Atando Cabos, de E. Annie Proulx

(The Shipping News)
Ed. Tusquets
col. Andanzas
Barcelona, 1995 [1993]

Según lo dicho en el artículo anterior [aquí], déjenme comentarles una obra de alguien que ha asumido riesgos por un tubo... y ha llevado a buen puerto su novela.
Uno de los instrumentos de la valentía de un escritor es la exageración. La situación o personajes exacerbados forman parte de la obra artística desde tiempos inmemoriales. A veces son puros juegos técnicos (el catálogo de las naves en verso de la Ilíada, por ejemplo). Otras veces, las más, son personajes que no existen o no pueden existir, que los americanos definen, muy adecuadamente, como "bigger than life", más grandes que la vida misma, en su propia exageración. Don Quijote es uno de ellos. Hamlet. Los protagonistas de El Maestro y Margarita. Raskólnikov. El protagonista de Los Hijos de la Medianoche. El Ignatius Reilly de La Conjura de los Necios.
Pero es que la exageración es un arma muy potente. Por contraste o afinidad, lo que rodea a ese personaje o situación exacerbada se agiganta o (según lo que pretenda el autor) se minimiza. La exageración suele desembocar en humor; pero el humor es una forma excelente de analizar o reflexionar sobre las circunstancias de la vida. Nunca subestimemos al humor. Nunca despreciemos la exageración.
Atando Cabos es una obra maestra realizada por medio de la exageración. Proulx, por si no lo saben, es la autora de un relato que dio origen a la película Brokeback Mountain. Durante mucho tiempo estuve desconcertado preguntándome cómo la autora de Atando Cabos había podido escribir un relato tan naturalista como este. Hasta que caí en ello. Soy burro, me dije, ¿qué puede haber más exagerado que coger al símbolo de los valores masculinos americanos, el cowboy, y convertirlo en homosexual; es más, no a uno solo de ellos (que hubiera podido convertirse en una tragedia, pero se hubiera visto como una "anomalía"), sino a dos, manteniendo una relación (lo que se convertía en algo casi subversivo). El escándalo resultante en los USA demostró que tenía razón y que la exageración puede convertir cualquier cosa en dinamita.
Leí Atando Cabos no precisamente por el texto de contraportada. Hay que reconocer que los amigos de Tusquets tenían una tarea casi imposible delante, porque es inconcebible resumir en veinte líneas esta novela. Conténtense con ese texto [que pueden consultar en la web de la editorial, esta] y con saber que Quoyle, el protagonista, es un incompetente. Un incompetente TOTAL, frente a cualquier situación. Y, en su caso, por lógica, cualquier situación, por mínima que sea , se convierte en un Everest. Y no sólo son situaciones nimias las que le caen encima.
Tras el culmen de su tragedia personal, con sus dos hijas y una tía (tan exagerada como él, pero más capaz y granítica que nadie), emprende una emigración a Terranova, tierra de sus antepasados (tierra de exageraciones, meteorológicas, geológicas, ambientales), en una especie de catarsis monstruosa, y allí se encontrará con personajes y situaciones tan peculiares como él.
Sin arruinar el argumento, no puedo decirles más. Sólo comentarles que se lee a veces con una sonrisa (dulce o amarga), con sorpresa, con interés, con curiosidad; con asombro en ocasiones. Con ternura, también.
E. Annie Proulx logra un triunfo completo. Obras como esta no aparecen una cada mes, ténganlo en cuenta. De modo que háganse un favor y léanla. No creo que queden defraudados.

btemplates

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No me sorprende que una persona normal, con un nivel "normal" de conocimiento de los problemas mentales, crea que la autora exagera deliberadamente la torpeza del protagonista. Al fín y al cabo, el protagonista parece externamente normal, no tiene cara de tonto, sabe leer y escribir...Pero padece un síndrome mental del espectro autista, quizás el más desconcertante. Es un Asperger: con un nivel de inteligencia aceptable, es totalmente "ciego" para todo aquello que signifique relacionarse con los demás, no es capaz de distinguir entre la verdad y la mentira - su mujer lo engaña descaradamente, pero él sigue ahí, enamorado... - tiene graves problemas de psicomotricidad - su torpeza le lleva a hundirse a sí mismo - una rigidez expresiva muy característica, tiene antecedentes de problemas mentales en la familia...
Hasta su matrimonio es típico-tópico: La mujer es claramente una desquiciada y él no sabe verlo y ponerle fín, sencillamente se resigna, se siente culpable, él es "aburrido"...
si se sabe ver bajo ésta óptica, la película es fantástica. Es muy difícil interpretar a un medio autista.
Y es un rayo de esperanza: "si un ahogado resucita, porqué no vá a curarse un hombre roto?.

Lluís Salvador dijo...

Querido Anónimo:
Gracias por tu aportación. Aunque, te preciso. No soy un hombre normal, entre otras cosas porque nadie lo es (filosófica, genética y ontológicamente hablando). De todas maneras, me parece muy interesante tu aporte al respecto del autismo del personaje. No sé si te habrás fijado, pero esos personajes exagerados que he citado en mi texto, todos, también tienen alguna disfunción psicológica. Y permíteme que difiera contigo respecto a la conclusión que sacas. No es necesario ver desde esta óptica autista para que sea una gran novela, entre otras cosas porque la autora no remite jamás al problema del autismo en su protagonista. La prueba es que, como soy una persona "normal", así lo he hecho. Pero te reconozco que proporcionas un punto de vista diferente a la novela de Proulx, que se puede tener muy en cuenta (en serio!). De nuevo, gracias por tu aportación.
Por cierto, por supuesto, puedes hacer lo que quieras con tu identidad, pero me siento más cómodo hablando con alguien al que tengo un nombre que asociar... Por si vuelves, y considérate bienvenido, hazte notar como el anónimo de Atando Cabos, y así te reconoceré.
Un saludo cordial!

Olivia Güel dijo...

Hola, últimamente "Atando Cabos" es el libro que acompaña mis trayectos en tren y ya me he enganchado a Quoyle y su familia. Me ha encantado saber que Annie Proulx se diera cuenta de que quería ser novelista con 50 años, y bien que hizo! Su obra es fantástica.
No he leído Brokeback Mountain pero lo haré en cuanto acabe "Atando Cabos". La película me gustó, la única puntualización es que me pareció que el primer momento de intimidad pasa muy de prisa ( era un poco, ¡Ale, que nos vamos de acampada! y cuando te das cuenta ya se están enrollando).

Y sobre la normalidad, pues a mi me parece que todos tenemos alguna disfunción y esa es la gracia, la manera en la que nos relacionamos. Por suerte no he conocido a nadie totalmente "normal" y espero que que siga así, porque me lo paso bomba.

Un Saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Olivia:
Gracias por la lectura, que es el mejor premio al que aspira un comentarista. Bokeback Mountain es un relato... de modo que ahí tienes el motivo de una condensación...
Un saludo!

LLENÁRESME ZOOT SUIT dijo...

No me gustó.- Al principio fue alentadora de algo que no llegó nunca.- Me aburrió hasta el final.- Todo artefacto literario enredado, con cientos de metáforas una màs rebuscada que otra ("El viento tan agradable en su nariz como el agua de primavera en una boca sedienta").- Ignatius? Don Quijote? A años luz de ellos.- Encadenamiento de anécdotas que, una tras otra, se sabe, solas no hacen una gran novela.- No es realmete cómica (como "la Conjura..), ni decididamente dramática o trágica.- Aunque los temas lo sean, la manera de contar la historia no da para risa, pena o llanto.- El personaje, un remedo de Ignatius al principio, desaparece en pocas páginas, para terminar siendo correcto e insulso empleado.- Gracias y un gran saludo

Lluís Salvador dijo...

Hola, Llenáresme:
Bienvenido a este blog.
Y, bueno, no todos los libros gustan o disgustan a todo el mundo...
Pero te preciso que no estaba comparando al protagonista con Don Quijote o Ignatius Reilly. Sólo me refería a que hay una selecta clase de narradores que asumen riesgos enormes con unos personajes que no son, desde luego, los que nos encontramos por la calle, sino unas exageraciones tales que se hacen más grandes que la vida que se les supone. Si, como defiendo, una buena parte de la literatura es exageración, este método me parece enormemente fructífero, y por eso citaba a dos de los personajes más exagerados de la literatura.
Un saludo, y gracias por el comentario!