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Nocturnos, de John Connolly

Es costumbre de este blog tratar los relatos como obras independientes por derecho propio, salvo las colecciones que tengan algún hilo conductor común. Sin embargo, en el caso de esta colección de cuentos que nos ocupa, va a ser muy difícil que el lector español los encuentre de otra forma que no sea reunidos en este volumen, de modo que creo que la reseña conjunta está justificada.
Como casi todas las colecciones de este tipo, la calidad es variable, aunque Connolly es tan bueno en el género de terror contemporáneo que la media es muy alta, con algunos relatos excelentes.
Por ejemplo, La Señorita Froom, Vampiro, un cuento que cumple lo que promete su título, pero que por un momento suspendido en la lectura, casi parece que va a tener final feliz, hasta que el desenlace (y la propia filosofía de Connolly, en la que el mal lo es sin características redimentes) nos devuelve a la negra realidad del vampirismo.
O El Ritual de los Huesos, un relato lovecraftiano sin referencias al corpus cthulhuliano, pero cuya estructura y ambientación remiten sin dudas a la Nueva Inglaterra que frecuentó en sus sueños (y pesadillas) el genio de Providence.
Cuentos que tocas adecuados puntos de inquietud comunes a mucha gente, como Algunos Niños Se Extravían por Error, donde Connolly se interroga sobre qué hay bajo el maquillaje de los payasos, y responde confirmando las más oscuras expectativas del lector.
Cuentos que podrían llamarse fantasías oscuras, como El Rey de los Elfos, o La Nueva Hija, un género muy querido por el autor, en el que las historias del folclore popular se tiñen de un terror que remite a los temores más primitivos.
Otras, en fin, como El Vaquero del Cáncer Cabalga, en el que el Connolly más conocido por su serie de Charlie Parker, el escritor sin concesiones, el autor no apto para estómagos débiles, no ahorra ninguna crudeza, y que puede dejar al lector en estado de shock.
En suma, una colección variada pero demostrativa de que John Connolly ha llegado al género sin ambages, para quedarse y ganarse un puesto propio en la ficción macabra moderna y contemporánea, con una serie de relatos que se sitúa entre las mejores publicadas en los últimos tiempos.

(Nocturnes)
Tusquests Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2013 [2004]

Portada y sinopsis


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Malvados, de John Connolly

Nos hallamos en Maine, Nueva Inglaterra, cosa habitual con Connolly; existe un personaje que es encarnación de un mal extremo, usual también en el autor; y un combate urgente para que no triunfe, lo que también es recurrente. ero el protagonista no es el habitual detective Charlie "Bird" Parker. Aunque aparece fugazmente en una escena, lo que nos indica que nos hallamos en su territorio y que, pese a no ser él el personaje central, sí que estamos en una historia que puede ser incluida en el canon de este inusual detective.
Es una ampliación de foco que es fácilmente comprensible. Esta historia debía ser protagonizada por otros. De lo contrario, gran parte de lo que la compone hubiera perdido sentido. Por otra parte, esta expansión contribuye de por sí a la creación de un territorio mítico, y a un propósito cuasi geográfico en el que entraré más adelante.
La historia es una a la que Connolly nos tiene acostumbrados: En 1693, una pequeña isla de Maine fue tomada al asalto por una banda de asesinos que exterminaron a la población. Hoy día, un asesino y su banda se dirige hacia allí con un motivo concreto, pero con la misma falta de escrúpulos a la hora de matar a quien sea. Frente a ellos sólo están una policía en prácticas y un policía nacido en la isla, un gigante llamado Joe Dupree. Y una presencia en la isla, dispuesta a purgarse de cualquier otra presencia malvada que ponga los pies en ella.
No por conocido el tema deja Connolly de dominarlo con la maestría habitual. Sus personajes son una maravilla de trazo, el mal encarnado es expresado con una viveza que pocos autores han sabido encontrar, y las situaciones siguen poniendo los pelos de punta sin apartarse de un realismo extremo (aunque pervadido por lo sobrenatural) que son su auténtica marca de fábrica.
Con todo, hay un fenómeno que descolla cada vez más en la ficción de Connolly, y es un realismo en los paisajes y las gentes que es un mérito añadido. No es algo nuevo, ni tan siquiera en la ficción terrorífica. Ya se dijo de Lovecraft que había representado en sus historias el paisaje y carácter de Nueva Inglaterra como pocos. Y Stephen King recibe la consideración de se un escritor de la cotidianeidad y de la gente "normal" que pueblan sus historias, sobre todo las del Maine en el que vive. Connolly hace lo mismo. Sea en las nevadas extensiones fronterizas con Canadá, sea en la urbana y en crisis Portland o, como en este caso, en esas poblaciones isleñas, que dependen de los ferries para sus comunicaciones y la vida; unos isleños que, por serlo, todavía tienen un carácter más extremo de sociedad cerrada, reclusiva y peculiar. En todos estos paisajes el autor va trazando una geografía y unos caracteres de sus gentes que conforman un espacio realista sobre el que basar unas historias casi telúricas. Como Hawthorne, Lovecraft y King sabían bien, esta base real proporciona un apoyo descomunal que hace creíble lo fantástico. Connolly lo sabe también, y se ha convertido en el peculiar retratista de esta región en nuestros tiempos. Esta ambientación verista y perfecta le permite construir sus historias de tal manera que ese mal que describe hunde sus raíces en un terreno abonado para su crecimiento, un territorio repleto de religiones indias, de represiones puritanas, de secretos reprimidos, de venganzas antiguas, de violencia fronteriza y de odios largo tiempo almacenados.
Es algo que debería estar al alcance de cualquiera, pero es Connolly quien mejor lo ha entendido y puesto en sus novelas y quien, una y otra vez, da en el clavo con maestría.

(Bad Men)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2013 [2003]

Portada y sinopsis

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El Libro de las Cosas Perdidas, de John Connolly

Es este un libro peculiar, y no sólo porque se aparta formal y temáticamente de la ficción que Connolly nos suele ofrecer, sino porque se trata de una historia que contiene reelaboraciones de los cuentos infantiles clásicos.
Me apresuro a decir que, no obstante, no se trata de un libro infantil. Esta reelaboración es adulta, de modo que su límite mínimo de edad es el juvenil, aunque lo recomiendo a todo público adulto; por lo menos, a todos aquellos adultos que conservan una chispa de la capacidad de maravillarse propia de la infancia.
David es un niño de doce años que vive en la Inglaterra de las inmediatas vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Y a David le sucede algo terrible: su madre enferma, y tiene que asistir a esta muerte lenta. Cuando su padre decide casarse otra vez, y Rose, la madrastra (he aquí otro arquetipo de los cuentos), además le proporciona un hijo, Georgie, el mundo de David parece desmoronarse definitivamente. Es entonces cuando empieza a oír lo que susurran los libros, y cuando empieza a recibir las visitas del Hombre Torcido, una especie de trasunto de Rumpelstiltskin, quien muestra un gran interés por él y su hermanastro; así como apariciones en sueños de su madre muerta, que pide que la rescate del lugar donde está.
Y una noche en que David va al jardín hundido indicado por su madre, ve dirigirse hacia él a un bombardero Junkers 88 en llamas, derribado en el cielo de Inglaterra. Tratando de escapar del impacto, se introduce en una oquedad en la pared, y aparece en un mundo distinto.
Este mundo tiene un paisaje y unas reglas propias, y está compuesto de todos los cuentos infantiles, de todos los libros que David ha leído, aunque extrañamente deformados, evolucionados, más primitivos, telúricos y brutales, pero a la vez más sofisticados. David emprenderá una búsqueda que será a la vez un autodescubrimiento, un viaje de iniciación, pero una búsqueda muy peligrosa para él y para su familia.
Puede que todo sea un sueño que sucede en la mente de David, en coma por el impacto del bombardero alemán. O puede que, en efecto, haya entrado en una tierra de sueños e historias que se ha conformado a medida de sus lecturas. Hay elementos en la novela que pueden apoyar ambas tesis, y el autor deja que el lector escoja la que le parezca mejor. Tampoco es importante. Lo que importa es el paso definitivo de la infancia a la madures que da David, y la constatación de ese paso nunca es totalmente inocente, que tiene sus reglas y riesgos.
Como metáfora, Connolly emplea los cuentos infantiles, que ya de por sí son como una especie de ritos de iniciación a la vez que avisos sobre posibles peligros de la vida, y así como David crece y se hace adulto en la historia, también los cuentos lo hacen (a veces con efectos cómicos, como los siete enanitos tiranizados por Blancanieves, y que son sindicalistas de ideología marxista convencidos), y sus moralejas se hacen menos simplistas.
Pero esta tesis no se impone como una declaración política. Connolly es, sobre todo, un gran narrador, y El Libro de las Cosas Perdidas es una novela que puede ser leída con un sentido de la maravilla intenso, con un ritmo vivaz, con un empleo de la narrativa que atrapa al lector y lo envuelve en un mundo original y nuevo que, sin embargo, reconoce de sus lectoras infantiles.
Connolly no es el primero en "evolucionar" los cuentos de hadas. Como él mismo dice, muchos autores lo han hecho antes, entre ellos la muy añorada Angela Carter. Y esas reflexiones que hace Connolly no lleva a otro punto.
Si un libro necesita un índice es este. Sin embargo no lo tiene en su edición española, y el lector puede quedar sorprendido de que la historia termine en la página 375, cuando el libro prosigue hasta la 541. La inoperancia de ciertos editores no deja de sorprenderme. Porque, ¿en qué podía perjudicar al libro indicar que contiene una entrevista con el autor en la que Connolly proporciona algunas claves de la obra, y además unos estudios del propio Connolly, incluyendo los textos originales, sobre los cuentos de Rumpelstiltskin, El Agua de la Vida, Caperucita Roja, Hansel y Gretel, Los Tres Cabritos, Blancanieves y los Siete Enanitos, Ricitos de Oro, Los Tres Cirujanos del Ejército, La Pastora de Ocas, a Bella y la Bestia, La Bella Durmiente, Childe Roland a la Torre Oscura Llegó, los centauros y las arpías? Estos estudios son pequeñas obras maestras de interpretación y análisis, y muestran su maestría en traspasar esos mitos infantiles a su novela, así como proporcionar claves de interpretación no sólo sobre la historia de David, sino sobre los cuentos de hadas en general. Es un valioso regalo más allá de una novela que ya es de por sí un regalo para el lector y una demostración de la minuciosidad, trabajo y respeto que Connolly emplea en su escritura.
Tal vez esta obra pueda desconcertar a los seguidores de la serie "Charlie Parker" de John Connolly, pero les aseguro que vale la pena leerla. Tendrán ante sí una de las más originales, gratificantes, sensibles e inteligentes novelas que se puedan escribir sobre esos mitos comunes a todos que son los cuentos infantiles.

(The Book of Lost Things)
Eds. Oniro
Barcelona, 2008 [2006]

22745_1_Connolly.EllibrodelasCosasPerdidas.jpg
John Connolly
¿ Qué sucede cuándo el mundo imaginario de David se convierte en un mundo real ?

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Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu

La primera gran novela de vampiros, fuera de citas casi anecdóticas al no muerto o de (malas) novelas góticas, fue Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu.
Al leerla se perciben todos los elementos que compondrán el mito vampírico tal y como lo conocemos y como lo resumió Bram Stoker en Drácula. Porque la erudición sobre el tema que muestra Le Fanu es notable. Tanto, que Bram Stoker decidió seguir sus pasos para escribir sobre el conde transilvano, y estudiar todo aquello que en el folklore y la literatura se hubiera escrito sobre el "upiro".
Y, además, Le Fanu consiguió meter al mito del vampiro en su forma moderna con una novela que acababa por relacionar el mito con la sexualidad, dotanto a su narración de un subtexto psicológicamente sexual tan fuerte que representaba un desafío para la época victoriana. Por descontado, en esa época no se podían decir según que cosas a las claras, de manera que Le Fanu (y Stoker después) operaron con imágenes y sentimientos, no con evidencias; pero ese subtexto, potentísimo, se halla en ambas novelas, y ha pervivido hasta nuestros días dotando al vampiro de una sensualidad de la que carecía en el folklore, en el caso de Drácula como el seductor de la noche; en el caso de Carmilla, como la vampiresa lésbica por excelencia.
Le Fanu basó su obra en la vida real de la condesa Isabel Bathory, aunque por descontado la modificó en gran medida para que se conviertiera en personaje literario. Pero los rasgos generales están ahí: una aristócrata que ha pervivido, no muerta, durante siglos (no en el caso de Bathory, aunque las leyendas le atribuían tal inmortalidad), eternamente joven, predando a las campesinas de los alrededores.
En el caso de Carmilla, y fuera de la predación que realiza para alimentarse, existe un componente más íntimo, que es el motor de la narración: Laura, la protagonista, no tiene una compañera para entretenerse en el ambiente rural de Estiria en el que vive, de manera que la llegada de Carmilla es providencial, y pronto se forma entre ambas muchachas un vínculo que, como Carmilla insiste en decir, "es más duradero que la muerte".
La estructura de lo que será la novela vampírica está íntegra ahí: la llegada y la entrada del vampiro, sea involuntariamente o por engaño, la confianza y el vínculo que se establece con algún protagonista, la predación de esta víctima, muchas veces de forma distinta y más trascendental que con el resto de seres que el vampiro usa para alimentarse, el descubrimiento de la verdad (y Le Fanu también incorpora los prototipos de los intrépidos cazadores de vampiros que serán también elementos del género) y la destrucción del monstruo.
Todo ello con un lenguaje sutil, muy insinuante, y ciertamente con el mejor estilo que la época proporcionaba, sin demasiados tremendismos y con un onirismo muy presente en la narración que la hace atmosférica. Una joya imprescindible del género.

(Carmilla)
En The Penguin Book of Vampire Stories
Penguin Books
Londres, 1988 [1872]
Ed. de Alan Ryan

Varias ediciones en castellano

Texto en inglés de Carmilla en Project Gutenberg

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Cuervos, de John Connolly

Con una serie bien establecida a sus espaldas, en esta novela se aparca momentáneamente el destino, que se teme funesto, que acompaña al detective Charlie Parker para centrarse casi en exclusiva en uno de sus casos y apenas en su vida personal.
Sin embargo, Parker sigue siendo lo que los ingleses denominan un "imán de lo extraño", de modo que lo que nos encontramos es una caso policial, sí, pero con esa intrusión de lo psíquico, de las almas dolientes, en la historia; una característica que ya es marca de la casa y que, precisamente, da su carácter distintivo a estas peculiares novelas negras que Connolly nos regala.
Una niña ha desaparecido en el pueblo de Pastor's Bay, en Maine, y todo el protocolo federal, estatal y local se ha puesto en marcha temiendo un secuestro por motivos pedófilos. Coincidiendo con esto, uno de los habitantes de este pueblo ha contratado mediante una abogada los servicios de Parker. ha empezado a recibir fotos anónimas que lo retrotraen a un pasado terrible. Y es que Randall Haight, cuando era menor de edad, asesinó en compañía de un amigo a una menor en Dakota del Norte. Juzgado como adulto y condenado a dieciocho años de prisión, a su salida se le proporcionó una nueva identidad para darle una oportunidad de emprender otra vida limpia de un estigma que podía condenarle a algo peor que la cárcel. Ahora, alguien parece haber descubierto su nueva identidad y amenaza con hacerla pública en el peor lugar posible, en uno en el que será el sospechoso principal del secuestro de la joven Anna Kore.
Sin embargo, Parker sospecha que hay algo más en esta historia. Tiene la impresión de que Haight miente en su versión de lo sucedido en Dakota, y de su auténtico papel en la hecho. Y él mismo empieza a recibir mensajes por teléfono que acusan al jefe de policía local. Y entre los agentes del FBI asignados al caso hay uno que, en principio, no debería estar allí, puesto que se ocupa en la lucha contra el crimen organizado.
Pese a que el dilema del destino de Parker, y que es uno de los atractivos de la serie, queda soslayado por le momento (aunque el intenso pathos que acompaña al personaje sigue muy presente), el caso está tan bien trazado y su desarrollo es tan logrado que Cuervos sigue siendo una de las mejores opciones dentro de la novela negra actual. Sigue tratando del mal, y aunque nos ea tan absoluto como en otras novelas, la presencia de unos cuervos más que ominosos como testigos de las acciones de Parker hacen suponer que este episodio puede tener sus repercusiones futuras en el enfrentamiento que Charlie Parker mantiene con los representantes en la tierra de ese mal absoluto.
Hemos destacado ya otras veces el logro que representa el que Connolly revitalice un subgénero tan agotado y difunto como el del detective psíquico. Eso se debe a aplicar los modelos de la novela negra moderna al género del investigador de lo sobrenatural, pero también a introducir un intenso realismo en los paisajes y en los personajes, así como en captar a la perfección la atmósfera que pervade Nueva Inglaterra, una entre el gótico puritano tradicional y los devenires de la sociedad contemporánea, en este caso la crisis económica actual. Y el introducir un elemento social, pero a la vez humano y profundamente doliente del sufrimiento que se abate sobre las gentes; un sufrimiento que se deposita en los hombros de Parker, un personaje como no hay otro en la novela negra moderna.

(The Burning Soul)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2012 [2011]
Serie detective Charlie "Bird" Parker nº 10

Portada y sinopsis

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Voces que Susurran, de John Connolly

(The Whisperers)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2011 [2010]
Serie Detective Charlie Parker nº 10

He comentado ampliamente la serie del peculiar detective Charlie "Bird" Parker, y saben ustedes que le tengo un gran aprecio, porque consigue recuperar un género, el del detective psíquico, y encajarlo, en primer lugar, en el mundo contemporáneo, y en segundo, en la novela negra moderna. Sin que chirríe jamás.
Cada sucesiva novela de la serie es un paso más en la definición del carácter y las circunstancias vitales del protagonista, así como abrir un poco más la puerta de qué es realmente Charlie Parker, si hombre o demonio arrepentido.
Sin embargo, Connolly no es sólo autor de género, y cuando he dicho que su serie se insertaba con toda perfección en el ámbito de la novela negra moderna, quiero decir que no se ausenta de lo que sucede en el mundo (justamente un defecto que adolecieron los detectives psíquicos que le precedieron, convertidos en unos Hércules Poirot de pacotilla dedicados a atrapar fantasmas las más de las veces victorianos). En este caso, lo que ha sucedido en el mundo son varias guerras, pero una en particular que ocupa a la sociedad americana, como es la de Iraq.
Esto, y el trato que reciben los veteranos de guerra a su regreso al hogar, es un tema centra de esta Voces que Susurran. Pueden comprobarlo en la sección de agradecimientos (Connolly es autor de los que agradece bastante; en su descargo, diremos que ahí también proporciona la bibliografía que ha utilizado, y es tan apasionante como la novela). El síndrome de estrés postraumático, esa dolencia que afecta a aquellos que han sufrido una experiencia traumática y que, después de haberla en teoría superado, sigue actuando en sus vidas, es omnipresente en el texto.
Con lo que tenemos de nuevo la confirmación del papel de la novela negra contemporánea como reflejo de la sociedad en la que se desarrolla.
En cuanto a la trama "criminal" en sí, es otra de esas piezas de relojería a las que Connolly nos ha acostumbrado. Los museos de Bagdad han sido saqueados, y esas piezas arqueológicas tienen un mercado inmenso. Un grupo de excombatientes, que organizó el asalto al Museo Arqueológico de Bagdad, intenta darles salida, en una operación de contrabando a caballo de la frontera de Canadá y Estados Unidos. Pero entre ese botín hay una pieza particularmente inquietante. Y Parker, que ya casi se ha resignado a ser un imán de lo extraño, se topará con esta trama. Pero también se topará de nuevo con El Coleccionista, ese inquietante personaje que conocimos varias novelas antes y que también es un justiciero... aunque de un patrón absolutamente frío y despiadado.
No tengo ni idea de cuánto va a alargar la serie John Connolly. Pero sólo les digo que, mientras novela tras novela mantenga el listón de calidad tan alto como en esta Voces que Susurran, por mí puede hacer tantas continuaciones como quiera.

Portada y sinopsis

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Todo lo que Muere, de John Connolly

(Every Dead Thing)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 20042 [1999]
Serie Detective Charlie Parker nº 1

Hemos hablado varias veces (sólo tienen que clicar en la etiqueta Connolly ·John al pie de esta entrada) sobre la peculiarísima ficción de John Connolly y su detective (psíquico) Charlie "Bird" Parker. Bueno, pues Todo lo que Muere es la novela que lo inició todo.
En ella, y ya de inicio, encontramos a un Parker que ha sufrido un golpe devastador. Detective del departamento de policía de Nueva York, insatisfecho con su trabajo, una insatisfacción que traslada a su vida privada, y abocado a la bebida, tras una discusión familiar va a emborracharse a un bar, y cuando regresa a casa encuentra a su esposa y su hija asesinadas brutalmente, desolladas y dispuestas en una silla como si fueran una siniestra pietà.
Parker resiste. Resiste por un sentimiento de culpa y arrepentimiento, por haberle fallado a su familia y porque refugiarse en la bebida o la desesperación sería reconocer el fracaso definitivo. Y. por otra parte, resiste por su voluntad de encontrar al asesino.
El caso lleva meses estancado y sin pistas para su resolución, y eso es muy mala señal. Parker abandonará el cuerpo y se dedicará a la investigación privada. El encargo de buscar a una chica desaparecida hará aflorar los cabos sueltos suficientes que pueden enlazarse con su propia historia personal y que llevan hacia El Viajante, un personaje intrínsecamente malvado sin otra motivación (uno diría que en esta vida y en la otra) que la de la muerte y el sufrimiento.
Es interesante ver la evolución personal de Charlie Parker, un personaje tan cargado de pathos como pocos se han creado en la ficción contemporánea. En esta primera novela es un vengador frío, despiadado, colérico, y uno sospecha que al borde de convertirse en aquello que persigue destruir. El mérito de Connolly reside en esta evolución gradual del personaje, una especie de justicier que, por la naturaleza de lo que tiene que "equilibrar", está siempre abocado a un tormento interior casi insoportable. Y si todas las novelas de Connolly, tomadas por sí solas, son magníficas, la serie constituye una demostración palmaria de cómo un conjunto puede ser superior a la suma de las partes. Es mérito de uno de los autores más intensos, y sin duda mejores, que ha surgido en la narrativa contemporánea.

Portada y sinopsis

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Els Amants, de John Connolly

(The Lovers)
Eds. Bromera, col. L'Eclèctica
Alzira (Valencia), 2010 [2009]
Serie Charlie Parker nº 9

El cariño que tengo por lo que hace John Connolly está suficientemente probado (Perfil Asesino, Los Hombres de la Guadaña, The Unquiet) y proviene de que haya abordado un género, el del detective psíquico, que estaba muerto y enterrado y lo ha resucitado no como un zombie sino como un tema lleno de vida y potencia. Por supuesto, esto se debe al talento y estilo de su autor y a comprender a la perfección lo que estaba haciendo, porqué, y para qué.
En esta Los Amantes, Connolly da una nueva vuelta de tuerca a su personaje. Es una vuelta leve, pequeña, pero significativa para comprender hacia dónde va la vida de su protagonista y la razón misma de su existencia. Que se produzca puede indicarnos, tal vez no el final de la serie, pero sí la explicación de porqué Charlie Parker es un personaje que constituye un imán para lo extraño, una especie de contrapoder (muy a pesar suyo: uno de los grandes éxitos de Connolly es esa carga existencial que abruma a Parker) de las fuerzas del mal que pasean por entre la humanidad.
Desprovisto de su licencia de detective privado y vetado de portar armas de fuego, Charlie Parker se dedica a esclarecer un hecho que ya conocíamos por novelas precedentes: el suicidio de su padre, policía, después de haber matado a dos jóvenes desarmados. Un hecho que tiene mucho más que ver de lo que creemos con esta especie de maldición que soporta Parker, como es la de ser el receptor del dolor de los demás y tener que constituirse en vengador de los inocentes.
Lo cual nos indica también que la visión unificada que tiene Connolly del personaje y su historia es más cuidadosa y planificada de lo que es normal en estas series. Connolly sigue adelante (y a toda potencia) en su trazo del pathos que comporta su héroe/antihéroe, pero le añade, a partir de esta novela, una dimensión más: el hecho de que Parker no es el personaje que, por una serie de circunstancias, se ve inmerso en unos casos totalmente extraños; la verdad es que Parker tiene un destino involuntario encima, y es peón de unas fuerzas y poderes muy superiores a él, y que no puede controlar. Todo ello nos prefigura un futuro para el personaje y la serie que, de seguir con los niveles de calidad que ha mostrado hasta ahora, no puede más que ser apasionante.

Portada y sinopsis de la edición castellana
Portada i sinopsi de l'edició catalana

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Perfil Asesino, de John Connolly

(The Killing Kind)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2005 [2001]
Serie Charlie Parker nº 3

Les he comentado ya un par de veces (Los Hombres de la Guadaña y The Unquiet/Los Atormentados) la originalísima obra de John Connolly, que ha conseguido crear una obra única, evolucionada a partir de varios géneros. También les he dicho que Connolly merecía todo mi respeto al haber conseguido lo que ya pocas veces pueden provocarme obras tanto fílmicas como literarias, como es esa frisson, esa inquietud que hace que un lector se encoja instintivamente en la butaca mientras está leyendo.
Pues bien, esta Perfil Asesino es la que provoca esa sensación con más fuerza. Y lo hace desde las primeras páginas, siguiendo la máxima de Cecil B. De Mille de "empezar con un terremoto y seguir para arriba", con un tono mesurado y expositivo que, de repente, desemboca en una escena de pesadilla.
La trama central es el hallazgo de una fosa que descubre un asesinato masivo ocurrido en la década de los 60. Todos los miembros de la comunidad baptista de Aroostook desaparecieron sin dejar rastro, y ahora sus cadáveres han salido a la luz. Este hecho, y el que alguien investigue la historia de esa comunidad, provoca una serie de muertes. Charlie "Bird" Parker, un detective que recurrentemente en sus novelas intenta alejarse de los crímenes de sangre, dará el apaso adelante en la investigación, imbuido por el sentido de responsabilidad hacia las víctimas, que han desaparecido de este mundo, pero se hacen muy presentes en sus sueños.
Connolly ha desarrollado un híbrido de novela negra, detective psíquico y novela de terror, aprovechando los modelos de estos géneros pero evolucionándolos y adaptándolos, insisto, de una forma única. Charlie Parker hereda la tradición del detective psíquico, que tiene visiones del más allá y es sensitivo hacia las personas que han sufrido muertes trágicas e inmerecidas, pero no emplea agua bendita, ni grimorios, sino unas pistolas muy reales. Porque los malvados de las novelas de Connolly son, en efecto, encarnaciones más cercanas al Mal absoluto que a otra cosa, pero muy humanos. Si bien se mueven en una frontera nebulosa entre lo real y lo sobrenatural, son vulnerables (aunque difíciles de matar, por supuesto). El mérito de Connolly es encajar una narración verista, enclavada en los escenarios del estado de Maine, dentro del modelo hard-boiled y reconvertirla en auténticos horrores naturales y sobrenaturales que, extremos como son, no son nunca ridículos ni caricaturescos. Cuando uno cierra una novela de Connolly, sale de ella habiendo pasado por escenarios naturales, por situaciones posibles y con la inquietente sensación de que esos personajes que encarnan el Mal, si bien no son frecuentes, son perfectamente plausibles.

Portada y sinopsis

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Los Hombres de la Guadaña, de John Connolly

(The Reapers)
Tusquets Ed., col. Andanzas
Barcelona, 2009 [2008]
Serie Detective Charlie Parker nº7

Hemos hablado con anterioridad (The Unquiet/Los Atormentados) de John Connolly, una voz única en la literatura policíaca y de lo sobrenatural actual. La razón de mi cariño por él es muy personal, aunque si lo miran bien, no lo es tanto: uno lleva leyendo historias de terror desde hace largo tiempo, y las sigo leyendo por aprecio al género, pero no para que me den escalofríos. Se aprende a reconocer los modelos y a apreciar el modo en el que están ejecutados (y esa es una definición del análisis literario tan buena como otra), de modo que mis valoraciones en el género suelen basarse en ese parámetro. Pues bien, Connolly es el único autor en los últimos tiempos que ha conseguido ponerme los pelos de punta. Hacerle eso a un lector, digamos, inmunizado, o resabiado si quieren, tiene su mérito. De modo que cuando Connolly publica otra de sus particulares exploraciones del policíaco en el terreno de lo más parecido al mal absoluto que existe en literatura, lo leo con interés, curiosidad y, porqué no decirlo, benevolencia. Todos los comentaristas tenemos filias y fobias, y creo que el secreto es explicar y justificar aquéllas mediante el texto y no darles la tabarra con estas últimas.
Pero la prevención que les comenté en esa reseña anterior sigue en pie: corazones débiles, absténganse. Las historias de Connolly son violentas, y por mucho que la realidad lo sea mucho más (y la prensa me da la razón a diario), leerlas negro sobre blanco puede resultar difícil de digerir para algunos lectores. Quedan avisados.
Confieso que torcí el gesto cuando supe que el personaje fetiche de Connolly, el detective Charlie "Bird" Parker, cedía su protagonismo en esta novela a la pareja de asesinos a sueldo formada por Louis y Ángel. Atractivos y enigmáticos como son, carecen de la carga existencial que caracteriza a Parker. No obstante, como he dicho, estoy dispuesto a perdonarle bastantes cosas a Connolly.
Sin embargo, y aunque no constituye una de sus mejores novelas, Connolly vuelve a conseguir mantener un nivel que pocos consiguen. Los dos protagonistas se definen como «del lado de los ángeles, aun cuando los ángeles no tuvieran muy claro si eso era para bien o para mal». En esta novela, Louis, esa máquina de matar, tiene que luchar por su vida contra un fantasma del pasado, y Connolly aprovecha para explicar la historia de estas dos némesis ambulantes. Por supuesto, la razón por la que Connolly capta la atención del lector es que los enemigos a los que se enfrentan son mucho peores, pero el autor es también consciente de que sus protagonistas están más allá del punto de redención. Es de agradecer que no intente hacernos comulgar con ruedas de molino, y que presente a estos dos personajes como instrumentos que, como máxima bondad, pueden ser utilizados en su oficio para, no hacer el bien, sino corregir un mal. Mantener el interés del lector en estas circunstancias es un tour de force que se sustenta a pura fuerza narrativa. Y lo consigue. Con una trama bien organizada y enigmática, con flashbacks interesantes y con la narración fluida y en apariencia fácil que le caracteriza.
Nadie hace lo que John Connolly. E incluso en sus peores momentos, lo hace muy bien. Por eso Connolly, hasta el momento, no me ha defraudado jamás.

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El Tercer Policía, de Flann O'Brien

(The Third Policeman)
Montesinos Ed., col. Visio Tundali/Contemporáneos
Barcelona, 1987 [1940]

Tal vez convenga empezar con lo que plumas más distinguidas que la mía han escrito sobre esta obra: "En la vanguardia de la escritura contemporánea" (Dylan Thomas); "Un verdadero escritor dotado de auténtico sentido cómico" (James Joyce); "Un libro entre mil: en la línea del Tristam Shandy y Ulises" (Graham Greene); "Incluso con Ulises y Finnegans Wake a sus espaldas James Joyce podría haber sentido envidia" (The Observer).
Esta es una reseña difícil de escribir, ya que no se puede comentar en su debida extensión El Tercer Policía sin desvelar por lo menos un hecho fundamental del argumento. Para aquellos que deseen descubrir por sí mismos este hecho, bástenles los elogios antes expresados y mi palabra de que son verdad. Los demás, lean lo que sigue a su propio riesgo. El que avisa no es traidor.
El protagonista, un hombre simplón pero filosófico, está en manos de Divney, un ser ruin que se aprovecha de él y que finalmente lo llevará a la complicidad en un asesinato por dinero. Pasados tres años, y no sin desconfianzas mutuas, llega la hora del reparto del botín. En cuanto el protagonista mete la mano en el escondite del mismo, se produce un cambio en su percepción. Olvida su nombre, se le aparece el fantasma del asesinado, y emprende una extraña odisea en una estrafalaria comisaría, irreal y onírica, que parece controlar la puerta de la eternidad.
El lector, mediante la inmersión en este mundo fantástico y a veces de pesadilla, empieza a adquirir la convicción de que este protagonista narrador puede (o puede que no) estar muerto y ser él mismo un fantasma o, cuando menos, haber entrado en un período atemporal de desconexión de la realidad.
Por definición, este mundo alternativo no tiene reglas lógicas, y O'Brien utiliza esta falta de leyes para la diversión y el humorismo. Así lo dice el autor, pero es curioso consultar la Britannica y descubrir que el articulista dice que "El Tercer Policía es una obra mucho más sombría [que las anteriores]". No hay contradicción en estos términos, por cuanto el humor, cuando se refiere a los aspectos de la vida humana, suele virar al negro absoluto.
No hay humor superficial en esta obra, y bien podría definirse (pese a su recurso al absurdo, o precisamente por ello) como una de las primeras obras de humor filosófico (que recuerda en muchos aspectos a El Hombre que Fue Jueves de Chesterton). Todo es más o menos relevante en esta novela, y todo va destinado a cuadrar el balance final, en una pirueta narrativa que conlleva una estructura circular que sirve, a la vez, como chiste de cierre y como reinicio de una pesadilla, de un infierno, esta vez sí con plena consciencia.
El Tercer Policía va más allá de la anécdota o la humorada. Esta falta de reglas que tienen las pesadillas o el infierno permiten, por contraposición, por suspensión o por contraste, reexaminar las que existen en el mundo real. No salen éstas bien paradas, y si bien es apropiado reírse de ellas con esta novela, no dejamos de tener la impresión de que, en el fondo, vivimos en una especie de infierno, y que nuestra vida real es tan errática e ilógica como nuestras peores pesadillas.

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The Unquiet, de John Connolly

Simon & Schuster, Inc./Atria Books
Nueva York, 2007 [2007]

En un tenderete de feria, un hombre se acerca a la atracción, a la hora de cerrar, y pide que su propietario ejerza su cometido y adivine a qué se dedica para vivir:
"─Usted causa dolor.
El extraño pareció divertirse.
─¿Es así? ─dijo.
─Usted hace daño a la gente.
─¿Ajá?
─Ha matado
[...]
El extraño sacudió la cabeza y se miró las manos, como asombrado en silencio por lo que habían revelado.
─Bien ─dijo por fin─. Reconozco que vale los cincuenta centavos de cualquiera, y no me equivoco. Esa es la historia. Esa es buena parte de la historia ─asintió para sí mismo─. Ajá ─dijo en voz baja─. Ajá.
─¿Quiere un premio? ─interpeló Dave─. Puede tomar un premio si me he equivocado [...]
─Nah ─respondió el extraño─, quédeselos. Me he entretenido. Usted me ha entretenido."
Años más tarde, ese hombre aparecerá de nuevo. Daniel Clay, un psiquiatra infantil especialiado en abusos, desapareció hace seis años. Y ese asesino empieza a acosar a la hija del doctor, obsesionado con la búsqueda de su propia hija, desaparecida por las mismas fechas. Rebecca Clay entonces recurrirá a los servicios del detectiva Charlie Parker ("Como el cantante" "Saxofonista" "¿Seguro que no era cantante?" "Seguro"). Pero Parker, como si fuera una maldición de la que no pudiera librarse, se encontrará de nuevo con algo que va más allá de la simple maldad humana, con una encarnación situada fuera de cualquier sistema legal humano.
El tema de los detectives de lo sobrenatural no es nuevo, y siempre ha gozado de éxitos parciales e incompletos. Seabury Quinn, Algernon Blackwood y tantos otros han logrado captar la atención del lector... en un principio. Después, la fórmula se ha convertido en repetitiva y, casi, en autoparódica.
Tal vez el éxito de John Connolly se base en que su personaje no es un "excéntrico", un psíquico, mentalista, parapsicólogo o similar, metido siempre en el mundo cerrado y aparte de lo sobrenatural, sino un detective normal, que se dedica a trabajos normales y aspira a una vida normal, pero que, muy a pesar suyo, se ve obligado a sufrir lo sobrenatural en su propia vida como si el hecho de haber sido tocado por la maldad en una etapa de su vida lo hubiera contaminado para siempre, le hubiera convertido sin remisión en una especie de fuerza compensatoria, pero comprendiendo que no hay nada de cruzada en ello, sino una especie de maldición.
Puede que lo que me atrae de las novelas de Connolly sea el hecho de que, trate el tema que trate, siempre tengo la curiosidad de ver hasta qué punto la vida de Charlie Parker sigue caminando hacia su destrucción anímica y personal o si, por el contrario, llegará un punto en el que Parker logrará redimirse de esta maldición que le azota y podrá por fin convertirse en una persona común y corriente. Es un hecho que en cada novela Connolly tensa la cuerda hasta el límite. En su haber hay que situar que, a pesar de ello, esa cuerda nunca llega a romperse y que jamás caiga en el ridículo o la parodia.
Pero no sólo de argumentos, por potentes que sean, vive un novelista y un personaje. Connolly trabaja con tipos que parecen increíbles, pero son a la vez plausibles. Irlandés que ha vivido en Estados Unidos un montón de años, ha hecho suya Nueva Inglaterra, una geografía que desde sus mismos inicios, desde la llegada de los Puritanos hasta los juicios de Salem, es tan infernal como el suelo de Meggido; en ese terreno, construye una atmósfera que da toda la impresión de no ser totalmente ficticia, sino muy real.
Una última advertencia. Charlie Parker se encuentra con situaciones, por lo general, que agreden a colectivos y personas por naturaleza vulnerables (en este caso, la pedofilia y el maltrato infantil), pero que no nos alcanzan como meros casos individuales, sino como temas que, en su conjunto, nos llevan más allá de la simple malicia o perversión humana, sino directamente hacia un concepto maligno que nos espanta porque vive en nosotros: esa capacidad tan humana de hacer de nuestros semejantes meros objetos en los que ejercer todas nuestras indulgentes aberraciones, toda nuestra sed de mal. No es lectura para corazones débiles.
Para los que deseen leer la serie por su orden debido (y es algo que recomiendo), este es:
-Every Dead Thing (Todo lo que muere)
-Dark Hollow (El poder de las tinieblas)
-The Killing Kind (Perfil asesino)
-The White Road (El camino blanco)
-The Black Angel (El ángel negro)
-The Unquiet (Los atormentados)