El Complot Mongol, de Rafael Bernal

Reputada como la novela que inauguró el género negro en México, y avalada por un elogioso comentario de Domingo Villar, El Complot Mongol es, ciertamente, una original y autóctona novela hard-boiled que se lee con gusto, con una sonrisa a veces, y que no desmerece a sus hermanas estadounidenses.
Filiberto García es un detective privado que ocasionalmente trabaja para la policía mexicana. Pero, no nos engañemos, lo emplean para hacer el trabajo sucio, y éste consiste en investigar asuntos lo bastante turbios como para que unas muertes oportunas y que no sean achacables a los organismos oficiales resulten más que convenientes. Tampoco es que esto le reporte ni prestigio ni agradecimiento; Filiberto es un hombre tosco, que nació en las calles y en las calles parece destinado a morir. Sin estudios, sin clase. Una anomalía en el México cuyo "milagro" se desmoronaría el 2 de octubre de 1968 en la plaza de Tlatelolco, con la masacre de estudiantes que pedían cambios democráticos, un México que tenía "la podredumbre del régimen y el ascenso de una clase política dispuesta a ejercer la violencia sin mancharse las manos" (del prólogo de Yuri Herrera); un México, como dice el autor, «De mucho licenciado para acá y licenciado para allá [...] Antes se necesitaban huevos y ora se necesita título. Y se necesita estar bien parado con el grupo y andar de cobero. Sin todo eso la experiencia vale una pura y dos con sal. Nosotros estamos edificando México, y los viejos para el hoyo. Usted para esto no sirve. Usted sólo sirve para hacer muertos, muertos pinches, de segunda. Y mientras, México progresa. Ya va muy adelante. Usted es de la pelea pasada [...] Que lo guarden por allí, donde no se vea, hasta que lo volvamos a necesitar. Hasta que haya que hacer otro muerto».
En este estado de cosas y ánimo, a García lo mandan llamar para que investigue un complot chino que pretende asesinar al presidente de los Estados Unidos en una próxima visita oficial, o eso afirma un rumor que el KGB ha hecho llegar al gobierno mexicano. De manera que Filiberto tendrá que colaborar con un agente ruso y uno del FBI, ante los que ocupa el puesto de desgraciado local, en unas pesquisas por entre la comunidad china en la capital, que García conoce muy bien. Salvo que el desgraciado local no lo es tanto, conoce mejor el terreno y las gentes, y lo del complot magnicida no le cuadra por ninguna parte.
Filiberto es todo un carácter. Es cínico, es duro, es despiadado y no le importa matar, pero en el mundo entre dos aguas en el que se mueve, entre el gobierno y los bajos fondos, es alguien que va por derecho, que asume su propia miseria y que, en comparación con los que ordenan matar desde un despacho, es casi una figura moral. Que tiene su corazoncito, y éste es Martita, la muchacha china que vive en casa del señor Liu y que despierta en él una ternura como nunca ha experimentado, para su propio asombro.
Rafael Bernal logró traspasar todas las características de la novela negra hard-boiled a su historia, sin renunciar a ninguna de las características que la hacen local (es decir, auténtica). Su personaje central es alguien con el que es imposible simpatizar, pero entendemos que no es tanto producto de una elección personal como resultado del mundo en el que ha estado inmerso desde su nacimiento, y frente a los todavía más cínicos personajes que lo rodean, es imposible no empatizar con él. Al fin y al cabo, sabe quién es y a qué se dedica, pero no es un hipócrita que pretende ser mejor de lo que es en realidad, a diferencia de todos los que le mandan y mangonean y cuyo mundo es de rosas y perfume. ¡Pinche mundo!, que diría Filiberto García.

Libros del Asteroide
Barcelona, 2013 [1969]
Prólogo de Yuri Herrera
Posfacio de Élmer Mendoza

Portada y sinopsis

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