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El Tango de la Guardia Vieja, de Arturo Pérez-Reverte

FIRMA INVITADA: Susana Rizo

Reflexiones en torno a El Tango
La última novela de Arturo Pérez-Reverte nace en un barco con un tango y muere cuarenta años más tarde en tierra firme, en el otro lado del mundo, con una partida de ajedrez.
El Tango de la Guardia Vieja cuenta la peculiar historia de amor que viven un hombre y una mujer que casualmente ‘coinciden sobre la Tierra’ ─como reza la cita de Joseph Conrad que encabeza la novela─ a lo largo de tres momentos del siglo XX (años 20, 30 y 60) en cuatro escenarios distintos: un barco (el Cap Polonio), Buenos Aires, Niza y Sorrento.
Calificar de "peculiar" su relación no se debe tanto a que él sea un pirata y un ladrón de guante blanco y ella, una dama de alta cuna, sino a que él es un digno caballero ─aunque se apropie de cuanto no es suyo, sean palabras u objetos─ y a que ella posee una impecable presencia que no es óbice para que explore sus límites físicos y abra puertas a lo que el narrador ha convenido en llamar “lugares impropios”.
Ella tiene una apariencia real bajo la cual esconde secretos. Y él, una apariencia robada bajo la cual también esconde sus secretos. Se conocen bailando en los elegantes salones del Cap Polonio, en el transcurso del viaje que ella, Mercedes Inzunza (Mecha), y su marido, el famoso compositor Armando de Troeye, hacen con la finalidad de encontrar en Buenos Aires inspiración para componer un tango. No uno cualquiera: El Tango que da nombre a la novela. A partir de ese momento nuestro protagonista masculino, el bailarín mundano Max Costa, se convierte en el anzuelo, en el “catalizador” del matrimonio De Troeye para adentrarse en los orígenes del tango, en los lugares peligrosos y marginales donde nació esta música.
Mecha y Max se reencuentran casualmente 10 años después en Niza, donde él se ve involuntariamente envuelto en un asunto relacionado con el espionaje, siendo la guerra civil española y el ambiente prebélico en Europa el telón de fondo que condiciona el segundo movimiento de este tango.
Treinta años después, y de nuevo de forma casual, ambos vuelven a verse, esta vez  en Sorrento, donde se celebra un campeonato de ajedrez, tercer movimiento, y final, de este tango. 
Los encuentros casuales van madurando esta historia entre Max y Mecha, y los acontecimientos se aceleran de una forma extraordinaria y frenética, mezclando de una forma audaz y técnicamente perfecta los tres tiempos en que se mueve la obra, que dejan literalmente enganchado al lector a la novela. Cada vez más rápido. Perfectamente sincronizado, hasta solaparse del todo, siendo el tango el punto de encuentro y desencuentro.

Nuevo estilo
Arturo Pérez-Reverte se consolidó como un gran escritor hace mucho. Desde aquel impactante e inolvidable Territorio Comanche que nos convirtió a muchos en seguidores de su obra. Revertianos. Y tiene en su haber unas cuantas obras que considero maestras. Tan sólo por nombrar cuatro, la citada Territorio Comanche, la saga de Alatriste, El Maestro de Esgrima o La Carta Esférica (por la cual guardo una gran estima personal). En su vigésimo novena novela, el escritor cartagenero se nos descubre más maduro, con ganas de explorar un nuevo terreno en el que la mujer va a tener mucho que ver. Una mujer inteligente y serena que, al igual que sucedía con Tánger Soto en La Carta Esférica, posee algunos secretos, lugares donde nadie ha entrado. Según Reverte, el hombre que gana su mirada puede dar por satisfecha su propia vida, pues ya habrá valido la pena.
Con El Tango de la Guardia Vieja, Arturo Pérez-Reverte deja atrás conflictos bélicos, que aquí son sólo telón de fondo. Los enigmas y los asuntos de espionaje son la excusa para hacer que coincidan estos dos seres cuyo tango se interrumpe dos veces por circunstancias adversas, y otra por capricho.
Pero el autor no sólo penetra en una relación pasional entre un hombre y una mujer, terreno al que no nos tenía acostumbrados, sino que también nos enseña y presenta de forma impecable un mundo perdido que agoniza en el mismo libro conforme éste avanza. Maneras, elegancia y códigos que se tenían, fueras soldado, marqués o ladrón. Se trata de una ambiciosa construcción para recrear y recuperar ese mundo a través de infinidad de detalles. Una auténtica obra de orfebrería barroca con un trabajo ingente detrás, preciosista e impecable. Todos esos detalles van creando imágenes, de manera que es posible visualizarlo. Y escucharlo, pues es un mundo que tiene su propia banda sonora. Retrocede también en el lenguaje. No hay una sola palabra fuera de sitio, de su contexto. El cinematógrafo, por citar un ejemplo, se llama cinematógrafo.

No sólo una historia de amor
En El Tango de la Guardia Vieja la narración atrapa, la técnica perfecta de Pérez-Reverte para crear ambientación, los diálogos, las tramas hacen que la lectura se vuelva frenética a ratos, especialmente hacia la mitad de la novela, con el asunto en Niza con esos peligrosos espías rondando a Max (el personaje de Mostaza pone la carne de gallina) y hacia el final, con la no menos apasionante partida de ajedrez en Sorrento.
Pero tengo un problema. Y no sé cómo explicarlo. Yo volvería a leer El Tango de la Guardia Vieja porque sin duda es una de las novelas que más me han gustado de Arturo Pérez-Reverte. El engranaje en su conjunto me parece perfecto, pero el tema central de la obra, que es la historia de amor entre Max y Mecha, desde mi punto de vista subjetivo se ha quedado a medio camino y no he conseguido creérmelo, salvo al final. Demasiados quiebros. Demasiadas paradas. Su tango es amargo. Esta es más bien una historia de desamor que, de tan imposible, no sucede. O si sucede, he tenido la poca fortuna de no haberlo sabido ver. Su historia de amor, en cualquier caso, no concuerda con la que yo me había imaginado. No se buscan, se encuentran por casualidad dos veces más en su vida tras su primer encuentro, aquel en que ella le concede el honor de cederle su espacio y de mirarle. Ambos funcionan bien por separado, lo cual me lleva a pensar que esta historia fragmentada en tres encuentros casuales es la única que podían haber tenido. Si hubieran seguido juntos hubieran perdido lo que tuvieron. En el fondo, no son tan diferentes. Se mueven en terrenos peligrosos cuando lo desean aunque sus motivos sean diferentes. La frialdad de Mecha y su actitud aparentemente displicente, lejos de atraerme me han provocado cierta distancia. Me faltan aristas en este personaje, niveles de profundidad para poder llegar a la verdad, entrar en la mirada de Mecha. Me parece menos terrenal que Teresa Mendoza (La Reina del Sur), o Lolita Palma (El Asedio). En cierto modo me recuerda a Tánger Soto (La Carta Esférica) por el hermetismo. Aunque en Tánger su lado oscuro es peligroso porque en su ambición puede arrasar con todo, y en Mecha va por otros derroteros. Le gusta experimentar con su cuerpo. Con Max no me ha costado tanto acercarme. Además, casi siempre tengo su punto de vista y eso me ha ayudado a ver mejor a través de sus ojos. Es un tipo que ha sabido desenvolverse con soltura por el mundo usando sus armas. Un amante de la aventura que al final de su recorrido asume con honestidad las cartas menos afortunadas que le reparten.
Gracias a Max he podido ver a Mecha de otra manera, pues él es el único que creo que es capaz de poner su mundo del revés. Personalmente me han despistado esas apariencias tan trabajadas en las que se basan justamente sus papeles en los mundos en los que viven. Asumo que son muy importantes. Pero aunque la novela me ha atrapado como pocas, yo buscaba un estremecimiento con la pareja de baile que no ha terminado de llegar, con la excepción de su tercer reencuentro, cuando envejecen: es ahí cuando afortunadamente esa distancia se fue acortando. Lo que no terminaba de funcionar lo salvan esos gestos finales, como cuando él se lleva el pañuelo de ella, o el hecho de que la última aventura de Max se la dedique a ella, y no a él mismo. En mi opinión ahí está el retrato más brillante y franco de ambos. Al cabo, ella, a pesar de su casi etérea presencia, se derrumba ante la presencia de ese hombre. Su pareja de baile. Es más, diría que en un momento ella parece necesitarle más que él a ella. Bailaron un tango, qué duda cabe, tal vez desacompasado por los tiempos y las circunstancias. Es cuando empiezan a rebajar la intensidad de su baile cuando se dan cuenta de que lo fue, o mejor dicho, de que pudo haber sido.
Lanzo una pregunta ¿Por qué ellas siempre acaban pidiendo misiones suicidas a sus hombres?

El inclemente e inmisericorde. Perder la luz. Perder la sombra.
El paso del tiempo. Este es, a mi parecer, otro de los grandes temas de El Tango de la Guardia Vieja. Una vez escuché al maestro Reverte pronunciar estas palabras “Creo que es algo grande que a los 61 años aún tenga ganas de seguir, de hacer un nuevo asalto y recorrer nuevos caminos literarios”…“Sólo se es joven antes de entrar en combate; después, ya has envejecido”. Y sin embargo a veces existe la posibilidad de emprender un nuevo asalto, iniciar por azares de la vida y el destino una nueva aventura que le devuelva a uno la sombra.. “Camina ligero, desenvuelto. Con el mismo paso elástico y seguro de años atrás, cuando el mundo era todavía una ventura peligrosa y fascinante: un desafío continúo a su temple, astucia e inteligencia”. Me aventuraré a decir que es el propio Reverte el que ha experimentado esta sensación al escribir El Tango de la Guardia Vieja.
La novela evoluciona en el tiempo, y uno de sus principales atractivos es ver cómo cambian los dos personajes, Max y Mecha, a lo largo de todos esos años. De una juventud temeraria, a una madurez calmada, no exenta de ciertos reproches y añoranzas de lo que ambos fueron: “Todavía se encuentra ocupado rebelándose en sus adentros contra la desmesurada injusticia de orden físico. De ningún modo, concluye con furia impotente. Alguien debería responder de semejante desconsideración. De tan intolerable atropello.”
El tango que bailan Max y Mecha no es sólo un baile, es una manera de moverse por el mundo, asumiendo eso tan revertiano que son “las reglas del juego”. Aquí no hay término medio. O bailas, o contemplas. Asumir dichas reglas es también comprender que ese tango tiene un final, y que no siempre se será joven. Max y Mecha maduran y envejecen a lo largo de los años en que dura su baile. Cuanto perdieron y ganaron está ahí, en esa mirada final. Aceptarlo con naturalidad y serenidad es haber ganado la partida. No en vano el nombre del Tango que compuso Armando de Troeye es De la Guardia Vieja.
Esas manchas en el dorso de las manos a las que el autor se refiere en varias ocasiones cuando describe a la pareja adulta. Las arrugas. Y los achaques, que lo cambian casi todo, pero otorgan para compensar una cierta placidez, especialmente cuando se han hecho los viajes que se quería hacer. Siempre quedarán trenes que se perdieron. Pero una vida quizá no es, al cabo, lo que pudo haber sido, sino lo que fue. Y el deseo de aquello no vivido quizá es lo que enriquece lo que sí se ha vivido.

Ed. Alfaguara
Madrid, 2012 [2012]

Portada y sinopsis

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Solo Ante el Peligro, de Fred Zinnemann

SESIÓN MATINAL 

(High Noon); 1952

Director: Fred Zinnemann; Guión: Carl Foreman, basado en el relato The Tin Star, de John W. Cunningham; Intérpretes: Gary Cooper (Marshal Will Kane), Grace Kelly (Amy Fowler Kane), Thomas Mitchell (Alcalde Jonas Henderson), Lloyd Bridges (Ayudante del del marshal Harvey Pell), Katy Jurado (Helen Ramírez), Otto Kruger (Juez Percy Mettrick), Lon Chaney Jr (Martin Howe), Henry Morgan (Sam Fuller); Dir. de fotografía: Floyd Crosby; Música: Dimitri Tiomkin; Cantante: Tex Ritter; Montaje: Elmo Williams, Harry Gerstad.

Esta obra maestra, que hoy vemos como lo más natural del mundo (aunque conservando toda su tensión original) fue sin embargo recibida con bastante acritud. No por su mensaje político (o su alegoría política, de la que hablaremos más tarde), sino porque no contenía apenas ninguna de las convenciones del western a la que estaban acostumbradas las audiencias. Se la veía como una película "rara", demasiado dialogada, poco activa.
En realidad es todo lo contrario, y es una de las películas más tensas que se han realizado jamás. La historia del sheriff local que, el mismo día de su boda (y en el que se ha retirado del cargo), se entera de que el bandido al que llevó a prisión ha salido de ella y llegará en el tren del mediodía. En un principio, se va de la ciudad con su recien casada, pero pronto llega a la conclusión moral de que debe cumplir su deber, aunque ya no esté oblifgado a ello, y proteger a los ciudadanos.
Entonces será cuando el desengaño se hará patente. Todos le volverán la espalda, atemorizados por el pistolero y sus secuaces y las represalias que puedan ejercer. Porque estiman sus vidas más que otra cosa, y porque consideran que, si no huye, el sheriff se puede dar por muerto.
En este terreno, el tratamiento temático se vuelve genial. Zinnemann escoge hacer una película casi en tiempo real, y la presencia de los relojes en el filme es constante. Pero, además, como indicador del paso del tiempo, tenemos una espléndida música de Dimitri Tiomkin y el propio andar característico de Gary Cooper.
Un Gary Cooper espléndido. Para aquellos que no le consideran un buen actor, o uno de registro limitado, pueden ver esta película y comprobar que no es así. La expresión de angustia de Cooper, al que este filme le pilló en la edad adecuada para representar a un hombre ya vivido y cansado, al que no le falta más que un último desengaño, esa expresión angustiada, transmitida con la mirada, es total.
Y unas palabras sobre el mensaje político. Se ha querido ver en esta cinta un mensaje anti-maccarthista. Si lo observamos bien, podría ser también un mensaje pro-maccarthista. Sólo que su director no es lo que podríamos llamar un derechista militante. En suma, lo que decantó la balanza fue que tanto unos como otros decidieron que era una alegoría contra la caza de brujas. En realidad, se trata de una historia intensamente moral sobre el compromiso, la responsabilidad, el servicio y la dignidad.
Y una película que sigue en la cima de la cinematografía.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: The Jazz Crusaders en el Lighthouse de Los Angeles

Hoy traemos un concierto (o mejor dicho, uno y medio) de uno de los grupos más solventes del jazz, The Jazz Crusaders. Un grupo que se encuadra en el hard-bop, pero con un sentimiento general muy funky (funky jazzístico, ya saben; el Cifu hizo un programa espléndido sobre esta subcorriente musical, que pueden escuchar en este enlace). Lo componen unos excelentes músicos: "Stix" Hooper a la batería, Wilton Felder al saxo tenor, Joe Sample al piano, Wayne Henderson al trombón y Victor o Vic Gaskin al contrabajo.
Escucharemos un jazz muy ortodoxo, enérgico, de gran ritmo y enorme clase en la interpretación. Una auténtica delicia para el oyente, y un grupo que sirve de muy buena introducción al jazz moderno para el neófito.
El programa es: Congolese Sermon; Kathy's Dilemma; Blues for Ramona; Weather Beat; Scandalizing; Appointment in Ghana; Penny Blue; y Boopie. Y en el segundo concierto en el Lighthouse, en el que el gran Leroy Vinegar sustituye al contrabajo a Vic Gaskin, Some Other Blues; Scratch; Doin' That Thing; Milestones; y parte del Blues Up Tight.
Atentos a los comentarios del Cifu, y que disfruten de la música.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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El Silbo de la Lechuza, de Ignacio Aldecoa

En una pequeña ciudad de provincias española, unas mujeres cotillean todo, absolutamente todo lo que sucede. E intervienen en las vidas de los demás, haciéndolas imposibles y, en realidad, dominando toda la vida de la ciudad, o por lo menos la vida que a ellas les parece que se sale de "sus" cánones. Pero no crean que son unas cotillas cualquiera. Son de esas que tienen un espejo retrovisor atornillado en la baranda del balcón, y que usan magnetófono. De hecho, ellas mismas se denominan "la organización".
Frente a esta tiranía, algunos tratan de resistir, pero en vano. Todo lo que hacen puede ser contrarrestado por estas mujeres (que, simbólicamente, Aldecoa denomina «el aquelarre de la calle Libertad, número 4, piso primero izquierda).
El Silbo de la Lechuza es un relato sorprendente, en primer lugar porque parece alejarse de los temas habituales de Aldecoa, y segundo porque su tratamiento es humorístico, cómico, como de sainete. Aunque en realidad, y conforme avanza la historia, los tintes viran a lo tragicómico. Sin embargo, hay un párrafo final. Y ese párrafo modifica toda la intención de lo expuesto anteriormente. En ese párrafo, en el que se expresa la continuidad, la futilidad y, por fin, la inevitabilidad de la muerte, Aldecoa transforma el relato humorístico en una sátira feroz de las costumbres provincianas (y no tanto, hay insinuaciones de que lo que se relata podría haberse trasladado a una gran capital), de la inutilidad de una clase media establecida en el franquismo y que tiene como diversión espiar a sus vecinos y evitar ser espiados; sin pensar, sin razonar, sólo por poseer una tenue sensación de control. Control de qué... Pues de las vidas de los demás. Si bien podría entenderse esto como una metáfora del propio franquismo, la situación es demasiado ridícula, demasiado burda como para que no creamos que en realidad el punto de mira se pone más bien en una clase social demasiado ociosa, e inútil en su ocio.
Aldecoa siempre escribió en el borde de lo permitido (y tuvo sus problemas con la censura), y siempre tuvo que lidiar con metáforas e intenciones que debían entreverse, leerse entre líneas, más que declararse. En este relato divertido, sorprendente, no dejó de incluir una sátira feroz que añade valor hitórico y de compromiso a un relato ya de por sí maestro.

En Cuentos Completos 2
Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19736 [1965]


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Carta de una Desconocida, de Stefan Zweig

El supuesto de esta novela es simple. Con el pretexto de una carta sin remite y sin firma llegada a manos de un escritor (al que, en el eterno juego de las apariencias que es la literatura, es fácil ver al propio Zweig, aunque su biografía tal vez lo desmienta), el autor relata una historia de amor bellísima, hecha de desencuentros y de identidades no reconocidas: Aunque, como veremos, hay mucho más.
Esta desconocida es una niña de trece años que se enamoró a primera vista, y aun antes, de este escritor que vino a vivir a su mismo rellano. En realidad, esta mujer no será tan desconocida; en el transcurso de su vida, se cruzará de manera íntima dos veces con el escritor. Pero éste no encontrará en ella a esa niña, ni después a la mujer a la que abordó en la calle; será desconocida, pues, no tanto por el reconocimiento físico como por la incapacidad de descubrir el amor intenso e invariable que esta mujer le profesó.
La mujer escribe después de que su hijo haya muerto. Y en una sentencia terrible, anuncia que si se está leyendo esta carta es porque ella ya no existirá tampoco. Hemos dicho que la estructura de esta novela es simple: un párrafo introductorio y otro final, y en el centro la carta. Sin embargo, con una mesura intangible, Zweig empieza a narrar en esta misiva una historia múltiple. No sólo la de un amor imperecedero, sino también la historia de la mujer, la del escritor que se contempla a sí mismo a través de la mirada de ella, la de una tragedia doble (la del fallecimiento de la mujer a la que no supo reconocer en su amor y la del fallecimiento de su hijo también ignorado), la de una existencia despreocupada que lo seguiría siendo si no fuera porque, después de leída la carta, esta existencia anterior se antoja vacía, equivocada en su falta de percepción de lo más noble que se puede haber cruzado en ella y, lo que es peor, una vida que ahora se aboca al vacío de la ausencia.
Porque el drama profundo (aparte de los que se relatan) es que, a este escritor, esa mujer le atraía. En dos ocasiones independientes, sin reconocerla, fue él quien se acercó buscando poseerla. Y no quiso, no supo o no pudo reconocer la posibilidad de eternidad en ella.
Esta novela es un prodigio de menos de cien páginas. En ella, con una sencillez de lenguaje y densidad de contenido admirables que sólo cabe atribuir a una elección excepcional de las palabras, Zweig consigue condensar un sentimiento en una vida, tanto más intenso cuanto más breve, y sin embargo invocar la sensación de atemporalidad, en una de las más bellas historias de amor jamás escritas.

(Brief einer Unbekannten)
Ed. Acantilado, col. Narrativa del Acantilado
Barcelona, 199814 [1922]
Trad. de Berta Conill

Portada y sinopsis

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Caro Michele, de Natalia Ginzburg

Querido Miguel es una novela predominantemente epistolar, aunque hay unos pocos interludios convencionales que sirven para situar los personajes y los acontecimientos. El objeto sobre el que orbitan estas cartas es Michele, un joven independizado sobre el que recaen toda una serie de sucesos: en antecedentes, la separación de sus progenitores y la convivencia de Michele con el padre. En la actualidad de la narración, el desapego con su familia, el cuidado intermitente de una chica que ha dado a luz un niño que puede, o no, ser suyo. Su huida a Londres, por motivos inexplicados pero que se intuyen políticos. Un matrimonio fracasado con una americana; su huida de este hogar. Y su muerte en un enfrentamiento con los fascistas en las calles de Brujas.
Pese a todos estos hechos, más existenciales que de vida, acabaremos la novela sin apenas saber nada de Michele. Es el objeto sobre el que giran todas las cartas, pero él mismo escribe poco, manteniendo un tenue contacto con todos. Prueba de ello es que todo lo que le sucede es sabido mucho después, y las más de las veces por boca (o carta, más bien) de terceros.
Extraño que el centro de una novela sea tan poco protagonista directo. O no tanto, si pensamos que, al leer las sucesivas cartas, con lo que nos encontramos es con una historia ejemplar de abismo generacional. Ginzburg siempre maneja sus personajes y su psicología con maestría, y Caro Michele no es la excepción. También emplea imágenes simbólicas que devienen una ironía inmensa, como la estufa alemana que la madre de Michele había elegido con tanto cuidado para su piso de soltero. Más adelante, nos enteramos de que Michele no la ha utilizado jamás. Va con leña, y él leña no ha tenido nunca ni la ha buscado. Más aún, el único uso que ha dado a esta estufa (uso desconocido por la madre, claro), elegida porque calienta tan bien, es como escondite de... una metralleta. Signo también de la psicología de Michele, esta arma está oxidada y no se ha empleado, tampoco, jamás.
En efecto, y a trvés de lo que de los hechos y las cartas sobre él cuentan, tenemos una idea de la mentalidad de MIchele (y hay que recalcar que hacerlo de forma indirecta tiene un gran mérito); es un joven, no nihilista, puesto que tiene ideales, pero cuyas inquietudes no encuentran un canal apropiado. Es un revolucionario radical, pero intuimos que no se ha atrevido a dar el paso de la lucha armada. No tiene conexión con el mundo que representan sus parientes, que no significa nada para él, pero no puede, en el fondo, desligarse totalmente. Quiere la libertad sexual, pero llegada la hora ni se desentiende ni se implica del todo con sus consecuencias. Desea redimir a alguien, pero fracasa porque no se da cuenta de que ni siquiera puede redimirse a sí mismo.
No sólo su personalidad es la trazada por Ginzburg; de lo contrario, ni tan siquiera a Michele entenderíamos. Una madre que habla de sontinuo a su hijo de cosas que a éste no le interesan, que dejaron de interesarle hace mucho tiempo. Y que, si bien tiene una imagen no idealizada de Michele, tampoco lo comprende. Unas hermanas que lo entienden mejor y que haata intuyen los desastres venideros en la vida de Michele, y que tienen hacia él una mezcla de envidia, ansiedad y reproche. Una chica como Mara, la posible madre del hijo de Michele, tan vana, estúpida y desgraciada que resulta fácil entender qué buscaba en ella MIchele (y cuyas cartas a éste sólo "le hacen gracia").
Y finalmente Osvaldo. En casi todas las narraciones corales existe un centro de equilibrio, no necesariamente el centro de la narración, pero sí personaje que es el espectador total; éste es Osvaldo, contenido, introspectivo, reflexivo y, en definitiva, el que más esfuerzos realiza por entender, y aceptar, a todos, ya sean Michele, su familia o mara. Un personaje que, en cierta medida, salva de la desolación a una novela en apariencia suave pero que es dura y dramática, una lección de escritura y un lamento anímico y moral intenso.

Einaudi, col. ET Scrittori
Milán, 19955 [1973]
Prefacio de Cesare Garboli

Existe edición castellana en Editorial Acantilado

Portada y sinopsis de la edición italiana
Portada y sinopsis de la edición castellana

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Mi Año Favorito, de Richard Benjamin

SESIÓN MATINAL 

(My Favorite Year); 1982

Director: Richard Benjamin; Guión: Norman Steinberg y Dennis Palumbo; Intérpretes: Peter O'Toole (Alan Swann), Mark Linn-Baker (Benjy Stone), Jessica Harper (K. C. Downing), Joseph Bologna (King Kaiser), Bill Macy (Sy Benson), Lainie Kazan (Belle Carroca), Lou Jacobi (Tío Morty), Cameron Mitchell (Karl Rojeck); Dir. de fotografía: Gerald Hirschfeld; Música: Ralph Burns; Diseño de producción: Charles Rosen; Montaje: Richard Chew.

Hay películas que te reconcilian con el cine hablando, justamente de eso, del cine y sus glorias pasadas. En esta comedia suave, que tiene sus grandes momentos divertidos, nos hallamos en el momento en que la televisión se hacía en directo y competía (y lograba expulsar de las salas) con el cine. En este contexto, uno de esos espectáculos con público retransmitidos desde Nueva York contrata a una estrella del cine de aventuras en decadencia, Allan Swann (Peter O'Toole). El problema es que la decadencia parece ser mayor de la imaginada. Swann es un desastre andante, alcóholico, mujeriego y al parecer incapaz de cumplir uno solo de sus compromisos. De manera que la cadena de televisión le pone a una niñera, Benjy Stone (Mark Linn-Baker) para procurar que esté presentable el día de la emisión.
A partir de aquí se producirá la típica (pero no tópica, al menos en su tratamiento y originalidad) historia de encuentro entre el mito y su realidad por parte de un admirador de este actor, y también una especie de aprendizaje vital por parte de este joven guionista, que recibirá unas cuantas lecciones por parte de Swann.
En sus momentos de comedia funciona muy bien, pero es aquellos instantes donde la película se deja llevar por la ternura y la amabilidad cuando se convierte en algo más que una mera cinta de entretenimiento. Peter O'Toole está magnífico, en una interpretación que debió representar una bocanada de aire fresco para él (y un papel que le viene perfecto a un actor capaz de interpretar personajes torturados y hacerlo contrastar con un despreocupado playboy).
Es en estos instantes de respeto para un cine que nunca volverá, pero también en este homenaje a actores del estilo de Errol Flynn que siguen conservando toda su magia, donde la película se encuentra, y el espectador, al permitirnos un breve vislumbre de esa alegría vital que se transmitía a los personajes, encuentra sentido a un cine que apelaba al pequeño héroe que llevamos dentro.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Sonny Rollins en el Village Vanguard

El incombustible (y esperemos que lo sea por muchos años) coloso del saxo tenor Sonny Rollins, y en dedicación especial, porque está a trío. Y muy bien formado, este terceto, con el propio Rollins al saxo tenor, Wilbur Ware, uno de los contrabajistas más regulares y efectivos que existen, y el estupendo Jimmy Cobb a la batería, uno de los más consistentes y originales, como tendrán ocasión de escuchar.
Hablar de Sonny Rollins es decir lo que todo el mundo sabe: un sonido denso, potente, y una improvisación inagotable (y casi inigualable). También, un rigor con la música extremo (y cuidado, rigor no quiere decir falta de buen humor o de ganas de jugar; pero siempre poniendo la música por delante. Con todo esto dicho y sabido, lo mejor es difrutar de uno de los mejores saxos de toda la historia del jazz, uno que se ha reinventado siempre, y siempre para progresar.
Escucharemos Night in Tunisia; Four; Woody'n'You; That Old Devil Moon; What Is This Thing Called Love; Softly as in a Morning Sunrise; Sonnymoon for Two; I Can't Get Started; I'll Remember April; Get Happy; Strivers Row; y parte del All the Things You Are.
Destacar un tema en concreto es imposible. Todos tendrán su favorito, pero todos los temas son de altísima calidad. Atentos al Cifu, siempre preciso e informativo en sus comentarios, y que disfruten.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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El Miedo del Lago, de Oswell Blakeston

A primera vista, en una primera lectura, puede parecer difícil justificar el carácter de "único" otorgado a este cuento por Javier Marías para su antología. Más cuando el relato se inicia de una manera un tanto desangelada, y su desarrollo demuestra que Blakeston no era precisamente el mejor narrador del mundo.
Sin embargo, la forma de narrar no lo es todo en literatura. Al fin y al cabo, una narración es el relato de una historia, y ésta tien (debe) tener un papel preponderante.
Y si uno empieza a pensar en lo que Blakeston nos ha narrado, empieza a hallar unos puntos de interés inquietantes.
El relato no es otra cosa, en apariencia, que un relato de fantasmas típicamente inglés. Tan típico que casi es vulgar. Una pareja y su bebé viaja a pasar una temporada en el campo en la casa de un amigo, que sin embargo les ha advertido de un cierto peligro de la mansión (un fantasma, típicamente). Pese a estos avisos, el marido decide ir, que su esposa le acompañe y que el bebé también. Una vez allí, la esposa tendrá una visión del fantasma y empezará a escuchar el llanto fantasmal de un niño. El marido, ni caso. Con todo esto puesto en escena, la esposa empieza a notar que su hijita se debilita por momentos. Y aquí dejaré el resumen argumental, puesto que no quiero destrozar la sorpresa final a los posibles lectores.
Todo, repito, muy típico, hasta esquemático. Sin embargo, hay una corriente subterránea curiosa. Ya no se trata de estupidez del marido, esa típica impecilidad que tantas veces hemos visto en películas de terror y que es tan antigua como el relato "Barba Azul" de Perrault, aquello de "ebn esta habitación y sólo en esta no entrarás" o, a nivel más básico, nunca bajes solo a un sótano en una casa encantada, en medio de un corte de fluido eléctrico a medianoche. No. Se trata de un fondo de crueldad. Podríamos llegarlo a confundir con el machismo victoriano, también en boga en los cuentos de fantasmas, pero parece haber un cierto regocijo en el marido en doblegar la voluntad de su esposa, en la despreocupación ante su angustia y en la contemplación de una cierta destrucción física de su hija y mental de su esposa. Algo que lo emparenta con los cuentos crueles, y ciertamente algo que Alfred Hitchcock supo emplear muy bien en sus películas.
No estoy convencido de que este efecto fuera querido conscientemente por su autor. Pero, aunque fuera producto del subconsciente o de una afortunada casualidad, existe, y manda su mensaje después de la lectura del relato. Tal vez por eso sea único.

(The Fear from the Lake)
En Cuentos Únicos
Ed. Siruela, col. El Ojo sin Párpado
Madrid, 1989 [1935]
Selección de Javier Marías
Trad. de Alejandro García Reyes

Existe reedición del libro Cuentos Únicos en Ed. Reino de Redonda

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La Guerra de Vietnam. Una Historia Oral, de Christian G. Appy

La guerra de Vietnam es una de las más desconocidas de la historia a nivel del público. Esto puede parecer extraño, pero real si pensamos en ella con algo de atención. A nivel global es cierto que era noticia diaria en su época, pero se veía como un conflicto lejano cuyas motivaciones eran brumosas. No ha creado el aluvión de películas que otras guerras han provocado, y las pocas que han surgido (Boinas Verdes, Apocalypse Now, Platoon, Nacido el Cuatro de Julio, etc.) han sido o muy panfletarias (caso del filme de John Wayne) o atinadas en sus apreciaciones particulares, pero sin la visión global necesaria para entender el conflicto. Mucha gente desconoce o no relaciona el continuo que supuso la guerra de Indochina entre franceses y vietnamitas con la posterior involucración de los Estados Unidos de 1964 a 1975.
En los Estados Unidos la situación es casi la misma. Se considera un tremendo error del que mejor no hablar; una derrota causada, según un punto de vista, por unas tropas desmotivadas y antipatrióticas, una prensa beligerante con los políticos y militares, y una quinata columna izquierdista y subversiva; por otro, una derrota que a lo máximo que podía aspirar era a convertirse en un empate poco honroso. Ciertamente, como un trauma, y si es cierto que los participantes en la guerra "buena" (la Segunda Guerra Mundial) eran respetados en su conjunto, y los de la guerra de Corea a nivel individual, los excombatientes de Vietnam son despreciados, vilipendiados a veces y, en las más ocasiones, ignorados.
En este contexto polarizado, una simple historia al uso (sin que pierda utilidad) está de más. La Guerra de Vietnam, más que ninguna otra, no puede entenderse desde el punto de vista puramente histórico y militar. El aspecto sociológico es predominante, siempre, y para captarlo es necesario saber las motivaciones de todos los implicados.
En una tarea ingente, Appy ha entrevistado a quienes tuvieron que ver con el conflicto, de ambos bandos, y ha ordenado estas entrevistas en un todo coherente. Líderes de primera fila como Robert Mcnamara o Vo Nguyen Giap, soldados de ambos bandos (o de los tres bandos, si contamos como tercero al Ejército de la República de Vietnam [del Sur]), objetores de conciencia, manifestantes y activistas antibélicos, civiles norvietnamitas y survietnamitas, reporteros y corresponsales de guerra, políticos y diplomáticos, etc. hasta a una conejita de Playboy que fue a animar a las tropas (en efecto, Coppola, no se inventaba nada).
El resultado, tanto por los testimonios como por la ordenación que les comentaba, proporciona un cuadro exacto de lo que representó Vietnam en el panorama mundial y estadounidense.
Si algo queda claro, es que la guerra de Vietnam no fue un error, sino un inmenso error por parte de Estados Unidos. Puede ser que Ho Chi Minh fuera un peón del comunismo, pero las diversas administraciones USA obviaron que el tema de la independencia y la unificación de Vietnam era más poderoso que la motivación ideológica (y prueba de esto, aunque no es el tema de Appy, es que poco después de la guerra Vietnam y China mantuvieron una guerra de poca duración). Cuando Estados Unidos tuvo la oportunidad de dar un paso atrás, se embarcó en una espiral de escalada del conflicto que no hizo sino incrementar la voluntad de resistencia del Viet Cong y el descontento de la población estadounidense. Fue un conflicto que dividió a la población americana, y no es difícil ver en él el origen de la paranoia y las tentaciones totalitarias que caracterizaron a la administración Nixon y desembocaron en el caso Watergate. Fue una guerra en la que se tiraron miles de millones de dólares para nada. O mejor dicho, para destruir un país (principal e irónicamente, Vietnam de Sur) que todavía hoy padece las secuelas del conflicto. Y que causó una fractura terrible en Estados Unidos, pero también en Vietnam. Treinta años de guerra son muchos, pero los últimos diez fueron particularmente crueles para el territorio, el enemigo y hasta para los aliados de la potencia extranjera y colonial en la que se convirtieron los Estados Unidos. Todas las guerras son crueles; unas pocas son justas. La de Vietnam fue un despropósito y por eso mismo, doblemente cruel.

(The Vietnam War Remembered from All Sides)
Ed. Crítica, col. Memoria Crítica
Barcelona, 2008 [2003]

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El Seminarista, de Rubem Fonseca

Rubem Fonseca siempre ha merecido mejor suerte en España, cuyo público no se ha apercibido lo suficiente del gran autor de las letras brasileñas que aparecía esporádicamente en los estantes de las librerías. Por suerte, en los últimos tiempos parece que Fonseca empieza a tener una continuidad de edición, que espero sea seguida por un incremento de sus lectores. Tanto en su vertiente policial como de literatura general (aunque ambas son inextricables) merece la pena seguirlo.
Siempre Fonseca fue reconocido como autor explícito, que no se arrugaba en las descripciones de la violencia, no por exhibicionismo o morbosidad, sino como un elemento imprescindible en historias necesariamente violentas, como sus novelas políticas acerca de diversas dictaduras, en las cuales reflejaba la brutalidad como parte programática del sostenimiento en el poder.
Aunque el mostrar la violencia ya no es novedad, habiendo recorrido en el cine el camino de Sam Peckinpah hasta llegar a Quentin Tarantino y más allá, Fonseca sigue teniendo una intensidad inusual y una mesura inusitada. La violencia que Fonseca muestra nunca es gratuita en la narración.
El Seminarista es un asesino a sueldo. Ni le importa ni sabe quiénes son sus víctimas. Se limita a hacer su trabajo con la máxima eficiencia y sobriedad. Sólo que, cuando decide retirarse descubre que su negocio no es uno del que pueda apartarse con un mero gesto. Y se encuentra él mismo como posible víctima y, a la vez, constreñido a usar la violencia no ya con frialdad, sino como instrumento de venganza y defensa.
El personaje que traza Fonseca, necesariamente poco simpático para el lector (aunque tenga reglas en su amoralidad) es uno al que le gusta el cine, leer; es una persona culta, que recurre de continuo a las citas latinas aprendidas en el seminario para comprender el mundo. Un personaje que desea, sin conseguirlo, retirarse para contemplar ese mundo de cerca, en lugar de estar permanentemente solo en el desempeño de su oficio.
Y es que esta novela podría definirse como existencialista. José "Zé" Joaquim Kivir, el Especialista, después conocido como El Seminarista, es y no puede ser otra cosa que asesino a sueldo. ese ha sido su medio de vida, su vida en resumen, y esa va aseguir siendo, lo quiera o no. El mundo no tiene otro lugar para él, de modo que, por dinero o por amor, no le queda otro recurso que seguir matando. En este aspecto la visión irónica que da Fonseca es coherente, no con la novela sino con la sociedad, que encasilla a todos en el papel que les toca representar.
La intensidad de Fonseca, y no sólo en la violencia, es enorme. Rubem Fonseca jamás se detiene en la superficie, y esta profundidad hace que tanto las emociones como la psicología sean máximas. Si la visión que propone es desoladora, no lo es menos el hecho de contemplar un mundo perfectamente ordenado en el cual todos tienen su lugar, ya sean asesinos, víctimas, pobres, ricos, desgraciados o en la cumbre. Que esta visión sea una construcción literaria no proporciona ningún consuelo, antes bien, suscita la sospecha de que la realidad se parece más al mundo fonsequiano de lo que se desearía. No es tanto pesimismo como denuncia.
Rubem Fonseca sigue siendo un narrador vívido, perspicaz, capaz de ver más allá de lo aparente, y capaz de expresarlo de forma magistral. Ojalá sus obras tengan mejor difusión, no sólo por magistrales, sino también por necesarias.

(O Seminarista)
RBA Libros, col. Serie Negra
Barcelona, 2011 [2009]
Trad. de Basilio Losada

Portada y sinopsis

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Un Paseo Bajo el Sol, de Lewis Milestone

SESIÓN MATINAL 

(A Walk in the Sun); 1946

Director: Lewis Milestone; Guión: Robert Rossen, basado en la novela de Harry Brown; Intérpretes: Dana Andrews (sargento Bill Tyne), Richard Conte (soldado Rivera), Sterling Holloway (McWilliams), John Ireland (soldado de primera Windy Craven), George Tyne (soldado Jake Friedman), Herbert Rudley (sargento Eddie Porter), Richard Benedict (soldado Tranella), Norman Lloyd (soldado Archimbeau), Lloyd Bridges (sargento Ward), Huntz Hall (soldado Carraway); Dir. de fotografía: Russell Harlan; Música: Fredric Efrem Rich.

Una película modesta pero notable, narra la historia de un pelotón americano desde el desembarco en Italia hasta la conquista de una granja en la campiña. Pero eso es lo de menos. Lo cierto es que, mucho antes de que Spielberg y su soldado Ryan entraran en escena, esta película era una de las pocas que mostraba las interioridades de un grupo de soldados en combate. Por ejemplo, sin mostrar jamás al enemigo, centrándose únicamente en las personas que componen el pelotón.
En ese proceso, logra algo que pocos filmes han alcanzado, y es transmitir, sobre todo en la primera parte de la película, la sensación de miedo que pervade a todos. Se siguen haciendo bromas, se tiene la apariencia de una vida "normal", pero esa vida es de una tensión subyacente que traspasa la pantalla. Pocas veces, insisto, se ha logrado dar esa impersión tan bien. Richard Winnington escribió en su época: "Una notable película de guerra, tal vez la más notable película de guerra que ha surgido en América".
Doy fe de ello, por su intimismo y por su clara sensación de vivencia. Y como también dijo Richard Mallott, después de casi dos horas de proyección, el espectador lamenta que la película finalice. Lo que no es poco elogio.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Wynton Kelly en el Famous Ballroom de Baltimore

Traemos hoy una rítmica excepcional, encabezada por uno de los pianistas más prístinos que ha dado el jazz, Wynton Kelly. Prístino e influyente, porque no hay pianista del jazz moderno que no haya aprendido algo de él. Acompañado de sus habituales, el excelente Paul Chambers al contrabajo y el magnífico Jimmy Cobb a la batería. Pero, además, con un saxofonista de excepción, Joe Henderson. Juntos, desarrollarán una actuación muy vital y feliz, en la que descubrirán las virtudes de cada uno de los músicos, incluyendo la libertad estilística y armónica de Henderson al saxo tenor. Pero no se asusten. Henderson no comete los excesos de algunos free-jazzmen.
Lo que escucharán es: Straight No Chaser; Days of Wine and Roses; What Is This Thing Called Love; If You Could See Me Now; Autumn Leaves; Four; On Green Dolphin Street; On a Clear Day; y parte de Limehouse Blues.
Un concierto donde la modernidad se une a las mejores virtudes técnicas y estilísticas del jazz clásico, y uno plenamente disfrutable. Sigan con atención las explicaciones del Cifu.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Fragment of a Novel, de George Gordon, Lord Byron

En la famosa reunión a orillas del lago Ginebra en la que surgió la criatura de Frankenstein de la mano de Mary W. Shelley, el resto de asistentes también ejerció sus habilidades (salvo Percy B. Shelley, que al parecer no escribió nada). El doctor Polidori escribió un texto gótico muy malo, y Byron este Fragmento de una Novela, que a veces también es llamado El Entierro.
Como fragmento es mínimo, pero su importancia radica en que Polidori lo tomó como inspiración para escribir, un par de años más tarde, su novela El Vampiro. Ciertamente, la influencia existe y es reconocible, y por eso podemos afirmar que la apoteosis del género que sería Drácula tiene un padre literario más que distinguido como es Lord Byron.
Si uno lee este fragmento byroniano, muy atmosférico, muy griego, turco y pagano, encontrar un vampiro le será difícil. Y, en realidad, es así. La descomposición final del cuerpo del amigo del protagonista es una imagen que se ha hecho clásica en la literatura vampírica, pero no existen otros datos que permitan suponer que el protagonista sea un vampiro. Sin embargo, el tono de este fragmento es el que inspiró a Polidori, y estableció el ambiente de las narraciones vampíricas. En su escenario oriental y de mezcla de culturas y supersticiones, podemos anticipar algo de lo que Stoker escribió.
De manera que admitamos la paternidad, o como mínimo la ascendencia, que Lord Byron tuvo en la creación del conde transilvano. Y leamos a Byron, que siempre es un gusto, y volvamos con él a esa Grecia en la frontera entre el paganismo y el monoteísmo. Mientras, además, disfrutamos del ambiente que debió haber en esa reunión en Suiza en lo que se ha denominado "el teaparty más loco de la historia".

En The Penguin Book of Vampire Stories
Penguin Books
Londres, 1987 [1816]
Ed. de Alan Ryan

Texto en inglés de Fragment of a Novel
Texto en castellano de Fragmento de una Novela

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Pluja Negra, de Flavio Soriga

Que la novela negra se ha establecido como herramienta narrativa da buena prueba que el autor de Pluja Negra [Lluvia Negra], Flavio Soriga, sea lo más alejado al autor policiaco "clásico" que existe. Director artístico del festival "Septiembre de los Poetas", ganador de diversos premios literarios (esta misma novela ha ganado el premio Grazia Deledda Giovani, que no es de género precisamente) y escritor que podría definirse como "experimental" si no fuera porque la experimentación ya tiene un lugar en la literatura.
De manera que esta novela va a resultar inusual. Situada en Cerdeña, en Nuraiò, un pueblo en el que nunca pasa nada, y tras una invocación (sin nombrarlo, pero reconocible) a Leonardo Sciascia, lo cual ya es una declaración programática de que la historia no va a ser un balance criminal / policiaco perfectamente cuadrado, sino que la realidad pragmática va a dejar cabos sueltos (y muy sucios), en ese pueblo donde nunca pasa nada, decíamos, alguien crucifica a un perro en la casa de un columnista local que se opone a la instalación de un vertedero en los terrenos de la localidad. Y, después, una mujer liberada es asesinada en ese mismo pueblo que sigue anclado en la mentalidad del siglo XIX.
Sin respetar las normas "clásicas" de narración y puntuación, Pluja Negra emplea la técnica, no tanto de escritura automática como de escritura fluyente, en la que los pensamientos y diálogos de los personajes se concatenan libremente. Estas elecciones nunca son inocentes o superfluas (o no deberían serlo), y en este caso transmite el desconcierto y la desestructuración de los personajes, mal encajados en la realidad que les rodea. Desde el inspector de carabinieri Crissanti, antropólogo que no finalizó el doctorado y ha acabado en una policía que le admite mal, y en un pueblo al que observa con ojos de científico pero con el que no se identifica; pasando por el periodista, intelectual, homosexual necesitado del disimulo y que se marchita en su aislamiento social; hasta Marta, la muerta, la mujer a la que todos desean y a la que todos los que no la consiguen vilipendian con epítetos propios de una moral periclitada hace décadas. El único personaje que se expresa con un discurso más "estructurado" es el juez, que sabe muy bien dónde está y con qué poderes debe contemporizar. Soluciones rápidas y convenientes, reclama, y sobre todo nada de complicaciones y mucho menos ramificaciones hacia senadores o políticos.
En suma, lo que Soriga nos describe no es un policiaco al uso, sino un cuadro social en el que los individuos no encuentran su encaje, una sociedad en la que todos tienen una vida inadaptada ahogada por la convención y la tradición. Un cuadro desesperante que puede ser tomado como una imagen global en la que los individuos ven vetadas sus aspiraciones por una mayoría que, a su vez, tampoco se siente adecuada al mundo circundante, una mayoría que se conforma a ese mundo, es decir, se ve deformada para seguir viviendo.
Difícil (o inusual) como es su lectura, Soriga no hace sino ejercer un papel de buen narrador uniendo fondo y forma para transmitir esta serie de realidades discordantes. Un esfuerzo de escritura que, compartido por el lector, proporciona algo más que un caso criminal; tal vez lo que transmite es la sensación de que la sociedad misma es criminal en tanto ahoga y es intolerante con la persona.

(Neropioggia)
Ed. Alrevés, col. Crims.cat
Barcelona, 2012 [2002]
Trad. de Pau Vidal

Portada i sinopsi

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El Diablo de la Botella, de Robert Louis Stevenson

El Diablo de la Botella compite, y con gran ventaja, en ser uno de los mejores cuentos escritos jamás. Si no lo han leído, les recomiendo que vayan a los enlaces al pie de esta entrada y lo hagan. Les envidiaré el placer y las emociones que sentirán al leer por primera vez este relato prodigioso.
La historia es sencillamente maravillosa, precisa, detallada. Desde su mismo inicio: el hombre que tiene una casa rica y todo para ser feliz pero no sonríe. Y es que el secreto de esa felicidad terrenal consiste en una botella creada por el diablo, que concede todo lo que se le pide, pero condena a su propietario. A no ser que la venda antes de morir, claro. Pero debe venderla por menos de lo que le costó. Y así, esa botella va acercándose más a la condenación del alma de un humano, cuando llegue a una moneda (porque debe ser moneda acuñada) tan ínfima que no pueda ser más fraccionada.
Hasta aquí tenemos un relato de engaño diabólico como tanto otros que se han escrito (y se escribirán; es un tema que da para mucho en cuestiones de ingenio, humor y moralidad). Pero Stevenson no era el artista de la narración reconocido que era para hacer un simple chascarrillo. El protagonista consigue la casa de sus sueños y vende la botella, y un día se enamora y consigue a la mujer que ama (sin, y es importante, el concurso de la botella). Su felicidad es completa, hasta que un día descubre sobre su piel una mancha que anticipa su trágico final: una mancha de lepra.
Su única esperanza es recuperar la botella. Y así empieza un nuevo relato, uno en el que las emociones y el amor se muestran a una altura como pocas veces ha conseguido la literatura con tanta economía de medios.
Robert Louis Stevenson, ese Tusitala que contaba historias a los niños en los Mares del Sur, consiguió hacer una y otra vez obras maestras de una sencillez impecable y que sin embargo conseguían emocionar y transmitir algo más que lo simplemente narrado. Se recuerda al autor inmortal de La Isla del Tesoro o El Extraño Caso del Dr Jekyll y Mr Hyde, pero tal vez debería también ser recordado por este relato, El Diablo de la Botella, tan fresco como el día en que fue escrito, tan enorme como las emociones que provoca.

(The Bottle Imp)
En El Diablo de la Botella y Otros Cuentos
Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19792 [1891]

Texto en castellano de El Diablo de la Botella
Texto en inglés de The Botle Imp en Project Gutenberg

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Ultimátum a la Tierra, de Robert Wise

SESIÓN MATINAL 

(The Day the Earth Stood Still); 1951

Director: Robert Wise; Guión: Edmund H. North; Intérpretes: Michael Rennie (Klaatu / Mayor Carpenter), Patricia Neal (Helen Benson), Hugh Marlowe (Tom Stevens), Sam Jaffe (Profesor Bernhardt), Billy Gray (Bobby Benson); Dir. de fotografía: Leo Tover; Música: Bernard Herrmann.

Esta inocente y modesta película de ciencia ficción,muy bien realizada, eso sí, es en realidad una tesis sociológica en sí misma. Estamos en el año 1951, hace muy poco de los horrores nucleares, la guerra fría está en su apogeo (la película se debió rodar durante las acciones más frenéticas de la Guerra de Corea) y amenaza en convertirse en caliente, y esta pequeña película, repito, se convirtió en alegoría pacifista.
Por descontado, era un mensaje querido por quienes la rodaron. Pero no olvidemos que la industria cinematográfica (y mucho más la de serie B) es una máquina que pretende hacer dinero (y, a veces, crear en el proceso algo asociado al arte) y para hacerlo procura satisfacer los deseos y convicciones del público.
De manera que Ultimátum a la Tierra, en realidad, estaba trasladando al público el mensaje que querían oír, es decir, que las cosas en la Tierra eran insostenibles y que mejor que nos pusiéramos a trabajar para mantenernos vivos. Y quien nos lo decía era, ni más ni menos que un extraterrestre. A quien, nada más bajar de su platillo volante, un soldado de gatillo fácil disparaba. Por si no estuviera clara la metáfora.
Cuatro años después, los alienígenas que veríamos en pantalla serían déspotas invasores que intentaban aniquilarnos. Pero era la época del maccarthismo, la de "mejor muerto que rojo", y una en la que la defensa del "american way of life" era ya una ideología en sí misma. 
Habrá quienes dirán que esto es demasiado equipaje para una película de serie B. Yo no opino así. Todo lo que creamos, hasta lo más ínfimo, tiene algo de nuestras propias convicciones y forma de ver la vida y el mundo, y las películas de bajo presupuesto no son una excepción. Otra cosa es que merezcan la pena verse. Y esta lo vale. Con muena dirección del artesano Robert Wise, tiene una gloriosa fotografía en blanco y negro y una excelente banda sonora de Bernard Herrmann. Y el misterioso Michael Rennie, en su papel de Klaatu, está inmejorable.
Pero esta merece

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Django Reinhardt Octubre 1940

Seguimos repasando la carrera de un guitarrista único, tan grande e inimitable que hay toda una muchedumbre de imitadores, Django Reinhardt.
Ya en pleno 1940, es decir, en plena ocupación alemana de Francia. Siempre parecerá un milagro que alguien de raza gitana, candidato a acabar en un campo de exterminio, para más inri autor y figura destacada de música "degenerada", como la llamaban los nazis, sobreviviera a la ocupación.
El caso es que lo hizo, y siguió trabajando. Porque incluso los generales alemanes debían saber que sus tropas no sobrevivían a base de una dieta de música de Wagner.
Lo encontramos como guitarrista rítmico en la orquesta de Alix Combelle, pero, como no me cansaré de repetir, Django era por sí solo una máquina de swing, de modo que tenerle como rítmico se nota, y cómo. Escucharemos Tel Quel y Deux Pieds Gauches (Two Left Feet), por cierto una de las mejores interpretaciones de Combelle, y después Joyeux Fumée (Holy Smoke). Entonces vendrá Tiger Rag, y allí sí, Django no se podrá contener y hará un solo, sorprendente como siempre. Y finalizará la sesión de grabación con Quatre Tickets.
Y, aprovechando el día, con varios de los que estaban allí harán otra sesión discográfica, esta vez con Noël Chibout como líder. Serenade d'Hiver; Le Sheïk (The Sheik of Araby); Noël Blues, solo y diabluras de Django incluidas; Margie, con un breve punteo a la guitarra; y de nuevo como rítmico en Bijoux.
Y otras dos piezas, esta vez en la orquesta de Hubert Rostaing y Aimé Borelli. Indécision (Undecided), con un solo increíble de Django Reinhardt; y Oui, C'est Ça.
Si los comentarios del Cifu son imprescindibles, en este caso lo son más, dado su conocimiento de los músicos franceses a los que Django acompaña. Que disfruten.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Love in Vain, de Lewis Shiner

Cuando un relato se abre con una dedicatoria a James Ellroy, es fácil suponer que no va a dar concesiones. Y así es. Shiner era definido por la antologista como alguien que a veces escribe en una atmósfera melancólica, que de repente cambia a la de una violencia y terror brutales.
En el caso de Amor en Vano, el relato se inicia con una escena en una comisaría, muy al estilo Ellroy; un abogado entrevista a un preso, al que en pocas líneas reconocemos como asesino en serie. Y psicópata, aunque sólo sea por la jovialidad que desprende un hombre cuya vida está marcada por el asesinato.
No obstante, hay un detalle singular: el abogado protagonista no está allí para hacerle confesar sus crímenes, sino para averiguar cuáles de los cometidos son ciertos y si él es el autor. A este efecto, le propone un nombre de una chica, un personaje ficticio. Y Charlie, el asesino, lo reconoce de inmediato. Y da detalles sobre ella. Detalles que coinciden exactamente con el perfil ficticio que Dave, el abogado, tiene anotados. Es un preso muy complaciente, Charlie. Siempre intenta hacer que los que le rodean se sientan bien, reafirmados en sus convicciones.
A todo esto, una historia se entrecruza con la de Dave. La reaparición de un antiguo amor de instituto, ahora bailarina de striptease. Una historia que se combina en su mente con la de las mujeres de Charlie, esas a las que ha matado.
El relato (que no es para débiles de estómago) pueden leerlo en inglés en el enlace que figura al pie de esta entrada, cortesía de su autor.
Sólo comentar que percibirán muchas cosas en él. Una imaginería potente; una falta de remilgos encomiable; unos subtextos que tienen múltiples interpretaciones, desde la inquietante hasta la desoladora. Love in Vain es, principalmente, un relato sobre la soledad fundamental del ser humano; también uno sobre la guerra de sexos, y sobre los papeles que se asignan a cada uno de ellos. Y, entre otros muchos temas que sugiere, sobre la maldad intrínseca en cada uno de nosotros y lo insondable de la mente humana.

En Demons and Dreams 2. The Best Fantasy and Horror
Legend / Random Century
Londres, 1990 [1988]

Texto en inglés de Love in Vain, en la web oficial de Lewis Shiner

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La Marca del Meridiano, de Lorenzo Silva

Antes de pasar al aspecto literario de esta obra, tengo que decir alguna cosa en el terreno personal, y por tanto, subjetivo; aquellos que deseen saltarse estas observaciones, vayan directamente al párrafo que empieza con el título de la novela. Ustedes disculpen.
Desde hace tiempo que me reconcomía no haber comentado ninguna novela de Lorenzo Silva. En primer lugar, porque me cae muy bien como persona. Le he escuchado en entrevistas e intervenciones, no siempre sobre literatura, y me parece un hombre inteligente, culto, interesante y con discurso, al que además añade la percepción que tengo de él como buena persona. En segundo, porque es un muy buen escritor. Por ejemplo, en La Flaqueza del Bolchevique (una novela, por demás, que no me convence demasiado) fue capaz de escribir unas pocas páginas antológicas sobre las clases laborales que sólo por ellas justificaban la adquisición de la novela. Y en cuanto a su serie policial, tiene tantas virtudes como para ser considerado el mejor autor del género actualmente en España. Pero, y no sé si por debilidad de la trama, por perspicacia personal o por casualidad, le descubría el "malo" a las pocas páginas de planteado el caso. Siempre me ha quedado la duda de si era algo que me sucedía a mí (insisto, no porque sea más listo que nadie; bien podían ser unas intuiciones afortunadas) o porque, bien trazado como estaba el resto, Silva no atinaba con la trama.
La Marca del Meridiano elude esta disyuntiva, puesto que no hay un único culpable. Un ex comisario y maestro en las artes policiales de Bevilacqua ha sido asesinado en Logroño. No sólo asesinado, sino torturado de forma brutal antes, de tal manera que más parece asunto de banda organizada o venganza que un crimen impremeditado.
Sin embargo, y después del análisis de las llamadas del móvil de la víctima, se recibe la notificación de que uno de los números de ese registro está ya intervenido, nada menos que por la unidad de asuntos internos. El caso puede tener unas ramificaciones de corrupción policial que torturan a Bevilacqua y su memoria del antiguo mentor.
Desde el inicio de la serie, Silva ha mostrado grandes bondades en estas novelas policiales. Su verismo, por ejemplo, que las emparenta con la novela de procedimiento policial. Su arraigo en la sociedad contemporánea; por ejemplo, en esta nos encontramos en la España de la crisis, con unos cuerpos policiales sometidos a recortes y congelaciones de sueldos y medios, y con el consiguiente ambiente de desencanto y crisis de valores subsiguiente a la época en la que se disfrutaba de una falsa opulencia y se vivía en la cultura del enriquecimiento fácil. Pero sobre todo acertó desde el principio en el trazo de personajes, de manera primordial en los dos principales, el ahora brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro. No sólo tienen un lenguaje particular con el que se entienden en el trabajo, ni que forman una pareja en extremo eficiente en la persecución del crimen, sino también hay una tensión sexual no resuelta subyacente entre ellos como pocas veces se ha escrito (o, más bien, se ha escrito entre líneas), una que los hace (en ocasiones él, a veces ella) aproximarse el uno al otro hasta rozar la frontera de la intimidad, sin que esta línea se cruce jamás (hasta el momento, claro). No es un motivo menor, ni de poco mérito: puede parecer morboso, pero el lector tiene un motivo adicional para seguir sus aventuras, más allá del caso que investiguen. Que no den el paso no defrauda, sino que añade expectación a la siguiente novela de la serie. Y el mérito es que es muy difícil escribir eso en su justeza. Siempre corres el riesgo de quedar corto o de pasarte, y en cambio Silva lo resuelve con gran estilo.
Lorenzo Silva es autor de estas aventuras no sólo policiales y, por lo que le he apuntado antes, pueden entender que su obra no sólo destaca por el género: lenguaje, psicología de personajes, retrato social y reflexión sociológica son elementos que se conjugan para hacer una de las mejores series, si no la mejor, del género criminal en España.

Ed. Planeta, col. Autores Españoles e Iberoamericanos
Barcelona, 2012 [2012]
Serie Bevilacqua y Chamorro nº 7

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Ganador del Premio Planeta 2012.

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Un Mundo en Guerra. Historia Oral de la Segunda Guerra Mundial, de Richard Holmes

La génesis de este libro son las entrevistas realizadas para la serie documental El Mundo en Guerra, producida por Thames Television, y que ya marcó un hito en su época. Por supuesto, siempre se rueda más metraje del que aparece en el producto final y, pasados los años, las entrevistas mismas y el material de las mismas que no apareció en la serie eran un magnífico material complementario por boca de los protagonistas del conflicto.
Era posible, pues, transcribirlas, reordenarlas temática y cronológicamente y ponerlas en un libro, lo que proporcionaría un valioso punto de vista historiográfico. Además, la época en la que se realizó la serie era la idónea: había pasado suficiente tiempo desde el conflicto como para que las opiniones que se vertieran hubieran sido mediatizadas, y para que los protagonistas se expresaran sin ambages. Unos años más tarde, buena parte de estos protagonistas ya habría muerto, de manera que esta entrevista colectiva hubiera resultado, si no imposible, sí cuando menos escasa o incompleta.
¿Y quiénes son estos protagonistas? Desde militares y políticos como el general Antonov, el general Mark Clark, el almirante Karl Dönitz, general Jimmy Doolittle, Anhony Eden, ministro de Asuntos Exteriores británico, capitán Mitsuo Fushida, que dirigió el ataque sobre Pearl Harbor, Adolf Gallnd, as de la aviación alemana, Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin, conjurado en el plan para asesinar a Hitler, general Hasso von Manteuffel, estratega de carros de combate que se enfrentó con las tropas de Patton en Lorena, Mountbatten, jefe supremo de las fuerzas aliadas en el Sudeste Asiático, Saburo Sakai, as de la aviación japonesa, coronel James Stewart, de la fuerza aérea estadounidense (y actor, claro), Paul Tibbets, piloto del "Enola Gay", etc. 
Intelectuales como J. B. Priestley, John Kenneth Galbraith y Lawrence Durrell; supervivientes de los campos de exterminio como Primo Levi y Rita Boas-Koupmann; y guardianes de esos campos, como Richard Bock o Wilhelm Höttl, que trabajó con Adolf Eichmann.
Y los "desconocidos", claro: Noel Gardiner, soldado neozelandés del VIII Ejército, Bertie Good, cocinero de un transbordador en Dunquerque, Lenly Cotton, marine en Okinawa, Anton Bosnik, defensor de Stalingrado...
Y muchos más. Más de 250 personas que estuvieron allí y narran lo que vieron.
Por supuesto, lo que setaca en este libro es su carácter oral. No se trata de que teoricen sobre los hechos, sino de que presten testimonio. ¿Subjetivo? Por descontado, pero para eso sirve la abundancia de entrevistados diferentes sobre un mismo tema, para poder explicar las versiones y alcanzar una visión global.
Que, por muy subjetiva que sea, en la mayoría de casis suena (y se ratifica) verídica. Hay excepciones, claro. Es seguro que Adolf Galland, as de la aviación nazi, pero también participante en el bombardeo de Guernica durante la Guerra Civil Española, se calla muchas cosas. Y que el mariscal del aire británico sir Arthur harris, jefe de la Unidad de Bombardeos, exacerbe su defensa de la utilidad de bombardear objetivos civiles alemanes. O que Albert Speer, uno de los que siempre estuvieron en el círculo próximo a Hitler, se autojustifique de continuo y, más que cínicamente, se considere una víctima del "espejismo Hitler". Aunque hay que agradecer, muy tristemente, eso sí, la sinceridad de Naoki Hoshino, ideólogo fascista japonés, que no sólo no muestra arrepentimiento, sino que justifica todas las acciones de guerra del Japón.
Pero en suma, el documento es valioso. Se trate de gentes que tenían una visión de conjunto o de personas que relatan la pequeña o gran parte que del conflicto les tocó vivir, esos testimonios valen en ocasiones más que tratados enteros de historia.
Porque, más allá de las letras y las cifras, la historia está compuesta de seres humanos. Algo que conviene no olvidar.

(The World at War. THe Landmark Oral History from the Previously Unpublished Archives)
Ed. Crítica, col. Memoria Crítica
Barcelona, 2008 [2007]
Basado en la serie The World at War (The World at War Series)

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Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y Sus Locos Seguidores, de Terry Gilliam y Terry Jones

SESIÓN MATINAL 

(Monty Python and the Holy Grail); 1795

Director: Terry Gilliam y Terry Jones; Guión: Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Michael Palin; Intérpretes: Graham Chapman (Rey Arturo / Voz de Dios / Cabeza central / Guardia con hipo), John Cleese (Segundo guardia de la golondrina / Caballero Negro / Tercer campesino / Sir Lancelot el Bravo / Guardia Francés / Tim el Encantador), Terry Gilliam (Patsy / Caballero Verde / Anciano guardián del puente / Sir Bors / Mano de gorila), Eric Idle (Recogedor de muertos / Primer campesino / Sir Robin el No-tan-valiente-como-Sir Lancelot / Primer guardián del castillo del pantano / Concorde / Roger del arbusto / Hermano Maynard), Terry Jones (Madre de Dennis / Sir Bedevere / Cabeza izquierda / Príncipe Herbert) , Michael Palin (Primer guardia de la golondrina / Dennis / Segundo campesino / Cabeza derecha / Sir Galahad el Puro / Narrador / Rey del Castillo del Pantano / Hermano del Hermano Maynard / Líder de los Caballeros que Dicen NI); Dir. de fotografía: Terry Bedford; Animación: Terry Gilliam; Música: Neil Innes; Diseño de producción: Roy Smith.

Toda crítica a esta película es fútil. Se ha objetado su gusto, su humor, su cohesión, se le han puesto peros a todo. Y a mí me sigue encantando esta película, me sigo riendo como el primer día y, pasadas ya décadas desde su estreno, me gusta que algunos de sus integrantes hayan pasado a ser frases comunes en la conversación.
La disparatada versión que hicieron los Monty Python de los mitos artúricos y la época medieval tiene muchos méritos, pero destaquemos uno que normalmente se pasa por alto. Todavía no había llegado a la gran pantalla la desmitificación de la Edad Media, de modo que los humoristas británicos se adelantaron, y mucho, en este aspecto. La Edad Media de los Python parece más cercana a la realidad que cualesquiera de las relucientes producciones de Hollywood, y que muchas películas que han venido después y se tildan de realistas.
Y, por supuesto, el humor. Visto hoy, no está de más repetir que los Monty Python transgredieron todas las normas, atravesaron barreras, llegaron mucho más allá de lo que cualquier humorista hubiera podido soñar y, en resumen, abrieron un camino que ha sido seguido por mucha gente, aunque no siempre con la misma inteligencia. Humor absurdo, surreal, pero sobre todo subversivo. En ocasiones decantado a la sátira, en otras al humor por el humor, pero nunca, jamás, contemporizando. Los muchos que, como yo, sabemos lo que el humor en cualquier lengua les debe, atesoramos su producción como un legado para las generaciones que nos siguen. Y el milagro se produce: siguen sorprendiendo y siguen gustando como el primer día.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Jay Jay Johnson en el Shrine Auditorium

Es siempre un placer reencontrarse con el mejor trombonista de jazz de la historia, tanto del jazz moderno como del clásico, con permiso de los muchos y buenos que hubo. Pero es que J. J. Johnson, llamado Jay Jay, lo tenía todo: técnica, por supuesto, pero también inspiración.
En este concierto enmarcado en las giras del Jazz at the Philarmonic que organizaba Norman Granz, lo encontramos en extremo bien acompañado. Jay Jay Johnson al trombón, claro, pero junto a él Stan Getz al saxo tenor, y la rítmica de Oscar Peterson, con éste al piano, Herb Ellis a la guitarra y Ray Brown al contrabajo, más el batería Connie Kay.
Para empezar en alto, animando al público, nada mejor que Billie's Bounce, que tiene unos solos enormes de buenos por parte de Jay Jay y de Getz; sigue My Funny Valentine, con Johnson delicado y preciso; Crazy Rhythm, vuelta al tiempo rápido y vuelta a las diabluras a dúo de Johnson y Getz, porque se percibe que se entienden a la perfección; en Yesterdays, J. J. Johnson será el protagonista de la pieza, y si anteriormente hablábamos de delicadeza, qué podemos decir de esta balada: lo que hace J. J. es sencillamente impresionante; y el tema de Oscar Pettiford, Blues in the Closet, uno de mis favoritos, y una composición difícil. Aquí resuelta con maestría por todos.
Tras este magnífico concierto, nos encontraremos con el trombón de Johnson en estudio, en sexteto completado con el estupendo Benny Golson al tenor, Kenny Dorham a la trompeta, Wynton Kelly al piano, Paul Chambers al contrabajo y Max Roach a la batería. Escucharemos un espléndido Out of the Past, composición del propio Golson.
Sigan atentamente las explicaciones y valoraciones del Cifu, que valen siempre la pena, y que disfruten de la música.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Mi Querida Esposa, de Roald Dahl

La especialidad de Roald Dahl era el cuento de choque, el de final inesperado. Sin embargo, y antes de alcanzar su efecto, Dahl solía disponer los escenarios de sus relatos en ambientes anodinos, casi triviales, de los cuales surgía lo inesperado (y de ahí el título de la colección de relatos), pero un inesperado que muchas veces era grotesco.
El parentesco de sus relatos con los cuentos crueles del estilo de Villiers de L'Isle-Adam es patente, pero Roald Dahl siempre tuvo muy en cuenta la cercanía de estos ambientes con el lector, de modo que la credibilidad que crea garantizara que nunca abandonara la lectura en la escalada de hechos subsiguiete.
Pocos de sus relatos son más crueles que este Mi Querida Esposa. En él nos encontramos a una pareja que está esperando a otra para que pasen un fin de semana en su casa. Apenas se conocen, pero los visitantes tienen el aval de ser buenos jugadores de cartas.
Todo es absolutamente normal, salvo cierta tensión en la pareja visitante. Una tensión que lleva a la esposa anfitriona a desatar un juego horrible; si se portan así en público, qué no harán en privado. Y fuerza a su marido a que instale un micrófono en la habitación de los invitados.
Y ahí surge una sorpresa. No voy a explicársela, puesto que la eficaci del relato depende en gran medida de esa sorpresa, pero pueden leer el cuento en el enlace que figura al pie de esta reseña.
Una vez lo hayan leído, creo que estarán de acuerdo conmigo en que es uno de las mejores narraciones que existen sobre la ruindad humana y sobre ese lado oscuro que existe en casi todos nosotros, pero que más o menos bien controlamos. No sólo el hecho de espiar a los visitantes, por el puro placer de entrometerse en su vida, es cruel, sino que después se desarrolla esta maldad con todas sus consecuencias. Uno casi siente piedad por los visitantes, aunque tampoco ellos están libres de esa oscuridad de alma, tanto hacia los demás como entre sí.

(My Lady Love, My Dove)
En Relatos de lo Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1979]

Existe reedición en Ed. Anagrama

Texto en castellano de Mi Querida Esposa

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Torn de Nit, de Agustí Vehí

Aclaremos que Torn de Nit [Turno de Noche] ya anuncia muy honradamente en su portada que es un "vodevil negro y policial a la ampurdanesa". Si otros, como Fred Vargas, hicieran lo mismo, nos evitaríamos malentendidos. De manera que se trata de eso, una obra ciertamente vodevilesca puesta en ambiente de procedimiento policial, en este caso el del turno de noche de la policía municipal del pueblo de Vilaclara (que se parece sospechosamente a Figueres, pero bueno).
Hay que decir también que su autor, Agustí Vehí, ha sido y es guardia urbano de Figueres, de manera que, aunque lo que nos relata en esta novela es puar ficción, este dato y conversaciones recogidas de policías locales o no aquí y allá le prestan un aire de verosimilitud que espero no le cause muchos problemas a Vehí con sus mandos.
El turno de noche de marras es el compuesto por un cabo resabiado que está en el límite de responder por sus hombres ante sus mandos y mandarlos a esos mismos hombres al cuerno por su indisciplina. Dos agentes tan antiguos como el cabo, que se meten en unos berenjenales de miedo; una agente primeriza que impone ciertamente respeto, y otro agente, latinista y leguleyo que hace el papel de intelectual del grupo.
Como vodevil es, más que preguntarnos si la trama policial responde o no a las expectativas, es preciso decir si cumple con el humor. La respuesta es que sí, aunque con algunos episodios más graciosos que otros. Por descontado, el vodevil no sigue las reglas de la verosimilitud, de modo que no esperen una colección de anécdotas graciosas. Más bien lo que encontrarán son historias que van creciendo en delirio hasta llegar a lo surreal.
Sin embargo, el mérito de Vehí es, si no hacerlas creíbles, si por lo menos emplazarlas en un entorno real. Porque el ambiente de pequeña ciudad o gran pueblo está conseguido al máximo. Y, más allá del humor, hay también una especie de íntimo cariño por esa policía local (que es la auténtica "policía de proximidad" tan cacareada por los políticos), capaz de hacer la vista gorda en algunos casos y de arrestar a conocidos después de invitarles a un café. Ese cariño y la calidez de los personajes hacen que esta novela no sólo divierta, sino que también sea un reflejo de un mundo más simple que está desapareciendo. Tal vez sea reemplazado por uno más eficiente, pero seguro que no más humano.

Ed. Alrevés, col. Crims.cat
Barcelona, 2011 [2011]

Portada i sinopsi

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Todo Está Perdonado, de Rafael Reig

Para poner las cosas en su sitio, empezaremos diciendo que el lector de esta novela se encontrará con varias circunstancias chocantes. Situada temporalmente en 2008, durante la Eurocopa de fútbol, y geográficamente en Madrid, destacará rápidamente que este Madrid es navegable. Hay un canal que lo atraviesa, producto, según descubriremos, del agotamiento del petróleo en el mundo. Y también que, por ejemplo, las hostias católicas se venden en máquinas expendedoras y supermercados, convenientemente envasadas (y consagradas); precisamente con una de ellas envenenada es por donde empieza la novela, con el cadáver de Laura Gamazo y esta muerte por investigar.
Hagamos un alto, y digamos que es muy clara la genealogía de estos elementos de ciencia ficción. A poco que se piense, vendrá a la mente Blade Runner, situada también en un futuro cercano en el que una catástrofe ha cambiado algo la vida de una ciudad, pero no tanto como para no reconocerla. Qué finalidad tienen, aparte de la metáfora muy milenarista y de cambios de paradigmas que vivió la España de 2008, ganadora de la Eurocopa de fútbol, algo que tiene su importancia puesto que marca el ritmo de la novela, y a la vez abocada a la crisis que vivimos hoy, si es que tienen alguna finalidad, queda ciertamente a oscuras. Pero eso sí, son estéticamente irreprochables, y no seré yo quien se queje de esta imaginería marinera en pleno centro de Madrid.
Sigamos con el argumento. Laura Gamazo es hija de un magnate de la industria (justamente, el propietario de la envasadora de las formas consagradas), en extremo bien relacionado con todos los resortes del poder, sean cuales sean, y encarga a Menéndez, un exagente de inteligencia, y a Carlos Clot, un detective privado, la investigación del caso. Por tanto, podríamos decir que también existe el elemento policíaco. Pero sólo hasta cierto punto.
En realidad, Reig lo que hace con esta novela es dar un repaso a la historia de España, prácticamente desde la primera república hasta la actualidad, en clave de la familia Gamazo, que siempre ha estado, con diversos cambios de fortuna, por lo general ascendentes, en el centro protagonista de la Historia. Un repaso más bien desolador, si tenemos en cuenta que la tesis que parece sostenerse más en la novela es que dan igual los regímenes, quien manda es el capital, y el capital por lo común se queda siempre en las mismas manos. Y hay que decir que este repaso, Reig lo hace con una ironía fuerte que resulta muy atractiva. Que la Eurocopa sea el paisaje de fondo, refuerza el mensaje, ya que mientras suena el podemos, podemos, quienes pueden son los de siempre, y no van en calzón corto.
No es que sea una novela perfecta. Hay cierta confusión de escritura a veces, con lo que no se sabe bien quién es el centro de la historia, pero sucede sólo en un par de ocasiones. Flojea en el ritmo al final, pero eso puede ser una impresión debido al ímpetu de lo que antecede. Pero en resumen es una novela ciertamente original, bien escrita y brillantemente imaginada, aunque pueda resultar desconcertante a veces para los no avisados.

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2011 [2011]

Portada y sinopsis