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Jazz Porque Sí: Deborah Carter en Smolyan + Art Taylor en el Village Vanguard

Hoy vamos a tener una buenísima sesión doble. Para empezar, un concierto dado en Smolyan (Bulgaria) por una extraordinaria vocalista que apunta maneras para llegar muy arriba en el jazz cantado, Deborah Carter. Acompañada por Dimitar Bodurov al piano, Atanas Popv a la batería y Mark Zandveld al contrabajo, escucharán unos estándares que Deborah sabrá muy bien hacerse suyos: Moanin', Girl Talk, Corner Pocket, 'Round About Midnight, Groovin' High, Red Top, Lullaby of Birdland, My Favorite Things y Humdrum Blues.
Notarán todas las virtudes de esta chica: un dominio vocal impresionante, personalidad en el canto, muy buen scat y un gran swing. Aquí les dejo también el enlace a su página web, por si quieren saber algo más de ella: Deborah Carter.
Y después tendremos nada menos que a uno de los maestros de la batería, Art Taylor, en una actuación preciosa, llena de swing y de buena interpretación, pero sobre todo con un A. T. empujando como pocos saben hacer con un grupo de música. Le acompañan Jacky Terrasson al piano, Tyler Mitchell al contrabajo, Abraham Burton al saxo alto y Willie Williams al saxo tenor. Una actuación buenísima.
Atentos, como siempre, a los comentarios y explicaciones del Cifu, y que ustedes disfruten de este programa doble como yo lo he hecho.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Mazirian the Magician, de Jack Vance

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1950]

Se podría hablar sobre Jack Vance durante horas, pero, aparte de los rasgos distintivos de cada una de sus ficciones, una y otra vez surgiría un tema recurrente, como es el de que nadie ha creado mundos tan bien como él. Por completo coherentes, por completo aprehensibles casi de inmediato para el lector, saltan de las páginas para fijarse en la mente, y lo hacen sin la parafernalia que, más tarde o tmprano, necesitaba expresar Tolkien, por ejemplo.
El secreto se desconoce. Tal vez vance logre este efecto trabajando con elementos familiares que, sin embargo, y mirados de cerca, son lo bastante diferentes como para producir un efecto de extrañeza, pero que no nos resultan ajenos. Tal vez sean sus descripciones, no tanto barrocas como orientalizantes. O tal vez sea la capacidad de vance para colocar la palabra precisa en el momento justo, la de hacer avanzar la narración de forma pausada pero constante y hacerlo, a la vez, aportando nuevos datos sobre lo que, llegados a cierto punto, ya no sólo rodea a los personajes, sino también a los lectores.
Quizá su obra más destacada sea el Ciclo de la Tierra Moribunda (que incluye la sbserie de ese personaje genial y desvergonzado, Cugel el Astuto, del que tendremos que hablar algún día), al que pertenece este Mazirian el Mago.
Es notable la forma en que Vance va introduciendo poco a poco los elementos que precisan y complementan la historia. Estamos situados primero en un jardín exuberante donde Mazirian muestra un delicado sentido estético y un amor desmedido por sus criaturas. Pero poco a poco se nos hacen evidentes señales de crueldad por parte del mago.
Al cabo, Mazirian vuelve a ver a una hermosa muchacha a caballo que ya lleva entrando en su jardín repetidas veces. Fascinado por ella pero a la vez temeroso de que sea una enviada de sus enemigos, Mazirian decide perseguirla y capturarla, para interrogarla primero y luego esclavizarla o matarla.
Y así, en la siguiente aparición de la muchacha, emprende la caza. Una persecución que le llevará fuera de sus dominios y a adentrarse en el Bosque de la Fábula.
Insisto en que en Vance, aparte de sus argumentos perfectamente medidos y ajustados en su ritmo, lo que predomina es el sentido de la maravilla, la continua vuelta de tuerca en la creación de paisajes, de seres, de situaciones. Todo con una lógica propia pero férrea, con una coherencia primordial que hace de sus mundos un espectáculo y, a la vez, una vivencia para el lector.

Web sobre Jack Vance (algunos apartados en castellano)
Texto en castellano de Mazirian el Mago

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Los Asesinatos de Manhattan, de Douglas Preston y Lincoln Child

(The Cabinet of Curiosities)
Random House Mondadori / DeBolsillo
Barcelona, 20032 [2002]
Serie Agente Especial Pendergast nº 3

Las aventuras del agente especial Pendergast tuvieron un gran auge hace unos cuantos años, para caer del favor del público en España hoy en día, víctimas de la competencia en el mercado del best-seller, donde o triunfas o mueres.
Lástima, porque tienen unos detalles distintivos que las hacen interesantes. En primer lugar, están muy documentadas, y eso transmite un sentimiento de familiaridad con el entorno beneficioso para la credibilidad de la historia. Segundo, tienen un amor por el detalle que provoca la curiosidad del lector. Tercero, cumplen con las reglas básicas del buen best-seller (algo más difícil de encontrar de lo que parece): personajes con los que empatizar, malvados potentes, en la sombra o al descubierto, situaciones límite y un manejo extremadamente bueno de la tensión y el suspense. Y, por último, una mezcla de géneros lo bastante equilibrada como para resultar atractiva: asistimos a unos argumentos que suelen desembocar en el terror sobrenatural (o casi), pero tratados según el método policial. Un género en el que es más fácil fracasar que destacar, pero en el que los autores actúan con la adecuada contención.
Tal vez lo peor de las novelas sea precisamente su teórico protagonista, el agente especial del FBI Pendergast. Demasiado lleno de recursos, demasiado omnipotente, de una manera que puede resultar, justamente, prepotente. Pero Preston y Child también se aperciben de esto, y le dotan de una historia personal oculta que transmite una sensación de personaje torturado, de antihéroe; y además los autores se preocupan por desplazar el protagonismo. Pendergast es figura central y catalizadora, pero va acompañado de otros protagonistas (en este caso la doctora Nora Kelly), falibles, vulnerables y con los que es posible empatizar, que son quienes cohabitan en el lugar central de las investigaciones. Y a los que acompañan otros personajes auxiliares que contribuyen cada uno al argumento y tensión de la novela.
Si elijo esta Los Asesinatos de Manhattan (en realidad, El Gabinete de Curiosidades) es porque es una novela en la que Pendergast se muestra en extremo débil.
En pleno Manhattan, una constructora deja al descubierto un sótano repleto de esqueletos de adolescentes, a los que, más de ciento veinte años atrás, se les practicó una operación extraña en la base de la columna vertebral. Con el alcalde presionado por el constructor, Pendergast recurre a una arqueóloga, la doctora Nora Kelly, para que examine el yacimiento antes de que los destruyan, cosa que sucede en el término de una hora. Todo son inconvenientes. Ese sótano era parte de una casa que alojaba un gabinete de curiosidades, y el jefe de Kelly, el vicepresidente del Museo de Historia Natural, no ve con buenos ojos que la arqueóloga u otros ayuden a Pendergast en su búsqueda de pistas, ya que el Museo es el mayor depositario de los fondos de esos gabinetes. Y a Pendergast le pondrán encima un "enlace" de la policía de la ciudad, más como espía que como colaborador.
Todo ello sobre el trasfondo de que esas misteriosas operaciones estuvieran destinadas a obtener una fórmula para alargar la vida, y la posibilidad de que quien las realizó tuviera éxito y siga realizándolas. Porque empiezan a aparecer cadáveres sometidos al mismo modus operandi.
Las virtudes (y los defectos, todo hay que decirlo) apuntados anteriormente están presentes en esta novela, y sigue siendo una buena incursión en un género tan denostado (y muchas veces, tan mal hecho) como el del best-seller.

Portada y sinopsis
Página web oficial de Preston y Child (en inglés)

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El Interior del Bosque, de Eugenio Fuentes

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2008 [1999]
Serie Detective Ricardo Cupido nº 1

La pintora madrileña Gloria García Carvajal es asesinada en la reserva natural extremeña de El Paternóster. Su novio contrata al detective Ricardo Cupido para esclarecer el crimen; y por una vez, la Guardia Civil local, aquejada de la falta de medios para lo que en la comandancia consideran un crimen "de pueblo", acepta la colaboración del investigador privado.
Poco después aparece un nuevo cadáver, el de una excursionista, en la misma reserva. El novio rescinde los servicios de Cupido, considerando que los crímenes son obra de un perturbado y, por tanto, sin relación directa con su novia. Pero el detective ya ha investigado lo bastante como para embeberse de una personalidad tan fuerte como la de Gloria, y como para quedar intrigado por las personas que la rodeaban.
Fuentes logra un policiaco eficaz, enormemente canónico y respetuosos con las convenciones del género (algo más de agradecer de lo que parece). Pero, y no me cansaré de repetirlo, que el género negro salga de su ambiente urbano siempre es una rareza que es necesario mirar con atención.
Y Fuentes no defrauda en ello. Los entornos de violencia cotidiana en las urbes dejan paso a la expectación del crimen rural. A un mundo en donde todos se conocen más o menos, y donde los rumores (y las maledicencias) campan. Un mundo también en el que subyace una violencia que es provocada por la cercanía a la naturaleza y a los instrumentos que allí son cotidianos.
Los pueblos son lugares donde los secretos son a voces, pero donde a veces también se traman conspiraciones de silencio, y donde puede ser incluso posible guardar otros secretos, si estos son lo bastante terribles.
Eugenio Fuentes se mueve con naturalidad en este ambiente. Es más, este mundo rural alrededor de El Paternóster parece extraído de la realidad. En este aspecto, Ricardo Cupido es un hallazgo en la novela negra contemporánea española, un recordatorio de que el campo no es ese desierto de turismo y despoblación donde apenas sucede nada (y si sucede es "porque son así", o porque los medios de ciudad creen que el medio rural sigue anclado medio siglo atrás); un lugar que tiene su propia estructura social y, por supuesto, su ración de crímenes y de odios. Como en cualquier otra parte.

Portada y sinopsis
Entrevista con Eugenio Fuentes publicada en el blog La Gangsterera

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Soylent Green: Cuando el Destino Nos Alcance, de Richard Fleischer

BLOG ACTION DAY 2011: FOOD - ALIMENTOS

SESIÓN MATINAL

(Soylent Green); 1973

Director: Richard Fleischer; Guión: Stanley R. Greenberg, basado en la novela Make Room, Make Room [¡Hagan Sitio! ¡Hagan Sitio!], de Harry Harrison; Intérpretes: Charlton Heston (Detective Thorn), Edward G. Robinson (Sol Roth), Leigh Taylor-Young (Shirl), Chuck Connors (Tab Fielding), Brock Peters (Jefe Hatcher), Joseph Cotten (William R. Simonson); Dir de fotografía: Richard H. Kline; Música: Fred Myrow.

Esta distopía futurista, realizada con cuatro chavos (o, por lo menos, lo aparenta) y sin embargo con un elenco de estrellas (aunque en declive), tiene su importancia. Primero, es una de las películas que, habiéndose visto, no se olvidan (lo de haberse visto es importante; precisamente por su estética puede que no se le preste atención o que pase despercibida). Segundo, es una película que provoca debate, y rara vez aparece en las conversaciones sin que después no se siga una u otra de sus líneas argumentales. Y tiene muchas, debidas al autor literario, Harry Harrison, pero también a que el guionista Greenberg y el director Fleischer supieron verterlas adecuadamente.
En un futuro tampoco muy lejano, el planeta está atestado. Las "jubilaciones", es decir, la eutanasia voluntaria, es ampliamente patrocinada por el gobierno; y la crisis alimentaria es rampante... O lo sería, si no fuera por un producto milagro, el Soylent Green, producto de la explotación marina. Gracias a este alimento maravilla es posible mantener a la población.
Sin embargo, Thorn (Heston) tiene que investigar el asesinato del magnate de la Soylent (Cotten). Sus investigaciones le llevarán cerca, demasiado cerca de una verdad que ni el gobierno ni nadie quiere que se descubra: la composición del Soylent Green.
Insisto en que el presupuesto y la estética resultante lastran una película mucho más intensa y potente de lo que parece. Pero por lo menos, y aparte temática, deja también una magistral interpretación por parte de Robinson, y una escena protagonizada por él que perdura en la mente, la de su eutanasia.
Me he contenido no diciéndoles el final, pero es por prurito. El tráiler oficial prácticamente lo desvela. Pero por lo demás da buena cuenta de lo que es la película, aunque no en toda su profundidad.

Tráiler:


Esta es una entrada que se enmarca en el Blog Action Day 2011, dedicado este año a los alimentos.
Hay mucho sobre lo que hablar y debatir del tema, y podríamos empezar diciendo que ya hemos llegado al punto en que no sabemos lo que comemos. En que existen graves problemas en la cuestión del justo pago sobre lo que se cultiva, y un proteccionismo exagerado por otra parte. En que existen unas cadenas de especulación alimentaria que son prácticamente criminales, capaces de retener producto hasta que el precio alcance el valor que desean; o capaces de destruir excedentes. Podemos debatir en el empleo de plantas alimentarias para la producción de los biocombustibles. Podemos hablar de transgénicos. Podemos hablar de sustitución de especies por otras más rentables, como ha sucedido en el Lago Victoria. Podemos hablar de sobrepesca. Podemos hablar de espejismos alimentarios, como el surimi. Podemos hablar de muchas cosas, y precisamente la finalidad de este Blog Action Day es que dediquen un poco de su tiempo a pensar en algunas de ellas. Si les he traído Soylent Green a su atención o a su memoria es porque tanto en su vertiente literaria como fílmica trata, con rara condensación y coherencia, muchos de estos problemas a los que ahora nos enfrentamos, o a los que nos enfrentaremos en un futuro. Que, no lo olviden nunca, no sabemos qué nos traerá.

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Jazz Porque Sí: Thelonious Monk 1947

Reemprendemos la historia del gran genio, metafísico de la música de jazz, Thelonious Monk.
¿Qué música le pasaba a Monk por la cabeza? Haciendo un fácil chiste, podríamos decir que la de las esferas, ya que su nombre completo era Thelonious Sphere Monk. Y sin embargo, no es descabellado. Si me permiten la apreciación, muy personal, la música de Monk resulta tan fascinante porque, tras siglos de músicos que buscaron la perfección armónica universal, Monk comprendió que la realidad tiene música, sí, pero que nuestra propia presencia y distancia tal vez no la perciba en toda su aislamiento y perfección; de modo que la música del universo, tanto lo cósmico como lo cotidiano, tiene esos regustos armónicos, pero también disonancias, escalas descendentes, silencios cargados de sonido... Insisto en que es una apreciación muy personal, pero creo que esta fascinación no es producto de la extrañeza de su música, sino al contrario, de su familiaridad. Una familiaridad que se nos hace bella.
De lo cual tendremos buena muestra nada más empezar la audición, con este Thelonious que me sigue sorprendiendo. Decir que esto es prolongación de la sesión anterior, es decir, que a la batería tendremos al gran Art Blakey, perfectamente flanqueado por Gene Ramey al contrabajo, Billy Smith al saxo tenor, Danny Quebec West al saxo alto y el estupendo Idrees Sulieman a la trompeta. Después, tendremos tomas alternativas de Evonce y Suburban Eyes.
En la siguiente sesión, Monk se queda a trío, y si su música destaca tocada en grupo, acompañada por el buen bajo de Gene Ramey y la magia a la percusión de Art Blakey, entonces alcanza un protagonismo espectacular.
Empiezan con un Nice Work If You Can Get It, con un inicio genial de Blakey y una entrada al piano magistral de Monk. Sigue una delicada Ruby My Dear, y después una de las más conocidas (y una de mis favoritas) composiciones de Monk, Well You Needn't. La he escuchado centenares de veces, en diversas versiones, en directo y en estudio, a trío y en formación mayor, y no me canso jamás de ella. April in Paris es otra de esas composiciones que tuvo tan estrecha relación con Monk que casi es suya. Desde luego, cuando la toca él, lo es. Luego viene Off Minor, y entonces un Introspection que es quintaesencia de Monk. Finalizará la emisión con tomas alternativas de Nice Work If You Can Get It y Ruby My Dear. Y no son para nada alternativas. Son tan buenas como los másters.
Gracias al Cifu, como siempre, por su programa, y atentos a sus explicaciones.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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It Only Comes Out at Night, de Dennis Etchison

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1976]
Ed. de Stuart David Schiff y Fritz Leiber

Los escritores de terror son gente en extremo perceptiva. Tienen que serlo. Una sociedad en constante evolución crea sus paraísos artificiales, pero también sus propios infiernos, y es misión del autor reconocerlos.
Si han realizado alguna vez un viaje largo en automóvil, es probable que hayan entrado en alguna de esas áreas de descanso que flanquean las autopistas y autovías. Lo mejor que le puede suceder a uno es entrar en ellas a plena luz del día y estando desiertas, o con pocos usuarios. Aún así, son inquietantes; tienen ese aire desangelado, descuidado, de las cosas provisionales, y por muy limpias que estén conservan ese aspecto antinatural, con unos urinarios en un edificio que acrecienta la soledad, su falso aspecto de parque con mesas y bancos fijados al cemento, la sensación de lejanía de todo, su incómoda inmovilidad justo al lado de un tráfico vertiginoso. De noche, la inquietud se acrecienta. Forzados por el cansancio, deslumbrados por las luces del tráfico, llegaremos a ellas convenciéndonos de que nuestros temores son irracionales, de que probablemente no nos va a suceder nada allí. Pero...
Sólo Aparece de Noche trata de ese pero. Y cumple con nuestras peores expectativas. Una pareja atraviesa el desierto de Mojave y el conductor decide, antes de sucumbir al sueño y el calor, entrar en una de esas zonas de descanso. Allí hay toda una serie de automóviles aparcados. Poco a poco, Etchison nos va dando detalles: modelos, el silencio opresivo, la capa de polvo que cubre los automóviles. Una capa demasiado gruesa...
Entendamos bien que este es un relato escrito puramente para poner al lector de los nervios. Apenas hay trazo psicológico, desconocemos los motivos que tiene la pareja para emprender ese viaje, no hay conflicto entre ellos, y de hecho sólo asistimos a las percepciones y pensamientos del conductor protagonista. Es un vehículo para el terror, puro y simple. Pero es un vehículo perfectamente acabado, algo a lo que Etchison nos tiene acostumbrados. Un relato de intensidad creciente, profundamente realista en su ambientación y, como debe ser, perceptivo en hallar esos espacios de inquietud que nos rodean.

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El Programa Estelar, de István Örkény

(Rózsakiállítás)
En El Programa Estelar / Un Comandante en Casa
Argos Vergara, col. En Cuarto Mayor
Barcelona, 1984 [1977]

Al comentar Un Comandante en Casa ya hicimos notar la vis cómica de Örkény. En El Programa Estelar, y pese a la presencia del humor negro, predomina el tono irónico. La razón es su misma temática, la realización de un documental para la televisión sobre la muerte. Y no un debate, o una recolección de declaraciones filosóficas o metafísicas sobre el hecho de morirse, sino la filmación en directo de tres agonías diferentes y los diálogos corrspondientes de los protagonistas, es decir, los difuntos in pectore.
Por una vez, detengámonos en la cubierta de Julio Vivas, en extremo apropiada para el libro: en un recuadro con forma de pantalla de televisión aparece una sonriente muerte (la muerte siempre sonríe, pero tal vez por aparecer en televisión, esta parece hacerlo más). La ironía es apropiada. Supongo que más de un productor mataría por tener, pongamos, a la muerte, a Dios, a Gengis Khan, a Hitler, a San Francisco de Asís o a quien se le ocurra en pantalla. Después, y viendo lo que vemos, les preguntarían las mismas estupideces que de costumbre, pero esto último ya no tiene que ver con la novela y es una observación mía.
Lo que sí tiene que ver con la novela es que, recordemos, en un país socialista y antes de la proliferación de televisiones, y desde luego mucho antes de que la frase de Andy Warhol parezca estar haciéndose realidad, para desgracia de todos, y sea el motivo principal de la génesis de la telebasura, lo que tiene que ver, decía, es que Örkeny se planteara estos mismos temas y lo hiciera con rara perspicacia.
Aron Korom, el realizador, no quiere centrarse en el elemento morboso; quiere realizar un documental serio, objetivo, y lo cierto es que así lo hará. Pero también es cierto que la muerte cambia muchas cosas (de hecho, hablamos de la perspectiva de la muerte). El primero de los tres narradores no lo es; cuando Korom obtiene el permiso de rodaje, hace diez días que ha muerto. Pero su esposa, interesada en el dinero ofrecido, se presta a relatar los últimos días de su marido. Örkény nos plantea, sin demora alguna, dos hechos: primero, que el interés económico puede desnudar cualquier intimidad; y segundo, que la muerte es lo más íntimo que le puede suceder a una persona y a las de su entorno. De hecho, tras describir el cambio de relación que la enfermedad terminal conllevó, la viuda declara: «Cuando repaso nuestros diecisiete años de matrimonio, tengo la sensación de que en ningún momento fui de verdad su esposa hasta esos últimos diez días. Quizás esto me deje en mal lugar, pero la única vez que fui feliz con él fue cuando estaba muriéndose».
El segundo caso será el de una anciana, y allí descubriremos los estragos de la televisión. Sus vecinos la considerarán una celebridad, y empezarán a mimarla. Pero pronto la situación revertirá, y lo que es halago se hará denuesto por la envidia que provoca tanto protagonismo, en un hecho, además, que se considera normal y corriente (que lo es. Todos morimos).
Y en cuanto al tercero, se trata de un escritor, J. Nagy, y es en el que el realizador tiene puestas más esperanzas. Llegado el momento, el escritor prefiere suicidarse a soportar la agonía. Los temas en la novela aparecen en rápida sucesión: la desesperación del realizador cuando considera que las declaraciones de Nagy son banales; su búsqueda de "filosofía" en la filmación; el contraste entre la muerte real y la filmada, la modificación que la mirada de la cámara ejerce sobre las conductas; la vanidad que se exacerba al ser centro de atención, y muchos otros.
Todo ello se relata con una ironía que es más una mueca amarga sobre nuestra sociedad de consumo audiovisual y sobre los mecanismos de la popularidad que otra cosa, pero que no elude el auténtico trasfondo del problema. La muerte es un hecho presente y un hecho sobre el cual no sabemos nada y, por mucho que nos empeñemos, nada sabremos. El intentar comprenderlo sólo resulta en una tragicomedia, en este caso, televisiva.

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Sopa de Cristales, de Jonathan Carroll

(Glass Soup)
La Factoría de Ideas, col. Línea Maestra
Madrid, 2009 [2005]

Hay escritores que han llegado a la literatura a través de los géneros; y los hay que han llegado a los géneros después de haber recorrido un largo camino por la literatura general. El caso de Jonathan Carroll es especial. Carroll efectuó un asalto en toda regla a la alta literatura desde su primera obra y lo hizo (y sigue haciéndolo) sin renunciar a unos universos imaginistas y fantásticos que remiten a El Bosco más que a cualquier cliché de género.
Ha repetido con éxito en numerosas ocasiones (y en otras no lo ha conseguido, cierto, pero nunca ha renunciado a su personalidad como narrador), y siempre lo ha hecho con novelas irreductibles, complejas psicológicamente y que, aunque siempre han empleado el medio fantástico, tienen una relación íntima con las debilidades y grandezas del ser humano.
Es difícil darse cuenta de lo potentes que son sus novelas sin haberlas leído. Sus mundos parecen la creación de un demiurgo loco que bailara con frenesí un charlestón mientras lee con toda atención a Wittgenstein. No es una imagen descabellada. Estos mundos oníricos, a veces pesadillescos, tienen una lógica férrea, en sí y en su interacción con la realidad. Como buen vienés de adopción, Carroll parece embebido de toda la teoría psicológica relacionada con los sueños y las fantasías, y así, esos mundos pueden causar extrañeza, pero es una que nos resulta familiar.
Sopa de Cristales es una de las mejores muestras de la ficción de Carroll. El mosaico de la realidad se ve amenazado por el caos, que tras largo tiempo de actuar sin conciencia de ser, la ha adquirido, de modo que ahora puede aspirar al dominio de todos los mundos, inclusive el real, y atacar a aquellas personas en concreto que, hasta ahora restablecían el equilibro entre caos y orden. Vincent Ettrich e Isabelle Neukor cruzaron una vez la frontera entre la vida y la muerte y lograron regresar. Es responsabilidad suya desbaratar estos planes, y responsabilidad también de los muertos, que viven en un mundo particular de cada uno construido con sus recuerdos y sus deseos.
Todo lo cual es un pálido reflejo de lo que hallarán en la novela de Carroll. Traten de describir con palabras El Jardín de las Delicias de El Bosco y comprenderán las dificultades. Las imágenes que emplea Jonathan Carroll, sus diálogos, su argumento lógico e imprevisible a la vez, sus ideas y su argumento, que va mucho más allá de la maniquea lucha entre el bien y el mal (debido en gran parte a que sus personajes poseen una psicología completa y compleja), deben leerse para disfrutarse al máximo y alcanzar toda su dimensión. Todo con un estilo literario impecable, que desafía las comparaciones, aunque éstas (Kafka, Rushdie, McEwan) surjan. Leer a Jonathan Carroll es una experiencia única, inimitable.

Portada y sinopsis
Glass Soup en la web de Jonathan Carroll
Jonathan Carroll lee la primera sección de Glass Soup

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El Hombre con Rayos X en los Ojos, de Roger Corman

SESIÓN MATINAL

(X - The Man with X-Ray Eyes); 1963

Director: Roger Corman; Guión: Robert Dillon, Ray Russell; Intérpretes: Ray Milland (Dr. James Xavier), Diana Van Der Vlis (Dra. Diane Fairfax), Harold J. Stone (Dr. Sam Brant), John Hoyt (Dr. Willard Benson), Don Rickles (Crane), John Dierkes (Predicador); Dir. de fotografía: Floyd Crosby; Música: Les Baxter.

Vaya por delante una constatación: pretender que con los presupuestos que manejaba, con rodajes de una semana (y a veces menos) y con un sistema de producción a destajo Roger Corman hiciera arte es mucho pretender. Y sin renunciar al enorme cariño que le tenemos los aficionados del género, calificar sus películas de artísticas es o pasarse en el aprecio o directamente haber perdido la noción de las fronteras.
Pero sí es cierto que era un gran artesano. Y que, de entre aquellos que dedicaron su vida a la serie B, Corman sobresale por inventiva, agilidad y buen hacer. Si alguna vez hizo alguna película con desgana, eso no se traduce en ningún momento en la pantalla.
Algún otro día empezaremos a traer aquí sus grandes obras, las del ciclo de Poe, pero por el momento recordemos un pequeño clásico de la AIP y de la serie B, El Hombre con Rayos X en los Ojos, una película con un pathos tremendo.
El Doctor James Xavier (interpretado por un Ray Milland simplemente correcto) investiga sobre la visión humana, y desarrolla un colirio que permite incrementarla e ir más allá del espectro visible humano, es decir, entrar en el espectro infrarrojo, ultravioleta...
Por desgracia, llega un punto en el que el proceso parece no detenerse, y si bien al principio puede resultar agradable ver a la gente sin ropas, o saber qué naipes tienen los oponentes, y luego ciertamente inquietante adquirir visión de rayos X (y ya no ver a la gente desnuda, sino como esqueletos vivientes), esta visión avanzada sigue creciendo más, y más, y más... Milland empieza a ver cosas extrañas. Una de las más inquietantes es lo que parece ser un rostro en el cielo, el rostro de una criatura invisible para nosotros pero ciertamente maligna. ¿Qué puede ser esta criatura? (Stephen King ha apuntado, muy acertadamente, una respuesta: uno de los grandes dioses de los Mitos de Cthulhu). El caso es que para el pobre Xavier / Milland, no hay descanso. La ve incluso cerrando los párpados. La ve...
Advierto que lo que sigue destroza el final de la película. Quedan avisados.
Cuando Xavier relata a un predicador lo que le está sucediendo, éste le dice que lo que está viendo es la mirada de Satán, y le da como solución una cita bíblica: Si tu ojo te ofende, arráncatelo y arrójalo lejos de ti.
Y aquí viene algo que, si no es cierto (aunque Corman ha afirmado que esta escena se rodó pero fue desechada), merecería serlo. La película termina cuando Milland se arranca los ojos, pero corrían rumores de que había una línea de diálogo más. Después de haberse arrancado los ojos, Ray Milland profería un grito desesperado: "¡Todavía puedo ver!"
Es una película artesanal, una serie B como un castillo, pero una película que lleva mucha más carga de angustia que muchos thrillers millonarios. Honor a Corman, Russell y Dillon por ello.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Duke Ellington en la Travis Air Force Base

De nuevo nos reencontramos con el Duque. Antes de ir a la base aérea que fue testigo de este concierto, escucharemos un par de temas: el primero, Blues in Orbit, una composición típicamente ellingtoniana, de ritmo pausado y enormemente sugestiva. Si en el espacio pudiera sonar música, una de las que preferiría sería esta. El segundo, en  noneto, Villes Ville Is the Place, Man!, uno de esos temas an los que Duke experimentaba con formaciones. En este caso prefirió una cuerda completa de trombones y poco de lo demás, lo que da un sonido profundo, muy cine negro, si se me permite la expresión.
Y entonces sí, iremos a la base aérea de Travis, en California, donde Duke y sus muchacho no efectuaron, en propiedad, un concierto, sino una sesión de baile.
Y aquí quiero hacer una apreciación. Saben ustedes que me encantan los conciertos en directo. Pero aún así, hay diferencias de matiz entre los diversos tipos de directo: una cosa es un grupo pequeño en un club, donde suele haber una gran calidez, una mayor libertad y algunos riesgos asumidos por parte de los intérpretes; los festivales, donde se entra casi en un contexto competitivo, y eso quiere decir un intento de mayor lucimiento, y donde, si el público responde, los resultados de empuje a los músicos pueden ser sublimes; los conciertos en auditorios y teatros, que acostumbran a ser más académicos. Un gran grupo como el de Ellington apenas tocaría en locales pequeños, de modo que estas "dancing dates" son una variación muy bien recibida sobre las actuaciones en auditorios o en festivales. ¿Por qué? Pues porque Ellington se libera un poco de "su" música  e interpreta estándares de otros compositores, una cosa que agradece la banda (y como comprobarán, el oyente); y porque lo que pierde en la interpretación de ciertos temas va compensado por la estructura de la música de baile, con esa alternancia de ritmo rápido y lento.
El caso es que los chicos de Ellington se lo pasaron en grande. Si yo hubiera estado allí, también. Abre con un swinger total, Main Stem, a todo trapo y perfectamente interpretado; y claro, sigue un lento perfecto, como es Dancing in the Dark. Acto seguido vendrá una de mis favoritas de todas las swingueantes de Ellington, Stompy Jones, pero con un arreglo verdaderamente original con respecto a las versiones anteriores de Duke. Un precioso Time on My Hands dará paso a la composición insignia de la banda de Chick Webb, Stompin' at the Savoy, con una introducción delicada de Ellington al piano antes de que la orquesta entre barriendo. Magistral. Entonces tendremos el saxo barítino de Harry Carney, como siempre imperial en su tema, Sophisticated Lady. Y puesto que hablamos de temas insignia, no podía faltar el Take the A Train, también con una introducción original de Ellington al piano. Ycerrará esta parte del concierto (habrá más) All Heart, dedicado a Ella Fitzgerald.
Como siempre, atentos a las explicaciones del Cifu, al que doy las gracias por traernos estas joyas del jazz.


Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Homecoming, de Ray Bradbury

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1946]

Es un cuento extraño, este. En su inicio nos hallamos en un dormitorio infantil, escuchando lo que parece un sueño, un sueño que se refiere a unas personas extrañas, que vuelan, que avanzan desde lugares remotos, dirigiéndose hacia la casa.
Pero conforme avanza la historia nos vamos dando cuenta de que estos personajes no son seres imaginarios, productos oníricos de una fantasía infantil. Son seres reales, pertenecientes a una estirpe que ya apenas existe, a un mundo que desaparece, a la raza de los vampiros. Y todos se dirigen hacia la casa de Timothy, para una fiesta, la del Homecoming (de difícil traducción; en teoría, en Estados Unidos, es la fiesta de bienvenida a los alumnos que regresan a la escuela tras las vacaciones; sin embargo, y en este caso, Bradbury parece decantarse por el significado literal del regreso a casa, convirtiéndola en aquella reunión de la familia que se celebra cada cierto período de tiempo en la casa de uno de sus miembros); una fiesta que se realiza, muy apropiadamente, la víspera de Todos los Santos.
En cuanto a Timothy, espera esta reunión como todos los niños esperan las fiestas, con una mezcla de expectación e ilusión. Una ilusión que, sin embargo, se ve turbada por un hecho. Y es que Timothy no es "normal". No lo es según los cánones de su familia, claro, porque desde nuestro punto de vista sí lo es. Pero a Timothy le disgusta beber sangre (Bradbury puede ser todo lo poético que se quiera, pero eso no quiere decir que obvie imágenes del género. Y tal vez en eso consiste el secreto de su éxito y su verosimilitud, alimentarse de las imágenes que conforman los mitos de la infancia, sean macabras o no); no le han crecido alas; no puede influir en las personas; no tiene talento para la brujería.
No es un relato violento, sino uno muy personal, muy intimista, que se mueve más en el campo de los sentimientos que en el de la pirotecnia. La elección de una fiesta familiar es adecuada para este propósito. Los hermanos de Timothy pueden burlarse (Bradbury tampoco obvia la crueldad infantil) pero en el fondo hay comprensión por el diferente, un sentimiento de que cada quien es cada cual y lleva su vida según sus capacidades.
Esta extrañeza familiar, esta inversión del punto de vista, este sentido de la maravilla no impuesto, sino naturalmente tratado, hacen de este relato, junto a la historia principal, una pequeña joya del género.

Inicio y algunas ilustraciones de Dave McKean para la edición de Homecoming publicada por Harper Collins
Homecoming es el germen de la novela de Bradbury From the Dust Returned. En IndieBound se publicó una entrevista con el autor al respecto.

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Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi

Giangiacomo Feltrinelli Editore, col. Universale Economica
Milán, 199622 [1993]

La más famosa de las obras de Tabucchi, probablemente la mejor de un autor que ha ido de más a menos, la principal también de sus obras lisboetas (Tabucchi se ha convertido en el principal escritor portugués contemporáneo vivo escribiendo en italiano, paradoja que cuadra muy bien a un país cuyo poema épico nacional es Os Lusíadas,la historia de una gente que huyó de la miseria de Portugal para encontrar la guerra y la miseria en Oriente, un país en el que Eça de Queirós se desesperaba por llevar la cultura portuguesa a la modernidad aunque fuera a patadas, un país en el que Pessoa fue un exiliado residente, un país que tuvo un premio Nobel, Saramago, extrañado en España).
En la más negra época de la dictadura salazarista, con la vecina Guerra Civil Española en su auge y con los totalitarismos en ascenso en toda Europa, Pereira sostiene muchas cosas, de hecho pasa la novela sosteniendo, pero aquello que sostiene son trivialidades en su mayor parte, mientras que Pereira duda sobre casi todo lo fundamental.
Pereira, director de la sección cultural de un vespertino católico lisboeta, contrata, en un impulso psicológicamente importante, a Monteiro Rossi, un joven inadecuado, no para el trabajo, sino para la época en la que tiene que trabajar: concienciado, activista, idealista. Y este contrato empieza a provocar la duda fundamental en Pereira.
En efecto, Pereira duda al principio de la novela de la resurrección de la carne (mejor todavía, sostiene la imposibilidad de la resurrección de la carne). Pero en realidad, sobre lo que duda sin saberlo Pereira es sobre la resurrección del espíritu, del alama.
La muerte, física o espiritual, es omnipresente en la novela. El suplemento cultural que Pereira dirige publica "recuerdos", aniversarios de escritores ya muertos; publica relatos del siglo XIX; Monteiro Rossi es contratado para que se ocupe de la sección de necrológicas anticipadas, esas reseñas biográficas que se escriben y se guardan a la espera del deceso del reseñado; y estas necrológicas son inadecuadas porque son de escritores cuyas ideas el régimen preferiría que no perviviesen o cuya muerte podría significar una muerte simbólica de las ideas que el régimen profesa. Pereira tendrá problemas con el propietario del periódico por un cuento de Alphonse Daudet que finaliza con un "¡Viva Francia!", en una época en la que, en España, y por boca de Millán Astray, lo que se gritaba era viva la muerte y muera la inteligencia. Pereira sostiene muchas cosas, pero duda de que él mismo no se esté convirtiendo en un muerto en vida, conformado a un pensamiento que no es el suyo, olvidado su pasado de periodista íntegro, sometido a una ideología irracional.
El asesinato de Monteiro Rossi hará que dé el paso, que publique una necrológica que haga revivir el espíritu de ese joven, y acto seguido huya, se exilie a un lugar donde poder escribir lo que piensa, donde su espíritu sea capaz de volver a vivir.
Tabucchi escribe sobre un período negro de la historia de Portugal y de Europa, pero escribe sobre todo sobre la dignidad del individuo que debe, necesita, resucitar para ser él mismo y volverse a considerar un ser vivo.
Portada y sinopsis de la edición italiana
Portada y sinopsis de la edición castellana
Entrevista con Antonio Tabucchi publicada en el diario El País
Minideclaraciones de Tabucchi sobre Sostiene Pereira (en italiano)

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Ley Garrote, de Joaquín Guerrero-Casasola

Roca Editorial, col. Roca Criminal
Barcelona, 2007 [2007]

Joaquín Guerrero-Casasola proviene del mundo de las telenovelas, lo cual no es un aval en sí mismo (ni tampoco un demérito; cada cual se gana la vida como puede, y el mérito es hacerlo lo mejor posible en su trabajo), pero me apresuro a decir que en esta novela ha sabido evitar los vicios de este género y, en cambio, mostrar un excelente control del ritmo narrativo. También ha sabido incorporar el México actual como telón de fondo y crear un personaje, el detective privado Gil Baleares, con cuerpo y personalidad.
El tal Gil Baleares tiene una aspiración (comprarse un utilitario japonés plateado) y problemas sin cuento: una esposa divorciada, una hija que según los cambios de humor de su ex-esposa es suya o no, una economía tambaleante y un padre, Ángel El Perro Baleares, que fue leyenda viva de los judiciales en la época de mayor brutalidad de éstos y que está afectado de alzheimer.
Como la profesión de detective privado consiste en asumir los problemas de los demás, a los suyos añade el intentar resolver el secuestro de Alicia del Moral, la hija de de unos fabricantes de caramelos.
Con un relato a un ritmo excelente y de bendita concisión (205 páginas en una época en la que parece que lo que no supere las trescientas no sea una novela) y no desprovisto de humor, Guerrero-Casasola no renuncia a tomar un retrato del México de hoy: los bajos salarios de la policía y sus "complementos" económicos, la corrupción en los medios policiales y políticos, las bandas de criminales organizados, la inseguridad cotidiana.
En este contexto se mueve y recibe golpes morales y físicos el detective Gil Baleares, en una novela ágil, llena de giros argumentales, de personajes creíbles y situaciones y diálogos estimulantes, que en ocasiones rozan la brillantez.
Una lectura que se muestra muy satisfactoria.

Portada y sinopsis
Entrevista con Joaquín Guerrero-Casasola en Reporteras de Guardia

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Mediterráneo, de Gabriele Salvatores

SESIÓN MATINAL

(Mediterraneo); 1991

Director: Gabriele Salvatores; Guión: Enzo Monteleone; Intérpretes: Diego Abatantuono (Sargento Nicola Lorusso), Claudio Bigagli (Teniente Raffaele Montini), Giuseppe Cederna (Asistente Antonio Farina), Claudio Bisio (Corrado Noventa), Gigio Alberti (Eliseo Strazzabosco), Ugo Conti (Radiofonista Luciano Colasanti), Memo Dini (Libero Munaron), Vasco Mirandola (Felice Munaron), Vanna Barba (Vassilissa), Luigi Montini (el padre), Irene Grazioli (la pastora), Antonio Catania (Carmelo La Rosa); Dir. de fotografía: Italo Petriccione; Música: Giancarlo Bigazzi, Marco Falagiani; Diseño de producción: Thalia Istikopoulou; Montaje: Nino Baragli.

Un grupo de soldados italiano durante la Segunda Guerra Mundial es enviado a ocupar una de las islas griegas del Dodecaneso. Allí, y aislados del resto del mundo, empiezan a perder sus hábitos militares y a dejarse llevar por la vida cotidiana en la isla hasta que el mundo se acordará de ellos y serán sacados de la isla por los británicos. Pero la vida de todos ellos no volverá a ser la misma. En la época más impensada para que ello sucediera, encontraron un paraíso en la tierra, un lugar donde la vida tiene un ritmo propio y donde el mundo exterior puede enloquecer sin que apenas esa locura roce esa isla.
Rodada en tono de comedia suave, esta película fue una agradable sorpresa para todos en la época en la que se estrenó, y sigue manteniendo un mensaje pacifista implícito, uno de convivencia y bonhomía, y la uténtica experiencia iniciática que resulta para sus protagonistas se transmite al espectador.
Gran dirección de Salvatores, y excelente interpretación coral de todos los protagonistas, con un aprovechamiento del paisaje y la luz que proporciona a esta película una potencia añadida. Una delicia.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Miles Davis en Monterey

Por lo general, suelo dejar cierta distancia temporal entre la emisión de los programas del Cifu y su aparición aquí (por muchos motivos. Entre otros, porque para hacer esta entrada se escucha el programa un mínimo de tres veces. Y en algunas ocasiones siete u ocho, pero eso es vicio personal mío). Pero esta semana, en concreto el 28 de septiembre, hizo 20 años que Miles Davis se nos fue, como dicen, a tocar en la big band de arriba. Y probablemente a montar otra revolución de las suyas. De manera que quiero sumarme al homenaje que el Cifu le ha dedicado.
Sería un esnob si, gustándome el jazz, no me gustara Miles Davis. Pero además, considero que Davis fue el más importante ideólogo del jazz que ha existido después de Louis Armstrong. Sí, ideólogo. Por supuesto, ese sonido a la trompeta es característico e inimitable, por supuesto que su técnica le permitió tocar lo que quería tocar (y hacerlo impresionantemente bien). Pero Miles creó dos movimientos en el jazz, dotó de elementos a otro y sistematizó otro más. Como esto es una opinión personal, no pienso decir qué movimientos fueron. Analice y escuche cada uno la discografía de Miles y compárela con la historia del jazz y saque sus conclusiones.
De modo que a Miles vale la pena escucharlo siempre, y muy atentamente.
Y además, lo que el Cifu nos propone es un concierto verdaderamente excepcional. Les juro que no hay que escucharlo más de una vez para ponerle este adjetivo (pero merece la pena escucharlo muchas otras veces). Miles está en una forma inmensa, y realiza unos solos que son de lo mejor que le he escuchado en su carrera, dejando aparte que su estilo de música pervade todo el concierto y lo convierte en personal suyo. Pero, además, los que le acompañan hacen también cosas increíbles. Y no son unos cualesquiera: Herbie Hancock al piano, Ron Carter al contrabajo, Tony Williams a la batería y George Coleman al saxo tenor.
Atentos a los comentarios del Cifu, como siempre, y que disfruten de estas piezas: Autumn Leaves (es decir, Les Feuilles Mortes, y suena, claro, pero de una forma reminiscente; Miles y sus muchachos se dedican a transformarla de manera deliciosa), un So What a ritmo rápido increíble; la balada Stella by Starlight tocada con un sentimiento extremo; y el inicio de Walkin'.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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A Visitor from Egypt, de Frank Belknap Long

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1930]
Ed. de Stuart David Schiff y Fritz Leiber

Frank Belknap Long es conocido por dos detalles, y ambos han contribuido a "disimular" su auténtica importancia dentro del género. El primero es que fue amigo y corresponsal (y uno de los más jóvenes) de Howard Phillips Lovecraft; el segundo, ser autor de uno de los relatos de los Mitos de Cthulhu más populares e imperecederos (y potentes, todo hay que decirlo): Los Perros de Tíndalos
Autor longevo (1901-1994) y de larga carrera, pese a que fue capaz de adaptarse a los nuevos modelos del género y contribuir nuevas historias a los Mitos junto a autores tan significados y modernos como Ramsey Campbell y Stephen King, donde Long se mueve mejor es en el terreno clásico, hijo como es de la generación de Weird Tales.
Un Visitante de Egipto es uno de estos cuentos clásicos, reminiscente de la sabiduría perdida y terrible de los Mitos de Cthulhu, pero totalmente independiente en temática.
En un museo de Nueva Inglaterra aparece un personaje embozado en una bufanda, cubierto de un abrigo largo, con sombrero y guantes, que sólo dejan al descubierto una mirada ciertamente inquietante. Se trata de un famoso egiptólogo, y se interesa por una exposición recién montada sobre momias de Luxor del 8000 antes de Cristo; unas momias cuyos restos están pintados de rojo a imitación de las venas, según el curador de la exposición para mayor realismo en la otra vida, según el misterioso visitante (y expresado de una forma ciertamente colérica) para escamotear los muertos a Osiris.
Seguro que ya intuyen por dónde van los tiros. De todas maneras, en este tipo de relatos la construcción de la atmósfera y la imaginería del texto son casi tan importantes como el argumento. En este relato, llevado por Long desde el ritmo pausado hasta un crescendo, las imágenes son lo bastante inquietantes y los conceptos lo bastante poderosos como para hacer de este Visitante de Egipto una pequeña joya en el género de terror.

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El Informe de Brodie, de Jorge Luis Borges

En El Informe de Brodie
Alianza Ed. / Emecé, col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19744 [1970]

A veces Borges ha utilizado una técnica que consistía en dar un paso adelante partiendo de un punto narrativo y entonces dar dos pasos atrás, pero no para pasar por el punto de partida sino para situarse en otro sitio que marcara una perspectiva diferente, colateral.
Es así con El Informe de Brodie, que parte del último viaje de Gulliver, pero donde Swift ponía, por contraste, a su sociedad en el punto de mira, Borges contempla una sociedad humana improbable per se. Y lejos de emplear la fórmula de la utopía dieciochesca, utilizó el informe misionero del siglo diecinueve, lo cual es un sutil paso del cartesianismo al mundo ordenado y ordenable (y uniformizante) victoriano; y un informe que no es sino la historia del fracaso de la comprensión de esa sociedad y, por tanto, de esa uniformidad y de los valores universales que pregona.
En efecto, los Yahoos (Yahoo, como no me cansare de insistir, es un país swiftiano que aparece en Los Viajes de Gulliver, y al que el buscador de internet, sin duda, rinde homenaje) son imposibles de convertir por muchos motivos: su rey, designado por ciertos estigmas, es cegado para que nada lo distraiga de la sabiduría. Veneran a un dios, cuyo nombre es Estiércol, y es un ser mutilado, ciego, raquítico y de ilimitado poder. Suele asumir la forma de una hormiga o de una culebra.
Swift mostraba otras sociedades para señalar los defectos de la nuestra. Borges, al traernos a los improbables Yahoos, pero señalando al final de su relato que «representan, en suma, la cultura, como la representamos nosotros, pese a nuestros muchos pecados», pone en evidencia lo móvil de nuestras definiciones, lo convencional de nuestras costumbres, lo absurdo de ellas, y la volatilidad de lo que denominamos civilización.
El estilo de Borges es conocido. Su brevedad, que a veces parece lacónica (apenas 12 páginas en formato de bolsillo y en letra bien legible) es engañosa; los conceptos se suceden a gran celeridad, pero de una forma tan suave que se convierte en persuasiva. Su sugerencia deja más poso de reflexión en el lector que la pura aseveración o la sorpresa. Él mismo, en el prólogo, advierte preferir «la preparación de una expectativa a la de un asombro». Los relatos de Borges, y El Informe de Brodie no es una excepción, se convierten, por obra de esta interacción entre el texto sugerente y la imaginación del lector, en infinitos, variables y polimorfos. Puertas abiertas a múltiples relatos que se forman en su lectura y no en la escritura.

Portada y sinopsis

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El Mono Que Llevamos Dentro, de Frans de Waal

(Our Inner Ape)
Tusquets Eds., col. Metatemas
Barcelona, 2007 [2005]
Trad. de Ambrosio García Leal

En apariencia, sólo en apariencia, este es un libro sobre comportamiento comparado entre los grandes simios y el hombre. En apariencia, sería uno más entre los libros de este tipo que se han escrito desde el nacimiento de la etología. Pero sucede que Frans de Waal no es un cualquiera en la primatología: no sólo es una autoridad en este campo; además, es un observador ecuánime, alejado de las posturas de primatólogos que ven los grandes simios como "buenos salvajes" poseedores de una inocencia que el ser humano ha perdido (o, por el contrario, que consideran que nuestra violencia es un resto atávico del mono que fuimos). Comentaré esto un poco más adelante.
Es necesario y útil leer este libro. Entre otras cosas, porque los dos últimos grandes descubrimientos sobre los primates que se han efectuado han tenido una filtración extremadamente lenta en el conocimiento común, lentitud agravada si tenemos en cuenta que vivimos, en teoría, en la sociedad de la información; y porque estos descubrimientos han llegado de forma muy sesgada a la prensa y a los medios de información no especializados. El primero, el hecho de que los bonobos eran una especie bien diferenciada entre los primates (y, por tanto, que los humanos teníamos un "primo" nuevo en la familia), descubrimiento que data de los años 30, no ha acabado de calar en la sociedad, y sigue siendo creencia común que nuestros parientes cercanos sólo son los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. Además, lo que ha trascendido sobre los bonobos es más un chiste verde que otra cosa: los monos promiscuos, los monos sexuales y todo lo que ustedes quieran imagianr en este aspecto. El segundo (de 1979), que los chimpancés eran tan belicosos como nosotros o más, caníbales, cazadores, torturadores y carnívoros, apenas ha trascendido y, desde luego, no en toda su implicación, sin duda porque es una información incómoda. El hombre siempre ha tenido la noción de haber perdido la inocencia, y hemos descubierto que, según el espejo del otrora benéfico y cariñoso chimpancé en el que nos mirábamos, tal vez no habíamos perdido nada, porque nada habíamos tenido.
El Mono Que Llevamos Dentro es un estudio comparativo entre el comportamiento de los grandes simios y el hombre, un territorio siempre resbaladizo y demasiado propenso a trasladar los meros deseos del observador. Sin embargo, de Waal no pretende la comparación entre el ser humano actual y los antropoides. Lo que pretende, con justicia, es hacernos ver que los grandes simios son la única pista que tenemos para intuir cuál era nuestro comportamiento en los primeros estadios evolutivos de nuestra especie; y, en todo caso, ver cuáles de esos comportamientos pueden tener pervivencia, ritualizada o no, en nuestro aspecto actual. Desde esta base, analiza el comportamiento de chimpancés y bonobos en unos campos que nos resultan familiares: poder, sexo, violencia y benevolencia. Insisto, no aplicables en principio a los comportamientos sociales humanos actuales, que han crecido y masificado, pero que pueden tener reflejo en comportamientos y tendencias individuales y de pequeños núcleos.
Se trata de un terreno mucho más firme y objetivo que la mera búsqueda del "buen salvaje" y la calificación de nuestros comportamientos como "antinaturales, o la del "atavismo primitivo" y su definición como el residuo sin civilizar de la bestia. Mirémonos en ese espejo, nos dice, pero sólo para saber cómo fuimos probablemente, y no cómo deberíamos ser.
Sin embargo, cuando me topo con uno de estos (buenos) estudios, no dejo de pensar que, además, tratan otro tema, como es el de nuestra clasificación de "inteligencia". En este, el caso de los bonobos es paradigmático: disponen de una compleja red social, la regulan mediante la evitación del conflicto y la negociación, son solidarios, empatizan, y no sólo con los miembros de su especie, se reconocen entre sí (y nos reconocen y distinguen, si hemos tratado con ellos) tras años de no haberse visto, utilizan herramientas y parecen tener un lenguaje.
No obstante, nosotros marcamos la raya de lo racional, y los dejamos fuera.
Leyendo este libro me fasciné por la conducta de estos animales, y reflexioné sobre la conducta humana, sí, pero también en no pocas ocasiones quedé conmovido por los comportamientos y las emociones que estos monos son capaces de mostrar. Comportamientos que no son humanos, pero que muchas veces son los que asociamos con la humanidad.

Portada y sinopsis
Entrevista (en inglés) con Frans de Waal sobre Our Inner Ape en Podularity

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Targets, de Peter Bogdanovich

SESIÓN MATINAL

(Targets); 1967

Director: Peter Bogdanovich; Guión: Peter Bogdanovich; Intérpretes: Boris Karloff (Byron Orlok), Tim O'Kelly (Bobby Thompson), James Brown (Robert Thompson Sr), Sandy Baron (Kip Larkin); Dir. de fotografía: Laszlo Kovacs.

Una película modesta que, sin embargo, lleva bastantes cosas en su interior. Una de las últimas actuaciones de Boris Karloff, en un papel en el que Bogdanovich quiere rendirle un homenaje (y lo logra); un thriller en el que un joven veterano de la guerra del Vietnam empieza a disparar indiscriminadamente desde las azoteas a los transeúntes hasta que encuentra el lugar ideal para realizar una masacre en un autocine.
Lo único que se le puede echar en cara a esta película es que su bajo presupuesto se note. No obstante, por su carga de crítica social, su tensión inherente bien resuelta y sus múltiples detalles a las películas de serie B y las de terror clásico, merece un visionado.
Y, película dentro de la película, el fragmento en el que Boris Karloff relata una historia de terror, sentado ante la cámara y con esa voz inglesa y rotunda, es uno magistral: probablemente es una de las mejores historias contadas, y Karloff le da un valor añadido tremendo.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Dexter Gordon en el Montmartre de Copenhague 1964

Es realmente un placer reencontrase con el gran saxo tenor Dexter Gordon, en directo desde el club Montmartre de Copenhague, en una de esas sesiones relajadas, llenas de swing y de una música inmensa que, por fortuna, se registró.
Le acompañan el gran Tete Montoliu (que en esta sesión realizará unos cuantos solos impresionantes), el bueno de Alex Riel a la batería y, en cambio, falta Niels-Henning Ørsted Pedersen (pero no se preocupen, volverá en futuras actuaciones) y es sustituido por el contrabajista Benny Nielsen.
Empieza la sesión con King Neptune (y empieza a toda marcha, con ese soplo enérgico marca de Dexter, además de ese apoyarse hacia atrás sobre el ritmo), y le siguen Satin Doll, Body and Soul (donde Dexter muestra que todas las comparaciones son odiosas, y que hay que quedarse con esta versión y la de Coleman Hawkins) y I Want to Blow Now.
Francamente, describir el estado de gracia en el que parecen estar permanentemente estos músicos me parece ocioso. Escuchen la actuación y comprueben por ustedes mismos. Y Gracias al Cifu, como siempre, por traernos este jazz.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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The Words of Guru, de Cyril M. Kornbluth

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1941]

Kornbluth es conocido principalmente por sus obras de ciencia ficción, en particular por aquellas escritas en colaboración con Frederik Pohl y en especial por Mercaderes del Espacio; no obstante, y como autor en solitario, tiene obra que hay que tener muy en cuenta, sobre todo relatos, en los que muestra una aguda percepción y se constituye en uno de los autores "clásicos" que entraron en la corriente psicológica antes de su gran eclosión con la "Nueva Ola" de los años sesenta.
Incluido en el Fantasy Hall of Fame, este Las Palabras de Guru es un relato inquietante sobre un niño precoz ya en el vientre de su madre y la historia de su aprendizaje.
Y quien realiza esta enseñanza peculiar es Guru. Podría tratarse de un amigo invisible, pero si lo es se trata de un amigo invisible muy extraño. Lleva a nuestro protagonista a lo que tiene todo el aspecto de ser un aquelarre, lo traslada a un lugar que puede o no ser el infierno; le enseña palabras de poder, capaces de matar, de invisibilidad, de dominio.
Hay que destacar un hecho fundamental para el relato, y es que está narrado en primera persona. El punto de vista es básico, porque hace pasar la narración de una mera curiosidad macabra a la mente de un monstruo, de un monstruo de apariencia terroríficamente normal, tanto más cuanto más despiadado, más ansioso por aprender nuevas palabras de poder, más alienado del mundo "real" y más inmerso en el mundo de poder inmenso que quiere dominar. En este aspecto, sólo Nacido de Hombre y Mujer, de Richard Matheson, es capaz de meterse con tanta intensidad en una mente que nos resulta ajena.
Y en esta escalada de extrañeza, el tremendo final de este relato es tan inquietante que sólo puede definirse como un triunfo narrativo.

Texto de The Words of Guru (en inglés)
Texto de Las Palabras de Guru (en castellano)

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El Jardinero Fiel, de John Le Carré

(The Constant Gardener)
Random House Mondadori, col. DeBolsillo
Barcelona, 2001 [2001]

Empecemos por decir que, dentro de la producción de Le Carré, El Jardinero Fiel es una de sus novelas, no malas, pero sí más débiles. Tal vez el propio Le Carré quedara desconcertado por el cambio que supuso el fin de la Guerra Fría; tal vez Le Carré quisiera hacer otro intento (mediatizado esta vez por su trama) de escribir una historia de amor, lo que siempre ha parecido que era una de sus aspiraciones máximas, y que ensayó con El Amante Ingenuo y Sentimental con resultados desastrosos de crítica y público. Tal vez.
Pero, con todo y su debilidad, esta novela se salva gracias a su temática, y hay que destacar que gracias a su aparición la opinión pública mundial empezó a prestar más atención a las políticas de las farmacéuticas en cuestión de patentes y, sobre todo, al respecto del negocio que realizaban con el Tercer Mundo. No es que esa atención haya cambiado sus conductas, pero sí las ha vuelto menos escandalosas. Algo es algo, aunque sea poco. Pero es un ejemplo de cómo un escritor reconocido puede tomar partido y cómo su escritura no es inútil.
La novela empieza con una emergencia diplomática en la embajada británica de Kenia. Tessa Quayle, esposa de Justin Quayle, funcionario del servicio diplomático en la embajada, ha sido asesinada en una emboscada en el interior del país. Sucede que Tessa iba acompañada en esta expedición por Arnold Bluhm, médico negro, una semileyenda en África por sus actividades humanitarias, que se encuentra desaparecido. Habiéndose ganado Tessa fama de promiscua y coqueta, la embajada opta por la discreción, emitiendo una nota de pésame y decretando luto oficial. Cuando la presencia de Bluhm en la expedición es sabida por la opinión pública y cuando se divulgan las intensas actividades en ONG de Tessa, actividades incómodas para el gobierno keniano y, sobre todo, para una empresa británica que parece dominar el noventa por ciento de la actividad económica en Kenia y otros lugares de África, incluyendo el cuasimonopolio de la distribución de medicamentos, la embajada empieza a matar moscas a cañonazos (en una decisión argumental no muy creíble): Insinuaciones sobre su vida privada, aprovechar la ausencia de cadáver de Bluhm para echarle las culpas de un asesinato pasional, acusaciones de inestabilidad mental y paranoia, sobre todo referida a la actividad neocolonial de las empresas del primer mundo en África, etc.
No nos olvidemos de Justin. Éste, conocedor de la verdad pero desconocedor de la conspiración empresarial, emprenderá una investigación que sigue los pasos de la de su esposa, no tanto para rehabilitarla como para como para culminar su obra.
Le Carré nos escamotea en esta ocasión los entresijos del centro de poder, y se centra en el "agente", Justin; se mueve mal en los terrenos de la informática; y hay demasiados deus ex machina en esta novela, algo que siempre me disgusta profundamente (la riqueza de Tessa, que hereda Justin y le permite hacer de todo sin límite económico; el protegido de Tessa que es un genio informático (aunque después resulte no serlo tanto), prácticamente en la puerta de casa; los dos policías enviados a Kenia a investigar la muerte de Tessa, que desde el principio de convierten en partidarios y militantes de ésta, etc.)
Pero lo cierto es que el argumento, el del negocio comercial-industrial en África, y las connivencias con estas empresas por parte de los gobiernos africanos corruptos y los gobiernos metropolitanos, corruptos en algunos estamentos, velando por los intereses de "su" economía en otras, y sobre todo el negocio farmacéutico, del que se afirma utiliza a los africanos a los que dice ayudar como conejillos de indias para la prueba de nuevos fármacos, todo ello tiene unos visos de verosimilitud que la prensa y otras fuentes confirmaron en buena parte. Fue una novela que denunció, y esta denuncia llegó a su destino. En la nota final del autor, declara: «Al adentrarme en la jungla farmacéutica, llegué a la conclusión de que mi relato, comparado con la realidad, era tan inocuo como una postal de vacaciones».
Es este valor de denuncia el que cuenta en este caso. Si algún día la corrupción y malas prácticas que describe Le Carré desaparecen, podremos colocar esta novela en su lugar literario y olvidarla o dejarla como un mero tropiezo en la carrera de un escritor magnífico. Pero mientras eso no suceda, el documento denuncia permanece y tiene que leerse como tal.

Portada y sinopsis
Entrevista, en inglés, a John Le Carré sobre El Jardinero Fiel, publicada en The Guardian

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Nadie Me Mata, de Javier Azpeitia

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2007 [2007]

Javier Azpeitia ha escrito una novela extraña pero apasionante. Una novela que se inicia cuando alguien amanece en un cuerpo que no es el suyo, el de un perista, como dice la contraportada, "tramposo". No tiene recuerdos de quién era antes, y sólo un comportamiento cotidiano que parece instintivo. En esta personalidad presenciará el asesinato de su hermano gemelo.
Pero hay más. Tras cada período de sueño, su personalidad aparecerá en el cuerpo de otra persona: una actriz, una niña, un policía, un psiquiatra... Todos ellos relacionados entre sí, no siempre siguiendo la línea temporal y todos apareciendo como personajes (que además coinciden con las personas) en una novela y una película tituladas Metempsicosis, escritas y dirigida por una enigmática mujer, Delfine Le Rumeur, que parece saberlo todo y parece expresarse mediante acertijos o declararciones metafísicas.
Ir más allá en este resumen argumental sería reventar una novela que necesita ser leída para comprender su sentido circular (circular referido tanto a la rueda de transmigraciones como a un círculo infernal para cada uno de los implicados).
En estas condiciones hacer una reseña es difícil; no obstante, se puede señalar que se trata de una novela metaliteraria por antonomasia; que no es una historia kafkiana, sino más bien dickiana (salvando las diferencias evidentes de estilo y ejecución); y que en sus apartados más difíciles, como son hallar coherencia en unos personajes que tienen una historia detrás pero están habitados por alguien distinto, un alguien que va acumulando conocimientos limitados sobre su situación cada vez que transmigra, triunfa de manera total.
Insisto en el adverbio apasionante. Es un argumento que se impulsa a sí mismo, que intriga más conforme más avanza. Puede parecer extemporáneo (pero pertinente) decir  que reflexiona sobre qué o quién es cada cual, y lo ligados que estamos todos a nuestras circunstancias, así como lo inevitables que son los actos de aquellos que nos rodean en la influencia sobre nuestras vidas. Extemporáneo, porque el argumento parece sobreponerse a todo otro subtexto, pero temas que están presentes. Me gustan los escritores que toman riesgos. Azpeitia los toma con valentía, sí, pero también con estilo y un magnífico hacer. Todo ello compone una novela que no se parece a ninguna otra en la literatura española, una propuesta llevada con éxito y que merece ser tenida en muy alta consideración.

Portada y sinopsis

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El Último Hombre, de Walter Hill

SESIÓN MATINAL

(Last Man Standing); 1996

Director: Walter Hill; Guión: Walter Hill, basado en la película Yojimbo, de Akira Kurosawa, con guión de Akira Kurosawa y Ryuzo Kikushima; Intérpretes: Bruce Willis (John Smith), Bruce Dern (Sheriff Ed Galt), William Sanderson (Joe Monday), Christopher Walken (Hickey), David Patrick Kelly (Doyle), Karina Lombard (Felina), Ned Eisenberg (Fredo Strozzi), Alexandra Powers (Lucy Kolinski), Michael Imperioli (Giorgio Carmonte), Ken Jenkins (Capitán Tom Pickett), R. D. Call (Jack McCool); Dir. de Fotografía: Lloyd Ahern II; Música: Ry Cooder; Diseño de Producción: Gary Wissner; Montaje: Freeman A. Davies.

Cuando hay talento por medio, un remake puede convertirse en algo maravilloso. También, cuando un argumento tiene una potencia descomunal, su capacidad para adaptarse a otros ambientes, para perdurar y para decir cosas nuevas (o las mismas, pero con otras maneras de decirlas) es inmanente. Cuando hay talento. Todo lo anterior aplíquenlo a un mal director y tendrán un pastiche insufrible. No es el caso.
Yojimbo es la historia de un guerrero japonés que, mediante cambios de alianzas, logra que dos clanes rivales se aniquilen entre sí. Fue dirigida por Akira Kurosawa, y sigue levantando pasiones y considerada una obra maestra.
Por un Puñado de Dólares es la historia de un pistolero del salvaje oeste que, en la frontera con México, y mediante cambios de alianzas, logra que dos familias se aniquilen entre sí. Está dirigida por Sergio Leone, es la primera de la llamada "Trilogía del Dólar" y está considerada como la iniciadora de todo un modelo de western. Por supuesto, está basada en Yojimbo.
El Último Hombre (título equívoco: en realidad debería llamarse "El Último Hombre en Pie" o, para ser más exactos, "que quede en pie") es la historia de un pistolero en la época de la Ley Seca que llega a Jericho, un pueblo cercano a la frontera con México y allí, por la estupidez de unos gángsteres chulos e idiotas, que no saben con quién se juegan los cuartos, tiene que quedarse. Allí hay una guerra por el contrabando de alcohol entre dos bandas, guerra que está sometida a una frágil tregua por el momento. La llegada de John Smith (un nombre falso como los haya) hará que el equilibrio ya precario empiece a romperse.
Por descontado también, los cambios de alianzas de John Smith provocarán la destrucción mutua de las bandas.
La potencia del argumento es tal que en las tres películas uno queda fascinado por esta escalada de violencia, pasiones y estupideces humanas. Pero la mano de un cineasta, Walter Hill, tal vez considerado menor, pero que ha ejercido su oficio de manera siempre impecable se nota con firmeza durante toda esta película: escenas bien cuidadas, una gran potencia visual, los encuadres precisos, un ambiente creíble y buena dirección de actores es lo que se le puede pedir, y Hill lo da y con creces.
La elección de Bruce Willis para un papel que le va como anillo al dedo es acertada al máximo. Proporciona esa dureza pero con un punto de ternura escondido, y otro punto de cinismo que cuadra con el personaje. Bruce Dern como el sheriff corrupto pero astuto está impecable; Christopher Walken compone un pistolero Hickey de antología; y el siempre eficaz William Sanderson (el J. F. Sebastian de Blade Runner) le añade el toque humano en un pueblo de locos que se comportan como lobos.
La potencia del argumento se mantiene en El Último Hombre, pero también se mantiene su reflexión sobre la violencia en un mundo violento, sobre las debilidades humanas y sobre los rincones de integridad que, con suerte, persisten en el individuo. Como dice John Smith: "Siempre simpaticé más con los pecadores que con los santos". Esa es la diferencia que hace que Smith se eleve por entre la porquería circundante y salga convertido, si no en héroe, sí por lo menos en un antihéroe, en lugar de ser meramente un canalla.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Thelonious Monk en el Minton's

Vamos a ir hoy a un lugar muy especial. El Minton's Playhouse, un club neoyorquino; tal vez como tantos otros si no fuera porque allí empezó a oírse el be-bop por vez primera. Y vamos a llegar allí siguiendo los inicios de la carrera de Thelonious Monk, un tipo que me sigue fascinando en su música, desconcertante a veces pero sin embargo armónica hasta lo increíble.
Sólo dos temas tocados en el Minton's, pero enormenente interesantes. Con Monk al piano (un piano "ortodoxo", comparado con la técnica que asumió con posterioridad), Joe Guy a la trompeta, Nick Fenton al contrabajo, Kenny Clarke a la batería y Charlie Christian a la guitarra, estos temas (Topsy y Stompin' at the Savoy) son estándares de la época del swing, pero Christian hace ya algunas cosas que se apartan de la rigidez imperante en la época. No son be-bop, pero lo anticipan.
Y el problema es que hay poquísimo, por no decir nada, del surgimiento de esta nueva tendencia en el jazz, de modo que estas piezas en el Minton's son en extremo valiosas, aunque con sonido algo deficiente.
Después de esto, escucharemos a Monk integrado en el cuarteto de Coleman Hawkins (con Denzil Best a la batería y Edward Robisnos al contrabajo) en dos temas (dedicados a Coleman Hawkins, o que por lo menos llevan sus dos apodos en el título), Flyin' Hawk y On the Bean. Aquí Monk empieza ya apuntar acordes, detalles, que permiten anticipar lo que vendrá después, surgido de su cabeza y de sus dedos.
Y finalmente la primera grabación de Monk como líder, fenomenalmente acompañado por el gran trompetista Idrees Sulieman, Danny Quebec West al saxo alto, Gene Ramey al contrabajo, Bill Smith al saxo tenor y el estupendo Art Blakey a la batería. El Cifu se lo dirá, y estoy muy de acuerdo con él, que cuando Blakey y Monk se encontraban había una química especial entre ellos. De las mejores cosas que le he escuchado a Monk han sido acompañadas por Blakey, y el juego de apoyo mutuo siempre fue impresionante. Todavía no interpretará piezas originales suyas, pero sí que empezará a desarrollar totalmente su estilo pianístico, y a transformar la música que toca en "su" música. Humph, Evonce y Suburban Eyes así lo muestran.
La música de Monk es inagotable, entre otras cosas porque no es posible escucharla de forma unívoca. Su profundidad es tal y sus matices tantos que es un eterno descubrimiento. Que espero podamos seguir compartiendo aquí. Presten atención a las explicaciones del Cifu, y disfruten de uno de los más grandes genios de la música de jazz.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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The Ghastly Priest Doth Reign, de Manly Wade Wellman

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1975]

Manly Wade Wellman tuvo frecuente aparición en las páginas de la revista Weird Tales, si bien su nombre no destacó tanto como los grandes renovadores del género, Lovecraft, Howard o Clark Ashton Smith. Sin embargo, es autor de una de las series más admiradas por los autores del género, la de Silver John o John the Balladeer, un baladista que, guitarra de cuerdas de plata al hombro, recorre las montañas y encuentra... bueno, lo que encuentra lo diremos cuando comparezca por este blog, cosa que sucederá tarde o temprano.
La característica de la ficción de Wellman es su enraizamiento en el ámbito rural, en particular el del profundo Sur, y sus relatos son en extremo atmosféricos, creando más un espacio mítico que un horror concreto.
En este El Horrible Sacerdote Reinará (un título que procede de un poema de Thomas Babington Macaulay, y que tiene su importancia para la trama), en uno de estos pueblos montañosos, de lo primero que nos enteramos es que un jurado ha encontrado a Jack Bowdry no culpable de haber matado a un hombre con fama de brujo metiéndole de un disparo una bala de plata casera en la cabeza.
Je, je, je. No hay como un buen empujón narrativo para entrar en lo fantástico.
Sucede que, según la ancestral tradición mágica, el que acaba con el sumo sacerdote del culto tiene que ocupar su puesto bajo el árbol ceremonial... hasta que sea asesinado a su vez.
Jack Bowdry recibe tentaciones en forma de moneda de oro, de una vigilancia amenazante y de un ejemplar del Albertus Magnus, un grimorio que no hay que regalar ni quemar, sino que el único medio de librarse de su influjo es enterrarlo y celebrar un funeral sobre él.
Bowdry no está dispuesto a aceptar, pero tampoco está dispuesto a vivir esperando que el siguiente aspirante le asesine. Sal a talar el árbol que marca el punto de ceremonias para así acabar con el culto. Pero el árbol no está muy dispuesto a dejarse cortar...
Wellman, que fue candidato al Pulitzer por una de sus historias (de no ficción) sobre el Sur, tiene la virtud de, con cuatro líneas, sumergir y delimitar un territorio y las gentes que lo habitan, hacer que nos resulten familiares de inmediato, y desde esa familiaridad puede narrarnos historias que resultan perfectamente creíbles en ese ambiente. Han existido escritores del género fantástico que fueron grandes descriptores, pero pocos se han ganado el adjetivo paradójico de "naturalistas". Manly Wade Wellman fue uno de ellos, y eso, unido a una construcción meticulosa, hace de sus relatos algo notable.

Página web sobre la vida y obra de manly Wade Wellman (en inglés)

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La Dalia Negra, de James Ellroy

(The Black Dahlia)
El Periódico / Eds. B, col. Grandes Bestsellers
Barcelona, 1997 [1993]
Trad. de Albert Solé
Serie Cuarteto de Los Ángeles nº 1

Si su obra posterior no lo desmiente, es muy probable que el gran monumento literario de Ellroy sea el llamado "Cuarteto de Los Ángeles"; y si la mejor de estas cuatro novelas es L. A. Confidential, la más personal y la que más se puede relacionar con la difícil historia del propio Ellroy (un tema siempre espinoso, en el que se puede acabar confundiendo realidad y ficción) es La Dalia Negra.
Si el lector desconoce las circunstancias vitales de Ellroy, la dedicatoria de este libro ("Para Geneva Hilliker Ellroy 1915-1958 Madre: veintinueve años después, esta despedida de sangre") puede resultar bastante inocente. Si, en cambio, ha tenido curiosidad por la biografía del autor, no se le escapará que el caso real de la Dalia Negra, un asesinato brutal jamás resuelto, tiene bastantes puntos de coincidencia con el asesinato de su madre, que tampoco se resolvió jamás.
Catarsis o exorcismo son perfectamente posibles en esta obra en la que Ellroy resuelve en la ficción este brutal asesinato que es un motivo recurrente en toda su ficción. Extemporáneo o pertinente, es necesario señalarlo.
El gran defecto de Ellroy es el aplastamiento de la trama gracias al enrevesamiento de las conspiraciones que acumula en sus novelas. Este defecto se ha hecho más evidente en sus últimas obras, y existe también en el "Cuarteto de L. A.", hasta el extremo de que muchos editores han renunciado a realizar un resumen de contraportada; sin embargo, y conspirativa como es, en La Dalia Negra está más contenida esta tendencia.
La Dalia Negra es un viaje a un entramado de corrupción de la ciudad de Los Ángeles en los años cincuenta, de la mano de dos policías que, además, fueron boxeadores y se hicieron compañeros y amigos tras un combate organizado para mejorar la imagen de la policía y conseguir una mayor asignación de fondos.
Este programa de promoción en base a mano dura y policías estrella funciona muy bien hasta el descubrimiento del cadáver descuartizado de una chica a la que la prensa bautiza como "La Dalia Negra"; viendo el alto impacto en la prensa y el impulso que puede dar a sus ambiciones políticas, el fiscal Ellis Loew está dispuesto a explotar cualquier dato de la investigación que le dé publicidad y parezca que lleva a una resolución rápida del caso. Pero el sargento Blanchard, uno de estos policías boxeadores estrella, no está dispuesto a dejar piedra sin remover y a no creerse todas las falsas pistas; su hermana desapareció y probablemente fue asesinada, y ve en la Dalia un reflejo de este caso. Y su compañero Bucky Bleichert, por su parte, odia verse metido en un circo mediático, pero se verá obligado a retomar las investigaciones por su cuenta cuando el caso le cueste la vida a Blanchard en Tijuana.
Y esa investigación le llevará a un círculo de producción de películas pornográficas, corrupción de menores y dinero a alto nivel que le asqueará y le embrutecerá a partes iguales.
El estilo de Ellroy, sin concesiones, mordiente, brutal a veces, es en extremo apto para tratar con mundos que son despiadados y crueles, que trituran a las personas y sólo dejan intactos los intereses. Pero también es adecuado para mostrarnos a unas personas que intentan resistirsed a esta maquinaria, que tienen que ser duros porque de otra manera estarían perdido. Perdedores que a veces lo pierden todo, y que en algún caso logran conservar la vida y, lo que es más importante, un resto de integridad.

Artículo de ABC News sobre la obsesión de Ellroy con La Dalia Negra (en inglés)

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Seda Roja, de Qiu Xiaolong

(Red Mandarin Dress)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2010 [2007]
Serie Inspector Jefe Chen Cao nº5

La instauración en China de la filosofía "un país, dos sistemas" ha propiciado la aparición de una serie de escritores que, con mayor o menor prevención, han podido expresarse con mayor libertad al respector de lo que sucede en la China actual y sobre su pasado reciente.
En paralelo, ustedes saben que defiendo la tesis de que el policiaco tiene valor cuando refleja el clima moral de una sociedad en un momento dado, más que centrarse en el mero descubrimiento del asesino. Pues bien, no es de extrañar que una parte de estos escritores hayan escogido el género criminal para poder así retratar una sociedad cambiante y que viene lastrada por un pasado, inevitablemente trágico y recurrente respecto a los horrores de la Revolución Cultural.
Qiu Xiaolong es uno de estos autores socialmente preocupados y que entiende la utilidad del género como termómetro moral. Pero, además, ha creado una ficción en extremo literaria, y ciertamente un personaje inusual, como es el inspector jefe Chen Cao.
Chen Cao es peculiar porque, en principio, era un estudiante de literatura que fue designado por el estado para ser policía (lo que ya indica algo sobre la sociedad china). Ahora, inspector jefe, y en la Shanghai en plena transición al capitalismo socialista, ha vuelto a los estudios literarios, lo cual le permite distanciarse de una incómoda investigación sobre especulación inmobiliaria con ramificaciones en las estructuras políticas, y contemplar el desarrollo de las investigaciones sobre un asesino en serie que viste a sus víctimas con un vestido mandarín rojo (una prenda estigmatizada durante la Revolución Cultura). Que Chen Cao se dedique a la literatura no es una mera anécdota destinada a proporcionar color: consciente o inconscientemente, Chen Cao buscará respuestas a estos crímenes en los motivos literarios. Todo muy chino, pero todo también muy bien escrito, y con una personalidad narrativa fascinante.
La teórica distancia que Chen Cao asume sobre las investigaciones, por descontado, no es real. Le permite indagar con libertad en un país donde la supervisión política (y las redes de contactos político-empresariales) es constante. Qiu, al igual que su inspector, no se ausenta de nada; analiza el pasado y su relación con el presente, observa un Shanghai de contrastes y un camino capitalista que está plagado de intereses y de unas víctimas colaterales en forma de pobreza y "optimización de recursos"; observa el gran trauma de la Revolución Cultural. Y hace un adecuado retrato de las gentes que pueblan su país.
Todo ello en un policiaco que trasciende sus límites y entra en la metaliteratura, en la cultura china, con un estilo narrativo espléndido y sin concesiones.

Portada y sinopsis

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Bambi, de Walt Disney

SESIÓN MATINAL

(Bambi); 1942

Supervisor: David Hand; Música: Frank Churchill, Edward Plumb.

¿Qué se puede decir de una obra maestra de la animación que además ha sido transmitida de generación en generación hasta llegar a nuestros días? Con toda probabilidad, poco o nada que sea original.
DE modo que pasaremos muy rápido por lo que es necesario decir: que está basada en una novela infantil de Felix Salten, que relata la vida de un cervatillo desde su nacimiento hasta su madures, y con él las vicisitudes del bosque donde vive, que procede por el tradicional método de la antropomorfización de los animales, que los niños y los que no lo son tanto caen en esta trampa y pueden llorar a moco tendido cuando se produce la muerte de la madre de Bambi, que hay escenas terroríficas (Walt Disney, y yo con él, opinaba que un poco de terror en las películas infantiles es bueno para los niños; algunos pedagogos, en cambio, opinan que hay que resguardar a los niños de esas influencias perniciosas y servírselas de golpe cuando crezcan) como la del incendio en el bosque.
Y sí, es un filme manipulador. Esa antropomorfización funciona, y no vemos a unos animales sino que vemos a personas, pero es una manipulación que admitimos de buen grado.
Es una película que tiene un gran personaje cómico, de los mejores que han intervenido en las producciones Disney, como es el conejo Tambor. Y una escena memorable e imperecedera como es la de la música de la lluvia.
Si no lo han hecho, vénala. Porque también es una experiencia visual al viejo estilo de primer orden.

Tráiler: