Amor a la Vida, de Jack London

Jack London, el gran escritor de los espacios abiertos, el de la aventura vivida, el narrador de la experiencia en la naturaleza y los ambientes extremos, ya fueran sociales o geográficos. Un autor que se puede ver como precedente de esa narrativa vital y dura que Hemingway (aunque en otro estilo) desarrolló posteriormente.
Amor a la Vida es uno de esos relatos de supervivencia extrema, tan realistas y vívidos que no es de extrañar que fascinaran (y que sigan haciéndolo) a los lectores que se acercaban a él. El relato completo lo pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña.
Dos hombres van por las montañas avanzando penosamente. Cuando uno de ellos tropieza y se tuerce un tobillo, llama al otro para que le espere. Pero éste hace caso omiso y sigue su marcha tambaleante. No pasa mucho tiempo antes de que el lesionado quede totalmente solo. Con un hatillo con lo más imprescindible (y algo que es prescindible, como descubriremos más tarde: un saco con pepitas y polvo de oro), unos mocasines destrozados y una ropa hecha jirones, además de un rifle sin munición.
A partir de aquí, lo que sigue no es un canto de amor a la vida, sino una letanía de declaraciones de amor a esta vida, que día a día y hora a hora, amenaza con abandonar al protagonista.
Este canto desesperado se compone de imágenes y acontecimientos narrados con tal precisión y sentido de la realidad que no pueden por menos que impresionar (y angustiar, en muchas ocasiones) al lector.
Como la escena en la que el hombre cuenta una y otra vez su más preciada posesión, las sesenta y siete cerillas que divide en tres paquetitos repartidos en lugares diferentes para que así la pérdida de uno no signifique la muerte por el frío. O el achique con un cacharro de una pequeña charca para capturar a un pez demasiado esquivo. O el periplo final en el que el hombre y un lobo enfermo se acompañan preguntándose todos (protagonista, lobo y lector) quién será el primero en ceder al cansancio, al sueño, en abandonar la vigilancia que impide ser comido para aguantar unos pocos kilómetros más, para prolongar unos días, u horas, una existencia ya miserable.
La prosa de London, basada en la realidad o no, es de una potencia enorme. Traslada al lector en pocas líneas allá donde quiere llevarlo, y entonces empieza a narrar una historia de la que no es posible escapar. Pero sus virtudes descriptivas no serían nada si, además, Jack London no comprendiera y trasladara al papel la humanidad de sus personajes. En estos relatos de supervivencia, ésta no lo es todo; de hecho, es apenas nada si no consideramos el sufrimiento humano que conlleva, y que hace que nos identifiquemos con un protagonista del que no sabemos nada, ni si es un ser excelso o despreciable. Sólo queda ahí un semejante que sufre y lucha por seguir vivo, y ese es un sentimiento que compartimos tanto que de inmediato empatizamos con él. Lo que, en literatura, no es poco.

(Love of Life)
En Amor a la Vida
Ed. Akal, col. Akal Bolsillo
Madrid, 1981 [1907]

Texto en castellano de Amor a la Vida
Texto en inglés de Love of Life

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