La Víctima, de May Sinclair

May Sinclair, por desconocida que pueda resultar por estos lares, es una importante figura de las letras inglesas, la primera escritora que utilizó el término "flujo de conciencia", lo que también se denomina "monólogo interior" y lo practicó a fondo en sus obras. Eduardiana por la época, sin embargo fue una sufragista activa, voluntaria en el cuerpo de ambulancias en el frente de Flandes durante la Primera Guerra Mundial, y gran pionera de las teorías psicoanalíticas, por las que se apasionó y que influyeron en su obra. El cuento que hoy comentamos, y que sólo es uno de las historias de fantasmas que escribió y que se reunieron en Uncanny Stories, fue publicado en la revista The Criterion por T. S. Eliot.
Steven Ackroyd es un hombre violento. Demasiado violento, y proclive a dejarse llevar por sus impulsos. Cuando el primo de su prometida pretende besarla, se supone que fraternalmente, Steven le pega una paliza que lo deja medio muerto. Ha sido demasiado, y su prometida Dorsy ha empezado a temerle también, de manera que, después de pedir consejo al anciano señor Greathead, el patrón de Steven, rompe el compromiso y se marcha.
Steven cree que el detonante de esta ruptura ha sido Greathead, y su odio por él, que no era poco anteriormente, crece hasta llevar la venganza al asesinato. Un asesinato sanguinario, frío, metódico, brutal, del que May Sinclair no nos ahorra detalles (por lo menos para la época) y en cuya descripción sin duda tuvo que pesar alguna escena contemplada en los campos de batalla y hospitales de campaña de Europa.
Steven es impulsivo y violento, pero no tonto. Lo ha planeado todo al detalle, y sigue su vida normal, aunque cada vez más amargado. Y entonces... bueno, se trata de un relato de fantasmas, ¿no?
Sólo que en esta ocasión Sinclair no sigue el patrón habitual. No sigan leyendo si tienen el proyecto de leer este relato, porque no queda más remedio que explicar algún detalle.
Los relatos de fantasmas "benéficos" no son inusuales en la literatura (al fin y al cabo, los fantasmas de Navidad de Scrooge pretenden la redención de éste), pero si bien los espectros pueden tener una intención final buena, los medios que emplean siempre son terroríficos. En esta historia no. El fantasma de Greathead aparece, cierto, pero no es amenazante. A lo más terrible a lo que se enfrenta Steve es a su propia conciencia, avivada al límite de la locura por la visión del espectro (un tema psicoanalítico como pocos) y es en esta tesitura que Sinclair nos muestra que nuestra propia mente es más poderosa que cualquier otra amenaza. El final del relato lo dejaré sin desvelar.
Es seguro que desde el 1922 se han escrito relatos que tratan las apariciones fantasmagóricas de manera similar. El género tiene un campo muy estrecho, y las variantes principales ya se formularon hace mucho, pero pocos se habrán escrito con tanta intensidad psicológica, brillantez estilística y estructura narrativa tan exacta. En su época supuso una sorpresa, una elegante innovación en el género, y si bien la sorpresa es menor hoy día, la originalidad y el estilo se mantienen intactos.

(The Victim)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1922]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert


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