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Un Asunto Sucio, de Marco Vichi

(Una Brutta Facenda)
Eds. Témpora
col. Tropismos
Salamanca, 2005 [2003]

Les había prometido [aquí] seguir las peripecias del comisario Bordelli, para dilucidar si Marco Vichi conseguía redondear sus virtudes narrativas con un buen argumento.
La respuesta es que sí, pero con una salvedad que les explicaré más tarde.
El asunto sucio del título es una serie de asesinatos de niñas, con características propias de un asesino psicópata y sin ninguna pista para aclararlos.
Todas las buenas cualidades que apuntaban en la anterior novela del comisario Bordelli se ven confirmadas en la segunda. Y esta vez el argumento no es tan anecdótico como el anterior. Pero, y esa era la salvedad, el mismo Vichi, en los agradecimientos, dice: "A Carlo Lucarelli por haberme ayudado con el esquema argumental".
Ustedes ya saben lo que opino de Lucarelli [aquí, aquí y aquí, y esta es una estrambótica forma de citar] y, por tanto, estoy dispuesto a creer que pueda haberla mejorado. Pero en qué medida, lo desconozco, y no voy a ser yo el que desacredite una buena novela de Marco Vichi por haber recibido ayuda de alguien. Un Asunto Serio viene firmada por Marco Vichi, y si tiene que asumir las críticas por ella, es lícito que asuma también los elogios. En este caso, yo me inclino por estos últimos. Y si Lucarelli ha intervenido para bien, es mérito de Vichi el recurrir a quien podía hacer aportaciones positivas.

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El Comisario Bordelli, de Marco Vichi

Eds. Témpora
Col. Tropismos
Salamanca, 2004

En los últimos tiempos parecería que cualquier novela del género negro, principalmente la protagonizada por un detective o su variación, debiera ser contemplada como una parte de un todo, como si de una serie de televisión se tratase, en la cual, como no veas los capítulos en su orden corres el riesgo de necesitar un plano para orientarte. En efecto, los autores parece que optan por desarrollar el personaje a lo largo de un proyecto de largo aliento, en vez de presentárnoslo de una vez o repetirse en cada libro (y la variación de esas repeticiones son muestra de la maestría del narrador), en beneficio del lector.
Esto no tiene porqué ser bueno o malo, pero pasa la carga de la prueba a la serie en lugar de hacerlo sobre cada novela. Por ejemplo, una novela de la serie puede ser floja, pero si no la lees te pierdes informaciones fundamentales para los futuros relatos.
Es lo que sucede con esta novela. El personaje de Bordelli (comisario cincuentón, ex-partisano, inconformista, mal considerado por sus superiores, solterón, apto más a entender al delincuente que a una justicia que puede ser justa pero inhumana e inútil) es interesante, y sus personajes secundarios, tanto los que tienen relación con la trama como los que orbitan en la vida del comisario, fascinantes, pero el argumento es, no flojo, pero sí poco relacionado con estas vidas y filosofías que se nos esbozan.
Una anciana ha sido asesinada de forma misteriosa, procurando que la muerte pareciera natural. La distancia de esto con una novela de Agatha Christie es cortísima. Y es poco plato para tan buenas salsas, con lo que toda la estructura de la novela se resiente. Confieso que tengo ganas de leer la segunda novela del comisario Bordelli, pero por dos motivos alejados a una buena sensación que me hubiera podido dejar la primera: seguir al personaje, y averiguar si vale realmente la pena o no, y ver si el autor ha ideado una trama más relacionada con lo que quiere contar, en lugar de trufarnos un enigma de habitación cerrada. Ya les contaré.