Estado de Alarma, de James B. Harris

SESIÓN MATINAL 

(The Bedford Incident); 1965

Director: James B. Harris; Guión: James Poe, basado en la novela de Mark Rascovitch; Intérpretes: Richard Widmark (Capitán Eric Finlander), Sidney Poitier (Ben Munceford), James MacArthur (Alférez Ralston), Eric Portman (Comodoro Wolfgang Schrepke), Wally Cox (Marinero Merlin Queffle), Martin Balsam (Teniente Comandante médico Chester Potter), Phil Brown (Jefe de enfermería Mackinley), Michael Kane (Comandante Allison, oficial ejecutivo), Gary Cockrell (Teniente Bascombe), Donald Sutherland (Enfermero Nerney); Dir. de fotografía: Gilbert Taylor; Música: Gerald Schurrmann.

Al destructor Bedford, que patrulla por aguas árticas cercanas a Groenlandia, llegan un periodista, Ben Munceford (interpretado por Sidney Poitier, en su primer papel que no tenía nada que ver con el color de su piel) y el reemplazo del oficial médico, Chester Potter.
Pronto descubrirán que el capitán del barco, Eric Finlander (Richard Widmark), es un perfeccionista en su trabajo, un hombre devoto al mismo, y un capitán inflexible, que tiene a sus hombres en estado de alerta permanente. Y que tiene una idea fija. De hecho, cuando llegan, el personal de enfermería se encuantra analizando basura. Sí, basura, la dejada por algún barco flotando en el agua; el análisis se realiza para descubrir si esos restos han sido cocinados a la rusa.
Y lo son. Son los restos dejados por un submarino soviético, y Finlander no piensa cejar en su persecución del sumergible, esté o no en aguas internacionales.
Las reminiscencias del capitán del Motín del Caine son perfectamente visibles, así como el permanente sentido de paranoia y ambivalencia respecto al poder nuclear propio de la Guerra Fría. Pero en esta película modesta, en teoría una serie B, estos rasgos se acentúan y se ponen al servicio de una narración tensa, con grandes interpretaciones por parte de Widmark y Poitier, y una excelente dirección en la que harris aprovecha todo el espacio que tiene a bordo del barco, ya sea el desolado del Ártico, ya sea el lúgubre de la sala de control, ya sea el calustrofóbico del puente y de los camarotes y pasillos del Bedford.
Todo ello en una película excelente, en la que el sentido de catástrofe se percibe desde el principio y aumenta hasta el fin. Un film que merece ser conocido y recordado.

Tráiler:


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