El Gran Carnaval, de Billy Wilder

SESIÓN MATINAL 

(Ace in the Hole / The Big Carnival); 1951

Director: Billy Wilder; Guión: Billy Wilder, Lester Samuels, Walter Neumann; Intérpretes: Kirk Douglas (Chuck Tatum), Jan Sterling (Lorraine), Porter Hall (Boot), Bob Arthur (Herbie), Richard Benedict (Leo), Ray Teal (Sheriff), Frank Cady (Federber); Dir. de fotografía: Charles B. Lang Jr; Música: Hugo Friedhofer.

La maestría de Wilder para la comedia ha oscurecido en cierta manera sus tremendas dotes para cualquier otro tipo de lenguaje fílmico, y muchas veces hay que recordar que es también el director de Días sin Huella o El Crepúsculo de los Dioses.
Una de las menos recordadas películas del maestro es El Gran Carnaval que, sin embargo, si no es una obra maestra se le aproxima bastante.
El muy pagado de sí mismo periodista Chuck Tatum desembarca, sin un céntimo en el bolsillo, en la localidad de Albuquerque, Nuevo México. Haciendo lo que mejor sabe hacer, es decir, venderse, convence al director del periódico local para que le contrate como reportero. Todo va bien, pero un día se presenta una tentación demasiado fuerte ante él: un hombre ha quedado atrapado en una cueva. Algo de interés local, con su tensión durante el rescate y todos los demás componentes humanos de la historia, pero Tatum decide que esa historia puede ser su salto a la fama, y empieza a darle una cobertura sensacionalista, convenciendo a medios de ámbito nacional para que le "compren" la historia. Que, por descontado, cubre en exclusiva. Y llega el punto del dilema. Las labores de rescate avanzan y pronto el desdichado Leo podrá salir a la superficie. Y entonces decide retrasar los trabajos de auxilio...
Que Wilder sea un genio del humor no debería ocultar a nadie que usa de una clase de humor que es ácido hasta llegar a la corrosión. Aquí, desprovista del elemento jocoso, la acidez se muestra rampante en una película que arremete contra todo. Cierto es que arrasa con cierto tipo de prensa y de periodistas, pero también incide, y mucho, en que si ese tipo de prensa existe es porque alguien está dispuesto a comprarla. Las multitudes acudiendo al lugar donde el desgraciado Leo está enterrado en vida como si estuvieran en una fiesta dicen mucho del ser humano y de sus actitudes ante la vida y la desgracia ajena.
Todo ello en un film que supone un lujo de cinematografía y dirección, con un Kirk Douglas (¿Quién dijo que Douglas era un mal actor?) insuperable en la interpretación de un guión que, como siempre en Wilder, rebosa ironía y crítica social.

Tráiler:


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