El Turista Accidental, de Lawrence Kasdan

SESIÓN MATINAL

(The Accidental Tourist); 1988

Director: Lawrence Kasdan; Guión: Frank Galati, Lawrence Kasdan basado en la novela de Anne Tyler; Intérpretes: William Hurt (Macon Leary), Kathleen Turner (Sarah Leary), Geena Davis (Muriel Pritchett), Amy Wright (Rose Leary), Bill Pullman (Julian), Robert Gorman (Alexander Pritchett), David Ogden Stiers (Porter Leary), Ed Begley Jr (Charles Leary); Dir de fotografía: John Bailey; Música: John Williams; Diseño de producción: Bo Welch; Montaje: Carol Littleton.

Una extraordinaria película, llena de matices, meticulosamente orquestada en sus detalles y composición, y que se recuerda con afecto. Una película que, como dice su director, Lawrence Kasdan, requiere de la colaboración del espectador; sin ella, la historia pasa desapercibida.
Porque para disfrutar de esta película es necesario fijarse en los matices, en los detalles; sobre todo, prestar atención a las miradas y los gestos, que son muy contenidos. Entonces (y gracias a unas interpretaciones magistrales por parte de Hurt, Turner y Davis) la película se hace íntima y personal, pero en comunicación directa con el espectador.
La historia podría parecer simple, pero las personas, tomadas individualmente, nunca lo son. Macon es una autor de guías de viaje para ejecutivos que odian viajar, que quieren seguir estando en todo momento y lugar en el sofá de su casa. A la vuelta de uno de sus viajes, Sarah, su esposa, le comunica que va a separarse de él. Sobre todo ello planea la traumática muerte del niño de ambos, asesinado en un atraco a una hamburguesería. Pero no es sólo esto lo que hace a Macon como es. En realidad, toda su vida ha sido una persona ordenada y metódica, criada en una familia en la que todos son más o menos como él: temerosos de las sorpresas, odiando lo inesperado, reclusivos, desapegados del contacto con el mundo, salvo el mínimo imprescindible.
Entonces conoce a Muriel Pritchett, una adiestradora de perros exuberante (no tanto en el físico como en su comportamiento vivaz) y, poco a poco, Macon va dándose cuenta de que el mundo está ahí para lo bueno y para lo malo, y que no podemos sino tomar algunas decisiones erróneas en el transcurso de nuestras vidas, así como sufrir tragedias que nos afligen, pero también encontrar placeres y goces inesperados. Aún así, el proceso no es fácil, sencillo ni automático. Es un mundo nuevo para Macon, y ese mundo le espanta tanto como quedarse en su antiguo mundo seguro y solitario.
Insisto en que los detalles son importantes, han sido cuidados al máximo: la casa de Macon, que no toca para nada con las casas vecinas, es casi imperceptible, es sólo un momento, pero al lado de la cama de Macon hay un temporizador que, cuando suena el despertador, conecta ya la cafetera: Macon no se permitirá ni un minuto más de sueño, su horario es fijo.
En una película tan minuciosa (y en la obra de la que procede), casi nada es casual: No es casualidad que sea una adiestradora la que "adiestra" a Macon a traspasar la línea de una vida encerrada en un capullo protector (y sin embargo vulnerado) a otra más amenazante pero más vital. Por ejemplo.
Y Kasdan, que es uno de los mejores directores de esa generación (que, francamente, considero desperdiciada y que no ha hecho todo lo que podía hacer, me temo que por culpa de los productores) que surgió en los años ochenta, hace una película con un ritmo pausado, con un humor suave (no se crean eso de que se trata de una comedia hilarante; tiene sus momentos de humor, pero no es un humor disparatado sino de una sonrisa amable), con una ternura que surge de la propia historia; y la hace con los gestos y actitudes de sus actores, no con diálogos. Y así El Turista Accidental es también una lección de arte cinematográfico.

Tráiler:


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2 comentarios:

Magda dijo...

Leí la novela que me gustó, me encantan los personajes y las situaciones de esta escritora, pero no he visto la película. Siempre he pensado que me decepcionaría.

Un saludo.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Magda:
Pues no. Lawrence Kasdan, del que echo de menos no hiciera más cine (o por lo menos, que no le dejen hacer cine más a su gusto) es alguien muy sutil, y realmente en esta película supo dirigir a los actores a la perfección, y los matices de interpretación son enormes. Y todo ello, con contención de diálogo. La tentación, en manos menos capaces, hubiera sido explicar y explicar. En cambio, Kasdan prefiere dejarlo todo a la expresión visual. Y lo consigue. Es una película muy, pero que muy notable...
Un saludo!