El Gran Frío, de Rosa Ribas y Sabine Hofmann

Hay que empezar diciendo que, después del tour de force que representó Don de Lenguas, ya entendía que volver a reproducir la brillantez de ambientación y trasfondo social de la España franquista de los años cincuenta era difícil, de manera que estaba dispuesto a un cierto bajón en la serie. El Gran Frío no es una mala novela, en absoluto. Funciona muy bien como un "quién lo hizo", está bien estructurada, y mantiene el interés. Sin embargo, hay grandes errores de concepto.
(El resumen de contraportada de Siruela es muy decente, de manera que para los detalles de argumento consulten el enlace al pie.)
Ana Martí ha dejado "La Vanguardia" y ahora es reportera de "El Caso", un paso acertado y hasta lógico. En esta investigación, Martí se traslada del ambiente urbano a un pueblo de la sierra del Maestrazgo, con lo que todo lo que tenía Ana Martí de activa y de trasladarse a los distintos niveles de una ciudad queda suprimido, y se ve recluida en un lugar pequeño y casi inmovilizada en una sola casa, lo cual es un grave error que priva de mucho de la personalidad de la protagonista (por cierto, y a pesar de llamarse "el gran frío", la novela no consigue transmitir esa sensación; hombres más recios que Ana Martí han probado el frío turolense y el recuerdo les ha perseguido toda la vida). Este enclaustramiento perjudica el ritmo y deja una impresión de pasividad por parte de la protagonista.
Que sea un ambiente rural no tendría que ser un inconveniente (Jim Thompson hizo una obra maestra con 1.280 Almas, por ejemplo), pero es que el pueblo que nos pintan las autoras tiene todos los estereotipos de la época: un cacique, un alcalde pesetero, un cura trepa, un maestro (algo) rojeras, un guardia civil bruto y un tonto del pueblo. Falta el médico altruista, pero es que el pueblo no tiene. Todos a la vez. Si alguien aduce que conoció un pueblo que era así y también tenía a todos estos tipos, le responderé que la realidad no siempre funciona bien en la ficción. Tener semejante catálogo de tópicos reunido no hace sino proporcionar a la novela un trazo grueso y poco sutil.
Hay un par de incongruencias argumentales, que no desvelaré para no perjudicar a los lectores que deseen leer esta novela, pero déjenme hacer notar a las autoras que el guardia civil puede tomarse un gran trabajo para mantener bajo llave en el cuartelillo todas las armas de fuego del pueblo, pero en el mundo rural, para matar, no se requiere una escopeta: cualquiera tiene a su disposición una panoplia de hoces, guadañas, horcas, azadones afilados como un cuchillo, etcétera.
Todos estos errores lastran una novela que hubiera deseado que fuera tan brillante como la que inició la serie. Esperemos que los aciertos, como el cambio de periódico de Ana o su ruptura sentimental (el enamoramiento de Ana no era uno de los momentos más lucidos de Don de Lenguas, precisamente) sean aprovechados en una tercera novela que espero con ilusión. Al fin y al cabo, equivocarse es el mejor medio de aprendizaje que existe.

Eds. Siruela, col. Nuevos Tiempos, serie Policiaca
Madrid, 2014 [2014]
Serie periodista Ana Martí nº 2

Portada y sinopsis


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