The Dain Curse, de Dashiell Hammett

En La Maldición de los Dain, Hammett retomó su personaje del Agente de la Continental (protagonista de Cosecha Roja) y en esta ocasión lo puso en un papel más tradicional, encargado de investigar el robo de unos diamantes, en una trama que cada vez se complica más y que desemboca, a mitad de la novela en la maldición que los Dain llevan encima de convertirse, más pronto que tarde, en asesinos.
El agente no cree en ninguna de estas tonterías, pero Gabrielle, la hija del matrimonio que ha sufrido el robo, y que es una Dain, es altamente sugestionable, de manera que intenta protegerla tanto de las amenazas externas que como heredera puede sufrir como de su propia creencia de ser una asesina en potencia.
Resumir el argumento en detalle es imposible. La trama se estructura en tres partes, que son episodios claramente distintos en cuanto a la acción, pero cada vez los hechos se van concentrando más en sí mismos, creando nuevas ramificaciones. Sin embargo, y como sucede muchas veces con la novela negra moderna, la trama no es precisamente lo más importante.
Lo es mucho más ver cómo el Agente de la Continental, prototipo del detective privado duro y seco, va adquiriendo cuerpo, va añadiendo recursos, coopera con la policía pero no espera mucho de ella, y se mueve en cualquier ambiente con seguridad y un punto de cinismo.
Tendría que llegar Chandler con su Philip Marlowe para que la figura alcanzara su total dimensión, pero Hammett, además de crear a Sam Spade y al Continental Op, sobre todo hizo el milagro para la narrativa policial de devolverla a donde realmente pertenecía, es decir, a la realidad, y no a los salones victorianos o a las copas de delicados venenos y sutiles encajes donde se había estado desarrollando hasta entonces. Los ambientes de Hammett son realistas, sean de clase alta, media o baja, y su narrativa no sólo prefigura e inaugura un nuevo modo de narrar, realista y duro, el relato policiaco, sino que también empieza un periplo que sigue hasta hoy que es el de poner, como fondo o en primer plano, la sociedad de su tiempo; incluyendo también, aunque sólo sea insinuada, la psicología criminal, no tan alejada del hombre común y corriente como se creía.
La maldición de los Dain es todo eso, pero se mantiene además con una frescura sorprendente, como un monumento de la novela negra que es además su piedra basal.

En Dashiell Hammett. The Four Great Novels
Picador / Pan Books
Londres, 1982 [1928]



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