Diceria dell'Untore, de Gesualdo Bufalino

Más que la propia Perorata del Apestado (y aquí hay que hacer varias precisiones: una diceria es un discurso, un monólogo, y el untore o untador fue aquel que fabricaba y dispensaba el unto o ungüento, del que se decía transmitía la peste; al respecto véase Historia de la Columna Infame, de Alessandro Manzoni), más que la propia novela, repito, es casi más fascinante contemplar el proceso de creación (y, sobre todo, de supresión) que Bufalino ejerció en su escritura, y que está documentado en los apéndices de esta edición.
La trama es sencilla: el protagonista, afectado de tuberculosis, narra su estancia en un sanatorio durante 1946, donde tiene un breve e intenso romance con una de las pacientes, que morirá (como muchos otros de los personajes de la obra, por otra parte) mientras él sobrevive. No sólo se reflejará en la novela la intensidad de este amor imposible por condenado, sino el enigma de la vida pasada de Marta, relegado por la inmediatez, por la necesidad de vivir un momento en el que no existe el mañana.
No es una novela cuyo estilo narrativo sea el que más me plazca. la importancia que da Bufalino a la metáfora continua, al léxico brillante, siempre me transmite la impresión de unos demasiados árboles que ocultan el bosque. Pero es un estilo narrativo que tiene sus seguidores, es válido y no seré yo el que lo descalifique.
Aún con esta salvedad personal, hay muchas cosas que atraen de esta obra. No menor es que es una novela que representa una Totentanz, una danza macabra, un Triunfo de la Muerte cuyos danzantes no sólo saben que morirán, sino que tienen un plazo fijado. En este contexto, toda vivencia adquiere una intensidad inusual, pero también una desesperación infinita, que se impone a lo que podría entenderse como una expresión artificiosa. (No es una apreciación sólo personal; el mismo autor declara: «el peligro era abandonarme a la desmesura lírica, componer un mélo hipertenso y verboso. No sé si he conseguido evitarlo, mediante tales autoironías semiescondidas, y un uso de la postura y del falsete que era por otra parte inevitable en una trama tan teatral.»)
Es difícil comentar una obra que lleva añadida un apéndice tan descomunal, llamado, "instrucciones de uso", que desvela las continuas metáforas, las frecuentes referencias a otras obras, que explica la idea de la obra en su totalidad y en su parcialidad. Ante esto, sólo hay que examinar el resultado. Y éste, tan metafórico, referencial y en clave como se quiera, es satisfactorio. El autor quería transportar un ambiente fantasmal a ese sanatorio de muertos en vida. Quería dar conciencia a la idea ominosa del contagio. Quería no sólo transmitir la imagen de unos protagonistas como apestados, sino también como propagadores de la peste, como vectores de contagio que tienen que organizarse en una sociedad cerrada. Quería dar intensidad a cosas que en el mundo mortal pero inconcreto revisten un significado mediatizado por el tiempo. Todo ello se consigue, no sin manierismos tal vez justificados. En cualquier caso, como lectores, sí vivimos esa intensidad y la continua presencia de una muerte que se constituye, invisible, en un personaje más.

RCS Libri / Bompiani, col. Tascabile
Milán, 199214 [1981]
Prefacio y edición de Francesca Caputo
Con una entrevista de Leonardo Sciascia al autor

Existe edición castellana en Ed. Anagrama

Portada de la edición italiana
Portada y sinopsis de la edición castellana

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