad de Ellison para ir contracorriente, porque es un buen ejemplo de la imaginería que acostumbra a utilizar (y que tan denostada y parodiada ha sido) y porque en el repaso de las ficciones de Ellison, que es autor que gusta al que escribe, hemos visto al Harlan reivindicativo, al Harlan social, al Harlan con mensaje, al Harlan estético y quedaba por ver estos aspectos del autor que les he apuntado con anterioridad.

(Shattered Like a Glass Goblin)

En revista Nueva Dimensión nº 29
Eds. Dronte
Barcelona, 1972 [1968]

Texto en castellano de Quebrado como un Duendecillo de Cristal

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Yzur, de Leopoldo Lugones

Dice Borges: «Es evidente que sufrió el influjo de Edgar Allan Poe y de Wells, pero esos textos estaban al alcance de todos y sólo Lugones escribió Yzur».
Sólo Lugones, en efecto, logró seguir a los maestros fundadores de los géneros y aportar en este relato un final tan desgarrador,  tan emotivo, tan preciso en su objetivo y en su logro como para construir un cuento que hace que se le tenga que considerar imprescindible.
Lugones, cuya biografía e intereses son inabarcables, se ve perjudicado en su obra por el hecho de que era un pionero que escribía cuando el género (casi cualquier género: el fantástico, el terror, la ciencia ficción, el realismo mágico) apenas tenía sus cimientos puestos y luchaba por encontrar su forma estilística. Así, muchas veces se detiene en prolijas explicaciones científicas, muy del gusto para la época, con el objetivo de la "verosimilitud". Aun así, sus relatos tienen la potencia a veces del genio, a veces de la inventiva, a veces de la poética.
Se hace más atemporal en los cuentos que prescinden de estos artificios y se mueven en lo mítico, lo legendario, lo telúrico indígena o lo bíblico.
En Yzur (que pueden ustedes leer completo en el enlace al pie de esta reseña), la frase rectora del relato es «Los monos fueron hombres que por una u otra razón dejaron de hablar». Con ese inquietante (pero estimulante) supuesto, encontramos a un hombre que se esfuerza por enseñar al chimpancé Yzur a recuperar el habla. Las explicaciones técnicas de las que les hablaba están presentes, pero sea por el tema, sea porque, en el fondo, son totalmente comprensibles (¿quién no ha enseñado a hablar a un niño?), en este caso no perturban la marcha argumental, sino que contribuyen a marcar el paso del tiempo en el aprendizaje de Yzur.
Dice Borges que el estilo utilizado tiene una "deliberada sequedad no exenta de contenida pasión". Tiene razón, pero yo acentuaría el hecho de que esa pasión contenida se desata llegado un punto del relato, cuando el investigador tiene noticia de que Yzur habla, pero a solas. A partir de entonces empieza la auténtica escalada de emociones que culminan en un final perfecto.
Muchas interpretaciones se pueden dar a ese final. Yo me quedo con la íntima de asistir a un clímax, a la vez triunfo y supremo fracaso, a un momento de comunión que es premio y castigo (castigo eterno, me gusta pensar) para el investigador. A un momento en el que el protagonista ya no es el científico, sino el lector, cualquier lector.

En La Estatua de Sal
Eds. Siruela, col. Biblioteca de Babel
Madrid, 1985 [1906]
Selección y prólogo de Jorge Luis Borges

Texto completo de Yzur

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Enoch Soames, de Max Beerbohm

Si no fuera por Enoch Soames nadie se acordaría apenas de Max Beerbohm. Es una pequeña injusticia, como demuestran, por ejemplo, Seven Men [Siete Hombres] (colección a la que pertenece Enoch Soames) o su novela Zuleika Dobson. Sin embargo, frente a una obra apreciable pero decididamente menor comparada con la de otros autores contemporáneos (y amigos suyos, como Oscar Wilde, Aubrey Beardsley, Ezra Pound, Somerset Maugham o Truman Capote, entre otros), Enoch Soames destaca y pervive como la obra maestra que es porque es el relato perfecto. Denso como una novela pero reducido a lo esencial en su extensión de cuento, un ritmo preciso y oportuno, unos retratos de personajes hechos con tal mano que surgen de la página, el truco de incluirse a sí mismo como narrador (y pieza clave de la historia) a la vez que se caricaturiza, unas incursiones en la ciencia ficción y el fantástico tan económicas y necesarias que se hacen totalmente plausibles, una atmósfera fijada y que transmite todo su poder a la lectura, todo.
El relato es fácil de encontrar (y de hecho pueden ustedes leerlo, en castellano o en inglés, en los enlaces que incluyo al pie de esta reseña), de modo que el resumen argumental debe ser conciso, para no privarles de la alegría y la emoción que pueda representar leer esta obra maestra por primera vez. De modo que disculpen lo esquemático de esta entrada en materia:
Max Beerbohm es un pintor y escritor de mediano éxito, y un día conoce a Enoch Soames, un poeta a la contra de toda la sociedad literaria, desharrapado, orgulloso, cínico, bebedor de absenta (por puro gusto estético de lo que él llama "la sorcière glauque"), satanista católico; y Beerbohm (al que percibimos, autoparodiado en todo el cuento, como un ingenuo) cae en su embrujo, que va de la admiración por lo devoto del personaje a su arte a la conmiseración por su falta de éxito, su escasa habilidad social y lo patético, en suma, de ese artista que ha adoptado todas las formas del malditismo sin tener un completo éxito.
El caso es que, en apariencia, el éxito no le importa demasiado a Soames... Hasta que un día el diablo se cruza en su vida y le propone el trato habitual a cambio de poder comprobar cómo ha tratado la posteridad el nombre de Enoch Soames.
El resto del relato (y su integridad) se lo dejo para su disfrute. Créanme si les digo que nadie, nunca, ha escrito un cuento como Enoch Soames.
Destacan muchas cosas en él: la parodia a la que se somete el propio Beerbohm, el retrato de la sociedad artística de la época, la crítica del malditismo, del satanismo literario à la Huysmans, el devastador retrato que hace del diablo, un ser vulgar y grosero, inelegante; los diálogos, que son deliciosos. Los poemas de Soames incluidos en el texto, que son todo lo que aparentan pero que tienen un trasfondo genial que apoya con toda fuerza el relato. La vuelta de tuerca argumental... Repito, todo.

Y hay otro detalle. He dicho antes que los personajes parecen surgir de las páginas y cobrar vida. Existen unos tipos geniales que, en la red (¿dónde si no se pueden hacer estas cosas?) tienen una página web en la que "defienden" que Enoch Soames fue un personaje "real". Y así, allí figura un encendido editorial sobre la "calumnia" de Beerbohm, las obras de Soames, los retratos que de él se hicieron y múltiples otras cosas que componen un delicioso juego literario/metaliterario (y que pueden visitar en este enlace a la página dedicada a Enoch Soames) sobre uno de los mejores relatos jamás escritos en la historia literaria de la humanidad.

(Enoch Soames)
En Antología de la Literatura Fantástica
Edhasa
Barcelona, 1981 [1919]
Ed. de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo

Texto en castellano de Enoch Soames
Texto en inglés de Enoch Soames

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Escuela Segunda Fundación, de Sergi García Oset

Pueden leer este microrrelato en este enlace.
El mundo de los microrrelatos (aunque yo prefiero llamarlos cuentos ultracortos) es uno que se ha vuelto gigantesco y en el que, un poco como quien no quiere la cosa, ha entrado todo el mundo con la pretensión de que hacer un cuento es algo que no requiere preparación ninguna, ni trabajo, ni esfuerzo. Eso ha dado por resultado lo que yo llamo el "chascarrillismo" de los microrrelatos, y es que muchas personas creen que para hacer un microrrelato, en realidad, hay que hacer un chiste, o epatar al personal con una frase final. Y si Benedetti o Fredric Brown podían hacerlo así, era porque antes habían trabajado, preparado, esforzado el relato hasta reducirlo a lo esencia. En resumen, lo habían construido.
No sucede así con el de García Oset. No pretende hacernos partícipes de ninguna sorpresa; tampoco epatarnos, ni hacernos reír o sonreír. Sencillamente, en unas pocas frases, el autor nos hace llegar un sentimiento de pérdida, uno de opresión, uno de cambio; en el mundo de la ciencia ficción, de acuerdo. Pero también en el mundo de la metáfora entre los robots y los seres humanos.
Siempre he considerado indecente que las reseñas ocupen más texto que el relato que analizan, de modo que los dejaré aquí y en su juicio en la lectura del mismo. Baste decir que Escuela Segunda Fundación tiene algo de lo que carecen muchos de estos cuentos ultracortos que corren por ahí, y es planteamiento, nudo y desenlace. Y una aproximación muy seria a la escritura.

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The Golem, de Avram Davidson

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1955]

Hemos hablado ya del por desgracia poco conocido Avram Davidson. Escritor de escritores, enormemente culto e inteligente y maestro de la ironía y el humor, sus relatos son cada uno descubrimientos plenos de originalidad; tanta que muchos de ellos han pasado a ser patrimonio oral, y son narrados de viva voz en cualquier ocasión. Pocos escritores pueden aspirar a esto.
En The Golem [El Gólem], un cuento corto que tiene que ser leído para ser creído, y en apenas siete páginas, Davidson hace aparecer en una casa de Su-Vecindario, USA, a un androide casi perfecto, uno creado con el máximo cuidad. Imbuido, tras ciertas lecturas (Frankenstein, de Mary Shelley, R.U.R., de Karel Čapek, Asimov...), de la certeza del odio entre los robots y la humanidad, se dispone a pronunciar su discurso, rotundo y grave, de apertura de hostilidades a los primeros representantes de la humanidad que encuentra (después de haberse librado de su creador «tras su repentina y todavía no descubierta muerte por causas por completo naturales», como declara el propio robot).
Lo que no sabe el pobre desgraciado es que ha ido a caer en el hogar de una anciana pareja judía, conocedora de sus tradiciones...
Todo está medido en este relato sólo en apariencia simple: la oratoria pomposa y elaborada del robot en contraste con el parloteo incesante, banal y lleno de expresiones yiddish de la pareja humana; el uso y combinación de la tradición literaria y popular; y sobre todo el tempo del relato, en el que todo sucede cuando debe suceder, con una economía de medios magistral.
Es difícil hallar las obras de Avram Davidson. Incluso en Estados Unidos sólo menudean en ediciones de pequeña tirada. Sin embargo, esto provoca el efecto contradictorio de que, justamente porque no son fáciles de conseguir, encontrar aunque sólo sea un relato corto suyo causa una inmediata alegría y sentimiento de expectación. Que, con Avram Davidson, jamás se ha visto defraudada.

Texto en inglés de The Golem