No le Oigo, Señor, de Avram Davidson

Ya saben la veneración que este blog tiene por las historias de Avram Davidson, un autor al que sus colegas respetaban y admiraban y que nunca, sin embargo, alcanzó la popularidad que se merecía. Sus relatos son ingeniosos, imprevistos, cultos, sorprendentes y, en muchas ocasiones, humorísticos o irónicos.
En el caso del que nos ocupa hoy, es todo eso, y en su brevedad ofrece una historia que puede ser tildada de ciencia ficción, pero que más bien es una fantasía grotesca, muy en el estilo de las que gustaba de escribir.
Milo Anderson es un canalla, un estafador, un ladrón, y finalmente ha llegado al final de la cuerda. Sus trapicheos han hecho que el dinero obtenido con malas artes se haya esfumado, y en cambio las deudas que ha contraído no. Ahora espera la llegada de algún agente (cualquier agente de los muchos que le persiguen) que le obligue a pagar el préstamo, si no puede con dinero con la vida.
Y mientras busca en vano en esa casa algún cachivache que vender para apaciguar algo a sus acreedores, topa con un trasto robado, lo mismo que todo lo que antes contenía la casa, a un viejo coleccionista de arte y objetos raros.
Lo que esa cajita, una vez abierta, revela ser es un teléfono primitivo, muy anterior a la invención de Bell (sí, sí, me apresuro a añadir que hay fuertes dudas de que Bell no robara la idea y el aparato mismo, pero por el momento me ceñiré al tópico escolar). Pero es un teléfono muy peculiar. Sólo se puede hablar con los abonados que figuran en un listado anejo, y lo malo es que sólo se puede mantener una sola conversación con ellos. El primero de la lista es Washington, Geo., Gent., hacendado, Mt. Vernon, número Patriot 1-7-7-0. Y sí, se trata de George Washington.
Milo intenta ejercer sus artes de emabaucador con uno tras otro de los abonados, sin éxito. Hasta que, en el límite de plazo, y con el último de los listados, el abonado le envía por fin algo que puede mitigar su situación. El último abonado es el general Benedict Arnold, West Point 1-7-8-0. Claro que lo que le envía Arnold difícilmente va a satisfacer las necesidades de Milo...
El único óbice a este relato es que es necesario tener conocimientos de historia estadounidense, en particular de la Guerra de Independencia Americana, para captar todo el sentido. Pero es un inconveniente menor. Una consulta rápida a wikipedia permitirá al lector descubrir con rapidez que Arnold no es precisamente el personaje más preciado de la historia de los Estados Unidos. Podríamos decir que, en manos de Davidson, los canallas se han puesto en comunicación.
Por lo demás, un relato que empieza con una base profundamente realista se va exacerbando cada vez más hasta convertirse en una fantasía tremenda y genial, de lo más original e inesperada que se pueda encontrar.
Los lectores de Avram Davidson, sin embargo, no nos extrañamos. Es lo que este autor solía regalar a su público.

(I Do Not Hear You, Sir)
En Cuentos que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 1978 [1957]


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2 comentarios:

Carmenzity Zeta Zeta dijo...

Oye, qué buena pinta. No conozco al autor, alguna recomendación de por dónde empezar??
Me llevo tu reseña a mi reseña favorita, si no te importa claro!!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Carmen:
Por supuesto que no me importa...
Y respecto a Davidson... ¡Ay! No hay ninguna novela suya publicada en castellano y sus geniales relatos están dispersos y son difíciles de encontrar. Hay que ejercer el oficio de cazador y estar atento a cuando aparece alguno en una antología publicada antaño, como la que contiene este relato, "Cuentos que Mi Madre Nunca Me Contó", publicada en la extinta Bruguera. En internet sólo he encontrado "El Último Mago", un relato que no había leído y que es tan genial y humorístico como los mejores suyos. Te advierto que se basa en la homofonía de "to spell", misma escritura y pronunciación, distinto significado para "deletrear" y "hechizar". El link es:
http://www.fantasiaustral.cl/2013/11/cuento-el-ultimo-mago-de-avram-davidson.html

Espero que te guste. Es sólo una pequeña muestra de alguien que fue definido como "el más explícitamente literario de los autores de ciencia ficción".
Y, por supuesto, si alguna vez puedes conseguir el relato que es su obra maestra, "...Y Todos los Mares Llenos de Ostras" ("Or All the Seas with Oysters"), no lo dudes. Es genial hasta haberse convertido en un cuento que es narrado oralmente en convenciones de ciencia ficción (y soy testigo de ello).
Un saludo!