Mirad Allí Arriba, de Herbert Russell Wakefield

H. Russell Wakefield fue, probablemente, el último de los grandes maestros del cuento de fantasmas inglés clásico. Muy apreciado por Lovecraft, sus historias tenían una ambientación excelente, un detalle encomiable y un sentido de la atmósfera que las hacía enormemente eficaces aunque, como es el caso de esta Mirad Allí Arriba, no llegue a mostrarse jamás la causa del terror.
A un balneario del Adriático llega un probo funcionario inglés agotado por la tensión del trabajo, y ya el primer día le llama la atención una pareja de hombres, uno de los cuales parece tener la vista permanentemente fija en algo a treinta y cinco grados por encima de su línea de visión (Wakefield, como les he dicho, es así de detallista). El funcionario sigue la dirección de esa mirada, y sólo encuentra la pared color azufre. Finalmente, y tras unos días, no tarda en acostumbrarse a la visión del hombre perpetuamente mirando hacia arriba, y no le concede más importancia.
Pero un día, cuando el funcionario contempla la evolución de una tormenta lejana sobre el golfo, una voz a su lado le sorprende diciendo: «hay personas que han encontrado en espectáculos semejantes la prueba de la existencia de Dios». Quien la ha pronunciado es el hombrecillo de vista levantada. No es que le plazca mantener una conversación con él, pero la cortesía no le deja otro remedio, y el hombre le cuenta cómo hace tiempo tuvo la pose del ocultista, un poco por necedad juvenil, pero cómo descubrió la trascendencia de las cosas de este mundo y del otro en una experiencia que tuvo en  una casa cuya tradición marcaba que no se pasase en ella la Nochevieja.
Me permitirán que no les arruine el cuento narrándoles más de él. Les recuerdo que no tendrán una descripción de la visión terrorífica que ha dejado en tal estado al hombrecillo, pero si pueden leerlo encontrarán cómo Wakefield estimula la curiosidad del lector y va construyendo una tensión ambiental creciente que desemboca en el final del relato. Es uno de los mejores de este género de la sugerencia más que de la muestra, y notarán también que el autor es un clasicista en todo... pero un clasicista muy bueno.

(Look Up There)
En Cuentos Únicos
Ed. Siruela, col. El Ojo Sin Párpado
Madrid, 1989 [1929]
Edición y prólogo de Javier Marías


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